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(ca) El aborto libre seguro y gratuito: por la autodeterminaciÃn de nuestro cuerpo y nuestra fuerza de trabajo by La Alzada (en, pt)

Date Sun, 21 Sep 2014 12:07:22 +0200


Publicado originalmente en la ediciÃn nÂ24 del periÃdico anarquista
chileno Solidaridad -- âLos defensores de la autoridad temen el
advenimiento de la libre maternidad, que les ha de robar sus presas
ÂQuiÃnes irÃn a los campos de combate? ÂQuiÃnes han de crear el
bienestar comÃn? ÂQuiÃn serÃa policÃa, carcelero, si a mujer se negara
a dar a luz? (â)â Emma Goldman -- La lucha de las mujeres por el
control de sus cuerpos es una lucha radical, que se enfrenta no sÃlo
al tradicionalismo conservador impulsado principalmente por la iglesia
catÃlica y otras instituciones confesionales en el paÃs, sino que
tambiÃn es un enfrentamiento directo contra los cimientos del sistema
capitalista. Las conquistas alcanzadas por las mujeres, se relacionan
con las disputas y la capacidad de incidencia de Ãstas al momento de
conseguir el reconocimiento de su posiciÃn a nivel social y una
efectiva concreciÃn de sus derechos. Asà el movimiento feminista, que
ha alcanzado en algunos momentos el carÃcter de masa, lleva en su
testimonio una lucha programÃtica dirigida esencialmente a la defensa
y empoderamiento de la mujer obrera, estudiante, campesina, indÃgena,
como mujeres trabajadoras definidas desde su posiciÃn clase. Se trata
de procesos histÃricos extensos y heterogÃneos, configurados por la
puja de poder en las diversas coyunturas.

Podemos observar como en los Ãltimos aÃos el movimiento social ha
salido a la calle no sÃlo en bÃsqueda de derechos polÃticos, sino que
tambiÃn e incluso con mayor intensidad, en la persecuciÃn de mejoras
concretas e inmediatas para el desarrollo Ãntegro de sus vidas. La
lucha por el aborto comparte esta doble condiciÃn: es una necesidad
real, concreta e inmediata, tan concreta que se juega la vida o muerte
de las mujeres pobres en determinadas circunstancias. Y es tambiÃn la
lucha por el reconocimiento de la mujer como sujeta social y agente
polÃtico.

No obstante, la legalizaciÃn del aborto libre, gratuito y seguro, es
una de las principales deudas que mantiene el Estado en materia de
Salud y Derechos Sexuales y Reproductivos. Esta es sin duda una
demanda histÃrica del movimiento social y feminista en Chile, que aÃo
a aÃo se ha tomado las calles para denunciar la precariedad en la cual
se mantiene a las mujeres en el paÃs, negÃndonos el derecho a decidir
sobre nuestros propios cuerpos, obligÃndonos a cumplir los designios
de Dios respecto a la maternidad, despojÃndonos de conocimientos
ancestrales y cientÃficos respecto a la ginecologÃa y criminalizando
todo intento de autonomÃa sobre nuestras vidas.

Al presente, las problemÃticas sobre estas materias pueden
interpretarse como en un momento de crisis, no desprovisto de
obstÃculos ideolÃgicos a nivel social, polÃtico y legislativo. Por
ejemplo, prÃximos a que se cumpla un aÃo de la bullada y controvertida
toma por parte del movimiento feminista a la Catedral de Santiago, en
momentos en que se encontraba la mÃxima autoridad de la iglesia
catÃlica apostÃlica romana en Chile, el Cardenal Ezzati, oficiando
misa para sus fieles mÃs poderosos de esta franja de tierra. Los
cuestionamientos, interpelaciones, criminalizaciÃn y represiÃn no se
hicieron esperar por parte del Estado y de la iglesia, obviamente,
pero tambiÃn por parte de la propia izquierda tradicional, algo menos
esperable pero cierto. Las resistencias que se producen a nivel
ideolÃgico respeto a la interpelaciÃn que hace el movimiento feminista
al conservadurismo anquilosado a nivel de polÃticas pÃblicas en Chile,
no solo tiene relaciÃn con la fuerte presiÃn que impone la iglesia a
nivel legislativo. Recordemos que el paÃs ya contaba con una
legislaciÃn de aborto terapÃutico y que Ãsta fue eliminada por estas
influencias en 1989, lo cual no ha podido ser revertido,
encontrÃndonos en el 2014 aÃn sin voluntad para cambiar las
condiciones de opresiÃn hacia la mujer que se desprenden del tema del
aborto. TambiÃn creemos que existe en esta resistencia y bloqueo una
razÃn mucho mÃs profunda y difÃcil de revertir para el movimiento
popular y para la sociedad en su conjunto. Nos referimos al
Patriarcado, que se ha colado en nuestra cultura, en nuestras
prÃcticas, en lo cotidiano, pero que tambiÃn està presente en lo
polÃtico y en cÃmo pensamos nuestra emancipaciÃn y en cÃmo imaginamos
la transformaciÃn social.

De esta manera, consideramos que la reflexiÃn sobre el aborto, debe
ser una doble reflexiÃn, ya que se trata, por un lado de un acto que
nace en el espacio mÃs Ãntimo del cuerpo de la mujer, pero es a la vez
una cuestiÃn de poder, una relaciÃn de dominaciÃn patriarcal y por lo
tanto un asunto esencialmente polÃtico y estratÃgico.

El patriarcado se establece por el control del hombre sobre la fuerza
de trabajo de la mujer. El sistema patriarcal mantiene este control,
excluyendo a la mujer del acceso a los recursos productivos, -por
ejemplo, el ingreso a los mejores puestos de trabajos, al desarrollo
de capacidades en el Ãmbito educativo, o al manejo de ciertas
herramientas tecnolÃgicas que a las mujeres âno les interesanâ-, y
restringiendo la sexualidad de la mujer, imponiÃndole una moral
puritana respeto al goce y autoconocimiento, impidiendo el control de
la natalidad, y en general limitando el desarrollo de la sexualidad
fÃsica, psicolÃgica y socialmente.

El matrimonio, por ejemplo, es una forma eficaz de controlar ambos
campos. El hecho de controlar el acceso de la mujer a los recursos y a
su sexualidad, permite al hombre y âmaridoâ controlar la fuerza de
trabajo de la mujer, para recibir de ella diversos servicios
personales como el cuidado de la casa, la realizaciÃn labores
âdomÃsticasâ, y tambiÃn el cuidado de los varones hasta edad adulta
(muchos hombres son âobligadosâ por sus mujeres a asistir a centros de
atenciÃn mÃdica, les escogen la ropa, etc.). Y tambiÃn respecto a la
sexualidad, las mujeres deben estar dispuestas a cumplir con los
requerimientos sexuales del marido, llevar una vida sexual que se
centre en conseguir el placer de Ãl, ademÃs de ser muchas veces la
completa responsable del cuidado y crianza de sus hijos.

Los servicios que ofrecen las mujeres, no se circunscriben sÃlo a la
esfera familiar, muchos trabajos asociados a los servicios son
feminizados y precarizados por ser considerados de âmujeresâ y son
proclives a mantener la lÃgica privada (cÃmo la secretaria que maneja
una doble agenda a su patrÃn, que se preocupa y debe preocuparse de
mantener âhabitableâ la oficina, la cajera que debe verse presentable
y cordial, la trabajadora de casa particular que debe ser como una
segunda madre y estar siempre disponible o la prostituta que debe
estar dispuesta a saciar los deseos mÃs oscuros de sus clientes,
etc.).

El control del cuerpo de la mujer, la maternidad obligatoria y la
crianza de los hijos son instituidos como condiciones cruciales para
perpetuar el patriarcado como sistema. Asà como la sociedad de clase
se reproduce mediante las instituciones; la iglesia, los medios de
comunicaciÃn, la escuela etc., de la misma forma ocurre con las
relaciones sociales patriarcales, que ademÃs se muestran como
relaciones naturales y aceptadas por el sentido comÃn, por la cultura
hegemÃnica y por la tradiciÃn.

La sociedad orienta su prÃctica por el sentido comÃn, que reïeja
mayoritariamente la tradiciÃn y el anquilosamiento de las clases
dominantes, y de esta forma vivimos constantemente reproduciendo una y
otra vez el orden existente, perpetuÃndolo. El sentido comÃn es
objetivo y normativo, no obstante, el contenido y la extensiÃn de este
saber cambian segÃn el contexto temporal y clasista de cada individuo,
asÃ, su obligatoriedad es sÃlo relativa, concerniente a la divisiÃn
del trabajo, al lugar, etc.

El carÃcter obligatorio del sentido comÃn es el ejercicio mÃs eficaz
de las objetivaciones para-sÃ, y que en nuestro contexto actual
descansa en el Estado y en su seno el sistema jurÃdico. Delimitamos el
campo a tal punto que nuestra observaciÃn es la siguiente: el dominio
masculino se manifiesta en formas particulares, no obstante, su mÃxima
expresiÃn es el aparato jurÃdico del Estado que define a las mujeres a
partir de su diferencia e inferioridad, atribuyÃndose la tarea de
delimitar incluso el espacio de nuestra intimidad. De esta observaciÃn
es que el llamado a luchar por nuestro derecho social al aborto libre,
gratuito y seguro no es una demanda liberal, o una demanda de un grupo
de mujeres, es un llamado con perspectiva de poder, de lucha contra el
poder hegemÃnico y contra todos aquellos que lo sustentan.

Esta lucha es ante que todo prÃctica, entendida como una actividad
consciente orientada a construir una cultura crÃtica. La lucha por el
aborto no es sÃlo la lucha por una reivindicaciÃn concreta, sino que
sintetiza y engloba muchas otras desde el reconocimiento, en contra de
la apropiaciÃn del cuerpo de las mujeres, contra el control de nuestra
sexualidad, etc., pero por sobre todo es nuestra afirmaciÃn como
sujetas que no darÃn pià atrÃs.

ÂPor la soberanÃa del cuerpo, el derecho al goce y al autoconocimiento!
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