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(ca) Reseña del libro "La abolición del Estado", de Wayne Price (en)

Date Sat, 24 Nov 2007 23:26:35 +0100 (CET)


El mayor mérito del libro es el de sostener la posición anarquista contra
el Estado de una manera muy de sentido común, libre de cualquiera retórica
deliberadamente difícil de seguir. El anarquismo es deseable y fácil de
entender y cuando está apropiadamente explicado ?como hace este libro- es
difícil para cualquiera no compartir la visión básica anarquista de una
sociedad cooperativa y verdaderamente democrática.

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Reseña del Libro: "La Abolición del Estado"
(Wayne Price, Autor House, 2007)


El frecuente colaborador a Anarkismo.net, Wayne Price, regresa con un
libro que detalla la crítica anarco-comunista del Estado tanto desde un
punto de vista teórico como de uno histórico. Debido a la magnitud de tal
tarea, es imposible que este libro se extienda en su examen de varios
aspectos del tema. Pero el libro esta repleto de ideas y nociones que
pueden ser desarrolladas más allá. Todo el libro está libre del pesado
léxico académico lo que lo hace de una lectura fácil y estimulante.

El mayor mérito del libro es el de sostener la posición anarquista contra
el Estado de una manera muy de sentido común, libre de cualquiera retórica
deliberadamente difícil de seguir. El anarquismo es deseable y fácil de
entender y, cuando está propiamente explicado ?como hace este libro- es
difícil para cualquiera no compartir la visión básica anarquista de una
sociedad cooperativa y verdaderamente democrática.

A pesar de que un número de izquierdistas y anarquistas incluyendo la
famosa Plataforma del grupo Dielo Trouda, a la que el autor adhiere,
rechazan el concepto de "democracia" por considerarlo demasiado
entrelazado con el capitalismo, esto, como demuestra el libro, es
realmente una discusión de forma y no de contenido. Lo que realmente
importa son las ideas núcleo más que las palabras usadas. Wayne usa el
término democracia en su sentido literal y original in no en la forma
distorsionada y oportunista en que los políticos occidentales tienen a
manipularlo. En el capitalismo, como fue probado por la experiencia de
Chile, Bolivia, Argentina, España, Grecia, etc., "democracia" (limitada,
burguesa, no controlada) y dictadura no son más que dos facetas del
dominio capitalista en que muchas veces ambas van de la mano. Este hecho
sólo demuestra cuán rápido la camarilla capitalista está dispuesta a
abandonar sus "elevados" principios democráticos cuando ven sus
privilegios económicos desafiados.

El Anarquismo, como Wayne dice, es nada más que democracia sin Estado, una
genuina forma de democracia, ya que la democracia capitalista es nada más
que la ilusión del dominio de la mayoría cuando el verdadero poder está en
manos de una minoría de hombres ricos que controlan la economía, la
burocracia y el ejército, así controlando las vidas de millones sin poder.
Por el contrario, el anarquismo es una forma orgánica de democracia,
emanando desde abajo, desde casa uno y todos los que forman parte de una
sociedad que construimos entre todos. Para que esta sociedad exista, no
sólo el Estado, sino también la desigual distribución de la riqueza y el
reino de la propiedad privada deben ser desafiados.

Pero el Anarquismo, como enfatiza el autor desde el comienzo, no es sólo
un programa político y económico sino que también desafía la red de
opresiones del día a día que experimentamos a todos los niveles en
nuestras vidas. Así, propone una nueva ética que une fuertemente su
alternativa política y económica con una nueva forma de relacionarse entre
iguales diversos.

El argumento principal del libro es que la gente corriente, en una serie
de situaciones revolucionarias a lo largo de la historia (de la cual Wayne
repasa únicamente las revoluciones rusa y española, así como la Comuna de
París, a pesar de que menciona a otras, desde Chile a Alemania), han una y
otra vez reemplazado al Estado con formas de democracia directa de manejar
sus propios asuntos. Así, todo el argumento de "¿Cómo podría ser una
sociedad sin Estado?" es respondido por este simple ejercicio: mirar a la
historia de las revoluciones de la clase trabajadora y muchas respuestas
se encontrarán allí. Claro que las experiencias históricas no pueden ser
replicadas; sin embargo, proveen vistazos de las posibilidades futuras y
aún más importantemente, prueban la posición anarquista de una sociedad
sin estado como posible y deseable.

Wayne no pretende ni por un segundo que el anarquismo tenga todas las
respuestas para crear mágicamente una nueva sociedad, pero tiene algunas
críticas poderosas, puntos de vista y propuestas. Es por esto que recurre
al dialogo con otras corrientes políticas en los movimientos sociales:
principalmente marxistas, pero también liberales (progresistas) radicales,
así como socialistas de mercado. Prueba en varios casos la existencia en
muchas de estas corrientes políticas de perspectivas comunes y una
tendencia autoritaria y otra libertaria en cada una de ellas. Los
anarquistas entonces, no vienen de luna: es sólo una forma articulada y
coherente de elaboración política de tendencias halladas ampliamente
distribuidas entre la clase trabajadora y la gente común. Por esto,
revolución tras revolución, vemos siempre los mismos elementos emergiendo
en propuestas de construcción social: el carácter igualitarista común a
todas las tendencias comunistas y un énfasis en la democracia directa que
ha sido mejor desarrollado en el anarquismo más que en cualquier otra
corriente.

Aprecio particularmente la forma en que Wayne encara el dialogo respetuoso
con otras corrientes de la izquierda. Esto, porque para la mayoría de la
izquierda, el principal objetivo a largo plazo es el mismo; el problema,
como expone Wayne, es es el período de transición. La mayoría de las
corrientes marxistas han argumentado que durante el período de transición
el Estado seguiría siendo necesario: alguna forma de Estado sería
requerida principalmente para la coerción necesaria contra los enemigos de
clase. Así, hay un énfasis en la centralización en los intentos
revolucionarios de construir una nueva sociedad, tendencia que ha
convertido buenas intenciones en totalitarismos de pesadilla. Aunque
podemos sentarnos y decir que el camino al infierno está lleno de buenas
intenciones, debemos reconocer la necesidad de emprender este dialogo
?porque a diferencia de un Hitler que sabía lo que hacía (y que hablaba el
lenguaje de la autoridad y la supremacía), el desarrollo del totalitarismo
socialista fue un feo resultado, inevitable por las tácticas utilizadas,
de un programa que genuinamente trataba de cambiar para mejor al sociedad.
Así, la burocratización y el desarrollo del Estado totalitario terminaron
sepultando cualquier buena intención que quedará ?a menudo, sepultando con
ellas a los revolucionarios que ayudaron a construir el nuevo régimen.

Mientras que reconocemos que algunas de las tareas realizadas por el
Estado será necesarias en una sociedad post-revolucionaria ?incluso la
coerción-, Wayne convincentemente sostiene que organizaciones democráticas
de base pueden desarrollarlas perfectamente sin el peso de una burocracia,
o una élite puesta por encima del resto de la sociedad haciendo las
políticas en lugar del pueblo ?y sin el riesgo de la restauración de una
nueva sociedad de clases inherente a cualquier Estado. Por supuesto este
tipo de organizaciones democráticas de base variarán grandemente de lugar
a lugar, de acuerdo a las necesidades de cada pueblo, o de su historia y
tradiciones. Es ciertamente imposible y nada deseable el venir con un
molde a aplicar en todas partes y en cualquier momento. Es el genio
popular quién ha demostrado ser suficientemente sabio para proveer de las
mejores soluciones para contextos específicos a lo largo de la historia y
sabemos que será este mismo genio el que siempre buscará la manera de
salir adelante en la historia a través de su propia experiencia. Es por
esto que Wayne cree que es mejor hablar de una sociedad "experimental"
antes que transicional. La única guía que necesitamos, como Wayne
brillantemente resume esquivando cualquier falsa dicotomía, es que haya
tan poca centralización y jerarquía, y tanta descentralización y autonomía
y decisión desde abajo como sea posible. Y aquí subyace otro mérito de
este trabajo: rechaza ver en el federalismo a una absoluta oposición al
centralismo. El Federalismo, al menos en el significado anarquista de la
palabra significa nada más que el balance correcto entre el mínimo
razonable y necesario de centralización y el máximo nivel viable de
autonomía.

Este dialogo respetuoso con otras corrientes políticas es muy necesario,
no sólo para construir puentes con esos sectores del pueblo que sostienen
ideas distintas a las nuestras ?aunque sus intenciones puedan ser
equivalentes. sino también para llegar a entender correctamente por qué
han fallado y se han podrido desde adentro con el autoritarismo previas
experiencias revolucionarias. Un entendimiento político de, por ejemplo,
el fracaso en Rusia, debe reconocer el problema de los medios y fines, en
vez de las tonterías moralistas de buenos y malos que desafortunadamente
plaga la literatura anarquista. Esto significa empezar a deshacerse de
malas definiciones que no aportan nada a nuestro entendimiento de la
realidad, que incluso a veces lo dificultan. Términos como "fascistas
rojos", para referirse al Leninismo, sólo clarifican que quien los usa o
no sabe nada del fascismo o no entiende correctamente el leninismo.
Interesantemente Wayne analiza el fracaso para impedir el ascenso del
nazismo en Alemania en los 20 y enfrenta las malas definiciones del
Partido Comunista Alemán, tomadas del sectarismo maniaco de la
internacional comunista del tercer período. Etiquetaban básicamente a
cualquiera fuera de sus rangos como un fascista: así veían a los
social-demócratas como social-fascistas y a los anarquistas como
anarco-fascistas, por esto fueron incapaces de ver el verdadero peligro
del fascismo que se venía. Este sectarismo de hecho abrió las puertas al
fascismo para que entrara sin muchos problemas. No es muy difícil trazar
paralelos entre el sectarismo del estalinismo y el sectarismo prevalente
muchas veces entre algunos anarquistas. La actitud elitista es la misma y
hablando a grandes rasgos también lo es la forma de pensar de ambos
extremos.

Otro aspecto importante del trabajo de Wayne es desafiar la creencia, aún
prevalente entre gran parte de la vieja izquierda, de que el centralismo
en la arena económica es más eficiente o siquiera necesario como
usualmente se asume. Así, el federalismo anarquista era descartado como
poco adecuado para lidiar con la complejidad de la vida y producción
modernas. La evidencia sin embargo, contradice esta visión simplista:
transformaciones económicas recientes muestran que de hecho el capitalismo
en su intento de aumentar la productividad ha pasado del centralismo a
niveles cada vez mayores de descentralización. La mayoría de los teóricos
modernos de la administración posteriores a Fayol resaltan la necesidad de
deshacer jerarquías estrictas en el trabajo, rotar a los trabajadores en
la producción en cadena, acabar con la repetición y rutina innecesarias,
introducir niveles limitados de participación de los trabajadores en la
toma de decisiones y el planeamiento, lo que incluso disfrazan en teoría
como formas de "autogestión", etc. con una visión general de
descentralización. Me estoy refiriendo a autores como Tom Peters
("Liberation Management") [1]. Esto, han demostrado, lleva a un incremento
en la productividad y la motivación de la fuerza de trabajo.

Esta tendencia sin embargo presenta sus problemas para los trabajadores
como clase: a menudo, estos privilegios son reservados para los segmentos
más especializados y acomodados de la fuerza de trabajo (como
profesionales, técnicos o especialistas con un alto grado de
entrenamiento) y, hablando en general, la idea principal es hacer a los
trabajadores cómplices de su propia explotación. Y en tanto la propiedad
no sea tocada y la primacía quede en manos de la burguesía, los jefes
pueden permitir sin problemas ciertos niveles de "democracia" dentro de
los lugares de trabajo.

También, no debemos perder de vista que descentralización y tercerización,
son términos frecuentemente usados por la clase capitalista, muchas veces
apuntando a desmantelar las corporaciones Mamuts del Estado y facilitar la
intervención capitalista; otras veces (como en Chile con las leyes
laborales de Piñera en 1980) para facilitar la división de los
trabajadores y debilitar sus sindicatos. Lo que quiero subrayar, es que la
descentralización en sí no es inherentemente revolucionaria. Puede ser
usada por la clase capitalista para alcanzar sus propios objetivos siempre
que la propiedad no sea tocada. Mientras Wayne dedica un importante
esfuerzo a demostrar como el centralismo ha sido usado por el capitalismo
por motivos financieros y políticos, el falla en no dedicar una cantidad
de tiempo similar a demostrar lo mismo para la descentralización. Es
relevante insistir sobre este punto, particularmente en la era de las
Tecnologías de la Información en que la centralización se ha vuelto en una
década, prácticamente redundante.

Sea cuál sea el caso, el desarrollo del capitalismo moderno demuestra que
incluso algunas limitadas cantidades de autogestión y técnicas de
administración de recursos humanos apuntadas a motivar a los trabajadores,
prueban la afirmación anarquista: el control obrero no sólo es mejor para
los trabajadores sino también para la productividad. Esto ya fue probado
en términos revolucionarios por la Comuna de Barcelona durante la
Revolución Española de 1936. Más de medio siglo después, no sería una
exageración decir que es el propio sistema capitalista, a través de las
Tecnologías de la Información y los desarrollos en la administración de la
última década, que ha hecho más por el avance de la causa comunista que
toda la izquierda junta. Sin embargo, sabemos que ninguna de estas
transformaciones, aunque desarrolle y expanda las condiciones "objetivas"
para una sociedad emancipada, llevará mecánicamente a una nueva sociedad.
De hecho, sólo están sirviendo para aumentar los niveles de alienación de
la clase trabajadora y para incrementar el abismo entre las clases al
maximizar las ganancias de una manera nunca vista en la historia. Sin una
fuerza política anarquista y revolucionaria, consciente y organizada,
podemos esperar para siempre. Y esta fuerza debe desafiar las fuentes del
poder burgués ?a esto es a lo que Wayne se refiere como "tomar el poder",
un término que puede ser problemático para algunos anarquistas pero que
cualquier lector honesto no fallará en entender en su contexto como libre
de cualquier connotación autoritaria.

Sólo desafiando estas fuentes de poder ?lo que sólo puede hacerse por
medios revolucionarios como fue probado por la experiencia- podemos
apuntar a construir una sociedad verdaderamente democrática y humana.
Porque no podemos olvidar que el capitalismo no sólo es antidemocrático y
alienante, sino también un sistema plagado de atrocidades. A pesar de que
a menudo insistimos sobre las abominaciones del nazismo y el Estalinismo,
no es tan seguido que nos concentramos en las maldades del Capitalismo. Y
no estoy siquiera mencionando las maldades del colonialismo, estrechamente
relacionadas con el desarrollo del sistema capitalista. De hecho podríamos
seguir hablando por siempre de las atrocidades practicadas por los belgas
en el Congo, por los franceses en Argelia, las hambrunas causadas por las
autoridades Británicas en la India. Ni siquiera nos fijemos en las
carnicerías asesinas causadas por las invasiones imperialistas del Siglo
XX. Podríamos hablar para siempre de la invasión de los Estados Unidos a
las Filipinas, sus atrocidades en Centroamérica, Hiroshima, Nagasaki,
Vietnam o el carnaval de la desolación que está tomando lugar en Irak
ahora mismo. Podríamos hablar para siempre de los ingleses en Kenya o
Dresden.

Pero no me referiré a nada de esto. Estoy pensando en la masacre
silenciosa de 25.000 personas al día muertas de hambre, por no hablar de
aquellas que mueren por falta de acceso seguro al agua y por enfermedades
prevenibles ?todo esto en un mundo de abundancia. Estas cifras solas
deberían ser suficientes para condenar al régimen capitalista ?si
viviéramos en una sociedad cuerda. No es sólo un resultado "indeseado" de
políticas por otra parte buenas que con tiempo podrán ser mejoradas. Son
los resultados directos y conocidos de la aplicación deliberada de
políticas económicas y programas de ajuste estructural diseñados en los
centros capitalistas del mundo, desentendidos de las tragedias que
desatan, y reforzados por una miríada de instituciones financieras
internacionales. Incluso un informe de las Naciones Unidas sobre
Desarrollo Humano (2006) dice que "Como el hambre, la privación del acceso
al agua es una crisis silenciosa experimentada por los pobres y tolerada
por aquellos con los recursos, tecnología y poder político para acabar con
ella"[2]. Debemos decir claramente que esta crisis no sólo es "tolerada"
por aquellos con la riqueza y el poder: son ellos mismos quienes la han
causado. Es el resultado directo del capitalismo a una escala global. Y
estos desagradables "efectos colaterales" del capitalismo no han sido
aliviados con el tiempo ?están empeorando más y más con cada día que pasa.
Añadido a la crisis ecológica, causada también por el desperdicio sin
sentido de recursos de la sociedad capitalista, es el capitalismo el
responsable principal de hambrunas periódicas en muchas partes del Tercer
Mundo. Mucho se ha escrito sobre el "libro negro" del comunismo o el
fascismo, pero el capitalismo tiene tantos o más cadáveres escondidos y su
libro negro es más oscuro que cualquier cosa.

Como Wayne correctamente afirma, el Estado, aún el más democrático de
ellos no es propiamente democrático. Pero no sólo es antidemocrático. Es
asesino también. Por estos motivos debe ser abolido. Todas las condiciones
están dadas para que nosotros comencemos con esta tarea. Y el libro de
Wayne es definitivamente una contribución a explorar las posibilidades de
una sociedad verdaderamente libre.

José Antonio Gutiérrez Danton
Noviembrer 4, 2007

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[1] Una muy buena discusión del trabajo de Pete y las nuevas tendencias en
la administración puede encontrarse en
http://mutualist.blogspot.com/2006/08/liberation-management-or-management-by.html.
A pesar de que el autor tiene una posición reformista
mutualista-libertaria, este documento es altamente recomendable. Sobre los
conceptos capitalistas de la autogestión puede revisarse Abbasi, Sami M. y
Kenneth W. Hollman. "Self-managed teams, the productive breakthrough of
the 1990s". Journal of Managerial Psychology 9 (December 1994) or Elmuti,
Dean "Sustaining high performance through self-managed work-teams"
Industrial Management (March 1996). Mucho más está disponible sobre estos
temas.

[2] Human Development Report 2006, "Beyond Scarcity: Power, Poverty and
the Global Water Crisis", p.1.

Esta reseña fue traducida del original en inglés disponible aquí:
http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=6798

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