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(ca) lasoli cnt cat: LA BATALLA POR LA VIVIENDA: POR UN MOVIMIENTO POPULAR

Date Thu, 14 Sep 2017 08:05:42 +0300


"Todas las organizaciones somos potencia". Movimiento de Pobladores Ukamau, un ejemplo de Movimiento Popular en el ámbito de la Vivienda en Chile. ---- Respuesta al artículo publicado hace unos días en Solidaridad Obrera, "A los grupos de vivienda de Barcelona" . ---- Aitor Terradelles , miembro de la Comisión de Vivienda de la Asamblea de Vallcarca y militante de Embat. ---- Lucas Vidal , de la Oficina de Vivienda de Gracia y militante de Embat. ---- Últimamente, en un artículo publicado en la misma Soli, Se abordan diversas temáticas relacionadas con la lucha por la vivienda en Barcelona. Antes de abordar el debate hay que dejar claro hasta qué punto partimos de un contexto de extrema gravedad y debilidad. Las viviendas, los barrios, el tejido comercial, el espacio público y un largo etcétera de elementos que configuran la vida en común en nuestra ciudad están siendo sujetos de un feroz proceso de acumulación por desposesión, enmarcado territorialmente, por parte de una amalgama sumamente compleja y poderosa de inversores extranjeros, rentistas, bancos, inmobiliarias, fondos buitres y propietarios en general que ven el momento perfecto para capitalizar el valor de sus viviendas.

La legislación en materia de vivienda que principalmente emana de la LAU, no sólo es nefasta, favorece este proceso. La correlación de fuerzas parlamentarias tanto en el Ayuntamiento, el Parlamento como en el Congreso de diputados no parecen favorables para hacer un gran cambio legislativo. Las grandes organizaciones de la clase trabajadora nunca se han adaptado a estos procesos de acumulación que se dan fuera del marco estrictamente laboral, como el que se da a través del mecanismo de la deuda o el alquiler. Hace ya más de 7 años, de donde prácticamente no existía ningún elemento de respuesta colectiva, nació una de las experiencias de autoorganización popular más importantes de las últimas décadas: La Plataforma de Afectados por la Hipoteca ( PAH).

La PAH, tras varios años de trayectoria, con especificidades más o menos satisfactorias y autogestionarias según la ciudad o pueblo donde se haya desarrollado, a día de hoy se ve acompañada de una constelación de grupos, sindicatos y asambleas que dan la cara en esta batalla por la vivienda en Barcelona. Somos muchos -masses- colectivos, a menudo con prácticas informales, con concepciones políticas diferentes, con vínculos laxas y puntuales, con ninguna estrategia ni objetivo comunes claros y compartidos. A esto podemos sumar el hecho de que muchas participantes de estos grupos tienen muchos otros proyectos donde nos dejamos las horas, las fuerzas y el dinero. Por lo tanto, creemos que debemos ser extremadamente estratégicos y benevolentes con las fuerzas que nos son más cercanas para poder llegar a la centralidad del tablero (entendemos que el debate en marcha por el artículo de Bannock tiene como núcleo este objetivo ), así como ser capaces de ahorrar fuerzas de manera inútil. Los grupos de vivienda tienen una necesidad de presencia mediática, de apoyo jurídico y de base económica que, ahora mismo, no tienen. Es decir, hasta ahora cada uno va haciendo y de vez en cuando nos encontramos para detener desahucios o para manifestarse de una manera u otra. Es más, parece que encima nos perdemos perfilando "facciones" imaginarias en base a conceptos propios de otras épocas que ya no tienen ningún valor descriptivo - "facción democrática", "coordenadas insurreccionales" - y metiendo en un mismo "bloque granítico" , con intenciones casi conspiratorias, a un Ayuntamiento, una ONG, dos movimientos sociales autoorganizados y un proyecto incipiente de organización inquilina. Análisis con pocos matices, de brocha gorda y que no concuerda en bastantes aspectos con la realidad, evidentemente más compleja. De hecho, el centro de gravedad del debate ha perdido tanto el norte que no se centra en cómo nos organizamos más y mejor contra los que nos roban la ciudad, sino en base a que se delimita el nosotros y ellos dentro de los mismos movimientos sociales, ya de por sí insuficientemente preparados y en número como para hacer frente al enorme tarea que tenemos por delante. La construcción artificial de estas "facciones" es tan forzada, que se hablan de casos que demuestran precisamente lo contrario. El compañero, en su artículo, habla de la manifestación del 10 de Junio como movilización de los Comunes. Las personas presentes en las asambleas preparatorias, recordarán como una representante de los Comunes, en una actitud lamentable, pidió cambio de fecha fijada desde hace meses porque coincidía con unas jornadas internacionales organizadas por el Ayuntamiento y cómo se les negó, y por supuesto, no hacer caso.

Hay que organizar pensando en el medio-largo plazo y tenemos que hacerlo ya. Es evidente, que debido a las diferentes estrategias, concepciones de la organización, de la autonomía, discursivas y un largo etcétera que se suman a rencores y desconfianzas (algunas cargadas de razón) no se puede hacer bajo una misma organización. La apuesta por un modelo con liberados, por ejemplo, ya ha demostrado sus límites y problemáticas, aunque se puede justificar en cierta medida si la organización se constituye en un verdadero encuadre popular de masas. Existen sin embargo, las bases para construir una propuesta de mínimos que nos debe ayudar a conformar un verdadero movimiento popular descentralizado y autónomo en su praxis cotidiana y sumamente granítico, sólido y unitario, al mismo tiempo, cuando la estrategia común así lo dicte. El debate sin embargo, nunca será completo si estas fuerzas y organizaciones de las que hablamos no entran en el mismo debate, o las invitamos.

No nos sirve ningún movimiento atomizado, informal, ni "insurreccional": hay un sindicalismo barrial de masas fuertemente organizado y heterogéneo con capacidad de incidencia social. Abandonamos los posicionamientos moralistas y ideologizados, construimos los objetivos compartidos y la unidad de acción desde la frialdad puramente estratégica que nos impone la cruda realidad material. Establecer una dialéctica entre acción directa y conquistas "legalistas" incrementales. Practicamos el mestizaje organizativo. Seamos del grupo de vivienda del barrio y afiliamos seleccionados al Sindicato de Inquilinos al mismo tiempo. Reforzamos la base y la conflictividad del Sindicato de Inquilinos, mantengamos nuestros grupos coordinados. Pensamos en nuevos repertorios de acción colectiva para torpedear, en todas sus fases, el proceso elitizador en los barrios que sufren la gentrificación y reforzamos la colaboración con aquellos barrios que sufren otras formas de despojo en su desarrollo urbano. Construimos la hoja de ruta a medio-largo plazo que tenemos que seguir colectivamente, los 5 puntos "programáticos" de mínimos con los que absolutamente todas las organizaciones podremos golpear juntas. Desafortunadamente, esto, que sería de sentido común a otras latitudes, suena naif e imposible en el contexto barcelonés actual. El hecho de que la concejala de Ciutat Vella tenga que pedir por twitter ayuda a la ciudadanía para detener desahucios, no es ninguna prueba de subalternidad hacia el Ayuntamiento. Es la muestra fehaciente de los límites que tiene la acción político-social desde la administración, incapaces de ni siquiera detener por sí solos una parte muy importante de los desahucios. Es la muestra de que la batalla por Barcelona recae sobre las espaldas de los grupos y movimientos sociales vinculados a la vivienda, que aún están por constituirse en un movimiento popular barcelonés para la vivienda. Dentro de este campo heterogéneo, veo personas con las que no estoy de acuerdo, que a veces hace cosas de las que no apruebo, pero nunca veré ni un adversario ni un enemigo. El enemigo es otro y su poder mujer vértigo.

http://lasoli.cnt.cat/10/09/2017/batalla-lhabitatge-moviment-popular/
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