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Francia - (ca) Ha nacido un nuevo movimiento social

From A-Infos Canada <ainfos@tao.ca>
Date Fri, 27 Mar 1998 19:02:23 +0100


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      A - I N F O S  N E W S  S E R V I C E
            http://www.ainfos.ca/
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Francia
Ha nacido un nuevo movimiento social

Christophe Aguiton

Otra vez, un movimiento social ha nacido en Francia. Un movimiento
soprendente, porque sus protagonistas, hombres y mujeres en paro,
constituyen una categoría social presentada  a menudo como pasiva,
replegada sobre sí misma y, por ello, incapaz de organizar grandes
movimientos colectivos.
Antes de entrar en el análisis de este movimiento, hay que  recordar dos
datos de partida.
El primero se refiere a la forma que toman en Francia los movimientos
sociales, con rasgos más acusados que en la mayor parte de los países.
Efectivamente, estos movimientos, desde el momento en que alcanzan un nivel
significativo, reclaman la intervención del poder y se constituyen en un
problema político El movimientos de los(as) parados(as) no ha modificado
esta tradición y ha ocupado el primer plano de la escena mediática durante
más de un mes, obligando al Gobierno a intervenir varias veces, con el
primer ministro a la cabeza.
Aunque haya muchas razones que explican esta particularidad francesa, hay
que destacar el peso del Estado central y la debilidad de los demás niveles
y estructuras de negociación. Un ejemplo: el movimiento se inició con unas
ocupaciones de locales de la ASSEDIC, los centros que administran los
subsidios de desempleo, bajo la gestión de patronal y sindicatos; la
presidenta  de la UNEDIC (la unión nacional que federa los ASSEDIC) es
Nicole Notat, secretaria general de la CFDT. Pues bien, durante el primer
mes de ocupaciones, la presidencia de la UNEDIC no intervino y toda la
atención se concentró en el Gobierno; la pregunta que se encontraba cada
día en la prensa es: ¿pero qué hacen los ministros?...
La segunda se refiere a la situación de los movimientos sociales en
Francia. El uso del término "movimiento social" es en sí mismo
significativo. Desde el comienzo de los años 90, las luchas se multiplican,
encuentran una acogida muy favorable en la población y se acompañan del
surgimiento de nuevas estructuras sindicales -FSU en los(as) enseñantes,
SUD, la corriente de izquierdas "Tous ensemble" (Todos juntos) en la CFDT)
y asociativas (AC! -Acción contra el paro- y las demás organizaciones de
este tipo), el DAL -Derecho a la Vivienda- y "Droits Devants!" -¡Los
Derechos, primero!- contra las exclusiones, "Ras le Front", contra el
Frente Nacional, el Colectivo Nacional de los sin papeles, el Colectivo por
los Derechos de las Mujeres, etc. (Nota: Más información en Viento Sur nº
25, 30 y 32 ).
Esta multiplicación de luchas se sitúa en un contexto en el que el
retroceso del movimiento obrero ha dejado huellas políticas y organizativas
profundas. Nunca el sindicalismo ha sido tan débil numéricamente y ha
tenido tan poca presencia en sectores enteros de la población asalariada:
las pequeñas empresas, el empleo precario, los cuadros, etc. Además, el
número de días de huelga sigue siendo muy bajo: sólo aumentó en 1995, con
cerca de 2 millones de días de huelga, gracias a la huelga de servicios
públicos que tuvo lugar en noviembre y en diciembre.
Pero en esta situación global de retroceso, de redefinición y de
reconstrucción del movimiento obrero y los movimientos sociales, la
situación francesa de los años 90 no tiene nada que ver con la de los años
80. Sería interesante comparar las diversas situaciones existentes en los
países desarrollados: relanzamiento de la luchas y cambios importantes en
el panorama sindical en Francia, Bélgica, EE UU...; probablemente una
situación más bloqueada en Italia, el Estado español...Pero este tema
desborda el marco de este artículo.

Las raíces del movimiento

En la base del movimiento de parados hay un simple constatación: el número
de parados aumenta sin cesar, especialmente el de los parados de larga
duración, y al mismo tiempo los subsidios de estancan o se revisan a la
baja.
En cifras: 3,2 millones de parados(as) según cifras oficiales (12% de la
población activa); 1,5 millones reciben subsidios sociales mínimos: el ASS
(subsidio específico de solidaridad) y la RMI (renta mínima de inserción),
ambos pagados por el Estado; los demás, aproximadamente la mitad, reciben
un seguro de paro pagado por el UNEDIC. A estas cifras oficiales hay que
añadir a los(as) jóvenes menores de 25 años que no tienen derecho a ningún
subsidio y el número creciente de trabajadores a tiempo parcial, o en
empleo precario, que están buscando un empleo estable: hay 2,7 millones de
asalariados que ganan menos que el sala rio mínimo, porque no alcanzan las
39 horas de trabajo a la semana. Llegamos así a la cifra de 7 millones de
personas en paro o en diversas formas de precariedad.
Además, hay que considerar que detrás de las cifras de paro que aumentan
por todas partes, encontramos en Europa realidades muy diferentes. En el
Sur de Europa, a pesar de la debilidad de los subsidios mínimos sociales,
las redes de economía informal y, sobre todo, la existencia de un tejido
social y de solidaridades familiares aún fuertes, permiten amortiguar los
efectos del paro y de la precariedad. En el Norte de Europa y en Alemania,
los subsidios de paro y los mínimos sociales están todavía a un nivel
significativo. En Francia, los mínimos sociales son bajos (2.400 FF,
aproximadamente 60.000 pesetas) para una persona sola (el saario mínimo
neto está un poco por encima de los 5.000 FF, 125.000 pesetas) y el tejido
social no tiene la solidez suficiente para amortiguar este aumento de la
pobreza.
Un dato coyuntural se ha sumado a los factores desencadenantes del
conflicto: la llegada del Gobierno de izquierdas. La victoria sorpresa de
Jospin y la constitución de un Gobierno de "mayoría plural" (PS, PC,
Verdes, Movimiento de los Ciudadanos y Radicales de Izquierda) han
suscitado una esperanza, especialmente en los sectores populares, aunque
sea una esperanza infinitamente menor que la que siguió a la victoria de
Mitterrand en mayo de 1981. Pero las primeras medidas anunciadas por Jospin
fueron una ducha de agua fría para los parados: en su discurso de
investidura, en julio de 1997,  anunció un aumento del 4% del salario
mínimo, pero no dijo una palabra sobre los mínimos sociales...
Este olvido tiene que ver, en parte, con consideraciones presupuestarias
(el salario mínimo lo pagan las empresas; los mínimos sociales, el
Estado...), pero sobre todo con una visión socialdemócrata clásica que
intenta impulsar una recuperación económica con medidas neokeynesianas de
relanzamiento por el  aumentos de salarios y, probabablemente, con algunos
trazos de blairismo ideológico, según el cual, el buen parado es el parado
que busca empleo, y nada mejor que un descenso de sus rentas para convencer
al parado de que debe aceptar cualquier empleo.
En fin, una última razón para este movimiento, o al menos para su
lanzamiento el pasado diciembre: la unidad de acción por fin realizada
entre los comités de parados de la CGT y las diferentes asociaciones de
lucha contra el paro. Esta unidad no había sido posible por el sectarismo
de la dirección de los comités de parados de la CGT, pero una evolución
interna de esos comités, apoyada por la dirección confederal, permitió la
llegada de una nueva dirección que aceptó trabajar con el movimiento
asociativo.

Años de construcción

El movimiento de parados(as) que ha nacido este invierno significa,
evidentemente, un avance importante para el futuro de la batalla contra el
paro en Francia. Pero no hay que olvidar que ha sido preparado durante años
de acciones y luchas.
Fue la CGT -que es el mayor sindicato francés y cuya línea es mucho más
radical que la de las demás  confederaciones europeas- la primera
organización que, a comienzos de los años 80, se responsabilizó y dedicó un
gran esfuerzo a estructurar a los parados. Este esfuerzo sólo obtuvo éxito
parcialmente. En algunas ciudades, con frecuencia sobre la base de núcleos
de asalariados sindicados provenientes de grandes empresas reconvertidas,
los comités de la CGT representan una realidad importante, por ejemplo, en
Marsella, donde el comité CGT se ha desarrollado tras el cierre de los
astilleros de la Ciotat. Pero en otros lugares, los comités de CGT tuvieron
dificultades para estabilizarse, sobre todo porque el mundo del paro,
máxime tras veinte años de desarrollo de un paro masivo, recela del
movimiento sindical, especialmente en Francia donde el sincalismo está
debilitado y dividido.
Estas dificultades fueron la base de otros intentos de estructuración de
los parados. Por ejemplo, a finales de los años 80, el MNCP -Movimiento
Nacional de Parados y Precarios-que federa asociaciones locales, animadas
frecuentemente por militantes cristianos o ecologistas, o la APEIS
-Asociación por la Ayuda Mutua, la Información y la Solidaridad-,
asociación creada por iniciativa de ayuntamientos comunistas que querían,
en la región de París, ayudar a la organización de los parados, en especial
para oponerse al ascenso electoral de la extrema derecha en los barrios
periféricos con graves problemas sociales.
Pero hay que destacar especialmente el lanzamiento de AC! -Actuar juntos
contra el Paro-a comienzos de 1994. Este movimiento fue una iniciativa de
sindicalistas (de la izquierda de la CFDT, del Grupo de los 10 -constituido
por SUD y otros sindicatos independientes-, de la FSU -el primer sindicato
enseñante-...) para desarrollar un movimiento federativo asociando
sindicalistas, organizaciones de parados (el MNCP formó parte de AC! desde
el comienzo), asociaciones de lucha contra las exclusiones (en especial DAL
o el Comité de los sin techo) y otras componentes, como la Confederación
Campesina, la Liga de los Derechos del Hombre y numerosos intelectuales. El
lanzamiento de AC! tuvo lugar con ocasión de las primeras marchas contra el
paro que recorrieron Francia en la primavera de 1994 y que lograron reunir
a más de 30.000 personas, la mayoría parados, en París.
A partir de 1994, las movilizaciones se han sucedido, por ejemplo, la
campaña unitaria de AC!, MNCP y APEIS en 1996 sobre los subsidios de paro o
las que han tenido lugar sobre el conjunto de las exclusiones. En la
primavera de 1995 hubo grandes manifestaciones sobre el problema de la
vivienda y, en general, contra las exclusiones, con la ocupación de un gran
complejo de viviendas en el corazón de París, la rue du Dragon.
Las marchas europeas de la primavera  de 1997 jugaron un papel importante.
Unas decenas de parados franceses pudieron así adquirir una experiencia muy
rica atravesando Europa durante dos meses, realizando en países con
situaciones sociales muy diversas, una multitud de reuniones públicas,
encuentros con sindicalistas, políticos, periodistas, etc.
Esta experiencia fue rápidamente rentabilizada: muchos de los dirigentes
del actual movimiento son antiguos marchadores de la primavera de 1997.

3 etapas de movilización

Hemos conocido tres etapas muy claras en el desarrollo del movimiento.
La primera, podemos llamarla la instalación. Las ocupaciones empezaron en
Marsella, ciudad en la que la CGT se movilizaba tradicionalmente todos los
años para que los excedentes que quedaban sin utilizar de los "fondos
sociales" de los ASSEDIC se emplearan para aliviar situaciones de
emergencia. Con este objetivo se hacía una movilización a final de año y
finalmente miles de parados conseguían obtener un pequeño suplemento que la
CGT llamaba la "prima de Navidad".
Pero los ASSEDIC, dirigidos por la  CFDT, decidieron a mediados de 1997
revisar el sistema de fondos sociales, lo que significó concretamente que
los seguidores marselleses de la CGT se encontraron con las cajas vacías;
éste fue el origen de las ocupaciones de las ASSEDIC en la región de
Marsella.
En esas mismas fechas, y sin conocer los proyectos de la CGT, las
asociaciones de parados y de lucha contra las exclusiones habían decidido
organizar, con el apoyo de fuerzas sindicales (el Grupo de los 10, con los
sindicatos SUD, la FSU y la izquierda de la CFDT), del 16 al 21 de
diciembre una semana de acción llamada de "emergencia social" para
movilizar contra las desigualdades y el aumento de la miseria, y para
reclamar un aumento de los subsidios mínimos sociales.
La convergencia de ambas iniciativas fue lo que lanzó el movimiento de los
parados(as), con la ocupación de más de 10 centros ASSEDIC, primero en
provincias y luego en París. La revindicaciones fueron: 3.000 FF de "prima
de Navidad", aportada por el movimiento marsellés, y sobre todo, el aumento
de 1.500 FF mensuales de los subsidios mínimos sociales (el ASS y el RMI
son de 2.400 FF), apoyada por las tres organizaciones de parados (AC!,
APEIS, MNCP).
El período de fiestas, ente Navidad y el 1 de enero, caracterizado por la
ausencia tradicional de noticias de actualidad y las vacaciones del
Gobierno, fue ocupado en los medios por el movimiento. Todas las noches en
la TV se sucedieron los reportajes y las demandas al Gobierno.
La segunda fase se caracterizó por las intervenciones gubernamentales.
La ministra de Trabajo Martine Aubry empezó la serie. No dijo nada sobre
las reivindicaciones de los parados y se limitó a intentar desacreditar al
movimiento minimizando el número de ASSEDIC ocupadas: solamente trece.
Pero minimizando el número de ocupaciones, la ministra dio al movimiento
una referencia. En Francia, cada movimiento tiene sus referencias que
permiten evaluar sus fuerzas y su evolución: en Mayo de 1968 fue el número
de huelguistas (los 10 millones); en noviembre y diciembre de 1995, el
número de manifestantes (el millón); durante el movimiento de camioneros,
el número de cortes de carreteras...Para los parados fue el número de
ocupaciones. Después del discurso de la ministra, las ocupaciones pasaron
de en cinco días de 13 a 40. Y este ascenso del movimiento obligó a
intevenir al primer ministro.
Así lo hizo por dos veces en enero, anunciando algunas medidas. La primera,
y una de las más importantes, fue el reconocimiento de las organizaciones
de parados, que fueron recibidas por el Gobierno al mismo nivel que las
confederaciones sindicales. La segunda   fue el desbloqueo de un fondo de
ayuda, para reemplazar a los fondos de emergencia, dotado con 1.000
millones de francos. La tercera fue el anuncio del aumento del 8% de uno de
los subsidios mínimos: el ASS, que sólo llega a medio millón de
parados(as). La RMI, que llega  a un millón de personas no fue aumentado.
Según la opinión de todas las organizaciones de parados, estos anuncios
eran importantes. Pero quedaban lejos de las reivindicaciones de los
parados. De ahí, la voluntad común de continuar el movimiento.
Pero después de más de seis semanas de movilización, esta continuidad de la
acción exigía una ampliación a otros sectores sociales. Así se intentó
hacia los jóvenes (hubo huelgas en institutos de algunas ciudades del
Oeste) y sobre todo hacia los(as) asalariados(as).
El debate parlamentario sobre las 35 horas fue el momento elegido para la
convergencia entre parados(as) y asalariados(as). El objetivo común era
reclamar una creación real de empleo para atacar seriamente al paro y
exigir que la redución del tiempo de trabajo fuera sin reducción del poder
de compra de los trabajadores, ni intensificación de los ritmos como
consecuencia de una mayor flexibilidad en la utilización del tiempo de
trabajo.
Pero las manifestaciones del 27 de enero obtuvieron unos resultados como
mucho modestos. Una gran participación de parados, pero una débil
participación sindical. La explicación está, por una parte, en la negativa
de la CFDT y de FO a participar en cualquier acción por la reducción del
tiempo de trabajo (sólo la CGT, FSU. Grupo de los 10 con los sindicatos SUD
y la izquierda de la CFDT convocaron el día 27). Pero hay también razones
más profundas: la gran mayoría de los asalariados ve con inquietud la
reducción del tiempo de trabajo, porque  piensan que irá acompañada de una
moderación salarial y una flexibilización creciente del horario de
trabajo...Éste es, por otra parte, uno de los más importantes problemas que
tendrá que afrontar el sindicalismo de cada al futuro.
Ante esta dificultad para extender el movimiento a otros sectores, los
parados se encontraron en una situaciòn paradójica. Por una parte, el
movimiento vivió una evolución típica de declive: las reivindicaciones de
carácter general y global pasaron a segundo plano a favor de las de
carácter local: un reparto correcto del fondo de emergencia, rechazo de los
cortes de luz y de agua, transportes gratuitos en las grandes ciudades, etc.
Por otra parte, el movimiento tenía características propias. A diferencia
de un movimiento normal de trabajadores o de estudiantes, no consistía en
unos núcleos sindicales que logran agrupar a miles de personas durante una
huelga, que posteriomente volverán a su trabaj o a sus clases. Esta vez
estamos ante un movimiento de militantes al que se unieron parados(as) que
querían comprometerse a largo plazo, que disponen de  tiempo y que viven el
movimiento como el comienzo de una larga movilización.
De ahí la continuación del movimiento después de las luchas de finales de
enero y una capacidad para realizar movilizaciones muy importante: el 7 de
marzo las oganizaciones de parados pudieron movilizar en varias ciudades de
Francia un número de parados comparable al de enero.

Numerosas lecciones

Las lecciones de este movimiento son desde ahora considerables.
En primer lugar, porque sus dirigentes son los propios parados, y los más
pobres de entre ellos, los parados de larga duración, una categoría social
atomizada, a menudo despreciada y que nunca había podido hacer la prueba de
sus capacidades de acción y de movilización.
Movilizándose desde lo más bajo, los parados van a facilitar las luchas de
otros sectores sociales que el sindicalismo no suele ser capaz de
organizar, en particular a los trabajadores precarios; ya existe una
primera coordinación, aún embrionaria , de los trabajadores precarios.
Poniéndose en acción,  los parados han mostrado la degradación general de
la situación social en Francia: ésta es la otra lección esencial de la
lucha. El ascenso del paro y de la precariedad afecta ahora a todos los
niveles de la sociedad. Aunque la mayoría de los asalariados empleados
tienen aún un contrato estable (funcionarios y asalariados con jornada
completa y contrato indefinido), más del 80% de los nuevos empleos son
empleos precarios.
Esta transformación radical del trabajo respecto a la situación de épocas
pasadas se da tanto en las empresas privadas como en las públicas (Correos
emplea a 80.000 asalariados con contrato precario), en las PYME como en las
grandes empresas en las que tradicionalmente había contratación fija (por
ejemplo, en Dassault, la gran empresa de aeronáutica, conocida por sus
altos salarios incluso para los obreros, están en proceso de generalización
del contrato "de obra", en el que desaparece la idea de tiempo de trabajo
semanal).
Este aumento del trabajo atípico se acompaña de un importante crecimiento
de las desigualdades. Los salarios, y sobre todo las rentas más elevadas
vuelan hacia la cumbre, mientras que los parados y los asalariados más
pobres ven retroceder su poder de compra.
Estas procesos fragilizan a la sociedad en su conjunto y están en la base
de un sentimiento ampliamente compartido: la impresión de que el mundo no
tiene pies, ni cabeza, de que los problemas se escapan de las manos y
habría que hacer algo...
Ésta es probablemnete la raíz de la asombrosa popularidad de los
movimientos sociales en Francia: el número de huelguistas no es muy grande,
pero son apoyados masivamente por lo que los especialistas en encuestas
llaman "huelgas por delegación". Así según las encuestas,  los huelguistas
de 1995 tenían el apoyo del 55% de los franceses, el movimiento de los
parados el 70%, un poco por debajo de los camioneros que, cuando sus
bloqueos de carreteras tenían el apoyo del 74% de la población.
La tercera gran consecuencia  de este conflicto se refiere al movimiento
sindical. La brecha ya tradicional en el movimiento obrero francés  entre
los sindicatos ligados a las  luchas y a los movimientos (CGT, FSU, SUD y
el Grupo de los 10, izquierda de la CFDT) y los sindicatos que se limitan a
gestionar lo que puede serlo en el marco del neoliberalismo (mayoría de la
CFDT, CFTC, CGC) continúa siendo operativa, pero ya no es suficiente.
Efectivamente, los intereses puramente burocráticos han jugado su papel, en
particular en FO. Esta confederación, que participó en las huelgas de 1995,
no ha tenido ahora ningún papel y se ha opuesto al reconocimiento de la
representatividad de las oganizaciones de parados, por temor a ver aparecer
una  nueva competencia que la debilitara todavía más. En cuanto a la CFDT,
las cosas son un poco más complicadas que en 1995. Entonces, la CFDT
defendió el plan Juppé contra los huelguistas de los servicios
públicos...en nombre de la lucha contra las exclusiones. Ahora, cuando los
excluidos han entrado en acción, la oposición radical de la dirección de la
CFDT al movimiento de parados ha provocado numerosos chirridos: la posición
confederal ha desconcertado a muchos militantes y algunos intelectuales
aliados tradicionales de la CFDT, y que la habían apoyayado en 1995 (Alain
Touraine, Pierre Rosanvallon...)  han estado a favor de los parados.
Una de los puntos del balance exige una especial prudencia: las
consecuencias políticas del movimiento sobre las fuerzas de izquierda.
Durante su período más activo, el movimiento, tuvo el apoyo de las
organizaciones de la izquierda radical, y también de los Verdes y el PC,
que están en gobierno y cuentan con  seguir en él.
La presión principal ha caído sobe el PS  y particularmente sobre el primer
ministro Lionel Jospin: el argumento del movimiento de parados, repetido
por los Verdes y el PC, era que el movimiento podía ser una oprtunidad para
el Gobierno, si éste era capaz de escuchar las aspiraciones que se
expresaban en la calle.
El Gobierno recibió a los representantes de los parados, se aprobaron
fondos extraordinarios...pero seguimos muy lejos de lo necesario. Y los
parados no son los únicos que consideran que el Gobierno no ha respondido a
sus reivindicaciones: el nivel de popularidad de Lionel Jospin ha caído un
9% desde su última aparición en la televisión, el 21 de jujnio, cuando
rechazó claramente la principal reivindicación de los parados: el aumento
de 1.500 FF de los mínimos sociales.
Pero este rechazo no ha tenido, al menos hasta hora, consecuencias mayores
ni en los debates internos del PS, ni en la presencia en el gobierno de los
Verdes y el PC.
La dificultad para transformar en los asalariados la simpatía por el
movimiento en movilización activa explica en parte, sin duda, los límites
actuales de los efectos políticos del movimiento de parados.
En fin, una última lección: la rapidez del contagio europeo.
En Alemania se inició el movimiento un mes después de  que se hubiera
extendido en Francia.  Las formas que ha tomado allí son diferentes: una
jornada de movilización todos los meses hasta las elecciones generales que
tendrán lugar en el próximo otoño. Pero la concordancia de los movimientos
es explícita: como ocurrió después de diciembre de 1995, pero ahora mucho
más deprisa, los parados alemanes se refieren explícitamente al ejemplo
francés. Y a la vez, los parados franceses se apoyan en las fechas alemanas
para relanzar e próximo mes de Mayo sus propio movimiento (*nota: ha sido
convocada conjuntamente una acción el próximo 8 de mayo en Kehl y
Estrasburgo que puede extenderse a otras parejas de ciudades fronterizas;
además el movimiento francés enviará una amplia delegación a la jornada del
8 de septiembre en Berlín*).
Esta concordancia se explica por la redes que se han tejido estos últimos
meses, en particular cuando las marchas europeas. Pero se explica sobre
todo por el surgimiento de un "movimiento social europeo" aún embrionario,
pero que se ha desarrollado claramente a lo largo de 1997: en Bruselas en
la primavera pasada, en apoyo a los huelguistas de Renault Vilvorde; en
Junio en Amsterdan, en ocasión de la llegada de las marchas, cuando la
cumbre europea; y en otoño en Luxemburgo en la manifestación sindical
cuando la cumbre social europea.
Estos movimientos diseñan el rostro de otra Europa, una Europa social,
democrática, apoyada en movimientos sociales. Nuestro compromiso es
desarrollar esta pespectiva en los meses y años que vienen.

VIENTO SUR Nº 37
10 de marzo de 1998
Traducción: M. Romero


Recuadro

"Quien siembra la miseria recoge la rabia"
[El 17 de enero, los socióloogos Pierre Bourdieu, Frédéric Lebaron y Gérard
Maugé publicaron en Le Monde un texto para el que solicitaron firmas de
apoyo. Publicamos a continuación algunos extractos]

"Los y las que nos hemos habituado a llamar "excluidos" -provisionales,
temporales, duraderos o definitivos del mercado de trabajo- están casi
siempre excluidos también de la palabra y la acción colectiva. ¿Qué ocurre
entonces cuando tras varios años de esfuerzos aislados y aparentemente
desesperados de algunos militantes, necesariamente minoritarios, una acción
colectiva consigue finalmente romper el muro de la indiferencia mediática y
política?
En primer lugar, el ridículo agobio y el cabreo mal disimulado de algunos
profesionales de la palabra, periodistas, sindicalistas y hombres o mujeres
políticas que sólo han visto en estas manifestaciones de parados un reto
intolerable a sus intereses de capilla, a su monopolio de la palabra
autorizada sobre la "exclusión" y el "drama nacional del paro". Ante esta
movilización inesperada, estos manipuladores profesionales, estos
permanentes del plató de televisión no han sabido ver en ella más que una
"manipulación del malestar", una "operación de orinetación mediática", la
ilegitimidad de una minoría o la "ilegalidad" de las acciones pacíficas.
A continuación se produjo la extensión del movimiento y la irrupción en la
escena político-mediática de una minoría de parados movilizados: la primera
conquista del movimiento de parados es el movimiento mismo (que contribuye
a desviar del Frente Nacional a un electorado popular desorientado). El
movimiento de los parados pues, es decir, el esbozo de una organización
colectiva y las conversiones en cadena del cual esta organización es
producto y, a la vez, contribuye a producir: del aislamiento, de la
depresión, de la vergüenza, del resentimiento individual, de la venganza
hacia los chivos expiatorios...a la movilización colectiva; de la
resignación, de la pasividad, del repliegue sobre sí mismo, del
silencio...a la toma de la palabra; de la depresión a la rebelión; del
parado aislado al colectivo de parados, de la miseria a la rabia. Así el
slogan de los manifestantes ha acabado por verificarse: "Qui sème la misère
récolte la colère" (Quien siembre la miseria recoge la rabia).
(...) Este movimiento obliga a descubrir que un asalariado es un parado
virtual, que la precarización generalizada (en particular la de los
jóvenes), la inseguridad social organizada de todos los que viven bajo la
amenaza de una reestructuración, hacen de cada asalariado un parado en
potencia.
Los desalojos (de las ocupaciones) manu militari no desalojarán el
problema. Porque la causa de los parados es también la de los excluidos, de
los precarios y de los asalariados que trabajan bajo amenaza. Porque quizás
hay un momento en que el ejército de reserva de parados y de trabajadores
precarios, que condena a la sumisión a quienes han tenido la suerte
provisional de haberse librado de él, se vuelve contra los que han basado
su política (¡oh socialismo!) sobre la confianza cínica en la pasividad de
los más dominados."



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