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(ca) Anarquismo y Poder Popular

Date Fri, 27 Feb 2009 11:22:50 +0100 (CET)



"Pese a todo, a lo largo y lo ancho del país se oye un solo grito que
resuena en las fábricas, fundos, poblaciones y liceos, en los cuarteles
del pueblo: el llamado a crear, fortalecer y multiplicar el poder popular"
Miguel Enríquez

"Organizar las fuerzas del pueblo para realizar la revolución es el único
fin de aquellos que desean sinceramente la libertad"
Mijail Bakunin

"Favorecer las organizaciones populares de todos los tipos es la
consecuencia lógica de nuestras ideas fundamentales y, por eso, debería
ser parte integral de nuestro programa"
Errico Malatesta

En principio asociar anarquismo y poder, tener la osadía de incluirlos en
el mismo título, parece una contradicción irresoluble o una broma de mal
gusto contra todo luchador o luchadora de la libertad. Esto, porque el
poder es usualmente sinónimo de dominio y el anarquismo sociopolítico,
aquel que aboga por una sociedad sin gobierno, rechaza toda forma de
autoridad, toda imposición de la voluntad propia sobre la de los otros.
Sin embargo, ¿debe el poder ser entendido únicamente como una imposición
autoritaria, como un "poder sobre"? ¿No se puede comprender el poder de
otra forma, es decir, como un "poder-hacer colectivo", un "poder-construir
en conjunto"?

Son los de arriba, aquellos que mandan, los que nos han hecho creer que el
poder es un "objeto" del cual ellos tienen posesión, una ?cosa? despegada
de las relaciones sociales, un aparato trascendente de sujeción. Pero, en
cambio, nosotros y nosotras, los y las de abajo, concebimos el poder de
otra forma: no como una "cosa", sino como una "relación", como un poder
social alternativo y liberador. Así, nuestro poder es principalmente una
capacidad colectiva de imaginar y de crear en el aquí y ahora una nueva
sociedad.

Ahora, para que este poder colectivo sea popular, el agente no puede ser
otro que el pueblo, ese sujeto plural que se define por la reunión de las
clases subalternas, de los marginales, de los desposeídos, de los
excluidos. Este pueblo no es uno, sino que es múltiple, es una diversidad
de aspiraciones, de formas y proyectos de vida, de luchas y resistencias.
Además este pueblo no está definido de antemano, no es el resultado fijo
de una fórmula económica, sino que está siempre en proceso de constitución
y que sólo se reconoce como clase subalterna en el transcurso de su propia
emancipación.

Es este pueblo plural, creado en la misma lucha, el que construye aquel
poder colectivo que establece nuevas relaciones sociales, que instituye
diferentes hábitos y costumbres, que instaura diversos modos de ser.

Así, el poder popular pone en marcha un nuevo ethos, un nuevo hábitat, una
configuración alternativa de sentidos, significados, lenguajes, valores,
normas y estructuras compartidas. En pocas palabras, este poder colectivo
crea otro mundo posible, un mundo distinto que se enfrenta al que ya
conocemos, al mundo de la mercancía y del dominio que genera miseria,
exclusión, privilegios, discriminación, muerte.

Por eso el poder popular es una praxis que en la misma medida en que va
transformando los lugares de vida de las personas crea un bloque
contrahegemónico, un bloque que entra en confrontación directa con el
orden imperante. Como proceso, el poder popular sabe que el camino es
largo, pero tiene la fortuna de estar creando una nueva sociedad con cada
conquista del pueblo.

El poder popular es sobre todo potencia, porque anticipa el mundo futuro,
porque en el presente manifiesta lo que está por venir. De esta forma va
creando en el día a día espacios de libertad, de solidaridad, de igualdad
y horizontalidad. Esto último es muy importante, ya que de nada sirve
construir una sociedad libre utilizando medios opresivos, jerárquicos y
discriminadores. La nueva sociedad debe construirse, entonces, por medios
horizontales, participativos e incluyentes. Pero, además, reconociendo las
diferencias, teniendo en cuenta que cada persona alza su voz desde su
perspectiva particular.

Ahora bien, si el poder popular no es sinónimo de dominio, sino de la
creación de una sociedad alternativa diversa, horizontal y libre, ¿no van
de la mano anarquismo y poder popular? ¿No tiene como objetivo el
anarquismo la creación de un nuevo ethos donde se logre la abolición de
todo privilegio económico, político, social? ¿No busca el anarquismo una
sociedad libre e igualitaria que se vaya construyendo aquí y ahora?

En efecto, el anarquismo que quiere socializar los medios de producción,
también quiere socializar el poder y evitar que éste se convierta en el
privilegio de unos pocos. Por eso este movimiento también construye un
poder colectivo que surge de las relaciones sociales libres y que sólo se
concibe en horizontalidad y diversidad. Además, como no se cansaban de
repetirlo Malatesta y Bakunin, el anarquismo debe tener los oídos bien
abiertos al pueblo, el anarquismo debe surgir desde los oprimidos, desde
los explotados, desde los olvidados.

Siendo así, para que el anarquismo sea tal, debe brotar desde la base. Es
desde abajo que se construye la nueva sociedad, evitando el centralismo,
el mando, la burocracia. Por eso el anarquismo edifica desde la
horizontalidad, desde la asamblea, desde la acción directa. Este
movimiento prefigura en el presente la sociedad alternativa y es por esta
razón que la autogestión libertaria no es más que la organización
anticapitalista y antijerárquica de la comunidad concreta; es la
planeación y gestión directa que el pueblo hace de su economía, de su
política, de su cultura, de su vida en común.

En otras palabras, la autogestión anarquista construye poder popular
creando espacios alternativos de vida colectiva, lugares materiales y
virtuales que escapan al control del capitalismo y de la autoridad. Siendo
así, asociar poder popular y anarquismo no es una contradicción ni una
broma de mal gusto, sino un desafío rebelde, un llamado a la acción.

Centro de Investigaciones Libertartias y Educación Popular (Colombia)

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