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(ca) cnt-aranjuez: Covid-19: ¿es la vacuna la solución? -- Domingo M. A.

Date Tue, 20 Oct 2020 08:26:04 +0300


Con el pretendido fin de acabar con la pandemia del Covid-19 que nos asola, los poderes políticos y sanitarios, muchos expertos y, en especial, las grandes compañías farmacéuticas han depositado todas sus esperanzas, por diferentes razones e intereses, en una vacuna salvadora. Por eso, reiteradamente, nos transmiten el mensaje de que no hay otra alternativa más que la vacuna. ---- Recientemente, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, anunciaba que España podrá disponer de la vacuna "a finales de año". Un hecho poco probable, teniendo en cuenta de que se encuentra en ensayos clínicos, en fase 3, y que después de esos ensayos debe transcurrir un tiempo para que las agencias de evaluación, en este caso la europea, examinen sin prisa la vacuna. Por otro lado, se desconoce la eficacia que pueda tener la futura vacuna, la duración o si requerirá modificaciones en caso de que mute el virus.

Quizá por ello mucha gente desconfía de que esa vacuna diseñada en un tiempo récord, y sin un periodo de prueba suficiente, sea eficaz y segura. Este escepticismo de una parte de la población es un motivo de inquietud para el actual Gobierno de coalición PSOE-UP. Así lo expresaba, por ejemplo, en un tuit, Alberto Garzón, ministro de Consumo y coordinador de IU, quien manifestaba su preocupación por el hecho de que, según se desprende de una encuesta, el 40% de la ciudadanía no es partidaria de inocularse la vacuna del Covid-19, al tiempo que resaltaba el dato de que este rechazo llegaba al 56% entre las personas de extrema derecha (con lo que quería significar que oponerse a la vacuna es más bien cosa de fachas).

Sin embargo, no todos los científicos y expertos del mundo comparten la convicción de que esa deseada vacuna sea la panacea ante la grave crisis sociosanitaria en la que estamos inmersos. Por el contrario, muchos de ellos, cuyas voces son sistemáticamente silenciadas y despreciadas en los medios de comunicación, tachadas de "acientíficas", consideran que la vacuna de la Covid-19 dista mucho de ser la solución; es más, aseguran que, en general, las vacunas son innecesarias, ineficaces y peligrosas.

Desmontando la visión oficial

Es el caso del médico Enrique Costa Verger y el escritor e investigador Jesús García Blanca, que, en su estudio Vacunas: una reflexión crítica, publicado en 2015, recuerdan que una formulación concisa de la visión oficial de las vacunas es que estas son un tipo de fármaco que se administra desde el mismo momento de nacer para entrenar al sistema inmunitario y que fabrique anticuerpos específicos para luchar contra bacterias y virus previniendo o erradicando las enfermedades que causan. Una visión que van desmontando a través de las casi 300 páginas de su investigación.

Cuando hablamos de vacunas, ante todo deberíamos precisar de qué estamos hablando, es decir, cuál es su composición. Según las fichas técnicas disponibles en la página web de la Asociación Española de Pediatría, las vacunas contienen, por una parte, virus vivos, atenuados, fraccionados o inactivados (en algunos casos cultivados en embriones de pollos o en huevos de gallina, y en otros, producidos mediante ingeniería genética), antígenos (componentes) de virus o toxoides, es decir, toxinas bacterianas atenuadas; y, por otra, una serie de sustancias adyuvantes (potenciadoras) o conservantes: pertactina, fimbrias (apéndices bacterianos), virosomas (cápsulas con proteínas de virus pero sin información genética), fenoxietanos, aluminio, formaldehido, etanoles, neomicina, estreptomicina y albúmina humana recombinante.

Las consecuencias que este arsenal de sustancias tiene en el organismo, especialmente en bebés y niños, no se conocen con exactitud. "Y ello por la sencilla razón de que hay poco o nulo interés en conocerlas. Lo que sí sabemos es que toda sustancia extraña introducida en el cuerpo provoca una reacción", advierten los autores del estudio.

Según la FDA (Administración de Drogas y Medicamentos) del Departamento de Sanidad de Estados Unidos, solo se notifica un 1% de las reacciones adversas graves de las vacunas. Solo en este país, esto representa 1.000 reacciones graves y 200 muertes. En Estados Unidos, 3.000 niños mueren en los cuatro días siguientes a la administración de vacunas, pero ningún médico menciona la posible relación. De hecho, se estima que se producen cada año entre 5.000 y 10.000 muertes debido al síndrome de muerte súbita del lactante, y la máxima incidencia se registra entre los 2 y 4 meses, coincidiendo con las primeras vacunas.

En España, existen variaciones entre los calendarios de vacunación de las diferentes comunidades autónomas. Tomando como referencia el calendario de vacunaciones de la Asociación Española de Pediatría, las vacunas se dividen en tres categorías: "sistemáticas" (hepatitis B, difteria-tétanos-tosferina, haemophilus influenzae tipo B, poliomielitis, meningococo C,neumococo, sarampión-rubeola-parotiditis, virus del papiloma humano), "recomendadas" (meningococo B, rotavirus, varicela) y "grupos de riesgo" (gripe, hepatitis A). La mayoría se administran a los 2, 4 y 6 meses; algunas se refuerzan entre los 12 y 15 meses, otras entre los 15 y 18 y otras a los 2, 6, 11-12 años. Hasta el momento, las vacunas infantiles no son obligatorias en España ni en la mayoría de los países del mundo.

Por otra parte, en opinión de los autores de esta investigación, no es cierto que las vacunas estimulen la creación de anticuerpos específicos contra determinados microorganismos. Del mismo modo, estudios independientes han demostrado rigurosamente que las vacunas no han servido para erradicar enfermedades. Los momentos álgidos y las bajadas de intensidad, o incluso la desaparición de enfermedades como la viruela, la tuberculosis o la rubeola, se corresponden con cambios en las condiciones de vida e higiene y no con la introducción de vacunas. En otros casos, el desequilibrio biológico introducido por la propia vacunación es el que provoca el recrudecimiento de la enfermedad.

Posteriores estudios elaborados para cada enfermedad considerada infecto-contagiosa han demostrado que se producen regresiones similares en grupos vacunados y no vacunados, que se producen expansiones a pesar de la vacunación y que la introducción de las vacunas no afecta a la evolución de las enfermedades, evolución que está más determinada por las condiciones de vida de la gente. Todo ello puede verse, por citar un ejemplo, en el minucioso informe de Fernand Delarue titulado Salud e infección: auge y decadencia de las vacunas, que también dedica varios capítulos a explicar cómo se han manipulado estadísticas, criterios diagnósticos, protocolos y datos epidemiológicos para ocultar el fracaso de las vacunas y conseguir su aceptación.

En su estudio, Enrique Costa y Jesús G. Blanca, recapitulando acerca de las ideas que exponen en él, insisten en que las vacunas no tienen sentido bio-lógico, es decir, no se corresponden con la lógica de los procesos vitales; y tampoco tienen base teórica, puesto que no existe una teoría que explique de tal modo el origen de las enfermedades en la que las vacunas puedan cumplir un papel preventivo. Como consecuencia de ello, afirman que las vacunas no han erradicado enfermedades ni pueden proteger contra ellas. En su opinión, "más bien sucede lo contrario: son peligrosas para la salud y la vida y responsables, con toda probabilidad, de una multitud de nuevas enfermedades graves, crónicas y degenerativas".

El enorme poder de las farmacéuticas

Desde el punto de vista de los autores del estudio, las vacunas se mantienen gracias al enorme poder de sus fabricantes y al abandono de nuestra salud en manos ajenas, y no por motivos científico-médicos. La base fundamental para el ejercicio de ese poder es el hecho de que la industria farmacéutica condiciona, en mayor o menor medida, todos y cada uno de los factores implicados en la salud y en la enfermedad. Por una parte, esta industria controla la formación de los médicos, tanto la universitaria como las múltiples vías por las que aquellos se continúan formando, especializando y actualizando, incluyendo congresos, jornadas, conferencias, encuentros, másteres y, por supuesto, el reciclaje diario a través de los visitadores médicos.

La investigación privada y la mayor parte de la pública está financiada igualmente por la industria farmacéutica, lo que, teniendo en cuenta los enormes recursos necesarios para llevar a cabo cualquier estudio, garantiza que solo se investigará lo que sirva a los intereses de esa poderosa industria. Además, las farmacéuticas controlan la mayoría de la información especializada que llega a los profesionales a través de las revistas científicas y la divulgativa que llega al gran público a través de revistas y medios de comunicación de masas.

Por otra, los grandes laboratorios condicionan a los miembros de mayor influencia en asociaciones profesionales, sociedades científicas y médicas, comités asesores especializados, centros de investigación, redacciones de publicaciones, asociaciones civiles y organismos internacionales, empezando por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS).

Gozando de todo ese poder, no duda en propagar el miedo entre la población, si es necesario, para favorecer sus intereses. Sylvie Simon, escritora y periodista francesa, en su ensayo Vacunas, mentiras y publicidad sostiene: "Todos los poderes utilizan el miedo para dominar mejor, y practican sabiamente esta eficaz estrategia que permite conseguir la dependencia de la ciudadanía. Este instrumento de manipulación, gracias al cual es posible suprimir todo sentido crítico y explotar la credulidad de la población manteniéndola así en la ignorancia de los hechos esenciales, se ha utilizado siempre, pero hoy día funciona a mayor escala gracias a los medios de comunicación".

Los peligros de la vacuna del coronavirus

Otra voz crítica respecto a las vacunas es la del veterano médico Xavier Uriarte, presidente de la Liga para la Libertad de Vacunación. En un artículo titulado "Los peligros de las vacunas de la gripe influenzae y coronavirus", de julio pasado, explica que desde hace meses los departamentos de investigación de las facultades de Medicina y de Biología, con dinero público y con donaciones privadas y de las empresas farmacéuticas a escala de España y de la Comunidad Europea, trabajan en la elaboración de la vacuna del coronavirus.

Muchos investigadores y altísimas aportaciones económicas están en juego, agrega, puesto que se han fijado el objetivo de vacunar a un mínimo del 75% de la población planetaria. En los países donde exista una estructura sanitaria pública de salud la vacunación se implantará a través de la Seguridad Social, mientras que en los países sin estructura sanitaria pública se llevará a cabo mediante las ONG.

Actualmente, prosigue Uriarte, hay tres líneas diferentes de investigación de la vacuna coronavirus: la primera, la selección de una determinada proteína del virus del coronavirus que actúa como antígeno; la segunda, la creación de un falso virus o virus artificial a través de la manipulación del código genético de un virus natural; y la tercera, la fabricación de una molécula que sea reconocida por nuestras células eucariotas, que genere un minivirus de imitación y responda creando la infección.

Este médico predice que la respuesta entre la población vacunada es y será negativa entre el 20%-30% de los vacunados. En el supuesto caso de que la respuesta a la vacuna del coronavirus sea positiva, su memoria será corta. Y la producción de anticuerpos, en el mejor de los casos, durará entre 3 y 6 meses.

"Si les llegase a interesar, para alargar la vida de la memoria de la vacuna, añadirán sales de aluminio y otros adyuvantes, e incrementarán la cantidad de escualeno. En los países sin estructura sanitaria utilizarán vacunas de memoria más larga. En los países con estructura sanitaria aplicarán vacunas anuales de memoria corta y se acompañará separadamente de la vacuna de la gripe A. Clásicamente se acepta que una vacuna de corta memoria no confiere protección de grupo o de rebaño", añade Uriarte.

La inoculación de la vacuna del coronavirus afectará, a su parecer, al medio donde habitualmente viven los virus, bacterias, hongos y protozoos. Y puede afectar a las células procariotas de diversas maneras: interfiriendo en la vida saprófita del nicho viral activando o desactivando virus de la gripe, de la hepatitis, de la varicela, del dengue, de la inmunodeficiencia, etc. Y estimulando o anulando el nicho biológico de las bacterias, de los hongos y de los protozoos creando desequilibrios en nuestra microbiota. También puede afectar a las células eucariotas, modificando el AND y ARN de nuestro cuerpo y generando procesos alérgicos, tumorales, infecciosos y autoinmunes.

Xavier Uriarte augura que la vacunación generalizada del coronavirus incrementará la morbilidad y mortalidad por gripe, por alergias, por autoinmunes y por tumores. En las residencias de la tercera edad aumentará todavía más la mortalidad tras la vacunación. En la gente más joven, la mortalidad por gripe también crecerá. En las personas en riesgo aumentarán las complicaciones.

Alerta este médico de que la nueva vacuna producirá graves y frecuentes reacciones adversas entre la población. Las reacciones más conocidas y frecuentes son la alergia aguda, la encefalitis aguda o crónica, el síndrome oculorrespiratorio, alteración autoinmune, coagulopatías o alteraciones de la coagulación, seroconversiones positivas, hiperplasia linfocitaria, etc.Y vaticina que las vacunas de la influenza y del coronavirus por lo menos producirán una muerte por cada 250.000 personas vacunadas en Europa y en el mundo.

Si hemos de creer los argumentos de estas voces críticas, para contener el virus puede ser mucho más importante que una vacuna recuperar nuestro maltrecho sistema público de salud, herido de gravedad en los últimos años gracias a leyes como la 15/97 oal artículo 90 de la Ley General de Sanidad. Como, igualmente, es importante autogestionar nuestra salud y adoptar un estilo de vida lo más sano posible, que contribuya areforzar nuestro sistema inmunitario. Y, junto a ello, como nos aconseja Sylvie Simon, "desterrar el miedo, que es un malísimo consejero y el instrumento favorito del poder".

Fuentes:

https://www.cnt-aranjuez.org/covid-19-es-la-vacuna-la-solucion/
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