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(ca) lasoli cnt: La huelga de "La Canadiense" y el establecimiento de la jornada de ocho horas en el Estado español

Date Tue, 9 Apr 2019 09:43:34 +0300


Actores principales del conflicto ---- Mediante el Decreto del 3 de abril de 1919 se establecía la jornada de ocho horas en el Estado español. La gran huelga de "La Canadiense", evento histórico que repasaremos a continuación, fue lo que motivó la consecución de este derecho. La Confederación Nacional del Trabajo (CNT) estuvo tras los famosos sucesos que se produjeron hace ya más de un siglo. La organización sindical CNT había sido fundada en 1910 en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona. Aunque posteriormente derivaría hacia posturas anarcosindicalistas, en el informe del Comité Federal al I Congreso (1911) se definía como "organismo obrero, netamente sindicalista revolucionario", identificándose así con el sindicalismo revolucionario francés, y entroncando a su vez con la tradición de la Primera Internacional. En contraposición al sindicalismo más reformista representado por UGT, CNT declaró como táctica genérica de lucha la acción directa, considerada un principio de actuación general del que derivaban medios de lucha más concretos como la huelga, el boicot, el label o el sabotaje. Los medios indirectos como el parlamentarismo o el reformismo eran rechazados, ya que no tenían como objetivo mejorar la situación de la clase trabajadora en base al enfrentamiento directo con la burguesía. Poco antes del conflicto que nos ocupa se había celebrado en Cataluña el Congreso regional de Sants en verano de 1918, en el cual se adopto el Sindicato Único de Ramo o Industria como base de la organización, superando así la organización en oficios derivada de las antiguas sociedades de resistencia. La máquina de combate ya estaba preparada.

En 1911 se creaba en Toronto Barcelona, Traction, Light & Power Company Limited, a iniciativa del ingeniero Frederick Stark Pearson. En España la citada empresa pasaría a ser conocida como "La Canadiense" debido a la procedencia de su capital. Pearson y el ingeniero industrial barcelonés Carlos E. Montañés establecieron un plan de electrificación de Cataluña, que llevaron a cabo en diversas fases. Fue una filial de "La Canadiense", Riegos y Fuerza del Ebro, S.A., la que se encargó de esta tarea, además de gestionar los servicios de tranvías y ferrocarriles. En la ciudad de Barcelona contaba con sus oficinas centrales, situadas en plaza Cataluña, y con la central térmica de la Mata, situada en Avenida Paralelo (las famosas Tres Chimeneas). Contaba igualmente las centrales hidroeléctricas de Tremp, Serós y posteriormente se sumaría Camarasa, todas localizadas en tramos de los ríos Noguera Pallaresa y Segre. La primera guerra mundial (1914-1918) había representado un gran impulso para el desarrollo de la industria catalana. El aumento de las exportaciones había ido asociado a un gran aumento de la producción eléctrica. En este contexto "La Canadiense" había visto incrementar sus beneficios de forma constante. La clase trabajadora, por el contrario, veía como el incremento de sus salarios no se ajustaba al gran aumento generalizado de los precios que se había ido produciendo.

Un primer conflicto estalló en Camarasa a finales de 1918, en las obras que se llevaban a cabo cerca del Puente del Diablo, donde se encontraba el pantano y futura central eléctrica. Gracias a la campaña de propaganda de CNT se había creado en la zona un fuerte sindicato. Las condiciones laborales eran de una precariedad absoluta: jornadas de diez horas, trabajadores completamente sumergidos en el barro sin tan siquiera un equipo adecuado, alojados en barracones de un improvisado campamento, y obligados a cobrar parte de su salario en bonos para canjear por comida en la cantina de la empresa. Cuando se quiso llevar a cabo una reducción de salarios los trabajadores explotaron, iniciando una protesta que derivó en una decena de despidos. La respuesta del resto de la plantilla fue clara; cerca de 1.500 trabajadores se declararon en huelga, y la CNT la transformó en general para toda la provincia de Lleida. La represión fue brutal, con clausura incluida de los sindicatos y multitud de detenciones, descabezando así el movimiento. No obstante, sentaría un precedente de lo que todavía estaba por llegar, esta vez en Barcelona.

La huelga de "La Canadiense" (I): del inicio del conflicto al gran apagón

El clima social existente en aquellos momentos era tal que el gobierno había decidido suspender las garantías constitucionales el día 16 de enero de 1919. A finales de ese mes la dirección de Riegos y Fuerza del Ebro decidía hacer fijos a algunos de sus trabajadores, pero reduciendo de forma significativa su salario. Ante esta situación los afectados organizaron un sindicato independiente, cosa que motivó el despido de ocho de ellos. Tres días después, el 5 de febrero, el más de un centenar de empleados de las oficinas de plaza de Cataluña se declararon en huelga de brazos caídos en señal de solidaridad con los despedidos. El Sindicato Único de Agua, Gas y Electricidad de CNT guiaba el movimiento huelguístico que acababa de iniciarse. Una comisión de trabajadores de "La Canadiense" visitó al gobernador civil de Barcelona, González Rothwoss, para que mediara en el conflicto. No obstante, los trabajadores de las oficinas fueron desalojados por la policía como única respuesta. El día 8 de febrero prácticamente toda la empresa se había declarado en huelga. Pronto se sumaría también la plantilla de Energía Eléctrica de Cataluña, principal competidora de "La Canadiense", comprometiendo seriamente el abastecimiento de energía eléctrica de la ciudad.

El director de "La Canadiense", el señor Lawton, ni tan siquiera se tomó la molestia de valorar las reclamaciones (bases del trabajo) planteadas por los trabajadores, entre las cuales figuraban la readmisión de los despedidos, un aumento general de salarios y que la empresa renunciara a llevar a cabo represalias. Es más, rechazó a la CNT como interlocutor válido. El Comité de Huelga estaba compuesto por trabajadores de la empresa, pero también de otras industrias, como el secretario general del Sindicato Único de la Construcción Simón Piera. El día 12 se produjo el asesinato del contador Joaquín Baró, señalado como esquirol. Se habían sumado a la huelga a mediados de ese mes las obreras y obreros del sector textil (ramo en que el 80% eran mujeres), los carreteros, cocheros y trabajadores de artes gráficas. El día 21 de febrero el conflicto llegó a su punto más álgido, al declararse en huelga los últimos trabajadores de La Canadiense que permanecían el activo en la central eléctrica del Paralelo, tras lo cual se interrumpió el suministro eléctrico de la ciudad. Barcelona se sumió en la oscuridad, quedando iluminadas únicamente las pocas zonas que no dependían de esta empresa, situación que afectó a fábricas, talleres, oficinas, comercios y alumbrado público. Los pocos negocios que se permitieron el lujo de quedar abiertos funcionaron con bujías y aparatos de acetileno. Unos setenta tranvías habían quedado parados en medio de la vía pública por no haber podido regresar a las cocheras.

Tras una reunión del Consejo de Ministros del gobierno presidido por el conde de Romanones, se decidía incautar la empresa, tanto los servicios dedicados al suministro eléctrico como los transportes públicos. Mediante la intervención de miembros del Cuerpo de Ingenieros y de la Armada se consiguió restablecer en cierta medida la normalidad. No obstante, durante al menos una semana los cortes de luz fueron constantes. Las principales autoridades la ciudad, sea civiles como el alcalde Manuel Morales o el gobernador civil, sea militares como el capitán general Joaquim Milans del Bosch, nada pudieron hacer para impedir el desenlace. El 27 de febrero se declaraban en huelga los trabajadores de la Compañía de Tranvías, además de los de Compañía de Gas y Electricidad y los de Gas Lebon. Es decir, en la industria del agua, gas y electricidad la huelga era ya completa. De hecho, la huelga general acabó afectando al 70% de la industria catalana.

La huelga de La Canadiense (II): de la "censura roja" a la resolución del conflicto

La prensa oficial no había publicado nada sobre el conflicto hasta el día del gran apagón. En general la prensa se negaba a publicar comunicados oficiales de CNT y hasta entonces solamente habían publicado noticias desfavorables sobre conflictos sindicales. Los tipógrafos que formaban parte del Sindicato Único de Artes Gráficas de CNT, a iniciativa del militante Salvador Caracena, decidieron aplicar lo que se conocería como "censura roja". Es decir, se decidieron censurar publicaciones contrarias a los intereses de la clase trabajadora. Tal fue el caso del bando militar firmado por el capitán general que llamaba a las filas a los individuos en servicio activo pertenecientes a industrias de servicios de suministro de energía eléctrica, aguas y transporte. El estado de guerra fue declarado el 5 de marzo. El citado bando solamente apareció en Diario de Barcelona y El Progreso, publicaciones que tuvieron que pagar una multa a CNT. Sea como sea, apenas unas decenas de trabajadores se pusieron a las órdenes del Ejército, rechazando la mayoría la militarización. Se produjeron multitud de detenciones, quedando abarrotados el castillo de Montjuic y la prisión Modelo. Con la incorporación a la huelga de los trabajadores de Ferrocarriles de Cataluña y Sarrià, se paralizaron también los servicios públicos.

A mediados de marzo Carlos E. Montañés fue proclamado gobernador civil de Barcelona en sustitución del anterior. El subsecretario de la presidencia del Gobierno, Juan José Morote, fue enviado a Barcelona para facilitar las negociaciones. Las mismas tuvieron lugar en tenencia de la alcaldía del distrito segundo, sede del Instituto de Reformas Sociales. Durante los días 15 y 16 las reuniones fueron constantes. Pero fue durante el día 18 de marzo que la empresa aceptó las bases presentadas firmando el acuerdo; y también lo hacían los directivos de otras empresas de electricidad, gas, agua y tranvías. "La Canadiense" aceptaba entre otras cosas un aumento generalizado de los sueldos, el pago de la mitad de los jornales que había durado la huelga y, finalmente, el establecimiento de la jornada de ocho horas. El estado de guerra se levantaba en la provincia de Barcelona y cesaba la suspensión de las garantías constitucionales, cumpliendo así las autoridades con parte del trato.

Para ratificar el acuerdo al que había llegado el Comité de Huelga con la patronal y el gobierno, se celebraron dos grandes asambleas: el 17 de marzo en el Teatro Bosque de Gracia, y el 19 de marzo en la plaza de toros de Las Arenas, situada en plaza Cataluña. En la famosa asamblea llevada a cabo en Las Arenas se reunieron cerca de 20.000 personas. En el mitin intervinieron Simón Piera, Paulino Diez por la Federación Local de Barcelona, Gironès por parte de los tranviarios, Francisco Miranda en nombre de los presos y, finalmente, Salvador Seguí por parte del Comité Regional. Tras ciertas reticencias por parte de un sector del auditorio, ya que no habían sido puestos en libertad todos los presos y por lo tanto rechazaban volver al trabajo, intervino Salvador Seguí, que planteó una clara disyuntiva: o iban al castillo de Montjuic a liberar a los presos desencadenando una revolución social para la cual no estaban preparados, o decidían dar un plazo de 72 horas al Gobierno para liberar a los presos. Al preguntar éste al auditorio si se volvía al trabajo, se decidió unánimemente que sí. La lucha aún no había terminado. No obstante, mediante el decreto del 3 de abril de 1919 se hacía extensiva la jornada laboral de ocho horas a todos los trabajos, y se ha extendido hasta nuestros días gracias al esfuerzo de aquellos compañeros y compañeras implicados en el conflicto descrito.

Secretari d'Acció Criminal

https://lasoli.cnt.cat/2019/04/04/la-vaga-de-la-canadenca-i-lestabliment-de-la-jornada-de-vuit-hores-a-lestat-espanyol/
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