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(sup) (ca) [media] LA AGONIA GRIEGA DE DOS ANARQUISTAS

From OSL <libertaria@infovia.com.ar>
Date Tue, 18 Nov 2003 16:07:57 +0100 (CET)


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CRONICA
ANTIGLOBALIZACION / LOS DOS JOVENES OLVIDADOS EN SALONICA
LA AGONIA GRIEGA DE DOS ANARQUISTAS

CARLOS Y FERNANDO llevan cinco meses presos en Salónica, 43 días en huelga
de hambre y pierden un kilo por día. Fueron a manifestarse contra la
globalización y pueden terminar condenados a 25 años por «terroristas»
ILDEFONSO OLMEDO

Ana, la madre, no recuerda cuántos pisos subió en el ascensor.Había
uniformes por todos lados. La policía había convertido el hospital
Lipocratio, en el centro de Salónica, en un auténtico fortín, como si
custodiara a peligrosos terroristas en vez de a cinco militantes
antiglobalización debilitados por las secuelas de un mes ya de huelga de
hambre. La vecina de Aranjuez, cocinera de profesión, llevaba unos días en
Grecia y sólo la mañana anterior había podido visitar a su hijo Carlos.
Fue en la cárcel, tras una mampara de cristal: «No le reconocí al verlo.
Caminaba dificultosamente, estaba extremadamente delgado, con barba, los
ojos hundidos y unos círculos rojos alrededor». Ahora, pensaba nerviosa
ascensor arriba, podría acercarse hasta abrazarlo después de muchos meses
de ausencia. Era el viernes de la semana pasada.El agravamiento del estado de salud del joven anarquista madrileño,
detenido en junio pasado tras los altercados que acompañaron la cumbre de
jefes de Estado de la Unión Europea en la ciudad griega de Salónica, y en
huelga de hambre desde el 5 de octubre, había provocado que él y sus otros
cuatro compañeros de protesta (entre ellos el burgalés Fernando Pérez
Gorraiz) fuesen llevados a un hospital civil para estar mejor atendidos
que entre rejas.No recuerda Ana, de 53 años, situación más emotiva en toda
su vida: «Entré directamente y abracé a mi hijo, que estaba sentado sobre
la cama... Después, como me habían pedido médicos y psicólogos preocupados
por el estado anímico de los chicos, fui tocando caras y manos a todos: al
otro español, Fernando, al sirio Castro, al británico Simon y al griego
Spyros».
Juntos son los cinco de Salónica, militantes antiglobalización a los que
el Estado griego pretende juzgar bajo la ley antiterrorista en vigor desde
el año 2000 y que hasta ahora sólo había sido aplicada a los miembros de
la organización armada 17 de Noviembre.Les pueden caer penas, si les
declaran culpables, de siete a 25 años de prisión.
La historia de los cinco muchachos antisistema (hubo otros dos
encarcelados, pero al ser menores de edad están apartados en otra prisión)
es la resaca de la última gran protesta contra la globalización, que se
convierte en auténtica marejada en las casas de Ana Martínez y de otra
familia española. Transcurridos cinco meses, sus hijos (Carlos Martín
Martínez, de 25 años, y Fernando Pérez Gorraiz, de 21) siguen presos
lejos, en espera de un juicio para el que no hay fecha y con unos cargos
en su contra que empezaron por ser tenencia de tirachinas y tuercas de
acero y han terminado escribiéndose con la gravedad de la legislación
antiterrorista: tenencia de explosivos (cócteles molotov) y pertenencia a
banda armada, alteración de la paz...A veces, todo se escribió con los
renglones torcidos de la mentira y la intoxicación, a tono con la alarma
social y el desmesurado despliegue policial que convirtió a Salónica en un
escenario de guerra.
LA CONSPIRACION

Dos cadenas de televisión y uno de los periódicos griegos de mayor tirada
llegaron a publicar que uno de los detenidos era «un vasco, líder
anarquista buscado por la policía de tres países de la UE». Se habló hasta
de «conspiración anarquista internacional».Después, el tema desapareció de
los medios. Desde la embajada española, unas visitas esporádicas al penal
y ninguna queja formal.Tampoco nadie dijo las palabras con las que Carlos
defendió ante el juez su inocencia: «Las acciones violentas de toda clase
se oponen a mis principios y valores».
Hasta que, hartos de negar los cargos que se les imputa y de considerarse
cabezas de turco sin derecho siquiera a la libertad bajo fianza, los cinco
de Salónica decidieron dejar de comer.Primero fue el sirio y luego, a
principios de octubre, se fueron sumando los demás. La dieta inicial para
la huelga de hambre, de agua y miel, hace ya 23 días que quedó reducida
exclusivamente al líquido. Fernando, espigado y delgado de constitución,
ha perdido alrededor de 15 kilos. Carlos, unos 17. Desde el martes pasado,
cuando las autoridades griegas decidieron trasladar a los huelguistas
desde la ciudad norteña de Salónica hasta la prisión ateniense de
Korydalos para tenerlos bajo vigilancia permanente en el hospital del
propio centro penitenciario, las noticias sobre los presos vuelven a
encontar hueco en los informativos.
La BBC, por ejemplo, transmitió este jueves algunas de las concentraciones
de apoyo a los presos en Atenas, Salónica y otras ciudades. Y algunos
medios se aproximaron hasta el hospital civil de Nikea, a las afueras del
puerto del Pireo, a donde fue trasladado el español Fernando, el que
presenta una salud más debilitada. Según fuentes médicas, los huelguistas
están empezando a perder un promedio de un kilo de peso al día. Lo que no
pierden es la esperanza de hacerse oír fuera.
Una ayuda a su causa fue la emisión reciente en dos cadenas privadas de
televisión griegas de un vídeo donde queda registrada la detención de
Simon Chapman. En él se aprecia cómo la policía le adjudica al británico
una mochila cargada con cócteles molotov y un martillo que no es suya. Se
trata de una falsificación de pruebas -de la que se han hecho eco también
periódicos como The Guardian y Ta Nea, el de más tirada en Grecia- que
pondría en entredicho la veracidad de las acusaciones contra todos los
encarcelados.
A Carlos, el madrileño de Aranjuez, no le pillaron ninguna mochila.Los
únicos bultos con los que fue a Grecia (un macuto y una bandolera)
quedaron abandonados en la zona de acampada de los antiglobalización y
fueron rescatados por su padre, Juan Carlos Martín, semanas después de la
detención. El progenitor, electricista en una empresa metalúrgica, de 57
años, no olvidará el día en que el menor de sus tres hijos, Carlos,
anarquista de la CNT, insumiso, trabajador de la construcción, cerraba ese
macuto en la casa paterna. Nunca imaginó tan largo viaje.
Lunes, 17 de junio. Hace ya cinco meses. Carlos se prepara para viajar a
Salónica con la mochila de su padre. Ya estuvo en Génova, su bautizo
internacionalista, en Barcelona, en Sevilla. También sabe de primera mano
-se lo contó su hermano Iñaki, que le precedió en las movilizaciones
antisistema- lo ocurrido en Praga. Cuando con un abrazo se despide de su
padre -«Hijo, ten cuidado», no pudo dejar de decir éste-, el macuto lleno
habla de quién es el joven: pasaporte, maquinilla de afeitar, cepillo
dental, poca ropa, muchos cómics, una revista de astronomía, la
publicación Batería Total, una flauta... «Son jóvenes necesarios,
idealistas», dice el padre en su casa de Aranjuez, que Ana, la madre, ha
salido a estar con un grupo de apoyo a su hijo creado en el pueblo.«Carlos
es un sindicalista de CNT con muchas inquietudes. Un chaval normal, con su
casa, su hipoteca, que no fue buen estudiante y trabaja en la
construcción, le apasionan la astronomía y la música [acababa de comprarse
una batería y un telescopio] y devora los cómics. A veces parece un
panfleto cuando habla, pero otras es muy cómico el condenado». Y se ríe al
recordar la última Navidad.
Carlos venía de Andorra, donde había pasado seis meses después de que el
verano anterior conociera allí a la que sigue siendo su novia (Nerea, 22
años, desde julio en Grecia para estar cerca de él). «Entró en casa con la
chica y con una cesta de Navidad que le habían regalado en su último
trabajo en el Principado.Y llevaba el jamón en la mano...».
Desde Burgos, los padres del preso Fernando, Santiago y Mercedes, están
escandalizados «por la imagen de terrorista internacional peligroso» que
pretenden atribuir a su hijo. Con estudios de FP y sin trabajo estable,
recorría Europa en interrail cuando acudió a Salónica. «Es sólo un
idealista, una persona consecuente que defiende sus ideas anarquistas con
vehemencia. Un chaval totalmente normal». Ahora, olvidadas las denunciadas
torturas (a Fernando le partieron un diente y a Carlos le arrancaron un
mechón de pelo, o lo dejaron esposado con las manos en la espalda toda una
noche ya en plena huelga de hambre), lo que más les preocupa es su salud.
La falta de glucosa ha empezado a provocarles problemas de visión y
movilidad. Nadie, aún, quiere pensar en posibles lesiones cerebrales...
Pero las familias de Carlos y Fernando saben que la apuesta de sus hijos
es radical. Creen que la huelga de hambre es su única salida. Carlos lo ha
hablado con su padre: «Lo conseguiremos... Y si no, pues la hemos
cagado».A sus colegas anarquistas se lo dice con otro discurso: «¡Entramos
luchando y saldremos luchando! ¡Por las barbas de Satanás!».
Con información de Corina Vassilopoulou (Atenas) y J. F. Corcuera (Burgos)








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