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(ca) Neonazismo y Ultraderecha en Chile

Date Wed, 14 Nov 2007 19:19:31 +0100 (CET)


El siguiente artículo fue publicado hace ya casi un año en el número 20 de
la revista anarco-comunista chilena "Hombre y Sociedad". Este artículo
trata sobre el "fenómeno" manoseado por los medios del surgimiento de
"bandas neonazis" en Chile. En realidad, el hablar de "neonazis" -como si
fueran una "novedad"- lo que hace es ocultar el parentesco genético de
estos grupos de matones con una larga historia de terrorismo de derecha en
nuestro país. La forma de enfrentar este terrorismo es reforzando la lucha
y la construcción revolucionaria.

------------

En los últimos meses, hemos visto aparecer en los medios de comunicación
nacionales reportajes especiales, informes, notas, titulares, todo muy
amarillista, sobre el fenómeno del "Neonazismo". Este fenómeno ha sido
analizado, como es natural, con la misma óptica con que se trata a la
decadente y aburrida farándula criolla. Una óptica chata, superficial y
sedienta de sensacionalismo. La muerte del joven punk en Quillota, a manos
de asesinos neonazis, marcó el primer campanazo; la muerte de un joven
nazi en Santiago, esta vez a manos de anti-fascistas, y el aparatoso (y
ridículo) funeral que le brindaron sus "camaradas", marcaron la seguidilla
de esto que para la prensa se trata de una novela que puede vender como
pan caliente.

Entonces, luego del sensacionalismo, viene la reacción lógica en un país
que se presume democrático como el nuestro: invitaciones de Neonazis a
debates en "El Termómetro", aparición en las revistas más serias de
investigaciones "sesudas" sobre el tema, entrevistas en la televisión a un
par de guatones pelados y por supuesto, las declaraciones gubernamentales
de que no se aceptará más violencia política y que las ideas pueden todas
discutirse democráticamente, como en el país civilizado que somos
(nosotros, por nuestra parte, estamos acostumbrados a la discusión
"democrática" con Fuerzas Especiales, cada vez que tenemos algo de qué
protestar).

El travestimo político exudado en todo este proceso no deja de ser
sorprendente: el victimario se transforma en víctima, y un gordo con la
cabeza afeitada decía en la televisión de los anti-fascistas que eran
"gente peligrosa, anarquistas, extremistas"... como si ellos, ¡Los
Neonazis! fueran blancas palomitas inocentes. En ningún otro país del
mundo, los nazis podrían tan sueltos de cuerpo hablar así. Y la
televisión, implícitamente, les aviva la cueca: para ellos, esto es una
lucha de pandillas, en que los unos son equivalentes a los otros, donde
anti-fascistas y fascistas son dos caras de la misma moneda a quienes debe
darse igual trato imparcial. Entendámonos: aunque tanto los grupos
fascistas como los anti-fascistas adopten formas pandillescas, la
diferencia de fondo entre ambos es evidente para cualquiera que tuviera
más de dos dedos de frente (cosa rara de encontrar en los diarios y en la
TV nacional): mientras los anti-fascistas centran sus ataques en los
grupos neonazis, los grupos fascistas centran su violencia en
prácticamente quien se les cruce por el camino y sea más débil que ellos:
peruanos, negros, indios, travestis, homosexuales, punks, cualquiera que
no esté dispuesto a vociferar "Heil Hitler" se transforma en una víctima
potencial. Este "pequeño" hecho se le escapa a la visión de nuestros
incompetentes periodistas, hecho que convierte la violencia de unos y la
de otros en fenómenos completamente opuestos, y que se desmarca de la
tésis de la lucha de pandillas pues... la violencia neonazi alcanza a
quienes no son necesariamente parte de ninguna pandilla antifascista.

Pero más allá de toda esta parafernalia mediática en torno al
"Neonazismo", queremos cuestionar la intención de usar ese término:
Neonazis son los de Alemania, los rubiecitos de ojitos claros, que
escupirían en la cara de asco a cualquiera de los morochos gordos
pintamonos chilenos. ¡Bastaría que se mirasen al espejo para saber que
arios no son! ¿Por qué insistir en el término Neonazi entonces? Porque
creemos que tal término oculta la verdadera naturaleza de estos grupos de
inspiración fascistoide, y esa verdadera naturaleza es su carácter de
grupos de choque de la derecha. Si, los Neonazis no son más que la cara
nueva de la vieja ultraderecha criolla. Llamémosle a su violencia por su
nombre: violencia ultraderechista. Ah, hacer esto incomoda a los medios de
prensa en manos de la derecha política, porque su parentesco ideológico,
aún habiendo una cierta distancia, aparece evidenciado.

Lo que estamos presenciando, y que la prensa se esmera en mostrarnos como
un fenómeno novedoso (ie. el surgimiento de capillas neonazis), no es para
nada algo nuevo en nuestra historia nacional: si entendemos a estos grupos
como la expresión moderna de la ultraderecha, podemos trazar sus orígenes
genealógicos a una larga data, partiendo por las guardias blancas, de
principios de siglo, siguiendo, obviamente con los nacionalsocialistas de
algunas décadas más tarde, siguiendo con Patria y Libertad y con la Acción
Chilena Anti-Comunista (ACHA). Todos estos grupos, incluidos los
"neonazis" de hoy, no son sino el brazo de choque, los tontos útiles, de
la oligarquía criolla más rancia. Los que aplican el terror y el garrote
cuando la burguesía quiere. Pero la burguesía no puede hacerlo a cara
descubierta para no ensuciar sus credenciales "democráticas". Ahí es donde
el fascismo opera. Los vínculos entre Patria y Libertad y la derecha y el
"centro" político durante el gobierno de Allende, son la mejor prueba de
este modus operandi de la burguesía. Por un lado, jugando a la oposición
parlamentaria, y por el otro, usando el terrorismo más guarango,
financiado por la CIA y los capitalistas norteamericanos.

Cada vez que hay un ascenso de las luchas populares, el fascismo arrecia.
Si bien en sus orígenes, el fascismo pudo ser una respuesta de ciertas
burguesías nacionales, de sectores pequeño burgueses y clasemedieros, a,
por un lado, la creciente concentración internacional del Capital y, por
el otro, a la amenaza de una revolución proletaria, lo cierto es que hoy
su rol ya no es el mismo. Ha perdido absolutamente su carácter de
"alternativa" política. Es más, quienes se benefician del fascismo como
herramienta de terror (empresarios, burguesía, la derecha política), se
escandalizan al ser asociados públicamente a éste. Apenas conserva el
fascismo un lejano tufo al rol que tuvo como dique de contención para el
avance del movimiento revolucionario. Hoy, su rol es de agentes
provocadores, de grupos de choque. Como lo pone en evidencia el anarquista
escocés Stuart Christie en su estudio sobre el fascista italiano Stefano
Delle Chiaie "vemos a las organizaciones terroristas neofascistas en su
auténtico rol: el de agentes de una esfera de poder interno, oligárquico,
situada por sobre toda ley y toda moralidad (...)" de las cuales,
cómodamente, pueden negar todo vínculo. Pero "los fascistas son elementos
subordinados de fuerzas más cohesionadas y más poderosas que son la
columna vertebral de cualquier movimiento reaccionario violento" (ie.
empresarios, militares, sectores políticos y religiosos, etc.).

Por eso los vemos resurgir siempre, a los grupos de choque de la
ultraderecha, en momentos de crisis del capitalismo o de ascenso de las
luchas populares: hoy, es exactamente lo que está ocurriendo. El
hostigamiento de estos grupos hacia liceos en toma durante las recientes
movilizaciones estudiantiles, no hacen sino confirmar el rol que tienen
como brazo terrorista de los poderes fácticos en Chile.

No son nada nuevo; con todos sus distintos nombres los hemos conocido a lo
largo de la violenta historia de nuestro país. Y más aún, los hemos
conocido en el poder, ¿o no se recuerda que para el cumpleaños del
Generalísimo criollo Pinochet, más de alguna vez se vieron fuera de su
casa las suásticas flameando al viento? ¿O no fue él quien dijo que el
juicio al Mamo Contreras había sido tan injusto como el juicio de
Nuremberg? ¿O no se recuerda que Onofre Jarpa había sido un entusiasta
militante del Movimiento Nacional Socialista chileno, tal cual lo fue el
ministro del Trabajo de la dictadura, general Díaz Estrada? ¿No está la
derecha política saturada de la influencia del Opus Dei, obscura secta
católica, nacida bajo el alero del fascismo franquista en España? Eso para
no hablar del vergonzoso asilo que se ha dado en este país a connotados
nazistas...

No se puede entender el ultraderechismo en Chile, como un fenómeno
excepcional, como nos quisieran hacer creer los medios de comunicación
cuando hablan del "flamante nuevo fenómeno del neonazismo": el
ultraderechismo, de corte fascistoide, tiene hondas raíces en las
instituciones armadas de este país, tanto en los Carabineros como en el
Ejército, y eso es un hecho bien conocido por todos, evidenciado en las
investigaciones en torno al asesinato del joven punk en Quillota, y apenas
disimulado por el saludo a la bandera del Ejército, calcado al saludo
nazista de la Alemania de los ?30. Sólo que en Alemania si han superado un
poco ese estadio, lo que es nosotros, nada.

Como hemos dicho, el fascismo, la ultraderecha, tiene como objetivo
impedir que se dispute la hegemonía a la burguesía: pero su rol no sólo es
represivo, sino también ideológico. Buscan la división en el seno de la
clase, y por ello, dirigen una insidiosa y constante propaganda en contra
de los sectores más débiles de ésta.

Porque la ultraderecha, los "neonazis" en este país no deben hacerse
ilusiones acerca de ellos mismos: aunque vayan presumiendo de machitos y
mostrando músculos, no son sino cobardes, cobardes bajos y rastreros de la
peor calaña, que se hacen los matones sólo cuando están en superioridad
numérica. Que atacan por la espalda a quienes se encuentran solos y son
más vulnerables (inmigrantes, borrachos, prostitutas, travestis, etc.).
Jamás, se atreverán a atacar a un enemigo más fuerte que ellos. Jamás se
medirán en contra de los que verdaderamente detentan el poder, no sólo
porque son quienes les alimentan, sino porque el fascismo se caracteriza
por su cobardía, por su genuflexión ante la autoridad y el poder, y "tiene
un especial atractivo para quienes carecen de aptitudes críticas (...)
para quienes, ya sea por hábito o por inercia, se han vuelto absolutamente
dependientes de los demás para tener una opinión y consideran la
obediencia acrítica a la autoridad, tan cómoda como ventajosa".

Y por ello, por su estupidez, por su falta de mentalidad crítica, buscan
hacerse eco de los prejuicios existentes en el seno de la propia clase
trabajadora, intentado así aparecer como genuinos representantes de ella.
Por esto no vacilamos en denunciar, que el caldo de cultivo para el
resurgimiento de la derecha en Chile lo han dado los propios gobiernos de
la Concertación: por sembrar el individualismo, por la cultura del
exitismo, por su desprecio a nuestros países vecinos, que han encontrado
como correlato en la clase trabajadora el surgimiento de peligrosos
instintos chovinistas y de una marcada intolerancia. Entre las frases
abusivas y las groserías lanzadas a un inmigrante peruano y los palos
dados a éste por los grupos de "acción" de la ultra derecha, hay una
diferencia de grado solamente, que el gobierno ha alimentado con su
política de división, responsabilizando de los problemas de los pobres
siempre a otros pobres, así como con su indiferencia.

Pero no debemos esperar que el gobierno actúe para terminar con esta
situación donde se nutre el ultraderechismo criollo. Es nuestra labor como
libertarios propiciar la unidad, en la lucha, de la clase trabajadora y
del conjunto del pueblo. No podemos perder de vista que, al final, si
seguimos divididos, más fácilmente nos dominan, más fácilmente nos
entregan casas de 12 mtrs cuadrados, más fácilmente mandan a nuestros
hijos a escuelas con goteras, más fácilmente trabajamos 12 horas al día...
y tener en mente que este terror fascista que hoy se aplica sólo en contra
de ciertos sectores "débiles" de la clase, se puede aplicar el día de
mañana, cuando la situación lo amerite, en contra de cualquiera de
nosotros: "es en contra de la clase trabajadora que en última instancia se
dirige el terror fascista y es sólo la clase trabajadora la cual puede
resistirle (...) es inevitable que las tácticas de fuerza del Estado sean
llevadas a efecto por agentes "fácilmente disociables" aparentemente (por
su carácter anti-parlamentarista) desconectados del centro moderado y
consensual, ya que cualquier conexión clara destruiría la fachada
democrática del Estado y la imagen semi-benigna de las instituciones
económicas a las que sirve".

Sólo la clase trabajadora puede oponer resistencia definitiva a la ultra
derecha, y la batalla comienza con la lucha en contra del chovinismo, en
contra de la intolerancia, en contra de los prejuicios, en contra de la
atomización. El principal campo de batalla contra el fascismo es el campo
de batalla político, es la organización de un proyecto revolucionario
incluyente para todos los sectores explotados y oprimidos. Lo que no
descarta la necesidad de defenderse físicamente de las provocaciones de
los matones a sueldo del empresariado chileno, de la ultraderecha ?pero
insertar esta autodefensa dentro de un proceso de construcción político
afirmativo, libertario, revolucionario, único garante para extirpar
definitivamente las raíces de las que se nutre la ultraderecha en Chile.
Así destruiremos de una buena vez, al fascismo, porque como nos dijera
hace 70 años el connotado anarquista y luchador anti-fascista español
Buenaventura Durruti: "Al fascismo no se le discute. Se le destruye".

José Antonio Gutiérrez D.
Agosto del 2006

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