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(ca) EL ORIGEN DEL MOVIMIENTO ANARQUISTA INTERNACIONAL. 140 AÑOS DEL CONGRESO DE SAINT-IMIER

Date Mon, 3 Sep 2012 10:22:38 +0200


El Congreso reunido en Saint-Imier declara: - Que la destrucción
de todo poder político es el primer deber del proletariado; Que toda
organización de un poder político llamado provisional y revolucionario
para llevar esa destrucción no puede ser otra cosa que un engaño más,
y sería tan peligroso para el proletariado como todos los gobiernos
existentes en la actualidad; Que rechazando todo compromiso para
llegar a la realización de la revolución social, los proletarios de
todos los países deben establecer, fuera de toda política burguesa, la
solidaridad de la acción revolucionaria.
Esta es quizá la más importante de las conclusiones que los días 15 y
16 de septiembre de 1872 se tomaron el congreso internacional
celebrado en la ciudad suiza de Saint-Imier. Es, básicamente, el pilar
fundamental sobre el que se desarrollará el movimiento obrero
anarquista internacional. De una clara influencia bakuninista se
marcan perfectamente las diferencias entre el sector antiautoritario y
el sector autoritario de la Internacional.
El congreso internacional de Saint-Imier marcó un antes y un después
en la organización del proletariado internacional. Días antes, del 2
al 7 de septiembre de 1872, se había reunido en La Haya un congreso
internacional impulsado por el Consejo General de la AIT residente en
Londres. Encabezado por Karl Marx y Friedrich Engels, se procedió a la
expulsión de Mijail Bakunin y James Guillaume de la Internacional. Las
acusaciones de los marxistas eran vagas pero tuvieron resultados. El
congreso de La Haya no se promocionó como era ordinario en el seno de
la AIT, pues el objetivo de los marxistas era claro: eliminar la
influencia antiautoritaria de la Internacional.

Cuando días después las secciones antiautoritarias celebraron el
congreso en Saint-Imier, la ruptura de la Asociación Internacional de
Trabajadores era ya un hecho. El movimiento obrero quedó dividido en
ese momento entre el autoritarismo marxista y el antiautoritarismo
anarquista. Aunque hubo intentos de reunificación, nunca fue posible.
Las diferencias de táctica, estrategia, organización y finalidad eran
muy grandes.

Como se llegó a la ruptura. Un repaso por la historia del movimiento
obrero internacional

El 28 de septiembre de 1864, en Londres, aprovechando una
exposición universal, se decidió crear un organismo internacional que
agrupara a todos los trabajadores del mundo para luchar contra la
explotación capitalista. Delegados británicos, franceses, belgas e
italianos (entre otros) así lo decidieron.
Poco después, en 1865, se conformaba la fundación de la
Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Las distintas
secciones de los países se integrarían en la Internacional con la
intención de articular un movimiento obrero a la gran escala, donde
valores como la solidaridad, el apoyo mutuo y la lucha contra el
sistema capitalista fueran los pilares fundamentales para la
consecución de una sociedad distinta y con los trabajadores como
elemento fundamental de la nueva vida.
Aunque la importancia de Karl Marx y Friedrich Engels es
innegable en este primer momento, la AIT respondía a distintas
sensibilidades de estrategia y táctica política. En su seno se
agrupaban desde marxistas a proudhonianos, de cooperativistas a
comunistas, de socialistas utópicos a republicanos, etc. Toda una
pléyade de personas que desde hacía mucho tiempo venían luchando en
sus lugares de origen contra la explotación capitalista y que ahora
veían la posibilidad de articularse y coordinarse a escala
internacional.
La fuerza y extensión de la AIT hizo que personalidades de
renombre internacional en el campo revolucionario se fueran
adscribiendo a la misma. Mijail Bakunin, revolucionario ruso, fundador
del movimiento anarquista internacional, se adscribe a la misma. Su
fama de revolucionario se la había ganado por la participación en
numerosas revueltas, como la de Dresde en 1849. Otras personalidades
como Guiseppe Fanelli o James Guillaume, también se afilian a la
Internacional.
Una Internacional que empezó a preocupar a los gobiernos
europeos, que rápidamente se pusieron manos a la obra para cercenar su
avance y poder reprimir a las secciones que iban surgiendo de la
misma. El temor ante la articulación del movimiento obrero
internacional era evidentemente.
Pero en el seno de la Internacional comenzaron a aparecer
las disputas. Desde el origen las posiciones de Marx eran claras a
establecer una centralización de la organización así como una
estrategia cerrada. La fundación de partidos políticos vanguardistas,
que se funden con la intención de tomar el poder, es una de las
premisas de Marx. El papel del Consejo General de la AIT, que es
controlado por los marxistas, debe ser el de coordinador y ejecutor de
las tácticas a nivel internacional. Una organización fuertemente
centralizada.
Sin embargo esa cuestión chocaba abiertamente con el
sentimiento y desarrollo de muchas secciones de la AIT. En países como
Francia, Italia, Suiza o España, la concepción centralizada no era
bien recibida. La influencia del federalismo de Proudhon era muy
fuerte. Igualmente son secciones que optan por la vía de creación de
sociedades de resistencia o sindicatos para combatir el sistema. Y no
de partidos políticos a los que ven como enemigos de la clase obrera.
Desde el poder burgués no se podía combatir al burgués. Su concepción
organizativa parte desde las secciones, siendo el Consejo General un
mero instrumento de correspondencia. Una organización federal de abajo
hacía arriba.
Esos debates comenzaron a ser lesivos para la AIT, debido
a que determinados sectores intentaban por todos los medios imponer su
estrategia. Es el caso de los autoritarios de Marx, que no aceptaban
la libertad de las secciones en el seno de la Internacional. Es el
origen de la disputa Marx-Bakunin, del marxismo y del anarquismo.
El canto de cisne lo marcó el estallido de la Comuna de
París. En marzo de 1871 los trabajadores parisinos se constituyen en
comuna. La Internacional se implica en le movimiento. La Comuna de
París, donde los anarquistas proudhonianos son muy influyentes, adopta
una concepción federal de la organización. Una organización de abajo a
arriba emerge en la ciudad de París, sitiada por los prusianos y
hostigada por los versallescos de Thiers. Hubo intentos de creación de
Comunas en otros lugares de Francia (Narbonne, Marsella, etc.). En
Lyon se llegó a tomar el Ayuntamiento y Bakunin tuvo una participación
relevante. Al final las tropas versallescas arrasan París y asesinan a
unos 20000 comuneros, entre ellos a internacionalistas como Eugene
Varlin.
La Comuna de París vino a confirmar el fracaso de la
concepción determinista histórica del marxismo. Si de verdad se quería
acabar con el sistema capitalista hacía falta una revolución y no la
evolución natural de la historia. Algo que los anarquistas ya había
advertido (Bakunin, Proudhon, etc.). El debate era si la Comuna
compartió más del marxismo o del anarquismo.
Aun así las posiciones antiautoritarias quedaron
debilitadas tras la Comuna. La represión contra el movimiento obrero
francés fue grande y allí el anarquismo tenía mucha influencia.
La Conferencia celebrada en Londres en 1871 marcaba también la
tendencia que se quería imponer en el seno de la AIT. Sin la
asistencia de Bakunin las calumnias del sector autoritario contra su
persona no se hicieron esperar.
La ruptura estaba servida.

La importancia del congreso de Saint-Imier

Confirmada la expulsión de Bakunin y Guillaume del seno de
la Internacional por el congreso de La Haya, la reunión de los
antiautoritarios en Saint-Imier tenía enorme importancia.
En esta ciudad suiza se juntaron delegados españoles
(Alerini, Farga Pellicer, Marselau y Morago), de EEUU (Lefrançais), de
Francia (Camet y Pindy), de Italia (Bakunin, Cafiero, Costa, Fanelli,
Malatesta y Nabruzzi) y Suiza (Guillaume y Schwitzguébel).
Junto al acuerdo que hemos plasmado más arriba, el
congreso de Saint-Imier sacó también otras importantes conclusiones.
En primer lugar rechazan, de forma unanimidad, los
acuerdos adoptados en La Haya y no reconocen ningún poder al Consejo
General. A partir de ese momento se elabora un pacto de solidaridad
entre las federaciones de la Internacional para evitar otro golpe
autoritario en el seno de la misma.
Ese pacto iba a estar representado por la amistad, la
solidaridad y la defensa mutua de las distintas federaciones libres.
Es el segundo gran acuerdo del congreso. Se declaran enemigos del
centralismo y se adoptó la forma federal de funcionamiento. Habría una
oficina de correspondencia entre secciones. El objetivo era claro:
Proclaman que la conclusión de este pacto tiene como objetivo
principal la salvación de esta gran unión de la Internacional, que la
ambición del partido autoritario ha puesto en peligro.
El congreso acordó que todo Estado y todo gobierno era
enemigo de la clase obrera. La lucha tenía que tener una
correspondencia entre los medios y los fines. Una sociedad que se
fundaba sobre la violencia, el ejército, el espionaje, el clero, etc.,
nunca podría ser beneficiosa para la clase obrera. Se acuerda que la
forma de organización será la resistencia al capital en gran escala y
que la huelga es un instrumento indispensable de lucha contra sistema
capitalista. Se aceptan las luchas económicas entre trabajo y capital
para el mejoramiento de la clase obrera, pero nunca se tiene que
desgajar de la lucha revolucionaria del proletariado contra el sistema
capitalista.
Saint-Imier sentó las bases del movimiento obrero
anarquista Internacional y lo que será el posterior sindicalismo
revolucionario.

La repercusión de Saint-Imier en el movimiento obrero español

La Internacional había llegado a España en diciembre de
1868 de la mano de un anarquista italiano, Guissepe Fanelli. Éste
entró en contacto con los sectores más avanzados del proletariado
español (muchos de los cuales estaban inscritos, por entonces, en el
republicanismo federal), quedando en 1870 establecida la primera
sección de la Internacional en España, con el nombre de Federación
Regional Española (FRE). Con anterioridad algunos delegados españoles
habían participado en los congresos internacionales.
La importancia e influencia de la FRE fue en aumento. Todo
en un contexto revolucionario para España (el Sexenio Democrático).
Tal fue la magnitud que las sociedades obreras de la FRE adquieren,
que el gobierno intentar proscribirla, denominando a la Internacional
como “la utopía filosofal del crimen”.
España se iba a convertir en uno de los campos de batalla
en el seno de la Internacional. La sección de España era claramente
antiautoritaria. Por ello Marx envía a España un delegado de su
confianza. Paul Lafargue, que venía huyendo de la represión de la
Comuna de París, llega a España. El autor de El derecho a la pereza
toma influencia entre un pequeño núcleo de militantes obreros
madrileños (Pablo Iglesias, Francisco Mora, José Mesa, etc.) y se
adhiere a la sección de Alcalá de Henares, impulsada por el fotógrafo
Florencio Navarro, con el seudónimo de Pablo Farga. Este pequeño
núcleo se organiza alrededor del periódico La Emancipación. Lafargue
participa como delegado alcalaíno en el Congreso de Zaragoza de abril
de 1872, donde ya se sientan las posturas de la ruptura de la
Internacional en España. El núcleo madrileño funda la Nueva Federación
Madrileña, frente a la Federación Local de la FRE en Madrid encabezada
por Tomás González Morago y que publicaban el periódico El Condenado.
Sin hacer ningún caso al Consejo Federal de la FRE, que desautorizaron
las acciones de los núcleos madrileño y alcalaíno, y siendo
reconocidos tras el Congreso de La Haya por el Consejo General de
Marx, acaban fuera de la AIT. El movimiento obrero español fue
mayoritariamente anarquista y celebró un importante congreso en
Córdoba en 1873. Solo un minúsculo grupo fue seguidor del ideario
marxista (aunque con mucho matices) y que con el tiempo articularon el
Partido Socialista Obrero Español y la Unión General de Trabajadores.

Las consecuencias de Saint-Imier

Tras el congreso de Saint-Imier el movimiento obrero
internacional quedó divido en dos. El núcleo marxista trasladó el
Consejo General de Londres a Nueva York, feneciendo sus estructuras
poco después. Ni siquiera los núcleos mas proclives al marxismo fueron
capaces de mantenerse en su seno. Cuando en 1875 el socialismo alemán
se unifica en el Programa de Gotha, y surge el SPD, no contó con el
beneplácito de Marx. En el congreso de Filadelfia de 1875 deciden
disolver la AIT.
Por su parte el movimiento obrero anarquista celebró
distintos congresos regulares hasta Verviers en 1877. Hubo un intento
de unificación en el Congreso de Gante de ese mismo año, que fue un
fracaso. Importantes para el mantenimiento de las estructuras
internacionales anarquistas fue el Congreso de Londres de 1881 y el de
Ámsterdam de 1907.
Los marxistas volvieron a fundar una Internacional en
1889, agrupando a los distintos partidos socialistas del mundo. Una
Internacional donde quedó excluido el anarquismo. Una Internacional
que se volvió a dividir tras el estallido de la Revolución Rusa en
1917, surgiendo la III Internacional Comunista o Komintern. E incluso
una IV Internacional agrupando a los partidos trotskistas y
antiestalisnistas.
Por su parte los libertarios tenían claro que tras el
congreso de Ámsterdam de 1907 había que volver a articular una nueva
Internacional. En 1922 hacen renacer la AIT en Berlín, donde se
agrupan la mayoría de las organizaciones del sindicalismo
revolucionario, entre ellas la CNT. En 1948 resurgió una Internacional
Anarquista, en 1958 se crea la Conferencia Internacional Anarquista y
en 1968 en Carrara la Internacional de Federaciones Anarquistas (IFA)
donde está la Federación Anarquista Ibérica.

Julián Vadillo Muñoz

Artículo publicado en el último número del periódico CNT, con motivo
del 140 aniversario del Congreso de Saint-Imier y el inicio del
movimiento obrero anarquista internacional.
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