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(ca) [Colombia] Del 4 al 6 y del 6... ¿a dónde?
Date
Sun, 30 Mar 2008 19:41:07 +0200 (CEST)
Del 4 al 6 y del 6... ¿A dónde? Reflexiones en torno a la Manifestación
del 6 de Marzo y el conflicto colombiano
Y el 6 de Marzo les tocó el turno a las eternas víctimas olvidadas del
conflicto social y armado colombiano. A los desplazados, a los campesinos,
a los trabajadores, a los pobres, a los marginados, a los indios, a los
negros. Con orgullo nos congregamos en toda Colombia y en todo el mundo
para decir, desde las víctimas, basta de mentiras, basta de
paramilitarismo, basta de crímenes de Estado y para decir a todos los
actores armados basta de ataques a los civiles. Porque urge el intercambio
humanitario, porque urge una salida negociada al conflicto, porque urge la
necesidad de humanizar una guerra tan degradada.
Esta marcha fue bien honesta. Se supo desde un primer momento quien
convocó y no se usó como pantalla a un "inocente" que comenzó
"espontáneamente" una convocatoria en Facebook. Se convocó con una agenda
clara y no solamente con el ánimo de denunciar, sino que con el ánimo,
ante todo, de construir una alternativa al belicismo irracional que
desangra a Colombia. Este fue nuestro granito de arena para ayudar a
superar un proceso histórico largo y que hoy trasciende las fronteras
colombianas, amenazando con desbordar a toda la región.
No sólo se trata de números...
En Bogotá salieron, según cálculos conservadores, unas 300.000 personas;
Radio Caracol estimaba la marea humana que inundó la Carrera Séptima entre
800.000 y 1.000.000 de almas. Cientos de miles más se congregaron en todo
el país y en decenas de países de todo el mundo. Este es un hecho notable,
ya que esta manifestación careció de apoyo institucional y careció de los
bombos y platillos de la manifestación del 4 de febrero y, sin embargo, se
estima que el número de personas que salieron fue equivalente[1]. Es por
ello que decíamos en un artículo anterior[2] que la asistencia a esta
marcha sería más significativa, pues es una asistencia que vino pese a
todo y sin ninguna clase de presión, ni menos facilidades, y en medio de
múltiples amenazas.
Ningún patrón le dio permiso a sus trabajadores para marchar; el
oportunista de Samuel Moreno, que suspendió las clases en Bogotá el día 4
de febrero para complacer al uribismo y así evitar ser sindicado de
"pro-guerrillero" según la densa polarización de esos días, no suspendió
las clases esta vez, aunque para la foto posará en primera fila durante la
marcha. Los uniformados tampoco se vistieron de civil para salir a
marchar. Previa la marcha, comunidades completas en Caquetá, en Nariño, en
Medellín, fueron amenazadas por las bandas paramilitares de las "Águilas
Negras" y "Nueva Generación" para que no salieran.
Hay que sumar, además, el clima de tensión que se vivió en Colombia esa
semana, por los sucesos que se desencadenaron luego del asesinato de Raúl
Reyes, segundo jefe de las FARC-EP, en territorio ecuatoriano. Con un
conflicto que amenazaba escalar en cualquier momento, con movilizaciones
de tropas en las fronteras ecuatorianas y venezolanas, y con todo el
frenesí patriotero que estas situaciones generan y que, por lo general,
fuerzan a posicionarse detrás del gobierno, una marcha de estas
características críticas, es mil veces más notable. Puede decirse que el
contexto no podía ser más adverso.
Y torrentes humanos salieron de a miles, fueron millones. Pese a todo. Un
artículo brillante escrito por la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz
antes de la marcha[3], señalaba que esta sería una marcha de
"minorías"[4]. Aunque el artículo en cuestión sea brillante, falló en ese
punto y en verdad, ninguno de quienes apoyamos la iniciativa pensamos que
tendría la asistencia que tuvo. Supusimos, erróneamente, que el miedo, que
la confusión, que la propaganda podrían más. En verdad subestimamos al
pueblo colombiano. Y fue el mismo pueblo colombiano quien nos demostró
nuestro error. Por ello, esta asistencia fue mil veces más significativa
que sus números y aquellos reduccionistas y simplones que quieran comparar
números entre el 4 de febrero y el 6 de marzo (porque no tienen cabeza
para otra cosa) están verdaderamente fuera de foco. No todo en la vida son
números, afortunadamente.
Los ausentes que se hicieron presentes
Pero hay otra razón por la cual no puede compararse la gente que saliera
este día con la que saliera en la manifestación anterior: hay una
diferencia ante todo cualitativa. Los que salieron este 6 de marzo fueron,
ante todo, las víctimas del conflicto. Como habíamos dicho, tan importante
como los que marchan son los que no marchan. Y los que no estuvieron
presentes para la marcha del 4 de febrero (víctimas, familiares,
desplazados) lo estuvieron en esta. Este sólo hecho es tremendamente
significativo.
Así como también fue significativa la ausencia de un gobierno que se llena
la boca hablando de las "víctimas del conflicto" pero que es incapaz de
acompañarlas el día que éstas hacen presencia en las calles. Esto no es
casual y refleja la incapacidad del Estado de mirarse en el rostro de las
víctimas debido a su condición de victimario. Su presencia hubiera sido un
acto de cinismo que hubiera superado todo cuanto el estómago humano puede
tolerar.
Acá los que salieron fueron desplazados, fueron gente que han perdido un
hijo, una hija, un hermano, una hermana, un esposo, una esposa, un amante,
alguien querido. Fueron torturados, fueron gente que por años han tenido
que esconderse para cuidar su pellejo, fueron gente que ha vivido el rigor
del conflicto sobre su piel. Fueron gente que se cansó de callar, que se
cansó de soportar tanta muerte alrededor, fue gente que simpatizó con los
convocantes aunque el gobierno buscara satanizarlos. Acá no hubo nadie
vestido según la moda de París. Acá fueron solamente los colombianos de a
pie.
Contra viento y marea... ¡por la vida y la dignidad!
Toda la prensa oficial o estuvo en contra o trataron de distorsionar el
sentido original de la marcha para entregar una marcha descafeinada, que
no dijera nada, que criticara la "violencia" como si viniera del aire pero
fuera incapaz de ponerles nombres, responsables, y mucho menos, de
asignarles responsabilidades específicas. Una marcha, en fin, que o no
dijera nada o repitiera los efectos del 4 de Febrero de buscar el
reforzamiento de la institucionalidad.
El Tiempo solamente la apoya, en una sorpresiva editorial el 28 de
Febrero, cuando era un hecho que se venía venir que serían cientos de
miles los que saldrían a las calles. Sin embargo, la apoya con tantos
"peros" que fue un "sí" equivalente a un "no". En el amor como en la
política es mejor a veces un "no" categórico que un "sí" indeciso y
pusilánime. Que no nos gustan los convocantes, que el paramilitarismo ya
se desmovilizó, que no creemos que vaya a salir tanta gente como el 4, que
esta marcha está "politizada", que no es inocente, todo en boca de este
periódico se convirtió en una manera de bajarle el perfil a la
manifestación, mientras se posaba de demócrata y de ecuánime.
El Espectador la apoyó en un comienzo para luego reducir la convocatoria
solamente contra el paramilitarismo, como si los crímenes de Estado no
existieran. Esta actitud fue transversal a la prensa oficial que considera
la crítica a las instituciones como un acto de alta traición, actitud
propia de un régimen que vive un proceso avanzado de fascistización. ¡Para
demostrar su carácter "respetable", hasta llegaron al patético extremo de
sentirse obligados a defender la política de seguridad democrática y al
presidente Uribe después de haber "apoyado" la convocatoria! Y lo hacen en
el tono más rastrero que pueda imaginarse:
"Quien haya leído de buena fe ?y comprendido? los editoriales de El
Espectador de los últimos años sabe bien ?ya que también nos han querido
graduar de manera gratuita como enemigos del Presidente de la República?
del respaldo que hemos dado desde estas páginas a la política de seguridad
democrática y a la Fuerza Pública. Cosa diferente es que pongamos un
énfasis en la esencia democrática de dicha política como fundamento
necesario para que sea efectiva y noble. En lo cual quizás algunos no
coincidan, pero ciertamente sí el presidente Álvaro Uribe Vélez."[5]
Es decir, apoyaban, al mismo tiempo que la convocatoria del 6 de Marzo, a
la política que ha aumentado notablemente la cantidad de violaciones por
parte del Estado y la cantidad de "falsos positivos". Para semejante acto
de alquimia política, ciertamente, debían transfigurar la convocatoria en
una que no mencionara los crímenes de Estado. Y yendo aún más lejos en su
actitud rastrera y cobarde, llegan a defender la figura de Uribe, con lo
cual la farsa es absoluta ? al ser este uno de los impulsores de los
grupos paramilitares mediante las cooperativas CONVIVIR, a mediados de los
?90, que luego darían origen a las AUC. No había, en realidad, necesidad
de caer tan bajo. Pero insistimos, esta clase de actitudes son
sintomáticas de la presión que desde los medios se ejerce para buscar
manufacturar un consenso monolítico detrás de las clases dominantes y de
su estrategia militar y política.
Mientras tanto, por cada artículo que aparecía apoyando la marcha, o por
cada tibia editorial de apoyo, aparecían diez artículos que, con espuma en
la boca, atacaban el sentido de la marcha y a sus organizadores.
Podríamos decir que el rol de los medios antes de la marcha fue de buscar
distorsionar la convocatoria una vez que no pudieron evitarla: se
pronunciaban contra la violencia, esa violencia de sustancia etérea, sin
ser capaces de ponerle nombre y apellido; se cuestionaban a los "actores
ilegales", como si los actores legales no practicaran el terrorismo, como
si el Estado fuera una entidad más allá del bien y del mal. Otros fueron
aún más lejos y quisieron centrarse nuevamente, de manera exclusiva y
excluyente, en las violaciones de las FARC-EP y en la situación de los
secuestrados.
El Polo, que no tuvo pelos en la lengua para criticar a las FARC-EP el 4
de Febrero, se mostró esta vez extremadamente reticente a nombrar con
igual claridad al Estado como un violador sistemático de derechos humanos
en Colombia. Mal por ellos: esa falta de claridad refleja su inmadurez
política y su oportunismo. Samuel Moreno, en tanto, no tuvo el valor para
suspender las clases en esta ocasión.
Y pese a estas vacilaciones, pese a la oposición del gobierno, pese a las
mil y una dificultades, pese a la campaña velada de la prensa contra la
manifestación, el pueblo colombiano se expresó en una hermosa jornada que
demostró su porfiada voluntad de vivir, y de vivir dignamente, libremente,
mientras desde arriba se le quiere imponer el silencio o la muerte. Este 6
de Marzo fue un bravísimo acto de reafirmación popular.
El 6 de Marzo: ni miedo ni silencio
La marcha del 6 no fue una marcha excluyente: pese a que su convocatoria
era clara, no se le negó espacio a ninguna víctima, no buscó contribuir a
la polarización, todo el mundo pudo expresar su opinión sin que se viniera
a censurar, a decir que esta marcha es mía y no tuya, que de estas
víctimas no se puede hablar... Esto fue así tanto en Colombia como en
todos los países donde hubo manifestaciones.
Nosotros teníamos claro que la jornada no era sencillamente una copia
inversa de lo que se hizo el 4 de febrero; aquí aparecieron distintas
voces de las víctimas. Esto fue un tributo a las víctimas que comenzó como
idea del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE) y
desde ahí prendió a todas las agrupaciones de víctimas. Desde las
víctimas, el mensaje primordial fue un "No Más" a los paramilitares y al
Estado, aunque también se planteó a todos los actores armados, incluida la
insurgencia, la necesidad de humanizar el conflicto y de no castigar a la
población civil. Los familiares de los secuestrados se unieron con los
desplazados, con los desparecidos, con los torturados.
Pero lo que la hizo en realidad cualitativamente distinta fue su carácter
de propuesta. A diferencia del 4 de febrero, acá el énfasis, desde las
víctimas, era por justicia social y paz como el objetivo a largo aliento,
pero en lo inmediato, por el Canje Humanitario y la Solución Política y
Negociada al Conflicto.
Su mensaje fue categórico y debe haber caído como un balde de agua fría a
quienes desde los medios y desde el gobierno atizan la guerra, la
violencia política y buscan manufacturar este consenso en torno a la
figura Sacrosanta de Uribe Vélez. Con esta marcha quedaba claro que esa
unanimidad, que ese consenso que se inventan con encuestas parciales que
publican hasta el cansancio, no es tal[6]. Que ese consenso manufacturado
no es tan fuerte como se quiere hacer creer.
Quizás por esto mismo, es que al día siguiente, la misma prensa que le
daba su apoyo con todo número de ?peros?, cubría parcialmente los hechos
de la marcha. Enfatizaba una gresca cerca de la Plaza Bolívar, mientras
que incidentes similares el día 4 de febrero ni siquiera los cubrieron.
Comenzaron, en sus informes, denunciando a los insurgentes y minimizando
las menciones al Estado ("a ciertos elementos del Estado" fue lo más que
se atrevieron a decir) y al paramilitarismo. Una primera nota de prensa de
El Tiempo patéticamente intentaba ocultar el carácter indiscutiblemente de
masas de la convocatoria mintiendo deliberadamente, y hablando de 40.000
manifestantes en el centro de Bogotá (!). Criticaban la "politización"
porque gente gritaba consignas contra Uribe ?y sin embargo, estos mismos
medios no dijeron nada cuando otros gritaban a favor de Uribe el 4 de
febrero, como si gritar a favor fuera menos "politizado" que gritar en
contra.
Parece que a los medios, que intentan contra viento y marea dar la imagen
de un consenso absoluto en torno a la figura de Uribe, les pareció
particularmente incómodo que se cuestionara al "Gran Líder" de manera
masiva con la manifestación. Pero era imposible que Uribe no saliera al
baile el 6 de marzo. Hablar de los desplazados sin hablar de la seguridad
democrática es imposible; y a su vez, hablar de la seguridad democrática
sin hablar de Uribe es como hablar de la Iglesia Católica sin mencionar al
Papa. No se puede. Por tanto, si se va a hablar del paramilitarismo y del
terrorismo de Estado es natural que se toque la figura de Uribe que ha
estado en el centro de estos fenómenos por décadas.
Así las cosas, el mensaje al final del día fue un mensaje claro y si el
gobierno de Uribe quiere hacerse el distraído, pues bien, pueden hacerlo.
Después de todo, el Estado colombiano se ha caracterizado históricamente
por su autismo, que le hace impermeable a las demandas populares. Pero el
mensaje desde las víctimas fue elocuente y dice, más allá de los mensajes
específicos de denuncia y propuesta, que el pueblo colombiano se niega a
ser espectador pasivo del conflicto y que tiene sus manos dispuestas para
la construcción de un mejor destino.
La revancha de los paramilitares
Así como podemos decir que los medios se tomaron su revancha contra el
pueblo colombiano con su mediocre cobertura de los hechos, también era de
esperarse la respuesta vindicativa del paramilitarismo, la cual no tardó
en llegar de mano de las nuevas encarnaciones del paramilitarismo, las
"Águilas Negras" y "Nueva Generación".
Ya antes de la marcha, se supo de amenazas individuales y colectivas que
llegaron a materializarse en atentados contra algunos de los
organizadores. El día 29 de Febrero la organizadora de la marcha en
Pereira, Luz Adriana González, fue atacada a tiros en las afueras de su
residencia, ataque del cual salvó milagrosamente ilesa. Otro atentado
similar, posterior a la marcha, sufrió el dirigente del sindicato de
empleados bancarios de Bucaramanga (UNEB), Rafael Boada, quien el 7 de
marzo fue víctima de disparos por parte de individuos que se desplazaban
en motocicleta, que afortunadamente, no hicieron más daño que al
parabrisas de su automóvil. Organizadores de la marcha, como Darío Tote
(Cauca), Ingrid Vergara Chávez y Pedro Geney (Sucre)[7], Guillermo Castaño
(Pereira, Risaralda), Antonio Pedrozo (Tolima)[8], Silsa Arias (Bogotá)[9]
son algunos de los más de 50 que han recibido amenazas por parte del
paramilitarismo, que en su desquiciamiento asesino y con la prepotencia
que le otorga el contar con amigos poderosos, han llegado a amenazar,
inclusive, a ocho embajadas (Suecia, España, Canadá, Noruega, Venezuela,
Ecuador, Bolivia y Argentina)[10].
En cuanto a las amenazas colectivas, destacan las denuncias recibidas por
el pueblo indio Awá de Nariño[11] y por los residentes del barrio 8 de
Marzo en Medellín, quienes recibieron amenazas de grupos paramilitares con
el fin de amedrentarles e impedir de tal manera que aquel día pudieran
salir a marchar. Denuncias semejantes de amenazas se vivieron en Caquetá y
otros rincones de Colombia, que ciertamente, evitaron de antemano una
presencia aún más masiva en las manifestaciones. Estas amenazas ocurrían
en momentos que los principales diarios nacionales le bajaban el perfil al
paramilitarismo, como que fuera un fenómeno del pasado, como que ya se
hubieran desmovilizado, con lo cual buscaban desinflar la movilización.
Pero no podían los paramilitares contentarse solamente con las amenazas, y
menos aún, después de la masiva concurrencia a las marchas. El rol del
paramilitarismo no ha sido solamente el "terrorismo" (que en estricto
rigor, y más allá de las definiciones "a la medida de Washington" que nos
quieran vender los medios, quiere decir el acto de infundir terror en el
adversario con acciones que tienen un efecto mucho más psicológico que
material), sino que ha sido, abiertamente, la eliminación física de las
personas "molestas" a un sistema político y económico en manos de un club
de gomelos, gamonales y familias "bien".
"Consecuentes" con su rol histórico, el paramilitarismo procedió a aquello
que es su verdadera vocación: el asesinato cobarde, vil y alevoso de
trabajadores, campesinos y gente del pueblo conciente. Las víctimas se
sucedieron una tras otra: Carmen Cecilia Carvajal, docente, afiliada al
sindicato ASINORT, asesinada el 4 de Marzo en Ocaña (Norte de Santander);
Leonidas Gómez, del sindicato de empleados bancarios (UNEB), asesinado el
día 5 de Marzo en Bogotá (Cundinamarca); Gildardo Antonio Gómez, docente
afiliado a ADIDA, asesinado el día 7 de Marzo, apuñalado en pleno centro
de Medellín (Antioquia); Carlos Burbano, afiliado al sindicato de
trabajadores de hospitales (ANTHOC), secuestrado el 9 de Marzo, aparece
muerto el día 11 de Marzo, en San Vicente del Caguán (Caquetá), su cadáver
botado en un vertedero municipal y con su rostro desfigurado por ácido y
su cuerpo lacerado por signos de tortura [12].
Estos asesinatos nos hieren en lo más profundo, porque ponen una nota de
gran amargura en momentos en que aún festejábamos el triunfo sobre la
cultura de la muerte impuesta desde las clases dominantes que marcaba el 6
de Marzo. Y queremos que quede claro que acá no hay responsabilidades
solamente de los paramilitares: acá hay responsabilidades políticas mucho
más profundas. El MOVICE señaló claramente la responsabilidad del asesor
presidencial José Obdulio Gaviria, quien antes de la marcha, había
indicado, sin ningún argumento de peso, que esta manifestación era
organizada por las FARC-EP. Esta declaración irresponsable, que en ningún
momento fue rectificada, contribuyó a poner a los organizadores de la
manifestación, aún de manera más patente, en la mira de las agrupaciones
paramilitares. Esta declaración fue una carta blanca para el asesinato
político. El MOVICE está exigiendo, junto a una serie de organizaciones
sociales, la destitución de Gaviria[13].
Pero creemos que aquí no solamente José Obdulio Gaviria tiene una
responsabilidad. Claramente, el presidente Álvaro Uribe Vélez tiene una
cuota de responsabilidad política enorme en estos sucesos: sin necesidad
de remitirnos al historial de vínculos de Uribe con el paramilitarismo,
sencillamente, cabe decir que la Ley de Justicia y Paz[14] ha
invisibilizado el problema del paramilitarismo en Colombia, negando su
existencia, pese a la amplia evidencia que demuestra que el
paramilitarismo es un fenómeno que se mantiene intacto ?y como demuestra
la revancha que se tomaron después del 6 de Marzo, mantiene su capacidad
de asesinar impunemente a los sectores populares.
Y es necesario recordar que el fenómeno del paramilitarismo no se trata,
simplemente, de grupos ilegales, al margen de la ley: la imbricación del
paramilitarismo con las instituciones del Estado colombiano es
sorprendente, como lo demuestran los 65 parlamentarios involucrados en el
caso de la "para-política" (23 de los cuales ya tienen condena) y el caso
de Jorge Noguera, ex-director del Departamento Administrativo de
Seguridad, quien entregaba servicios, desde el gobierno, al
paramilitarismo[15].
Estos asesinatos lo que hacen es demostrar la farsa que se esconde, no
solamente detrás de las supuestas desmovilizaciones del paramilitarismo,
sino que también la farsa del supuesto "éxito" de la mal llamada política
de Seguridad Democrática, los cuales fueron aplaudidos por Condolezza Rice
durante su reciente visita a Colombia. Como decíamos en una declaración
recientemente:
?Si el gobierno de Uribe ha sido tan exitoso en su lucha contra el
?terrorismo? como quiere hacer creer al mundo: ¿por qué no para la masacre
de sindicalistas, defensores de derechos humanos, campesinos y dirigentes
sociales? Si, como ellos dicen, han podido contener a los grupos
insurgentes ¿por qué se muestran impotentes para evitar los crímenes de
las bandas paramilitares? ¿Debiéramos suponer tolerancia o connivencia con
ellos??[16]
Las respuestas a estas preguntas son evidentes. Pero dejamos que cada
lector se haga de su propia opinión.
¿Paz con Justicia Social o Paz de los Cementerios?
Ha sido un largo camino el recorrido del 4 de Febrero al 6 de Marzo,
recorrido en el cual se han invocado los más espantosos espectros de la
realidad colombiana. Lo que queda por delante es una tarea ardua:
ciertamente, la persistencia del conflicto prolongado, así como la enorme
presión puesta sobre la población con la implementación del Plan Colombia,
que con sus dólares militariza, fumiga, desplaza, mutila, etc. significa
que el momento es de mucha dificultad hacia los sectores populares, los
cuales cada vez ven más limitados sus espacios de expresión, asociación y
participación. Y los cuales siguen siendo presa para los sicarios del
paramilitarismo que se mantienen en su tarea de ?limpieza política?
mediante el plomo.
La polarización social estimulada por la política de Seguridad
Democrática, los planes de ?colaboración? cívico-militares, el recurso a
la guerra sucia por parte del Estado y de los órganos paramilitares
vinculados a éste, así como el macartismo y el estado de
proto-fascistización del país, que pone a cualquier disidente en riesgo de
ser acusado del temido ?delito de rebelión?, contribuyen a las
dificultades que enfrenta el mundo popular para encontrar una voz propia
en un conflicto en el cual, desde el poder, se pretende instalar una
lógica maniqueísta.
Y no está de más traer a colación, una vez más, que este mundo popular se
encuentra enfrentado no solamente a su propia clase dominante, sino que se
enfrenta, a la vez, a todo el peso del imperialismo norteamericano en la
región. Porque la dominación de Colombia y su sometimiento a los dictados
de Washington es un factor de importancia geoestratégica de primero orden
para los EEUU, sobre todo cuando está frente a una América Latina que se
le escapa del control absoluto y que presenta situaciones ?problemáticas?
para su hegemonía hemisférica[17]. En realidad, Uribe es solamente el
títere de Bush, no hay nada de original en su política -solamente ha
adaptado la antigua Doctrina de Seguridad Nacional a los requerimientos
impuestos por la era de la ?Guerra contra el Terrorismo?. La política de
Uribe fue diseñada en la Casa Blanca con el Plan Colombia y desde ahí ha
sido financiada (más de U$5.000.000 desde el ?98). Sin este apoyo
político, logístico, militar, económico y diplomático, Uribe no es nada.
Por esta razón, no es casual que el conflicto esté crecientemente pasando
a una escala regional, como quedó de manifiesto después del bombardeo a un
campamento insurgente en suelo ecuatoriano el 1º de Marzo, ni es causal
que involucre no solamente a los países vecinos, sino que a toda la región
?es toda una estrategia de dominación la que está en juego. Y el cuco de
las FARC-EP, mientras tanto, puede convertirse en el Al-Qaeda
latinoamericano. Al menos, los ingredientes principales ya están echados a
la olla desde la propaganda belicista del uribismo: redes
internacionales[18] y armas de destrucción masiva[19].
Colombia está en una encrucijada: o soluciona el conflicto de acuerdo a
los intereses de los sectores populares (los cuales desde las
organizaciones campesinas, sindicales, indígenas, de víctimas, etc. buscan
abrirse un espacio) o se convierte en un enclave imperialista tal cual
Puerto Rico en el Caribe o Israel en Medio Oriente. Aquí no hay medias
tintas y los sectores populares deben estar muy claros de la gravedad e
importancia de la presente encrucijada para todo el continente.
Y creo, personalmente, que para poder avanzar hacia la posibilidad de
solucionar el conflicto armado en beneficio de los sectores populares, hay
que romper necesariamente con algunos de los mitos que infestan toda la
discusión de las alternativas desde el pueblo. El mito del Estado
sacrosanto, situado más allá del bien y el mal, como si se tratase de un
espacio inmaculado, donde la institucionalidad es perfecta, pero donde lo
que fallan son ciertas ovejas negras. El mito, ligado al anterior, de la
Ley al margen del conflicto social de clases. El suponer que hay una ley
que se instala sobre las contradicciones de la sociedad y más allá de los
intereses específicos de los grupos de poder, reduce el conflicto a un
asunto entre los garantes de la ley y el orden y los ilegales, o los
actores ?al margen de la ley?. Ignorando que sectores legales (el
Ejército) y sectores ilegales (el paramilitarismo) han colaborado
estrechamente en cuidar los intereses de un sector muy específico de la
sociedad colombiana, que son sus clases dominantes (ganaderos,
terratenientes, empresarios) que detentan el control del aparato
burocrático del Estado ?por la fuerza- así como el control de la vida
económica de Colombia. Solamente cuando se comprenda el alcance real que
estos mitos tienen en el desarrollo de un proyecto alternativo, de base,
libertario y popular, y cuando el movimiento popular sea capaz de plasmar
esta comprensión en un programa real, podremos decir que se estará
avanzando hacia una paz duradera, sostenible y pletórica de significado.
No podemos permitir que la burguesía, los terratenientes, los oligarcas,
los amigos de Washington se arroguen el derecho a ?hablar de paz?. La paz
en boca de estos personajes huele a podrido, huele, de hecho, a muerte.
Ellos claro que quieren la paz, pero ¿qué paz? Una paz donde sólo ellos
tengan la sartén por el mango, donde puedan explotar a un pueblo sumiso y
manso que calle y se conforme con una miga de pan. Nosotros sí queremos la
paz, pero una paz verdadera, no la paz de los cementerios, no la paz de
los resignados, no la paz de los que toleran la injusticia y la
explotación sin abrir la boca. Por eso hablamos de paz con justicia social
y no de paz a secas. Pues hablar de paz a secas es el discurso de los
tiranos y de los opresores: es la paz que solamente cuestiona la protesta
de los oprimidos para así legitimar un orden de cosas injusto.
Ese día 6 de Marzo fuimos millones los que marchamos. Ahora sabemos con
certeza que hay fuerza humana para desarrollar, desde abajo, un proyecto
alternativo al que se quiere imponer desde arriba y desde el frío país del
norte.
José Antonio Gutiérrez
27 de Marzo, 2008
----------
NOTAS:
[1] Se estiman unos tres millones, aunque los medios serviles al régimen
de Uribe, como era de esperar, inflaron a cuatro millones la marcha del
04/02 y bajaron a un millón la del 06/03. Aunque insistimos, lo de los
números es lo de menos.
[2] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=7566
[3] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=7564
[4] ?Las víctimas a las que se quiere hacer un Acto de Homenaje son
sujetos de otra sensibilidad, que interactúa con esa sensibilidades
mediáticas, pero que se expresan de otro modo, en rituales que no son
masivos, que no pueden serlo porque hablan de lo que nadie quiere ver, de
lo que no se ha aprendido a percibir, por que dicen de lo que nadie quiere
creer, a pesar de las pruebas, a pesar de la realidad misma, a pesar de
que incluso se es o se ha sido víctima: el terror del Estado.? (Op. cit.)
[5]
http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo-manipulacion-de-un-editorial
[6] Encuestas que se fundamentan en entrevistar a 1.000 personas en las
cuatro ciudades principales (Cali, Bogotá, Medellín y Barranquilla), las
cuales son plazas fuertes del uribismo, y en las cuales las cifras
alucinatorias de apoyo no bajan del 80%. Estas encuestas son otra pieza
más del rompecabezas de la opresión, que busca marginar a la oposición y
desplazar cualquier posibilidad de crítica a Uribe como un acto contrario
a la razón y la voluntad ?del pueblo?. Aunque como decían por ahí, al
ritmo que van matando gente, es muy probable que en una década la
aprobación de Uribe llegue al 100% -todos los demás ya serán ?falsos
positivos?...
[7] http://www.fidh.org/spip.php?article5365
[8] http://www.movimientodevictimas.org/node/618
[9] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=8036
[10]
http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-ocho-embajadas-denuncian-amenazas-de-aguilas-negras
[11] http://www.onic.org.co/actualidad.shtml?x=20192
[12] http://www.colombiasolidarity.org.uk/content/view/145/45/;
http://www.elespectador.com/noticias/paz/articulo-cuatro-lideres-sociales-han-muerto-despues-de-marcha-del-6m
[13]
http://www.elespectador.com/noticias/paz/articulo-cuatro-lideres-sociales-han-muerto-despues-de-marcha-del-6m
[14] Ley con la que supuestamente se desmovilizaron los paramilitares en
Colombia. Oficialmente, los últimos paramilitares de las AUC se
desmovilizaron a comienzos del 2006. Sin embargo, esta ley ha sido
ampliamente criticada como una manera de dar una amnistía a paramilitares
que, en la gran mayoría de los casos, han seguido manteniendo sus
estructuras y siguen operando.
[15]
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/marajimenaduzn/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3943737.html
[16] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=7982
[17] Que van desde la presencia de regímenes populistas y la proliferación
de movimientos de inspiración revolucionaria de nuevo cuño, hasta el
declive del Consenso de Washington y la mayor presencia económica y
política de otras potencias en condiciones de disputar la hegemonía
yanqui, como son China y la Unión Europea.
[18] La excusa de redes internacionales de las FARC-EP ya se ha utilizado
como una carta bajo la manga para reprimir y perseguir a los sectores de
izquierda al menos en México, Costa Rica y Perú.
[19] Las famosas barras de Uranio empobrecido que se atribuyeron a las
FARC-EP. Esto ha sido completamente desacreditado, y solamente una prensa
tan despreocupada de establecer la verdad o de indagar en los hechos, como
es la colombiana, puede darle crédito, empeñada como está en su cruzada
por machacar el maniqueísmo del bien absoluto representado en Uribe y el
mal absoluto representado en la insurgencia. Tales noticias no son más que
un nuevo capítulo en la propaganda de guerra del gobierno, donde los
hechos ya no cuentan para nada.
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