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(ca) [México] Cuando los muertos regresan

Date Fri, 2 Nov 2007 21:36:31 +0100 (CET)


"La Jornada", viernes 2 de noviembre de 2007.

Francisco López Bárcenas

Cuando los muertos regresan

En la Mixteca los Días de Muertos, también llamados De todos Santos, son
de fiesta y, como muchas fiestas del pueblo, días en los que se refleja la
cultura. Los habitantes de los pueblos se preparan con mucha anticipación
para esperar la llegada de esta fecha y cuando se va acercando lo hacen
casi con ansiedad. Esto se debe, en gran parte, a que por la diáspora que
constantemente experimentan las familias, muchos ven el Día de Muertos
como una oportunidad para la reunificación, tanto de los vivos como de los
que han partido para no volver. En estos días las familias se olvidan de
su situación económica y se preparan para ofrecer a todos parte de la
grandeza de su cultura.

En la preparación de este festejo participa toda la familia. Desde julio
?el 26 exactamente? los hombres cumplen con su deber de sembrar
cempasúchil (flor de muerto) con la cual, llegado el día, se marcará el
camino a las ánimas que regresan, para que no se pierdan; se adornará al
altar familiar donde, junto con los santos hacia los cuales la familia es
más devota, los muertos departirán los alimentos que con gran solemnidad y
respeto les ofrecerán sus familiares, como si estuvieran vivos. Las
mujeres muelen totopos ?tortillas tostadas típicas de la región?, que van
juntando poco a poco en canastos de carrizo o tenates de palma para
obsequiar a los próximos anfitriones.

En la última semana de octubre las amas de casa bajan a los mercados a
hacer plaza y compran todo lo necesario para preparar la fiesta. Bajan con
tenates de palma o canastas de carrizo vacíos y regresan con ellos llenos
de chile amarillo, costeño o guajillo, ajonjolí, tomate y demás especies
que utilizarán para preparar el mole de guajolote, típico de la región y
que sólo se consume en fechas de mucha importancia, como ésta. Compran
ocote para la lumbre, copal para purificar el altar en el que se alojarán
los fieles difuntos, cera de miel de abeja para fabricar velas de cera o,
en su defecto, compran velas de parafina.

En espera de Todosantos

Cuando sólo faltan unos cuantos días para que llegue el Todosantos, como
también se le llama al Día de Muertos, van a las fruterías y se surten de
toda la mercancía para la cual su economía les alcanza: naranjas,
plátanos, cañas de azúcar, manzanas, entre las más comunes; las familias
con más posibilidades adquieren también piñas, uvas y otras frutas que son
más caras, porque no se producen en la región. Otros las cortan del huerto
familiar, porque no les alcanza el dinero para comprarlas en el mercado o
bien porque el difunto que se espera gustaba mucho de ellas.

Algo que nunca falta es el típico pan de muertos, preparado especialmente
para esta fecha; es tan importante el papel que juega en el ritual que sin
él la celebración estaría incompleta. El pan representa al familiar
fallecido y al cual se espera para que se una al regocijo de sus
parientes. Los hay de muchas formas y calidades: el que representa a los
niños (de forma pequeña) y el que simboliza a los muertos (de tamaño más
grande); asimismo existe el normal, es decir, el de pura harina, y el
preparado con yema de huevo, tipo empanada, con calabaza adentro, entre
muchos otros. Todos amasados en forma de figuras humanas. Los que pueden,
encargan especialmente su pan en la panadería de su preferencia hasta con
el nombre del difunto que representa.

Muchos comerciantes llevan a las plazas calaveras hechas de azúcar y
colorante vegetal para adornar el altar familiar.

La fiesta dura, regularmente, tres días. En el primero, conocido como
vigilia, se recibe y atiende a los niños, y en el segundo se comparte con
los grandes; el último es para acompañar a los muertos en su regreso al
panteón para que sigan descansando. Hay tres tipos de difuntos a los que
no se espera, porque se tiene la certeza de que no llegarán: los niños que
mueren fuera del amparo de la fe católica y los adultos que mueren en
pecado. En otras palabras, no pueden volver al hogar donde vivieron los
niños que murieron antes de ser bautizados y que por lo mismo fueron
enterrados fuera del panteón común ni los adultos que no se acogieron a la
protección de la religión católica o lo hicieron y después renegaron de
ella. Tampoco pueden participar en el ritual los muertos que no han
cumplido un año de fallecidos cuando la celebración se realiza; éstos
deben esperar hasta el próximo año ?para volver?. Se tiene la idea de que
andan perdidos en el espacio y no hallan el camino de regreso.

La familia comienza a reunirse dos días antes que termine octubre. Quienes
por alguna razón han permanecido fuera del pueblo y regresan, el regocijo
de sus familiares es grande; también tiene importancia la presencia de
quienes han abandonado el hogar, pero permanecen en el pueblo, ya sea
porque vivan con otro familiar por alguna razón, porque se han casado,
pero aún no tienen familia, o por alguna otra causa. Todos cooperan para
la celebración, ya sea aportando algún animal doméstico para sacrificar,
parte de la fruta para la ofrenda o algo para la ornamentación.

El penúltimo día de octubre por la noche los hombres se dedican a adornar
el altar familiar, donde se acomodará a los fieles difuntos que regresan.
Con cañas de azúcar de gran tamaño o pedazos de madera de pino-enebro y
varas de arbustos flexibles forman pilares y arcadas que simulan arcos de
la entrada de un gran templo, todo adornado con flor de cempasúchil. De
ellos cuelgan la fruta de la ofrenda y la que sobra se coloca sobre la
mesa, junto con los totopos, miel y todo comestible que la economía
permite.

Las mujeres arreglan la casa, limpian el patio y la calle y ordenan lo
necesario para la comida de los días posteriores.

Así, todos se disponen a esperar la llegada de los angelitos, cosa que
sucederá al día siguiente.

El último día de octubre es el día dedicado a la veneración de los muertos
niños o el de los ángeles, que, como ya se dijo, también se conoce como
vigilia. Las bandas municipales de los pueblos tocan El alba alrededor de
las cinco de la mañana, hora en que toda la familia despierta y se pone en
movimiento porque es la señal de que el momento tan esperado se acerca:
mientras unos queman copal o incienso en el altar familiar, que ya se
encuentra arreglado, otros marcan el camino de la casa regando flor de
cempasúchil desde el edificio que albergará a los muertos hasta la calle
principal para que quienes lleguen no se vayan a perder y reconozcan
rápidamente su antiguo hogar.

Así transcurren las primeras horas de ese día. Más o menos entre las nueve
y 10 de la mañana se ofrece a los anfitriones una bebida como desayuno,
regularmente atole de maíz molido, endulzado con panela y mezclado con
leche. Es todo lo que se les brinda a esa hora. Para la comida se
acostumbra preparar caldo de pescado o mole con torta de huevo y camarón.
Eso es todo. Está prohibido comer carne, hacerlo equivale a cometer un
sacrilegio que puede provocar el enojo de los muertos y el abandono de la
casa.

Cuando se anuncia el mediodía, a través de unas cámaras, especie de bombas
caseras, es señal de que hay que comenzar a servir la comida, llevando
platos y tortillas al altar.

Es costumbre que este día se utilice para fabricar las velas de cera y
para acudir al panteón a limpiar y arreglar las bóvedas de las tumbas de
los difuntos; a veces esto se hace con anterioridad.

El primero de noviembre es el día más importante de los tres dedicados a
los fieles difuntos: se espera la llegada de los familiares que murieron
en avanzada edad, a los adultos, más si fue un ciudadano que se distinguió
por el servicio prestado al pueblo. Como en el día anterior, las bandas
municipales tocan El alba en la iglesia más o menos a la misma hora que el
día anterior y también repican las campanas, se vuelve a quemar copal en
la casa grande y a remarcar el camino con flor de cempasúchil.

Las mujeres preparan el champurrado para agasajar a los muertos y a la
hora del desayuno se lleva a la mesa del altar, levantando la comida del
día anterior; se puede ofrendar también del desayuno que se prepara para
toda la familia.

Para la comida se prepara mole de guajolote o gallina, sobre todo porque
es una comida típica de la región que se reserva para los grandes
festejos. Se elabora en grandes cazuelas en las que también se pone a
cocer la carne. En su elaboración participan varias personas, unas
sacrificando a los animales, otras cociendo tomate y chile, unas más
moliéndolo o estando al cuidado de su cocimiento. Cuando la comida está
lista sólo se espera que el encargado de dar el mediodía prenda lumbre a
las cámaras para que revienten y al explotar anuncien que es hora de
comer. Escuchada la señal, la comida se sirve inmediatamente en la mesa
del altar y cuando todo está servido la familia se sienta a comer. Después
de ello sale a repartir comida a sus vecinos, familiares, compadres,
amigos y conocidos a quienes más cerca los tiene el afecto. Se va de casa
en casa entregando parte de su comida y su ofrenda y recibiendo también la
de la casa que se visita. Como es de suponer, muchos llegan a repartir a
la casa de quienes salen a repartir, quienes también tienen que
corresponder entregando parte de la comida que ellos prepararon. Así se
pasan toda la tarde de ese día.

Ya entrada la noche comienzan a preparar sus velas para ir al día
siguiente al panteón a acompañar a los difuntos que regresan a su morada a
seguir descansando después de haber pasado unos días en los domicilios de
sus familiares que les sobreviven.

Rumbo al panteón

El 2 de noviembre, muy de madrugada algunas personas comienzan a partir
rumbo al panteón, otras lo hacen al amanecer. Todas llevan, además de sus
velas, flor de cempasúchil y agua bendita. Es creencia que se va a
encaminar a los muertos para agradecerles que hayan acudido a la
celebración. Llegando al panteón se prenden las velas para que ardan sobre
las tumbas de los familiares o amigos, se les adorna con flores y se les
rocía con agua bendita. Así permanecen largo rato, dos o tres horas,
después regresan a su casa. Algunas familias llevan al panteón parte de la
ofrenda y ahí mismo desayunan; otras regresan y se van a las orillas del
río que cruza a un lado del pueblo, en el lugar llamado Yutanama; otras se
dirigen a la laguna de Tecomaxtlahuaca o a las cuevas de San Miguel. Es
día de descanso y regocijo familiar.

Si alguien no quiere o no puede ir al panteón acude a la iglesia del
pueblo a velar y pedir a los santos por sus muertos, ya que todos esos
días permanece abierta. En el último día se dicen rosarios y si alguien lo
desea paga al cura de la parroquia para que celebre una misa en memoria de
alguien.

Pasados los tres días dedicados a venerar a los muertos, la familia
consume todo: la comida y la fruta de las ofrendas, desbarata el altar y
todo vuelve a la normalidad. El Día de Muertos ha terminado.

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CHIAPAS
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Pueblos de Chiapas enfrentan otra embestida contrainsurgente: Pietro Ameglio

Juegan intelectuales con concepciones distorsionadas de la masacre de Acteal

La estrategia bélica tiene varios brazos armados que actúan en forma
secuencial, dice

Hermann Bellinghausen

El analista Pietro Ameglio sostiene que ?en semanas recientes hemos visto
abierto otro frente bélico nacional, desde el espacio intelectual
académico, de ataques sin fundamento empírico real, a partir, sobre todo,
de Nexos y Letras Libres, de libros y publicaciones que llegan a la
inmoralidad de ?jugar? con interpretaciones distorsionadas de Acteal, la
mayor masacre ?todavía ampliamente impune? cometida por los gobiernos
federal y estatal de las décadas recientes. De ese tamaño es su grado de
inhumanidad y perversión?.

Investigador y pacifista, miembro de Latin American Council of Peace
Reasearch (CLAIP) y Servicio Paz y Justicia (Serpaj), Ameglio reflexiona
sobre la situación prevaleciente en muchas comunidades zapatistas de
Chiapas y el avance de una nueva embestida contrainsurgente disfrazada de
conflictos agrarios. A la luz de lo ocurrido en Chenalhó hace una década,
expresa alarma por ese súbito ?frente bélico? desde el espacio intelectual
para distorsionar la memoria de Acteal, a la vez que se renuevan
mecanismos similares a los aplicados entonces.

Llama la atención acerca de ?la estrategia contrainsurgente hoy en
Chiapas, articulada entre el Ejecutivo federal, las fuerzas armadas
regulares e irregulares, el poder político y la policía estatal, con la
complicidad de la ?clase política local? y nacional al servicio de los
poderes económicos trasnacionales?.

Para el autor de Gandhi y la desobediencia civil, México hoy (2002), y
miembro de la revista Ixtus, ?la extrema gravedad de lo que se está
implantando a marchas forzadas, hace posible una comparación con los
ataques armados y legaloides contra los municipios autónomos y desplazados
en 1998, cruelmente encabezados por Roberto Albores?.

Con base en estudios recientes, apunta: ?Esta estrategia de guerra tiene
varios brazos-tentáculos armados que actúan simultánea o secuencialmente,
bajo mandos unificados entre lo político, lo judicial y lo jurídico, la
organización social y las fuerzas armadas militares y paramilitares. Uno
de los primeros objetivos, evidenciado desde las propias promesas de
campaña electoral de los políticos de todos los partidos nacionales, es
despojar a las bases de apoyo zapatistas de las tierras recuperadas a
partir de 1994?.

¿Cuál es la ?táctica bélica? usada para ello?: ?Control e invasión
paramilitar de las tierras, reorganización y multiplicación de las bases
militares de la zona con fuerzas especiales federales de distinto tipo,
creación de figuras jurídicas de propiedad de la tierra donde en grandes
extensiones de hectáreas se ?desaparece? a las bases de apoyo allí
asentadas por años, y se ?legalizan? esos territorios en propiedad de
organizaciones sociales aliadas al gobierno y a los caciques, con
estructuras paralelas paramilitares. O sea, primero se invaden
paramilitarmente las tierras de las bases de apoyo y después se ?titulan
legalmente? como ejidos en la Procuraduría Agraria estatal?.

El ?ejemplo mayor?, señala, ?está en la Organización para la Defensa de
los Derechos Indígenas y Campesinos (Opddic), a la cual es obligatorio
afiliarse, que recibe enormes fondos económicos públicos y controla con
sus miembros incluso presidencias municipales, sobre todo en la zona norte
y de las cañadas. Esta organización ha ido convirtiéndose en el ?basurero?
donde se reciclan los miembros de otros grupos paramilitares anteriores,
como Paz y Justicia y Máscara Roja?.

Como complemento, ?el gobierno construye carreteras sin ninguna consulta
comunitaria, se destruyen los sembradíos y se fracturan comunidades al
servicio del Plan Puebla-Panamá y el turismo de gran escala, sin ningún
beneficio social para los pueblos. Esta etapa de guerra muy agresiva mata,
apresa y tortura, despoja de sus tierras y fuente de vida a indígenas
zapatistas y de otros grupos afines; despoja a las comunidades de sus
recursos naturales y fuente de sustento ancestrales para ?regalarlos? al
capital trasnacional; polariza y fractura las relaciones comunitarias
indígenas vigilando a la población autónoma y atacando a mano armada a una
parte de ella; rediseña la geografía regional con construcciones del gran
capital, carreteras y presencia militar?. El reciclamiento, en fin, de
estrategias oficiales que se han visto en el pasado y ya se sabe a lo que
pueden conducir.

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No intervino para frenar a los paramilitares, afirma

El Estado mexicano, culpable de la masacre de Acteal: Las Abejas

Elio Henríquez (Corresponsal)

Acteal, Chis., 1º de noviembre. El culpable del asesinato de los 45
indígenas en Acteal, ocurrido el 22 de diciembre de 1997, ?es el Estado
mexicano, porque no intervino para frenar a los paramilitares?, afirmó el
presidente de la mesa directiva de la organización civil Las Abejas, Diego
Pérez Jiménez.

?No vamos a descansar hasta que se haga justicia y sean detenidos todos
los autores materiales e intelectuales?, dijo en entrevista después de una
misa con la que hoy ?Día de Todos los Santos? se recordó a las víctimas.

A pesar del clima frío y lluvioso, decenas de hombres, mujeres y niños
llegaron temprano a esta comunidad donde se ubica la tumba colectiva de 45
tzotziles asesinados por presuntos paramilitares priístas, originarios del
municipio de Chenalhó.

A mediodía, el sacerdote Marcelo Pérez ?nuevo párroco de Chenalhó en
sustitución del jesuita Pedro Arriaga?, indígena de San Andrés Larráinzar,
señaló: ?Vamos a recordar a nuestros muertos, que no tuvieron una muerte
normal, sino que fueron martirizados. Podemos decir que son santos y
santas; fue un genocidio?. A continuación mencionó los nombres de cada uno
de los 45 asesinados.

Al terminar la misa, familiares, amigos y vecinos descendieron hasta lo
que ellos llaman ?el santuario?, donde están las tumbas rodeadas de
fotografías, murales y cuadros con imágenes. Cada familia colocó ofrendas
con flores de cempasúchil, velas, refrescos, frutas, chayotes y tamales de
masa con frijol.

Entre lágrimas y sollozos, acompañados por un grupo de música tradicional,
rezaron. ?Así recordamos a nuestros mártires, que por culpa del gobierno
de Ernesto Zedillo y (del entonces gobernador) Julio César Ruiz Ferro
fueron asesinados cuando oraban y ayunaban por la paz en Chiapas?, afirmó
Pérez Jiménez.

?Fueron esos gobiernos los que diseñaron y planearon la masacre de
nuestros 45 hermanos en Acteal, y ya casi pasaron 10 años y no se ha hecho
justicia, pues los autores intelectuales y algunos materiales, siguen
libres?, agregó.

Manifestó que mientras continúe la impunidad sobre este caso ?no habrá
tranquilidad ni paz en nuestro pueblo, y seguirá viva la demanda por la
que nuestros hermanos dieron su vida?. Al terminar la ceremonia en Acteal,
las familias regresaron a sus comunidades para cumplir con el ritual de
llevar ofrendas y recordar a los que murieron de ?muerte normal?.

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Pablo Romo Cedano*

Negar la guerra

El día 27 de diciembre de 1997, horas antes del amanecer, en una operación
sorpresa, miembros de organizaciones de derechos humanos y de la Cruz
Roja, acompañados por elementos de la Procuraduría General de la República
fuimos a rescatar a varias familias secuestradas por paramilitares en las
comunidades Los Chorros y Pechiquil en Chenalhó, Chiapas. Estas familias
estaban amenazadas de muerte si no cooperaban con las bandas armadas que
tenían control total en varias comunidades de la región.

Dos padres de familia, que prefiero omitir sus nombres, aterrados por las
noticias que les llegaron de la masacre en Acteal, nos enviaron un mensaje
de auxilio, a pesar del riesgo que eso les hubiera podido acarrear. Nos
urgían que les ayudáramos a sacar a sus familias. La operación era difícil
por el clima de tensión y violencia que se vivía en esos momentos en
Chiapas y particularmente en ese municipio. Por ello pedimos a la Comisión
Nacional de los Derecho Humanos (CNDH) y al licenciado Jorge Madrazo que
nos ayudaran.

La madrugada era muy fría y llovía insistentemente. Al llegar a la
comunidad de Los Chorros, los vecinos se percataron que dos familias
escapaban. Algunos señores se acercaron al convoy pidiendo también que les
ayudáramos a sacar a sus familias y sus pertenencias. Imposible
transportar cosas, no había tiempo: los papeles más importantes y la
familia. Uno tras otro llegaba con la misma súplica. Habíamos pensado
salir antes del amanecer, pero fue imposible. Aquello se convirtió en una
procesión lenta y empapada por la inclemente llovizna. Un contingente de
militares de la cercanía de la comunidad se unió al de los 400 refugiados
que salieron de Los Chorros y de Pechiquil aquella mañana.

Atrás dejamos el poblado y al menos unas 70 casas quemadas. Esas casas
arrasadas y saqueadas habían pertenecido a pobladores que se negaron a
cooperar económicamente con los paramilitares, a encubrirlos y a colaborar
en sus acciones. Esas 70 familias habían huido en las últimas semanas para
buscar refugio donde fuera. A las familias de refugiados que en las
semanas y meses anteriores habían acudido a las oficinas del Fray
Bartolomé, les acompañamos a presentar su denuncia ante la Subprocuraduría
de Asuntos Indígenas, donde, con invariable amabilidad, nos recibía el
licenciado David Gómez Hernández. Las denuncias se acumularon una tras de
otra, muertas de la risa. Nunca se movió un dedo para investigar los
hechos. Las denuncias ante la CNDH también se fueron acumulando y las
medidas precautorias que solicitó el organismo (3 de diciembre 1997) al
gobierno de Chiapas para proteger a los habitantes de Chenalhó sirvieron
para engrosar expedientes inútiles.

Salvador Ruiz Hernández (de 17 años en ese entonces) nos narró, cuando
salimos de Los Chorros, que la gente era obligada a robar y quemar las
casas de los que huían, de lo contrario los paramilitares violaban a sus
esposas o madres. Cuando Salvador se negó a acompañar a los armados en sus
?rondines? con la policía de seguridad pública, fue amarrado a un árbol,
le pegaron y lo patearon durante varios días.

Al llegar a la carretera que une Pantelhó con San Pedro Chenalhó otro río
de refugiados caminaba con paso lento, cansado. Este enorme grupo había
partido de X?Cumumal a siete horas montaña arriba. Eran más de 3 mil,
nosotros unos 400. De otras muchas comunidades también se fueron uniendo a
ese triste éxodo. Ese día llegaron a Polhó cerca de 6 mil refugiados. Eran
de todas las organizaciones y de todas las religiones. Llegaron ahí porque
ahí les dieron refugio. Otros se fueron a Xoyep y los menos a San
Cristóbal.

El 27 de diciembre los aterrados pobladores de Chenalhó fueron visibles
ante las cámaras de reporteros nacionales y del mundo. Antes, esos
desplazados de guerra no eran visibles, eran negados, como la propia
guerra. El gobierno de Chiapas gastó miles de pesos en desplegados e
inserciones pagadas para negar el dolor y terror que causaban los
paramilitares y la propia guerra. Por ejemplo, cuando Ricardo Rocha
presentó su impresionante reportaje en televisión nacional, develando la
vida del campamento de refugiados de Xoyep, le ameritó desplegados pagados
como costes de contrapropaganda del erario nacional, acusándolo de
farsante, de haber hecho montajes. No faltó el editorialista enchayotado
que lo calificara de insidioso, de enemigo de la paz y de Chiapas.

La destrucción del tejido social, ?acabar con el agua al pez?, es uno de
los frentes de guerra que siempre se encubrió con nombres como ?apoyo a la
comunidad? o ?servicio comunitario?. Negar la guerra es parte del arte de
la guerra. Para construir la paz se precisa la verdad, auque sea dolorosa.

* Ex director del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas,
actualmente coordinador del Observatorio de la Conflictividad Social

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OAXACA
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Carece de sustento la tesis del disparo a corta distancia, afirma De los
Santos

Abogado de los familiares de Brad Will condena filtración de la PGR

Con esa versión la procuraduría pretende inculpar a integrantes de la
APPO, señala

Blanche Petrich y Octavio Vélez Ascencio, corresponsal

Miguel Ángel de los Santos, representante legal de la familia de Brad
Will, el reportero asesinado en 2006 durante el conflicto social en
Oaxaca, hizo un extrañamiento a la Fiscalía de Atención de Delitos
Cometidos contra Periodistas de la PGR por filtrar supuestos peritajes,
los cuales demuestran que la investigación ministerial ?no se lleva a cabo
con seriedad y profundidad?.

En un comunicado, el abogado señaló que la hipótesis filtrada que sugiere
que el corresponsal recibió disparos a corta distancia se basa en la
afirmación de que ?se encontraron evidencias de pólvora? en el cuerpo del
periodista, pero ?ninguna pericial explica por qué no se encuentra la
misma evidencia en la camisa que usaba el día en que fue abatido?. La
versión de la PGR, filtrada a algunos medios, sostiene que el segundo
disparo también fue hecho a corta distancia, pero no menciona la presencia
o ausencia de pólvora.

Según la hipótesis de la PGR, que pretende convertirse en resolución
oficial, Brad Will recibió el segundo disparo durante su traslado en busca
de atención médica. Pero ?carece de sustento, dado que existen imágenes
que muestran la segunda herida antes de ser introducido al vehículo que lo
trasladaría?, afirma De los Santos. Esa filtración ?nos obliga a hacer
públicas las dudas y deficiencias advertidas en la investigación?, que ya
habían sido comunicadas a las autoridades responsables de la
investigación, según el comunicado del abogado.

Una resolución en el sentido que apuntan las filtraciones de la PGR
conduciría a señalar al presunto responsable de la muerte de Brad Will
entre los activistas de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y
descargar de responsabilidad a los policías y funcionarios municipales que
fueron vistos y fotografiados con armas, disparando contra la barricada
donde estaba el periodista.

La familia de la víctima y su defensor ?no prejuzgamos el resultado de la
investigación ni existe interés en la filiación política de quien resulte
responsable; sin embargo, queremos escuchar resultados de investigación
serios, creíbles, razonables y verificables?, señala el texto.

Exige diputado investigar a Abascal

En la capital de Oaxaca, el diputado federal perredista Othón Cuevas
Córdoba exigió a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que las
investigaciones de la comisión especial por violaciones a los derechos
humanos en esa entidad, cometidas por policías federales y locales entre
mayo de 2006 y enero de 2007, también alcancen al ex secretario de
Gobernación Carlos Abascal Carranza, a quien consideró uno de los
responsables de la represión contra el pueblo.

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