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(ca) 150 años de lucha y algunas definiciones para continuarla

Date Sun, 30 Mar 2008 19:45:54 +0200 (CEST)



[Nota de los autores: En el presente texto analizamos cuales han sido,
según nuestro criterio, las definiciones que fundamentales para el
desarrollo del movimiento anarquista, como movimiento con asiento en las
masas. Con el mismo no pretendemos hacer un repaso de la historia del
movimiento, sino simplemente observar ciertas definiciones que
consideramos son un buen punto de partida, una base bastante sólida como
para cimentar una construcción que recupere lo mejor que el movimiento ha
sabido dar.]

El movimiento anarquista tiene sin duda una rica historia. En sus casi 150
años de lucha ha izado su bandera y presentado batalla en la mayor parte
del mundo destacándose el desarrollo logrado en Argentina (por no
mencionar a Rusia, Francia, México, Italia, Corea, España, etc. ya que
para hacerlo deberíamos extendernos demasiado). Fue Buenos Aires una de
las cabeza de playa desde las que el movimiento se extendió hasta alcanzar
una considerable, aunque heterogénea, inserción por toda América Latina a
fuerza de mucho trabajo y grandes sacrificios. Esto fue posible gracias a
la estrecha ligazón establecida entre los primeros grupos de militantes
libertarios y el naciente movimiento obrero del que fueron pioneros. La
misma, forjada en la participación permanente, activa y decidida entre sus
filas, contribuyó fuertemente a la construcción de un movimiento obrero de
una combatividad feroz y solidaridad consecuente con un ideal de
emancipación humana, y a su organización sólida y potente a la vez que
federalista y radicalmente democrática.

No buscamos con este artículo hacer un repaso exhaustivo y sistemático de
nuestra historia sino explicar desde ella el por qué de algunas
definiciones que tomamos y que consideramos fundamentales.

Un anarquismo militante
Es indudable que el movimiento anarquista dejo su huella en la historia y,
mucho más importante, peleó (y lo sigue haciendo) por una sociedad donde
la justicia y la libertad no fuesen privilegios de pocos, negando el
sentido de estas palabras, sino principios rectores de la organización
social. Todo esto fue gracias al compromiso militante y a la entrega
consecuente de cientos de miles de compañeros y compañeras que dejaron su
tiempo, su sudor, su sangre y su vida en ella. Testimonio de esto fueron
las leyes de residencia y defensa social, las nóminas de deportados, las
cárceles atestadas (hasta el punto de que llegaron a realizarse congresos
dentro de ellas) y la sangría constante de la represión. Aquella fue la
brutal respuesta de la burguesía amenazada por ese compromiso militante
que se manifestaba en acciones, impulsando la conformación de Sociedades
de Resistencia (agrupaciones obreras de lucha, los primeros sindicatos),
llamando a la huelga y sosteniéndola con el cuerpo en tomas, piquetes y
enfrentamientos cuerpo a cuerpo y a mano armada con la policía,
organizando insurrecciones, agitando y propagando desde diarios y
revistas, folletos y volantes que se editaban por millares. No se trataba
sólo de opiniones personales, convicciones íntimas, ni actitudes
cotidianas o de ser consecuentes en la conducta personal con los demás (la
familia, los amigos, los compañeros). Si bien era (y es) esto una parte
importante, no quedaba sólo en esa instancia meramente individual, sino
que expandía sus fronteras para ser un proyecto militante con una
finalidad y un medio, el comunismo anárquico y la revolución social.

Un anarquismo revolucionario
Se tenía en claro la necesidad de una revolución que socializara las
riquezas, el trabajo y la toma de decisiones, acabando con la explotación
y la opresión en todas sus formas. Los/as compañeros/as no se conformaban
con la creación "en los márgenes" a pesar de dedicarse incansablemente a
esta tarea, fundando bibliotecas, clubes de fútbol, cooperativas,
sindicatos, cientos de instituciones en un sentido amplio que hicieran
posible una vida mejor para los trabajadores/as, a la vez que preparaban
el camino para mejores conquistas. Tampoco se quedaban en una
autosuficiente y estéril crítica carente de propuestas y de acciones. No.
Se iba a por todo, decidida y resueltamente. Y se tenía en claro que esto
implicaba inexorablemente la violencia, la lucha armada y la preparación
moral y material para esta, la confrontación con las fuerzas represivas
del gobierno, garantes del privilegio de unos pocos y el sometimiento y
postración de la mayoría. Por eso esas huelgas salvajes con choques y
barricadas en las calles, por eso la reivindicación y puesta en práctica
del sabotaje hasta llegar a la expropiación a los empresarios para el
financiamiento de las organizaciones y grupos de acción. Ante semejante
despliegue, y desbordado por todos sus flancos, al gobierno no le bastó la
policía y tuvo que recurrir al ejército y a grupos fascistas para reprimir
al pueblo desbocado, a los trabajadores/as dueños de la ciudad por una
semana en esa gesta inolvidable de enero de 1919.

Un anarquismo clasista
Y nos referimos a los trabajadores, pero con orgullo recordamos entre
ellos a los anarquistas siempre al frente, llevando la lucha hasta el
límite de sus fuerzas, impulsando hacia adelante a la mayoría con su
ejemplo, con el respeto ganado por su consecuencia, capacidad militante,
entrega y solidaridad. La lucha de clases era para los compañeros/as el
principal campo de acción (sin por esto dejar de reconocer la importancia
de otras luchas) y el más propicio para la creación de una fuerza social
de intención revolucionaria capaz de hacerle frente al enemigo y vencerlo.
Para alcanzar esto veían la necesidad de construir amplias y vigorosas
organizaciones de clase que, a la vez que emprendían la lucha por aumentos
de salario, reducciones de jornada y mejores condiciones de trabajo, eran
la escuela en que grandes masas de trabajadores conocían su fuerza,
aprendían a luchar y se decidían a hacerlo. Organizaciones que comprendían
en su seno a todos/as los/as trabajadores/as solidarios en lucha, sin
distinciones, con independencia de la patronal, el gobierno, los partidos
políticos y cualquier otra institución (independencia fundada en una
genuina democracia interna en la que la base, el conjunto de los
integrantes de la organización, era quién verdaderamente decidía el rumbo
de esta). Fue la participación de los/as compañeros/as en estas
organizaciones, junto a la experiencia vivida en carne propia en los
conflictos, la que iba mostrando, por más pequeños y humildes que sean los
reclamos, el abismo que separa a los trabajadores de la patronal, los
intereses encontrados, opuestos e irreconciliables entre sí. Allí
estuvieron siempre los compañeros/as, en primera fila, trasmitiendo la
necesidad de ir a fondo, de luchar hasta el final y hacia una meta, para
terminar con la constante agresión patronal que vuelve precarias todas las
conquistas y triunfos, sumiéndonos nuevamente en la miseria y la
servidumbre.Siempre presentes impulsando las luchas hasta sus últimas
consecuencias, resistiendo todos los embates del gobierno y la patronal.
De esta manera el movimiento anarquista en la Argentina llegó a ser masivo
y popular, a calar hondo en los huesos del pueblo y dejar huella en esta
tierra, volviéndose referente ineludible de todos/as los/as no se resignan
y buscan un verdadero cambio.

Un anarquismo federalista
El movimiento, tras largos años (y con muchas dificultades para lograr la
confianza y el acuerdo necesarios) supo encontrar la fórmula de
organización congruente con sus ideales. Una forma organizativa que
potenciara sus fuerzas mediante la coordinación solidaria y democrática a
la vez que impidiera una centralización asfixiante y autoritaria. No por
nada la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) tuvo su Pacto de
Solidaridad, elaborado y modificado en Congresos de delegados y ratificado
por las Sociedades de Resistencia. El Federalismo tal cual era entendido
por la FORA (por no decir todas las grandes organizaciones anarquistas o
influenciadas por el anarquismo) consistió en la toma de decisiones
directamente por todos sus miembros (en asambleas, conferencias,
congresos, mítines, etc.) y la limitación de las funciones de los
distintos comités a la coordinación y ejecución de los acuerdos tomados.
En la práctica, esto exigía una vigilancia y control permanente de los
comités por la base para evitar toda burocratización (con la posibilidad
de revocarlos de considerarse se habían extralimitado), así como la más
amplia discusión y participación desde abajo para evitar que la falta de
mandato de los comités llevara a la organización al inmovilismo,
impidiendo que diera una respuesta a los agitados tiempos que se vivían.
Esto rompía con el aislamiento, que llevaba a derrotas evitables por la
dispersión de las fuerzas, y con todo recelo hacia las organizaciones
vastas y duraderas y los abusos a las que frecuentemente se prestan. Al
mismo tiempo posibilitaba grandes proyectos (como la edición de periódicos
que llegaron a ser diarios y competir en tirada con las prensas burguesas,
el apoyo a los presos y sus familias durante largos años, etc) que serían
imposibles encarar sin la unión y colaboración de gran número de
compañeros/as.


-------------

Creemos que estas definiciones fueron sostenidas en los hechos, más allá
del vocablo o conceptos que usara la mayoría del movimiento a lo largo de
su historia, especialmente allí donde mayor desarrollo alcanzó. Hoy, como
ayer, somos muchos/as los/as que compartimos estas definiciones y las
levantamos en la práctica. Y el nuestro no intenta ser más que un aporte
concreto en ese sentido: mantenerlas con vida. Por todo esto saludamos
toda iniciativa en el mismo sentido y reafirmamos nuestro deseo de
mantener relaciones y discusiones saludables y respetuosas con todos los
grupos, espacios, compañeros y compañeras que recorren el mismo camino que
nosotros/as.

Hay compañeros que no compartirán una o más de estas definiciones y, aún
así, coincidiremos en distintos ámbitos de lucha. No es nuestra intención
negar el valor de lo que hacen ni afirmar que tenemos todas las respuestas
a los interrogantes que esta empresa nos plantea. Simplemente tratamos de
explicar cuál es nuestra propuesta y por qué la sostenemos.

Sabemos que estas definiciones no agotan el debate ni responden a muchos
de los problemas frente a los cuales los anarquistas necesariamente
debemos sentar posición. Queda pendiente evaluar críticamente los errores
cometidos, que indudablemente fueron muchos y muy importantes, pues
llevaron a la decadencia del movimiento (tarea que consideramos ineludible
e inconclusa). Pero nos parece que estas definiciones son un buen punto de
partida, una base bastante sólida como para cimentar una construcción que
recupere lo mejor que el movimiento ha sabido dar. No creemos que sea
tarea fácil y sabemos que nos falta mucho para estar a la altura de tan
gran desafío que tenemos por delante? por nuestra parte, apenas empezamos
a mostrar en los hechos lo que proponemos. Pero como decíamos al
principio, el movimiento anarquista tiene sin duda una rica historia, y en
todos nosotros está el continuarla.

Artículo publicado en Hijos del Pueblo Nº 11

http://www.inventati.org/rlba


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