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(ca) Los ácratas chilenos a comienzos del siglo XX

Date Thu, 14 Feb 2008 22:13:18 +0100 (CET)



[Tomado de: www.piensachile.com/content/view/3713/1/]
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)

Acabo de leer el libro "Anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de
una idea en Chile, 1893-1915", de Sergio Grez, Lom, 2007. Según este
historiador, los ácratas chilenos aparecieron como un fantasma en los
discursos de la élite chilena: eran agitadores peligrosos que movilizaron
a una masa obrera tranquila y feliz.

La historiografía clásica fascista o los olvidó o los vilipendió. El
tratamiento de la historia de los anarquistas chilenos fluctúa entre el
rechazo y la apología. Para Hernán Ramírez Necochea los libertarios
constituían una fuerza ultraizquierdista, esencialmente reaccionaria.
Posteriormente, matizó un poco su posición sosteniendo que muchos de los
líderes del movimiento obrero se formaron en el movimiento anárquico.
Marcelo Segall sostuvo el mito de la influencia de los excomuneros y de la
Primera Internacional en Chile, de 1880. Jorge Barría y Julio César Jobet
tienen una visión un poco más amplia tanto, de la Sociedad de Resistencia
como de la IWW de las huelgas obreras de comienzos del siglo XX, sin
embargo, sólo recurren a fuentes secundarias; este olvido fantasmagórico
de la historia de los anarquistas ha sido cubierto, en parte, por las
obras de Julio Pinto - dedicadas a los ácratas de la provincia de Tarapacá
- y los trabajos de Jorge Rojas y de Jaime Sanhueza, junto al
norteamericano Peter De Shezo, quienes aportaron nuevos antecedentes,
producto de investigaciones en fuentes primarias. El libro de Grez viene a
cubrir este enorme vacío.

1- El sueño despierto de la acracia

La utopía tiene varias acepciones en la historia: para Ernst Bloch el
marxismo es la realización de la utopía completa, la conquista por parte
del hombre de los horizontes de esperanza, la liberación de todas las
enajenaciones capitalistas y la construcción de nuevos mundos justos y
libres.

La acracia se niega a ser calificada como una utopía, pero en la realidad
lo fue: quiso terminar con el Estado, la propiedad privada, la religión ?
como enajenación- en base a una huelga revolucionaria: ni dios, ni amo.
Para Bakunin, la Comuna de París significaba la destrucción del Estado, la
religión y la propiedad privada y, en su reemplazo, la construcción de una
sociedad libertaria y solidaria. El príncipe ruso Pedro Kropotkin sostiene
que sin igualdad no hay justicia y sin justicia no hay moral. Su obra, La
conquista del pan, fue un verdadero evangelio para los revolucionarios
antiestatistas. Para Malatesta, la sociedad es una sociedad de hombres
libres y una sociedad de amigos.

2- La acracia, una utopía desesperada

Como el ideal de la huelga general revolucionaria no daba resultados,
algunos libertarios se desesperaron y recurrieron a la propaganda por los
hechos, es decir, ampliar el terrorismo, (bombas, atentados y asaltos),
perpetrados contra los reyes, príncipes y burgueses; el más famoso de
estos personajes fue Rabachol, quien se convirtió en una especie de Robin
Hood anarquista, robando a los ricos para darlo a los pobres, incluso,
existía la famosa Carmagnole revolucionaria que propagaba: ?llegará,
llegará, cada burgués tendrá su bomba...? Émile Henri era aún más
violento: colocó, como represalia, una bomba en la Estación Saint Lazare,
cuyo resultado fue de un muerto y veinte heridos; en principio era para
causar terror a los pequeño burgueses, que ganaban entre 300 y 500 francos
mensuales y que eran más reaccionarios que sus patrones. Nicolás Sacco y
Bartolomeo Vancetti se convirtieron en héroes del movimiento igualitario y
libertario al ser acusados falsamente y morir en la silla eléctrica por
sus ideales.

Junto a la acción violenta siempre coexistió un anarquismo no violento,
incluso de inspiración cristiana, como es el caso de Leon Tolstoi. En
Chile, un conjunto de intelectuales fundaron una colonia tolstoiana, en la
Comuna de San Bernardo.

3- Internacionalismo, pacifismo y emancipación de la mujer

Los ácratas despreciaban la guerra y creían en una patria universal. En
1900, el Parlamento chileno aprobó la Ley del servicio militar
obligatorio, que sólo se aplicaba a los pobres, pues los señoritos se lo
sacaban. Para los anarquistas, el ejército era como la peste, la escuela
del crimen y de los vicios y servía sólo para perseguir y aniquilar al
movimiento obrero, especialmente en las huelgas de 1903, 1905, 1906 y
1907. El chauvinismo era la expresión más brutal e inhumana de la
ignorancia y primitivismo.

La emancipación de la mujer es otra de las ideas centrales de la acracia:
el matrimonio es una institución burguesa, contraria al amor libre. En
1913, visitó Chile Belén de Sárraga, famosa anarquista española quien, en
base a sus conferencias en distintos lugares de Chile , inspiró la
creación de Centros de librepensadoras Belén de Sárraga.

A comienzos del siglo XX, varias mujeres se constituyeron en líderes
libertarias: para sólo recordar a algunas, citaremos a Carmen Herrera,
compañera de Magno Espinoza, que se lució arengando a los obreros en la
huelga de Valparaíso, en 1903; María del Tránsito Caballero, fallecida en
1905, a causa de la caída de la galería, en una de los famosos discursos
del ?pope? Julio Elizalde, quien atacaba a los curas y a la iglesia por
haber traicionado la herencia revolucionaria de Jesús; Hortensia Quinio,
pareja de el líder Voltaire Argandoña, murió a consecuencia de las
torturas, después de haber sido acusada de colocar una bomba en el
convento de las Capuchinas.

Si bien el anarquismo colindaba con el feminismo, en lo cotidiano los
ideales no concordaban con la práctica diaria, donde aún seguía el
machismo y el sentimiento de que las mujeres le quitaban el trabajo a los
hombres.

El arista Benito Rebolledo relata, en una carta, al escritor Fernando
Santiván la vida diaria de la comunidad anarquista, ubicada en la calle
Pío Nono, cerca del Cerro San Cristóbal. Los ácratas eran muy cultivados:
podían disertar sobre muchos temas, aun los más difíciles y obtusos, de
cualquiera de las disciplinas del saber; eran vegetarianos, no fumaban ni
bebían, amaban la vida al aire libre y tenían un voto de pobreza. El líder
Alejandro Escobar Carvallo se ganaba la vida como médico homeópata y
naturista; Miguel Silva tenía su propio taller de tapicería; el francés
Aquiles Lemure era zapatero; Pedro Pardo, carpintero y un gran orador; el
italiano Tomaso Peppi, sombrerero y rechazaba toda invitación a cenar y
rechazaba todo regalo, pues creía que perdía su independencia. El policía
Castro se arriesgaba a afirmar que esta comunidad era muy poco peligrosa,
?¡qué atentado van a fraguar estos pobres; si no comen cazuela para no
matar las gallinas; viven de lechugas y zanahorias!?

4- Los anarquistas y el movimiento obrero

En el desarrollo del movimiento obrero, en Chile, confluyeron distintas
tendencias: las mutuales, las mancomunales, el Partido Demócrata, el
liberalismo rojo anticlerical, el socialismo y el anarquismo. En un
comienzo, fue muy difícil diferenciar cada una de estas posiciones y, sólo
posteriormente, surgió la polémica entre anarquistas y socialistas; por lo
demás, los líderes pasaban de una posición a otra, por ejemplo, Alejandro
Escobar fue primero anarquista, posteriormente demócrata, luego socialista
y, finalmente, ibañista, y así ocurrió con muchos otros dirigentes. Los
miembros de la Sociedad de Resistencia tampoco eran exclusivamente
anarquistas, pues se mezclaban con sindicalistas independientes y
mutualistas.

Los libertarios reprobaban toda participación en las elecciones y en el
parlamento, pues la consideraban un engaño de la oligarquía: lo mismo daba
votar por Federico Errázuriz o por Vicente Reyes. La Prensa ácrata y los
ateneos obreros fueron los primeros los lugares de encuentro del
anarquismo, además de los sindicatos de los ferroviarios, de los
tipógrafos, los sombrereros y sombrereras y del transporte, dando lugar a
las primeras huelgas, a comienzos del siglo XX.

5- Los anarquistas y las grandes huelgas de 1903, 1905 y 1907

Las manifestaciones, a comienzos del siglo pasado fueron, principalmente,
económicas: la estabilidad de la moneda, mejoras salariales, la inflación
- a consecuente alza del costo de la vida ? además de las insalubres
condiciones habitacionales e inseguridad laboral. Los libertarios eran
seguidos por los obreros, sobre todo cuando la lucha entre el ejército y
los trabajadores, llegaba a su clímax, pues eran los más decididos
luchadores, sin embargo, cuando había que pactar con los patrones y buscar
un arbitraje, quienes encabezaban las negociaciones eran los demócratas y,
posteriormente, los socialistas.

Así ocurrió en la famosa huelga de Valparaíso, en 1903: en un comienzo se
busco el arbitraje, posteriormente, bajaban de los Cerros las masas
populares indignadas, produciéndose la masacre y, luego, después de un
número importante de muertos y heridos, se volvía a la negociación.

En 1905, la famosa ?huelga de la carne?, aproximadamente se repitió el
escenario: al comienzo, los pacifistas dirigentes de las mutuales y
mancomunales pidieron autorización a las autoridades para realizar una
manifestación, frente a la estatua de San Martín y, cuando comenzaba la
manifestación, la masa comenzó a enfurecerse y, prácticamente, ocupó la
ciudad; finalmente, los rebeldes fueron aniquilados por las guardias
blancas y el ejército.

Mucho se ha discutido sobre la participación del movimiento anarquista en
la famosa Matanza de Iquique. Es cierto que algunos de sus líderes, los
más conocidos eran ácratas, (el caso de José Bigg y de Luis Olea), sin
embargo, las reivindicaciones del movimiento eran completamente pacíficas
y justas, y durante casi todo el tiempo los huelguistas mantuvieron una
actitud respetuosa con las autoridades del gobierno, buscando solución a
su petitorio, por medio del arbitraje, pero fueron engañados y masacrados
impunemente. Santa María de Iquique tiene poco que ver con la huelga
revolucionaria, salvo en la actitud del último instante, cuando se niegan
a abandonar la escuela.

En otro trabajo analizaré el momento principal del movimiento ácrata, de
1912 a 1915.


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