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(ca) FAI, #363 - La explotación del trabajo en Bangladés (it)

Date Wed, 10 Oct 2018 11:35:22 +0300


Han pasado cinco años desde que Sabitri Das, de 19 años, obrera textil, comenzó a trabajar en el sector de la confección. Su vida laboral empezó mucho antes, cuando trabajaba como peón con sus padres. Llevar la arena en un cesto desde el interior de un barco hasta un lugar cercano era su trabajo. Tenía que subir una estrecha escalera y luego bajarla con un cesto de arena. Es físicamente imposible transportar más de 150 cestos al día, sobre todo bajo el calor tórrido. Y sí, el precio de un trabajo físico así de pesado era de 1 taka (alrededor de 1 céntimo de euro) por cada cesto de arena. ---- Sabitri se fue a la ciudad esperando un trabajo mejor, una paga mejor y un modo mejor de ayudar a su familia. Y ahora se levanta a primera hora de la madrugada, comienza a trabajar a las 7 de la mañana, considerando que su casa está a 10 minutos a pie de la parada del autobús. La tarifa del autobús es de 5 takas hasta su parada, es decir, 300 takas al mes. Hay días en que, en vez de tomar el autobús, camina durante 50 minutos para ahorrar. Ni siquiera se toma libre el fin de semana; trabaja 70 horas extraordinarias al mes. Casi todos los días está en el trabajo hasta las 10 de la noche. Todo ese trabajo, todo ese estrés, el cansancio... para ganar 7.700 takas al mes, que llegan a un máximo de 10.000 incluyendo los extraordinarios. Su familia entera, madre y dos hermanos pequeños, está a su cargo, y los ingresos mensuales malamente llegan para hacer frente a los gastos, por lo que trabaja como sastra los fines de semana, además de cuidar a los dos hijos de otro obrero, siempre en el tiempo libre, lo que le hace ganar un poco de dinero extra.
¿Dónde queda el tiempo libre para esta chica de 19 años? Un poco de descanso, un poco de tiempo para cultivar el espíritu son cosas que no puede permitirse. La vida de los trabajadores, la mayor parte de los cuales son jóvenes como Sabitri, es bastante similar para todos ellos. En vez de estar en los centros escolares, están quemando su existencia día tras día, trabajando para conservar la vida, para mantener con vida a sus familias.
El Consejo para el Salario Mínimo en Bangladés ha aprobado asegurar el salario a los trabajadores de la confección. El Gobierno no ha revisado el salario mínimo de los trabajadores de la industria de la confección de 1994 a 2006. Quedó congelado durante doce años, a 930 takas al mes. Se han visto obligados a cambiar el guion solo cuando los trabajadores del sector salieron en masa a la calle en 2006 para pedir aumento salarial. En 2010 y en 2013 aumentó el salario mínimo, pero el aumento prometido es un salario de pobreza. La actual revisión del salario mínimo parece seguir la misma trayectoria histórica. El representante de los propietarios de las fábricas de confección en el Consejo para el Salario Mínimo ha propuesto recientemente un aumento de 1.060 takas respecto al salario mínimo existente de 5.300, fijado hace más de cinco años. Según el presidente de la patronal (Bangladesh Garment Manufactures and Exporters Association, BGMEA) han propuesto 6.360 después de haber considerado la inflación, el aumento de los costes de actividad y la competencia del sector en los mercados globales. El importe propuesto de 6.360 takas como salario mínimo comprendía la retribución base de 3.600, más la retribución base del 40 por ciento como alquiler de la casa, 300 takas para seguro médico, 240 para desplazamiento y 780 como asignación alimentaria.
Las organizaciones de derechos de los trabajadores inmediatamente han rechazado la propuesta sobre la base del hecho de que no promete ni siquiera la paga de pobreza para los trabajadores. Desde el último aumento salarial en 2013, el país ha experimentado una fuerte subida en el precio de los artículos de primera necesidad, el precio por la utilización de los servicios públicos también ha aumentado varias veces, subiendo así el coste de la vida para los trabajadores. Los trabajadores han acusado a la BGMEA de haber entrado en la negociación para desviar la atención de los compradores y de las organizaciones sindicales sobre los problemas salariales de los trabajadores y de que su verdadera intención no es mejorar el nivel de vida de sus propios asalariados. La credibilidad del Consejo Salarial ha sido puesta en duda desde que fue constituido en noviembre de 2017, cuando el Ministerio del Trabajo nombró un dirigente de otro sector laboral, sin experiencia en el ramo de la confección, como representante de los trabajadores. En esencia, el Consejo está falto de auténtica representación obrera del sector. Del informe del Instituto de Estudios Laborales de Bangladés se deriva que los cálculos del salario mínimo se refieren más a una cuestión de negociación entre los diferentes sujetos interesados que a un eficaz análisis económico. Lo que se propone como salario mínimo, como sugieren las organizaciones de derechos de los trabajadores, es el salario de la pobreza.
Los jóvenes trabajadores de la confección han salido a la calle desde la formación del Consejo para pedir un salario de subsistencia. Como otras protestas del país, también ellos fueron víctimas de la máquina represiva del Estado. Como parte del movimiento salarial mínimo en desarrollo para los trabajadores de la confección, Bangladesh Garment Workers Solidarity ha publicado una investigación que lleva por título "¿Cómo sobreviven los trabajadores?", que revela la situación socioeconómica de los trabajadores y sus dificultades económicas. La investigación ha sido realizada con 200 trabajadores del sector de la confección procedentes de seis áreas diferentes. Los resultados son bastante chocantes, sobre todo porque la nación está orgullosa del sector de la confección, considerado el principal motor de exportación.
Según los resultados de la investigación, que ha sido realizada utilizando métodos tanto cualitativos como cuantitativos, el 87 por ciento de los actuales trabajadores de la confección tiene menos de treinta años, y solo el 13 supera esa edad. Raramente hay trabajadores que superen los cuarenta años en ese sector. Todo trabajador tiene de media cuatro miembros de la familia que residen con él en el área de trabajo. Habitualmente tienen otros familiares que viven en las casas del pueblo y muchos de ellos dependen del trabajador para su sustento. Es una responsabilidad muy grande, que seguramente no puede ser atendida por estos trabajadores con una retribución tan baja.
Entonces, ¿cuánto ganan? Un trabajador gana alrededor de 6.055 takas al mes, 1.955 por las horas extraordinarias y un complemento de puntualidad de 235 takas. El 23 por ciento de su ganancia va a gastos de alojamiento, el 28 para alimentación, el 17 para enviar dinero a los familiares que viven lejos, el 8 para tratamientos; estos son los gastos principales. El 12 por ciento de los trabajadores considera que los precios son demasiado altos para su salario, el 49 piensa que el desequilibrio es muy elevado y el 39 piensa que su sueldo no es adecuado pero que se puede gestionar. Ninguno de ellos piensa que está suficientemente pagado para llevar un estilo de vida sano y digno.
Según el estudio, el 92 por ciento de los trabajadores debe pedir dinero prestado cuando sus gastos son más altos que su sueldo, pero la cosa más desagradable es que el 68 por ciento de los trabajadores recorta la compra de alimentos cada vez que necesita dinero. Un trabajador gasta alrededor de 1.110 takas al mes en alimentación. Según un estudio realizado por el Instituto de Nutrición y Ciencia Alimentaria de la Universidad de Daca, un trabajador necesita consumir 2.800 calorías al día para la cantidad de trabajo que desarrolla. Según el precio de mercado, para los obreros obtener la comida que produzca tantas calorías costaría 109 takas al día, o sea 3.270 al mes. La diferencia nos muestra que los trabajadores consumen un tercio de la cantidad de comida imprescindible de la que tienen necesidad para trabajar bien y tener salud.

Ahora deben surgir las preguntas sobre por qué una enorme industria como la de la confección, que está ganando la mayor parte de los ingresos de Bangladés, no puede ofrecer una vida más humana a sus trabajadores. Si esto es imposible o si lo ignoran a sabiendas. Las estadísticas dicen que si los propietarios mantuviesen las ganancias un poco menos para ellos y las distribuyeran entre los trabajadores, éstos podrían mejorar drásticamente sus vidas. En los últimos cinco años, las ganancias medias de las exportaciones del sector de la confección han sido 231.290 miles de millones de takas. Y aunque los ingresos aumentan cada año, el número de trabajadores es el mismo, es decir, 40 millones. La industria gasta solo alrededor de 39.360 millones de takas en los trabajadores. La investigación dice que los propietarios ganan entre el 8 y el 10 por ciento del beneficio industrial cada año. Si los propietarios se quedasen solo con la mitad de los beneficios que están produciendo actualmente, podrían aumentar el 21 por ciento las ganancias de los trabajadores. Este aumento del salario mensual podría proporcionar a los trabajadores un salario de subsistencia.
En decenas de concentraciones y reuniones públicas, los trabajadores han planteado interrogantes sobre la vida lujosa de los dueños de las fábricas mientras que ellos viven en el puro y simple sufrimiento. "Mientras vosotros (dueños de las fábricas) coméis el muslo del pollo, nosotros masticamos las patas, las uñas". Como decía Marx, el trabajo produce obras bellas, consiente a los ricos adquirir obras bellas, ganar beneficios y así sucesivamente. ¿Y los trabajadores? Patas de pollo y cartílagos. Para provocar cambios radicales en la sociedad, no hay más alternativa que el mosvimiento anarcosindicalista.

Un compañero de la BASF
(Federación Anarcosindicalista de Bangladés)

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/363articulo4.html
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