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(ca) [Colombia] Un régimen en crisis y un pueblo en Minga

Date Sun, 23 Nov 2008 12:43:33 +0100 (CET)



"El terror se va a acabar cuando lo transformemos en Libertad"
(Comunicado a 40 díás de la Minga, ACIN ?Cxab Wala Kiwe, 21 de Noviembre
del 2008)

El último mes ha sido un mes que ha cambiado radicalmente el curso de los
eventos en Colombia. Por una parte, se ha seguido profundizando la crisis
institucional colombiana por los múltiples casos de corrupción, por los
vínculos de asociados al gobierno con narcotraficantes y paramilitares y
por las fricciones en el seno mismo del Estado (principalmente con el
Poder Judicial), debido a las resistencias que suscita el proyecto
autoritario de Álvaro Uribe.

Nuevos escándalos, como la persecución política ordenada desde el DAS a
los miembros de oposición, así como la purga en el Ejército por el tema de
los "falsos positivos" (asesinatos de civiles a manos del Ejército,
quienes luego presentan a las víctimas como guerrilleros dados de baja en
combate), que llevó a la renuncia del general Montoya, han revelado a todo
el mundo, aún a los más incautos, el nivel de arbitrariedad y represión al
que llegó el uribismo. El horror de los masacrados de Ocaña y el atroz
testimonio del soldado del Batallón 31 de Córdoba, cuyo hermano fue
asesinado como un falso positivo por sus camaradas de armas para tomarse
unos días de descanso para el Día de la Madre, han erizado la piel de todo
el país.

Y todo esto en un contexto de profunda crisis económica que golpeará con
toda fuerza el próximo año, pero cuyos efectos ya se sienten con toda
severidad, enviando un lúgubre presagio de las dificultades que se
avecinan para los sectores populares. No es por nada que el gobierno,
tomando por excusa el tema de las "pirámides" (el cual se ha vuelto en un
nuevo conflicto declarado para el gobierno), se haya decretado la
emergencia económica.


El Pueblo irrumpe como un actor protagónico en la crisis colombiana


Pero no sólo la profundización de la crisis colombiana a nivel político y
económico representa un cambio significativo. El factor decisivo que ha
cambiado completamente la coyuntura colombiana es la irrupción del pueblo
como un actor decisivo en el escenario de la lucha social.[1] Las huelgas
impulsadas por trabajadores afiliados a la CUT, en la Registraduría, en
los juzgados y en los ingenios azucareros, han significado un importante
despertar en la conciencia de los trabajadores que han retomado la
iniciativa y la capacidad de responder ante las agresiones constantes en
contra de los intereses y las condiciones de vida de la clase trabajadora.
El día 17 de Octubre un paro nacional convocado por la CUT vio a más de
medio millón de trabajadores movilizarse en todo el país, y a varios
gremios sumarse al paro de actividades, como una manera de expresar
solidaridad con sectores en lucha como los corteros de caña, en huelga
desde el 15 de Septiembre, así como con los indígenas que se movilizan
desde el 12 de Octubre. No deja de ser de la mayor relevancia la masividad
de una movilización de carácter solidario, lo cual indica que muchos
sectores comienzan a entender la identidad entre quienes luchan y se
movilizan por una vida digna.

El movimiento indígena representa un factor trascendental de este
despertar del pueblo colombiano. Desde el 12 de Octubre, diversas
movilizaciones nacionales de los pueblos originarios, plantearon una serie
de demandas expresadas en términos claros y sencillos:

1. Alto a las violaciones a los pueblos originarios (que incluye la
solución negociada y política del conflicto);
2. Basta de agresiones a su territorio (incluida la militarización);
3. Que el gobierno adopte la Declaración Universal de los Derechos de los
Pueblos Indígenas de la ONU;
4. Un alto a los tratados y leyes de despojo a los pueblos (incluidos los
TLC);
5. Que el Estado cumpla de una vez todos sus compromisos incumplidos[2].

En base a estas demandas se constituyó un potente movimiento popular que
ha hermanado a las diversas luchas sociales y que ha dado una proyección
colectiva a protestas que parecían estar condenadas al aislamiento.


Represión, única respuesta a las demandas populares


Como era de esperar, la represión a todas estas movilizaciones ha sido
feroz: mal que mal, la represión se ha naturalizado y "legitimado" en seis
décadas de conflicto en Colombia, y el Estado tiene a su disposición
poderosos aparatos ideológicos cuyo rol es sancionar la fuerza como
respuesta privilegiada a la demanda popular. El ESMAD se dejó caer
bestialmente sobre indígenas en el Cauca y en el Eje Cafetero, así como
sobre los corteros en los ingenios del Valle. El saldo fueron decenas de
heridos y solamente en Cauca, tres muertos, más otros tres asesinados por
paramilitares en los días previos a las manifestaciones. Es de notar que
en esta represión se utilizaron garrotes, machetes, granadas y
lacrimógenas recalzadas con tachuelas, vidrio, puntilla, etc. para generar
esquirlas. Esto, aparte de la utilización de fusiles para disparar a los
manifestantes, como el mismo Uribe lo reconoció luego de que CNN diera a
conocer videos donde se apreciaba la barbarie represiva por parte de
uniformados encapuchados[3]. Esta represión fue acompañada de la
satanización de la protesta social por parte de los medios de
comunicación, siempre serviles al gobierno y a los intereses de las clases
dominantes, y por las acusaciones tan temerarias como falaces del mismo
gobierno que acusaba a estas manifestaciones de estar infiltradas por
guerrilleros de las FARC-EP. Al menos en el caso de los indígenas del
Cauca, la única forma de infiltración que se descubrió fue la de un
soldado enviado por el ejército, Jairo Danilo Chaparral Santiago, quien
llevaba en su bolso explosivos, radios, mapas y propaganda guerrillera ?y
quien recibiera nueve azotes por parte de los indígenas que aplicaron
"justicia comunitaria".

En el caso de la huelga de ASONAL (judiciales), el gobierno llegó al
extremo de decretar el Estado de Conmoción Interior, una forma de Estado
de Emergencia, que le permite intervenir en los juzgados y despedir a
voluntad trabajadores, para poder quebrar la huelga. Después de esto, la
huelga se resolvió por la presión aplicada desde arriba, pero aún los
trabajadores lograron sacar un aumento, aunque ni siquiera fuera la cuarta
parte de lo originalmente demandado. En el caso de los corteros, la huelga
desde los primeros días sufrió una represión enorme, con el ESMAD
frecuentemente agrediendo y acosando a los manifestantes, con despidos de
trabajadores con contrato directo para generar la división de aquellos
trabajadores contratados indirectamente, con señalamientos del propio
gobierno sobre "infiltración" de las FARC-EP en la huelga, con la misma
satanización por parte de los medios, con provocaciones de transportistas
y comerciantes para dividir la comunidad y con los arrestos de tres
dirigentes de la huelga, y dos asesores políticos de un senador de
oposición que fueron acusados de incitar a la violencia, sin ningún
fundamento[4].


Uribe y la politización de la protesta social


Un factor relevante, ligado a la represión no solamente física, sino ante
todo ideológica del régimen, es que Uribe ha politizado como nadie la
protesta por sus frecuentes intervenciones para desacreditar cualquier
movilización. Uribe, como buen representante de lo más retardatario de la
clase dominante colombiana, no puede sino tomar furioso partido por la
oligarquía y sentir un instintivo desprecio hacia todo lo que huela a
derechos populares, particularmente, a derechos de la clase trabajadora.
Con el mesianismo que le caracteriza, hace apariciones televisivas para
descalificar a la protesta, para atacar a los dirigentes y las
organizaciones, para acusar de infiltración de las FARC, para hablar de
fuerzas "obscuras" detrás de las manifestaciones, para insistir en que no
hay razones para reclamar (siempre desmiente los legítimos reclamos del
pueblo con verdades a medias y con mentiras abiertas), que toda protesta
es "política" (como si esto las hiciera menos válidas)... Pero en realidad
es el propio intervencionismo de Uribe el que politiza como nada a todo el
movimiento popular y de trabajadores, que empezando con sencillas
reivindicaciones, termina enfrentado directamente a todo el aparato de
Estado y al gobierno.

Eso es un elemento notable de las recientes huelgas y movilizaciones:
todas han tenido un contenido político muy claro. Todas han evolucionado
hasta ser movimiento de oposición al régimen, pues éste mismo se ha
identificado con la cerrada oposición a la más mínima concesión a las
demandas populares. Así, los movimientos han superado los límites
impuestos por el gremialismo y el economicismo, y se han proyectado como
expresiones de algo más grande, de una clase, de un pueblo que se refleja
a sí mismo en sus demandas.

Está cada vez más claro que la capacidad de negociar con Uribe es
extremadamente reducida, como quedó en evidencia después de los dos
encuentros frustrados entre el movimiento indígena y Uribe (Cali y La
María Piendamó). Y también es cada vez más claro que los acuerdos con él
jamás son cumplidos: el pueblo colombiano comienza a entender que detrás
de la protesta social debe haber una necesidad de transformar las
relaciones de poder en las que hoy se sustenta el uribismo y en las que
reposa la hegemonía de la oligarquía. Está claro para un sector mucho más
amplio del pueblo que no bastan, a esta altura, reformas puramente
reivindicativas, sino que es necesario acompañarlas de transformaciones de
fondo y del empoderamiento del propio pueblo, que construye espacios
autónomos y de convergencia en la base.


El Estado colombiano criminaliza la solidaridad y la protesta


Uribe, dentro de su estrategia de desacreditar y atacar la movilización
popular, ha criminalizado la protesta, la solidaridad y la opinión
disidente. Uribe trata a toda la oposición como "terrorista", toda forma
de disenso ha sido criminalizada. Esto ha sido expresado con meridiana
claridad por un comunicado del movimiento indígena de Cauca durante las
jornadas de movilización de Octubre:

"Aseveran que los indígenas son FARC y actúan con las FARC y tienen
pruebas. Pero además, que la Minga es política, para hacerle oposición al
Gobierno. Lo primero es falso, lo segundo es cierto y no es delito. O no
debería serlo. O no lo sería si en este país hubiera un Gobierno
democrático y no un régimen del terror."[5]

No es necesario entrar a hacer idealizaciones de las democracias
burguesas, pero ciertamente, Colombia no califica para tener credenciales
democráticas, como bien lo indica el movimiento indígena del Cauca. Pero
el pueblo, gracias al efecto generado en gran medida por las propias
intervenciones atarantadas y torpes de Uribe, ha perdido el miedo a
pensarse a sí mismos y a sus reivindicaciones de manera política.

También en la huelga de los corteros la oposición ha sido criminalizada:
el senador opositor Alexander López fue acusado de ser "instigador" de la
huelga, sencillamente, por dar su apoyo a los corteros. Con estas
afirmaciones, veladamente, se dice que no hay razones legítimas tras la
protesta (la cual no existiría de no ser por los agitadores), pero también
se envía una clara amenaza de que el respaldo político a cualquier
movimiento que no sea del agrado de Su Majestad Uribe, puede ser
criminalizada. Y efectivamente, como ya habíamos mencionado, dos de los
asesores del senador fueron arrestados por dos semanas, junto a tres
dirigentes de SINALCORTEROS (sindicato de los corteros), sin ninguna
prueba contundente. De igual manera, tres extranjeros, de organizaciones
solidarias, que estaban dando su respaldo a los corteros, también fueron
expulsados del país bajo cargos de agitación.

Cuando Uribe habla de supuestas "fuerzas obscuras" tras las movilizaciones
no se refiere a otra cosa que la solidaridad del pueblo. Uribe condena al
envío de dineros por parte de organizaciones populares y sindicales
extranjeras a los corteros o a los pueblos originarios, algo que es
práctica común en toda América Latina y que sería muy raro que no se diera
precisamente en el país donde el sindicalismo ha sido más golpeado. Pero
lo más sorprendente de estas acusaciones, es que provienen de un
presidente hipócrita que él mismo es financiado de manera bastante
generosa por la Unión Europea, y principalmente por los EEUU que le han
donado al menos 6 mil millones de dólares solamente en asistencia
militar...


La Minga, el liderazgo colectivo y desde abajo


En este contexto de amplia politización de la protesta, de su
criminalización y señalamiento por parte del gobierno, y de aguda
represión, la Minga popular adquiere proporciones titánicas. Minga viene
del vocablo Quechua Mink?a, que quiere decir "trabajo colectivo" y en ese
sentido se utiliza en las comunidades de todos los Andes. Según el
diccionario Quechua-Castellano de Angel Herbas Sandoval (1998) en el
término también se implica el sentido de un "acuerdo" o "pacto". Y también
debemos considerar el sentido del "trabajo colectivo" en los pueblos
indios: este trabajo es de beneficio para la comunidad y se realiza en un
ambiente festivo, frecuentemente con música. Por ello la Minga ha sido un
hecho alegre y colorido, pese a las tragedias y la violencia que ha
enfrentado.

Fiel a este espíritu, la Minga ha sido más que una simple marcha de Cauca
a Cali, y de ahí a Bogotá: ha sido un auténtico instrumento para canalizar
la unidad de todos los sectores populares. Es parte de un despertar
profundo del pueblo colombiano que se vuelve a levantar, dignamente,
dejando atrás el silencio impuesto por el terror. Pero a su vez la Minga
indica una manera distinta de hacer política, de organizarse y de luchar.
Una forma incluyente y participativa, "con verdadera democracia para que
los de abajo ejerzan colectivamente su derecho a proponer, decidir y
orientar a quienes les representan"[6].

En palabras de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca
(ACIN): "con una dignidad conmovedora y dura, los nadie, los ninguno, han
recordado al mundo, a los malos Gobiernos y a los líderes que la autoridad
no se delega. Solamente se delega la representación, porque la autoridad
únicamente está en la voluntad de los pueblos concientes y movilizados en
Minga por la Vida y la Dignidad. Quienes no son capaces de recoger y de
respetar la palabra del pueblo, la que ha caminado con tanto sufrimiento y
amargura, no pueden representarlo. Ni oportunistas ni autoritarios tienen
espacio ante la Minga: esa es su palabra."[7]

La Minga es germen de una nueva sociedad, de una nueva forma de
horizontalizar el poder, de un mundo posible fundado sobre la democracia
directa, el respeto a la diversidad y la unidad de los de abajo.


El Uribismo: la política del resentimiento y de los chivos expiatorios


Al mensaje sereno pero decidido de la Minga, a su movilización
perseverante, se ha opuesto la mentira oficial, propagada y repetida por
todos los medios informativos: acá nadie tiene por qué reclamar, no hay
razones, si los indios son "grandes terratenientes", tienen más
"beneficios" que el resto de los colombianos, etc. El propio Uribe se
encargó de decir verdades a medias (y sabemos que verdades a medias son
mentiras completas las más de las veces), como que los pueblos originarios
poseen el ¡27% del territorio colombiano! Según Uribe, el problema de la
concentración de la tierra es creado por el sector más empobrecido de la
sociedad colombiana (las comunidades indígenas) y no por los 3.000
terratenientes que concentran el 53% de la tierra cultivable ?entre los
cuales, por cierto, está el propio presidente[8]. Claro, también se
cuidaba Uribe de no mencionar que mucha de esa tierra se encuentra en
manos de paramilitares y parapolíticos, habiendo sido sus legítimos dueños
desplazados de manera violenta para abrir paso a la palma africana, o que
la inmensa mayoría de esta tierra no es cultivable por hallarse en selvas,
páramos, el desierto guajiro, la orinoquía o en reservas nacionales.

Cabe señalar que esto no ha sido algo exclusivo hacia la movilización
indígena, sino que es una constante hacia todos los movimientos que
protestan: no solamente negar las causas de la protesta, sino que
convertir, súbitamente, a quienes protestan en supuestos "privilegiados",
para aislarlos de la solidaridad de sus compañeros de condición, de sus
hermanos de clase. El uribismo siembra hábilmente la división apoyándose
de una política del resentimiento, en donde se canaliza la rabia popular
hacia los "vecinos", para así desviar la atención de los verdaderos
responsables de las miserias del pueblo. En el caso de ASONAL ocurrió algo
parecido: se comparaba los sueldos de los trabajadores del sector judicial
con los trabajadores que ganan el sueldo mínimo, tratando de restarles la
solidaridad de estos últimos por resentimiento, a la vez que se ocultan
los sueldos que reciben las altas esferas de la burocracia estatal y toda
la "rosca" atornillada en el poder detrás de Uribe. La única alternativa
de nivelación aceptable a Uribe, es la nivelación hacia abajo... pero la
política del resentimiento pierde terreno ante la creciente conciencia del
pueblo, y la unidad de los sectores oprimidos y explotados se consolida a
pasos agigantados.

A decir verdad, la política del resentimiento y de los chivos expiatorios
es un rasgo característico de los regímenes totalitarios, y
particularmente, de los fascismos. Hemos señalado con anterioridad que se
ha experimentado un proceso de fascistización agudo por parte de la
sociedad colombiana, principalmente de las clases medias urbanas, el cual
ha ido de la mano del proyecto autoritario de Uribe desde el Estado. En el
Estado fascista por excelencia, la Alemania de los ?30, el Gran Capital, y
sobretodo la Gran Banca, habían apoyado irrestrictamente a Hitler; así
entonces "la imagen del ?judío rico y explotador? (...) conviene al gran
capital, (...) porque desplaza el anticapitalismo de las masas
pequeño-burguesas hacia los ?judíos?"[9]. Los "judíos" en Colombia, como
hemos visto, sobran y los paralelos con los regímenes fascistas erizan la
piel.


Un pueblo en marcha...


Hoy la Minga llegó a Bogotá -Bacatá según la lengua de los Muiscas- tras
una larga marcha, dos encuentros fracasados con Uribe y muchísima sangre y
represión. Su llegada marca un hito en la historia reciente de Colombia y
no es una exageración decir que esta movilización esta gestando cambios
muy profundos en el país. La Minga marca claramente un punto de inflexión
en el largo período de reflujo del movimiento popular. Ahora los sectores
explotados y oprimidos van a conquistar nuevamente la iniciativa.

La Minga se ha encontrado con un país en estado de emergencia, con un
estado de conmoción interior y un estado de emergencia económica ya
declarados, que amplían las enormes facultades de que ya goza el
Ejecutivo, el cual sigue acumulando poder con cada vez menos mecanismos de
contrapeso. Decíamos hace un par de meses que la crisis
política-institucional que atraviesa Colombia, sumado al proceso de
fascistización del Estado y de la clase media urbana enardecida, podía
perfectamente llevar a la consolidación de una dictadura en el estricto
sentido de la palabra[10]. Tal escenario parece estarse consolidando, pese
a que las bases de esta proto-dictadura se revelen cada vez más endebles.

El principal factor de debilitamiento (no el único) que enfrenta el actual
régimen está, precisamente, en la extensión y profundidad de la protesta
social. La crisis institucional colombiana, la cual ha sido catapultada
por las contradicciones exacerbadas por el proyecto intrínsecamente
autoritario de Álvaro Uribe, no había visto al pueblo organizado y en las
calles convertirse en un actor estelar sino hasta ahora. Por tanto, los
resultados de la Minga no deben medirse en términos inmediatistas (pues se
sabe no será mucho lo que se avance en las demandas concretas) sino que en
la medida en que se sienta la base para ganar fuerzas sociales que
permitan dar una lucha de largo aliento. Esta lucha debe permitir invertir
una correlación de fuerzas de momento desfavorable a los sectores
populares y así garantizar las condiciones "sociales" para futuras
victorias.

La hora es de canalizar todas esas fuerzas que han empezado a converger en
torno a la Minga y convertirlas en alternativa social. Una alternativa que
recoja lo mejor que se ha consolidado en la lucha, que supere las formas
tradicionales de la política, que se convierta en proyecto de poder
popular. La Minga tendrá que reunirse, una vez más con los mentirosos
compulsivos que se encuentran en el gobierno, y lo más probable es que
esas reuniones no lleguen a nada, o en el mejor de los casos, a nuevas
promesas que seguirán incumplidas. La Minga debe cuidarse de no
desgastarse en ese proceso, ya que no puede descuidar su principal tarea
que es ser instrumento para facilitar la unidad, desde abajo y en
movimiento, para este pueblo en la larga marcha hacia la conquista de su
destino.


José Antonio Gutiérrez D.
21 de Noviembre del 2008


Notas:


[1] Mencionábamos, a finales de Junio, que "el continuismo uribista no es
otra cosa que la prolongación de un sistema en crisis aguda de
legitimidad. Lo que si es indiscutible, es que, de momento, todas las
soluciones al conflicto, se están barajando por arriba: el gran ausente en
la crisis colombiana es el pueblo organizado."
http://www.anarkismo.net/article/9243

[2] http://www.anarkismo.net/article/10462

[3] http://www.anarkismo.net/article/10450

[4] La huelga de los corteros y su desenlace parcial lo hemos analizado en
más detalle en www.anarkismo.net/article/10668

[5] http://www.anarkismo.net/article/10338

[6] http://www.nasaacin.org/noticias.htm?x=9001

[7] http://www.nasaacin.org/noticias.htm?x=9001

[8] Ver artículo de Mauricio García V.
http://www.elespectador.com/columna86008-mucha-tierra

[9] Poulantzas, Nico "Fascismo y Dictadura", Ed. Siglo XXI, 2005, p.298.
Sobre el apoyo del Gran Capital Industrial y Financiero al nazismo, ver la
op. cit. pp. 101-102. Este libro, pese a algunos sesgos dogmáticos, a
algunas exageraciones y algunas categorías dudosas, sigue siendo un punto
de referencia obligado para el estudio del nazi-fascismo, junto con el
libro de Daniel Guérin "Fascismo y Gran Capital". Pese a las diferencias
propias del período y de la condición dependiente de la economía
colombiana, no dejan de ser sorprendentes ciertos paralelos notables entre
el uribismo y la "época dorada" de los fascismos europeos.

[10] Ver "Pasos de animal grande, crujidos institucionales, ecos de lucha"
http://www.anarkismo.net/article/9731 "Colombia: el cálculo político
disfrazado de ?humanitarismo?" http://www.anarkismo.net/article/9563 o
"Yidispolítica y la re-elección de Uribe: la salida cesarista a la crisis
institucional en Colombia" http://www.anarkismo.net/article/9243

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