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(ca) lasoli cnt.cat: [INTERNACIONAL] EL SINDICALISMO REVOLUCIONARIO FRANCÉS

Date Tue, 16 Apr 2019 09:15:03 +0300


La Revolución Francesa proclamó la libertad de comercio, y basándose en esta lógica se prohibieron las asociaciones obreras equiparándolas con las antiguas guildas feudales (Ley Le Chapelier, 14 de junio de 1791). La lucha por conseguir el derecho de asociación duró hasta 1884, año en que se reconoció el mismo. Fue entonces cuando los sindicatos comenzaron a surgir por todo el país. No obstante, el movimiento obrero francés estuvo profundamente dividido desde un inicio. La principal razón fue la multitud de tendencias políticas existentes, que se disputaron el dominio sobre los sindicatos para ejercer allí su influencia. El llamado socialismo parlamentario contaba con los guesdistas -marxistas partidarios de Jules Guesde-, los posibilistas o broussistas -alineados alrededor de Paul Brousse-, los allemanistas -seguidores de Jean Allemane- y algunos socialistas independientes. Por otra parte, estaban los blanquistas, encabezados por Édouard Vaillant, organizados en un inicio en una sociedad secreta dedicada a la conspiración. Y finalmente estaban los anarquistas, sobresaliendo la figura de Fernand Pelloutier.

Desarrollo del sindicalismo revolucionario francés: Las Bolsas de Trabajo y la fundación de la Confédération Générale du Travail (CGT)

En el congreso general de sindicatos celebrado en 1886 nació la Fédération Nationale des Syndicats, de la cual los guesdistas se hicieron pronto con el control. Sus principales rivales, los allemanistas, crearon en 1892 la Fédération des Bourses de Travail de France, para disputarles el control político del movimiento sindical, agrupando en el momento de su creación diez de las catorce Bolsas de Trabajo existentes. Fue esta segunda federación la que dominó el movimiento sindical en su primera etapa. El anarquista Fernand Pelloutier se convirtió en el secretario general de la misma, cargo que ocuparía hasta su muerte en 1901. Las Bolsas de Trabajo surgieron principalmente para que los sindicatos de una localidad dada pudieran tener una sede donde reunirse. El programa de éstas se dividía en cuatro ejes principales: 1) mutualidad: ofrecían servicios como la búsqueda de empleo (placement), asistencia a trabajadores que iban de una ciudad a otra en busca de empleo (viaticum) o prestaciones al desempleo, 2) formación: librerías, cursos técnicos, publicaciones, 3) propaganda: destinada fundamentalmente a la creación de nuevos sindicatos, bolsas y cooperativas, 4) resistencia: organizar huelgas, recaudar fondos, coordinar movilizaciones, etc.

En aquellos momentos comenzaba a adquirir popularidad la propuesta de la huelga general como principal método de lucha de la clase trabajadora, y de la cual Pelloutier era uno de sus principales defensores. Esta propuesta también acabó dominando en la Federación Nacional de Sindicatos, cosa que motivó el abandono de la federación por parte de los guesdistas tras el Congreso de Nantes (1894). Guesde y sus seguidores estaban principalmente interesados en la conquista del poder político estatal, relegando la lucha sindical a un segundo plano. Un año después, los sindicatos reunidos en el Congreso de Limoges (1895) creaban la Confédération Générale du Travail (CGT), que sucedió a la Federación Nacional de Sindicatos (disuelta), y que pronto acabaría integrando a la Federación de Bolsas de Trabajo. En el Congreso de la CGT celebrado en Tours (1896) los anarquistas Émile Pouget y Paul Delesalle presentaron un informe sobre el boicot y el sabotaje, que causó gran impresión, adoptándose estos medios de lucha como complementarios a la huelga. Es así como un sindicalismo revolucionario, con base en la acción directa, comenzaba a imponerse.

En aquella época el gobierno de Waldeck-Rousseau (1899-1902) incorporó al socialista independiente Millerand como ministro de comercio e industria, elaborándose varias leyes laborales: sobre huelgas y arbitraje, sobre consejos de trabajo, etc., con el único objetivo de vincular a la burguesía y a la clase trabajadora, ante la difícil situación creada por el asunto Dreyfus, una intriga política con tintes nacionalistas y antisemitas contra un militar francés donde se enfrentaron fuerzas republicanas y antirepublicanas. No obstante, el único objetivo de todas esas leyes era domesticar el sindicalismo e integrarlo al sistema. El llamado ministerialismo, así como las divisiones existentes entre diversas tendencias políticas socialistas, hicieron que muchos trabajadores de diferente ideología o apolíticos llegaran a la conclusión de que era mejor sacar las discusiones políticas de los sindicatos. Entre ellos estaban muchos trabajadores anarquistas, cansados del radicalismo puramente verbal de algunos de sus compañeros, y habiendo también comprobado el fracaso de la estrategia insurreccional o la basada en atentados terroristas.

Madurez del sindicalismo revolucionario francés: la Carta de Amiens (1906)

El Congreso de Montpellier (1902) fue clave en la historia del sindicalismo revolucionario francés, ya que allí se fusionaron las dos principales organizaciones obreras de la época (CGT y Federación de Bolsas de Trabajo). El blanquista Victor Griffuelhes, figura clave del movimiento, se convirtió entonces en secretario general, y junto a él como secretario adjunto estuvo el anarquista Émile Pouget. Algunos otros nombres destacados fueron los anarquistas Georges Yvetot y Paul Delesalle, que también asumieron cargos destacados durante esta década. En un segundo plano estuvieron intelectuales como Hubert Lagardelle -socialista director de la revista "Le Mouvement Socialiste"-, Georges Sorel -intelectual autor de obras como Réflexions sur la Violence-, Edouard Berth o Gustave Hervé -blanquista editor de "La Guerre Sociale".

El Congreso de Amiens (1906) marcó un hito, ya que acabó de definir totalmente la nueva doctrina. La principal cuestión tratada allí fue la relación de la CGT con el partido socialista francés (conocido como Section française de l'Internationale ouvrière), que en las elecciones de ese año había conseguido 54 diputados en el Parlamento. El guesdista Victor Renard planteó en su moción establecer relaciones permanentes con este partido para obtener una legislación laboral favorable. No obstante, la propuesta fue combatida tanto por elementos revolucionarios como Griffuelhes como por reformistas como August Keufer, que querían mantener la independencia respecto a los partidos políticos. Finalmente, se aprobó la moción planteada por Griffuelhes y redactada por éste junto a Pouget, conocida como Carta de Amiens. La Carta de Amiens establecía la necesidad de unir a todos los trabajadores, con independencia de su pertenencia a cualquier grupo o partido político, a condición de no introducir esas opiniones en los sindicatos. En su "reconocimiento de la lucha de clases" que oponía entre sí clase capitalista y clase trabajadora, declaraba que "la acción económica debe realizarse directamente contra la patronal": esto es, la lucha se debía llevar a cabo directamente, sin ayuda de intermediarios, mediante la acción directa. Además, este sindicalismo no se proponía practicar meramente la acción reivindicativa, sino que tenía como objetivo la "total emancipación", que "sólo se puede conseguir mediante la expropiación capitalista; preconiza como medio de acción la huelga general". El sindicato, "que hoy es una agrupación de resistencia, será en el futuro, la agrupación de producción y distribución, base de la organización social".

En 1906 -abandonada del todo la organización corporativista por oficios- la CGT tenía como base los sindicatos locales de industria; unidos los sindicatos de la misma industria en sus respectivas Federaciones Nacionales de Industria (organización profesional), y unidos, por otra parte, los sindicatos de la misma localidad (de todas las industrias) en Bolsas de Trabajo, consideradas uniones locales de sindicatos, que formaban a su vez al federarse uniones departamentales o regionales, dando lugar a la Federación de Bolsas de Trabajo (organización territorial). El Comité Federal de la CGT estaba compuesto por miembros de las dos secciones (federaciones de industria y bolsas), y la oficina confederal que lo representaba (secretariado permanente) tenía los cargos de secretario, secretario adjunto, tesorero, tesorero adjunto y archivista.

Tras el Congreso de Amiens se inició la famosa campaña en favor de la jornada de ocho horas, que aunque no fue del todo exitosa, favoreció la reducción de la jornada en algunas industrias. En los años que siguieron al famoso congreso la actividad de la CGT fue muy intensa. Durante los años 1910-1911 por ejemplo hubo una campaña contra la ley de pensiones de jubilación, que logró en cierta medida mejorarla. Otras campañas fueron contra la carestía de la vida, contra el militarismo y el nacionalismo (sobre todo tras el incidente de Agadir en 1910); también hubo una campaña durante el año 1913 contra el incremento del gasto militar y la ley de tres años del servicio militar. La CGT contaba entonces con 600.000 miembros del millón de trabajadores organizados en Francia, aunque el censo total de trabajadores era de 10.000.000, la mayoría de ellos en la industria y el transporte.

Decadencia de sindicalismo revolucionario francés: la prueba de fuego de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y el triunfo del reformismo

Parecía que la postura antimilitarista y internacionalista de la CGT era clara. No obstante, ya en vísperas del conflicto que se avecinaba, el líder sindicalista Léon Jouhaux había proclamado que se trataba de una guerra de agresión por parte de Alemania. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) la organización sindical formó parte de la Unión Sacrée colaborando activamente con el Gobierno francés. En septiembre de 1915 se podían encontrar voces disidentes como la de Alphonse Merrheim, que participó como delegado en la Conferencia de Zimmerwald. La revolución rusa de octubre de 1917 fomentó aún más la división en el seno de la CGT, fortaleciendo la minoría radical. Tras terminar la guerra, el cambio sufrido en la organización era evidente. Como se manifestó en su primera conferencia pública celebrada en noviembre de 1918 en el Cirque d'Hiver de París, solamente se buscaba ya un lugar en la dirección y la administración de la producción nacional, abandonando la lucha de clases en nombre del "interés general".

La huelga de ferroviarios que estalló en febrero de 1920 puso de manifiesto las divisiones existentes en el seno de la organización. Con la formación ese año del Partido Comunista Francés (PCF) muchos sindicalistas revolucionarios se sumaron a sus filas. En aquellos momentos se crearon los llamados Comités Sindicalistas Revolucionarios, con el objetivo de orientar a la CGT en un sentido revolucionario, y cuyo secretario general fue Pierre Monatte. Los miembros de estos Comités fueron expulsados a principios de 1921. La escisión inevitable se consumó con la celebración de un congreso paralelo de los radicales, que derivó posteriormente en el verano de 1922 en la creación de una nueva organización: la Confédération générale du travail unitaire (CGTU). No obstante, esta organización acabó siendo dominada por el PCF. Los partidarios de una organización sindical independiente como Pierre Besnard siguieron su propio camino, creando en 1926 la Confédération Générale du Travail-Syndicaliste Révolutionnaire (CGT-SR), cuyos militantes acabarían constituyendo dos décadas después la CNT francesa. Los anarquistas habían sido los últimos defensores del espíritu de la Carta de Amiens, y el sindicalismo revolucionario devino anarcosindicalismo.

Secretari d'Acció Criminal

Bibliografía recomendada

Barjonet, A. (1971). La CGT. Un análisis crítico del sindicalismo francés. Editorial Fontanella: Barcelona.

Levine, L. (1914). Syndicalism in France. AMS Press: New York.

Pelloutier, F. (1978). Historia de las Bolsas de Trabajo. Los orígenes del sindicalismo revolucionario. Zero: Bilbao.

https://lasoli.cnt.cat/2019/04/11/internacional-el-sindicalisme-revolucionari-frances/
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