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(ca) El destino de América se juega ahora en Honduras

Date Sat, 3 Oct 2009 20:08:08 +0200



En las siguientes líneas apunto algunas reflexiones iniciadas al calor de
las horas siguientes al retorno de Zelaya al suelo hondureño. Seguí
observando y tomando notas los días siguientes, cuando la embajada del
Brasil se hizo el epicentro del terremoto político centroamericano. Abordo
el tema a partir de un ángulo distinto al de la visión mayoritaria. Busco,
a través del presidente depuesto, localizar a los protagonistas
organizados en las entidades de base y en el Frente Nacional de
Resistencia.

Tres golpes en siete años: el Imperio perdió dos y corre el riesgo de
perder uno más

En los últimos siete años, tres intentos de golpe de Estado fueron
practicados por oligarquías latino-americanas coordinadas, de forma
oficial u oficiosa por los Estados Unidos (EUA), a través del Departamento
de Estado, el Comando Sur y agencias como la CIA y la DEA. El primero fue
en Venezuela, en abril de 2002, cercando al cholo Hugo Chávez en el
Palacio Miraflores y resultando en una poblada, con Caracas en pie de
guerra y las fuerzas armadas divididas. Chávez volvió al poder, derrotó a
los escuálidos y profundizó su estilo de gobierno. Después de la victoria
contra los golpistas y la derrota sobre la derecha luego del lock out
petrolero, el pueblo de los barrios y morros pasó la ofensiva, forzando al
gobierno a profundizar el proceso de división de ingresos y rentas.

Otro intento ocurrió en Bolivia, en septiembre de 2008, a través de las
oligarquías de la llamada Media Luna. En esta ocasión, la máscara cayó y
uno de los líderes públicos de la oligarquía cruceña se hizo público. Se
trata del notorio traficante de drogas y latifundista de soya, Branko Gora
Marinkovitch Jovicevic; nacido en Bolivia, hijo de croatas pro-nazis y
formado en la Universidad de Tejas. El entonces presidente del Comité
Cívico de Santa Cruz, fomentó una rebelión derechista, moviendo la chicha
y la cerveza de a litro, predicando la secesión del país "productivo"
contra los "lerdos" del altiplano. La aventura terminó en la Masacre de
Pando y en el cerco estratégico de columnas populares a algunas capitales
separatistas. El gobierno del aymará Evo Morales se mantuvo gracias a su
capacidad de respuesta, una vez que dos columnas de campesinos y mineros
cercaron la capital de la secesión camba, Santa Cruz de la Sierra. La
tierra de Túpac Katari e Inti Peredo casi vivió la última guerra de
liberación anti-colonial. No se dió aquella vez y la legalidad republicana
viene sobreviviendo desde entonces.

En la tercera tentativa, los poderes hondureños, a través de las fuerzas
armadas entrenadas bajo la influencia de la Escuela de Américas,
derrumbaron al presidente electo. No fue un golpe como los del periodo de
la Guerra Fría y ni siquiera se parece al autogolpe del nipo-peruano
Alberto Fujimori, en abril de 1992. José Manuel Zelaya Rosales fue
derrumbado por un golpe cívico-militar el 28 de junio de este año. Justo
el domingo de mañana, día en que se convocaba una consulta acerca de la
necesidad o no de una Asamblea Nacional Constituyente, el presidente
electo por el Partido Liberal de Honduras (PLH), fue cercado en su
residencia y llevado preso a Costa Rica. A partir de este día hasta su
retorno el 22/09 al país, Zelaya practicó una intensa actividad
diplomática, rellenada de alianzas puntuales y dobles discursos. La
motivación fáctica de los oligarcas bananeros de siempre en Honduras es la
legalidad constitucional.

Parece que se inspiran en la posibilidad de repetir el año de 1955 en la
Argentina. Una vez derrumbado Juan Domingo Perón a través de un golpe más
a la derecha (gorilas, liberales, socialistas y comunistas pró-Moscú)
iniciado el 16 de septiembre, el peronismo/justicialismo quedó prohibido
de participar ? al menos en su integralidad? en las elecciones
subsecuentes. Si Zelaya no volviera, esa sería la línea adoptada por el
presidente golpista Roberto Micheletti, por el general torturador Romeo
Vásquez (el ex-jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas
hondureñas, destituido días antes del golpe) y el gobierno exterior en
paralelo comandado por los ultra-conservadores yankees encastillados en el
Departamento de Estado y en el Comando Sur del Imperio.

En Honduras, hay una bomba de tiempo accionada

Hay momentos en la trayectoria de un país en que la toma de decisión es
fundamental. En el caso de Honduras, a pesar y además de todas las
alianzas y maniobras diplomáticas realizadas por el presidente depuesto
José Manuel Zelaya Rosales, había un factor estratégico. Ese factor tiene
un nombre y se llama correr riesgos. Si el liderazgo del presidente
constitucional quería mantenerse legítimo, el latifundista convertido en
líder popular tendría que luchar, ponerse en la recta y arriesgar la vida.
El país sufrió un golpe a través de un ejército fiel y leal la Escuela de
Américas que lo entrenó, y subordinado a los poderes instituidos bajo el
control de la oligarquía local. Ese es el tipo de tropa que no juguetea y
no se arrepiente. Todo golpe de Estado es sinónimo de violencia y peligro.
Para recuperar partes de este poder, había que jugar con todas las
posibilidades, inclusive de vida. Y, Zelaya, cuando cruzó la frontera y se
refugió en la embajada brasileña en Tegucigalpa, tomó para sí esa carga.

Muchos analistas dudaban de la capacidad del político de carrera del
Partido Liberal de Honduras (PLH) para aceptar el desafío impuesto. Los
dos primeros intentos de retornar al país, sin siquiera pasar de la
frontera con Nicaragua reforzaron este punto de vista. Confieso que estaba
escéptico también, y erré. Detalle, eso no convierte a José Manuel en José
Martí o José Gervasio ni nada parecido. Él es la última esperanza de un
proceso de división de un poco de renta y riqueza y de un desarrollo
capitalista parcialmente autónomo. A su izquierda, en el seno del Frente
Nacional de la Resistencia tiene gente muy seria, peleando duro y
asestando lejos, yendo más allá de los horizontes de la democracia
liberal-burguesa, apuntando hacia objetivos finalistas de democracia de
tipo directa e insubordinación del país al negocio de plataforma de
exportación primaria para el Imperio. Fue esa la parcela de hondureños que
obligó Zelaya a moverse. Y, para sorpresa de muchos, incluyendo este que
escribe, él lo hizo.

En situaciones límite, la calidad del liderazgo político también implica
en su pré-disposición personal a jugar duro y transitar en las parcelas
grises de las estructuras y alianzas internacionales y continentales. No
tengamos ilusiones, nadie hace política en el exilio sin infraestructura,
recursos y seguridad individual. Dada la procedencia de los militares
hondureños, la posibilidad de ser asesinado era y es una constante. Si el
magnicidio es hablado abierta y públicamente en los medios de comunicación
oligárquicos de Venezuela, qué se dirá en las sombras de ventanas de
fondos de cuartos de hotel y casas de apoyos en las zonas de frontera. El
ex-presidente tiene agotamientos de confianza, y con certeza buenos
contactos entre oficiales militares de su país. Aun así, para cruzar la
frontera de un pequeño país extremadamente vigilado, tuvo que haber
defección y errores entre sectores castrenses.

Durante los ochenta y seis días que peregrinó por la América Céntral y
yendo a los foros diplomáticos adecuados, Zelaya contó con logística y un
aparato de inteligencia operando para él. De lo contrario, ni vivo
estaría. Aún un ex-presidente depuesto pasa dificultades, y todo aparato
político ?aún más en el exilio? cuesta caro. Sin infraestructura y
recursos, no se hace nada más que testificar la decadencia de un proyecto
político. No fue esta la alternativa de Zelaya, dada la velocidad con que
se movía. Los países del Continente están jugando con la posibilidad de
frenar la tentativa de contra-ofensiva del Imperio. Y el epicentro ahora
está en Honduras. Esa constatación refuerza la tesis del apoyo directo o
indirecto de gobiernos y administraciones latino-americanas.

Ciertamente para eso, contó con aliados diversos y muchas veces disputando
liderazgo en la misma región. Tal es el caso entre Brasil (¡finalmente!) y
Venezuela, que ya venía dando sustentación al gobierno de Mel a partir de
las negociaciones lícitas del precio del barril de petróleo y en
operaciones de tipo corazones y mentes, como la Operación Milagro, donde
los ancianos fueron operados gratuitamente (como debe ser) de cataratas y
otras enfermedades curables de los ojos.

Pero, en ese breve exilio el presidente depuesto tuvo que tener habilidad
con las reglas de la política tradicional. Oscilando entre grupos, Zelaya
juega un poco como franco-tirador en la política, aunque parezca un poco
más bufón de lo que es. Primero señaló ser favorable al Acuerdo de San
José, coordinado por el presidente de Costa Rica, Oscar Arias. En este
texto, constaba la amnistía para los golpistas y el abandono de la
convocatoria a una Asamblea Constituyente. Si esta vergüenza se hubiera
dado, quedaba abierta la puerta para una serie de golpes institucionales o
posibilidades jurídicas "destituyentes" de los gobiernos electos. Por
suerte, después del anuncio de Mr. Arias, Zelaya vociferó estar contra el
texto y el "consenso" ?cuyo precio era intentar "pacificar" la
resistencia- para el retorno.

Lo que hay de inusitado es la reacción del presidente destituido. La
mayoría de las veces, los líderes de tradición oligárquica, aún con apoyo
popular, no arriesgan a la desintegración del orden social para recuperar
una parcela del poder político. Tal fue el caso del ex-presidente
brasileño depuesto João Goulart, por ejemplo. Ante la posibilidad de
división de las fuerzas armadas y guerra civil en defensa de su gobierno y
del proceso democrático-liberal, Jango roncó bajo y no accionó la cadena
de mando entre militares aún leales a él. No tuvimos "guerra civil" en el
Brasil, pero se pagó el precio de más de cuarenta mil torturados, presos
políticos, desaparecidos y veintiun años de dictadura. El precio fue alto
de más para mantener el orden social en detrimento del orden político.
Quedemos atentos, porque ese tipo de maniobra aún puede ocurrir con
Zelaya. Aunque, seamos justos, cada día que pasa, los márgenes para tomar
ese tipo de decisión se reducen.

Quién lucha en Honduras y cómo informarse de esta epopeya cívico-popular

No me sorprenden las multitudes en las calles de Tegucigalpa y de otras
ciudades hondureñas. Desde el día 28 de junio leo diariamente los medios
alternativos hondureños. A pesar de la desinformación por la cual pasamos,
es posible atravesar el bloqueo mediático. Por un lado, acompañé al Frente
Nacional de la Resistencia a través de medios hondureños alternativos,
como el excelente proyecto Habla Honduras, o en las transmisiones de radio
web de la Radio Feminista o de la Radio Liberada. Las fotos, vídeos y
transmisiones radiofónicas no dejan dudas. Estamos delante de una pelea
popular y con una dimensión gigantesca para las proporciones del país.

La pauta central de las entidades y organizaciones que componen el Frente
Nacional de Resistencia Contra el Golpe es la nueva constitución y la
pulverización del poder. Este se concentra tanto en la oligarquía
hondureña como en sus socias mayoritarias, transnacionales mineras o
bananeras como la estadounidense Chiquita, ex United Fruit.

Chávez, Lula y hasta Obama saben que Manuel Zelaya sabe que está sentado
sobre una bomba reloj. Por un milagro de Don Oscar Romero milagrosamente,
esta vez el Brasil y su diplomacia se comportaron a la altura de quien
quiera ser líder en la región. Este país, que se enorgullece de ser
neutral en los conflictos, fue el que ayudó a exportar la Doctrina de las
Fronteras Ideológicas, enviando torturadores a los cuatro cantos del
Continente, además de haber participado activamente en la Operación
Cóndor. Se espera que la medida de recibir el presidente depuesto en la
embajada de Tegucigalpa comience a cambiar las prácticas de Itamarati
(Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil).

Concluyendo el análisis

Honduras está próximo a un conflicto en gran escala, pudiendo resultar en
una rebelión popular sin precedentes. Se espera que el pueblo hondureño en
general, y el Frente Nacional de la Resistencia en particular, estén
preparados para una lucha a largo plazo. En el corto plazo, derrotar a los
golpistas tiene un significado estratégico para toda América Latina.

Bruno Lima Rocha
Militante anarquista brasileño

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