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(ca) [Chile] Los libertarios y las lecciones del 11 de septiembre de 1973

Date Fri, 12 Sep 2008 13:14:50 +0200 (CEST)



El siguiente, es un artículo originalmente redactado para una edición de
la revista anarco-comunista chilena Hombre y Sociedad especial por el 30
aniversario del Golpe de Estado y la inauguración de la dictadura de
Pinochet. Este número, por una serie de razones, nunca apareció y el
artículo no fue utilizado, salvo como base para redactar un documento del
Congreso de Unificación Anarco-Comunista el cual fue distribuido en las
manifestaciones de aquel entonces (2003). Lo reproducimos en esta ocasión,
pues creemos que nunca se puede insistir lo suficiente en la necesidad de
aprender de las dolorosas lecciones que nos deja la dictadura pinochetista
y el Golpe que la llevó al poder. Hoy, a 35 años de tan fatídico
acontecimiento, la urgencia de dar esta discusión se mantiene.

Por último, hemos decidido añadir al artículo, una entrevista a uno de los
dirigentes históricos del movimiento poblacional, y militante del MIR
(Movimiento de Izquierda Revolucionaria), Víctor Toro, publicado en época
de la Unidad Popular por la revista Punto Final. Creemos que hay elementos
de reflexión interesantes que dejan ver los procesos subterraneos que se
incubaban en la experiencia reformista y que marcaban probables puntos de
fuga desde el movimiento revolucionario.

-------------------

LOS LIBERTARIOS Y LAS LECCIONES DEL GOLPE MILITAR EN CHILE


El Golpe militar en Chile ha sido un proceso de la más honda
significación, que cambió el rostro del país y la subjetividad de nuestro
pueblo; que incorporó profundas reformas al sistema de explotación de la
clase trabajadora, y que puso el aparato productivo de cabeza,
modernizándolo, en un sentido capitalista, para satisfacer mejor las
necesidades de ganancia de la parásita clase patronal. Por ello se hace
necesario que los revolucionarios sean capaces de extraer las necesarias
lecciones de este doloroso proceso, con fines de no volver a cometer los
mismos errores que permitieron que tal proceso sucediera como sucedió, y
que nos sirva para pensar, a futuro, un proyecto social transformador, que
resuelva en favor del pueblo el conjunto de profundas contradicciones que
hoy dividen nuestra sociedad.

Hoy en día es necesario conocer en profundidad los procesos que se han
activado con el Golpe y qué significan para la elaboración de un proyecto
libertario. Hoy, que el Gobierno a través de todos los medios a su
disposición, habla de reconciliación, perorata a la cual se une la derecha
a coro, tenemos que tener muy en claro lo que ello significa. Significa
sólo su voluntad de borrar de la memoria histórica el duro shock al que se
vio sometida la clase trabajadora de nuestro país en el tránsito al
capitalismo neoliberal. Significa, a lo más, el deseo de parte de la
burguesía de reconciliarse con SU PROPIA CONCIENCIA y blanquear así las
manchas de sangre popular que la tiñen. Pero en ningún caso significa un
gesto de querer abandonar el modelo que tantos beneficios le ha reportado,
ni podemos esperar que la burguesía tome tal iniciativa, pues tal cosa,
sería un acto suicida de su parte. Entonces, el discurso de la
reconciliación es, por fuerza de los hechos, un discurso absolutamente
ajeno al pueblo y sus intereses. Hablar de reconciliación en el Chile de
hoy, aunque se intente en cuanto discurso, disfrazar de "izquierda", no es
más que claudicar frente a la hegemonía empresarial y burguesa. Lo de la
reconciliación no nos va ni nos viene, pues ¿qué hay que reconciliar? ¿Es
posible reconciliar los intereses de las clases antagónicas? ¿Es posible
reconciliar los intereses de quienes quieren igualdad y libertad, con los
que han puesto dictaduras y están interesados sólo en su ganancia, aunque
ello acarree la miseria generalizada? No, sabemos que no es posible.

Y tan grave como ello, el discurso de la reconciliación no sólo significa
un blanqueamiento para la transición al neoliberalismo, borrando la sangre
que ha quedado en el camino, sino de uno u otro modo, implica asumir los
"errores" de ambas partes; y nos quieren hacer creer que nuestro error fue
pedir demasiado, organizarse y luchar mucho. Eso de la lucha, eso de
organizarse, dicen, hay que dejarlo en el pasado. Aunque la patronal nos
pase su aplanadora todo el día. Porque en el fondo, este discurso
reconciliador, implica dejar atrás nuestra memoria de siglos de lucha y
organización. Eso es lo que precisamente hoy queremos rescatar. Hoy se
debe tener memoria, y un rol de primordial importancia de los
revolucionarios en esta época, es el de mantener viva la memoria de lucha
de los explotados. Pero nos alejamos de aquellos que creen que la memoria
sólo pasa por recordar a los muertos (cosa que, sin lugar a dudas, se debe
hacer) o por tener una visión romántica de un pasado que ya fue y que
probablemente no volverá a ser. Nuestra memoria debe servir como una
herramienta fortalecedora de las luchas en el presente. Nuestra memoria
debe ser crítica y debe escarbar en las experiencias pasadas sus errores y
éxitos, para así transformar la memoria en lecciones útiles para nuestra
lucha cotidiana.

En este breve artículo, en atención al tema que tratamos de abordar, sólo
trataremos de las lecciones que algunos libertarios creemos necesario
extraer del proceso del Golpe y la dictadura subsiguiente. Los
anarquistas, pese a ser una fuerza política que resurge con mayor fuerza
en los años noventas, estamos en deuda con un análisis serio y en
profundidad de las experiencias políticas y sociales de los últimos
cuarenta años, que de una u otra manera, han desembocado directamente en
la instalación del escenario actual en el cual el anarquismo se ha
desarrollado. La comprensión correcta de estos procesos servirá para
comprender claramente el por qué de nuestro surgimiento como un fenómeno
aparecido con fuerza en los noventas. Servirá para el desarrollo de un
proyecto libertario que se inscriba en nuestra historia, que tome un rumbo
definido, que tenga arraigo en las tendencias de lucha presentes,
explícita o implícitamente, en el seno de nuestro pueblo, de nuestra
clase. Si bien sabemos que estamos en deuda con esta tarea, este no será
el momento para realizar tal labor. Nos bastará con esbozar tan sólo
algunas lecciones que el Golpe militar y el proceso abierto el día 11 de
Septiembre de 1973 han evidenciado a nuestro ojos y que marcan nuestras
concepciones políticas más profundas.


El molde capitalista no sirve para un camino verdaderamente revolucionario


Si bien el proceso de la Unidad Popular y la concepción de construcción
del socialismo que impregnó el trabajo de los distintos partidos de
izquierda durante décadas, están profundamente empapados en una tradición
legalista, reformista, de respeto a la institucionalidad burguesa y que se
asentaba en la creencia ciega de que la transición al socialismo se
produciría tras la acumulación mecánica de un cierto número de reformas,
nos negamos a reducir todo este proceso al Gobierno de Allende y la ?vía
pacífica al socialismo?, negando procesos que ocurrían al interior de los
explotados que escapaban a esta lógica, y aún que estaban reñidos con
ella. Creemos que la idea del Poder Popular, tan en boga en los años 60 y
comienzos de los 70, es fiel reflejo de la persistencia de una tradición
libertaria subterránea en el seno de la izquierda. Ahora bien, debe
recordarse, que el término de "Poder Popular" recibía distintas
interpretaciones: mientras para los partidarios más conservadores de la
Unidad Popular, Poder Popular quería decir sólo bases de apoyo del
Gobierno, pues no concebían un proceso por fuera del Gobierno, ni contra
el Estado (quizás porque no concebían un movimiento que fuera más allá de
las meras reformas), para sectores obreros y populares de base, y para la
cultura mirista, Poder Popular quería decir la organización directa del
pueblo, en oposición del Estado y el Poder Burgués. Cuál era el sentido
que se le daba, si táctico o estratégico, también es otra discusión.
Muchos sectores que así comprendían al Poder Popular, le asignaban un rol
sólo en la lucha contra el Estado, pero creían que éste debería asumir su
posición subordinada cuando el partido de vanguardia conquistara el poder.
Ahora para sectores de base del mirismo, y ligados a experiencias de
construcción popular en Comandos Comunales y Cordones Industriales, éstos
debían ser las mismas bases de la futura sociedad. Ciertamente, la falta
de una alternativa anarco-comunista clara, no ayudó a que ésta última
interpretación, que el mismo pueblo se daba en la lucha de forma
intuitiva, se hubiera desarrollado, enriquecida por el acerbo teórico y
práctico de las luchas y de la trayectoria del Anarquismo (ver entrevista
al dirigente mirista Víctor Toro más abajo).

Sin embargo, pese al fracaso de la experiencia reformista de la UP, y al
verse truncado el desarrollo de un movimiento revolucionario de base por
el Golpe Gorila de Pinochet en 1973, la experiencia que levantó el propio
pueblo, en ausencia de un referente anarco-comunista, pero que expresaba
prácticas y fórmulas libertarias con mayor o menor grado de claridad, debe
servir para enriquecer nuestro propio acerbo teórico-práctico, pues el
anarquismo, ante todo, es la experiencia acumulada del pueblo en lucha. Y
muchas veces, los anarquistas criollos, se olvidan que nuestra
experiencia, sea cual sea su signo, también vale, tiene que aportarnos, y
nos entrega valiosas lecciones, en sus aciertos, desaciertos, fracasos y
con sus pequeñas victorias. El horizonte de la izquierda revolucionaria
del Poder Popular, el cual, aunque no podamos manejar libre de críticas,
es, empero, la mejor lección que de estos años podemos adquirir.

También debemos ver reforzada nuestra convicción de la futilidad de buscar
el cambio dentro de la legalidad vigente, u ocupando el aparato estatal;
la construcción del mundo nuevo, efectivamente, debe ser hecha con
mecanismos nuevos, mecanismos los cuales el pueblo de Chile buscó y forjó
a tientas en medio de las ilusiones reformistas. Cierto es que los
anarquistas en momentos del Golpe no eran más que un puñado: sin embargo,
la dura lección que significó el Golpe de Estado, es tan nuestra como de
los actores políticos directamente involucrados en ella en la medida en
que expresa tensiones y problemas del conjunto de nuestra clase que
sobrepasan las distintas tiendas políticas; cada cual, la interpretará a
su manera, pero es importante hacerlo de forma no dogmática y entendiendo
claramente lo que ésta significa, al deshacer toda sombra de ilusión sobre
una posible transición al "socialismo" usando como molde al aparataje
capitalista, evitando el enfrentamiento inevitable de clases.

La UP desde un inicio estaba demasiado comprometida con la mantención de
la institucionalidad vigente como para presionar los cambios necesarios al
pueblo mucho más allá de lo que ésta permitía. El ritmo de la Reforma
Agraria, de la expropiación de empresas, todo era hecho según la
Constitución lo permitiera y no según las críticas condiciones del momento
lo exigieran, o según la fuerza de la demanda popular lo permitiera. La
justicia quedaba en manos de los Tribunales burgueses que castigaban a los
trabajadores y revolucionarios, mientras dejaban en libertad a la
burguesía que saboteaba la producción y fomentaba el mercado de negro, a
los latifundistas asesinos de campesinos y a los "niños-bien"
(terroristas) de Patria y Libertad. Pero incluso antes de asumir, el
gobierno de la UP había aceptado un documento preparado por la DC titulado
"Estatuto de Garantías Constitucionales", que ningún gobierno antes había
tenido que aceptar. En ese documento, entre otras medidas tendientes a
eliminar cualquier posibilidad de llevar los cambios más allá se concedía,
implícitamente, a las Fuerzas Armadas la autonomía necesaria para preparar
el Golpe Militar. El Gobierno confiaba plenamente en esas FFAA, al margen
de cualquier sentido histórico y de la experiencia de este país, quedando
el problema de la defensa de las medidas conquistadas por el pueblo
amparado por una estructura ajena a la clase explotada. Así, desarmados
los trabajadores y adoctrinados en la "constitucionalidad de las FFAA", es
comprensible las dificultades que enfrentará la resistencia a la dictadura
y lo mucho que tardó en organizarse. Por último, en este sentido, la
burocracia estatal significó un importante freno para la iniciativa de las
masas y para su creatividad revolucionaria.

Mientras esta burocracia estaba comprometida con el sistema burgués, las
masas avanzaban más allá, pero los compromisos asumidos por sus partidos
dificultaban su avance y maduración autónomos. Todas las respuestas eran
esperadas por parte de los representantes del Estado, y quienes se
atrevían a organizar desde la base al pueblo, eran tratados de
provocadores. Pero era el desarrollo de esos espacios de base los únicos
que podían consolidar un avance de verdad revolucionario, al margen de
toda la institucionalidad del enemigo de clase, al margen del Estado y en
oposición a éste. La lucha por construir este Poder Popular, era, en el
fondo una lucha instintiva contra un Estado que mostraba su naturaleza más
allá del gobernante de turno y que se deshacía en promesas de moderación y
control sobre los intereses de la clase trabajadora.

Pero la concepción de producir las transformaciones socialistas sin
quebrar el aparataje capitalista no sólo empapaba el quehacer
estrictamente político de la izquierda, sino que su visión del ámbito
económico e incluso de las relaciones sociales de producción se
restringían sorprendentemente en este punto. Estaba la concepción del paso
del capitalismo al socialismo como un proceso gradual, en el sentido de
que un número de reformas acumuladas de forma mecánica, producirían la
transición de un tipo de sociedad a otra. Resultaba como si la diferencia
entre capitalismo fuera una diferencia simplemente cuantitativa (cifras de
desempleo, productividad, PGB, redistribución del ingreso, etc...) y no un
problema cualitativo (transformación de las relaciones sociales). Es
decir, no se llegaba a la raíz misma del conflicto social, con lo cual las
transformaciones que hubieran fortalecido una línea revolucionaria (o sea,
por el cambio cualitativo), quedaban postergadas hasta quién sabe cuando.
Una buena crítica a estas concepciones y a la visión del proceso emanada
de ella, las hace Punto Final:

?En suma, al hablar de socialismo se habla de industrialización y de
ingreso por persona; al hablar de la "transición al socialismo" se supone
gradual y sin conflicto; la "Técnica" (con mayúscula, pues es la técnica
universal, neutra, desprovista de todo contenido o determinación social.
Con mayúscula, porque esta "Técnica" es la sublimación de la técnica)
resuelve todos o casi todos los problemas, problemas que parecen ser
puramente económicos, y la economía crece sobre la base de exportar mayor
volumen y productos más elaborados y de comprar equipos y tecnología en el
exterior. Todo esto es posible gracias a que se estatiza parte de los
medios de producción y a que el aparato estatal lo controla en parte un
equipo de hombres de buena voluntad."[1]


No dejes para mañana la línea clasista que debes hacer hoy


El único resultado que podía tener una táctica de construcción del
socialismo que se asentara en la institucionalidad burguesa, era
previsible; dar tiempo a la burguesía para armarse y atacar, mientras al
pueblo, con los cantos de sirena de la Constitución y de la confianza en
las instituciones de su enemigo de clase, se le ataba de manos. La
tentativa de evitar un derramamiento de sangre, terminó en una de las
peores masacres que recuerda nuestra historia. Y con un pueblo aturdido
que, desorientado, no supo qué hacer durante años, salvo aguantar la
reducción de los salarios, el congelamiento de los reajustes, el alza del
costo de vida.

Pero el movimiento popular se rearmó, casi sin que el General ni nadie se
dieran cuenta, en ese país donde supuestamente "no se movía una hoja" sin
que el dictador lo supiera, y reventó en la cara de la dictadura militar
un hermoso día de Mayo de 1983. Ese día, se realizó la primera protesta
nacional, que movilizó a cientos de miles, millones de personas en todo el
país, contra el brutal régimen de Pinochet. En ella se reflejaba el
trabajo subterráneo de todos los militantes y activistas en la
clandestinidad, que se quedaron a luchar, a organizar. Nuevamente, las
tendencias libertarias aparecían espontáneamente en el Pueblo, en las
ollas comunes, en agrupaciones culturales juveniles, en movimientos contra
la tortura, en la Resistencia popular (que efectivamente incluyó a algunos
escasos libertarios que había), en el movimiento sindical que hacía lo que
podía en el lecho de Procusto que significaba el Código Laboral de 1980,
en cooperativas de consumo y en la práctica del comprar y comer
juntos..... quizás no como un programa político definido, quizás no como
un horizonte transformador de largo aliento, pero si como aquel tozudo
instinto del apoyo mutuo, del que tanto hablaran Kropotkin y los viejos
ácratas. Ese espíritu de Apoyo Mutuo que surge cada vez que el pueblo las
ve difíciles para llevarse el pan a la boca. Ese apoyo mutuo, del cual el
Anarquismo no es más que la racionalización política. Lamentablemente, ese
buen sentido popular, se restringió al campo de la supervivencia, y no se
levantó como perspectiva revolucionaria; así, mientras el pueblo luchaba
contra la dictadura y daba su vida en la calle, los politicastros de
siempre, aquellos mismos demócrata-cristianos que habían pedido el Golpe
algunos cuantos años atrás, más sus nuevos amigos socialistas, ya maduros
y desembarazados de sus utopismos infantiles, negociaban a espaldas del
pueblo y con promesas de "alegría", como si fueran auténticos
mercachifles, una transición a la "democracia", con tufo a dictadura, sin
tocar el modelo neoliberal que fue la razón de ser del pinochetismo. O
sea, cambiaban un poco las cosas, para que todo siguiera igual. En
palabras de la propia Concertación: "se reconoce la validez y necesidad de
la apertura económica como un pilar central y el desarrollo exportador
como uno de los motores principales del crecimiento para la economía
chilena"[2]

Después de todo, entre estatistas, milicos y burgueses se entienden: todo
antes que la chusma pudiera pasarse para la punta en alguna protesta
nacional, perspectiva que no convenía ni a la Dictadura, ni a su oposición
"democrática". Este proceso evidenció nuevas lecciones para nuestra clase,
que debemos hacerlas carne e incorporarlas a nuestro legado: las
contradicciones menores (democracia y dictadura, por ejemplo), jamás deben
obscurecer la contradicción principal que da razón de ser a la lucha
popular (contradicción Capital-Trabajo, Burguesía-Proletariado). El
subordinar, aunque sea por un momento histórico particular, de forma
"transitoria", la contradicción principal a formas contradictorias
secundarias, es igual a traicionar los objetivos revolucionarios de
nuestra lucha. Esto quiere decir, que la lucha contra la "dictadura", al
no ser comprendida como lucha contra el capitalismo, estaba condenada al
fracaso, desde el punto de vista revolucionario, al estar desnaturalizada
en su propia esencia. La dictadura sólo tenía sentido como una estrategia
del capitalismo. Y no olvidemos que el capitalismo, aunque sea ejercido
por formas democráticas y no por una junta militar, es una dictadura de
CLASE: de la burguesía, del empresariado, contra los trabajadores, el
proletariado.


De la supervivencia a la vida. De la resistencia a la revolución


Otra lección, es que es necesario pasar de la aplicación de formas
autogestionarias incipientes, o de ayuda mutua (ollas comunes, ej.), del
campo de la pura supervivencia, al campo de reclamar nuestro derecho a la
vida. Ya no se debe tratar sólo de asegurarnos el derecho de sobrevivir en
medio del capitalismo, asegurándonos comida (hecho que los capitalistas
aceptan de buena gana en esos momentos de crisis en que el sistema es
incapaz de asegurar la supervivencia a todos los habitantes del
territorio), sino que de reclamar los medios para reproducir y desarrollar
nuestra vida, los cuales hoy se encuentran en manos de una minoría, los
patrones, los cuales los han obtenido con la injusta explotación de
generaciones completas, desde hace siglos. Esto significa dar el salto a
plantear la expropiación revolucionaria de la burguesía como horizonte
necesario para madurar en el movimiento popular: hacernos cargo de la
producción y la distribución, arrebatándola de manos de la burguesía y
recuperándolas para el pueblo, y subvirtiendo, al mismo tiempo, las reglas
que rigen la producción y la distribución -no más dictadura del mercado,
sino que poner, antes que nada, nuestras necesidades.

Este paso se condice con la necesidad de pasar de una política de
resistencia a una política revolucionaria, en un sentido estratégico. Vale
decir que, independientemente que en un determinado momento, sea por la
debilidad relativa de las fuerzas populares, o por la razón que fuere, se
deba asumir una postura defensiva, o de resistencia, este momento
transitorio de la lucha no se confunde con una estrategia, la cual sigue
siendo revolucionaria, tendiente a la reapropiación social del Capital
expropiado en manos de una minoría. Cierto es que experiencias como las
ollas comunes muestran las potencialidades del pueblo y son absolutamente
necesarias cuando el hambre acecha. Pero si no son acompañadas, al menos,
de la perspectiva del control de las tierras en que crecen las papas que
se echan dentro de la olla, de la producción de la olla misma, del gas que
se necesita para hacer hervir la cazuela, etc... son experiencias que no
sólo no afectan al capitalismo, sino que no producen una transformación
real en las condiciones de vida de los oprimidos; sólo les permiten seguir
adelante, sin morir de hambre, con su vida de oprimidos. Lo mismo ocurre
con la idea del Control Obrero; si se limita a la supervisión de las
normas capitalistas de producción por parte de los trabajadores,
ciertamente, es una futilidad. Pero si es tocado el principio de propiedad
privada capitalista (traspasando, por ejemplo, la propiedad de los medios
de producción a manos de las organizaciones de masas de la clase
trabajadora, en lugar de los capitalistas, o su aparato político, el
Estado), y el control sobre la gestión pasa efectivamente a manos del
pueblo, lo que implica no sólo la toma de decisiones, sino quebrar la
lógica de producción capitalista y producir según los intereses populares,
la situación es otra. Como ejemplo de esto, podemos citar el caso de
Brukmann en Argentina, la cual recientemente estuvo con "control obrero"
(desde el 2000 hasta este año), pero sin tocar el derecho a propiedad de
sus dueños. Una vez que los trabajadores, con su esfuerzo y sacrificio,
sacaron a la empresa de la quiebra, la patronal la volvió a reclamar como
propia. O sea, la patronal estuvo dispuesta a aceptar el "control obrero"
mientras éste le fue funcional. Una vez que dejó de serlo, lo acabó de un
dos por tres. Este último ejemplo habla por sí solo de la necesidad de
avanzar no sólo en la consolidación de espacios propios,
"autogestionados", sino que en la necesidad de que esos espacios disputen
y arrebaten efectivamente el poder a la clase dominante.


Dime con quien andas...


La cuarta lección se vincula estrechamente a la segunda: las alianzas
policlasistas, en una sociedad en que existe dominación de una clase por
otra, en que la patronal subordina al obrero, reproduce esa misma
jerarquía y dominación social, en términos de la predominancia que
adquieren los objetivos políticos de una clase, por sobre los de las
clases subordinadas. Cualquier alianza no puede ser sino de los
explotados, dejando atrás, en el inodoro de la historia, el mito de una
"burguesía nacional, progresista y liberal", potencial aliado de los
trabajadores chilenos, ya que esa misma burguesía, esos PYMES que hoy
tanto defienden importantes sectores de una izquierda añeja y ciega ante
la experiencia histórica, fueron quienes más clamaron por un Golpe de
Estado, pese a que la UP les coqueteaba abiertamente y pretendía impulsar
sus intereses (con todas las contradicciones que eso planteaba). No sólo
se contentaron con llamar al Golpe, sino que participaron activamente en
su preparación y en el boicot al Gobierno de Allende, siendo puntales del
desabastecimiento; hicieron todo esto pese a que resultaron ser uno de los
principales afectados con el neoliberalismo y la apertura económica....
pero obviamente que se sentían más amenazados por los obreros que por los
Chicago Boys que los llevaron a la ruina. Aún después de esto, la
izquierda chilena y sectores revolucionarios, durante la resistencia a la
dictadura en los años ochentas, nuevamente hicieron un frente
?democrático? en contra de Pinochet, donde buscaban la alianza de todos
los sectores por la democracia en este país, aglutinando a los
trabajadores con los empresarios concertacionistas que hoy nos dominan. El
resultado era esperable; la transición a la democracia fue hecha a lo
caballero, respetando la amnistía y los negocios que armaron los
partidarios de Pinochet durante todos esos años, entregando, claro, una
buena parte del botín de guerra llamado Chile a los nuevos mandatarios que
ahora eran importantes empresarios también... la idea, era que ningún
burgués saliera perdiendo con la transición (claro, la solidaridad de
clase ante todo).

No podía ser de otra manera: la alianza policlasista, al tratar de
conciliar los intereses de dos clases antagónicas, admite, dentro de su
programa los intereses de la burguesía, los desarrolla, los impulsa, lo
cual siempre es en detrimento de los trabajadores. Así, la jerarquía
social y la subordinación del proletariado se reproduce en esta alianza,
se pierde la independencia de la clase obrera, con lo cual ésta pierde su
iniciativa histórica y se la entrega a los burgueses. Era fácil, entonces,
predecir donde llegaría una transición en la cual la iniciativa reposaba
en la patronal "liberal y democrática". Esto, con el aval de la
izquierda... entonces, ¿de quién es la culpa, del chancho o de quién le da
el afrecho? Luego de estas dos experiencias catastróficas (11/09/73 y
05/10/88, el Golpe y la Transición), hay quienes insisten en la alianza
policlasista, en apoyar a los "pobres" burgueses que nos explotan y que
han demostrado no tener nada de "liberal", "democrático", ni mucho menos
"progresista". Por más que se busquen experiencias en la historia, siempre
las alianzas de esta naturaleza llevan al mismo punto.... repetimos ¿de
quién es la culpa, entonces?


Sólo la lucha da frutos


No puede asumirse el problema de la violencia política de una manera
abstracta, ni puede asumirse una posición inflexible, en un sentido
táctico, respecto a su uso o no uso. Independientemente de los medios que
se decidan para impulsar la lucha en un determinado momento histórico, es
vital que los revolucionarios comprendan que tarde o temprano es la propia
reacción la que se encargará de poner esta cuestión en el tapete. La
transición pacífica se mostró como una farsa, en la cual, todo siguió
igual. Para hacer transformaciones, es necesario negar el presente orden
de cosas, pues en él está todo lo que nosotros criticamos. Es necesario
plantear soluciones nuevas, partir de nuestras necesidades, deseos,
aspiraciones, lo cual significa negar las reglas del juego impuestas por
los explotadores. A esa negación, que opera mediante la lucha de masas, la
patronal, que hoy se encuentra en el poder, presentará una enconada
resistencia, pues lo que está en cuestión son sus privilegios, su
dominación de clase, y todos los beneficios que obtienen a costa de la
miseria popular. Para defender sus privilegios, recurren a Golpes de
Estado, a la Contra, a las invasiones Yanquis, al Boicot, al Bloqueo, a
todos los mecanismos, y la derecha ha dejado en claro, en más de una
ocasión, que si se vuelve a producir una situación de ?ingobernabilidad?
del país (léase: pérdida progresiva del poder burgués), volverán a
recurrir a las Fuerzas Armadas, o sea, volverán a pedir una masacre
popular. Si ellos son tan claros al hablar de la violencia
contrarrevolucionaria ¿por qué nosotros nos avergonzamos de la violencia
revolucionaria? ¿por qué tenemos que ser mesurados?.

Debemos rechazar de nuestro discurso y práctica aquel pacifismo
sentimental, que hace del tema de la violencia un tema tabú, que se opone
a la Violencia, con mayúsculas y planteada en el aire, que personifica en
la Dictadura Gorila de Pinochet a la Violencia metafísica y la despoja de
su contenido de clase. Ese discurso que, a lo más, asume la violencia
patronal contra los trabajadores como una ?lamentable? aberración
histórica que no volverá a ocurrir, y no como lo que es: el último recurso
de los ricos para seguir siéndolo. Y no se trata de una aberración, ya que
la historia demuestra que siempre lo han hecho y no existe ningún
argumento razonable que demuestre que no lo volverán a hacer en el futuro.
Hay que volver a entender la violencia como una expresión más, inevitable,
de la lucha de clases. A los poderosos no los derrotaremos con buenas
intenciones; es necesario prepararse para cuando éstos recurran a la
fuerza, y poder ser capaces de oponerles nuestra propia fuerza. Debemos
ser honestos con el pueblo, y plantear la necesidad de dar la lucha; que
sin lucha no se gana nada. La UP, al evitar la lucha, al evitar el
derramamiento de sangre, no tocó un pelo a la burguesía, pero ésta masacró
a los trabajadores revolucionarios aún cuando éstos tenían sus manos
vacías. Luego, la transición pacífica a la democracia, dejó intactas las
bases económicas y políticas de la dictadura, porque en una negociación de
esas características, las dos partes ponen sus condiciones. Para haber
cambiado las cosas, para que la alegría llegara, era necesario un acto de
fuerza e imponer una nueva sociedad a la patronal (cosa que,
evidentemente, la Concertación no iba a hacer). A la burguesía no se la
negocia; se la combate (aunque dentro del combate se den momentos para
negociar, estos acuerdos nunca superan la lucha de clases y apenas pueda,
la burguesía tratará de desentenderse de sus compromisos hacia los
trabajadores).


El camino del Poder Popular


Por último, ya lo decía Bakunin: Destruir es también construir. La
destrucción del Poder Burgués, debe ir mano a mano con la construcción de
Poder Popular. La única fuerza capaz de haberse opuesto al Golpe, y de
haber generado una alternativa revolucionaria que superara el punto muerto
en que se hallaba el proceso chileno tras tres años de gobierno de la UP,
era la alternativa planteada por las organizaciones populares de base
nacidas al calor de la lucha, los Comandos Comunales, los Cordones
Industriales, las JAP..... pero faltó desarrollo histórico, faltó una
corriente revolucionaria que pusiera un énfasis mayor en esa clase de
construcción. El reformismo de izquierda pudo más. Es necesario tener en
mente que si queremos una revolución real, que elimine todo antagonismo de
clases, que cree las bases para la libertad y la igualdad genuinas, es
decir, transformaciones libertarias en nuestra sociedad, es necesario
acabar con los pilares de la vieja sociedad: el Estado y el Capital
privado.

A la nueva sociedad se llega por nuevos medios ¿cuáles son esos medios?
Los que el mismo pueblo construye y se da en la lucha. Esas
organizaciones, donde no tiene cabida la burguesía ni los burócratas que
se enquistan en el aparataje estatal, donde todos los pertenecientes a un
espacio popular tienen voz y capacidad de decisión (sean sus centros de
estudio, sus lugares de trabajo, las poblaciones en que viene), son las
que deben ser soberanas en los medios que les concierne. Esa Autogestión
generalizada de la sociedad, en que ésta vuelve a tomar en sus manos sus
asuntos y las riquezas generadas por los trabajadores desde generaciones,
y se deshace de la propiedad privada y del cuerpo de especialistas
separados de la actividad productiva que son el Estado, es lo que llamamos
Poder Popular. Pero el Poder Popular no es algo que surja espontáneamente
el día 1 de la Revolución; el Poder Popular es la construcción cotidiana
que hacemos donde nos encontremos, son las organizaciones de resistencia
al capitalismo, pero que a la vez son embriones de la futura sociedad que
queremos. En ella, adquirimos la experiencia, para el día de mañana
construir una nueva sociedad.


José Antonio Gutiérrez D.
11 de Septiembre del 2003



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PODER POPULAR: UNIÓN Y LUCHA DEL PUEBLO


A continuación, reproducimos una entrevista al dirigente mirista Víctor
Toro, con respecto al MIR y el poder popular. Esta entrevista se encuentra
casi completa y fue originalmente reproducida en la revista Punto Final
nº185, del 5 de junio de 1973. Esta entrevista es hecha debido al
desarrollo de Comandos Comunales de Trabajadores en múltiples puntos del
país (Constitución, Talcahuano, Concepción, Santiago, Antofagasta, Cautín)
que motivó la idea del PS de hacer un encuentro de CCT y Cordones
Industriales. El MIR abrió la polémica al declarar que ?solamente una
discusión amplia en la base puede garantizar una verdadera democracia. De
nada sirven hoy organismos burocráticos que no representen a nadie o que
sólo integren a los sectores más avanzados de la clase. Es problema es
crear poder popular. El poder popular nace de la base misma de las
organizaciones de masas? (El Rebelde nº82). Con eso propuso comenzar una
serie de reuniones comunales primero, que discutieran un Programa del
Pueblo para superar las falencias del programa de la UP.

Creemos que en ella hay importantes elementos para comprender algunos
procesos de toma de conciencia que se desarrollaban en el seno del pueblo
durante el período de la UP, que no estaban necesariamente enmarcados en
la táctica del reformismo y que expresaban esas tendencias libertarias
latentes en el proletariado, aún en ausencia de referentes claramente
libertarios. Esta entrevista debe leerse así, como el relato de un
dirigente político, de un partido cuyas bases oscilaban entre una
concepción estratégica y una concepción táctica del Poder Popular. Pese a
los méritos que explícitamente se reconocen al gobierno de la UP, y a
algunas declaraciones estatalistas, implícitamente se puede leer una
superación de esa forma de concebir y llevar a efecto la política, y una
independencia con respecto a la línea seguida por éste. En este sentido
esta entrevista es una importante muestra de cómo sectores populares
intentaban abrir una brecha propia en medio de la hegemonía del
reformismo.

HyS

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PF: ¿Cómo define el MIR el poder popular?

VT: Para definir el problema del poder popular en Chile, es fundamental
caracterizar el viejo Estado burgués como instrumento de dominación de
clase que trata de mantener a una mayoría explotada dominada por una
minoría explotadora.

El Estado mantiene su dominación bajo la forma de la represión (...) y con
su ideología de dominación (...) El viejo Estado cuenta con el aparato
ejecutivo, las Fuerzas Armadas (...), la burocracia estatal, el
Parlamento, las cárceles, la policía y el poder judicial, todos los que
cumplen distintas funciones de opresión y explotación.

Frente a este Estado capitalista está surgiendo el poder popular, los
Comandos Comunales de Trabajadores, que es y debe ser absolutamente
contradictorio y alternativo como base de un nuevo orden, al poder
burgués: y no cabe ninguna posibilidad de subordinarlo, por el contrario,
los Comandos Comunales se forman en una lucha abierta con el aparato
estatal burgués.

En segundo lugar, concebimos el poder popular como un poder independiente
del gobierno actual (de Allende, N. de HyS), como un poder autónomo que
unifica al conjunto de los sectores sociales (obreros, estudiantes,
campesinos, empleados, pequeños comerciantes) de una determinada comuna,
tomando a esta como la organización celular de toda ciudad o región. Un
poder popular que desarrolle una dirección revolucionaria, coordinando las
luchas del conjunto del pueblo, una dirección capaz de gestar el futuro
poder local que creará las condiciones para la Asamblea del Pueblo. Este
poder no puede estar separado de las organizaciones gremiales
tradicionales del pueblo. La CUT, por ejemplo, no puede excluirse de él,
ya que es la organización de la primera escuela del proletariado y juega
en la actualidad un papel muy importante. Las juntas de vecinos, las
federaciones sindicales, en fin, todas las organizaciones de masas y
gremiales deben unirse bajo la conducción única de los Comandos Comunales
de Trabajadores.

PF: ¿Este poder popular es antagónico al gobierno de la UP?

VT: Hemos dicho más de una vez, que el problema no puede plantearse en el
choque entre el pueblo y el gobierno. Nosotros valoramos la existencia de
este gobierno, pues a pesar de sus debilidades e inconsecuencias, a pesar
de sus conciliaciones de clase, ha permitido terminar lo que llamamos la
?rutina represiva? del Estado burgués.

Con Frei o Alessandri, lo rutinario, lo normal, es que se respondiera a
los trabajadores con la represión, con la violencia física desatada. Nadie
puede decir, en cambio, que eso sea lo normal en este gobierno, a pesar de
algunas incursiones represivas cono en Lo Hermida (...).

Valoramos el gobierno, si, pero no amarrar el movimiento de masas como un
apéndice de su política. De lo contrario no habríamos podido denunciar las
vacilaciones en la Reforma Agraria, en el proyecto de las tres áreas de la
economía o en el problema del abastecimiento. El gobierno muchas veces ha
actuado en forma contradictoria con las masas y éstas tuvieron que
obligarlo a cumplir ciertas tareas, sobrepasándolo en sus objetivos, en
especial para ganar más poder dentro de la sociedad.

Esto no significa -y lo decimos claramente- que el dilema sea entre poder
popular y gobierno. Ese es un dilema falso. Nosotros no planteamos la
oposición entre pueblo y gobierno, sino entre pueblo y Estado burgués. El
Estado burgués no ha sido tocado, no ha sido destruido y permanece por
tanto como instrumento de dominación en contra de los trabajadores.

La tarea de la clase obrera es destruir el Estado capitalista y para ello
debe desarrollar el poder popular, que progresivamente deberá enfrentar al
poder de los patrones. Estos organismos del pueblo deben ser
independientes del gobierno. Si el gobierno quiere mantener las luchas de
los trabajadores dentro de la ley patronal habrá problemas entre los
trabajadores y el gobierno, pero si -por el contrario- el gobierno se
apoya en las luchas del pueblo, se encontrará una importante unidad, donde
el instrumento gobierno podría servir como palanca de apoyo a la lucha por
el poder.

PF: ¿Hay poder popular en Chile? ¿Dónde está?

VT: (...) la clase obrera ha logrado una gran fuerza de masa, organización
y conciencia que se expresa en nuevas organizaciones del proletariado.
Estas son los Cordones Industriales, los Comandos Comunales, etc., que
surgen en todas partes como gérmenes de un poder popular paralelo al
Estado burgués. En el presente, los Comandos Comunales de Trabajadores
sólo constituyen organismos de coordinación e impulso de las luchas del
pueblo. Pero son capaces, en los momentos más agudos de los
enfrentamientos, de asumir tareas concretas de poder popular y reemplazar
a los viejos organismos burocráticos del poder estatal.

Un ejemplo reciente es el caso de constitución, donde el Comando Comunal
de Trabajadores mantuvo bajo su control la ciudad, gobernándola sin
problemas, en una clara demostración de poder popular.

Respecto a dónde está el poder popular, seguro que no se encuentra ni el
Parlamento, ni en las oficinas de ningún burócrata. El poder popular, es
para nosotros el que nace en las fábricas, en los fundos; el poder popular
está en los Comandos Comunales de Trabajadores. Este es el poder que temen
los patrones, porque saben que unifica al pueblo y cuando se lo propongan
los barrerán de la faz de la tierra.

Hoy en Chile existen solamente embriones de poder popular, que toman cada
vez más tareas propias de la burocracia estatal. Junto a estas
organizaciones embrionarias, y como garantía de su maduración, está la
conciencia de la clase obrera de que sólo su acción combativa genera más
poder y más fuerza.

Esta conciencia es el punto de partida para que esta conciencia se
desarrolle, se amplíe, y sea capaz de ir enfrentando progresivamente al
Estado capitalista. Así será capaz de impulsar las tareas que conduzcan a
generar una crisis revolucionaria, donde se plantee en definitiva el
asalto al poder total.

El poder popular no se crea por gusto de nadie. Nace y se fortalece al
calor de la lucha. Por el control obrero de la pequeña y mediana
industria, por la dirección obrera en las empresas del área social, por el
control popular del abastecimiento para responder al mercado negro de la
burguesía, por la formación de los comités de autodefensa para hacer
frente a la sedición fascista. Se crea incorporando todos los organismos
de base a los Comandos Comunales de Trabajadores, sean estos Comandos de
Abastecimiento, JAP, Cordones Industriales, etc. (...)

PF: ¿Cuál es el balance del MIR sobre el desarrollo y crecimiento de los
CCT y qué opinión tiene sobre el papel que juegan los Cordones
Industriales como organismos de poder popular?

VT: A juicio del MIR, los Cordones Industriales tienen una debilidad como
órgano de poder popular. Agrupan sólo a un sector de los trabajadores y se
limitan a cumplir un papel que muy bien puede corresponder a una CUT
provincial o departamental, si su dirección no estuviera controlada por
reformistas o demócrata cristianos.

Por ejemplo, asesorar y coordinar las luchas de los obreros industriales
de un sector, pero sin hacer participar a las demás capas del pueblo, como
los campesinos, pobladores, estudiantes.

No negamos su importancia en las ofensivas de los patrones, en el
desenmascaramiento del reformismo cuando quería devolver industrias, y ha
sido el MIR el más activo dentro de los Cordones Industriales.

Pero no debemos caer en lo que los patrones siempre han querido, en la
división de los trabajadores, para derrotarlos en mejor forma.

Nosotros planteamos transformar los Cordones Industriales en verdaderos
organismos de poder de la clase obrera, donde participen al lado de los
trabajadores industriales, los campesinos, pobladores, estudiantes, etc.,
con sus respectivas organizaciones de masas y con una plataforma común.
Este papel sólo le cabe y puede hacerlo el Comando Comunal de Trabajadores
formado por la base. (...)

PF: ¿Qué razones justifican en Chile la existencia de un poder popular, si
hay un gobierno donde participan los partidos de la clase obrera?

VT: Primero, porque son sectores reformistas los que tienen la fuerza en
los partidos obreros, y hacen depender la revolución de sus vacilaciones e
insuficiencias programáticas.

Hay cuestiones del programa de la UP que no se han cumplido, y otras que
sencillamente no aparecen. Por eso nosotros pensamos que el Programa del
Pueblo expresa mucho mejor las aspiraciones de los trabajadores para este
período.

Una segunda razón es el problema de acumular fuerzas. Un período
prerrevolucionario implica una forma particular de sumar fuerzas, a través
de la unidad de todas las capas del pueblo, agrupadas en torno a los
obreros en organismos de poder popular. Estos irán forjando una alianza de
clase maciza a lo largo de los enfrentamientos sociales, y de allí hará
madurar la situación a una situación revolucionaria que permita a la clase
obrera tomar el poder.

La lucha por el poder para los reformistas que dominan a los partidos
obreros, está postergada, y la tarea más importante para ellos, como dice
Luis Corvalán (secretario general del PC en aquel entonces, N de HyS), es
ganar las elecciones en 1976. Por eso sólo les interesa democratizar el
aparato estatal y darle cierto grado de participación a la clase obrera y
al pueblo.

De manera que por razones de programa, como por tareas de acumulación de
fuerzas, se hace necesario el poder popular independiente del gobierno y
alternativo al Estado burgués. Es el propio reformismo obrero el que
obliga a levantar políticas revolucionarias que desarrollen la fuerza de
las masas.


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[1] "Capitalismo de Estado, una etapa del proceso" JVH, Revista Punto
Final nº147. 21 de diciembre de 1971.

[2] "Reflexiones sobre el desarrollo industrial exportador chileno", en
Reflexiones Socialistas sobre Chile. Ed. La Liebre Ilustrada. Chile 1996.

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