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(ca) [Medios alternativos] Brasil , periodo preelectoral. Entre la ceguera analítica , la disputa inter-elites y el alejamiento del cargo

Date Thu, 13 May 2010 12:38:14 +0200


Compartimos en este artículo dudas de fondo acerca de las próximas elecciones
presidenciales del Brasil y de la capacidad (o la falta de esta), de los movimientos
populares (a ejemplo del Movimiento Sin Tierra -MST- y la Vía Campesina) de apuntar
a un proyecto de acumulación de fuerzas donde el pueblo organizado salga
fortalecido.
Esta acumulación según entendemos, está contenida por límites estructurales, los
mismos que constriñen los márgenes de maniobra del Ejecutivo electo. Pero, a la vez,
mientras más contenido esté el Ejecutivo electo en el ejercicio del poder central,
menores serán estos mismos márgenes al final del próximo mandato. Sabemos que para
muchos compañeros de la politología ampliada (ciencia política, comunicación y
política, estudio de las políticas económicas, análisis estratégico, economía
política), esa correlación fina entre márgenes de maniobra, constreñimiento
estructural y formas de acumulación por parte del pueblo organizado, son categorías
secundarias cuando del análisis electoral se trata. Estamos en profundo desacuerdo.

Un analista de tipo "pragmático", de esos que se acercan con la teoría de los
juegos, haciendo analogía de las elecciones como una mezcla de casino y carrera de
caballos, diría que los márgenes tienen poca relevancia porque no están en disputa.
Una misma base argumentativa diría que este abordaje es por demás estructural, y por
tanto, va más allá del ejercicio del debate electoral. Es como si los márgenes se
hicieran lo que son sin la acción previa o concomitante. Nuestra crítica va más
allá. Es cómo que, de cierto modo, la ausencia de análisis histórico-estructural se
presenta como una versión plausible, aunque sofisticada, de un abordaje
post-moderno. Ya la visión estructuralista ultrapasa limitaciones de la crítica por
su mirada mecánica (y no relacional, por tanto de hecho, no estructuralista)
visibles en el corto y en el cortísimo plazo.

Disputar parcelas de poder es diferente de disputar concepciones del ejercicio de
poder, aún bajo régimen democrático de derecho y modo de acumulación capitalista a
través del capital financiero. En las disputas por concepción de poder, entiendo que
el pueblo brasileño sale enflaquecido de la Era Lula. Ya en los parámetros del juego
del capitalismo financiero tal como él es, todos los indicadores socio-económicos
apuntan a una mejoría de las condiciones de vida y de las proyecciones del país.
¿Esto implica que éste análisis sea una especie de recomendación favorable al
gobierno de Luiz Inácio y por consecuencia su sucesora, la ex-ministra de la Casa
Civil, Dilma Roussef? No, justo al contrario. Implica afirmar que en las disputas
por concepción de poder salimos más débiles, justo por la ausencia de estrategia y
de protagonismo político más allá de la representación de tipo burgués.

Traduciendo, adaptando lenguajes. O vemos el momento electoral como una apertura de
posibilidades para hacer política además de la urna y de la representación
indirecta, o sacralizamos el formato burgués e indirecto de hacer política
profesional. No es sin ton ni son que entramos en el periodo pre-campaña y los
tambores de guerra suenan concomitantes calentando la temperatura política. El
antagonismo que se nota al acercarse el primer domingo de octubre próximo (día de
las elecciones generales de Brasil) es el reflejo también de la falta de contenido
programático en disputa.

Los márgenes son más amplios dentro de las reglas del juego casi sin reglas

Si los márgenes de maniobra no se amplían en la política ejercitada y ejercida por
los movimientos del pueblo organizado, los años de indefinición y los habituados con
las formas de ejercer el poder profesional se sobresalen ante los operadores de
confianza de los agentes económicos fundamentales. En la hora de la composición, de
indicar el vicepresidente, de montar el mapa de los púlpitos estaduales, no existe
presión superior al conjunto de oligarquías estaduales organizada bajo una forma de
partido-autobús como es el caso del PMDB, principal aparato de la base aliada del
Gobierno Lula. Durante los últimos cinco años asociamos el mandato de Luiz Inácio al
gobierno del Comité de Política Monetaria del Banco Central (Copom) con el ex 1º
Ministro de hecho que dejó el gobierno sin salir del poder. Aún con todo el poder
advenido de la opción preferencial por los bancos y los capitales financieros, la
base electoral cobró su precio y encuadró el virrey del Bank of America y
ex-presidente del Banco Boston, Henrique Meirelles.

Entendemos que el rechazo del PMDB a tragar a Meirelles como candidato a
vicepresidente de la ex-ministra en la función otrora comandada por el general
Golbery do Couto e Silva (dictadura militar) y José Dirceu (en los primeros tres
años del Gobierno Lula), es ejemplar del concepto de maniobra política no
estratégica de la conformación del poder. Por siete años seguidos las centrales
sindicales, incluyendo las gobiernistas Céntrica Única de los Trabajadores (CUT),
Fuerza Sindical y Central de los Trabajadores y Trabajadoras del Brasil (CTB)
quedaron martillando en la tecla del cambio de la política económica y deseando el
despido de Meirelles, como si él por sí incorporara los males de los financistas,
así como del ministro de las Comunicaciones Hélio Costa PMDB) quien representa los
intereses del oligopolio de la comunicación, empezando por las Organizaciones Globo.

A la vez, el ex-presidente mundial del Banco de Boston no consiguió ni comenzar a
escalar el púlpito, llevando golpes de todos los lados, puñetazos mediáticos de sus
correligionarios después de su afiliación al aparato de José Sarney, Renan
Calheiros, Orestes Quércia y Eliseu Padilha. No dio ni para la salida, y el sueño
del vice-reinado murió en la nada, teniendo que mantenerse el frente de las joyas de
la corona del Banco Central hasta que sea la hora de pasar las postas a uno de los
economistas que lo sucederán, tanto a él como al empresario textil José Alencar y al
ex-sindicalista que nunca fue izquierda según sus propias palabras.

El hechizo se vuelca contra el manipulador de la brujería financiera. El balbuceo
del tecnicismo en la economía cae por tierra. El gobierno del COPOM, que a través de
su discurso doctrinario intenta negar la política, haciendo una política económica
subordinada a una visión monetarista, en oposición a cualquier versión de economía
política, perdió para la visión pragmática y fisiológica de la propia política. Esta
afirmación, más allá del slogan y del argot de marketing político, implica un
ambiente de antagonismo momentáneo, entre los operadores que enfatizan el espolio
del Estado a través de la representación política y los que lo hacen por la vía del
mando de emprendimientos económicos.

Si el capitalismo organiza sus mercados en la forma de oligopolio, en la
representación política su versión es la de las oligarquías partidarias. En la
formación de mayorías, viene en la tabla de precios el costo de esta formación. En
el momento anterior a la campaña, cuando todo y todos quedan expuestos a un ataque
de nervios comprendemos que al contrario de los discursos mayoritarios, la carrera
electoral trae embutido un alto costo político y también de estabilidad. Para
disminuir la inestabilidad de la perspectiva de adhesión a la campaña, el partido
autobús cobra su boleto.

Antes de analizar las oportunidades de victoria de Dilma (PT, de Lula) o Serra
(PSDB, del ex-presidente Fernando Henrique Cardoso) en 1º o 2º turno, hay que
reconocer una evidencia. Sea cuál sea el resultado electoral de octubre, los PMDBs
ya vencieron la disputa en el control de las mayores rebanadas del presupuesto de la
Unión. Explicamos por qué. En el Brasil, conformar mayoría y conseguir la
estabilidad de la moneda tiene un precio que sería impagable en una sociedad
soberana. En medio a los discursos de tipo moralista, cuando tanto Dilma Roussef
como José Serra cuelan las esporas en la arena al estilo Jânio Cuadros antes de su
renuncia (en 1961), los límites reales para maniobrar en la política quedan
escamoteados.

Dos grandes márgenes acotan la soberanía popular en el acto del ejercicio del voto y
la consecuente elección de gobierno. Uno es el costo de formación de mayorías, tema
polémico cuyo último escándalo se ganó el nombre de Mensalão, que corresponde a un
tipo de mesada a los parlamentarios de la base aliada en pago de votos favorables al
Gobierno. El margen menos visible y de difícil comprensión para el gran público es
el modelo de financiación de corto plazo del Brasil, basado en financiación y
transferencia de recursos desde la sociedad al sistema financiero.

En año electoral el primer margen gana musculatura, porque a la hora de apostar las
fichas y componer las chapas, el ambiente político y la obediencia a sus mandos
subordinan incluso a Henrique Meirelles, el comandante en jefe del gobierno del
COPOM. Y aquí se abre un paréntesis para las dudas. Si dentro del gobierno del COPOM
es posible ganar una caída de brazos de Meirelles, ¿Que más podría haberse ganado
que no fuera por el inmovilismo del gobierno ocurrido en los últimos siete años? Y,
¿cómo ampliar los márgenes de maniobra si el movimiento popular más fuerte (MST)
queda recalcitrante y las bases sindicales más importantes están ligadas al juego
electoral?

Es difícil de admitir en alto y buen sonido, pero la verdad desnuda y cruda es que
gobernar en el Brasil implica naturalizar estos márgenes de acotamiento estructural
y, por tanto, no confrontarlos, admitir dos tipos de alianzas. Una alianza implica
hacer "la opción preferencial" por el capital financiero en general y el sistema
bancario en específico. De lo contrario, el fin del mandato puede hacerse una ruleta
rusa, sufriendo reveses simultáneos. Estos pueden venir de los banqueros del casino
digital, ejecutando ataques contra la moneda y retirada de fondos especulativos,
aumentando el "riesgo" país y condicionando la entrada del nuevo gobierno. Para
quien piensa que exagero, basta recordar el año de 2002 cuando la disparada del
dólar aceleró a los acuerdos entre bastidores (ni tan velados así) que llevaron a
Antônio Palocci al Ministerio de Hacienda y el ex-presidente mundial del entonces
mayor acreedor privado del Brasil, a la presidencia del Banco Central.

Otra alianza es el costo de la gobernabilidad. Implica ceder a los chantajes del
cacicado de las oligarquías partidarias que comandan el bajo clero del Congreso. En
el caso específico del pleito de 2010, la mayor red oligárquica nacional ya demarca
su terreno. Con la derrota del DEM (principal aliado del PSDB durante los dos
mandatos de FHC y hasta entonces, segunda mayor fuerza de oposición al Gobierno
Lula), cuyo canto del cisne se dio a través del desgobierno distrital del ex-tucano
José Roberto Arruda y del ex-collorido Paulo Octávio (su vice, también casado), los
PMDBs reinan solos. Como grandes jugadores de la política inmediata, hacen lo que en
la lotería ilegal se llama "cercar el bicho", reduciendo la aleatoriedad de las
apuestas. Dentro de su gobierno federal, fue puesto un freno a la ambiciones de
Meirelles, neófito en las huestes peemedebistas. El ataque es doble. Mientras el
ex-gobernador Orestes Quércia declara apoyo a la Serra, su operador de confianza, el
diputado federal Michel Temer, naturaliza su candidatura a vice de Dilma. Como se
nota, dentro de la política de corto plazo, gane Serra o Dilma, los correligionarios
de Quércia (exgobernador de São Paulo, quien quebró el segundo mayor banco del
país), Calheiros (senador y exministro de Justicia de Cardoso), Jucá (senador en el
norte y enroscado e docenas de casos inexplicables), Sarney (ex presidente del país,
de 1985 a 1990 y uno de los más importantes aliados civiles de la dictadura
militar), Geddel (diputado, ministro y heredero político del coronel Antônio Carlos
Magalhães, hombre del régimen militar, en Bahia) y otros tantos, que brindando su
apoyo tanto a Dilma como a Serra, ya cercaron el bicho por todos los lados.


La necesidad de alejamiento de los cargos para la campaña

Al contrario de otros compañeros de la ciencia política y del periodismo político,
entendemos que la reelección, en todas sus dimensiones, es un error. Si hiciéramos
un examen del momento histórico y de los mecanismos de negociación y montaje de
mayoría que aprobó esta enmienda constitucional en enero de 1997 verificamos la
existencia de una adicción de origen. Vamos más allá de la crítica a la posibilidad
legal de un gobernante en poder disputar la permanencia en el cargo por un mandato
subsecuente. Entendemos que el mecanismo del alejamiento es muy tenue. Para cohibir
las prácticas de tipo patrimonialista y no reproducir la cultura de inmiscuir la
cosa pública con fines privados, es necesario que no sólo los candidatos a la
reelección en el Ejecutivo se alejen, sino también cualquier detentor de mandato en
los dos ruedas inelegibles.

Reconocemos que para este pleito ya no hay más tiempo para cambios substantivos de
las reglas del juego. Pero, sería importante que en los próximos cuatro años, al
menos el cambio de reglas en el último momento, tan venal en las prácticas
electorales, operara para el bien común. Es fundamental que en las próximas
elecciones, si el estatuto de la reelección continúa, sea revista la permanencia en
el cargo de los miembros de los Poderes Ejecutivos y de los Legislativos. Juzgamos
que es imposible separar, desde el punto de vista real concreto (ultrapasando la
elocuencia del tecnicismo jurídico) el ejercicio de la función, de los actos de
campaña. Cualquier inauguración, acto público, acción política, y aún el
cumplimiento de agendas de rutina implican una excesiva mediatización de los hombres
y mujeres en función pública.

Aún sabiendo que el tema de la semana puede hasta sonar "pueril", y va contra el
abordaje estructural y ultra-realista que ejercemos, lo juzgamos relevante. Esto se
da debido a las manifestaciones que recibimos y oímos de decenas personas
interesadas en la política oficial. La inferencia de esos entusiastas de de la
democracia representativa (por tanto indirecta y procedimental) es simple. Estos
electores ven la participación en campaña de políticos en el ejercicio del cargo
como una especie de competición desleal con los de más pequeña visibilidad.
Solamente por este motivo, aumentar el nivel de adhesión de los que aún creen en las
reglas de este juego ya sería razón suficiente para impedir esta participación.

Considerando el problema grave en el Ejecutivo y en el Legislativo, el trastorno es
endémico. Desafiamos a cualquier entusiasta de las reglas de transparencia, gobierno
electrónico o de otro mecanismo de pesos y contrapesos en la política, a probar si
es posible el control de la agenda de un parlamentario electo, en el ejercicio del
cargo en año electoral. Esta agenda está llena de compromisos de tipo parroquial
(localismo) y de relaciones de clientela. El concejal está en campaña para beneficio
propio, se encuentra "visitando sus bases" o acompañando candidatos de la mayoría.
El único control posible es aumentar la agenda de la plenaria y las comisiones. Para
evitar ese "incómodo", los parlamentarios de las asambleas y del Congreso Nacional
decretan el eufemismo de "receso blanco" y simplemente las casas legislativas no
funcionan en el segundo semestre en año de Copa del Mundo.

Hagamos justicia, Lula llegó a anunciar un auto-alejamiento del cargo para dedicarse
a los meses de campaña. Hasta ahora nada se concretó. Pero, el peor absurdo es
depender de un acto voluntario y no de una regla compulsoria.



Bruno Lima Rocha es politólogo (PhD) radicado en el Sur de Brasil, docente
universitário y periodista (blimarocha@gmail.com)
Rafael Cavalcanti es militante y estudiante de periodismo e investigador de la
comunicación popular (butigahn@gmail.com)
Los dos actúan en el Frente de Medios del Elaopa.org y producen el portal de
análisis político Estratégia & Análise (www.estrategiaeanalise.com.br)


Fuente: Barómetro Internacional

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