A - I n f o s
a multi-lingual news service by, for, and about anarchists **

News in all languages
Last 40 posts (Homepage) Last two weeks' posts

The last 100 posts, according to language
Castellano_ Deutsch_ Nederlands_ English_ Français_ Italiano_ Polski_ Português_ Russkyi_ Suomi_ Svenska_ Trk�_ The.Supplement

The First Few Lines of The Last 10 posts in:
Castellano_ Deutsch_ Nederlands_ English_ Français_ Italiano_ Polski_ Português_ Russkyi_ Suomi_ Svenska_ Trk�
First few lines of all posts of last 24 hours || of past 30 days | of 2002 | of 2003 | of 2004 | of 2005 | of 2006 | of 2007

Syndication Of A-Infos - including RDF | How to Syndicate A-Infos
Subscribe to the a-infos newsgroups
{Info on A-Infos}

(ca) «El Libertario», Venezuela: «Un aniversario: 19 deJulio» por Albert Camus

Date Thu, 19 Jul 2007 12:13:26 +0200 (CEST)


(Nota de El Libertario: Este es un texto enviado por Albert Camus a los
jóvenes escritores españoles en 1956 en ocasión de un nuevo aniversario de
la guerra civil en lña península ibérica. Camus refleja en este escrito la
decepción que reinaba en Francia en los círculos de intelectuales por el
ambiente posterior a la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, en
la que el maniqueísmo político, protagonizado por la izquierda, hacía
justificar los crímenes cometidos en lo que en aquel tiempo constituía la
Unión Soviética. El texto ha sido transcrito de ?Ni víctimas ni verdugos?
publicado por la Editorial Reconstruir de Argentina en 1976)



El 19 de Julio de 1936 comenzó en España la segunda guerra mundial. Esta
guerra ha terminado en todas partes salvo, precisamente, en España. El
pretexto de no terminarla es la obligación de prepararse para la tercera
guerra mundial. Esto resume la tragedia de la España republicana que ha
visto imponérsele la guerra civil y extranjera por jefes militares
rebeldes y que hoy, aún ve que se le siguen imponiendo los mismos jefes,
en nombre de la guerra extranjera. Durante 20 años, una de las causas más
justas que puedan encontrarse en la vida de un hombre, se ha 'visto
constantemente deformada, y, en ocasiones, traicionada por 'los intereses
más poderosos de un mundo entregado a las luchas del poder. La causa de la
república está y estará siempre, identificada con la de la paz; esa es sin
duda su justificación. Desgraciadamente el mundo no ha cesado de estar en
guerra desde el 19 de Julio de 1936 y la república española, en
consecuencia, no ha cesado de ser traicionada o cínicamente utilizada. Por
esto es quizá vano dirigirse, como lo hemos hecho otras veces, al espíritu
de justicia y de libertad, a la conciencia de los gobiernos. Un gobierno,
por definición, no tiene conciencia. Tiene, a veces, una política, yeso es
todo. Quizá la manera más segura de abogar por la república española, no
es ya decir que es indigno para las democracias matar por segunda vez a
quienes han luchado y han muerto por nuestra libertad, por la libertad de
todos. Este lenguaje es el de la verdad, él clama en el desierto. La buena
manera sería quizá decir que si el sostener a Franco no se justifica más
que por la necesidad de asegurar la defensa de Occidente, no se justifica
por nada.



Puesto que los gobiernos occidentales han decidido no tomar en
consideración más que las realidades, podemos decirles que las
convicciones de una parte de Europa forman parte también de la realidad y
que no será posible negarlas hasta el fin. Los gobiernos del siglo XX
tienen una desgraciada tendencia a creer que la opinión y las conciencias
se pueden gobernar como las fuerzas del mundo físico. Y es cierto que por
las técnicas de la propaganda o del terror, han llegado a dar a las
opiniones y a las conciencias una consternante elasticidad. Sin embargo,
hay un límite en todas las cosas, y en particular en la flexibilidad de la
opinión. Se ha podido mistificar la conciencia revolucionaria, hasta
hacerle exaltar la miserable explotación de la tiranía. El ejercicio mismo
de esa tiranía, sin embargo, hace esta mistificación evidente; y de ahí
que en medio del siglo, la conciencia revolucionaria se rebela de nuevo y
vuelve a sus orígenes. De otro lado, se ha podido mistificar el ideal de
la libertad por el que los pueblos y los individuos han sabido combatir
mientras que sus gobiernos capitulaban. Se ha podido hacer esperar a esos
pueblos, hacerles admitir compromisos de más en más graves. Pero se ha
llegado a un límite que se hace necesario anunciar claramente, y pasado el
cual no será ya posible utilizar las conciencias libres; por el contrario,
será necesario combatirlas a ellas también. Este límite, para nosotros
europeos que hemos tomado conciencia de nuestro destino y de nuestras
verdades el 19 de julio de 1936, es España y sus libertades.



Sea como sea, hay un límite que no se podrá superar. Durante 10 años hemos
comido el pan de la derrota y la vergüenza. El día de la liberación, en la
cúspide de la más grande esperanza, hemos aprendido, además, que la
victoria también había sido traicionada y que era necesario renunciar a
algunas de nuestras ilusiones. ¿A algunas? Sin duda. Después de todo, no
somos unos niños. Pero, sin embargo, no a todas, no a nuestra fidelidad
más esencial. Sobre este límite que trazamos, está, en todo caso, España,
que nos ayuda a ver claro. Ningún combate será justo si se, hace, en
realidad, contra el pueblo español. Y si se hace contra él, se hará sin
nosotros. Ninguna Europa, ninguna cultura será libre si se erigen sobre la
servidumbre del pueblo español. Y si se erigen sobre esta servidumbre, se
hará contra nosotros.



El inteligente realismo de los políticos occidentales llegará finalmente a
ganar para su causa cinco aeródromos y tres mil oficiales españoles, y a
conquistar definitivamente centenares de millares de europeos. Después,
esos genios políticos, se congratularán en medio de 1as ruinas. A menos
que los realistas entiendan realmente el lenguaje del realismo y
comprendan, en fin, que el mejor aliado de la Rusia soviética no es hoy el
comunismo español, sino el mismo general Franco y sus apoyos occidentales.


Estas palabras quizás sean inútiles, pero queda un sitio para la
esperanza. Ninguna derrota será definitiva mientras que el pueblo español
guarde su fuerza de combate. Puede ser una paradoja, pero es el pueblo
hambriento, subyugado, el guardián de nuestra esperanza. Guardémonos, muy
bien de creer que la causa republicana vacila. Guardémonos muy bien de
creer que Europa agoniza. Lo que agoniza, del Este al Oeste, son las
ideologías. Quizás Europa -de la que España es solidaria- es tan miserable
por haberse alejado toda ella, y hasta su pensamiento revolucionario, de
un manantial de vida generosa, de un pensamiento en el que la justicia y
la libertad se encuentran en una unidad camal, alejada igualmente de las
filosofías burguesas y del socialismo cesariano. Los pueblos de España, de
Italia y de Francia guardan el secreto de este pensamiento; y lo guardarán
todavía, para que sirva cuando llegue el momento de renacer. Entonces el
19 de julio de 1936 será también una ge las fechas de la segunda
revolución del siglo; fecha que tiene Su raíz en la Comuna de París, que
camina siempre bajo la apariencia de la derrota, pero que no ha terminado
aún de sacudir el mundo; y que para terminar, llevará al hombre más lejos
de lo que ha podido llevarle la revolución rusa de 1917. Nutrida por
España y en general por el espíritu de libertad, ella nos devolverá un día
una España y una Europa, y con ellas nuevo trabajo de combatir, en fin, a
cielo abierto. Al menos, esto constituye nuestra esperanza y nuestras
razones de luchar.



No olvido que si los 20 años significan poca cosa mirando la historia, los
20 años que hemos pasado han pesado con un peso terrible sobre muchos de
los españoles en el silencio del exilio. Hay algo de lo que no puedo
hablar por haberlo dicho demasiado y es el deseo apasionado, que es el
mío, de verlos recobrar la sola tierra que es a su medida. Yo siento la
amargura que puede haber, si hablo solamente de luchas y de combates
renovados, en lugar de hablarles de la justa felicidad a que tienen
derecho. Pero todo lo que podemos hacer para justificar tanto sufrimiento
y tantos muertos, es llevar en nosotros sus esperanzas, hacer que esas
esperanzas no sean vanas y que esos muertos no estén solos.



Estos 20 años implacables han usado a muchos hombres en su tarea, y han
forjado otros entre los cuales el destino ha de justificar a los primeros.
Tan duro como esto sea, es así como los pueblos y las civilizaciones se
levantan. Después de todo es de ustedes, españoles de España, en parte, de
donde algunos de nosotros hemos aprendido a tenemos en pie y a aceptar sin
desfallecimiento el duro deber de la libertad. Para Europa y para
nosotros, franceses, a menudo sin saberlo, habéis sido y sois los maestros
de la libertad. El duro deber que no termina, nos toca a nosotros
compartirlo con vosotros, sin desfallecimiento y sin compromiso.



Esa es vuestra justificación. Yo he encontrado en la historia, desde que
tengo la edad de hombre, muchos vencedores con cara odiosa. Porque leía en
ellos el odio y la soledad. Y es que no eran nada, cuando no eran
vencedores. Solamente para existir, les era necesario matar y esclavizar.
Pero hay otra raza de hombres que nos ayuda a respirar, que no ha
encontrado la existencia y la libertad sino en la libertad y la felicidad
de todos y que puede, por tanto, encontrar, hasta en la derrota, razones
de vivir y de amar. Esos hombres no estarán nunca solos.
_______________________________________________
A-infos-ca mailing list
A-infos-ca@ainfos.ca
http://ainfos.ca/cgi-bin/mailman/listinfo/a-infos-ca
http://ainfos.ca/ca
A-Infos Information Center