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(ca) Europa, donde vas By Embat - Artículos para el debate

Date Fri, 8 Jul 2016 10:28:18 +0300


Un repaso sobre cómo se ha articulado sociopolíticamente el continente europeo en las últimas décadas. Artículo de Miguel Gómez, militante de Embat. ---- En los últimos años del siglo XXI se nos está sometiendo, tanto en el planeta como las personas que vivimos, a una gran presión. En algunos momentos da la sensación de que la sociedad está siguiendo un camino que nos lleva directamente al colapso. Colapso ecológico, colapso alimentario, colapso económico y también colapso social. ---- En Europa, los atentados de París y Bruselas nos hablan de una sociedad rota, cada día más polarizada entre extremistas islamistas y una extrema derecha en pleno auge ante la falta de una reacción por parte de la izquierda frente a los grandes problemas que aquejan al mundo.

En el planeta, la economía se encuentra en una situación de recesión provocada por una crisis doble, el económico-fininancera y la energética que se retroalimentando. Estas crisis sucesivas provocan graves consecuencias sociales y ecológicas. Además, la depredación planetaria ha llegado a su punto culminante en cuanto al uso del suelo, del agua, la deforestación, la utilización masiva de los recursos y eventualmente el cambio del clima.

Otro punto de análisis es el impacto de la política exterior de Estados Unidos en la política internacional Europea. Esta situación de sumisión, ha provocado en parte asumir situaciones de gran gravedad como el enfontament económico con Rusia o la actual "crisis de los refugiados".

El objetivo de este análisis es demostrar que las únicas soluciones para evitar la gran amenaza que se cierne sobre nuestras vidas pasan par atacar la raíz de los problemas, que no son otros que el capitalismo y el imperialismo. La causa finalista de nuestros problemas contemporáneos radican en la forma que se han configurado nuestras sociedades.

Como se ha construido la nueva Europa

La Europa de nuestro tiempo es el producto de una larga construcción social que comenzó en los años 50, en plena guerra fría. En aquellos años se forjaron las bases sobre las que se regirán los países del Mercado Común Europeo, que fue la fórmula para conseguir que los estados enemistados durante la Segunda Guerra Mundial (Francia y Alemania) empezaran a colaborar.

En ese momento, sin embargo, Europa no era más que una alianza entre productores de mercancías, bienes y servicios. La Europa de los mercaderes. Evidentemente, en un mundo de grandes bloques propios de la Guerra Fría era necesario un peso propio para poder ser tomado en consideración. Europa vivía sometida a la política imperialista de los Estados Unidos, que luchaba contra otra gran imperialismo, el de la Unión Soviética, que tenía sometida a la otra mitad del continente.

La Europa de nuestros días es, sobre todo, un producto del liberalismo económico. Para ser precisos, del neoliberalismo. No se entiende la actual Unión Europea sin la imparable ofensiva neoliberal de los años 70 y 80, además del hecho de formar parte del bloque geopolítico liderado por los Estados Unidos.

Contextualizando esta ofensiva neoliberal, calificada por algunos como "revolución" y otros como "contrarrevolución", deberíamos comprender la situación. Los Estados Unidos estaban luchando en Vietnam. La resistencia del pueblo vietnamita contra las tropas estadounidenses provocó que Estados Unidos se sobreendeutassin desmesuradamente, y para poder pagar la guerra imprimió una gran cantidad de dólares. Como consecuencia, la inflación en los países del bloque Occidental creció (dada la situación de centralidad del dólar en la relación con el resto de monedas).

En 1973, Arabia Saudí y otros países del Golfo de Persia subieron unilateralmente el precio de los carburantes. Este aumento de los precios de los combustibles golpeó de lleno la economía mundial. Es lo que se conoce como la crisis del petróleo.

Finalmente, para caracterizar la época, los años 60 abrieron al mundo una puerta de esperanza de cambios revolucionarios. La generación que nació en la posguerra mundial llegaba a la madurez y lo hacía de una manera ruidosa. Animada por la revolución cubana, los movimientos guerrilleros latinoamericanos, la descolonización de los países africanos (algunos de los cuales vivieron períodos revolucionarios), la lucha del pueblo palestino, la revolución cultural china y sobre todo la guerra de Vietnam (donde el pez pequeño se comía el grande), esa generación se vio impulsada a tomar el cielo por asalto.

Se ha calificado a la época que aproximadamente 1965 a 1980 (y especialmente de 1968 a 1977) como "el gran salto" o como "la segunda oleada proletaria". El caso es que Europa vivió el auge de las ideas revolucionarias de izquierdas y se vivieron gran luchas obreras y estudiantiles por todo el continente. Todo el mundo conoce el Mayo del 68 en Francia o la Primavera de Praga. La revolución de los claveles portuguesa o 77 italiano marcaron también la época donde parecía que se podía conseguir una transformación social profunda.

Inevitablemente, al igual como en otros procesos en los que no se gana, se pierde. Los poderes fácticos (y no fácticos también) actuaron de una forma decidida por mantener el control de la situación. Si en Latinoamérica se dieron golpes de estado y se recurrió al exterminio físico de la izquierda, en Europa se recorrieron de una manera más sutil a los servicios secretos y por otro lado el fantasma de la extrema derecha . El capitalismo logró sobreponerse tanto a la crisis como las oleadas de la izquierda revolucionaria ya la aparición de los movimientos de liberación nacional.
Pero lo que contribuyó más decisivamente a los movimientos revolucionarios, no fue otra cosa que la negativa de la izquierda de apostar por el socialismo. Es lo que permitió el apuntalamiento del capitalismo. La Unión Soviética tampoco movió un dedo para atraer ningún país nuevo de Europa. Se encontraba en la cómoda política de bloques. Cómodo o atemorizada por la amenaza de los Estados Unidos de desencadenar una guerra atómica. En resumen, la derecha, que a finales de los 70 preparó su propio "gran asalto", tomó buena nota de esta reacción tan "responsable" de las izquierdas europeas.

Las crisis económicas del 73 y 79 (producida por la revolución islámica en Irán) produjeron un aumento considerable del paro en Europa. A pesar de los que anunciaban que el paro era un peligro para la seguridad pública y que es constituía un "ejército" proletario en potencia, el paro masivo provocaba un auténtico pánico a las familias obreras. Tener un millón de parados garantía de que al menos otro millón viviría at1emorida para perder su trabajo.

El ascenso al poder de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos cambió el mundo para siempre. Se encontraron con una izquierda desarmada, dividida y sin capacidad de reacción. Ambos líderes capitanear el asalto más grande de la historia contra las condiciones de vida de la clase trabajadora. Sus políticas se basaban en la liberalización de la economía, el desmantelamiento de la industria y su externalización en Asia, en la terciarización y en la destrucción definitiva del poder sindical. Los mantras repetidos hasta la saciedad eran la flexibilidad laboral, la bajada de impuestos, el fomento de la clase media, gana competitividad y privatizar el sector público.

Los sindicatos británicos habían ganado una batalla en 1974, con la derrota del gobierno conservador de Heath. Thatcher devolvió el golpe con la victoria electoral en 1979 y en 1984 los derrotó definitivamente a la huelga de la minería. No estamos hablando de sindicatos revolucionarios, sino de sindicatos afines al laborismo que defendían una economía orientada a garantizar el bienestar de la mayoría de la población. Esto, sin embargo, parecía inasumibles para las élites.

El ondeada conservadora se extendió a toda Europa occidental en los años 80. Incluso la socialdemocracia que se encontraba en el poder (François Miterrand, Felipe González) la fue adaptando como propia. Era el signo de los tiempos. Cuando en 1989 cayó el muro de Berlín, y más adelante se desintegró la Unión Soviética, parecía casi una señal divina que dictaba que el único camino viable era el liberalismo salvaje.

Evidentemente, la Unión Europea se fundó bajo estos parámetros. Se fomentó la libre circulación del capital, el crédito fácil y también (como medida positiva), la libre circulación de las personas de la Unión. El colofón de este proceso fue el nacimiento del Euro, la moneda europea transnacional.

En definitiva, esta situación provocó un gran cambio en la vida de las poblaciones y las barriadas obreras de Europa. El paro masivo para la destrucción de la industria provocó una crisis de identidad de la clase obrera. La fábrica, los astilleros o la mina era la seña de identidad de muchas ciudades y pueblos. Su cierre provocó el desánimo y la falta de perspectivas. Así creció una nueva clase que vivía de los subsidios, de las ayudas gubernamentales o que vivían de la economía sumergida, ya que el sector servicios (basado en trabajo temporal) que venía a sustituir a los puestos de trabajo que se habían eliminado con el cierre de las empresas principales (puestos de trabajo estables, sindicalizado y por tanto bien pagado) no era capaz de asumir toda la fuerza laboral que sobraba. En este contexto, proliferaron las drogas, la depresión y una población que vivió a partir de aquellos momentos en la pasividad y el desánimo.

La consecuencia de todo este proceso largo ha sido la destrucción de los vínculos comunitarios que había creado la clase trabajadora durante el largo periodo anterior. La fuga de la burguesía del centro de las ciudades para instalarse en urbanizaciones periféricas y la droga y marginalidad dejó estas zonas vacías, degradadas y envejecidas. El envejecimiento de la población no es causa del liberalismo sino debido al reajuste social proveniente de la generación del "baby-boom" (la gran expansión geográfica de los años 50 y 60) que llegó a la madurez y no quiso ni pudo seguir los pasos de sus padres. Sus familias eran más pequeñas y, a menudo, monoparentales. La aparición de la pílodra abortiva, los anticonceptivos y los primeros casos de aborto legal produjeron un control de natalidad que ayudó a tener familias más pequeñas. Pero también permitió el envejecimiento de la población europea que poca a poco fue invirtiendo la pirámide de población. La única manera de rever esta tendencia fue a través de la migración de trabajadores extranjeros y de sus familias, más prolíficas que las europeas.

Pero esta llegada masiva de personas de otros orígenes culturales irremediablemente iban a afectar a la composición social de los barrios obreros, donde se instalaron mayoritariamente. En algunos países, como Francia, fueron colocados en barrios-ghetto. En altas países se evitó esta situación instalándose en barrios obreros o de clase media. De todos modos, la izquierda tradicional se dedicó a intentar integrar a estas nuevas poblaciones en las sociedades occidentales a través de una política social del multiculturalismo, integrando la cultura foránea a la nuestra y creando una nueva cultura, producto de las fusiones, algo que en realidad no fue mala idea.

La parte negativa es que la aparición de este multiculturalismo estaba producido de forma paralela a una humillación y degradación mediática de la clase trabajadora local. Se la presentaba como una población de borrachos, pandilleros, violentos, vagos y aprovechados del estado del bienestar. Ignoraba el hecho de que si vivían en parte de los subsidios era porque se había desindustrializa el país. Además, se presentaban casos excepcionales de comportamiento antisocial como si fueran la norma entre la juventud obrera (desde las subculturas quinquis a la de los canis, pasando por la ruta del Bakalao, el tunning, el reggaeton. También proliferan los programas de TV que sacan lo peor de las personas de clase trabajadora caricaturizándola las y humillante-las, programas como Gran Hermano, Aida, Hermano Mayor, Gandía Shore ...). El proceso era culpabilizar al individuo de sus condiciones vitales. Por el otro lado, a ensalzar la figura de los "emprendedores", los nuevos triunfadores de la sociedad. Se estaba provocando el hecho de que nadie quisiera formar parte de una clase obrera que se equiparaba a ser pobre, antisocial o marginal. A partir de ese momento la mayoría de población se consideraba de clase media, aunque estuviera trabajando en la obra.

Alzaba el hecho de que la inmigración trabajara más intensamente que la población local. Era el discurso de los explotadores capitalistas locales que utilizaban la mano de obra de inmigrantes para reducir los derechos laborales o para saltarse directamente las regulaciones laborales. Son este tipo de agravios comparativos los que producen un resentimiento latente en la sociedad.

Es decir, se derrota a la clase obrera a los 80, se mina definitivamente sus derechos a los 90, se provoca la destrucción de los vínculos comunitarios (sindicatos, asociaciones, vida en las calles ...), que a su vez ayuda a la promoción de la individualismo desde los medios de comunicación ya la cultura popular. En los años 2000 llega una inmigración masiva que algunos capitalistas veían como una bendición necesaria.

Otro cuestión a tener en cuenta son los procesos de gentrificación. Una vez los barrios estaban totalmente degradados, se iban reconstruyendo sobre otras bases. Se creaba un centro cultural o un edificio emblemático. Se introducía el turismo en el barrio y con ellos los hoteles. O bien se ponía de moda un barrio entre estratos de gente joven, profesionales, etc y los alquileres empezaban a subir y más adelante entre el turismo de masas. Es el caso de muchos barrios obreros de los centros de las ciudades que se vieron afectados por este procesos que ante el encarecimiento y la revalorización de la vivienda, muchas familias se vieron expulsadas ante la incapacidad de afrontar sus facturas.

El tema del turismo es especialmente interesante. Se produce a partir de la explotación del sentimiento de pertenencia a la clase media. Como tal, una persona tiene su derecho a viajar. Y con la llegada de los viajes bajo coste las masas de turistas llegaron a las ciudades cuando antes sólo iban a las playas. El turismo ha cambiado la fisonomía de motas ciudades y también ha precarizado mucho los puestos de trabajo, especialmente en cuanto la temporalidad.

A toda esto, ¿qué hacía la izquierda?

Se dice que la victoria más grande de las derechas ha sido que la izquierda socialdemócrata y laborista haya adoptado la ideología neoliberal. Sin un base obrera a la que apelar más claramente (la derecha había contribuido a destruirla) los partidos de izquierdas, en manos de personas de clase media burguesa, se adoptaron al neoliberalismo. Esto fue terrible para las clases populares, ya que estos partidos continuaron a realizar la misma política que los atacaba, pero acompañado de una retórica y discurso de izquierdas. Esto ha tenido un impacto sobre la percepción y la esperanza en el cambio social a millones de personas. No ha sido canalizado por las opciones revolucionarias ni por nadie. Los sindicatos, han perdido millones de afiliados en toda Europa y la izquierda revolucionaria no ha sabido ocupar el espacio que ha dejado el desencanto. Gran parte de la clase trabajadora queda resignada y muy hostil a todo lo que tenga que ver con la vieja izquierda, incluso sus valores.

La izquierda burguesa ha pecado de soberbia (siempre adoctrinando a sus bases, infantilizante-las, traiciones-las y mintiendo sin ningún tipo de rubor), sectarismo (más pendiente de atacar las otras posiciones de izquierdas que atender los problemas de la gente), estética (un lenguaje estético de izquierdas que no tenía nada que ver con la realidad de las clases populares) e ingenuidad (con un análisis de la sociedad muy superfluo, sin asumir en el mundo que vivimos), entre otros. Se resume muy bien en el artículo de Xavier Díez, de "los siete pecados capitales de las izquierdas" [http://www.elcritic.cat/blogs/sentitcritic/2015/06/26/els-set-pecatscapitals-de -las-izquierdas /]. Pero sobre todo, la izquierda se ha identificado con el proyecto histórico de la derecha. Este es el más grande de sus pecados.

La izquierda es profundamente pro sistema. Está a favor de la Unión Europea, que es el "garante" de las libertades y nuestra riqueza. Eso dicen. Pero ha propiciado que la derecha consolide su poder y que sean estos años de la crisis los que concentran más millonarios a la historia junto con los beneficios récord de las grandes empresas y la banca. Han sido los años de las ayudas a la banca con dinero público para que "eran demasiado grandes para caer".

Donde ha gobernado la izquierda, no ha controlado el poder, aquel poder que tiene la burguesía. Cuando ha intentado cambiar las cosas no ha podido. La derecha que controla los medios de comunicación le ha hundido de forma despiadada. Se la presenta como "blanda" ante los problemas de seguridad, inmigración, política exterior, corrupción. Se crean crisis internas de la nada propiciadas por los medios de comunicación. En definitiva, hacen que la izquierda esté más pendiente de quedar bien que gobernar por sus votantes. Más bien, el grueso de sus políticas están más basadas en los derechos civiles (ley de la dependencia, matrimonio gay, aborto) que en los derechos sociales que afectan a las mayorías.

También debemos reconocer que la izquierda libertaria no ha sabido levantar hacia donde se la necesitaba, demasiado preocupada en la contracultura y en una dinámica de ghetto autorreferencial. El activismo por el activismo contribuye a no entender los problemas de la gente trabajadora y que nos aleja de ella. Saltamos de una campaña a otra, inalcanzables, los problemas del mundo son masas por la poca gente que somos.

Hoy en día, sorprende y nos alegra ver cómo funciona La comunidad Esperanza en Canarias, el barrio okupado de Errekalor Bizirik en Vitoria-Gasteiz o los 42 bloques okupados de la Obra Social de la PAH. Todos este proyecto tienen en común que se han llevado adelante y desarrollado por gente corriente, que sufre y que lucha y tienen una cobertura y un apoyo de la izquierda alternativa o libertaria.

Pero faltan miles de estos ejemplos por toda Europa para poder ser algún día una alternativa realista. Hay que seguimos con el sindicalismo alternativo, llevando los sindicatos en los barrios obreros y en la comunidad, es necesario organizar el precariedad, a la juventud, a las mujeres trabajadoras y los espacios de socialización popular en los barrios. El objetivo debe ser el de organizar a las clases populares y trabajadoras, no podemos alejarnos de ello.

La crisis en la que nos ha metido el imperialismo

Desde el inicio de la Guerra Fría, la política exterior europea ha sido sometida a los intereses de Estados Unidos, que en aquellos años ocupaba Europa a través de una red de bases militares. Los ejércitos de la OTAN garantizaban que los países de Europa Occidental fueran libres de la amenaza soviética. Ante esta amenaza superior cualquier acción quedaba disculpada. El ejemplo más claro es el apoyo táctico de Estados Unidos al régimen franquista, siendo consciente de que se trataba de una dictadura sangrienta. El apoyo de este tipo de dictaduras en los cinco continentes ha sido la norma durante décadas.
En nuestro tiempo, esta política perdura con el apoyo de regímenes afines a la política exterior de Estados Unidos, como el caso de Marruecos, Arabia Saudí, Turquía o Israel.

El final de la guerra fría supuso la victoria moral del modelo capitalista que defendía Estados Unidos y sus aliados europeos. Al no tener frente a un bloque socialista (con todos sus fracasos evidentes que le llevaron al colapso), el neoliberalismo se veía libre para desarrollarse en plena libertad. Es lo que se conoció como "El fin de la historia", concepto acuñado por Francis Fukuyama, en el que se daba por supuesto el triunfo definitivo del capitalismo en la historia de la humanidad. A partir de ahí se desarrollaron planes para crear grandes mercados de comercio "libre", sin aranceles, que desprotege aún más las economías locales. La globalización de finales del siglo XX fue un hecho plenamente establecido. Los tratados de libre comercio a escala mundial eran el garante y por supuesto, también lo eran las armas de la OTAN. Y quien no estaba en esa dinámica, era completamente destruido, como fue el caso de Serbia.

Esta política de impunidad total se desarrolló en la primera década del siglo XXI. El ataque yihadista del 11-S de 2001 contra Estados Unidos fue la excusa perfecta para desarrollar una política militar muy agresiva. Las invasiones de Afganistán e Irak reafirmaron la fuerza norteamericana. Además, ayudaron extender el Cáucaso y Asia Central el poder atlantista y neoliberal. No dudaron en derribar regímenes (poco o nada democráticos, por cierto) empleando la táctica de las "revoluciones de colores", que eran procesos de protestas callejeras utilizadas políticamente para hacer caer gobiernos.

La crisis internacional de 2007-8 desencadenó graves problemas económicos a muchas naciones y por lo tanto fue relativamente más fácil impulsar procesos populares de desestabilización de gobiernos hostiles o no colaboradores. En parte, esto es el origen de la primavera árabe de 2011 que provocaron la caída de los regímenes en Túnez y Egipto y luego las guerras de Libia, Siria y Yemen, cuando han provocado un caos en la región.

A grandes rasgos, paradójicamente, la amenaza que Estados Unidos intentó derribar con su invasión de Afganistán ha crecido enormemente en la última década. Ahora estamos hablando de una fuerza verdaderamente global. El yihadismo ha ganado adeptos en todo el mundo a partir de las comunidades obreras y campesinas musulmanas golpeadas por la crisis económica, el desarraigo social y una situación de crisis político-social permanente en muchos de sus países. Las guerras civiles en Siria, Libia y Yemen han logrado forjar a una gran cantidad de combatientes yihadistas que se pueden cifrar en varias decenas de miles. A su vez están golpeando otros estados muy débiles como Nigeria Malí o Somalia y amenazan con desbordar cualquier tipo de contención, ya que han conseguido ser hegemónicos en algunas zonas. Hegemonía que encuentra apoyo con los intereses de Arabia Saudí, Qatar y Turquía de controlar la región en Oriente medio, enfrentándose a cualquier precio (financiando a la yihad incluso) contra Irán.

El otro lado de la balanza es Occidente, donde el miedo crece a grandes pasos. La situación creada por el imperialismo y su pésima gestión de la situación está produciendo una reacción contraria mediante el aumento de la intolerancia al continente. El reflejo es la actual situación con la "crisis de los refugiados", que es la vergüenza más grande para todas nuestras sociedades. Los políticos de derechas han llegado a acusar a los refugiados de yihadistas, comparándolos con los mismos que los han expulsado de sus hogares.

La tormenta perfecta de la Extrema Derecha

Tenemos el caldo de cultivo para el crecimiento y desarrollo de la extrema derecha europea. La destrucción de las comunidades obreras tradicionales, la individualización, la precariedad y la crisis se juntan con la inmigración, una política exterior sin soberanía y además sumamos la explosión de una crisis de millones de refugiados que huyen de las guerras provocadas por la nuestra política exterior. Este descontento en el ámbito europeo la está recogiendo la extrema derecha, que ve como amplía su influencia electoral.

La ultra derecha ha sabido modernizarse con el paso del tiempo mientras la izquierda ha continuado con los discursos del pasado. Han cambiado de color, discurso, estética y se han hecho mediáticos utilizando el morbo de los medios de comunicación para crecer. En definitiva, han podido canalizar políticamente lo que está sucediendo en la actualidad. Es más, han retomado un discurso parcialmente tradicional de la izquierda como la defensa de los derechos sociales, el antiimperialismo (contra el poder de Estados Unidos en Europa), el proteccionismo y la lucha contra la globalización capitalista.

Como la izquierda socialdemócrata ha renunciado a defender la soberanía nacional y la ha dejado en manos de entidades supranacionales (UE, OTAN, OMC, FMI, Ttipia ....), Es la extrema derecha quien ha aprovechado para retomar la defensa de la soberanía y la ha convertido en su bandera de identidad. Sus militantes ya no provienen de la ultra derecha tradicional, ya pueden ser incluso opción de gobierno en varices países de Europa.

Sin duda, será uno de los problemas más importantes con el que tendrá que enfrentarse la izquierda europea ya que en el momento que el ultra derecha consiga el gobierno de un país, estará mucho más cerca de convertirse en opción de gobierno en muchos otros.

El factor UE

Como hemos visto en las elecciones del parlamento europeo, la derecha conservadores y la socialdemocracia son tan hegemónicas que parece imposible una victoria de izquierdas que pueda hacer girar la política europea de forma decisiva. La entrada de los países de Europa oriental han servido para afianzar el poder de la derecha europea. En estos países los conservadores son mayoría desde la caída de la URSS. En los últimos años incluso han demostrado un giro hacia la derecha más "dura".

Las políticas de la troika basadas en proteger los intereses de la banca alemana y las grandes empresas han empobrecido y arruinado los países del sur, que han vivido a base de crédito desde hace décadas. En tiempos de crisis, los que tenían crédito y los endeudados han pagado los platos rotos de quien ha promovido el sistema económico actual. La aparición de numerosos casos de corrupción en el Partido Popular español demuestra la generalización de este fenómeno en todo el sistema capitalista. Los "papeles de Panamá" demuestran el nivel de arraigo en el que se encuentra la corrupción en todo el continente, y también que la fuga de capitales es un rasgo común de las clases dirigentes.

Al mismo tiempo, los de abajo nos impone todo tipo de recortes sociales que han precarizado nuestras vidas. Inciden incluso en nuestras propias vidas con los recortes en sanidad y en la ampliación de nuestra vida laboral. La crisis (junto con la demografía) ha puesto en peligro nuestro sistema de pensiones que probablemente veremos quebrar en la próxima década. Los pensionistas son los que ahora sostienen a familias enteras, garantizando un problema social de grandes dimensiones si la caja de las pensiones se viera afectada.

Europa, tal como está construida, es en definitiva un impedimento para cualquier cambio social. La izquierda alternativa al parlamento europeo, atacada por la ultraderecha, se erige en defensor de una "Europa de los pueblos" y por tanto contribuye a su consolidación, reforzando el bloque dominante.

La Espada de Damocles de las crisis energéticas, ecológicas y alimentarias

El último punto a tener en cuenta son las diferentes crisis globales que encontramos en el siglo XXI. Son crisis diferentes pero relacionadas con el impacto que ha tenido el ser humano sobre el planeta .. Concretamente nuestra forma de vida.

La crisis energética se basa en el consumo de combustibles fósiles, esenciales para que todo funcione. Sin transporte no existe un capitalismo avanzado y es en los próximos años cuando estos combustibles empiecen a escasear. Ese mismo año muchas empresas energéticas han quebrado por el efecto de la bajada del precio del petróleo. Además, países como Canadá, Brasil, Argelia, Nigeria o Venezuela están en números rojos y sus economías caen de forma empinada. También se ha dado un hundimiento de la industria del fracking en Estados Unidos.

El consumismo depredador enfrenta, en los próximos 20 años, a la llegada de cenit de una serie de materiales básicos como pueden ser el cobre o el uranio, entre una veintena más de materiales. Se sabe que cuando un recurso se queda escaso, pasan una serie de años de crisis hasta que lo sustituya otro. En un mundo cada vez más sobre poblado, la falta de algunos de estos recursos básicos pueden provocar problemas graves entre los estados.

Otro problema grave es el daño ecológico grave que estamos produciendo en el planeta. Con el desarrollo de nuestra sociedad, la biodiversidad se reduce, el impacto en forma de contaminación aumenta y profundiza en la deforestación y en la destrucción de los hábitats. Además, en estos años se hace más evidente que nunca el calentamiento del planeta y la eventual ruptura de la estabilidad climática que están entregando los procesos desconocidos en el ártico y antártico, que seguramente tendrán un impacto sobre el clima.

Por último, existe el problema del agua y del suelo. El crecimiento que ha sufrido la población mundial ha hecho que la explotación del suelo llegue a su límite. La introducción de los monocultivos y todo lo que implica (químicos, abonos, fertilizantes, pesticidas, un regadío intensivo) ha llevado al empobrecimiento definitivo de una gran parte del suelo. La explotación de los acuíferos y el desvío y embalsamando los ríos también inciden en el empobrecimiento del suelo del planeta.

En definitiva, todos estos problemas se retroalimentan entre ellos. Si añadimos al problema del empobrecimiento del sol, la imprevisibilidad del clima, la falta de lluvia o las inundaciones, esta claro que estamos hablando de un tema más grave. Podemos concluir que la mayoría de problemas y amenazas se agravan si añadimos el hecho de que vivimos bajo un capitalismo depredador y que éste no permite cambios de paradigma más allá de modificaciones que se puedan hacer en un nivel superficial.
La gran amenaza es una concatenación de catástrofes humanitarias que provoquen situaciones especialmente traumáticas que faciliten el camino a medidas aún más drásticas. Lo pudimos comprobar en 2011, cuando se desencadenó la conflictividad social en Oriente Medio en un contexto de alza de precios de los alimentos, en parte porque las cosechas del año anterior en el Sahel, Rusia y Pakistán se perdieron.

¿Qué hacer?

El mundo se enfrenta a unas décadas de una importancia trascendental. Cualquier persona con un ideario revolucionario no puede renunciar a esta realidad y deberá actuar de acuerdo con sus principios. La crisis (o la amenaza de crisis) descrita anteriormente cierran la puerta a medidas dentro de una lógica de progreso social lineal y por etapas. También nos deja claro que vienen tiempos de enfrentamiento entre modelos. Por tanto, una militancia basada exclusivamente en la autogestión o el cooperativismo, a pesar de ser positivos, tampoco es viable a largo plac.

Somos conscientes de que Europa en la que nos encontramos sigue dentro de una etapa de ofensiva neoliberal que persiste en aplicar las mismas políticas económicas y sociales que propiciaron la crisis de 2007. La falta de una alternativa por la izquierda ( ya que la socialdemocracia adoptó el neoliberalismo en bloque en los años 80 y 90 y que la izquierda post-comunista no llega ser percibida como alternativa - excepto en algunos países del sur de Europa) han dejado un vacío que obra camino a un crecimiento de las opciones de extrema derecha populista en el continente. La clase trabajadora atacada por el liberalismo, golpeada por la crisis, olvidada por la izquierda y por los sindicatos gira cada vez más a los que hablan de garantizar sus "derechos sociales" a la vez que su "identidad".

La identidad es un concepto ambiguo y peligroso, pero nos indica que la izquierda revolucionaria no ha sabido hablar en el lenguaje de la gente común, que después de la derrota del obrerismo en los años 70 y el ascenso del modelo neoliberal en los 80 , sólo busca encontrar su nicho en la sociedad. En un contexto donde se desmantela la industria y la minería, la vida en los barrios obreros cambia de forma radical, se da una precarización con la terciarización de la economía, se destruyen derechos sociales y entra población extranjera que es explotada como mano de obra barata. En definitiva, se está cambiando la fisonomía de estos barrios que llevaban décadas de la misma manera. Es precisamente en estos barrios y poblaciones obreras que sufren la crisis económica, el paro, la gentrificación y los grandes proyectos urbanísticos y especulativos donde el anarquismo debe tener su lugar. Es decir, con la gente humilde que sufre y resiste y no con la clase media ilustrada, abierta y cosmopolita como donde a veces tienden los ambientes libertarios o izquierdistas.

Para conseguir llegar a un proceso revolucionario, primero hemos de imaginar qué tipo de sociedad puede desarrollar dicha revolución. La debemos analizar, fortalecer sus aspectos positivos y eliminar los negativos. La apuesta en Cataluña pasa por lo que se denomina un Movimiento Popular. Ya que el "pueblo" no se puede organizar al 100% sí se puede apostar para que se organice un sector significativo. En otros países esto se conoce como frente deesquerres o anticapitalista. Se trata de unir muchos agentes diferentes (movimientos sociales, sindicatos alternativos, movimientos de izquierdas, organizaciones vecinales, estudiantes, etc) en un movimiento político social autónomo de los partidos políticos institucionales y que tenga su propia agenda de movilizaciones. Es primordial también conseguir convertir este movimiento popular en un referente para las comunidades de clase trabajadora y por gran parte de la sociedad.

Como el anarquismo por sí solo es incapaz de impulsar este tipo de movimiento popular por sí mismo, se debe buscar alianzas con otros movimientos anticapitalistas para poder llevarlo adelante. Como no es de recibo que estos movimientos sean utilizados electoralmente por fuerzas de izquierdas tenemos que garantizar su autonomía, una función que debe asumir espacios políticos como Embat.

El futuro de Europa implica crear una gran red de movimientos populares que se conviertan en "oposición" en la Europa del Capital. Esta es la verdadera "Europa de los pueblos" y tiene poco que ver con la praxis y las propuestas de la izquierda alternativa en el Parlamento Europeo. Nuestra apuesta debe pasar para revertir la globalización neoliberal y desconectarnos de las macros-estructuras capitalistas internacionales y reivindicar la soberanía popular. Esta soberanía debe ir más allá de la simple soberanía "nacional", de reivindicar la soberanía alimentaria (reducción drástica de la dependencia de los combustibles fósiles y el inicio de un proceso de transición postpetroli), la soberanía política (acabar con el sometimiento a instancias de la UE y OTAN) y la soberanía industrial (producir localmente lo que necesita el país). En definitiva, la soberanía popular supone una revolución democrática por sí misma que sería sin duda atacada por el capitalismo global.

Ya que construir un movimiento popular que reivindique las diferentes soberanías y que ejerza como contrapoder a los gobiernos, exigiendo el complemento de los derechos sociales y reivindicando la democracia real. Esto, ya implica de algún modo embarcarse en un proceso revolucionario, ya que produce un choque frontal a los intereses del bloque capitalista. Nuestra opción también implica la propuesta del socialismo libertario como modelo de sociedad. En este sentido, la aparición del Confederalismo Democrático Kurdo en el mapa político, o los primeros pasos de un movimiento internacional por la "democracia sin estado" (creado por algunos movimientos de liberación nacional europeos y por algunos municipios gobernados por la izquierda alternativa) puede ayudar en este sentido. Ayuda a abrir una brecha por donde introducir una alternativa a la izquierda socialdemócrata tradicional (hoy neoliberal) y el viejo comunismo estatista (en posiciones socioliberales) donde también podría entrar el socialismo libertario. Nos ayuda también porque están a favor de crear una sociedad democrática, soberana e igualitaria que podría atraer a la clase obrera y parte de la clase media.

En definitiva y para concluir, el socialismo libertario europeo debe convertirse en una opción de cambio viable. Por ello, se debe producir una articulación a escala continental con un análisis, una estrategia comunes (entendiendo las especificidades de cada territorio) y una línea comunicativa y gráfica con proyección mediática, también.

http://embat.info/europa-on-vas/2016-07-04T16: 32: 36 + 00: 00Embate Artículos para el debate

Un repaso sobre cómo se ha articulado sociopolíticamente el continente europeo en las últimas décadas. Artículo de Miguel Gómez, militante de Embat. En los últimos años del siglo XXI se nos está sometiendo, tanto en el planeta como las personas que vivimos, a una gran presión. En algunos momentos da la sensación de que la sociedad está siguiendo un ...
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