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(ca) La Influencia Anarquista en la Literatura Chilena

Date Fri, 27 Aug 2010 08:23:16 +0200


La Influencia Anarquista en la Literatura Chilena ---------- Desde
niño fui un buen lector, eso paliaba mis falencias en otras ramas del
conocimiento humano. Como tal, el día de hoy, degusto con presurosidad
cualquier texto de Gabriela Mistral, González Vera u Oscar Castro. Más
ahora que conozco las militancias anarquistas de los últimos dos,
aunque sin obviar que en Gabriela Mistral existe un espíritu
pacifista, según mi juicio, de raigambre tolstoiana. (*) ---------
Así, la influencia anarquista en nuestra literatura no es menor, mas
sorprende su profundo desconocimiento. Aunque algunos literatos no
hayan pasado de fugaces coqueteos con el socialismo libertario, como
Víctor Domingo Silva o Carlos Mondaca, otros permanecieron sentados de
por vida en la vereda anarquista, como Manuel Rojas o Mauricio
Wácquez.--------- De igual forma, paralelo al sorprendente nexo entre
creación literaria y anarquismo en Chile, es igualmente llamativo el
desconocimiento de numerosos poetas que han caído, por distintos
motivos, en las llanuras del olvido. Gente como Zoilo Escobar, Antonio
Bórquez Solar o Manuel Magallanes Moure, son prácticamente
desconocidos para las nuevas generaciones, a pesar de la buena pluma
con que contaban.

En lo que queda del escrito, realizaré un acercamiento, general, sobre
el tema del anarquismo y literatura chilena de comienzos del siglo
veinte, de ahí que denominé “apuntes” a este trabajo.

El Anarquismo en Chile: albor literario ácrata

Como tal, el anarquismo en Chile, comienza a emerger claramente a
comienzos del siglo XX, con orgánicas de lucha, como Sociedades de
Resistencia o centros culturales. Aunque, si bien el primero periódico
anarquista chileno, “El Oprimido”, data de 1893, alcanzando la cifra
de 8 números, estas experiencias no constituyen un asentamiento real
del ideario ácrata en nuestro país. Sin soslayar el hecho de que
anarquismo y socialismo marxista aún no llegaban a una clara
diferenciación, y por lo visto en la prensa, los anarquistas criollos
no tenían gran depuración ideológica, ni conceptual. No obstante esto,
la realidad social de nuestro país por aquellos años, mucho más cruda
que hoy, era el aliciente real para transformarse al socialismo,
obviando la lectura de un teórico doctrinario, quizás bastaba con
sentirse explotado y humillado.

Así, la influencia libertaria no sólo se manifestó en el llamado
“movimiento popular”, sino también en la esfera artística.

Nombres como los de Carlos Pezoa Véliz, Antonio Bórquez o Alfredo
Guillermo Bravo, también nutren la protesta social contra la
oligarquía chilena, con las dagas de sus versos. A modo de ejemplo,
tómese como muestra este pasaje del poema, inspirado en el
fusilamiento de Jacinto Albornoz, “los pobres” de Bórquez Solar:





“Entonces una santa compasión

Tuve yo por el pobre del banquillo

I pensé en las augustas redenciones

De todas esas almas de ojos ciegos

¡I vi que no era justa la justicia

Con los que crucifica la miseria!”



Por su parte, Carlos Pezoa Veliz en su poema, “Nada” alude a los
personajes errabundos de los sectores postergados:



“Era un pobre diablo que siempre venía

Cerca de un gran pueblo donde yo vivía

Joven rubio flaco, sucio, mal vestido…”



Así, lentamente las vivencias de los miserables comienzan a hacerse un
espacio en la literatura chilena…vale aclarar que ese sitio siempre
lo tendrán.

Ahora bien, frente la depuración estilística del género en boga-el
Modernismo-la literatura anarquista chilena y latinoamericana, no se
detiene mucho en cuestiones de estilo. Es más, así lo expresa la
prensa criolla: “No buscamos laureles; buscamos el pan. No buscamos la
engañosa sonrisa de una gloria ficticia, sino el bienestar de todos
bajo la sombra de la igualdad de los hombres. Nuestra pluma será el
látigo implacable que flajela vuestros vicios. Sociedad prostituida:
¡la hora llega!

No obstante aquello, pareciera existir cierta diferencia entre la
prensa militante y la literatura de un Manuel Rojas u Oscar Castro,
pues nadie achacaría a éstos, deficiencias estilísticas.

“Canciones Ácratas” de POLICARPO SOLÍS

El escritor –y militante comunista-Andrés Sabella Gálvez, reedita en
1963, un compilado del zapatero libertario Policarpo Solís, que este
había publicado en 1904.

En esas dos series, aparecidas a comienzos del siglo XX, figuran los
siguientes autores:

- Ada Negri “Pobre Mujer”

- Manuel Ugarte “los obreros”.

- Alberto Ghiraldo “La Comuna”, “Paris” y “¡Chicago!”

- Salvador Díaz Mirón “El desertor”.

- José Santos Chocano “Invasión militar” y “desde la cumbre”.

- Simon Rodríguez “No matar”.

- Antonio Bórquez Solar “Los huelguistas”.

La reedición hecha por Sabella, merece palabras especiales, pues a
pesar militancia comunista, su espíritu tuvo la virtud de la amplitud.

Y además, fuera de reeditar la publicación, Sabella adhiere poemas
inéditos de Eduardo de La Barra, Abel González y Ricardo Fernández
Montalva, que le entregó el mismo Policarpo Solís.

Decidí incluir este acápite, dado lo desconocido de este trabajo en
nuestro país.

FRANCISCO PEZOA: Un Cantor Especial

Nacido en 1885, Pezoa, constituye quizás el poeta obrero ácrata más
recordado en diversos círculos sociales.

Oriundo del norte, su “canto a al pampa”, deviene en la voz de los
obreros, mujeres y niños muertos en la Escuela Santa María de
Iquique, el 21 de Diciembre de 1907:



“Canto a la pampa la tierra triste

réproba tierra de maldición

que de verdores jamás se viste

ni en lo más bello de la estación:

en donde el ave nunca gorjea

en donde nunca la flor creció

ni del arroyo que serpentea

su cristalino bullir se oyó



Hasta que un día como un lamento

de lo más hondo del corazón

por las callejas del campamento

vibró un acento de rebelión;

eran los ayes

de muchos pechos

de muchas iras era el clamor,

la clarinada de los derechos

del pobre pueblo trabajador



Benditas víctimas que bajaron

desde la pampa llenas de fe

y a su llegada lo que escucharon

voz de metralla tan sólo fue

baldón eterno para las fieras

masacradoras sin compasión

queden manchadas con sangre obrera

como un estigma de maldición.



Pido venganza para el valiente

que la metralla pulverizó,

pido venganza para el doliente

huérfano y triste que allí quedó:

pido venganza por la que vino

de los obreros el pecho a abrir

pido venganza por el pampino

que allá en Iquique supo morir”.



Sin duda, la respuesta de la élite nacional a las peticiones obreras
impactó al sector conciente del proletariado chileno, tal vez nadie
esperaría tal ensañamiento con trabajadores que cumplieron
prácticamente a cabalidad aquello que ordenaron las autoridades.

Así, la voz de Pezoa supo representar la indignación ante brutal masacre.

Vale apuntar que su colaboración en la prensa ácrata fue fecunda,
dotándola de una buena pluma, en poemas como “De vuelta al mitín” o
“Anarkos”, desplegó su profunda creatividad. Contando, inclusive, con
talento musical, pues muchas veces sus versos se acompañaban de una
guitarra.

Sin duda alguna, la figura de Pezoa debe suscitar nuestra atención,
ante lo desconocido de su obra, tal vez su anonimato se asemeje al de
tantos obreros muertos en las salitreras.

La influencia de LEÓN TOLSTOI

Para autores como Oscar Ortiz y Rodrigo Bugueño, el terreno artístico
nacional de comienzos del siglo pasado, estuvo marcado en el ámbito
narrativo, por la influencia del ruso León Tolstoi.

De esta forma, el ideario anarcocristiano del conde Tolstoi, impregnó
la literatura de autores como Augusto Dhalmar -Augusto Thompson- o
Fernando Santiván-Fernando Santibáñez- y por antonomasia del grupo
“Los diez”.

Así, el realismo ruso anidó fuerte en terreno nacional, es más
fundándose incluso colonias tolstoianas, donde a la par de un estilo
de vida vegetariano y acorde a la naturaleza, se buscaba experimentar
en el ámbito de la creación artística.

En san Bernardo y bajo la concesión del alcalde Manuel Magallanes
Moure, se instala una comunidad de este tipo el año 1905, siendo sus
precursores D`Halmar, Santiván y el pintor Julio Ortiz de Zárate.

Ahora bien, en un ámbito estrictamente literario, la influencia de
León Tolstoi se ve plasmada claramente, según mi visión, en la primera
publicación de Fernando Santiván, llamada “Palpitaciones de vida”,
editada el año 1909.

Entre sus cuentos es posible entrever cierto desencanto con la urbe
moderna, o en su defecto, con la vida moderna.

Al caminar por sus letras, se intuye un profundo cuestionamiento de
la existencia humana; en cuentos como “Días Grises”, “El juguete roto”
o “El beso”, se vislumbra claramente lo anterior. Es más, el propio
autor define estas historias como “páginas abruptas y atormentadas”.

Y en cuanto a la valoración de Tolstoi, el cuento “El beso” pareciera
ser el mejor ejemplo de aquello.

En éste, Santiván narra los recuerdos y cavilaciones del militar
Rafael Gomero Velasco, de manera muy similar a como lo hace Tolstoi en
“La muerte de Iván Ilich”. Ambos personajes recuerdan sus primeros
años como los más provechosos. Rafael, en sus vacaciones con su
prima-amor imposible-Iván Ilich, los días de su infancia; ambos
experimentan, postrados, cierto desencanto en relación a cómo
encararon la vida.

De igual manera, en un plano más social, el relato “era tan lindo”, se
adentra en la vida de los conventillos, tan típicos del santiago de
aquellos años.

Al igual que el “cristo ruso”, Santiván se adentra en la vida de los
“humillados y ofendidos”.

En ésta, narra el encuentro de dos mujeres y su posterior
conversación, en torno a la muerte del hijo de una de ellas; Desde mi
posición, este cuento demuestra por qué Santiván años sería
galardonado con el premio nacional de Literatura el año 1952.

Va tejiendo con prolijidad esta historia que se vincula con los
vientres amargos, aquellos que no alcanzaron a disfrutar con gozo, el
fruto de sus entrañas. Mas, en un pasaje fulgura la crítica social,
una de las mujeres le pregunta a la otra:

“-y de qué murió-…

-¿de qué?... ¡de miseria!....-de miseria-prosiguió con voz ronca-falta
de alimento, exceso de trabajo…angustia por el pan de cada
momento…perdí la leche…”.

Por estos pasajes y muchas obras más, Fernando Santiván tiene un lugar
especial, según mi juicio, en la literatura chilena.

Y ahora bien, en torno a su vinculación ideológica con Tolstoi, éste
en sus “Recuerdos de Santiván”, confiesa en su “Advertencia” el
alejamiento con las ideas de sus primeros años, pero a pesar de esto,
formula que vuelve a ellas al final de su vida, “por la experiencia y
la meditación”.

La Generación del 20

La franja de tiempo que transcurre entre 1918 a 1925, según mi juicio,
constituye un período álgido en cuanto a confrontación social se
refiere. No por casualidad algunos denominan “crisis de la sociedad
oligárquica” a esta época. Por ejemplo, la creación de la Asamblea
Obrera de Alimentación Nacional, en 1918, el asentamiento de la
Industrial Workers of the World (I.W.W.) filial chilena el mismo año,
constituyen elementos vitales si queremos entender no sólo el quehacer
político de aquellos días, sino también la actividad artística de
nuestro país.

Así, sin duda alguna, de las Pléyades literarias en la historia de la
literatura chilena, la denominada “Generación del 20”, es sin duda
alguna una de las más recordadas. Pues nos brindó plumas tan
exquisitas e indelebles en nuestra historia, como las de José Domingo
Gómez Rojas, José Santos González Vera o Marta Brunet.

JOSÉ DOMINGO GÓMEZ ROJAS: “El Cristo de los Poetas”

Nacido en 1896, Gómez Rojas cursaba pedagogía en castellano cuando la
muerte salió a recibirle tempranamente, a los 24 años de edad.

Otro integrante de esta generación, Manuel Rojas, comenta que fue
Gómez Rojas quien le incentivaba para que se dedicase al oficio de
escribir. Mal no le fue.

Como tal, el año 1914 Gómez Rojas publica su única obra, “Rebeldías
Líricas”, desde donde emana una sensibilidad digan de rememorar,
tómese como ejemplo este fragmento de “Los inmigrantes”:



“Pobres desheredado….! La fortuna

Nunca meció la miserable cuna

Donde arrullásteis vuestros sueños de oro

Y siempre vuestras frentes macilentas

Azotaron las ansias, las tormentas.

De aquella sed de conquistar tesoro.

Marcharéis al azar de los destinos

Por los ignotos, trágicos caminos

Que os señala la traidora suerte…

¿Quién sabe si al partir, aventureros

Habéis clavado del dolor aceros

Y habéis sentido el estertor de muerte?

¿Verán vuestras pupilas, qué paisajes?

Al dejar el terruño y los parientes

¿No habéis sentido acaso en vuestras fuentes

El vértigo fugaz de los mirajes?

Al imponeros voluntario exilio

¿No dejaréis atrás algún idilio

Y una mujer que por vosotros gima?

¿No dejaréis una querida hermana

Y una madre infeliz, ya triste anciana,

Que en el amor del hijo se sublima…?



¡Cuán lejano es el espíritu de Gómez Rojas, en comparación con el de
muchos obreros chilenos que culpan al inmigrante peruano de su mal
pasar el día de hoy!

De igual manera, válido es mencionar su aparición en “Selva Lírica”,
“Estudio sobre los Poetas Chilenos”, realizado en 1917, con el
seudónimo de Daniel Vázquez

Gozando de una excelente reputación entre quienes le conocieron, Gómez
Rojas se recuerda hasta el día de hoy en nuestro país, incluso una
plazoleta lleva su nombre al frente de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Chile.

Sin olvidar que autores como Andrés Sabella y Manuel Rojas, lo
reivindicaron como una pluma descollante de su época. Es más, el
segundo expresa en un plano más bien afectivo: “A pesar de que llevó
una vida agitada y murió de modo dramático, los recuerdos que de él
conservo son alegres y tiernos”.

JOSÉ SANTOS GONZÁLEZ VERA: “El Chéjov del Mapocho”

Otra gran pluma de la “generación del 20”, fue, sin duda alguna, José
Santos González Vera.

Nace el año 1897, en San Francisco del Monte, cerca de Melipilla.

Su vida, jamás fue cercana a al abundancia, es más conoció
innumerables conventillos en las calles de Santiago.

Su primera obra, “Vidas Mínimas”, data de 1922. Para autores como
Enrique Espinoza, esta es la primera en abordar abiertamente el tema
del proletariado chileno.

Así, con José Santos González Vera es posible vislumbrar, según mi
juicio, el entronque de la literatura social chilena y el anarquismo.

Una de las características narrativas de González Vera, fue su
economía de palabras, el estilo minimalista, “Alone”, lo describe
perfectamente: “A su temperamento no le correspondía la pasión,
desdeñaba el énfasis, desconocía las grandes palabras, la expresión
pomposa”.

Ahora bien, en un plano ideológico, como anarquista, González Vera fue
bastante prolífico, junto a su eterno amigo Manuel Rojas, escribió en
“Claridad”, “Numen” y “Babel”, un sin fin de Crónicas y
cuestionamientos sobre la realidad chilena.

Gabriela Mistral, así se expresa en torno al autor: “Uno de los
chilenos más cargados de chilenidad en sus temas y, a la vez, uno de
los chilenos más liberados del espíritu y de la letra locales,
criollos”. Más adelante comenta: “Se premia en él algo nada popular y
nada criollo; un alma inconforme, una acelerada mente crítica, un
testigo de ojos muy claros respecto de la vida local”. Las palabras de
“la abanderada intelectual del sandinismo”, son bastantes claras sobre
el escritor de “Alhué”.

Mas, su caracterización de su querido amigo no termina ahí, ella
continúa “A la patria se le sirve de varias maneras, de todas
maneras, menos con el modo adulador e infantil del
chovinista….González Vera, siempre tuvo la Náusea del halagador de
multitudes”.

Su escrito sobre el 21 de Mayo, atestigua lo anterior: “Este como
todos los anteriores años, los patrioteros, los borrachos y los
hombres entontecidos celebrarán con bestial alegría el triunfo que
Chile obtuvo sobre Perú y Bolivia hace un siglo…con la conquista de
las salitreras los hombres pobres de Chile ganaron para sus amos la
riqueza, para sí mismos el hambre eterna y para sus hijos la
esclavitud y para todas las generaciones venideras el odio asesino de
los pueblos”.

González Vera, pulcro en su estilo literario, obtiene en 1950 el
premio nacional de Literatura, un año antes que la poetisa de Vicuña,
Gabriela Mistral.

Dato anecdótico, al igual que Gómez rojas, González Vera cuenta con
una plazuela en Santiago, en Avenida Salvador con Francisco Bilbao. Al
aire libre, qué mejor para este espíritu anarquista.



SEGUNDA PARTE: “Desde los años 20 a la Generación del 38”

En la primera parte de este trabajo, hice breve repaso en torno a los
albores de la literatura ácrata en Chile. Desfilando nombres como los
de Francisco Pezoa, González Vera y Gómez Rojas. En esta segunda
parte, aparecerá gente como Federico Serrano, Acevedo Hernández, pero
me centraré primordialmente en la figura de Oscar Castro, el “poeta
del alba”.

La aurora de la protección social: “Paternalismo o Autonomía”.

Un acalorado debate entre los sectores obreros, suscito la aparición
de programas políticos-como el de Arturo Alessandri- que, al menos en
el papel, postulaban planteamientos de legislación social para mitigar
la frágil situación de los sectores populares, en un período en el
cual la crisis de la sociedad oligárquica comenzaba a demostrar todo
su cariz.

Aunque si bien ya existían algunas leyes de carácter laboral, su
alcance era más bien modesto.

Así, uno de los antecedentes del chile desarrollista lo constituye la
promulgación, en el ámbito político, de la constitución del 25, aunque
realmente comenzó su “funcionamiento” con la aparición del llamado
“Frente Popular”. En virtud del acuerdo nacional que se generó para la
creación de entidades como CORFO.

Así, uno de los motivos del ocaso libertario en Chile, según mi
juicio, fue el haber mantenido un excesivo doctrinarismo ante el tema
de las “uniones legales”, de ahí que figuras como las de Ernesto
Miranda ,años más tarde, levantaran una postura práctica:
anarcosindicalista.

FEDERICO SERRANO VICENCIO y ANTONIO ACEVEDO HERNÁNDEZ: unas palabras.

El movimiento socialista libertario, con sus altos y bajos, seguía
ejerciendo influencia en el Chile del 20. En el ámbito sindical, la
fundación de la I.W.W. en 1918, la creación de la “federación
anarquista de santiago”, demostraban la continuidad de las
agrupaciones ácratas en nuestra sociedad; esta permanencia tenía
también su correlato en la arena estética, con cuadros artísticos como
los existentes en Iquique, mas también con escritores que poseían una
gran afinidad al ideario anarquista, como Federico Serrano y Antonio
Acevedo Hernández

El primero de ellos, oriundo del norte chileno, comienza su carrera
política bajo el alero del líder Luís Emilio Recabarren. El año 1924,
publica la única obra que he podido hallar, llamada “al correr de la
pluma”, editado por “Castalia”, su prólogo reza así: “….escribiendo
folletos que estimulen la campaña antimilitarista y de derrocación de
la propiedad privada y del Estado”.

Es más, años después, en el periódico anarquista chileno “El
libertario”, correspondiente al número 8 de1956, se le define como “un
poeta revolucionario popular”.

Inclusive, en aquella edición, aparece además un poema-póstumo de
Federico Serrano Vicencio, llamado “Durruti”; así se expresa en su
primer fragmento:



“Hijo del pueblo, general nacido

De las gestas heroicas y tremendas

Temerario y audaz tú has sido

El vencedor en todas las contiendas….”



Y en la parte final:

“¡Salud, Durruti! Gran compañero

General de invencible rebeldía

Supervivas en el mundo obrero

Con tu ideal inmenso: la anarquía”.



Por su parte, Antonio Acevedo Hernández, como tal, y al igual que
Serrano, venía escribiendo y acompañando las luchas obreras, antes de
la década del 20.

Considerado por algunos como uno el mayor dramaturgo social en la
historia de Chile, sus escritos exudan protesta social y vivencias al
límite. No obstante esto, su vinculación con el ideario ácrata ha
quedado relegada en el mar del olvido.

Al parecer, el historiador Oscar Ortiz es uno de los pocos en
vincularle directamente al anarquismo.

Además, dos fuentes históricas literarias lo conectan con la filosofía
libertaria, primero un estudio realizado por el propio Acevedo
Hernández, en el número 12 de “Claridad”, en el cual realiza una
investigación del “Teatro ácrata en Chile” y segundo en “Selva
Lírica”, del año 1917, donde ,al igual que en “Claridad”, le proclaman
anarquista.

OSCAR CASTRO: “Poeta de Rancagua”

Sin duda alguna, la literatura social chilena de comienzos del siglo
XX, tuvo un entronque incuestionable con el anarquismo. No sólo en
autores como Manuel Rojas o González Vera es posible vislumbrar este
encuentro, sino también en Oscar Castro.

Oriundo de Rancagua, localidad en la cual existieron numerosas
agrupaciones anarquistas, Castro nace en 1910.

Sus obras “La vida simplemente”, y “Llampo de sangre”, relatan, cada
una a su forma, la vida de personajes al límite, conociendo el joven
Lagos los burdeles y las prostitutas, y en la segunda obra, la vida
del minero.

Por otra parte, su poesía y narrativa contienen una frescura muy
propia del autor, es más, para Alone, uno de los pocos que no le debe
nada a Neruda, bebiendo más bien de Federico García Lorca, es Oscar
Castro.

En trabajos como “Llampo de Sangre” o “La vida simplemente”, Castro al
igual que Nicomedes Guzmán, penetra en la vida de los hombres del
campo y de la urbe, con un toque narrativo que lo hizo uno de los más
recordados literatos de nuestra historia.

Ahora bien, otro elemento no menor del “poeta del alba”, es su
incursión en la poesía.

En ella, busca plasmar la vida del campesino, sus alegrías,
tradiciones y amarguras.

Tómese como ejemplo, el siguiente pasaje de la “Alfarera”:



“Las manos de esta vieja que amasa la greda

Aprendieron sus nudos a los sarmientos

Y su color a sus avellanas secas.

Ahí esta, edificando cántaros,

Junto al arroyo pulidor de guijarros

Entre la soledad violeta y la cordillera”.



Y en un ámbito más social, su “poema de la fraternidad”, exuda deseos
de solidaridad humana, claro esta con una nueva base material:



“Los martillos podrían cantar,

como el himno de tierra florida,

decorar la mañana con su redada de peces musicales.

Y los montes, las pampas, los viñedos,

entregar su ofrenda a todos los hombres”.



Como tal, la generación del 38, a la cual pertenecen Oscar Castro y
Nicómedes Guzmán, estuvo fuertemente ligada a la aparición del llamado
Frente Popular en Chile y sus deseos de mayor bienestar social. Aunque
sin duda alguna, a diferencia de Guzmán, Castro estuvo ligado
fuertemente con el ideario ácrata. Así lo expresa un amigo de Castro y
también ex partícipe del grupo literario “los inútiles”, Gonzalo
Drago: “Era anarquista sin militancia activa, había leído a los
clásicos del anarquismo, Malatesta, Prokotkin (sic), Mella, Reclus,
Nicolai, entre otros”.

Ahora bien, en un ámbito personal, Drago destacaba su temple sereno y honesto.

No obstante esto, el mayor nexo entre Castro y los anarquistas, lo
constituye un poema dedicado al ácrata chileno Julio Barrientos,
reproduzco tres fragmentos:



“Luchador incansable de la causa,

Sufrió injusticias y persecuciones;

Mas su labor viril no tuvo pausa

Y enfrentó sin temor a los sayones…



En sus párrafos finales, sentencia:



“La justicia servil que mata y vicia

Los arrastró a las tinieblas de un presidio,

Y allí pudo juzgar que esta justicia

Es la parodia vil de homicidio.

Así, es el hombre que hoy, aunque postrado

Prosigue con su espíritu invencible

Y nos brinda el ejemplo iluminado

De derrotar aun a lo imposible”



Salud, Oscar, poeta de la tierra, del amor y la libertad.

Oscar Castro fallece en Santiago de Chile, el año 1947.



TERCERA PARTE: “La Influencia Anarquista en la Revista Babel (1938-1951)”.

Continuando con estos “apuntes”, un hito de la literatura nacional
constituye, sin duda alguna, la reaparición en Chile de la revista
“Babel”. Para algunos, una de las mejores publicaciones
latinoamericanas en su género.

Nacida en Argentina en 1921, en nuestro país, su primer número
apareció 1938, con su eterno e incansable director, el argentino, de
raigambre judía, Enrique Espinoza.

Ahora bien, por qué hablar sobre la influencia anarquista en “Babel”,
primero, porque no ha sido estudiada, y segundo, porque nos permite
comprender cómo la tradición libertaria nacional no decae, sino que
cambia de forma.

Recordemos que ante la arremetida del “Frente Popular”, la influencia
anarquista comienza a menguar, por lo que se ha investigado hasta
ahora, dado el carácter conciliador de los gobiernos radicales y
promotor de la integración social de los sectores populares. Aun
cuando interpretaciones posteriores denominan integración parcial a
las propuestas del “Frente Popular”, esta alianza caló fuerte en el
chile de aquella época, encarnando, además, una nueva forma de
acumulación capitalista: el nacional desarrollismo.

De esta forma, la literatura chilena mantiene un núcleo socialista
libertario, encabezado por Manuel Rojas, González Vera y el
desconocido Laín Diez.

En más, el comité asesor de “Babel” estaba formado por estos tres
autores, mas el escritor argentino Luis Franco, de tendencia
trotskista.

Literatos como Ciro Alegría, Albert Camus, Gabriela Mistral, Ernesto
Montenegro, entre otros, dotaron a la revista de una gran categoría
literaria y filosófica.

“El socialismo y la libertad” de MANUEL ROJAS

La relación entre el socialismo y la libertad, para algunos es
espinosa. Crecimos con el prejuicio de suponer que ambos eran
incompatibles. Fuese por el carácter “paulatino” de la revolución,
como por una asociación forzada de la izquierda marxista al confundir
libertad con liberalismo.

Asimismo, el carácter autoritario de algunas corrientes socialistas,
contribuyó aún más a considerar socialismo y libertad como
irreconciliables. El jacobinismo tuvo sus retoños en el marxismo. He
ahí la razón, según mi juicio, por la cual el anarquismo ha sido la
“oveja negra” del frondoso árbol socialista, al desconocer al culto al
Estado, denunciando sus aparatos ideológicos y las relaciones sociales
que instaura, como lo ineficaz de la actividad parlamentaria.

Postura que contrasta con lo que profesaba, por ejemplo, el ideólogo
alemán Fernando Lasalle, cuyo espíritu caló fuerte en el posterior
desenvolvimiento de la socialdemocracia alemana, la actitud
chovinista frente a la primera guerra mundial, en dirigentes como
David, Ebert o Noske, no es, según mi opinión, azarosa.

De esta forma, el escrito de Manuel Rojas, cuya pluma a veces me
recuerda a Camus, trae a colación esta tensa relación entre
socialismo y libertad.

En sí, Rojas, comienza declarando que según su visión hay 4 clases de
socialistas.

El primero de ellos, dice Rojas, es aquel “socialista tipo
intelectual, que esta dispuesto a aceptar, y acepta, todo aquello que
se le presenta como socialismo”, después viene, en segundo lugar, “el
socialista por afanes o principios materiales, que esta convencido de
que el socialismo ha sido creado únicamente para mejorar su situación
económica”, en tercer puesto, “el socialista por afanes o principios
administrativos, que se cree llamado a dirigir, ahora y siempre, a los
anteriores”, en cuarta posición, según Rojas, esta “el socialista por
afanes o principios morales”. Desde mi perspectiva, acá podría
ubicarse Manuel Rojas. Ahora bien, para acabar con la idea general, me
tomo la libertad de citar el siguiente fragmento:

“Al primero podrá encontrársele en las innumerables sociedades de
amigos del socialismo y al segundo y al tercero en los partidos
socialistas de todo el mundo.

En cuanto al cuarto, rara vez se le hallará acompañado de más de dos o
tres personas. No es miembro de ningún partido, y el socialismo de
partido, por su parte, le mira siempre con oblicuos ojos,
considerándole siempre como un ser demasiado independiente. Su
excesiva independencia le hace sospechoso de tibio socialismo y de
otras cosas peores”.

¡Cuánta verdad contienen esas sabias palabras, y qué indignante es el
silencio que cayeron!

Sin duda alguna, Rojas desentraña con su prodigiosa pluma, esas
ambivalencias de ciertas fracciones de la izquierda muy vinculada a
los ministerios y a la defensa del proletariado, pero que al momento
de una asonada golpista, son los primeros en exiliarse, o al momento
de hacer aseo, contratan empleada. Son aquellos que no vivirían ni
cinco minutos en Cuba, aunque vivan hablando de sus bondades.

“Los anarquistas” de JOSE SANTOS GONZALEZ VERA

Sin duda alguna, las manifestaciones literarias constituyen a su modo,
una excelente fuente para forjarnos un cuadro de una época cualquiera.
Aunque, claro esta, siempre limitado a las impresiones de los autores,
por ende, a su subjetividad.

El caso de González Vera, no es una excepción. Ya nos hemos referido,
anteriormente, en torno a algunos aspectos de su obra Y en relación a
lo expresado en el primer párrafo, su escrito “los anarquistas”,
cumple la función de entregar una pista sobre el itinerario ácrata de
aquel entonces.

En éste, González Vera céntrase en la vida social de aquellos
anarquistas, zapateros preferentemente, que tuvo la suerte de conocer
durante sus años de juventud.

Relata sus encuentros en el centro Francisco Ferrer, lugar donde
juntaban a charlar o reunir dinero para apoyar alguna causa.

Uno de los elementos más ricos de la pluma del autor, es cierto
bosquejo sicológico que hace de los mismos, sin idealizarlos,
presentándolos tal cual eran.

Personalmente, me sorprende el arraigo de las posturas cercanas al
cristianismo entre los anarquistas chilenos y extranjeros, como José
Clota o Casimiro Barrios. Parecieran tener algo de quijotes. También
relata González Vera, la llegada de inmigrantes suecos, rusos o
eslavos.

Al adentrar en la lectura, pareciera sumirse el lector en un mundo
ajeno, casi caricaturesco, de gente que estudiaba teosofía o
espiritismo, de acuerdo al idealismo de cada uno.

Por eso soy de los que sostiene que tanto el lenguaje-e inclusive el
análisis- de muchos libertarios chilenos el día de hoy, se asemejan
más al discurso marxista latinoamericano de los 60, que a reflexiones
asociadas al ideario ácrata.

A modo de ejemplo, González Vera relata la dura represión que arreció
sobre una manifestación libertaria en la cual participó: “Mientras
corría, movido por la necesidad de vivir un tiempo más, comprendí cuan
verdaderas resultaban las aseveraciones del filósofo Alcides: jefes y
agentes eran pobres; no obstante, con qué ardor apaleaban a otros
pobres que luchaban por mejorar su salario”.

No hay color de rosas, Vera reflexiona con libertad, no sirviendo a
ninguna estructura partidista o dogmatismo filosófico; en definitiva,
no existe ese romanticismo de idealizar a los “sectores populares”, a
diferencia del día de hoy.

PALABRAS FINALES: “Décadas Después”

Como tal, una investigación que buscase reflexionar en torno a la
influencia ácrata en la literatura chilena, podría abarcar,
prácticamente, toda nuestra historia literaria.

Inclusive, la cercanía de anarquistas y el oficio de escribir, se
intuye años después en gente como Mauricio Wacquez, Cristián Vila
Riquelme, o Roberto Bolaño, este último se definía como “anarquista-
trotskista-tercermundista”. Sin olvidar que es uno de los pocos
escritores en recordar lo que la izquierda comunista quiere relegar al
mar del olvido: las odas a Stalin de Pablo Neruda.

Así, la desconocida influencia socialista libertaria en nuestra
historia literaria, es todo un campo para indagar, pues incluso el día
de hoy, existen numerosos jóvenes deseosos de continuar cultivando las
relaciones entre anarquismo y literatura chilena. Basta sólo con
recordar la cantidad de publicaciones electrónicas o algunos fanzines
aparecidos en los últimos años.

NOTA:

(*) Eso sí, aquí se me hace perentorio realiza la aclaración
siguiente: en “Gabriela mistral y el anarquismo”, postulé que en “El
Sembrador” de Iquique habrían existido poemas inéditos de nuestra
poetisa.

Con el paso de los días y de algunas indagaciones, comprendí con
vergüenza cómo había incurrido en un error garrafal. Ambos escritos
aparecen en “Desolación”.


Sebastián Allende: alumno-tesista de la carrera de Historia y Ciencias
Sociales, Universidad Artes y Ciencias Sociales (ARCIS), Santiago de
Chile.

Correo Electrónico: sebastian.allende@hotmail.com
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