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(ca) Ya salió LA OVEJA NEGRA nro.6

Date Sun, 13 Jan 2013 18:35:35 +0100


Ya salió LA OVEJA NEGRA nro.6 - Diciembre/Enero -- En este número: LA
INDIGNIDAD DE LOS NORMALES sobre 8N, 7D, saqueos y ciudadanismo. --
ROSARIO SE PONE LA GORRA -- MEMORIA: RECUERDOS DEL PRESENTE sobre el
estallido de fines del 2001. -- Podés pasar a buscarlo por la
biblioteca, encontrarlo en algunos puntos de la ciudad, o leerlo
on-line, y descargarlo desde aquí. Para leer, reflexionar, compartir,
copiar y difundir. -- Sitio web del boletín, para leer este y los
número anteriores:
boletinlaovejanegra.blogspot.com


Biblioteca y Archivo Histórico Social "Alberto Ghiraldo"
bibliotecaalbertoghiraldo.blogspot.com


________________________________

LA INDIGNIDAD DE LOS NORMALES

Mientras en varios puntos del planeta una combatividad incipiente se viene
materializando, mostrando y organizando, en el Estado argentino el grueso de
la población vive en una especie de burbuja. Basta con insultar al gobierno
para ser puesto de un lado o se es puesto del otro al hacer lo propio con
las corporaciones. Así es, aunque no se sepa con certeza que es lo que
determina un lado o el otro, parece haber dos lados...

En estos últimos tiempos, la política se desnuda con mayor facilidad como
una mera cuestión de identidad. A la consigna del amplio espectro anti-k
“8n: yo voy”, los oficialistas de todo pelaje opusieron “8n: yo no voy”.
Pero, ¿desde cuándo es importante anunciar que no se participará de una
convocatoria? Quizás desde la adicción a Facebook y sus costumbres, o desde
que lo político se muestra en su aspecto más miserable: la asignación a cada
uno de una identidad, el sentimiento de pertenencia a un grupo o sector. De
este modo, los argumentos sólo son apéndices que vienen simplemente a
reforzar la elección del bando ya escogido de antemano, que no ha sido
elegido justamente por veracidad o refutabilidad de los argumentos. Porque
estos pueden servir tanto para una cosa como para otra, no se trata de tener
razón sino de imponer la razón propia. “Propia” es un decir, porque estas
razones no son más que las razones de uno u otro bando burgués.

Estos “argumentos” que se presentan como el centro de la discusión, no son
más que el relleno sin importancia de una identidad que cuando no consume
una religión o un equipo de fútbol hace lo propio con la política. La
discusión de entrecasa ha tomado la dinámica televisiva de la cual ha
mamado: formato de noticiero, pseudo-investigación o programa de archivo.
Los vecinos, los familiares, los compañeros de trabajo o los internautas
discuten como si conformaran un panel televisivo, no hay en juego más que
las opiniones, mientras tanto la vida cotidiana continua inmutable...

Sin el bombardeo de los medios masivos de comunicación esta puesta en escena
sería otra de las tantas peleas interburguesas que se resuelven en oficinas
a puertas cerradas, en las cuentas bancarias. Pero ambos bandos han apostado
a la “presión ciudadana”, es decir a la reducción a ciudadano a quienes
habitan la argentina, sin distinción de clase social, mareados entre dos
opciones de opresión y explotación. Por ello la importancia del 7D o la “ley
de medios”.
Incluso para los intelectuales bien pensantes -de un lado y del otro-, la
criticada “caja boba” comenzaría a emitir algo mas que bobadas según quien
tenga su propiedad.

La importancia dada al 7D, más allá del inconcluso resultado de la disputa,
se debe a la utilidad para seguir fortaleciendo las distintas posiciones y
por sobre todo la idea de que no se puede estar ajeno a la “discusión”. Así,
tal como se defiende el derecho a votar, a pesar de que “son todos la misma
mierda”, se habla en defensa de la libertad de expresión sin nada nuevo que
expresar, ni mucho menos generar los propios “medios” para hacerlo. Como
todas las libertades democráticas, la de expresión está controlada por el
Estado y definida por el Capital. Si de criticar radicalmente al orden
impuesto se trata, no es recomendable fiarse de ninguna legislación para
hacerlo, así como “usar los medios del enemigo para hacer escuchar la propia
voz” nunca trajo buenos resultados.

Nos encontramos cada día mas politizados, pero en el peor sentido del
término, nos encontramos cada día mas ciudadanizados, mas
institucionalizados. El rebelde “que se vayan todos” del 2001 es
ridiculizado como infantil, como torpe, como ejemplo de “lo mal que
estábamos antes y lo bien que estamos ahora” según el oficialismo. Y cuando
la oposición lo trae a recuerdo lo hace construyendo el mito del glorioso
pueblo argentino que tumbó un gobierno. Entonces las cacerolas son sacadas
de su contexto de asambleas, de piquetes y organización; y privadas de su
contenido, de su potencial “que se vayan todos”.

Así mismo, dos semanas después y antes del fin de año, suceden saqueos en
varios puntos del país. Y traen consigo el fantasma del 2001; la
concordancia de la fecha sugiere, pero no aporta nada a la comprensión de
los hechos.
Se escucha lo de siempre, que los saqueos fueron organizados, que son obra
de infiltrados y nuevamente Gobierno y oposición -esta vez encarnada en el
Sindicalismo- cruzan acusaciones. Se habla de todo lo que se puede, se habla
de a muchos, pero se oculta -voluntaria o involuntariamente- lo mas
importante, llamar a las cosas por su nombre: capitalismo. Lo que significa,
al menos por estas latitudes, punteros políticos pero tambien desesperación,
hambre pero tambien frustración por las necesidades inculcadas por la
cultura dominante, policía corrupta pero también atropellos legales. Las
contradicciones capitalistas estallan y nadie quiere hacerse cargo. Quienes
viven a costa de las mercancías que producimos y luego las promocionan
diciéndonos que seremos infelices si no las tenemos, son los mismos que se
horrorizan cuando los pobres las roban.

El arrebato de querer opinar “como hacen en la tele” no deja pensar con
claridad lo que pasó, que esta ola de saqueos dejó personas muertas, muertas
porque para el sistema dominante la vida de una persona vale menos que un
LCD, una caja de sidras o un paquete de fideos. Cuando no debería valer ni
más ni menos, porque una vida humana jamás debería poder compararse a un
objeto.

Posiblemente los saqueos no fueron más que un acto de desesperación ante las
condiciones materiales de vida llegando la navidad y fin de año cuando la
locura y la alienación generalizadas suben en proporción al bombardeo
publicitario, el calor, la plata que no alcanza y la certeza de que se pasó
un año más sumidos en la rutina del trabajo o la marginalidad. Lo que sí
dijeron los saqueos es que a pesar de 10 años de circo progresista y
derechos humanos las estructuras de explotación siguen intactas. Los saqueos
pusieron de nuevo en el tapete a los que realmente sufren anulando la
aburrida pelea burguesa “k y anti-k”. Hay pobreza, hay hacinamiento, hay
drogas, e inseparablemente a ello una descomposición social donde importa lo
mismo robarle al empresario supermercadista que al vecino, al explotador que
al explotado. Pero esto no puede llevarnos a formar parte del coro de
indignados que ponen el grito en el cielo con estos fenómenos que pasan
pocas veces al año, y callan el resto de los meses frente al saqueo del
planeta, y callan el resto de los días frente al saqueo de nuestras vidas.

Parece fácil ver en los saqueadores a los chivos expiatorios de esta
sociedad decadente. Y siempre se escucha el mismo “argumento”: si tuvieran
hambre no robarían un televisor. ¿Acaso quienes formulan esa pobre critica
trabajan solo para comprar pan y fideos? Si vamos a ponernos detallistas,
quienes compran un televisor y quienes lo roban, arriesgan ambos su salud y
su vida, sino es frente a las rápidas balas policíales lo es frente al lento
deterioro que la rutina ejerce sobre el cuerpo, poco les importa si lo
ensambló un trabajador con obra social o un menor de edad engrillado,
mirarán los mismos 11 imbéciles correr tras una pelota, o las mismas tetas
operadas... entonces, el hecho de romper un vidrio o abrir la billetera es
ya un detalle. La “indignación”, el “horror”, suceden cuando se está
impregnado de la moral burguesa del sacrificio, bandera hasta el hartazgo de
quienes no se cansan de hablar de esos “negros de mierda” mientras se
relamen pensando en poder conseguir algún tele robado a precio de oferta en
la villa más cercana.

Quienes se indignan por estos hechos y no por las verdaderas injusticias
cotidianas odian a los pobres a priori. Nuevamente los “argumentos” son un
apéndice para rellenar la identidad escogida, que tan bien le viene a los
poderosos.
En el caso de Bariloche, una sociedad literalmente dividida: el Bajo rico,
turístico, de perfil suizo y el Alto villero, trabajador, mapuche, boliviano
y “chilote”. Dos años atrás bajaron “los negros” ante el caso de gatillo
fácil de Diego Bonefoi, la policía reprimió dejando 2 muertos más, esclavos
gastronómicos de los caros hoteles del Bajo. Ahora otra vez “las hordas
bárbaras” que viven en casas precarias y soportan temperaturas bajo cero sin
gas natural bajaron, acusados por el senador de Río Negro del Frente para la
Victoria, Miguel Pichetto, como “grupos duros con posiciones anarquistas y
origen en la extrema izquierda, que poseen características delictivas”.
Mientras tanto, en Buenos Aires el viceministro de Seguridad Sergio Berni
decía que “hay un sector que quiere el caos y teñir de sangre a la Argentina
en estas fiestas”. El oficialismo, que repite como autómata que no reprime
la protesta, no tardó en mandar 400 gendarmes para balear y gasear. ¿Que
voltereta retórica habrán empleado en 678?

Mención aparte merecen las posibles soluciones que se tiraron en este mar de
opiniones, reduciendo el problema a una cuestión de mala administración,
“culpa de los K”, “culpa de los socialistas”. Se llama a “democratizar la
democracia” como si esto no fuera democracia y como si la democracia no
fuera un orden criminal. Luego los diversos eufemismos para decir que hay
que disciplinar a los pobres, en eso están de acuerdo de derecha a
izquierda: escolarización carcelaria y poco humana, deporte competitivo,
arte como enajenación de la creatividad. Se llenan la boca hablando de los
pobres pero solo los quieren normalizados, ordenados, cumpliendo la tarea
democrática en silencio. Cada uno en su lugar: los que pueden comprando en
efectivo o en cuotas y los pobres lejos para recordarles que siempre se
puede estar peor.

Indignación es tener que trabajar todos los días para el Capital, o buscar
ese trabajo, o mendigar. Indignación debería causar la normalidad, los
muertos y encarcelados por el sistema de la propiedad privada. El “problema
de los saqueos” es que aún no suceda el gran saqueo donde recuperemos
nuestras vidas.


/ /

ROSARIO SE PONE LA GORRA

En esta sección “policiales”, que hemos bautizado a nuestra manera, así como
hemos dado a entender que “ponerse la gorra” excede lo que puede ser la
actitud formal de una autoridad instituída, también puede exceder el ámbito
de la ciudad aunque las consecuencias de este hecho en ella estén a la
vista. Extraemos a continuación un fragmento del Boletín informativo nº 677
de CORREPI: “La interna entre el gobierno nacional y el de la provincia de
Santa Fe hizo que saliera a la luz uno de los cotidianos negociados de la
policía con el narcotráfico. El manejo de la droga por parte de las fuerzas
represivas en todo el país, y, en particular por la policía santafesina, es
una realidad que nadie desconoce. Mucho menos el pueblo de Santa Fe, que
vive cotidianamente los asesinatos por ajustes de cuenta en los barrios
entre las bandas y la policía por sus negociados. (...)
Tanto el gobierno nacional como el de la provincia, se acusan uno a otro de
no hacerse responsables de trabajar para “terminar con la criminalidad
policial”. Lo cierto es que la cotidianeidad de hechos como éste, marca que
estos movimientos no son más que un pase de factura en una interna política
y que nada les interesa lo que sí sufre el pueblo a diario como consecuencia
de los sucios y millonarios negocios que manejan sus perros guardianes.”

¡Y además! Luego de los saqueos, “a partir de información de la policía, los
medios, el 0800, la web y la atención personalizada en sede de Gobierno” se
realizaron allanamientos en domicilios de la ciudad con sus respectivas
detenciones. Lo que no fue allanada es la fuerza acusada de pedir $5000 en
efectivo a supermercadistas luego de que les llenaran el baúl de carne y
sidras, estos saqueadores no se molestan ni en levantar una reja ni en hacer
esfuerzo.


/ /

MEMORIA: RECUERDOS DEL PRESENTE

La monótona, gris y culturosa ciudad en la que vivimos se vuelve aún más
insoportable en verano: humedad, cemento que funciona como horno, cortes de
luz, en definitiva nada nuevo... Pero, si además se está atravesando por
otra profunda crisis de la historia de este país, puede pasar a ser un
infierno. Así fue en el 2001. De la alienante y rutinaria vida industrial
(que genera una extraña nostalgia en algunos progres), menemismo mediante,
se pasó a la aletargada, angustiante y no menos alienante desocupación, al
hambre, a vivir a gatas de la limosna estatal.

En Rosario se registraba un 22% de desocupación y alrededor del 40% de la
población tenía problemas con el empleo, entre subocupados y precarizados.

El día 14 empezaron los saqueos, evocando al fantasma del ‘89. En zona sur
fue asaltado un camión de MicroPack, mientras que en Empalme Graneros se
registraban disturbios entre quienes intentaban saquear el supermercado Azul
y la policía. Por otra parte se saqueó exitosamente La Gallega de Derqui y
Donado (aquella firma que “con todo aprecio” compró balas para la represión
policial).

El 17, otra vez en Empalme Graneros, en la zona de Travesía y Córdoba, cerca
de las 16 hs, se registraron violentos incidentes ante una promesa de
bolsones que terminó en represión policial con balas de goma y plomo y
persecución sobre unas 100 personas. Las piedras rebeldes hirieron a 3
policías, uno de los cuales se llevó la peor parte al ser mordido de manera
ejemplar por un perro proletario.

Ante este panorama extendido a Santa Fe capital, a las provincias de Mendoza
y Entre Ríos y ya con saqueos y disturbios en el conurbano bonaerense, en
las puertas de la capital, De La Rúa declara el estado de sitio. Fue el fin.
En un gesto extraño en este territorio de conformismo y obsecuencia, la
medida fue desafiada masivamente por primera vez en la historia. En Capital
Federal, la Plaza de Mayo y alrededores fue literalmente un campo de
batalla.

Aquí unas mil personas se concentraron en el Monumento a la Bandera el 19 a
la madrugada para pedir la renuncia del presidente mientras que en los
barrios se reprimía brutalmente. En algunas zonas se armaron grupos
espontáneos para sabotear los medidores de la EPE.

El saldo fue de 7 asesinados por las balas del Estado.

En las principales ciudades del país piedras, palos y algunas molotov
surcaron la noche, doliendo los ojos por el gas lacrimógeno pero con los
pulmones respirando el mejor aire de libertad. Asambleas y barricadas como
territorios nuestros, expropiados al gris cemento burgués. Esas semanas de
diciembre, especialmente esos dos días, marcaron una crítica práctica al
despreciable entorno mercantil en que vivimos: ¿Necesitábamos comida? La
saqueamos y la compartimos, ¿Nos reprimieron? Les respondimos y los hicimos
retroceder, ¿Es el Estado todopoderoso? Demostramos que no. Nos dimos cuenta
de nuestra alienación en tanto la destruímos como el frágil cristal de una
vidriera.

Sabemos que la revuelta tuvo sus limitaciones, que no fue la panacea y que
también sirvió para el teje de las politiquerías de siempre, especialmente
al peronismo en su histórico rol destituyente cuando es oposición. Pero
también queda claro que el estallido dejo bien atrás todo eso y que por algo
hoy desde la buchonería televisada nos bombardean para hacernos creer que
fue un error que no hay que volver a cometer, como un hecho trágico más que
como un hecho de dignidad colectiva.

Esos días el calor sofocante fue remplazado por otro calor, el calor que
sana, el calor de la rebeldía, el compañerismo y la solidaridad.
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