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(ca) IFA - tierra y libertad #336: Las fuentes para la financiación de,la renta básica universal

Date Wed, 27 Jul 2016 13:15:01 +0300


No parece que se pueda esperar que las autoridades gubernamentales y monetarias nacionales e internacionales, y los economistas ortodoxos estén dispuestos a aceptar, ni siquiera a tomar en consideración, la posibilidad de introducir una innovación como la representada por la renta básica universal. En la mejor de las hipótesis, cuando no descalificasen esta propuesta como utopía política o económica, o "pasota" y populista, objetarían su imposibilidad de realización en la práctica por no disponer de los recursos que su implantación requeriría. ---- Esto sucede por el hecho de que no toman mínimamente en consideración la posibilidad de destinar medios recurrentes de las clases negociantes y financieras dominantes, a través de la aplicación de impuestos sobre los grandes patrimonios acumulados e incrementados antes, durante y después del estallido de la segunda gran crisis. Se trataría indudablemente de una gran acumulación de medios no destinada directamente a incrementar las inversiones en actividades productivas y la creación de empleo; sin embargo liberaría a cantidades cada vez mayores de la humanidad de la esclavitud del trabajo alienado y permitiría la conquista del tiempo de vida y de los recursos sustraídos al libre ejercicio de la creatividad y de la imaginación.
Para impedir esto ha obrado la locura y el carácter demencial de las instituciones del capitalismo moderno y la naturaleza suicida de su modo de funcionamiento, perpetuación y reproducción en las cambiantes condiciones de los siglos XX y XXI.

Digamos que indirectamente se alcanzaría el resultado de la expansión de las actividades productivas y del incremento del índice de ocupación. Por otra parte, una medida como la expuesta no constituiría propiamente un incremento de la presión fiscal, sino una verdadera expropiación, una confiscación de los bienes en gran parte acumulados a través del ejercicio de actividades depredadoras enmarcadas en la creación de burbujas financieras, crediticias, inmobiliarias, de las materias primas y de otro género.
La formación y la expansión de tales burbujas, por extraño que pueda parecer, vienen consentidas y animadas por las decisiones de las autoridades gubernamentales y monetarias, a través de rescates, incentivos y desgravaciones, y con la emisión de volúmenes estratosféricos de dinero líquido, todo ello, obviamente, a expensas del contribuyente, ahorradores y trabajadores. Por otro lado, es notorio que las autoridades gubernamentales y monetarias de los principales países capitalistas han considerado afrontar las consecuencias de la crisis generada por la explosión de la maxi-burbuja inmobiliaria y crediticia estadounidense, estableciendo las premisas para la formación de nuevas burbujas, a través de la emisión de inmensos volúmenes de dinero a tasas reducidas o incluso nulas.

Se ha dicho que, en la práctica, han combatido la enfermedad reforzando el agente patógeno. Sobre todo, su acción ha permitido a los operadores financieros y a los especuladores, no por casualidad directa o indirectamente responsables de la génesis de la gran crisis, continuar enriqueciéndose desaforadamente siempre a expensas y en perjuicio de los contribuyentes, ahorradores y trabajadores.

Parece justo y oportuno que tales ingentes patrimonios acumulados sin fundamentos económicos reales, a través de la mera sustracción de recursos de las comunidades nacionales y violando las reglas mismas del capitalismo, sean restituidos para que se inviertan a favor de los esquilmados.

Por otro lado, no se puede ocultar que una parte indeterminada pero realmente considerable de los grandes patrimonios acumulados se ha formado por efecto de actividades ilegales, como la corrupción, la evasión fiscal y el ejercicio de actividades delictivas de forma más o menos organizada. Se trata claramente de actividades con altísimo rendimiento, cuyos frutos en gran parte circulan fuera de los circuitos legales y a menudo y con gusto toman el camino de los denominados paraísos fiscales, para volver limpios y reciclados, y en modo alguno sancionados, para ser reinvertidos en los países de origen.

Sería poco menos que superfluo mencionar que los ingentes capitales acumulados con las varias formas de ilegalidad se han formado a expensas de los contribuyentes, ahorradores y trabajadores, que han pagado en términos de imposiciones fiscales, aumentos de la deuda pública y la relativa carga de intereses, menores retribuciones y pérdida de puestos de trabajo.

También resulta superfluo subrayar cómo todo esto constituye posteriormente una justificación notable del recurso al impuesto sobre los grandes patrimonios.
Más en general, la aplicación de medidas de naturaleza expropiatoria se justifica con la necesidad de hacer salir a las sociedades humanas y al mismo capitalismo de la situación de peligroso compás de espera en la que están encerrados, por la ahora más que nunca evidente problemática de ulteriores expansiones físicas.

La naturaleza intrínsecamente agresiva de las instituciones capitalistas, una vez obtenido en la práctica el dominio del planeta entero, no puede más que revolverse contra el capitalismo, y podríamos tal vez afirmar que ha comenzado a hacerlo sobre todo a partir de la primera globalización y de sus éxitos, es decir, desde la Primera Guerra Mundial.

Cada vez de forma más evidente, se han ido negando los principios fundamentales a través de un creciente uso dilapidador, destructivo e irracional de los recursos disponibles y, sobre todo, se han relajado e impedido la investigación y la puesta en práctica de soluciones realmente idóneas para ampliar las perspectivas, no solo de progreso civil sino también de desarrollo económico y de oportunidades de beneficio.

Iniciativas como el impuesto sobre los grandes patrimonios y la renta básica universal tendrían a fin de cuentas como resultado salvar al capitalismo de los capitalistas y de sus excesos, y perpetuarlo y reforzarlo a través de reformas e innovaciones institucionales adecuadas a los cambios de condiciones acaecidos a través del tiempo.
Por lo demás, expropiar, recoger donde no se ha sembrado, coger más de lo que se da, son los fundamentos del capitalismo desde sus más lejanos orígenes, aparte de la conocida subida al poder del capitalismo moderno y de las clases negociantes y financieras en detrimento de las clases aristocráticas y de las menos habientes.

Ya es hora de darse cuenta de que el cambio en las condiciones históricas requiere que sean los propios capitalistas quienes sufran la expropiación, sobre todo en interés del capitalismo.

Francesco Mancini

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/336articulo6.html
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