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(ca) Clinton y la domesticación de Haití

Date Fri, 2 Oct 2009 18:14:55 +0200



[El siguiente es un artículo escrito para un próximo libro que se
publicará en Uruguay en contra de la ocupación de Ayití. Este volumen es
coordinado por el Comité Democrático Haitiano en Argentina.]

Clinton y la domesticación de Haití

Una sonrisa blanca no es sinónimo de amistad

"Jan ou vini se jan an yo resevwa ou"
(Según cómo vengas, te recibirán. Proverbio Aysien)

El 19 de Mayo, Ban Ki Moon, secretario general de la ONU, nombró al ex
presidente de los EEUU, Bill Clinton enviado especial de Naciones Unidas a
Haití[1]. Su misión: "ayudar a movilizar recursos para la reconstrucción
de ese país, devastado por los fenómenos naturales y la crisis de
alimentos, entre otros problemas"[2].

A comienzos de Septiembre, Clinton y el jefe de la MINUSTAH, el tunecino
Hédi Annaba, tras ?recordar? de manera, por lo demás, bastante
paternalista que los haitianos son gente perfectamente capacitada,
inteligente y creativa (les faltó solamente agregar "casi como el resto de
nosotros"), nos dicen que la miseria, la opresión y la violencia que
imperan en el país caribeño se debe a que:

"Han sufrido malos gobiernos, abusos y negligencia tanto de su propio país
como de sus vecinos y de la comunidad internacional. Actualmente tenemos
un gran equipo de líderes en Haití, podemos revertir la situación. Y
porque podemos, debemos hacerlo"[3].

Esta confesión es sorprendente, pues por primera vez, al menos que yo
sepa, un líder de la "comunidad internacional" reconoce, aunque sólo sea
de paso, que esta comunidad internacional tiene algo que ver con la
situación de penuria en que Ayití[4] (Haití) está sumido. Y de sus
declaraciones se puede desprender que ha habido una cierta relación entre
la dirigencia haitiana, abusiva y negligente, y esa misma comunidad
internacional. Viniendo de un personaje como Clinton, esta declaración no
debiera ser tomada a la ligera y nos debiera refrescar la memoria respecto
al rol que el propio Clinton ha jugado en relación a los abusos que el
pueblo ayisien[5] ha sufrido por tanto tiempo y el cual él mismo no parece
recordar bien.

Clinton y el regreso de los makoutes[6] al poder en Ayití (1993-1994)

"Ipokrit se kouto de bò"
(Los hipócritas son un arma de doble filo. Proverbio Ayisien)

Con su nombramiento en Mayo como flamante enviado especial del secretario
general de la ONU en Haití, no era la primera vez que Clinton posa de
"amigo" del pueblo haitiano. La primera vez que lo hizo, fue hace unos 15
años, cuando en Ayití se había impuesto a sangre y fuego una de las
dictaduras más feroces que han asolado a ese país, la dictadura de Raoul
Cedras.

Refresquemos un poco la memoria. En Septiembre de 1991, tras siete meses
en el poder, el padre Jean Bertrand Aristide, un sacerdote seguidor de la
Teología de la Liberación y líder de uno de los movimientos populares más
importantes en la historia reciente haitiana, forjado en la lucha contra
la dictadura de los Duvalier, era derrocado mediante un Golpe de Estado
financiado por la CIA y el cual recibió extra-oficialmente el visto bueno
de la Casa Blanca (extra-oficialmente, pues no se podía deteriorar su
imagen de supuesto "guardián de la democracia" posterior al término de la
Guerra Fría y la inauguración del supuesto Nuevo Orden Mundial)[7].

Durante su campaña presidencial de 1993, Clinton criticó la política de
Bush hacia Haití, criticando su mano blanda con los makoutes y que no
reconociera inequívocamente la legitimidad del derrocado Aristide. Clinton
fue particularmente virulento en criticar la política de Bush de repatriar
a los balseros haitianos, en momentos en que los makoutes asesinaban a un
total de 5.000 personas, mutilando, torturando y violando a muchos miles
más. Entre sus promesas, estaba el detener la repatriación de ayisiens que
buscaran asilo en frágiles balsas desafiando las vicisitudes del viaje a
Florida, y cumplir con las obligaciones internacionales de los EEUU en
cuanto a garantizar el asilo político a los refugiados, tomar medidas más
drásticas para el re-establecimiento de Aristide en el poder y endurecer
el embargo en contra de Haití[8] (al que Chomsky definió como el embargo
más poroso de toda la historia, un mero acto de "imagen pública" de los
EEUU sin ninguna intención de traducirse en una presión real en contra de
los makoutes[9]).

No fueron pocos los ayisiens que mordieron el anzuelo (incluido el propio
Aristide) y que creyeron que el imperialismo puede ser modificado desde el
mismo centro imperialista. O que creen que la política exterior de EEUU no
es política de Estado, sino que depende de los caprichos personales de
cada presidente. Con Clinton en el poder, pensaban, todo sería diferente.
No fueron pocos los que apoyaron activamente su campaña[10]. Pero lo que
ocurrió cuando Clinton llegó al poder, no pudo ser más decepcionante: no
solamente tardó bastantes meses en cerrar los campos de concentración
abiertos por Bush en Guantánamo para albergar, en condiciones
infrahumanas, a miles de refugiados ayisiens (Abril de 1993), sino que en
Junio de 1994 los volvió a abrir, apenas la dictadura reforzó nuevamente
el terror y realizó nuevas atrocidades y masacres, con lo cual una nueva
oleada de balseros ayisiens tomaba rumbo a Florida. Las condiciones de
hacinamiento de estos campos de concentración eran horrendos: construidos
para albergar a 5.000 personas, llegaron en Agosto de 1994 a albergar a
más de 50.000 personas como auténticos animales[11]. Por lo demás, su
política de repatriación no fue en nada diferente a la de Bush.

Para efectos de su imagen, Clinton se limitaba a señalar que su gobierno
eliminaría de raíz la causa del flujo de refugiados, es decir, la
dictadura de Cedras, y que volvería a instalar a Aristide en el poder.
Efectivamente, Clinton puso a Aristide de nuevo en el poder en Septiembre
de 1994, pero tras tortuosas negociaciones en las cuales se le obligó a
renunciar a la dimensión reformista de su programa político, se le forzaba
a la "reconciliación nacional" (es decir, compartir el poder con los
mismos que torturaron y mutilaron a su base social de apoyo, quienes,
convenientemente, recibirían amnistía) y a implementar una serie de
medidas neoliberales recomendadas por las instituciones financieras
internacionales que iban directamente en contra de los intereses de
quienes lo eligieron para mejorar la mísera subsistencia en que languidece
el pueblo haitiano. O sea, el retorno de Aristide se condicionó a un
compromiso con los makoutes, a dar impunidad a los militares genocidas y a
quienes les dieron respaldo político y a profundizar los intereses
económicos de los EEUU en Haití[12].

Nada de lo que ha ocurrido en Ayití desde entonces puede ser entendido al
margen de estos acontecimientos. Lo que vemos hoy en día, es el segundo
acto de un proceso de domesticación del movimiento popular ayisien que
comenzó con el golpe de Septiembre de 1991.


Clinton y el regreso de los piratas al Caribe


"Fizi tire, nanpwen aranjman"
(Cuando el fusil dispara, no puede haber acuerdo. Proverbio Ayisien)

El contexto en el cual Clinton vuelve a ofrecer sus ?buenos oficios? para
la estabilización de Ayití es diferente al contexto de 1993-1994 solamente
en la medida en que la actual ocupación militar que sostiene al régimen de
facto de Preval en el poder no es más que una versión extrema de los
regímenes clientelistas que combinan ?eficazmente? intervención extranjera
y autocracia nativa que han caracterizado los últimos cien años de
historia haitiana. Régimen que, por lo demás, se da en el contexto de más
absoluta descomposición de la República de Haití.

Este nuevo contexto se abre con el Golpe del 2004, que derrocó a Aristide
por segunda vez del gobierno. Esta vez Aristide ya no estaba a la cabeza
de un poderoso movimiento de base que emergía potente de la lucha
anti-dictatorial, como cuando llegó al poder en 1991, sino que de un
gobierno aislado y en ruinas, que sobrevivía a duras penas y ante un
pueblo que apenas se contentaba con ciertas medidas que le permitieran
mejorar su existencia, por humildes que estas fueran, o con ciertos
paliativos a su pobreza extrema. En este contexto Aristide opone cierta
resistencia a las imposiciones de las instituciones financieras
internacionales, señala la responsabilidad de las potencias extranjeras en
las miserias de Ayití y busca ciertas reformas que lo vuelven a poner en
oposición a una oligarquía inflexible, incapaz de hacer la menor concesión
o de aceptar la menor alteración del status quo, y que pensó haber
erradicado para siempre el espectro del reformismo en 1991. Es así como en
medio de una crisis política catapultada por tropas paramilitares
entrenadas por la CIA, tropas de Francia, Canadá, EEUU y Chile secuestran
a Aristide a fines de Febrero del 2004, inaugurándose así un nuevo ciclo
de represión y gobiernos de facto, bajo la bota militar de la MINUSTAH,
una fuerza militar-policíaca internacional ?de la ONU- la cual cumple el
rol del ejército golpista en un país que desde 1995 no posee ejército
propio[13].

Y así como a Bush pade y a Bush hijo les tocó el rol de ser orquestadores
de ambos derrocamientos de Aristide, es al mismo Clinton a quien le ha
tocado el rol de ?normalizar? la situación post-golpe. Entonces, Clinton
proponía el retorno de Aristide. Ahora eso está fuera de la agenda: la
comunidad internacional acepta la normalidad de la condición de
protectorado de Ayití. Ahora Clinton vuelve con la misión de hacer
propaganda del ?fantástico? trabajo realizado por MINUSTAH. Pero Clinton
también vuelve esta vez (pues no debemos olvidarnos que, como toda
dictadura, esta también es una dictadura de la clase dominante) con la
cantinela tan popular en los ?90, pero absolutamente desacreditada hoy por
hoy, según la cual es necesario atraer inversión internacional y que ésta,
por arte de magia, solucionaría los problemas del ?subdesarrollo?. No es
necesario decir que el caso haitiano comprueba, empíricamente, que el
momento de mayor flujo de inversión extranjera, coincide con un proceso de
empobrecimiento sin precedentes de la población. Me refiero al período
comprendido por las décadas de 1970-1980, cuando se pensaba que Haití
podría convertirse en el ?Taiwán del Caribe?[14]. ?Los haitianos trabajan
duro? dice Clinton. ?Los haitianos trabajan bien. Le quiero decir al mundo
entero que este es un buen lugar para invertir?[15]. Como si el mundo no
lo supiera. Con sueldos de miseria, con falta absoluta de regulación
laboral en las zonas francas y con dos acuerdos comerciales hechos a la
medida del capital extranjero (el HOPE Act con EEUU y un EPA con la
UE[16]) es difícil que no lo sepan. Lo que no queda claro es que relación
pueda existir entre los niveles de explotación del pueblo haitiano y la
creación de nuevos enclaves de capital extranjero con el mejoramiento de
las míseras condiciones de vida de los ayisiens. De hecho, todos se
apresuran a ver cómo hacen plata con Haití: hasta Brasil, en estos días,
ha revelado su intención de aprovechar para sus empresas de ensamblaje
asentadas en las zonas francas haitianas los beneficios del HOPE Act[17].
Al final de cuentas, Clinton lo que viene a hacer es a terminar el trabajo
que dejó inconcluso en los ?90, es decir, consolidar el proyecto de Ayití
como una mera bolsa de mano de obra barata, desorganizada, sin derechos,
bajo tutela militar internacional, que esté siempre disponible para los
inversionistas extranjeros. Un lugar sin proyecto, sin destino y sin
futuro propio, en el cual las necesidades de su población sean satisfechas
mediante indigna caridad.

Volviendo a la sorprendente cita de Clinton que motivó nuestra reflexión
inicial, nos damos cuenta que esto se desprende de sus propias palabras,
si se leen con cuidado y atención:

?Han sufrido malos gobiernos, abusos y negligencia tanto de su propio país
como de sus vecinos y de la comunidad internacional. Actualmente tenemos
un gran equipo de líderes en Haití, podemos revertir la situación. Y
porque podemos, debemos hacerlo?[18].

¿Quiénes son este gran equipo de líderes en Ayití? ¿Los líderes de la
ocupación militar, la MINUSTAH, la cual es la fuerza militar que, a falta
de ejército nacional haitiano sustenta por las armas el poder de los
makoutes tras el golpe de Estado del 2004? ¿Los empresarios trasnacionales
y sus aliados locales ?como Andy Apaid, empresario makoute de tomo a lomo-
que mantienen al pueblo trabajador en Ayití sobreviviendo con salarios de
hambre? ¿El gobierno títere de Preval, que no es otra cosa que un gobierno
de fachada democrática, pero sin ninguna clase de contenido democrático,
ni en el sentido más burgués del término, que no hace más que administrar
un régimen golpista y desacreditado?[19]

Lo que se desprende de las afirmaciones de Clinton es que, para él, así
como para el resto de la ?comunidad internacional?, la solución a los
problemas de Ayití no está, y no puede estar, en las manos del propio
pueblo ayisien. Por eso es ahora que Ayití puede ser violado, saqueado
bajo una ocupación militar que ha convertido a Ayití en un verdadero
protectorado de la ONU, ahora, y solamente ahora, es que este país cuenta
con un ?gran equipo de líderes?, lo suficientemente obedientes, mansos y
domesticados como para no ir a contravía de los dictados de los EEUU,
Francia y ahora también, de Brasil, que se abrió paso como una nueva
potencia regional. Nada se dice de la escasa participación en las últimas
elecciones (Abril y Junio), en las que se volvió a impedir, una vez más,
que participara el partido del derrocado Aristide, Fanmi Lavalas, y en las
cuales participaron según diversas fuentes, apenas entre un 5% y un 11%
del electorado, desnudando la falta de legitimidad del régimen[20]. Aunque
claro, lo que tengan que decir los propios ayisien rara vez es tomado en
consideración por sus patrones y defensores del Norte.


Ayití y la recomposición hemisférica de la hegemonía norteamericana


"Ti kou ti kou bay lanmò"
(Un golpe suave tras otro, asesina. Proverbio Ayisien)

El Golpe en Ayití y la subsiguiente ocupación militar, no puede ser
considerado como un hecho aislado. En sí mismo refleja los cambios que han
operado en la política hemisférica desde el resquebrajamiento del Nuevo
Orden Mundial a fines de los ?90 y desde comienzos de la política
norteamericana de la Guerra contra el Terrorismo[21]. Por una parte, la
ocupación a cargo de tropas latinoamericanas, bajo la hegemonía de Brasil,
demuestran la emergencia de potencias regionales con capacidad de disputar
la hegemonía absoluta de los EEUU en diversas regiones y con intereses
propios ?sea la ambición brasileña de conseguir un espacio permanente en
el Consejo de Seguridad de la ONU o sus intereses en las zonas francas
haitianas[22]. Por otra parte, este Golpe también refleja la reacción de
las oligarquías latinoamericanas en contra del ciclo de protesta popular
que ha venido sacudiendo a América Latina desde el año 2000 en adelante.
Ambos factores han marcado un cierto declive del poderío del país del
dólar en Latinoamérica, su tradicional patio trasero. Y hoy está dispuesto
a recomponer esta hegemonía pérdida a las buenas o a las malas: sea
mediante la reactivación del Comando Sur, mediante la instalación de
nuevas bases militares en Colombia, mediante el impulso de acuerdos de
libre comercio bilaterales con países como Perú, Chile y los de Centro
América, mediante el estímulo a movimientos reaccionarios,
ultra-conservadores y aún fascistas en Santa Cruz (Bolivia), Venezuela,
Colombia y en mediante el apoyo, directo o indirecto, de experiencias
golpistas en Ayití o en Honduras[23]. Ambos países, de los más
empobrecidos de la región, recuerdan que el hilo siempre se corta por el
lado más débil.

Mientras el apoyo de los EEUU a los golpistas haitianos en el 2004 está
fuera de cuestionamiento, el rol de EEUU en Honduras no es del todo claro,
pero al menos ha habido una cierta tolerancia cómplice del régimen
presidido por Micheletti, el cual es impensable haya sido instalado por un
Golpe Militar por parte de uno de los ejércitos más serviles al Pentágono
sin su conocimiento o consentimiento[24]. Mientras, por una parte, la
Secretaria de Estado de los EEUU, Hillary Clinton, se distancia de los
golpistas hondureños, reconoce de manera tibia la legitimidad del gobierno
de Zelaya y establece algunas sanciones más destinadas al parecer a
acallar las voces que han señalado la mano de Washington tras el Golpe que
a ejercer una presión real sobre los golpistas, por otra, patrocina unas
negociaciones inaceptables en Costa Rica entre los golpistas y Zelaya ?que
buscan limitar el margen de reformas sociales de Zelaya y obligar una
participación mayor de los golpistas en un eventual ?gobierno de
reconciliación nacional?- y permite que continúen las fluidas relaciones
entre el cuerpo militar norteamericano asentado en la base militar de Soto
Cano y los militares Gorilas como si aquí no hubiera pasado nada. Esto,
sin mencionar el hecho de que dos asociados íntimos de la familia Clinton
?Lanny Davis y Bennett Ratcliff- prestan sus servicios como asesores y
defensores de oficio de la dictadura hondureña[25].

La diferencia es que mientras el Golpe de Estado en Honduras fue condenado
al unísono por la comunidad internacional, y de la manera más enérgica por
los países latinoamericanos, el Golpe de Estado en Haití pasó
desapercibido como tal: fue mostrado en la prensa internacional como una
?rebelión?, como un ?amotinamiento?, como una nueva ?crisis política?
entre tantas otras, ocultándose de tal manera su verdadera naturaleza. Es
un Golpe de Estado que hasta la fecha no se reconoce en estos términos. Y
mucho menos se reconoce que la ocupación militar de la mano de la MINUSTAH
no es sino un régimen de fuerza que mantiene el status quo inaugurado en
Febrero del 2004 con el segundo derrocamiento de Aristide. El componente
militar de esta dictadura sui generis se cubre con piel de oveja: misión
de paz, humanitaria, para la reconstrucción nacional, etc. Dejando de
lado, claro está, el innegable carácter coercitivo y represivo que le ha
caracterizado, del cual son prueba fehaciente las múltiples masacres (que
han costado la vida a unos 10.000 haitianos según el informe Lancet),
violaciones y crímenes perpetrados por los cascos azules, los cuales han
sido debidamente registrados y denunciados ante la silenciosa complicidad
de la misma ?comunidad internacional? que se rasga las vestiduras ante el
golpe hondureño[26].

Lo más grave de todo esto, es que la misma comunidad latinoamericana que
mueve todos los hilos diplomáticos para lograr una solución pacífica a la
crisis hondureña, es decir, una solución en la cual se bloquee tanto al
gorilismo como a un eventual desborde popular por la izquierda, es parte
activa en la MINUSTAH, la cual está mayoritariamente compuesta por tropas
latinoamericanas (principalmente brasileñas, chilenas y argentinas),
adoctrinadas ellas mismas en la Doctrina de Seguridad Nacional[27]. Las
tropas de la MINUSTAH no han dejado de realizar actos de violencia en
contra del pueblo ayisien, cuando el 18 de Junio durante el funeral del
padre Jean Juste, antiguo compañero de Aristide, en escaramuzas con los
asistentes, asesinaron a un joven, Kenel Pascal[28]. De igual manera,
reaccionaron con inusitada violencia en contra de los trabajadores que
protestaron en contra de la ocupación y la miseria de la clase trabajadora
el primero de Mayo[29] y en contra de los estudiantes que entre Junio y
Agosto protestaron a favor del aumento del salario mínimo de hambre en
Ayití[30]. Aún cuando la principal ola represiva tuvo lugar durante el
período del 2004-2006, apenas surge la sombra de la protesta social, la
MINUSTAH no vacila en mostrar sus colmillos afilados.

Pero aunque existan diferencias entre ambas experiencias golpistas, el
resultado final no ha sido diferente, y es que ambas apuntan a recomponer
esa hegemonía pérdida y a instalar en el poder a agentes fiables (que en
el caso de Honduras se espera ocupen un lugar en un supuesto gobierno de
reconciliación tras la vuelta al poder de Zelaya, según el modelo ya
probado exitosamente en Haití en las negociaciones de 1994). En el marco
de esta ocupación, de los esfuerzos por ?normalizar? la situación
haitiana, al menos en apariencias, y en este contexto de búsqueda de la
recomposición de la hegemonía perdida por parte de los EEUU, es que
podemos apreciar mejor la verdadera misión de Clinton como enviado
especial del secretario general de la ONU en Haití. Es la zanahoria que
sigue al garrote. Aunque siga cayendo palo cuando sea necesario.
Entendiendo en contexto el rol que Clinton ha jugado en las últimas dos
décadas en Ayití, es que uno no puede dejar de pensar que el nombre de uno
de los huracanes que en Agosto azotó las costas haitianas, dejando tras de
sí la estela de muerte y destrucción de rigor, haya sido llamado Bill. En
realidad, la política de Bill Clinton hacia Ayití no ha sido mucho más
benigna que estos huracanes.


José Antonio Gutiérrez D.
22 de Septiembre del 2009

Leer las notas al pie de página en http://www.anarkismo.net/article/14590

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