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(ca) lasoli.cnt.cat, Secretario de Acción Criminal: SOMOS CLASE TRABAJADORA: ORGANIZACIÓN SINDICAL Y LUCHA DE CLASES

Date Fri, 1 May 2020 09:10:25 +0300


El sindicalismo revolucionario, que tuvo como precedente el asociacionismo obrero internacionalista -particularmente el de tipo bakuninista-, comenzó a desarrollarse a partir del año 1884 en Francia, año en que la legislación gala permitió la creación de sindicatos obreros. La Confédération Génerale du Travail, organización que representaba la madurez del sindicalismo revolucionario, proclamaba en la famosa Carta de Amiens (1906): "La CGT agrupa, fuera de toda escuela política, a todos los trabajadores conscientes de la lucha que hay que llevar a cabo para la desaparición del salario y del patronato. El Congreso considera que esta declaración es un reconocimiento de la lucha de clases que opone, en el terreno económico, a los trabajadores en rebeldía contra todas las formas de explotación y opresión, tanto materiales como morales, utilizadas por la clase capitalista contra la clase obrera".[1].

Un año después se creaba en tierras catalanas la organización sindical Solidaridad Obrera, que al vertebrarse en el ámbito español daría lugar a nuestra organización anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT). "Los propagandistas que hablen en nombre de Solidaridad Obrera deben colocarse siempre en el terreno de la lucha de clases, excluyendo toda tendencia política o religiosa, y procurando avivar en el proletariado el espíritu de lucha contra el capital"[2]. Para integrar esta organización obrera solamente era necesaria una etiqueta: la de trabajador, la de explotado. Evidentemente, CNT ha sido continuadora de este legado.

Suponemos que a todos los negacionistas que proclaman que la clase obrera ya no existe estas declaraciones deben parecerles profundamente desfasadas. Comúnmente se confunde el conjunto de la clase con una fracción de la misma: la que incluye obreros/as industriales. Esto explicaría parte de la confusión; utilizaremos el término clase trabajadora en lugar de obrera para clarificar este punto.[3]En este artículo ilustraremos en qué consiste el análisis de clase, qué es una concepción materialista y qué implica la lucha de clases.

UN ANÁLISIS DE CLASE: UNA CONCEPCIÓN MATERIALISTA DE LA HISTORIA

La estructura económica de una sociedad lleva implícita un cierto tipo de relaciones económicas o de producción entre los miembros que forman parte del proceso productivo.[4]El análisis clasista concibe la sociedad dividida en clases sociales atendiendo precisamente a esta cuestión. En el modo de producción capitalista[5]tenemos dos figuras antagónicas: por una parte, la clase trabajadora, que tiene que vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario; por la otra tenemos a la clase capitalista, que posee los medios de producción y puede disponer de esa fuerza de trabajo, existiendo así una dominación masiva sobre la clase trabajadora, con la consiguiente explotación resultante. Como decíamos anteriormente no sólo obreros/as industriales como mecánicos/as son clase trabajadora sino también teleoperadores/as, enfermeros/as, etc., es decir, cualquier persona que solamente disponga de su fuerza de trabajo y esté obligada a venderla.

Además de estas relaciones de producción tenemos otro elemento característico de la estructura económica de una sociedad: las fuerzas productivas, elementos del proceso de trabajo considerados desde el punto de vista de su potencialidad productiva. La fuerza de trabajo y los medios de producción (materias primas, máquinas, fábricas, etc.) constituyen fuerzas productivas. La importancia de los últimos es clave: la introducción de la máquina, por ejemplo, determinó el paso de la manufactura a la gran industria. Frecuentemente las relaciones de producción quedan rezagadas respecto al desarrollo de las fuerzas productivas, convirtiéndose en un lastre para el desarrollo de estas últimas. Actualmente en el capitalismo, ocurre que la propiedad privada de los medios de producción, que contrasta con el carácter cada vez más socializado del proceso de trabajo, constituye una traba para el desarrollo económico y social. El ejemplo más claro es el estado lamentable de ciertos servicios públicos tras su privatización: la sanidad es un ejemplo paradigmático, y la pandemia de COVID-19 ha traído el problema a la palestra.

Todo lo anteriormente comentado formaría parte de la concepción materialista de la historia, que concede a las condiciones materiales -particularmente en lo que atañe a la producción- un papel clave en el desarrollo histórico. Desde esta óptica se considera que la estructura político-jurídica (Estado, derecho) y la estructura ideológico-cultural (ideologías, costumbres) son superestructuras dependen en última instancia de la estructura económica o infraestructura. No obstante, se ha reducido esto a simple economicismo, pero no es cierto que desde esta óptica se niegue la importancia de otros factores. Sea como sea, esta visión, que es característica del marxismo vinculando a la figura de Karl Marx y Friedrich Engels, aunque no limitada a éste, sostiene que "la historia de las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases".[6]Dicho de otra manera: el motor de la historia sería la lucha de clases. El sindicalismo revolucionario (incluyendo el anarcosindicalismo), que se diferenciaba de los postulados marxistas fundamentalmente en su rechazo de la toma del poder político (maquinaria estatal) como parte de su estrategia, también adoptó en su gran parte esta perspectiva. Para que actualmente se potencie esta lucha es preciso que la clase trabajadora, atendiendo a sus propios intereses, desarrolle una conciencia de clase. Esto es lo que intentamos día a día en nuestro quehacer sindical: hacer despertar esa conciencia, y alimentar la lucha de clases.

UN ANÁLISIS DE CLASE: SINDICALISMO REVOLUCIONARIO / ANARCOSINDICALISMO

Los Sindicatos de Oficio fueron durante el primer período de CNT la estructura orgánica básica, agrupando a los obreros del mismo oficio -por ejemplo, albañiles- que se encontraban en una misma localidad.[7]Aunque la estructura federativa de base territorial o geográfica (Federaciones Locales, Confederaciones Regionales y CNT) funcionó desde el primer momento, la estructura federativa de base profesional, conocida como Federaciones de Oficio, nunca llegó a implantarse con éxito, sobre todo en el ámbito nacional.[8]Desde ciertos grupos intransigentes, que pretendían ser únicos representantes del anarquismo, se criticó cualquier intento de organización en el ámbito profesional, calificándolos de corporativismo o autoritarismo. No obstante, acabaron triunfando los Sindicatos Únicos de Ramo o Industria, que reunían a diferentes oficios, adaptándose así a las necesidades del desarrollo industrial. Carecía de sentido tener sindicatos de oficio de albañiles, carpinteros, pintores, etc., pudiendo tener un sindicato único de la construcción. Los sindicatos únicos de industria permitirían abarcar todos los oficios implicados en un determinado proceso productivo: desde obtener la materia prima, pasando por la elaboración de un producto, hasta llegar a su distribución comercial. El Sindicato Único de Gas, Agua y Electricidad (1917), el primero de este tipo en crearse, y su efectividad durante la huelga de la Canadiense (1919) demostró lo acertado de esta estrategia para combatir a la patronal.

Hubo quienes no obstante quedaron anclados en el modelo de sociedades de resistencia propio del siglo XIX. Diego Abad de Santillán y Emilio López Arango, por ejemplo, consideraban que las sociedades de resistencia eran una forma menos autoritaria de organización. Criticaron la "supuesta prevalencia del factor económico sobre las causas morales que determinan la esclavitud de los pueblos". Decían mostrarse contrario a las "innovaciones de tipo marxista". "El alegato de que las ‘necesidades' imponen estas nuevas formas orgánicas al sindicalismo, es una superchería que sólo pueden sostener y aceptar los ‘materialistas históricos'". Criticaban que la organización sindicalista promovida por el sindicalismo revolucionario y el anarcosindicalismo se basara en el principio de centralización industrial, o que debiera adaptarse al desarrollo industrial copiando las formas exteriores del capitalismo. Según ellos se pretendía subordinar las ideas anarquistas al medio económico. "Quiere decir, pues, que el sindicalismo, empleando los medios que ofrece la organización capitalista y únicamente inspirado por la lucha de clases, persigue como fin el establecimiento de una organización capitalista dirigida por los trabajadores".[9]

Lamentablemente el lastre de ciertos análisis impidió que por ejemplo propuestas como la realizada por Eleuterio Quintanilla de constituir Federaciones Nacionales de Industria se concretaran en un primer momento (no sería hasta la década de los años treinta). En el voto particular presentado por Quintanilla ante la ponencia que abordaba cuestiones de organización obrera defendía desde una óptica materialista que "El movimiento obrero sigue como la sombra al cuerpo, a través de la historia, estos cambios de los modos de producción. El medio económico aparece así determinando inflexiblemente las características de la organización proletaria.[...]La era del "trust", de los "cartels" de producción, de las empresas gigantescas, en todos los órdenes de los negocios, había de caracterizarse fatalmente por un organismo proletario equivalente: el gran Sindicato de ramo o industria, hoy guardián de los fueros del trabajo y organizador mañana de la producción, de la distribución y el consumo.[...]Pero así como el Sindicato de industria es la expresión moderna de la máxima potencialidad defensiva y ofensiva de la organización obrera en cada localidad y para cada industria o ramo, la Federación de esta clase de Sindicatos (Federaciones nacionales de industria) constituye su complemento natural en cada nación para el ramo o industria respectivos. Para los problemas locales del ramo hay el instrumento del Sindicato de industria; para los problemas nacionales del mismo ramo ha de existir su correspondiente instrumento: éste no puede ser otro que la Federación nacional de los Sindicatos de la misma industria."[10]

CONCLUSIÓN

Un análisis basado en las condiciones materiales, alejado de disquisiciones idealistas vacías o soluciones dogmáticas, debería orientarnos en la senda a seguir en los próximos años. Se avecina una crisis económica sin parangón derivada de la pandemia COVID-19, por lo que una organización sindical estable, con una línea estratégica clara, disciplinada, potente y que presente a la sociedad una alternativa social clara es más necesaria que nunca. Nuestra estructura orgánica debe adaptarse a la realidad productiva para combatir a la clase capitalista con los medios que resulten más efectivos. En este sentido simplemente me limitaré a lanzar varias cuestiones al aire para incitar a la reflexión.

En primer lugar, si el tejido empresarial se centra en ciudades concretas como Barcelona podríamos plantearnos si en lugar de tener muchos sindicatos dispersos por localidad no tendría más sentido un único sindicato provincial, o alguna otra fórmula que permita adaptarse a la concentración capitalista. En segundo lugar, vista la gran cantidad de iniciativas como los sindicatos de barrio o pequeños sindicatos corporativos (Kellys, Riggers, etc.), que recuerdan a formas orgánicas ya superadas hace un siglo (sindicatos de oficios barriales, la existencia de los mismos sindicatos de oficio, etc), aunque podamos apoyar puntualmente estas iniciativas, deberíamos tener una postura muy clara favorable a una organización conjunta de la clase trabajadora lejos de la dispersión de las iniciativas localistas o corporativas. Algunas otras cuestiones que debemos abordar son la rotación por sectores (lo que hace difícil constituir algunos sindicatos únicos de ramo o industria), la temporalidad en la contratación, la realidad que se va a imponer del teletrabajo, las consecuencias que tendrá la crisis para la clase trabajadora... Vienen muchos retos por delante que debemos analizar desde una óptica abierta sin caer en dogmatismos pero sin tampoco renunciar a nuestra radicalidad.

NOTAS

[1]Bar, A. (1981). La CNT en los años rojos: del sindicalismo revolucionario al anarcosindicalismo (1919-1926). Akal: Madrid, p. 55.

[2]Ibid. p, 123.

[3]Uno de los vicios heredados del postmodernismo es la exagerada importancia que se le dan a las formas en el lenguaje, creyendo que por modificar simplemente nuestra forma de expresarnos la realidad cambia instantáneamente. Existe cierta mística lingüística. Derrida es el mejor ejemplo de esta tendencia. ---- [4]Esta concepción materialista de la historia, posteriormente llamada materialismo histórico, la podemos encontrar desarrollada de forma incipiente en la obra de Karl Marx y Friedrich Engels. Está particularmente sintetizada en el Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política (1859), desarrollada igualmente en libros como La ideología alemana (1846), La miseria de la filosofía (1847) o Manifiesto del partido comunista (1848).

[5]Los modos de producción son fases históricas del desarrollo de la producción. Podemos hablar del modo de producción esclavista, modo de producción feudal y modo de producción capitalista, por ejemplificar una de las clasificaciones más recurridas.

[6]Marx, K., Engels, F. (2011). Manifiesto del Partido Comunista. Centro de Estudios Socialistas de Karl Marx: Méjico, p. 30.

[7]Es preciso señalar que antes de conseguir organizarse por localidad también existieron más de un sindicato del mismo oficio por localidad. Los albañiles, por ejemplo, llegaron a tener siete sindicatos de barrio en la ciudad de Barcelona. Solidaridad Obrera (1907-1910) también se había organizado según este modelo, que heredó CNT.

[8]A diferencia del sindicalismo revolucionario francés, donde estas federaciones sí tuvieron un papel clave. Pero en CNT las pocas Federaciones Nacionales de Oficio que se crearon no tuvieron un largo recorrido.

[9]López Arango, E., Abad de Santillán, D. (2014). El anarquismo en el movimiento obrero. ¡Libertad!: Buenos Aires, pp. 32-37.

[10]Quintanilla, E. (1919). II Congreso de la CNT. Celebrado en Madrid del 10 al 18 de diciembre de 1919. Fuente: https://www.cntvalladolid.es/media/pdf/congresosCNT/IIcongreso.pdf, p. 4-5

https://lasoli.cnt.cat/2020/04/25/opinio-som-classe-treballadora-organitzacio-sindical-i-lluita-de-classes/
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