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(ca) [Venezuela] Chomsky en bufón de Chávez

Date Sun, 6 Dec 2009 17:48:25 +0100



* Ante la posición de respaldo al gobierno venezolano actual por parte del
celebre lingüista y ensayista norteamericano, este artículo -publicado
originalmente en el periodico anarquista venezolano El Libertario, # 57
<www.nodo50.org/ellibertario>- deja claro lo inconsecuente y endeble de
semejante postura.

Contrariamente a lo que muchos piensan, la capacidad de creer en falacias
y aceptar ciegamente una ficción, por fantasiosa y grotesca que ésta sea,
no es atributo de tontos e ignorantes. El famoso ensayista Noam Chomsky
nos acaba de mostrar que también intelectuales cultivados, inteligentes y
perspicaces pueden volverse crédulos y aceptar conductas y actuaciones
políticas a todas luces demagógicas, falaces y autoritarias. Creerlo o por
lo menos simularlo.

Claro que no es nada nuevo ver a un intelectual de alto rango caer en tal
contradicción. Ya con la Unión soviética y la China maoísta tuvimos el
irracional fenómeno de los ?compañeros de viaje?? Esos intelectuales que
creyeron -muchos de ellos de buena fe- en la instauración del ?socialismo?
y la construcción del ?hombre nuevo? en esos países, hasta que los hechos
les obligaron a darse cuenta de lo que realmente eran esos regímenes. No
obstante, aunque en muchos casos tales extravíos no estén motivados por la
búsqueda de algún tipo de recompensa y parezcan sinceros, puras
fatalidades antropológicas, es lógico preguntarse el por qué y el cómo de
tales conductas. Y aunque lo más fácil sea pensar que es simplemente por
el efecto de creencia, que ningún ser humano ?inclusive el más racional-
puede permanentemente evitar, en el caso de Chomsky no es posible olvidar
que él combatió ese efecto de creencia en el pasado.

Por eso es obligado preguntarse: ¿cómo un hombre, aparentemente capaz de
razonar, de analizar críticamente lo que sucede en el mundo, puede viajar
hoy a Venezuela para loar el ?socialismo del siglo XXI? sin apercibirse de
la mentalidad castrense de su inventor, el Comandante Chávez, ni del
populismo grotesco de su llamada ?revolución bolivariana?? ¿Cómo puede
cometer Chomsky el mismo error que cometieron, en el pasado siglo, famosos
intelectuales de la época, unos loando a Stalin y otros, años más tarde,
alabando a Mao y su ?Pequeño Libro rojo?? Ellos por haber creído que en
Rusia y en China se estaba construyendo el ?verdadero comunismo?, y él por
creer ahora que en Venezuela se está creando ?un nuevo mundo, un mundo
diferente?. ¿Cómo ha podido olvidar que después todos esos intelectuales
se vieron obligados a hacer un mea culpa por la ceguera ideológica que les
había impedido ver lo que había detrás del discurso revolucionario
estalinista y maoísta? Ese totalitarismo, responsable de la muerte de
millones de gentes, que inspiró a Castro para imponer desde hace cincuenta
años en Cuba una dictadura de la que Chávez es un devoto admirador.

Pero lo sorprendente en el Chomsky de estos últimos años no es sólo esta
aparente amnesia histórica sino que haya sido sensible a los elogios de
ese castrense histriónico: ?Te doy la más calurosa bienvenida (?) ya era
hora de que nos visitaras y que el pueblo venezolano te viera y oyera
directamente? y le haya agradecido sus ?amables y generosas palabras?.
Además de la bufonada de decir Chomsky lo ?emocionante? que le resultaba
?ver hombres que han inspirado esta situación?.

Lo más sorprendente de esta conversión a la fe mesiánica, parecida a
conversiones célebres a la fe católica (las de Baudelaire, Peguy, Claudel,
etc.), es que el milagro llega tras producirse el derrumbe del ?socialismo
real? de inspiración soviética y la instauración del capitalismo en China
por el Partido comunista que Mao dejó en el poder. Pues, a diferencia de
aquellos jóvenes intelectuales ?idealistas?, que loaron a Stalin o a Mao
antes de producirse estos importantes y significativos acontecimientos
históricos, Chomsky los ha podido observar en vida y por eso es más
incomprensible el hecho de que ahora parezca haberlos olvidado. Sobre todo
que los fracasos del mesianismo revolucionario confirmaron de manera
indiscutible sus profecías.

Es verdad que desde hace ya un buen momento estamos asistiendo a la
instrumentalización de Chomsky en muchas direcciones. Y ello pese a que su
posición ética, sus referencias ideológicas y su actuación política están
a las antípodas de lo que defienden y adoran muchos de estos que hoy
pretenden tenerlo de guía. Y esto es fácil de verlo simplemente leyendo
sus libros. Salvo que el Chomsky de hoy no sea el mismo que escribió:
?Estamos en un período de corporativización del poder, consolidación del
poder, centralización. Se supone que eso es bueno si eres un progresista,
como un marxista leninista. De los mismos antecedentes proceden tres cosas
importantes, fascismo, bolchevismo y tiranía corporativa. Todas surgen más
o menos de las mismas raíces hegelianas.? (Chomsky. Class Warfare, p. 23).
Y no digamos lo que escribió más tarde a propósito del país salido del
golpe de Estado bolchevique de octubre de 1917, que, para Chomsky, era
responsable de la eliminación de las estructuras socialistas emergentes en
Rusia: ?Son los mismos brutos comunistas, los brutos estalinianos de hace
dos años, que dirigen ahora los bancos? y que son ?los gestores
entusiastas de la economía de mercado?. Y de ahí su pesimismo: ?Los que
intentan asociarse a organizaciones populares y ayudar a la población a
organizarse por ella misma, los que apoyan a los movimientos populares de
esta manera, simplemente no podrán sobrevivir en tales circunstancias de
poder concentrado?. (Chomsky. Comprendre le pouvoir, pp. 7-11).

¿Cómo es posible pues que él cometa hoy la misma equivocación cometida
entonces por los ?compañeros de viaje? pro-chinos -que habían conocido la
ceguera comparable (y reconocida) de la generación que les había
precedido, -la de los viejos estalinistas pasados tardíamente a la
autocrítica- pese a que él fue un testigo crítico de tal ceguera?. ¡Lo
grave, en el caso de Chomsky, es que de nada le han servido esas
experiencias a pesar de haberlas conocido y denunciado!

Con Chomsky tenemos pues que interrogarnos también sobre el misterio de
esa extraña cohabitación de la inteligencia más aguda y la credulidad más
obtusa en un mismo espíritu humano. Y tanto más que, en aquellos tiempos,
él fue uno de los que más contundentemente criticaron la ceguera en que
habían caído muchos de sus colegas intelectuales que constituían con él lo
más granado de la inteligencia occidental: los Sartre y otros grandes
filósofos, historiadores, sociólogos, periodistas o universitarios de
primer plano.

Misterio hay, puesto que raros fueron los intelectuales que después no
tuvieron que confesar haberse equivocado y reconocer que Chomsky había
tenido razón al poner en evidencia la ceguera que les había inducido a
cometer ese gravísimo error de apreciación en el pasado. ¿Cómo ha podido
Chomsky olvidar esto? Es verdad que tampoco la ceguera de los antiguos
estalinistas -mil veces confesada y analizada en artículos, entrevistas y
libros- sirvió de lección a los jóvenes maoístas occidentales, puesto que
a una distancia de 20 años de intervalo reprodujeron el mismo tipo de
extravío. Y con el mismo orgullo y fatuidad de sus predecesores. Pero lo
primero en estos fue la adhesión ciega a lo que se presentaba como
revolución emancipadora. En Chomsky sucede lo contrario: primero fue la
denuncia, el análisis objetivo, racional, rigurosamente crítico, y después
la ceguera?

El antiimperialismo miope

Cierto es que el antiimperialismo USA de Chomsky le llevó ya a una
relativa discreción a propósito del autoritarismo creciente de los
sandinistas durante su ejercicio del poder en los años 1980 en Nicaragua y
de la dictadura castrista desde hace varias décadas. Y ello pese a que
entre las víctimas de esta última se encuentran personas con muchos puntos
en común con los militantes antiimperialistas pro cubanos del resto de
América Latina.

¿Será pues este obstinado antiimperialismo, el hecho de que para él lo
principal es denunciar las injusticias que prevalecen en los USA así como
las injusticias generadas por este país a la escala del planeta, lo que le
lleva a posicionarse de manera tan desconcertante con lo que pasa en el
continente americano? Efectivamente, aunque Chomsky se sigue considerando
?anarquista-libertario?, está claro que para él las consideraciones
ideológicas deben pasar a un segundo plano y que se debe establecer una
especie de graduación entre las injusticias según el grado de peligrosidad
planetaria de los blancos contra los que se dirige la crítica. El problema
es que este relativismo político permite a muchos marxistas-leninistas,
populistas y políticos, cuya única preocupación es la conquista del poder,
su ejercicio y su conservación, a ampararse sólo de los argumentos
antiimperialistas de Chomsky en lugar de preocuparse por la ayuda a
aportar a la población para organizarse por ella misma. Y es un verdadero
problema porque Chomsky no hace ni dice nada para disuadirles de hacerlo.
Al contrario, manteniéndose con tanta perseverancia en esta inmoral
discreción y dejándose fotografiar al lado de los Castro y los Chávez se
hace -aunque sus elogios sean discretos y de conveniencia- cómplice de las
bufonadas y de las derivas autoritarias, dictatoriales, de estos nuevos
oligarcas.

Desgraciadamente, esta obstinación en mantener tan maniquea discreción
(por considerar menos peligroso el acceso al poder de estos populistas que
los destrozos que causa el imperialismo yanqui en el mundo) no es sólo
ineficaz para impedir tales destrozos (estos populistas siguen haciendo
negocios con las multinacionales del imperio) sino que contribuye a
desmovilizar a los pueblos y a hacer aún más difícil la tarea de los que
si luchan contra la dominación planetaria del Capital y el Estado.

Es posible que, dada su edad, Chomsky no pueda reconocerlo: pero es
imposible pensar que no sea consciente de la distancia que le separa de
todos aquellos que recogen sus argumentos contra el imperialismo yanqui y
que, en cambio, se muestran muy reticentes, por interés o comodidad, a
denunciar las formas de dominación de esos populistas pretendidamente
revolucionarios.

Octavio Alberola

Nota sobre el autor: O. A. combina la reflexión teórica con el activismo.
En el año 1955, organizó desde México la solidaridad con la lucha en Cuba
contra la dictadura de Batista, lo que luego se transformó en el apoyo
directo a los preparativos del desembarco de Fidel Castro en la isla. En
1962, en Francia, coordinó un organismo llamado Defensa Interior (DI), un
grupo secreto formado por acuerdo de la CNT, la FAI y la Federación
Ibérica de Juventudes Libertarias para reactivar la lucha contra la
dictadura de Franco, por lo cual fue responsable de sabotajes, intentos de
atentados, impresión de propaganda clandestina y refugio de personas que
escapan del fascimo español. Actualmente trabaja en la revisión del
proceso de Delgado y Granado; en el Grupo de Apoyo a los Libertarios y
Sindicalistas Independientes en Cuba (GALSIC), entre otras actividades.
Entre otros libros, es autor de ?El anarquismo español y la acción
revolucionaria (1961-1974)? y ?Miedo a la memoria?.

Nota de la redacción de El Libertario: En el # 51 de nuestra publicación
-accesible en nuestra web www.nodo50.org/ellibertario- hemos publicado
otro artículo sobre el tema: "Chávez y Chomsky. El caudillo y el
libertario", de N. Triffon, traducción al castellano del original en
francés publicado en Le Monde Libertaire, semanario de la Federación
Anarquista francófona, en su edición del 21 de diciembre de 2006.




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