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(ca) BOLIVIA: DE AUTONOMÍAS, RUPTURAS Y VIEJOS Y NUEVOS CAUDILLOS

From <quilombolibertario@hotmail.com>
Date Wed, 28 Apr 2004 21:30:08 +0200 (CEST)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
http://www.ainfos.ca/
http://ainfos.ca/index24.html
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Compañeros:
aquí les enviamos una evaluación sobre el proceso social en Bolivia.
Salud y Anarquía
Quilombo Libertario

Merced a una ofensiva mediática y política, desatada por los sectores
empresariales del oriente boliviano (Santa Cruz y Tarija a la cabeza) la
discusión política en Bolivia dio un giro desde el tema de la
“Integración socio – cultural” del país, que en los hechos se había
impuesto desde el “Octubre negro” de 2003, con fuerte acento indígena y
que se expresaba en “recuperar el gas para Bolivia” y “referéndum para
decidir la exportación” hacia el de “las autonomías departamentales”
(provincias ó estados).

Revancha histórica contra la postergación ejercida por el centralismo
político – económico del occidente altiplánico; slogan de una idea
político – económica genérica de país por parte de la principal fuerza
económica de Bolivia: el empresariado del oriente (región donde se
encuentran las principales reservas gasíferas del país), lo cierto es
que la consigna “Autonomía ya” pareciera responder más a los intereses
de una nueva estirpe de caudillos, antes que a una visión y proyecto de
país de una nueva burguesía.

Desde sus organizaciones gremiales, los empresarios (sobre todo de Santa
Cruz) y la derecha neo – liberal han creado antes un discurso que un
proyecto, que se resume en 2 slogan: Bolivia productiva y competitiva y
Autonomía para los Departamentos, ambos casos, teñidos de una retórica
anti - altiplánica.

En parte, es la punta de lanza de la ofensiva reaccionaria del ex –
presidente Sánchez de Lozada y del gran responsable por la masacre de
octubre, el ex – abogado de narcos y ex – ministro, Sánchez Berzaín.
(Otro Sánchez, en Irak, también ordena masacres).

Con más deudas que logros de desarrollo verdadero, este sector
empresarial posee el nada despreciable peso económico y por ende
político, de representar el 38% de los ingresos del Estado por
recaudación impositiva.

Sin embargo, su constante discurso sobre una “autonomía” de corte
administrativo, pareciera que solo busca oponer un poder político –como
correlato de su poder económico- al poder del occidente del país
(recientemente se concretó la fractura de la Confederación de Empresarios
Bolivianos, entre el oriente, liderizado por Santa Cruz y el occidente,
liderizado por La Paz).

Esta “autonomía” preconizada por estos sectores, aún no tiene claro qué
tipo de organización socio - política pretende pero esboza un discurso
que va de la simple elección directa de la máxima autoridad
departamental (Prefecto) hasta fundar “un Estado Asociado”.

No obstante la lógica con la que operan, es exactamente la misma con la
que opera el centralismo paceño: las capitales de departamentos (Santa
Cruz de la Sierra, Tarija) reproduce ese mismo centralismo hacia las
provincias del interior de cada departamento.

También su fuerza agropecuaria – forestal, opera con la lógica que
operaron las compañías mineras: extracción de materia prima y nada más:
siendo el 7mo. Productor mundial de soya, por ejemplo, no se aprovechó
la suba de precios internacionales hacia fines de los ’90 para
reinvertir en la actividad, dándole valor agregado a la materia prima

En cualesquiera de sus versiones, son conceptos que suenan como una
distorsión y una pesadilla para los oídos militares, generando una
situación poco común en la historia: las fuerzas armadas se oponen y
confrontan sus puntos de vista con la casta empresarial, no estando
dispuestos a secundarlos en aquellas aventuras.

Por cierto, la representatividad de estos sectores empresariales se halla
limitada a su sector y a una porción de clase media, en general
profesionales.

Encerrados dentro del mismo círculo, caudillos de una vieja estirpe,
acuñada desde mediados del siglo pasado, buscan protagonismos personales
(¿en medio de una danza de miles y miles de dólares en concepto de
“apoyo a acciones de desestabilización”?) ante la evidente falta de un
ideario político e ideológico de los sindicatos, antes acostumbrados a
ser la vanguardia, no solo de las luchas sociales, sino también de las
discusiones ideológicas.

Roberto de la Cruz de la COR El Alto (Central Obrera Regional El Alto,
ciudad – satélite de La Paz, situada a 4000 mts. de altura y que fuera
uno de los epicentros de la indignación y la lucha durante las jornadas
de octubre de 2003) y Jaime Solares, COB (ex – soplón y torturador, en
Oruro, del último dictador boliviano, Gral. García Mesa), son quienes
más seriamente cuestionados están, a raíz de sus torpes y pobres
convocatorias; de no respetar los mandatos de las bases y de lanzar
públicamente a través de los medios, posturas y principios nunca
aprobados.

(El ejemplo más claro había sido el pedido de renuncia del presidente y
el llamado a elecciones en 6 meses, por parte de ambos personajes,
siendo que tal postura era personal y no, el mandato de la asamblea)

Los sonados fracasos de convocatoria de Jaime Solares, dirigente máximo
de la otrora poderosa COB (Central Obrera Boliviana), los rechazos de la
ciudadanía –trabajadores incluídos- cada vez que con marchas y bloqueos
buscan paralizar las actividades laborales (esto, en un país donde el 60%
de la actividad laboral es el comercio informal o servicios
cuentapropistas; es decir, trabajadores que viven de la venta o jornal
diario), la fractura interna de la COB, que cuestiona a su actual
dirigencia, parecieran señalar el final de una forma de caudillismo a la
que Latino América fue muy proclive.

Pero más importante que ello, es observar que la emergencia de nuevos
actores sociales (indígenas, campesinos y clase media) y la consolidación
de la “vigilancia social” como herramienta de lucha, están reclamando
nuevas formas de acción y nuevas organizaciones, para todos.

Para el MAS (Movimiento Al Socialismo) de Evo Morales, las cosas no están
mejor. Acusado también de manejar a su antojo al partido, (vaya, vaya…)
no pudo evitar una ruptura de sus bases precisamente en la ciudad de El
Alto. Acostumbrado a la férrea disciplina sindical campesina y abocado a
las elecciones municipales de diciembre de este año, donde se jugará
buena parte del apoyo internacional que obtenga, el dirigente cocalero
no parece muy dispuesto a aceptar otras voces o alternativas.

Sin embargo, el hecho de que como 2da. Fuerza política en el parlamento,
le garantiza al presidente Mesa la aprobación de sus proyectos de ley,
le han dado un protagonismo mediático muy amplio que el propio Evo busca
transformar en votos para las municipales de fin de año.

Es interesante observar cómo casi todos los líderes de las organizaciones
populares más activas durante las revueltas de Octubre de 2003, son en
verdad líderes cuestionados en sus propios feudos pero paradójicamente,
fungen como referentes mediáticos.

Esto se explica, porque las jornadas de octubre de 2003 fueron una clara
muestra de la espontaneidad del pueblo: fue la indignación, no los
dirigentes; fue la bronca de tanta mugre y tantos muertos siempre para y
por millonarios negocios, fue ésa, la rabia que sacó a la gente a las
calles y armó una insurrección de proporciones insospechadas; la misma
que acabó por abrir las puertas de una nueva etapa en la historia de
este pueblo. Pero los medios necesitan de caras y voceros.

La gente quiere una democracia más participativa; probablemente una
autonomía pero sobre todo, autonomía de las pretendidas
“representaciones”, “representantes” e “instrumentos de lucha del
pueblo”: la gente quiere hablar con su voz. Tal vez por eso y para
mejor, hasta aquí nadie tenga un modelo…

Sin embargo ni los sectores que buscan reciclar el último modelo
capitalista ni las viejas burocracias sindicales cuentan con la simpatía
de la gente. Tal vez en el primer caso sea por “ese olor a raro” y en el
segundo por “ese olor a viejo”, pero una mayoría de la población – la
que literalmente “hizo” Octubre de 2003- desde entonces, permanece
silenciosa.

Frente a un actual mandatario que goza del 70% de credibilidad ciudadana,
además de las simpatías de las FFAA por sus enérgicos reclamos de salida
al mar a Chile, la vieja forma de hacer política y el viejo caudillismo,
no parecen tener más consenso, al menos entre la mayoría de la
población.

En su reemplazo, nuevos caudillos emergen en un horizonte casi despoblado
de actores políticos donde apenas los indígenas (tanto del occidente
como los del oriente), apoyados por compañeros y otros militantes
sociales, comienzan a esbozar un debate de cara a la sociedad: tierras y
territorio, autonomía indígena y participación en las decisiones sobre
todos los recursos naturales, son los temas que han puesto sobre la mesa
y que los enfrenta, precisamente, al actual poder de Bolivia : las
compañías petroleras y los nuevos caudillos del empresariado del
oriente, constituído, sobre todo, por agropecuarios y forestales.

Alrededor de esta trama, se van disponiendo las fuerzas políticas y
sociales, alineándose claramente en dos corrientes: las fuerzas
golpistas, que buscan detener el proceso democrático y con él, el avance
de las fuerzas sociales y sus propuestas y proyectos, y las fuerzas
sociales que desde la democracia buscan, algunos simplemente preservarla
o mejorarla y otros, continuar pacientemente el proceso de ruptura con
el último modelo capitalista, pero por ahora, profundizando esta
democracia, a partir del poder insurreccional y de vigilancia social
demostrados en octubre; ampliando la participación de los sectores más
postergados y dotándola de los contenidos sociales y libertarios
necesarios, pero sin la premisa de tumbar un gobierno detrás del cual,
una dictadura asomaría como freno al crecimiento de las fuerzas
sociales.


Muchos de los viejos y nuevos caudillos, coquetean con el golpe de
estado. Falto de elementos militares locales, por el momento, pareciera
ser que Washington, ha apostado en Bolivia una ficha similar a Haití:
desórdenes, inseguridad ciudadana creciente, pequeños y medianos motines
militares / policiales, huelgas y un largo etcétera de recetas de boicot
consabidas que justifiquen la intervención de una fuerza tipo “Plus
Ultra”.

Tal vez sea ése el significado que tenga el desplazamiento de 31.000
efectivos militares chilenos hacia la frontera con Bolivia: ser una
fuerza de apoyo ante una eventual intervención militar.

Si este escenario golpista de la intervención militar internacional
fracasara, todavía quedan dos escenarios golpistas más: un gobierno
cívico – militar (poco fiable para los EEUU) o bien el cierre del
Parlamento y el llamado a elecciones anticipadas.

No obstante, pareciera que no han logrado evitar el resurgir del espíritu
nacionalista en las FFAA, al calor de las demandas marítimas frente a
Chile y de haber tomado conciencia que disponen de un recurso
estratégico y de alto valor geopolítico: el Gas. Así, las FFAA se
transforman, junto a los indígenas, en los dos grandes escollos que
tienen por delante las compañías petroleras, para cerrar sus negocios.

Algunos dirigentes sindicales (¿Solares?), empresariales (del oriente
boliviano) y sectores transportistas (empresarios, que no los choferes:
¿recordaís cómo comenzó la caída de Allende, en Chile, en 1973?), están
alucinando con el poder y con tener poder.

Viejos y nuevos caudillos, apadrinados por las compañías petroleras
(Repsol, Total, British Gas, BHP Billiton, Shell y Amoco) tienen algo en
común: no saber leer que “Octubre de 2003” es anti – representantes y es
“no – delegacionista” y es que desde entonces, la gente quiere hablar
con voz propia.
Esta es la principal lectura que debe hacerse de aquellas jornadas.

Atrapados en el medio de los intereses voraces de pretendidos “viejos” y
“nuevos” representantes, sigue el pueblo, la gente, cuyo silencio,
pareciera anunciar que todavía tiene más para decir…

Quilombo Libertario




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