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(ca) Marx, Bakunin y la Primera Internacional

Date Sun, 7 Sep 2014 16:19:53 +0200


Las diferentes posiciones que representaban Carlos Marx y Miguel
Bakunin sobre quà debÃa ser y cÃmo organizarse el naciente movimiento
obrero no sÃlo marcaron el propio desarrollo de la Primera
Internacional, de la AsociaciÃn Internacional de Trabajadores (AIT)
sino tambiÃn fue expresiÃn de las dos grandes lÃneas que, en adelante,
marcarÃan la trayectoria del obrerismo.

Una es la denominada polÃtica y autoritaria del socialismo marxista
primero, la socialdemÃcrata de la IIÂ Internacional despuÃs y,
finalmente, la comunista de la IIIÂ Internacional auspiciada por la
UniÃn SoviÃtica y su apÃndice la Internacional Sindical Roja. La otra
es la antiautoritaria, colectivista primero, anarco-comunista despuÃs,
sindicalista revolucionaria mÃs tarde y, finalmente,
anarcosindicalista. La organizaciÃn internacional de esta segunda
lÃnea fue la AIT. La creada en 1864 y la reconstruida en BerlÃn a
finales de 1922.

El enfrentamiento ha pasado a la historia centrado en las figuras de
dos los mÃximos representantes de cada una de las corrientes hasta el
punto que se le atribuye un papel fundamental en la decadencia y
extinciÃn de la primera AIT. Hoy es motivo de numerosos escritos en
los que las filias y las fobias se reparten por parte iguales,
dependiendo de quiÃn empuÃe la pluma o aporree el teclado. Basta con
echar una mirada por las Web.

Como suele ocurrir en estos casos, y mÃs con organizaciones de por
medio, los colores de cada uno no son exclusivamente blancos o negros.
MÃs bien recorren todas las tonalidades de grises del pantone. Es
decir, que si se acusa a los bakuninistas de realizar todo tipo de
intrigas y ataques personales, tampoco se quedarÃan a la zaga las que
se podrÃan enarbolar contra los marxistas. Tampoco escapan a este
hecho la perspectiva doctrinal o la de los anÃlisis de los
acontecimientos que vivieron. Tan cierto como que este 2014 es el del
ducentÃsimo aniversario del nacimiento de Bakunin es tambiÃn el
centÃsimo quincuagÃsimo de la fundaciÃn de la AIT en Londres.

Asà pues, partiendo de este principio, podemos enfocar el
enfrentamiento Marx-Bakunin desde una triple perspectiva: el contexto
en el que se produjo el nacimiento del obrerismo organizado; sus
personalidades y la influencia de cada uno de sus planteamientos en la
evoluciÃn del movimiento obrero.

El contexto

La AIT fue el primer intento de crear una organizaciÃn internacional
obrera. La culminaciÃn de un largo proceso cuyas raÃces se pueden
remontar a treinta aÃos antes. Su creaciÃn es la expresiÃn de la toma
de conciencia como grupo social de los trabajadores y cuyo seno
existÃan diversas corrientes, tendencias y tradiciones. Desde los
comunistas continentales a sindicalistas britÃnicos, pasando por
garibaldinos o mazzinianos italianos. TambiÃn estuvieron presentes
organizaciones ya existentes e individualidades. A todos les unià la
idea, expresada por Marx en su conocido manifiesto de 1848, que
sintetiza la frase: ÂProletarios de todos los paÃses, unÃos! Es decir,
se rompÃan las ataduras anteriores con las organizaciones burguesas y
hacerles frente de forma internacional. El mundo obrero iba a contar
con su propia organizaciÃn. De ahà la expectaciÃn, y el temor, con que
fue recibida.

Desde el primer momento se percibieron las diferencias entre los
planteamientos representados por Marx, que logrà el control de la
organizaciÃn a travÃs de su Consejo General con residencia en Londres,
y los anti-autoritarios, fundamentalmente los grupos franceses de
orientaciÃn proudhoniana. Si la corriente marxista se apoyaba en la
secciÃn de la todopoderosa social democracia alemana, a partir de 1868
sus opositores contaron con la presencia de Bakunin que, junto a su
Alianza Internacional de la Democracia Socialista, entrà a formar
parte de la Internacional.

La AIT apareciÃ, no por casualidad, en un contexto de crisis y
ambiente bÃlico. En 1870 Francia y Prusia entraron en guerra. La
derrota de la Francia de NapoleÃn III originà la proclamaciÃn de la
III RepÃblica y, en marzo de 1871, la Comuna parisina. Fueron hitos,
hubo otros como el caso del ruso Nechayev, en los que se plasmaron las
diferencias interpretativas y de acciÃn entre ambas corrientes. Las
protagonizaron cuestiones como la defensa de la patria por los
marxistas y el pan eslavismo de Bakunin, el papel de la Comuna y su
oportunidad. LlovÃa sobre mojado. En 1869, en el congreso de Basilea,
ya se habÃan enfrentado en torno a la cuestiÃn de la participaciÃn
obrera en la polÃtica y la creaciÃn de un partido obrero. Las
acusaciones de aventurerismo y autoritarismo se reprodujeron.

En 1872 la AIT se reunià en La Haya y la corriente marxista logrà que
los bakuninistas fueran defenestrados. La escisiÃn estaba servida. Ese
mismo aÃo los expulsados se reunieron en Saint Imier. Poco recorrido
tuvieron ambas internacionales. La marxista, que habÃa trasladado el
Consejo General a Nueva York, en un intento por mantenerlo bajo su
control, llevà una vida lÃnguida hasta su desapariciÃn formal en 1876.
La bakunista tampoco tuvo muchas mÃs vida. En 1877 celebrà su Ãltimo
encuentro en Gante.

Marx y Bakunin

Ciertamente la vida de las sociedades responde a causas estructurales
y situaciones coyunturales. Pero no hay que olvidar que la
protagonizan hombres y mujeres y que su personalidad y forma de actuar
tienen su propio papel. Que se simbolicen en Carlos Marx y Miguel
Bakunin las diferencias doctrinales y organizativas del primer
movimiento obrero no es, por tanto, una mera transposiciÃn de una
historia de âgrandes personajesâ sean reyes, polÃticos o dirigentes
obreros. ExistÃan diferencias ideolÃgicas y organizativas, pero
tambiÃn intervinieron sus caracteres, cuestiones personales, orÃgenes
y prejuicios culturales.

Parece que se conocieron en 1844 en ParÃs donde mantuvieron una buena
relaciÃn aunque no llegaron a intimar. Resultaba difÃcil que lo
hicieran un idealista sentimental y un cientÃfico doctrinario. Pronto
sus diferencias aparecieron. En 1848 les enfrentà las sublevaciones
eslavas contra el dominio germÃnico. El ruso y el alemÃn desenterraron
sus hachas de guerra. Marx acusà a Bakunin de âagente rusoâ y el
segundo al primero de pan germÃnico y âcorrompido por el poderâ.
Pasaron mÃs de tres lustros hasta que se volvieran a ver y las
diferencias continuaron ahora en el seno de la AIT. El intelectual y
el hombre de acciÃn volvÃan a enfrentarse.

Dos fuertes personalidades que luchaban por hacer valer sus criterios
y que influÃan en sus correligionarios. De ahà el papel que tuvieron
las noticias sobre las actividades de unos y otros para el desarrollo
del movimiento obrero. No es que fueran las mÃs importantes pero sÃ
tuvieron su papel. En torno a sus actuaciones, a sus personas,
circularon todo tipo de rumores, informaciones y contra-
informaciones. Incluida la lucha por el control y orientaciÃn de la
AIT. La marcha de la historia no es algo inevitable ajena a quienes la
protagonizan.

Tampoco hay que olvidar que ambos son âhombresâ antes que âfiguras
histÃricasâ que representaban tendencias. Sus actuaciones no pueden
ser vistas desde la Ãptica de la verdad absoluta o de un signo de
identidad eterno. Ni siquiera desde la perspectiva de las
consecuencias de sus planteamientos. Seguramente tuvieron su papel sus
propias incertidumbres y pasiÃn. Como hoy, se encontraban en una
encrucijada a la que se enfrentaban mediante propuestas y proyectos.

Los caminos del obrerismo

Pero mÃs allà de personalismos y coyunturas lo que subyacÃa en el
debate entre marxistas y bakuninistas era el modelo y los caminos por
los que iba a transitar el naciente internacionalismo obrero. De un
lado el centralista y polÃtico del Consejo General londinense
controlado por Marx. De otro, el defensor de la autonomÃa de las
secciones, el federalista y contrario a la creaciÃn de partidos
obreros propuesto por Bakunin. Una lucha que terminarÃa condicionando
incluso la propia existencia de la AIT. El primero buscaba la
conquista del poder polÃtico para implantar el socialismo con un
periodo transitorio de âdictadura del proletariadoâ. El segundo
deseaba la destrucciÃn del poder polÃtico y propugnaba la abstenciÃn y
la no participaciÃn en ese campo.

Por debajo de estas diferencias finalistas y organizativas subyacÃan
otras. En primer lugar el puesto que ocuparÃa âla autoridadâ. Para
Marx era una garantÃa de eficacia. Para Bakunin una forma de perpetuar
el control de los hombres. En segundo lugar està el papel otorgado a
los diferentes grupos sociales como sujetos revolucionarios. Para los
primeros era la clase trabajadora, el proletariado quien
protagonizarÃa el proceso a travÃs de la acciÃn organizada bajos los
presupuestos cientÃficos del materialismo dialÃctico, una doctrina que
refleja los intereses de la clase obrera. Para los bakuninistas, el
campesinado tambiÃn tenÃa un papel que jugar y la acciÃn, individual y
colectiva, competÃa con los principios âcientÃficosâ. Pero no sÃlo los
campesinos, sino tambiÃn individuos pertenecientes a otros grupos
sociales. Frente a la ideologÃa de clase marxista, el anarquismo
enfatizaba en el papel del individuo.

Bakunin murià en julio de 1876 en Berna y Marx en Londres en marzo de
1883. Hoy, 150 aÃos despuÃs de la creaciÃn de la AIT tenemos
perspectiva suficiente para hacer un balance. En primer lugar que,
finalmente, terminaron prevaleciendo mayoritariamente los
planteamientos marxistas en el sindicalismo europeo. La acciÃn
polÃtica fue derivando hasta su actual situaciÃn marginal. Cuando
tuvieron la oportunidad de ocupar el Estado, como en Rusia en 1914,
terminaron desarrollando un totalitarismo exterminador. En segundo
lugar que, donde los planteamientos bakunistas prevalecieron, como en
EspaÃa, el asociacionismo obrero continuà siendo el catalizador
revolucionario que protagonizà la revoluciÃn espaÃola de 1936-1939.

Josà Luis Gutierrez Molina | PeriÃdico CNT

http://www.iwa-ait.org/content/marx-bakunin-y-la-primera-internacional
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