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Primeras líneas de todos los correos de las últimas 24 horas

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(ca) Ateneo Libertario Carabanchel Latina: La sociedad atemorizada y el Covid-19

Date Thu, 6 Aug 2020 09:10:27 +0300


Publicado en el Portal Libertario Oaca sobre el folleto presentado en la charla realizada el 19 Julio 2020 en los locales de CNT-AIT de Barcelona por el compañero C. Verdugo, el nuevo secretario de la Asociación Internacional de los Trabajadores. ---- Desde el exilio Julio 2020 ---- Grupo Cultural de Estudios Sociales de Melbourne ---- Acracia Publications ---- Buenas tardes compañeras y compañeros. ---- Llevamos unos meses con el COVID hasta en la sopa, así que se han dicho muchas cosas sobre su origen y sus consecuencias. Hoy vamos a intentar hablar de todo esto con espíritu crítico. En esta intervención no va a dar tiempo a tocar todos los aspectos que me gustaría, así que os animo a hacer vuestras aportaciones luego en el debate.
Voy a tratar de dar algunas opiniones sobre el origen del virus y a quién beneficia. Luego hablaré de cómo el virus es una herramienta ideal para generar miedo, y como el miedo es un instrumento ideal para justificar el control
social. Hablaré también de cómo el estado usa el patriotismo para gestionar estas situaciones de alarma, y como aprovecha para potenciar el militarismo en la sociedad. Seguidamente hablaré de la importancia que se le da a salvar la economía, y sobre el engaño de que activando la economía se mejoran las condiciones económicas de la clase trabajadora.

Trataré de explicar cómo creo que el gran capital está
tratando de crear una división en la clase trabajadora
mediante los subsidios, y como va a usar esta división y
la pandemia para desmantelar la sanidad pública y el
sistema de pensiones.

Para acabar, hablaré sobre como la mejora en los niveles
de contaminación durante el confinamiento demuestra
que los grandes retos de nuestro tiempo hay que
solucionarlos mediante acciones colectivas de gran
envergadura. Hablaré del confinamiento como un arma
que podemos usar para nuestro propio interés. Y
finalmente, haré un llamamiento a recuperar una cultura
propia para la clase trabajadora que nos sirva para
recuperar valores y estrategias para afrontar los cambios
revolucionarios que tanto necesitamos para construir una
sociedad justa.

Empecemos hablando sobre el origen del virus y haciendo
un par de preguntas:
¿Quién financia las investigaciones sobre su origen?
¿Quién va a informar de los resultados de estas
investigaciones?
Nosotros no tenemos recursos para investigar, ni medios
de comunicación para difundir las conclusiones, así que
mucho me temo que va a ser imposible saber la verdad.
Lo que si podemos intuir es a quien interesa cada versión.
Aparte de la guerra que se llevan los Estados Unidos de
América y la China, deberíamos tener claro que la
ganadería intensiva y la desforestación pueden ser causas
muy plausibles de la transmisión de coronavirus a las
personas. Así que puede que las industrias relacionadas
con esto quieran que pensemos que es cosa creada en
laboratorio para desviar la atención.

Lo que si sabemos seguro es quien ha creado el contexto
y las condiciones para la expansión de la pandemia.
¿Quién ha generado una sobrepoblación urbana?
¿Quién ha provocado que la gente viva amontonada en
viviendas insalubres sin ventilación?
¿Quién ha configurado una sociedad que depende del
transporte masivo de pasajeros en las grandes urbes?
¿Y la falta de acceso al agua potable?
¿Y el desmantelamiento de los servicios universales de
salud?
¿Quién ha creado un mundo globalizado en el que
diariamente cientos de miles de personas van de una parte
del mundo a la otra?
No creo que sea necesario responder a estas preguntas.
Todos sabemos la respuesta.

Una cosa muy curiosa ha sido como de repente el virus ha
sido nuestra máxima preocupación porque de ello muere
mucha gente. Pero, acaso no muere gente de hambre, en
las guerras, por enfermedades provocadas por la
contaminación, por accidentes en el trabajo. Quizás
deberíamos darnos cuenta que ni siquiera elegimos lo que
nos preocupa, sino que los medios de comunicación
deciden en cada momento que amenaza o que injusticia
hay que atender como sociedad. No olvidemos cómo en
plena crisis económica y social los medios de
comunicación lograron que nuestra máxima preocupación
fuera qué bandera colgar en el balcón.

Aunque no podamos saber toda la verdad sobre el origen
del virus, podemos pensar en algo que para mí es mucho
más importante:
¿A quién le interesa todo esto?
¿Quién se beneficia de toda esta situación?
Pues por empezar con un ejemplo más que claro
mencionaré la industria farmacéutica y solo hay que ver
como suben en bolsa o cómo van a vender por 3000 EUR
un medicamento que cuesta 5 EUR producir.
¿Y qué me decís de Amazon?
¿Y de DHL?

Estos se han forrado a base de bien. Luego tenemos a los
grandes supermercados y a la industria alimentaria que
vende productos procesados y envasados,¿o es que
alguien va a ir tienda a tienda por el barrio comprando
productos a granel corriendo el virus por ahí?

Tenemos también las empresas que suministran
tecnología para el control social a los estados. Estos van a
recibir pedidos millonarios en tecnología para el control
de fronteras, el reconocimiento facial y la gestión de la
información que van acumulando en sus bases de datos.

Los estados van a ser otros de los grandes beneficiados de
la pandemia. El estado de psicosis colectiva va a servir
para que la población acepte cualquier medida de control
social a cambio de sentirse más segura. El estado no solo
se va a fortalecer como instrumento de represión, sino que
va a mostrarse como el único instrumento que la sociedad
tiene para proveer servicios sanitarios o para gestionar la
lucha contra el virus. Además, con la aprobación del
ingreso mínimo vital también va a mostrarse como el
único garante de la justicia social y la lucha contra la
miseria. En definitiva, el estado se hará más fuerte tanto a
nivel represivo como a nivel de justificación de su
existencia.

Mucho se ha hablado de cómo multitud de empresas van
a cerrar. Pues que pena. Esa es la esencia del capitalismo,
su selección natural. Durante años nos han dicho que
podemos dejar de ser proletarios para convertirnos en
empresarios si tenemos ambición y somos
emprendedores. Pues ya veis como les habrá ido a muchos
emprendedores con esta crisis. El capitalismo los habrá
puesto en su sitio, convirtiéndolos de nuevo en
proletarios, pero esta vez bien endeudados con los bancos.
Ahora bien, todas las empresas que hayan superado el
bache van a salir ganando: si hay más paro, los
trabajadores tenemos más miedo a perder el empleo y
aceptamos peores condiciones y peores salarios. En
definitiva, que la crisis es crisis para unos y oportunidad
para otros.

Ahora quiero hablaros de porque creo que un virus es el
instrumento ideal para generar una situación de psicosis
colectiva de las que el estado y el capital siempre salen
ganando. Lo han probado todo, pero quizás lo que mejor
les había funcionado era el terrorismo. El caso es que
cualquier estado necesita un enemigo público interno o
externo para justificar su existencia. Si el estado no tiene
nada de que protegernos a los pobres, se hace evidente que
su función es proteger la propiedad de los ricos. El miedo
es un mecanismo de supervivencia del que nos ha dotado
la evolución. Disponemos de otros mecanismos de
supervivencia como la empatía que nos empuja a practicar
el apoyo mutuo, pero el miedo está asociado a una parte
del cerebro mucho más primitiva. El miedo es una
respuesta fisiológica a una situación de riesgo percibida.
El miedo nos prepara para atacar o para salir corriendo.
Ante una serpiente en medio del camino nos hace
lanzarnos contra ella para estrangularla o salir corriendo.
Y la opción a elegir puede variar en función de la
percepción que tengamos de la peligrosidad de esa
serpiente y de la percepción de nuestra capacidad para
enfrentarnos a ella y de nuestra valoración de lo que corre
la serpiente y lo que podemos correr nosotros. Pues el
virus es la serpiente ideal para atemorizarnos. No tenemos
ni idea de lo peligroso que es o deja de ser. Nuestra
percepción del riesgo es totalmente manipulable.
Individualmente no tenemos capacidad ni conocimientos
para valorar lo peligroso que es o deja de ser. Ni somos
epidemiólogos, ni virólogos, ni nada de eso. Así que los
medios de comunicación, controlados por el gran capital
y los estados, pueden manipularnos a placer. Son ellos y
no nosotros quienes analizan el riesgo. Ellos tienen la
llave del miedo, porque el miedo que tenemos solo
depende de lo que nos dicen en la tele.

Una de las características que tiene el miedo es que si es
muy fuerte bloquea cualquier mecanismo de
racionamiento lógico que pueda tranquilizarnos. Así es
como se llega al ataque de ansiedad. Y en este ataque de
ansiedad colectiva sentimos la necesidad de que alguien
nos proteja. Y ahí está papá estado para salvarnos. No solo
pensamos que el estado nos salvará, sino que pensamos
que cuanto más autoritario sea más efectivo será en la
lucha contra este enemigo público. Todas habréis oído a
algún cuñado diciendo que esto los chinos lo controlan
mejor porque ahí la gente o cumple con las medidas
impuestas o va a la cárcel. Y por otro lado muchos nos
quejamos de que la gente no es nada responsable y que no
hace caso de ninguna norma de seguridad.

Vamos a ver, ¿cómo podemos esperar que la gente de la
noche a la mañana sea responsable y actúe guiada por la
razón, la lógica, el sentimiento de solidaridad para
proteger al colectivo al que pertenece? ¿Acaso nos han
criado para eso? Nos han educado en el dogma de la
obediencia donde las órdenes se cumplen porque quien las
impone tiene más fuerza y punto. Nos han educado en el
más asqueroso de los individualismos. Nos han hecho
olvidar que pertenecemos a una comunidad a la que hay
que respetar. Nuestro interés está siempre por delante del
interés colectivo. ¿Cómo se nos puede pedir ahora que
actuemos como gente socialmente responsable cuando el
estado nos adoctrina justamente en lo contrario?

Como ya he explicado el miedo es muy traicionero y es
que en pleno ataque de pánico nos cogemos a un clavo
ardiendo para salvarnos de una muerte percibida como
inevitable. El virus ha creado un estado de shock colectivo
que el estado aprovecha para implantar medidas de
control social. En un contexto de ausencia de amenaza,
nadie las aceptaría voluntariamente, pero ante la amenaza
de un contagio seguro, muchos las abrazan. Muchos las
abrazan quizás pensando que serán temporales, mientras
estemos en peligro. Pero la realidad es que cuando el
estado avanza nunca retrocede, a no ser que la lucha le
obligue a ello. Es evidente que no todo el mundo está de
acuerdo con las medidas de control social, pero en medio
de una pandemia, ¿quién se va a poner a protestar?
Conservar la vida es la prioridad.

Una de las medidas que más nos pueden afectar en un
futuro es el pasaporte inmunitario. Esto puede abrir la
puerta a que nuestros historiales médicos puedan llegar a
ser públicos. ¿Os imagináis que las empresas pudieran
saber cómo estamos de salud? ¿Nos contratarían si hemos
tenido bajas por estrés en el pasado? ¿Y si somos
propensos a la depresión? ¿Y si sufrimos ansiedad? ¿O
algún trastorno de personalidad? ¿Y si somos portadores
del VIH? ¿Y si pueden saber que nuestra genética nos
inclina a sufrir enfermedades cardiovasculares? Ahora
muchas se quedan en la calle cuando cogen una baja por
enfermedad, pero si las empresas saben cómo estamos de
salud antes de contratarnos, estamos bien jodidos.

Otros métodos de control social ya estaban presentes, y
ahora simplemente se pueden fortalecer o sofisticar. Hace
años que nos controlan con cámaras en la calle, pero ahora
se está extendiendo el reconocimiento facial o el control
de nuestra temperatura corporal. Todos sabemos lo fácil
que es para las autoridades usar nuestros teléfonos
móviles para localizarnos, pero de momento lo hacen sin
una cobertura legal clara. ¿Qué pasaría si se aprobara
algún decreto que obligara a los infectados a compartir su
ubicación? Los controles policiales se están haciendo
habituales, nos acostumbramos a ellos. Las fronteras están
cerradas, aún que para los pobres siempre lo han estado.
Pero sobretodo se ha potenciado una forma de control
social que es mucho más efectiva y barata para el estado:
el policía de balcón. Se está fomentando la figura del
delator al más puro estilo soviético, donde los hijos
llegaban a denunciar a sus padre por criticar en privado al
régimen. La sociedad valora el buen ciudadano y señala
al que no sigue la fila. Hoy se señala a quien no lleva
mascarilla, pero siempre se ha señalado a quien ha
hablado mal del jefe.

En este estado de shock del que estamos hablando el
estado tiene su oportunidad de oro para mostrarse cómo el
protector de la sociedad. Y no es de extrañar que para
ofrecernos protección use las herramientas que conforman
su verdadera esencia: El Ejército y Las fuerzas del orden.
El estado está mil veces más preparado para una guerra
que para una pandemia. Como contra la pandemia tenían
la batalla perdida han intentado convertir una situación de
alarma sanitaria en un episodio bélico. Todo se ha
convertido en una guerra contra un enemigo común de la
patria. Desde el primer momento se nos ha dicho que era
la patria la que estaba amenazada, que eso nos afectaba a
todos por igual. Se nos ha dicho que unidos lo podíamos
superar. Todos estamos en el mismo barco. En las ruedas
de prensa había más militares y policías que médicos. El
gobierno solo ha hecho propaganda patriótica en sus
discursos, en vez de ofrecer información veraz para que el
individuo sea capaz de analizar el riesgo por sí mismo.

Todos sabemos que el virus no ha afectado a todos por
igual. No han tenido la misma atención médica los de Nou
Barris que los de la Bonanova. No se ha contagiado igual
quien vive en un piso patera con 8 personas en 50 m2 que
quien vive un piso de 200 m2 con su criada y su perrito
con pedigrí.

Pero donde seguro que se van a notar las diferencias es en
la economía. No han parado de repetir que si se hunde la
economía se van a destruir muchos sitios de trabajo y
quien lo va a pasar peor es la gente trabajadora. ¡Joder!
¡Esto no es nada nuevo! Nosotras siempre nos llevamos la
peor parte. Lo que no es verdad es que activando la
economía se vayan a mejorar nuestras condiciones. Esto
es un engaño de los gordos. Las empresas no se crean para
generar puestos de trabajo, sino para generar beneficios
para sus propietarios. Que no se nos olvide nunca. El
empresario no te contrata para hacerte un favor, lo hace
para exprimirte y sacarte el zumo, como a las naranjas. En
un contexto de paro masivo y pánico sobre el futuro, la
trabajadora se ve obligada a aceptar condiciones de
trabajo mucho peores. El miedo al futuro y a quedarse sin
ingresos es mucho más fuerte que su capacidad de defensa
ante la avaricia del empresario. Activar la economía solo
se va a traducir en más explotación, en jornadas más
largas y en peores salarios. Escoger entre explotación o
miseria, esta es la libertad que nos da el capitalismo a
quienes no tenemos propiedad de la que sacar alguna
renta.

Y es que en realidad el paro no se crea porque la economía
se paralice. El paro existe porque una pequeña parte de la
sociedad controla todo lo necesario para generar riqueza
de la que vivir. La tierra, las minas, la tecnología, las
patentes, las fábricas, las infraestructuras, las viviendas.
Todo está en manos de una clase propietaria que nos
obliga a trabajar para ellos a cambio de una pequeña parte
del beneficio que les generamos. Vivimos en la esclavitud
del salario. El paro es un instrumento necesario para
mantener el salario lo más bajo posible y los beneficios
bien altos. No existe salida al paro dentro de la sociedad
capitalista. Es por eso que, como sindicalistas, no
podemos jugar a proponer medidas para reorganizar la
producción capitalista para reducir el paro. Nuestras
reivindicaciones siempre deben ir encaminadas a igualar
las condiciones de vida de la clase trabajadora para
generar una consciencia de pertinencia a una clase social
con unos intereses colectivos. Nuestra mayor
reivindicación en el contexto de la sociedad capitalista
debe ser la reducción de la jornada laboral al mínimo
necesario para que no haya una sola persona trabajadora
sin trabajo. Tenemos que trabajar todos para trabajar
menos, pero sobre todo para que todos tengamos las
mismas condiciones económicas como clase social.
Somos conscientes de que el capital no va a aceptar
liquidar el paro, que es su mejor instrumento de terror. Es
por eso que nuestra reivindicación no es más que una
forma de sacar a la luz las limitaciones de la sociedad
capitalista. Si esta sociedad no nos puede sacar del paro y
la miseria, necesitamos una nueva. Esta es nuestra
finalidad, la abolición de la propiedad y de la autoridad
que la defiende para tomar el control de la economía y
mediante la autogestión ponerla al servicio de
comunidades solidarias.

Dividir la clase trabajadora es precisamente lo que busca
el capital. Necesita que unos trabajen jornadas
interminables con gran presión pero que se sientan
privilegiados por tener un trabajo, mientras otros
sobrevivan de subsidios del estado. De los primeros se
extrae el máximo beneficio, y los segundos se usan como
amenaza a los primeros. Quien trabaja, al ver que la
sanidad pública y las pensiones se van a la mierda, quizás
con mucho esfuerzo podrá pagarse una mutua o un plan
de pensiones. El día que desmantelen finalmente la
sanidad pública, quien ya esté pagando por una mutua
callará porque él ya hace tiempo que paga su mutua. ¿Pero
quién va a enfrentarse al jefe para exigirle un trato justo si
sabe que quedarse sin trabajo también es quedarse sin
pagar la cuota de la mutua y dejar a sus hijos sin sanidad?

Y a la clase de los eternos parados se la va a mantener a
raya comprando la paz social con subsidios. Si me estoy
muriendo de hambre y el estado me da lo mínimo para no
morir de inanición, ¿cómo voy a luchar contra el estado,
si el estado me da la vida? Al estado le costará dinero lo
del subsidio, pero más le cuesta mantener al ejército. Así
que para ellos es un mal menor para que la miseria no se
les vuelva en contra.

Es por eso, repito, que es tan importante que luchemos por
la reducción de jornada para que trabajemos todas.
Además, la reducción de jornada tiene que ir de la mano
de un salario mínimo que permita vivir.

Para ir acabando tengo que hablar del cambio climático.
Todas habéis notado como la contaminación cayó en
pocas semanas. Sin darse cuenta de ello, las elites
económicas han demostrado que el cambio climático no
se para porque no se quiere afectar la economía. Hemos
demostrado que solo con una acción colectiva a escala
mundial se puede lograr revertir los efectos de la
sobreexplotación de los recursos de la tierra. El
confinamiento puede verse como una protesta masiva de
la humanidad negándose a emitir más mierda a la
atmósfera durante unos meses. Lástima que no haya sido
organizada con esa intención. Con esto quiero decir que
el confinamiento ha demostrado como la paralización de
la economía es posible si muchísima gente está dispuesta
a quedarse en casa y no ir a trabajar. Además, hemos visto
cómo de importante es la economía para los que se
benefician de ella, los capitalistas. Así que, ¿qué os parece
si promovemos una parada de la economía de forma
consciente y organizada? Nos preparamos para aguantar
unos meses sin trabajar. Creamos cajas de resistencia,
bancos de alimentos y redes de solidaridad. Dejamos de ir
a currar, de consumir y de pagar el alquiler durante 2
meses. Si lo hemos podido hacer empujados por el miedo
al contagio, porque no íbamos a poder hacerlo por luchar
por nuestros intereses. Por la jornada de 25 horas sin
reducción salarial. Por una sanidad universal digna. Por
una jubilación a los 50 años.

Pues por desgracia hoy en día todo esto queda muy lejos.
Y queda muy lejos porque como clase social hemos
perdido nuestra identidad y nuestra cultura. La cultura no
es más que un conjunto de conocimientos, experiencias,
valores, estrategias y comportamientos aprendidos y
transmitidos de una generación a otra. La cultura tiene la
función de dotar a cada sociedad de una serie de
herramientas para garantizarse su subsistencia y bienestar
económico y moral. Pero a veces las culturas colapsan y
dejan de cumplir con su función. Eso es lo que le ha
pasado a la clase trabajadora. La cultura que hoy en día
practica la clase trabajadora no es nada más que la cultura
del capitalismo. El explotado solo cuenta con los valores
y las estrategias de supervivencia que el capitalismo le ha
inculcado. Por desgracia hoy en día se valora la
competitividad, el éxito personal, la riqueza, el egoísmo.
Y así nos va a los y las trabajadoras.

Desde el nacimiento del movimiento obrero en el siglo
XIX varias generaciones de gente humilde se esforzaron
para crear y difundir entre los explotados una cultura de
emancipación basada en la solidaridad, el apoyo mutuo,
el rechazo a la autoridad y la necesidad de resolver los
problemas de forma colectiva. Esos esfuerzos en
Barcelona llevaron a hacer posible que el 19 de julio de
1936 el pueblo parara el golpe del fascismo en las calles.
Pero la revolución social que empezó aquel día les estaba
diciendo a los obreros del mundo capitalista que era
posible acabar con el capitalismo y a los obreros del
mundo soviético que era posible practicar el comunismo
sin necesidad de estado alguno. Así que todas las
potencias internacionales, cada una a su manera, se
volcaron a acabar con esa revolución.

El colapso cultural que vive la clase trabajadora no es más
que una de las consecuencias de aquella derrota. Como he
dicho, la cultura se transmite de generación a generación
y eso lo sabía Franco. Por eso se esforzó tanto en eliminar
mediante el exterminio físico a una generación entera de
hombres y mujeres con un mundo nuevo en sus corazones.
Había que cortar la transmisión del virus de la libertad.

Recuperar esa cultura de lucha, de desobediencia y
solidaridad es la misión del anarcosindicalismo. El
anarcosindicalismo no ha sido nunca ni será un
sindicalismo neutro que no se casa con ningún partido
pero que acepta que las ideologías de los partidos vivan
en paz dentro de sus sindicatos. Nunca será un
sindicalismo que pretende evitar el enfrentamiento
ideológico entre obreros que defienden diferentes partidos
o versiones de la socialdemocracia. El anarcosindicalismo
se declara enemigo de los partidos políticos y de la
socialdemocracia. Contra la participación en las
instituciones promueve la acción directa. Los sindicatos
de la CNT y de toda la AIT son escuelas de cultura
revolucionaria. Promueven los valores propios del
anarquismo, que no son más que esa cultura que nos va a
permitir como clase cambiar nuestra realidad para
construir una sociedad justa sobre las ruinas del mundo
actual.

El anarcosindicalismo no puede tomar atajos ni querer
correr más que su capacidad de crear consciencia
revolucionaria. Por desgracia, por mucho que mañana se
afiliaran en masa miles de trabajadores a nuestros
sindicatos, ellos traerían consigo sus valores y sus ideas
producto del colapso cultural de la clase obrera. Por eso
nuestra principal labor es, reconociendo nuestras
limitaciones, poner en marcha nuestros verdaderos
valores libertarios. Si nos olvidamos de nuestros valores
anarquistas y nos avergonzamos de ellos solo vamos a
lograr llenar los sindicatos de socialdemócratas o de
fascistas.

Así que más que nunca, es hora de confiar en nuestros
principios y dejar de pensar en ser más, sino centrarnos en
ser mejores. Ser más honestos con nosotros mismo y con
quien nos rodea, hacer funcionar nuestros sindicatos como
verdaderas islas de libertad donde practicar el apoyo
mutuo, aprender de nuestro pasado para no repetir errores.
Y por desgracia no hay que dejar de estar vigilantes para
mantener nuestras organizaciones limpias de elementos
que nos quieran desviar hacia la senda del reformismo.

¡Muchas gracias y salud!

https://www.portaloaca.com/opinion/15041-la-sociedad-atemorizada-y-el-covid-19.html

https://ateneolibertariocarabanchellatina.wordpress.com/2020/08/02/la-sociedad-atemorizada-y-el-covid-19/
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