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(ca) LA LUCHA ESTA EN LAS CALLES Y NO EN LAS URNAS

Date Sun, 30 Mar 2014 14:19:42 +0200


Análisis desde un punto de vista libertario frente a las recientes
elecciones legislativas en Colombia --- Hace poco las urnas en
Colombia tuvieron otra jornada de uso, agitada desde hace bastantes
semanas con la inundación de publicidad política en diferentes medios
de comunicación (haciendo de nuevo las calles y los muros espacios de
propaganda electoral) y en el debate cotidiano. En esta nueva
coyuntura se presentaron ciertas novedades importantes respecto a
anteriores, para tener en cuenta: la aparición en la arena de un
fuerte sector organizado de la extrema derecha alrededor de la figura
del caudillo Álvaro Uribe, la dispersión de la izquierda parlamentaria
en tres frentes de batalla (Polo Democrático, sectores de centro
izquierda alrededor de Progresistas y la Unión Patriótica, estos dos
últimos incluidos dentro de la heterogénea Alianza Verde con sectores
incluso de la derecha más reacia como lo es Enrique Peñalosa), la
utilización de alta tecnología tanto en el ejercicio del voto como en
el conteo (que acelero el proceso de difusión de resultados), la
practica tranquilidad en la mayor parte del país (versus anteriores
elecciones) y la cristalización más profunda de una apuesta por el
Voto en Blanco. Resultado... las elecciones las ganaron las de siempre:
la alta abstención (que llego a cifras del 56.4% en Cámara y del 58.9%
en Senado), los votos en nulos más los no marcados y le siguieron las
grandes maquinarias politiqueras constituidas del país afincadas hace
más de dos siglos.

Para este último punto es importante resaltar los resultados y darle
un análisis sistemático al mismo: Por un lado en senado la correlación
de fuerzas quedo a la cabeza del oficialista Partido de la U y del
uribista Centro Democrático, con 21 y 19 curules respectivamente,
empero, la bancada favorable a Santos conformada por el partido
liberal y cambio radical, integrantes de la Unidad Nacional,
obtuvieron el tercer y quinto puesto con 17 y 9 curules
respectivamente; el ahora divido pero aun unido Partido Conservador
con 19 puestos, compartiendo segundo lugar con el Uribismo y de
ultimas la centro-izquierda-derecha Alianza Verde, el Polo Democrático
Alternativo y el reencauchado PIN en la Confluencia Ciudadana, este
último con líderes involucradas en escándalos de parapolítica. Para la
Cámara, los resultados fueron muy similares: a la cabeza se encuentra
el Partido Liberal (39), luego elPartido de la U (37), Centro
Democrático (27) y de ahí para atrás las cosas son muy similares al
senado. Sin lugar a dudas la gran ganadora ha sido -y siempre será- la
burguesía nacional, fiel lacaya de los intereses internacionales, que
ha diseñado un marco legal y parlamentario que blinda su poder
político y económico. La Unidad Nacional se llevo por delante las
curules, dándole mayor respaldo a una eventual victoria de las
políticas neoliberales en cabeza de los principales aspirantes al
cargo presidencial; el avance de los sectores de derecha inconformes
con los diálogos de paz y a favor de una profundización de la lógica
guerrerista también han obtenido un gran espacio dentro del congreso,
que de cierta manera encuentran diferencias puntuales con el
oficialismo pero que en el plano de la política de lo real llegarán a
aceitar las locomotoras santistas o no proponer nada mejor para el
pueblo trabajador.

Más de lo mismo de siempre...

Este senado, aunque se enmarcada dentro de un reacomodo de las fuerzas
políticas con ciertos matices, a la larga termina siendo más de lo
mismo. El nuevo legislativo afrontará las coyunturas que van a marcar
la agenda del país, especialmente en los diálogos de paz donde las
diferencias entre el santismo y el uribismo saldrán a flote: mientras
las primeras van por una salida negociada pero con intereses del
capital detrás de ello, buscando la entrada de Colombia dentro del
sistema mundial de libre comercio que le permita abrirse al mercado
sin mayores contratiempos para la explotación minero-energética, las
otras optan por la estrategia de la continuación de la guerra con una
etapa de desgaste militar pero con horizontes similares. Quitando la
cortina opaca es importante recordar que en lo práctico Santos no ha
abandonado completamente la lógica de la seguridad democrática y de
igual manera las curules en el parlamento tanto de la Unidad Nacional
como del Centro Democráticoservirán para darle espacio legal a la
continua ya sobreexplotación del territorio y de nuestras vidas,
además de encarar la era de las privatizaciones, consolidación del
neoliberalismo: las reformas a la salud, educación, penitenciarias,
jurídicas y demás se materializaran o cuando menos tomaran impulso
desde la institucionalidad estatal burguesa.

La paradoja de la izquierda electoral: ¿Ganaron o perdieron?

Las posturas progresistas del país que han visto en la arena electoral
un campo de acción llegaron profundamente divididas: el referente
amplio que era el Polo Democrático Alternativo perdió la llamada
unidad de la izquierda en lo practico, impulsado por las lógicas auto
vanguardistas, sectarias y personalistas de los sectores del MOIR y
afines a Clara López, históricamente encontrados dentro del ala del
polo más reformista, quienes en base de su poderío autoritario optaron
por expulsar al Partido Comunista Colombiano, y con ello, la salida de
colectividades de izquierda, como Fuerza Común o militantes
independientes.

Fuerzas políticas de izquierda como Poder y Unidad Popular (participe
del Congreso de los Pueblos), así como sectores allegados a Iván
Cepeda (entre ellos, por mencionar, el Movimiento por la Defensa de
los Derechos del Pueblo -MODEP-, con una fuerte matriz maoísta),
decidieron mantenerse dentro del Polo Democrático en cara a la
coyuntura electoral. Por otro lado, se conformaron diferentes frentes
electorales para las anteriores elecciones legislativas: El PCC
cristalizo su propuesta en torno a la reciente reaparición de la Unión
Patriótica, tras ser devuelta su personería jurídica después del
genocidio político vivido alrededor de hace 2 décadas; Fuerza Común,
junto a otros sectores, impulso la creación de País Común, y el
espectro del trotskismo histórico (Partido Socialista de los
Trabajadores) del país opto por apoyar el llamado al Voto en Blanco.
Por el lado del MOIR se decanto todas las fuerzas en el caballo de
batalla que ha sido hace bastante tiempo Jorge Robledo y de personajes
como el ex vocero de la MANE y actual estudiante Sergio Fernández; lo
suyo también hizo elPUP con la postulación del dirigente campesino del
Catatumbo Alberto Castilla; Iván Cepeda opto por ser acompañado por
Alirio Uribe, defensor de derechos humanos y miembro del Colectivo de
Abogados José Alvear Restrepo; para quienes no hacen parte del Polo la
Alianza Verde se mostró como un frente amplio en el cual se podrían
ubicar bajo una unidad meramente coyuntural: País Común lanzo por la
cámara de Bogotá a la militante de Fuerza Común Donka Atanassova; la
Unión Patriótica hizo un abanico de posibilidades donde a la cabeza se
encontraban los miembros del PCC Jaime Caycedo (antiguo concejal de
Bogotá) y Carlos Lozano; finalmente, los progresistas avalaron la
candidatura del ex miembro del M-19 Antonio Navarro Wolff.

Gran parte de la izquierda hizo suya las victorias que representaron
Robledo (quien logró la más alta votación del país y arrastro números
para superar el umbral y garantizar la continuidad del Polo como
partido), el ascenso de Castilla y Navarro Wolff al senado y la
permanencia de Cepeda en el cargo, así como la inclusión de Alirio
Uribe en la cámara por Bogotá. Sin embargo, tanto la UP como País
Comúnno obtuvieron escaño alguno. El PDA alcanzo en total 5 curules en
senado y 3 en cámara, viendo su participación reducida en comparación
con las elecciones del 2010; la Alianza Verde alcanzo 5 puestos en
senado y 6 en cámara. Para gran parte de la izquierda electoral lo
anterior representa una victoria en medio de los atrasos que le ha
significado perder un único referente amplio en las urnas.

Aquí nos encontramos con una paradoja: ¿La izquierda gana o pierde en
las elecciones? Esa es una pregunta que resuena mucho hoy por hoy en
los debates políticos, pero la pregunta debe ir más allá:¿Ganan los
sectores oprimidos del país?, ¿Gana un proyecto emancipador y de
clase?, ¿Gana el pueblo trabajador? Parece que a las fuerzas
electorales les preocupa más una táctica de visibilización versus una
estrategia revolucionaria, han considerado como un triunfo la entrada
de líderes sociales al legislativo, pero en verdad ¿Significa algún
cambio político real?

La burguesía nunca minara sus propias instituciones para permitir que
se le pueda escapar el poder: Por un lado, las maquinarias
politiqueras del país tienen un poderío que les permite mantenerse en
el poder (compra de votos, fraude electoral, etc.): Por más que
hagamos el llamado al voto a conciencia ya la derecha ha ganado sin
alguna, pensar ilusamente que estamos en capacidad de exigirle a la
burguesía que podamos participar en su juego bajo condiciones de
sinceridad e igualdad ya de por sí es un error grave de lectura, pero
más que ello, es entrarle a la política de conciliación de clases,
sobre todo cuando los discursos peligrosos como los de Robledo llaman
a una renovación del capitalismo codo a codo con la burguesía nacional
criolla que medio muestre cierta empatía con la idea de un
nacionalismo cuasi revolucionario, que a veces parece poco tener que
envidiarle a las más asesinas maquinas extranjeras. Y si por si eso no
fuera poco, tiene más caminos que escoger: en caso de que le sea
favorable en términos de apagar la llama popular revolucionaria
permitirle a la socialdemocracia acceder a ciertos cargos en el poder
de no tanta relevancia, le es fácil también controlar hasta qué punto
pueden maniobrar o en su defecto dispone de todo un aparataje
burocrático penal, jurídico y disciplinario presto a darle la
legalidad a las decisiones que tome (por encima del eufemismo del voto
o de la democracia) y poder reubicar a otra ficha en la posición que
deseen[1]. Y si no le basta dispone de las fuerzas represivas
estatales y paraestatales, que con la amenaza, el exilio, la
desaparición y hasta el asesinato a sangre fría cuando sea necesario,
están dispuestas a recuperar espacios que el poder burgués vaya
perdiendo eventualmente, de hecho, aquí no existe diferenciación entre
la centro derecha de la bota militar suave y la extrema más reacia y
goda: las dos son caras de la misma moneda, y parafraseando un poco me
atrevería a decir que el gobierno de Santos no lucha contra el
paramilitarismo y las posturas fascistas -evidentemente-, cuando ve
que el poder se le escapa recurre a la motosierra para mantener sus
privilegios. Entonces, ¿aceptamos el juego que nos imponen o buscamos
maneras alternativas de construir un mundo nuevo?

Mientras unas festejan obtener un escaño en el congreso, otras sabemos
que no se ha ganado nada y todo está por pelear, y que aun si la
izquierda llegase a ocupar una posición favorable en términos de
correlación de fuerzas tanto en este escenario como quizás (y solo
quizás) en la presidencia con el fin de cambiar la dirección del país,
no nos bastaría con ello: Nuestra crítica, como anarquistas
revolucionarias, debe ser mucho más profunda. No es simplemente
convertirnos en una alternativaextraparlamentaria: debemos
caracterizarnos también por ser un sector antiparlamentario, es decir,
más que rechazar la vía electoral por las causas objetivas que impone
la burguesía nos encontramos frente a una posición ética que reniega
el papel de lo parlamentario, y contrario a lo que muchas señalan, los
caminos de autogestión, solidaridad, apoyo mutuo y colectivización no
pueden existir al mismo tiempo junto a una estrategia electoral. Como
comunistas libertarias nuestro rechazo a cualquier forma de delegación
de responsabilidades, de profesionalización de la gestión pública, de
la separación de lo político y lo social, así como del parasitismo de
la burocracia y de la institucionalidad burguesa es una línea que
atraviesa tanto nuestros objetivos, como nuestra estrategia y táctica,
que si bien tiene sus matices en momentos puntuales nos encontramos en
un espectro que no ofrece más alternativas que desarrollar un programa
que se plantee la lucha desde abajo y por fuera de las vías que impone
el enemigo. La verdadera emancipación de las trabajadoras del campo y
la ciudad no será sino obra de si mismas.

Sin embargo, y con la idea de presentar elementos que nos puedan dar
mayor profundidad a la lectura, es importante analizar el actual
escenario de lucha de clases que podamos leer por medio de la
coyuntura electoral.

La abstención no es precisamente síndrome de rebeldía:

Varias compañeras libertarias se alegran del elevado porcentaje que
significa la abstención no solo en esta, sino prácticamente en todas
las elecciones del país. Sin embargo podemos llegar a pecar de una
lectura seca y dejar pasar el fenómeno como si nada, pero también, y
con mayor patología se presenta, se puede tener una lectura bastante
optimista frente a ello.

Si bien el discurso de la elite a través de sus medios de
desinformación y reproducidos dentro del seno de los barrios, es que
la abstención se da por la pereza, la flojera, el apoliticismo o la
desinformación, tampoco es que sea lo contrario. Incluso para quienes
defendemos la "abstención", debemos darle mayor cuerpo agregándole el
término "activa", porque sabemos que a su vez existen dos formas de
'no votar'. Entonces, existe un fuerte matiz, casi polarizado, frente
a este tema:

No todas las que no votan lo hacen por crítica, cuando menos
constituida y con mínimos rasgos propositivos. También estamos quienes
no votamos como señal de protesta, priorizando el escenario de la
organización y la movilización que da una respuesta puntual en un
momento, a su vez, puntual.Los altos niveles de abstención no
necesariamente significan altos niveles de combatividad, si fuera así,
más de la mitad de las personas del país estarían en las calles
peleándose otro modo de vida: la lucha de clases se encontraría en
otra etapa. Pero tampoco significa que no estemos en las calles y los
procesos de transformación no existan.

Determinar cuanto por ciento de quienes no votan están en una lógica
de abstención activa es casi imposible, sin embargo, y sin pecar de
buena o mala fe, es importante saber canalizar ese descontento y
apatía frente a las urnas en procesos de autoorganización. Podemos
llamar en todas las elecciones a no votar, pero si no proponemos
programaticamente algo, la abstención anarquista se vuelve también
pasiva, y lastimosamente, así parece que ha sido el cliché de cada 4
años para ciertas compañeras.

Como comentario adicional es importante apreciar con mayor detalle el
voto en nulo, que casi análogamente presenta similitudes con el nulo.
Se nos pretende mostrar los votos mal marcados como señal de que la
registraduría no diseño bien el tarjetón, que es difícil marcar, que
las personas prefieren jugar haciendo grafos, que falto pedagogía, y
otros cuentos de vieja data, y si bien pueden llegar a ser ciertos en
casos puntuales, el voto en nulo también es una representación de
descontento con los asuntos electorales, pero que de nuevo, puede ir
por dos caminos completamente diferentes: un lado pasivo, que se queda
en la simple apatía o desinterés, y por otro, una señal de protesta
que además pretende constituirse como propositiva. Creo que dentro de
la idea de la abstención activa es importante defender el voto en nulo
para aquellas personas que por condiciones materiales objetivas deben
usar este "derecho" para obtener ciertos beneficios: no estaría en
contra de que una trabajadora vote en nulo con la idea de obtener un
día de descanso pago o que lo haga una estudiante para minimizar
gastos en su matricula, son cosas con las que también se come y
debemos superar las barreras puristas que frenan lo táctico, y lo
humano. Pero de nuevo y sin ánimo de ser repetitivo: casi 1 millón y
medio de votos en nulo no significan una alta beligerancia.

La ilusión del voto en blanco

Si bien el voto en nulo y la abstención activa son tácticas que se
encuentran por fuera del juego electoral que impone la burguesía, ella
misma también ha ideado mecanismos que le sean similares y al mismo
tiempo le funcionen, muestra de ello es el voto en blanco.

El voto en blanco es una propuesta que no va más allá de cierto
descontento mal encauzado en las vías electorales, su victoria no
significa nada más que un cambio de fichas en el tablero de ajedrez
para que participen los mismos jugadores. Nuestra postura no rechaza
tal o cual candidata, sino que critica el programa que representa: Si
aun así el voto en blanco hubiera ganado y los partidos que
sobrevivieran a la eliminatoria del umbral -que las maquinarias
politiqueras tienen como superarlo- se hubieran visto obligados a
postular nuevas candidatas no cambiarían nada los intereses que
representan, saldrían intactos pues requieren de especialistas prestos
a ejecutarlos, ¿o acaso imaginamos que si la derecha tuviera que
presentar otras fachadas sus fines serian otros?

Empero, en medio de un panorama donde poca inserción social tenemos
las anarquistas es importante ver al voto en blanco como un voto de
opinión: algo hay, cierto descontento existe, interés de cambio aunque
sea iluso (alimentado por medios de desinformación y por líderes
populistas alejados de verdaderas ansias de transformación), algo se
mueve en la mayor parte de quienes optan por esta vía casi que al
margen de la conciencia de clase. El reto es entonces encauzar ese
algo en otras alternativas de carácter libertarias, saber captar ese
germen de rechazo en una táctica de abstención activa y darle mayor
movilidad de acción mediante un dialogo directo y horizontal con
quienes optan por aquel camino.

Las apuestas que nos quedan como anarquistas después de las elecciones

Es iluso creer que nuestra postura antiparlamentaria nos hace pensar
que el escenario electoral no nos toca. Así como el Estado no es un
ente centralizado sino que es un conjunto de relaciones sociales
inmersas no solo en las instituciones burguesas sino impuestas en el
seno del pueblo mismo, es su política de la representatividad y de las
mayorías una imposición al cambiante combate del día a día. Se ha sido
claro en señalar el cambio de la correlación de fuerzas: la extrema
derecha a recuperado poder político, lo que también significa el
aumento de la guerra sucia en campos y periferias urbanas
especialmente para nosotras como militantes revolucionarias; del mismo
modo, la izquierda ha visto reducida su capacidad de convocatoria
electoral, lo que le significa un retroceso y por ende llegaría
debilitada a espacios como una posible asamblea nacional constituyente
o una clima de "posconflicto"; y finalmente el modelo actual
neoliberal de santos continua su andar cuando menos con pocos
obstáculos. En los retos que se presenten en el corto plazo es
importante tener presente con quienes hacemos alianzas sectoriales o
estratégicas en épocas donde lo electoral prima para mayor parte de la
izquierda colombiana.

Sí nuestra estrategia no ve en lo electoral un campo de combate,
primero por entrar a jugar dentro del flanco donde el poder dominante
tiene todas las ventajas y segundo por postura ética de rechazo a lo
que significa el relegar nuestra voz, si vemos como prioridad la
construcción de alternativas que contrasten con la sociedad de hoy. La
tarea es entonces acrecentar la fuerza popular en universidades,
barrios, campos y ciudades desde abajo y por fuera del Estado: la
estrategia es generar gérmenes de decisión horizontal y asamblearia en
sindicatos, consejos estudiantiles, procesos culturales,
territoriales, barriales, juveniles, de mujeres, campesinos o
cualquier escenario donde veamos posibilidad de levantar organización
autónoma de clase. En estos momentos donde nos encontramos en una
etapa de maduración del anarquismo organizado en Colombia, es preciso
decantar todas nuestras fuerzas en una inserción social real en estos
mismos escenarios, contagiando las prácticas libertarias en donde
hagamos presencia y desarrollando un trabajo coordinado y colectivo
con una vocación de masificación de la idea libertaria. La autogestión
de los territorios y las comunidades, así como la proyección de la
acción directa popular es el reto que debemos enfrentar.

Steven Crux


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[1] Ver el caso de Petro a modo de ejemplo.
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