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(ca) La burocracia sindical, nueva clase de patrones

Date Fri, 22 Feb 2013 20:26:18 +0100


Los activistas y militantes de la Federación Obrera Regional Argentina
–F.O.R.A.– no pertenecemos a una central de trabajadores, adherimos y
participamos en una Federación de Obreros constituida por trabajadores
que se han asociado libremente en lo que históricamente se ha dado en
llamar desde los orígenes del movimiento obrero organizado, Sociedades
de Resistencias. Y se las ha llamado de esa manera como consecuencia
de la explotación y expoliación ejercida por las patronales, el estado
y sus instituciones capitalistas. -- Las Sociedades de Resistencias
son asociaciones de trabajadoras y trabajadores que se organizan para
resistir al despojo de nuestra fuerza de trabajo por parte de los
explotadores y defender nuestros derechos y conquistas laborales. No
es nuestro criterio que las decisiones se centralicen en unos pocos,
queremos que las cuestiones y decisiones las tomen los propios
interesados, que son los trabajadores y para ello concebimos el método
asambleario y las formas de horizontalidad en el colectivo como
fundamento primero, para que los acuerdos emanen de la voluntad
soberana en cada uno de los trabajadores hacia la concepción del
conjunto.

No queremos que existan cargos en las organizaciones de los
trabajadores, sino responsabilidades, como tampoco practicamos la paga
de esas responsabilidades, porque la Federación Obrera no dispone de
empleados, pues no reconocemos la división del trabajo desde la lógica
capitalista. El sindicalismo que hoy padecemos los trabajadores está
fundamentado en dirigentes y direcciones, con divisiones y jerarquías
a imagen y semejanza de cualquier organización del sistema, en donde
esas mismas jerarquías devienen necesariamente de sus estructuras
piramidales, no sólo se transforman en direcciones sino que se auto
constituyen en burocracia, es decir, ejercen su poder de decisiones
desde una oficina y desde los sillones de la misma por sobre la
voluntad de las bases trabajadoras.

La burocracia sindical es una nueva clase de patrones que explotan la
mano de obra de sus empleados en la estructura edilicia de los
sindicatos, en las obras sociales y estimula una “militancia de elite”
paga. Sus luchas intestinas son producto de dos razones: por el
dominio del espacio de conducción política del gremio y por la también
dominación de la “caja de caudales” que proviene del descuento a los
trabajadores sindicalizados, generalmente compulsivo en casi todos los
gremios, salvando algunas excepciones, en donde el trabajador ha dado
el visto bueno para que así sea y también la “caja” que proviene del
descuento compulsivo de las obras sociales.

El capitalismo ha logrado imponer sus condiciones al movimiento obrero
organizado. Lo que otrora parecía casi imposible para otra generación
de trabajadores, hoy ha consolidado su estrategia, que consiste en
haber introducido a las organizaciones sindicales en el marco
regulatorio de sus leyes y de su arquitectura metodológica, lo cual
significa que la organización sindical no puede ser diferente, ni
estructural ni orgánicamente a la lógica de las propias instituciones
del sistema, es decir, así como los políticos de la clase burguesa han
establecido desde la Constitución de 1853 que “el pueblo NO gobierna
NI delibera sino a través de sus representantes”, en esa misma
estructura tiránica ha encorsetado a las organizaciones sindicales.

Por esa misma razón es que habilita desde las leyes laborales las
elecciones en los sindicatos, tramposas todas, usando el mismo
criterio electoralista del sistema político de partidos, disponiendo y
haciendo que los trabajadores elijan “conducciones” que rijan la vida
de los sindicatos, promoviendo con el voto una cantidad de hombres que
se transforman en dirigentes-conductores y delegando los intereses
laborales en las manos de un reducido número de personas. Se vuelve a
repetir calcáreamente el método engañoso del “sufragio universal”
impuesto por la burguesía sobre los trabajadores, el “paradigma” de
una democracia indirecta, que fundamenta su razón de ser en el sistema
de representaciones, pilar de la democracia basada en la existencia y
división de clases.

Este sindicalismo burocrático y corporativo es una herramienta del
capitalismo y lo utiliza como “dique de contención” de las demandas
obreras, pero fundamentalmente para desvirtuar la lucha de los
trabajadores cuando se declaran en rebeldía contra las patronales
explotadoras y el estado dominante. Toda su composición está formada
para ser parte de la política de control de las insurgencias
proletarias. Por eso vemos como constantemente “negocian” los
conflictos cuando estos provienen de las bases. Además de hacer de
“policía ideológica” en el movimiento obrero cumplen el papel de
recaudadores de los fondos que se le descuentan obligatoriamente a
cada trabajador por las obras sociales, y nunca rinden cuentas de ése
movimiento recaudatorio al conjunto de los trabajadores, sobre que
hacen y qué no hacen con el dinero y cuál es el destino final del
mismo.

Todas las obras sociales están endeudadas con los proveedores de
medicamentos y elementos útiles para la salud, laboratorios
principalmente, y el estado hace de regulador y contralor de esos
fondos, que en connivencia con un núcleo pequeño de “dirigentes” de la
burocracia, operan las obras sociales de acuerdo a sus intereses de
acumulación recaudatoria, que significa un robo legalizado por el
estado en favor de una cofradía de ladrones enquistados en los
sindicatos que comanda la burocracia, también legalizados y protegidos
por el mismo estado.
Podrá ser crítica esta visión que tenemos del actual sindicalismo,
pero al respecto nosotros respondemos, que los sindicatos que estén
libres de culpas, que “arrojen la primera piedra” hacia el conjunto de
los trabajadores y entonces comprobaremos en el terreno donde se
producen los hechos: “que la excepción confirma la regla”.

Desde la F.O.R.A. le proponemos al conjunto de los trabajadores, a
cambio del actual sindicalismo, otra forma de organización obrera, que
esté acorde con las necesidades, esperanzas y voluntad de cambio de
vida, comenzando a luchar por vivir en una sociedad de iguales en
derechos, iguales en deberes e iguales en los resultados, practicando
la solidaridad y la ayuda mutua con todos los trabajadores que luchan.
Esa organización que proponemos tiene que estar en manos de los
trabajadores mismos y no delegarlas en dirigentes algunos, por más
lúcidos y sinceros que sean.
No estamos proponiendo la “despersonalización” de los hombres en la
organización, por el contrario, estamos proponiendo la importancia de
las personalidades de cada trabajador y no de los personalismos, que
son siempre utilizados como un “espejismo” para paralizar las
iniciativas individuales y asociadas de los trabajadores. Las
personalidades con sus características robustecerán siempre a la
organización, cuando son parte constitutiva del colectivo de los
trabajadores.

La experiencia y la sabiduría de muchos trabajadores serán siempre
recibidas en la organización obrera, como referentes de sus propias
vidas de luchadores y que sus idealismos sean contagiosos en
entusiasmo, voluntad, ingenio e imaginación en las luchas que
tendremos que afrontar los trabajadores para vivir en una sociedad con
libertad, igualdad y la justica. No necesitamos de organizaciones que
“encorseten” nuestras voluntades, nuestros deseos y pensamientos, los
trabajadores necesitamos organizaciones en la cual podamos entre todos
debatir los caminos apropiados para lograr nuestra propia emancipación
social. En nuestra organización obrera no tenemos la “adicción” a
conductores, jefes y liderazgos que nos “marque el camino”, porque eso
significaría deponer nuestras soberanías conceptuales, intelectuales y
psicológicas.

No existen los “seres proverbiales”, existen los seres que trabajan y
los que no trabajan y viven del trabajo ajeno; siempre, a los que no
trabajan lo hacen aparecer en el imaginario colectivo como los
“dirigentes conductores”, los que rodeados de una “aureola” auto
inventada y estimulada como símbolo con características “un poco más
allá del común denominador”, se hacen decir “interpretadores del
sentir social de las masas”.
El gremialismo que se practica en la F.O.R.A. nada tiene que ver con
esa especie de “fragua de líderes” que caracteriza al sindicalismo
benevolente con el sistema capitalista, porque la Federación Obrera
Regional Argentina fue, es y será antisistema. Y no tenemos miedos ni
prejuicios en declamarlo, así lo venimos haciendo desde 1901 y será
hasta el fin de este inicuo sistema de explotación, expoliación y
dominación de los trabajadores y la sociedad toda.

Intelectuales de todas las variables ideológicas, sociólogos,
filósofos, historiadores, religioso de todas las teologías, políticos
de toda laya y economistas liberales y marxistas nos han criticado y
caracterizado a la F.O.R.A, en el mejor de los casos, como una
organización de “idealistas utópicos” que lucharon y luchan contra
“los molinos de viento”, igual o parecido al “Quijote” de Cervantes
Saavedra. Y han interpretado nuestras luchas como una “ilusión”
imposible de llevarla a la práctica, y además nos han rotulado como:
“detenidos en el tiempo” y que no supimos estar a la altura de esta
nueva civilización del capitalismo financiero y globalizado.

Nosotros exponemos las razones desde las convicciones libertarias y es
un error que atribuimos a nuestros críticos y detractores poco
reflexivos, creer que nuestros ideales van a llegar de repente, como
un hecho espontáneo, que desplace al capitalismo y ponga en su lugar
un sistema orgánico y administrativo nuevo que lo reemplace. Este ha
sido siempre un prejuicio usado por la burguesía y sus medios para
descalificar nuestros pensamientos y acción. Por este prejuicio
instituido, mucha gente cree que la anarquía es imposible de llevarla
a la práctica, pero además explica por qué muchos trabajadores con
pensamiento socialista, abrazan un dogmatismo que los aleja de
nuestros ideales.

Siempre hemos sostenido entre los trabajadores, que como producto de
las luchas nuestros ideales pueden ser llevados a la práctica en la
medida que exista una voluntad para ello y una relación de fuerzas
capaz de hacerlo realidad. Los ideales de emancipación no son el
producto de un “milagro” social, sino la lucha consecuente como parte
de una regla general, axiomática, del pensamiento lógico y evolutivo
que nos demuestra: “que nada ocurre sin causas suficientes y nada se
puede hacer sin tener la fuerza para hacerlo”.

Así como la conciencia, la capacidad y la voluntad se van construyendo
gradualmente y en un momento dado encuentran espacios para
desarrollarse en la modificación gradual del ambiente en que se vive,
eminente fenómeno cultural y psicológico colectivo, se van realizando
y aunando las voluntades a medida que se conforman y se transforman en
imperiosas, así nuestros ideales de emancipación social han de llegar
poco a poco, creciendo gradualmente en intensidad y en extensión.

Toda lucha ganada por los trabajadores organizados a las instituciones
del sistema capitalista, a la propiedad sobre los medios de
producción, a la puesta en práctica y la realización de la autogestión
en la producción, aboliendo el sistema de jerarquías y remplazando la
división del trabajo del capitalismo por la rotación de los
trabajadores en el trabajo productivo, toda elevación de la conciencia
del pueblo productor, toda igualdad de condiciones, toda nuestra
actividad de trabajadores alejadas del dominio de la autoridad y las
jerarquías, toda práctica de la solidaridad, ayuda mutua y de libre
iniciativa y expresión, toda desobediencia a la autoridad y todo
aumento de la libertad, será un paso enorme hacia nuestro ideales de
emancipación, siempre que sean conquistados y no mendigados.

Campi.
Viernes 22 de febrero de 2013
http://www.portaloaca.com/articulos/opinion/7002-la-burocracia-sindical-nueva-clase-de-patrones.html
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