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(ca) FAI: tierra ylibertad #351 - El mito bolchevique -- Alexander Berkman (1870-1936)

Date Sat, 2 Dec 2017 09:58:49 +0200


Estamos ante un libro que es más que una simple visión histórica de la Revolución rusa. Permite, en efecto, comprender el mecanismo totalitario de un partido que quiere hacer la revolución en el lugar de los más afectados. Este libro es de una profunda tristeza, porque asistimos a lo largo de sus páginas a la desilusión total del autor frente a lo que pensaba que sería "la" revolución tan esperada y ansiada, y que al final, no llega a ser nada más que una toma de poder. ---- Todo empieza con la expulsión de los Estados Unidos, en barco, de Berkman y otros rusos (entre ellos Emma Goldman) hacia la Rusia revolucionaria. Durante su viaje, esos "indeseados" terminan por simpatizar con los marineros americanos que los escoltan. Algunos de estos marineros llegarán a abrazar sus ideas revolucionarias, dispuestos a partir para Rusia a apoyar la Revolución. Berkman se convierte enseguida en el "líder" de los exiliados, que se organizan en régimen comunista, compartiendo sus bienes y toda su solidaridad.
Al llegar a Rusia, son acogidos con todos los honores y se improvisa un mitin. Un anarquista presente en el acontecimiento anuncia que los anarquistas harán la revolución con los bolcheviques con la condición de que estos les traten bien. Berkman responde que bolcheviques o anarquistas, todos están por la revolución y hay que dejar de lado las divergencias ideológicas.
Incluso las primeras diferencias de trato vistas en Petrogrado entre anarquistas y comunistas o entre responsables bolcheviques y "simples" obreros no le preocupan. Para él, esta situación se debe a un bloqueo de los países enemigos.
Lo que le apena -pero no le choca demasiado tampoco- es la gran pobreza en la calle, que es todo lo contrario de las comodidades reservadas a los extranjeros y a los dignatarios del Partido. Está deslumbrado y maravillado por esos hombres nuevos a los que la revolución ha dado nuevas esperanzas y nuevos afanes. Llevados por su impulso, están convencidos de la gran influencia del Partido Comunista en Estados Unidos, y de la de los obreros revolucionarios en los países participantes en el bloqueo a Rusia, obligando así a los gobernantes a levantarse.
El autor se da pronto cuenta de que el campesinado está mal visto, y que solo se considera a los proletarios como la vanguardia de las revoluciones.
Una escena difícil de entender para él se hará constante en los diferentes pueblos que recorre: en un mercado, gente muy pobre vende comida o cigarros. La Checa llega y detiene a todo el mundo, destruye las mercancías y los acusa de "especulación". Para Berkman no especulan, solo pretenden comer.
Será al lado de los anarquistas donde oirá los primeros descontentos por parte de los revolucionarios. Advierte que hay anarquistas en la cárcel, así como revolucionarios no bolcheviques. Sin embargo, todos han contribuido a la revolución a pesar de sus desacuerdos teóricos. La crítica que sobreviene alude a la actuación de los bolcheviques sobre los soviets. Los campesinos también se oponen a los racionamientos porque se dan cuenta de que pierden el control de los soviets en beneficio de un partido.
El encuentro con Kropotkin le abre también los ojos. Este gran personaje, adorado por numerosos anarquistas rusos pero también americanos, le expone por qué los bolcheviques hacen lo que no hay que hacer en una revolución.
Pero es la miseria en las calles frente al fasto de los dignatarios bolcheviques, la violencia de la Checa que insulta a la gente, a los obreros, las trabas burocráticas para acceder a los servicios, lo que hará que este autor comience a dudar seriamente del régimen. Sin embargo, su encuentro con Lenin, al que ve como un líder de visión clara y precisa, le tranquilizará.
Sus encuentros con campesinos o con revolucionarios desilusionados y críticos con lo que ocurre en Rusia son cada vez más numerosos: hay campesinos que se reúnen clandestinamente en la frontera letona y muchos proletarios. Todos se quejan de la injusticia y desigualdad en el trato.
Hará falta que sea él mismo quien choque directamente con la burocracia para que empiece verdaderamente a criticar el régimen. Es apartado de un proyecto de construcción de una casa de reposo para los obreros porque se niega a expulsar a los moradores de las casas que van a rehabilitar, aunque se les considere burgueses.
Va también a Ucrania. Ve allí un país devastado por los diferentes regímenes que se han ido sucediendo. Los judíos han sufrido pogromos por parte del ejército de Denikin, de una gran violencia, y la descripción en un capítulo de lo que ocurre en un pueblo resulta insoportable.
En Ucrania se puede morir por ser comunista o por ser anticomunista. Todo depende de quien lleve las riendas del poder: prorrusos, bolcheviques, blancos...
Enseguida, los anarquistas acuden a hablarle de Majnó, que quiere conocerlo. Y su compañera, Galina, supera todos los peligros para decirle que su compañero desea verlo. Desgraciadamente, no podrá ser.
Cuando visita una cárcel, Berkman sale completamente descorazonado: no solo no se han destruido las cárceles, como se había afirmado, sino que además los detenidos (anarquistas, socialistas revolucionarios, mencheviques) están enfermos, hambrientos, esperando un juicio que no llegará nunca.
En Odesa, un proletario explica a Berkman que "la dictadura del comunismo ha destruido pero no puede construir".
En 1921, son encerrados cada vez más revolucionarios opuestos a los bolcheviques.
El pasaje sobre el entierro de Kropotkin es triste, y demuestra nuevamente a Berkman que es imposible confiar en la burocracia comunista.
Kronstadt acaba de desanimarlo. Rechaza ya totalmente la dictadura del partido bolchevique y no vislumbra ninguna esperanza. Los dos últimos capítulos son un resumen perfecto de lo que ha sido la revolución social de octubre, del papel desempeñado por los bolcheviques y del modo en que se han apropiado de la revolución para hacer de ella una dictadura.

Thierry

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/352articulo10.html
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