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(ca) cnt.cat: [OPINIÓN] ABSTINENCIA SEXUAL INVOLUNTARIA: EN BUSCA DE UNA INTERPRETACIÓN FEMINISTA

Date Mon, 28 May 2018 10:52:03 +0300


Soy un hombre cis y heterosexual, educado como todas nosotros en una sociedad patriarcal, y hace años que no practico sexo. No es porque no tenga ganas, todo lo contrario; de ganas, me sobran, y son muchas las compañeras con quien me gustaría tener relaciones. Pero desde la adolescencia, me ha sido muy difícil o imposible conseguirlo. Y es algo que he encontrado realmente de menos. No ya el simple coito, sino todo el abanico de experiencias del mundo sexoafectiu: la complicidad, la ternura, los besos ... en términos generales, el amor. He vivido esta experiencia desde un sufrimiento emocional muy intenso, que me ha generado o agravado problemas de salud mental. Excepto en el caso de las personas asexuales, la sexualidad no deja de ser una necesidad biológica, psicológica y social significativa que, si bien no es necesaria para sobrevivir, quizá sí lo es para vivir mínimamente feliz. Y la frustración de la libido -que se puede corregir a través del autogestió- es poco comparada con el hecho de ver como las personas cercanas gozan de una manera especial de relacionarse entre ellas en la que tú no estás invitado . Es un poco como ir sereno en una fiesta donde todos pasadísimo, y esto siempre, cada día. Te sientes solo, te sientes inferior. Te preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué no gusto? ¿Qué hago mal? Porto media vida haciéndome estas preguntas, y he puesto todo mi esfuerzo en intentar responderlas. He reflexionado, he leído, he pedido consejo a amistades y terapeutas. Y no lo he logrado. No he podido saber nunca el "porqué" y aún no lo sé. Y eso me atormenta.

Me ha repugnado profundamente la noticia de que algunos hombres en una situación similar han encontrado respuestas equivocadas posibles a estas preguntas. Cuando las heridas abiertas por la frustración y la desesperación se ensucian de ignorancia, tarde o temprano llega la infección fascista. En las alcantarillas de Internet se ha extendido una nueva cepa de la ideología séptica, agrupada en torno al concepto de incel (involuntary celibacy, celibato involuntario). Sus partidarios interpretan la falta de sexo a través de un discurso del odio extremadamente misógino y supremacista masculino; consideran las mujeres objetos sexuales que los "niegan su derecho" a tener sexo, y llegan a justificar la violación o a pedir que el Estado les proporcione prostitutas gratuitamente. Esta nueva forma de fascismo, que suele combinar el machismo con el racismo blanco, ha demostrado ya su letalidad; tres jóvenes incels han cometido masacres en norte-América los últimos años, el mes pasado, un chico de 25 años mató a diez personas en Toronto arrollándola con una furgoneta tras publicar en las redes sociales una llamada a la "rebelión incel ". Tácticas del Daesh con detonantes machistas. La posibilidad de un contagio a otros lugares en los que la reacción antifeminista encuentra adeptos, como España, es realmente preocupante.

A diferencia de los incels, como militante yo he tenido la suerte de tener siempre amigas y compañeras feministas que me han permitido aprender sobre las opresiones que los hombres ejercemos sobre las mujeres, y que me ayudan a identificar y trabajar los privilegios patriarcales. Aun así, el tema de la abstinencia sexual involuntaria es y ha sido uno de los principales obstáculos en la deconstrucción de mi masculinidad. Cuando te encuentras en este contexto, es fácil caer en un pensamiento egoísta o directamente distorsionado: "por qué moverme por las reivindicaciones de las mujeres, cuando a mí ni se me miran?" Por qué yo, que siempre he sido amable y respetuoso con ella, no le gusto, y en cambio folla con aquel, que es un matxirul·lo arrogante que la trata mal? Hay que escuchar y empatizar antes de entender que, si bien uno puede sentirse oprimido, ellas lo están treinta veces más, y no sólo en la esfera sexual, sino en todos los ámbitos de la vida; y si los traumas provocados por la soledad y la exclusión te parecen duros, prueba de imaginarte como debe sentirse una superviviente de violación.

El problema que me afecta ha perjudicado también mi relación con varias compañeras. El rechazo no es una experiencia agradable por parte de ninguna de las dos partes, y yo me he llevado tantos que ya he perdido la cuenta. Con el fin de no enfrentarme a él de nuevo, ya hace años que no pruebo de "tirar la caña" a nadie. El aprendizaje negativo que he adquirido a lo largo del tiempo me ha minado la autoconfianza y enfrentarme a situaciones de este tipo me provoca bloqueo y angustia. Pero no es sólo para mí. Si a esto le sumamos la carga de la educación patriarcal y el intento de ahogar el miedo y la vergüenza en alcohol, la cual puede degenerar en comportamientos machistas, que han existido y por los que aún hoy me corsequen los remordimientos. La pasividad, a la vez, también puede convertirse en tóxica. Es como cuando en el patio de la escuela t'escollien el último por los equipos del partido de fútbol por torpe o gordito, con diferencia que aquí no te eligen nunca y te quedas eternamente sentado en el banquillo mirando como los demás disfrutan del partido. Esto crea resentimientos y envidias muy contaminantes tanto para la persona afectada como para su entorno.

Si en una persona politizada, mínimamente formada, en contacto diario con mujeres feministas y con voluntad de corregir las propias actitudes machistas la abstinencia sexual involuntaria ya ha generado todas estas consecuencias, imaginamos como la podrá percibir un hombre ignorante, alienado por la telebasura, el porno mainstream, los foros ultras de internet y las conversaciones de bar con otros hombres ignorantes como él.

Sabiendo lo rápido que los discursos feixístics -fastigosos, pero fáciles-, se necesitan entre las personas débiles y frustradas, sólo veo una solución al problema, no a mi, sino al de todas. Debemos hablar de ello nosotros. Las libertarias, el feminismo, los movimientos anticapitalistas. Este problema existe y, si no lo ponemos sobre la mesa y lo interpretamos con nuestras herramientas, ellos lo harán antes. Resulta curioso que, mientras que la producción de literatura de temáticas de género y sexualidad a los ambientes "alternativos" es en general muy prolífica, se ha escrito muy poco sobre el tema. Algunas autoras como Natalia Wuwei y Brigitte Vasallo han tratado cuestiones emparentadas, y de manera brillante, pero sigo echando de menos bibliografía. En este sentido, me ha parecido coherente empezar por aportar mi testimonio. Si no lo he hecho antes, no ha sido por otra cosa que por cobardía. Puedo asegurar que vulnerabilitzar de esta manera requiere mucho más coraje que reventar vidrieras de bancos y escaparse de las porrazos los Mossos. Escribir esto me sacude las tripas y me hace un nudo en el pecho, pero lo veo necesario. No me veo capaz, aun así, de firmar el artículo con mi firma habitual; no quiero quedar retratado por todo el ghetto como el incel anarco.

Elaborar una interpretación política feminista y poder ser libertaria de las causas de la abstinencia sexual involuntaria, y de la manera en que afecta a hombres, mujeres y personas de otros géneros, es un trabajo difícil; sólo comenzarla ya requeriría varias columnas más. Aparte, hay autoras mucho mejor preparadas para hacerlo que yo. Pero sí quería mencionar brevemente algunas ideas sobre las que he dado vueltas mientras intentaba responder la pregunta.

Evidentemente, ante todo hay que tirar de la cadena y enviar toda la diarrea mental incel el fondo de la alcantarilla de donde ha salido. Hombre cis: las mujeres no te "deben" sexo por tener pene: las mujeres no son objetos ni objetivos, son personas. Presionar una mujer para que tenga sexo contigo es una actitud repulsiva, opresora y profundamente inmoral, siempre y en todas las circunstancias. A partir de aquí, se puede comenzar el análisis de la cuestión de la abstinencia indeseada.

Como afectado, mi primera idea es pensar que el culpable de lo que me pasa soy yo mismo. Soy yo quien tiene el problema. El resto puede, yo no puedo: esto debe ser por algo. Pero qué me pasa? La verdad, como decía, no lo sé. Pero en profundizar en la reflexión me he dado cuenta de que centrarme en una explicación individual es reduccionista. Sería como buscando responder a la pregunta de "por qué soy incapaz de llegar a fin de mes" estudiante únicamente la forma en que llevo la contabilidad. En esto, como en todo, en la que te fijas ves las vigas oxidadas de las estructuras partes, y el olor putrefacto del capitalismo t'embafa nariz.

Debemos ampliar, pues, el foco: ¿Qué es lo que hace la gente deseable? Si bien tiene algunos componentes biológicos, estoy convencido de que el atractivo sexual es fundamentalmente una lectura cultural. La expresión de los genes tiene un papel, pero su percepción siempre es subjetiva y encuadrada dentro unos cánones socialmente construidos. En este aspecto, las principales víctimas en una sociedad patriarcal como la nuestra son claramente las mujeres, pues el hombre considerado "feo" podrá tener menos acceso a la sexualidad, pero esto puede que no le afectará, por ejemplo, en su actividad profesional; mientras que, para la mujer, al ser sexualmente objectificada, encajar o no con los cánones puede condicionarse le todos los aspectos de la vida. Como bien es sabido, las industrias de la moda, el maquillaje, la alimentación dietética o la cirugía estética, con el apoyo del aparato cultural, se encargan de crear complejos para convertir después en dinero el sufrimiento que generan. Al respecto recomiendo el libro Stop Gordofobia de Magdalena Piñeyro.

En segundo lugar encontramos el aspecto comportamental: aquí son rasgos de carácter como la timidez, una falta de autoestima, habilidades sociales peculiares o neurodivergències lo que puede hacer que una persona no resulte atractiva. Esto lo hace aún todo más complejo. El cuerpo se puede modificar haciendo régimen, yendo al gimnasio o pasando por el bisturí. Pero cuál es, la personalidad canónica? Cómo conseguirla?

Hay que insistir en que todo funciona dentro de una esfera de realidad capitalista. El capitalismo no es sólo un modelo económico, sino un sistema de valores que impregna todas las relaciones sociales. Y sus postulados centrales, en mi opinión, son la mercantilización y la jerarquía. En la visión capitalista de la sociedad, todo se compra y se vende, intervengan o no el dinero. Somos productos, y nos publicitamos porque alguien nos consuma, al tiempo que consumimos otros productos-persona. Las relaciones humanas se intercambian en un contexto de libre mercado, lo que da lugar, automáticamente, a enormes desigualdades. Las personas que tienen éxito en este proceso son consideradas "ganadoras" y pasan a ocupar la cima de la pirámide social, mientras que las que fracasan son merecidas "perdedores" y quedan condenadas a una posición subalterna. Seguidamente, la misma dinámica mercantil se encarga de que las ganadoras ganen cada vez más y las perdedoras cada vez tengan menos. Aplicaciones como tener, y otros en los que incluso se llega a puntuar del 1 al 10 el atractivo de las personas, son claras expresiones de esta concepción capitalista del mundo, en la que tal como hay ricos y pobres en dinero, hay ricos y pobres en amor. Los neoliberales incluso llegan a hablar de "capital sexual".

Los valores capitalistas están tan profundamente integrados en nuestra cultura como lo están, por ejemplo, los machistas -con los que guardan una relación estrecha. Y no siempre somos conscientes. Si bien es cierto que hay innovaciones culturales como el poliamor que tienen una lectura esperanzadora, también tienen otra perversa, que es aquella que hace que la persona que antes tenía una relación sexoafectiva ahora tenga cinco, mientras que la que no tenía ninguno continúa sola, mientras ve que bien se lo pasa la otra.

Aquí mi hipótesis: El problema de la abstinencia sexual involuntaria es fruto de la existencia de una clasificación jerárquica socialmente compartida de las personas basada en el atractivo que conforma uno de los ejes de desigualdad (las que tienen / las que no) que interseccionan para sujetar el individuo dentro de la estructura capitalista, como lo son la clase, el género, el color de piel, las capacidades funcionales, la edad o el nivel de estudios.

No sabría decir cómo podemos acabar con esta discriminación. Los afectos son algo mucho más personal y compleja que un simple recurso a distribuir. Anticipo el colleja al macho estalinista que proponga que se formen las parejas por sorteo, así como igual de nefasta me parece la idea de que la gente tenga relaciones sexuales "por compasión" con los compañeros y compañeras que no encuentran con quién compartirlas. En una ocasión, incluso, una compañera feminista me ofreció el contacto de una trabajadora sexual que conocía. Respeto la decisión de aquellas personas que libremente optan por dedicarse a esta actividad, pero nunca me sentiría cómodo consumiendo sexo por dinero. Aparte de las cuestiones éticas y políticas, realmente no es tampoco el acto en sí lo que más echo de menos: se trata de algo más profundo.

Lo único que creo que claramente podría ayudar es una toma de conciencia, al menos en nuestros ambientes, y es por eso que he hecho este texto. Porque este problema y las personas a las que amarga la vida no sean vistas con extrañeza, miedo o lástima, sino como compañeras que sufren una de las muchas opresiones con que nos aplasta al sistema capitalista, una opresión que hasta ahora había sido invisibilizada. Esto puede hacer más fácil para ellas que puedan expresarse y compartir sus inquietudes, y encontrar apoyo, solidaridad y cuidados para intentar superar la situación. Las risitas, comentarios condescendientes como "ya llegará" o "no te obessionis y resigna't a no tener relaciones" pueden ser realmente dolorosos. Si me hicieras elegir vivir para siempre sin amor, tal vez me tocaría tomar una decisión. Del mismo modo que nos cuestionamos si es ético tener animales muertos en el plato, creo que nos convendría a todas una reflexión en torno a los que nos gusta, que no y por qué. Y del mismo modo que cuando vemos a alguien sin techo no nos compadecemos del "pobrecito", ni pensamos en la culpa que tendrá por haber terminado en la calle, ni creemos que darle una moneda arreglara nada, decimos hacernos aquí lo mismo, hostia ya, vamos a destruir de raíz el maldito sistema que le ha llevado, que nos ha llevado hasta aquí.

Boi Vila

https://lasoli.cnt.cat/21/05/2018/opinio-abstinencia-sexual-involuntaria-a-la-recerca-duna-interpretacio-feminista/
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