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(ca) Procés Embat, Hacia la construcción del Poder Popular. Retos y riesgos del ciclo electoral

Date Sun, 28 Feb 2016 18:32:21 +0200


"... Nuestro proyecto de poder popular, no pretende crear organizaciones civiles que sirvan como bases de apoyo al gobierno, si no la organización directa del pueblo que le sirve para socializar este poder ..." ---- Desde hace un tiempo atrás, hemos podido observar cómo han surgido nuevas propuestas políticas de carácter institucional, que partiendo de las luchas sociales desarrolladas a raíz de la crisis, han cogido una fuerza que como mínimo ha revuelto el orden bipartidista reinante desde principios los años ochenta. ---- Así, hemos podido ver como sectores de los movimientos sociales dejaban su antigua militancia por nuevas formas de actividad política; en otras ocasiones han sido partidos ya existentes anteriormente, que han conseguido validar sus propuestas gracias al aumento de las contradicciones y la consecuente concienciación del pueblo; también nos hemos encontrado organizaciones con programas caducos, cambiando de colores y sillas para poder ser partícipes de la "Nueva Era" política, o incluso, a la vez lo que parece más preocupante, hemos visto como la derecha se ha sumado todo copiando las formas y erigiéndose como un nuevo sector ciudadano indignado por las lógicas corruptas y partidistas del régimen.

Asumiendo el amplio abanico de propuestas existentes, hay algo que parece repetirse: todos participan de una disputa para representar los movimientos sociales, todos se quieren mostrar como la evolución lógica a la que llevan las luchas arraigadas en el 15-M. Así pues, es de vital importancia detenernos a analizar este ciclo institucional, ahora que está llegando a su fin, para no perdernos en las promesas de cambios ficticios, a la vez que saber distinguir las posibles puertas que se puedan abrir .

Los límites de las luchas

A raíz de unas declaraciones de Ada Colau, y de su círculo cercano de militancia, en un momento dado se empezaron a oír voces que apuntaban a la existencia de un techo de cristal en los movimientos sociales. Según este relato, las reivindicaciones de las diferentes luchas, se han encontrado con un metafórico techo de cristal que no les ha permitido materializarse en cambios legislativos. De esta forma se intenta evidenciar que por la vía extraparlamentaria, se pueden desarrollar iniciativas, pero con un impedimento real de conseguir victorias. Este hecho, lleva a la necesidad de tener representación en las instituciones, ya que así una vez dentro se podrían realizar estas cambios.

El ejemplo perfecto que se utiliza para escenificar embargo, se encuentra en la misma PAH. Según la alcaldesa de Barcelona "la PAH lleva cinco años luchando para conseguir unos mínimos muy mínimos como dación en pago, (...) a pesar de este apoyo masivo, a pesar de que las encuestas nos apoyan masivamente, el techo es claro, porque la mayoría absoluta del PP bloquea absolutamente unas medidas de mínimos que, para que se aprueben, sí que pasas por la capacidad legislativa de modificar leyes " [ 1 ] .

Nosotros pensamos que este relato no deja de ser una herramienta propagandística que han utilizado ciertos círculos políticos par conseguir cuotas de poder, todo infravalorando la capacidad potencial de los movimientos de base, y dejándolos en segundo plazo. Algo importante que hacer notar, es que la forma en cómo se configura este concepto, parte de un análisis muy superficial de los últimos procesos de lucha. Cuando hablamos de techos de vidrio, no estamos haciendo más que hablar de límites. Como todo límite, hay que entender qué factores son los que construyen, y cuáles son las líneas que hay que desarrollar para superarlo.

En nuestra opinión, los principales límites con los que se ha topado el ciclo de luchas en marcha a raíz de la crisis, está en su capacidad política y organizativa. Cuando hablamos de capacidad política, queremos hacer notar la necesidad de que los movimientos populares se conviertan en un actor político, es decir, un agente con una hoja de ruta propia, con sus propuestas políticas, ya sea materializadas en forma de reivindicaciones como en iniciativas propias al margen de las instituciones; es decir, con un programa común en el que trabajar para poder proyectarse y delimitar y alcanzar objetivos. Hay que superar la tradicional postura de reacción para tener un papel activo en la sociedad. Por ello, es necesario idear un proyecto de país para el conjunto del territorio así como un proyecto de ciudad construida desde fuera y desde abajo. Sin propuestas tangibles, los movimientos sociales nunca dejarán de convertirse en músculo para partidos políticos, como describiremos más adelante.

Cuando hablamos de capacidad organizativa, nos referimos a un aspecto muy ligado al anterior. Los movimientos populares están divididos en diferentes ámbitos de lucha, ya sea laboral, vecinal, feminista, ecologista, vivienda, etc. Este hecho lleva a que cada ámbito de lucha se ha convertido en un movimiento en sí, es decir, más que existir un movimiento popular con diferentes frentes de lucha, nos encontramos con un conjunto de movimientos con relativa relación entre ellos, más allá de coordinaciones temporales para poner en marcha proyectos concretos. De esta manera, las carencias organizativas y políticas se convierten en un pez que se muerde la cola, pues la una alimenta las carencias del otro.

Somos conscientes de que esta situación no se ha producido por falta de voluntad, pues han sido numerosos los intentos de caminar en esta línea, tantos como los golpes en que se ha fracasado, pero hay que hacer notar que existen una serie de factores previos que lo han condicionado. Por este motivo, creemos que una tarea importante a desarrollar, es entender los motivos por los que nos hemos encontrado con este obstáculo. Aunque estos son muchos, hay uno en concreto que vemos necesario mencionar: la incapacidad de la izquierda para trazar puntos comunes.

Existe cierta tradición que ya parece endémica hacia el grupuscularisme, la desconfianza y el buscar los intereses particulares por encima de los comunes. Debemos saber distinguir las organizaciones propias de los instrumentos más amplios, que son por esencia más diversos ya que deben agruparse hay diferentes sensibilidades. Es decir, plantear puntos comunes es difícil si se hace bajo parámetros de tipo programático o identitario a una ideología, debemos asumir que existen una pluralidad de identidades y luchas. Como queremos conseguir que el pueblo tenga suficiente fuerza como para arrebatarle concesiones al gobierno, si ni siquiera los actores políticos que trabajamos nos podemos poner de acuerdo en cómo hacerlo?
Estos hechos, unidos a la poca experiencia de los movimientos como el 15-M (debemos tener presente que desde las últimas luchas posteriores a la transición hasta hace pocos años, ha existido un desierto contestatario muy grande, perdiéndose una experiencia importante), han generado un precedente muy complicado para el actual ciclo de luchas.

Límites de las instituciones

Como decimos, los límites con los que nos hemos encontrado originan en la capacidad política y organizativa, no en la falta de representación parlamentaria, que es lo que suponen las que nos han hablado de techos de vidrio. Aún así, hay que reconocer que existe un tercer factor que es importante para avanzar, ya que la fuerza de un movimiento también está condicionada por la coyuntura en la que se ubica. Llegados a este punto, hay que decir que es evidente que las instituciones tienen cierta capacidad para incidir en la coyuntura en un corto y medio plazo. Por este motivo, creemos que es positivo que sean partidos de izquierdas los que representen estas instituciones, ya que su perfil los coloca en una posición de sensibilidad real u obligada respecto a los movimientos populares. Pero eso no quiere decir que el Estado o los ayuntamientos puedan ser agentes del cambio gracias a partidos rupturistas, antes al contrario, ya que tienen su propio techo de cristal, que no es más que el propio marco institucional en el que se mueven .

A la hora de analizar las instituciones, se debe tener presente que el gobierno no es un agente autónomo dentro de las estructuras de poder, sino que es una pieza más de un engranaje muy complejo, donde la propia legalidad que la amparo supone un límite para quien gobierna. De hecho, este es uno de los fundamentos del parlamentarismo -sistema que supuestamente rige el ordenamiento político hoy en día- a partir del cual la separación de poderes asegura que las particularidades de los partidos políticos no puedan afectar al conjunto del sistema. Así pues, por muchas intenciones de cambio que tenga un grupo, cuando llega al poder se encuentra que el margen de maniobra que tiene es relativo, alcanzando finalmente el papel de gestor. El ejemplo perfecto de esta imposibilidad nos lo muestra el proceso soberanista, donde a pesar de la voluntad de unos partidos de celebrar un referéndum, el propio entramado legal les impide.

Sin embargo, no debemos olvidar que el Estado es una herramienta hecha para mantener las estructuras de poder propias del capitalismo, que como sociedad de clases que es, funciona para enriquecer a una minoría parasitaria. De hecho, no debemos olvidar el peso que tiene la estructura económica sobre la política. Los hilos que mueven el mundo y que hacen y deshacen según sus necesidades, no se encuentran ni en la Moncloa ni en el Palau de la Generalitat, sino en los despachos de las élites económicas mundiales, lo que hace de la lucha por el poder un trabajo bastante más complicada de lo que nos dicen los nuevos expertos en "romper techos de cristal". A veces da la sensación de que algunos partidos obvian este hecho en proponer fórmulas que recuerdan a las de la socialdemocracia de posguerra, que se situaban en una coyuntura muy diferente a la actual (fuerte industrialización y peso importante del comercio interior). Hoy en día, teniendo el comercio mundial y las finanzas como pilares, y aún más en una economía tanto terciarizada como la catalana, son totalmente anacrónicas las recetas económicas que se proponen, gracias a las cuales pretenden suavizar los efectos devastadores del capitalismo sin tocar -ne la estructura.

Es más, la propia necesidad de crecimiento y competencia de la economía actual, requiere que el centro de decisiones ya no recaiga en el estado nación, sino en instituciones superiores encargadas de expandir y mantener el proyecto neoliberal. Así hemos visto como nuestra capacidad de autoabastecimiento, y con ella, de soberanía, ha quedado ligada a las ayudas proporcionadas por el centro económico europeo, lo que aún limita más la capacidad de gobierno. El ejemplo perfecto de esto es Grecia, donde a pesar de la voluntad de Syriza de poner en marcha unas políticas económicas alternativas para hacer frente a la crisis, se ha encontrado con la incapacidad real para realizarlas.

tentación realista

Nuestro proyecto político, parte de impulsar los movimientos populares para articular un pueblo fuerte que sea un contrapoder. Por este motivo, creemos que hay una determinación colectiva de los diferentes actores políticos para conseguir construir las bases que permitan la construcción del poder popular. En este proyecto, necesitamos el esfuerzo de toda la militancia, y creemos que la ola de aventuras institucionales se está llevando una buena parte de la misma, y en muchos casos la más preparada. Esto es sin duda un problema, ya que si por carencias de las luchas lo que hacemos es abandonarlas no podremos superarlas nunca. Aún así, creemos que el peligro real al que nos enfrentamos, no es tanto la pérdida de militantes como la absorción de los movimientos de los que participaban hacia lógicas propias de las instituciones.

Como hemos dicho en el punto anterior, los límites gubernamentales acaban condicionando los partidos políticos. Éstos, conforme escalan en el sistema de representación parlamentaria, se ven obligados a reformular sus posturas políticas para poder meter su proyecto dentro del marco en el que se mueven. Es decir, existe cierta tensión realista que obliga a cambiar el programa inicial, lo cual no es de extrañar, ya que las posiciones políticas proyectadas sobre una hoja de ruta de construcción de contrapoderes populares, no tienen cabida dentro del marco parlamentario.

El ejemplo perfecto de la capacidad de adaptación que genera esta tentación realista, podemos observar perfectamente en la trayectoria de Podemos, que de todos los partidos de esta nueva ola ha sido el que ha conseguido mayor eco y representación. No es lo mismo el Podemos previo a las elecciones al parlamento europeo, que lo que gana las encuestas del CIS o el que prepara las elecciones autonómicas y generales. Del Podemos que propone impagos de la deuda y la renta básica al de la actualidad no han pasado más que un puñado de meses, pero suficientes para que la esperanza de voto le obligue a replantearse hacer propuestas "oportunas" por los cargos a los que aspiran.

Somos conscientes de que este no es un hecho desconocido, más bien está totalmente a la orden del día en los debates de algunos sectores proinstitucionals. De hecho, hay varias propuestas lanzadas para esquivarlo, como la democracia interna, el partido representante de los movimientos sociales, la limitación de mandatos, etc. Aún así, hay que recordar que a pesar de potenciar toda esta serie de fórmulas, otros partidos han acabado tomando el mismo camino. Es el caso de los Verdes en Alemania. Un partido planteado como representación institucional de todo un movimiento bien organizado (la fórmula utilizada era definida como el movimiento con dos patas), con una estructura interna democrática diseñada para obligar a los cargos a seguir los mandatos de la base, etc. Pero, lo cierto es que este partido pudo aguantar su versión original mientras tuvo un papel de oposición prácticamente extraparlamentaria, pero conforme fue alcanzando cuotas de poder, ni la democracia interna ni el movimiento de calle pudieron seguir el ritmo parlamentario . Así que el resultado no fue exactamente el esperado, convirtiéndose un partido social-liberal como cualquier otro.

Sin embargo, el hecho de que los partidos rupturistas conviertan caricaturas de lo que pretendían, no tiene porque ser un problema en sí. Más bien, lo que realmente es un problema es que dependiendo de la capacidad de influencia que tenga este partido sobre los movimientos de base, estos terminan acompañándolo en su viraje y, por tanto, perdiendo su radicalidad inicial. Esto es totalmente lógico, ya que el partido ha pasado de ser oposición combativa a ser parte del sistema contra el que combatía, y requiere que las luchas se amolden a sus necesidades. De esta manera, los movimientos de la calle acaban siguiendo la lógica realista propia de un marco que no es el suyo: el institucional.

Si observamos la transición, podemos ver como la capacidad de influencia -posterior a las guerras entre grupúsculos por el control de la hegemonía de los movimientos populares- los partidos tradicionalmente de izquierdas, consigue desarticular los mismos conforme estos van ganando sillas dentro del reparto de poderes o, incluso, en el intento de participar, tal es el caso del PCE que sin ganar nada o poco a cambio, logró canalizar el movimiento obrero hacia posturas de recuperación institucional.

Cabe señalar también, que el peligro que ello conlleva supone permitir regenerarse al régimen en momentos de tensión social. Podemos observarlo en Grecia, donde gracias a que el gobierno está representado por un partido como Syriza, las élites europeas han podido imponer las medidas de austeridad más fuertes de este ciclo de crisis, sin que haya un contrapeso en la calle contestación social.

Resumiendo: la entrada a las instituciones trastoca el programa de cualquier organización política. De esta manera podemos afirmar que no se pueden cambiar las instituciones del estado, sino que más bien son éstas las que te cambian.

Relación partidos-movimientos

Una vez dicho todo esto, la pregunta obvia que se nos presenta hace referencia al tipo de relación que deben establecer los movimientos sociales con todos estos partidos. Para nosotros la respuesta es clara: la relación debe ser de tensión.
La estrategia política principal en todo movimiento revolucionario es la acumulación de fuerzas, y para nosotros el agente que ha de aplicar esta fuerza es el pueblo fuerte a partir del poder popular. Como hemos dicho antes, la administración estatal es una estructura hecha para sostener las relaciones propias del capitalismo. Consecuentemente, si los movimientos populares adoptan un carácter revolucionario, su lucha pasa inevitablemente por combatir estas estructuras, ya que no dejan de representar el poder contra el que luchan. Así pues, nuestro proyecto de poder popular, no pretende crear organizaciones civiles que sirvan como bases de apoyo al gobierno, si no la organización directa del pueblo que le sirve para socializar este poder, y que le capacita para construir las herramientas fundamentales que se conviertan en el andamio de una nueva sociedad.

Por este motivo, creemos que los movimientos populares deben tener una hoja de ruta propio, al margen de lo que tengan los partidos. De todas las cuestiones mencionadas en este texto, consideramos que esta es la de mayor importancia. Sea como sea, el movimiento debe ser totalmente autónomo, ningún partido ha de representarlo en el gobierno. Siempre habrá sectores que quieran aventurarse en el salto institucional, eso no lo podremos evitar, pero no podemos permitir que cíclicamente estos se lleven por delante el que se haya conseguido (por poco que sea). Pero, tal y como decíamos antes, de ahí que debemos profundizar en nuestra capacidad política y organizativa, ya que sin estos factores nunca conseguiremos que el peso de las luchas se mantenga en la calle.

Hay que aclarar que todo esto no nos debe llevar a adoptar la clásica postura de concebir cualquier tipo de partido o candidatura como el enemigo de clase. De hecho, somos conscientes de que pueden existir partidos con los que compartimos algunos objetivos, o de otros con los que compartimos ciertas estrategias o tácticas. Aunque lógicamente la tónica es que no compartimos nada. Así pues, en el caso de que haya en las instituciones partidos cercanos a los movimientos sociales, creemos que no hay que cerrar puertas. Más bien al contrario, hay que saber aprovechar las oportunidades que tengamos para arrebatar a los diferentes gobiernos todo lo que nos ayude a avanzar en la acumulación de poder. Lo importante aquí, es que deben ser los movimientos sociales que controlen a los partidos, a través de su capacidad de presión, y no los partidos a los movimientos, gracias a su persuasión.

Joaquín Gimeno, militante de Embat, organización libertaria de Cataluña.

[1] http://opcions.org/blog/avancament-de-lentrevista-dialeg-amb-ada-colau-i-gala-pin

http://embat.info/cap-a-la-construccio-del-poder-popular-reptes-i-riscos-del-cicle-electoral/2016-02-24T18: 10: 37 + 00: 00equipembat Artículos para el debate acción popular, reforma
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