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(ca) [Mexico-Chiapas] Alerta roja zapatista

Date Mon, 24 Dec 2007 18:03:09 +0100 (CET)



"La Jornada", lunes 24 de diciembre de 2007.

Naomi Klein

Alerta roja zapatista

San Cristóbal de las Casas. Los nacimientos navideños abundan en esta
ciudad colonial en los Altos de Chiapas. Pero el que recibe a los
visitantes en la entrada al centro cultural TierrAdentro tiene su propio
guiño local: las figuritas en burros usan pasamontañas y portan armas de
madera.

Es la temporada alta del "zapaturismo", la industria de viajeros
internacionales que surgió en torno al levantamiento zapatista, y
TierrAdentro es la zona cero. Los carteles, la joyería y los telares
hechos por los zapatistas se venden rápido. En el restaurante, en el
patio, donde a las diez de la noche el ambiente es festivo, los
estudiantes universitarios toman cerveza Sol. Un joven muestra una
fotografía del subcomandante Marcos, como siempre en pasamontañas y con
pipa, y la besa. Sus amigos toman una foto más de este tan documentado
movimiento.

Me conducen en medio de quienes festejan, hacia un cuarto en la parte
trasera del centro, cerrado al público. Aquí, el sombrío ambiente parece a
un mundo de distancia. Ernesto Ledesma Arronte, un investigador de 40
años, con cola de caballo, está encogido sobre unos mapas militares e
informes de incidentes de derechos humanos. "¿Entendiste lo que dijo
Marcos?", me pregunta. "Fue muy fuerte. No ha dicho nada parecido en
muchos años".

Arronte se refiere a un discurso que dio Marcos la noche anterior (16 de
diciembre) durante el Primer Coloquio Internacional Planeta Tierra:
Movimientos Antisistémicos. El discurso se titulaba "Sentir el rojo. El
calendario y la geografía de la guerra". Como se trataba de Marcos, era
poético y ligeramente elíptico. Pero para los oídos de Arronte era una
alerta roja. "Quienes hemos hecho la guerra sabemos reconocer los caminos
por los que se prepara y acerca", dijo Marcos. "Las señales de guerra en
el horizonte son claras. La guerra, como el miedo, también tiene olor. Y
ahora se empieza ya a respirar su fétido olor en nuestras tierras".

La valoración de Marcos apoya lo que Arronte y sus colegas investigadores
del Centro de Análisis Político e Investigaciones Sociales y Económicas
(CAPISE) han estado rastreando con sus mapas y gráficas. Ha habido un
marcado incremento en la actividad de las 56 bases militares permanentes
que el Estado mexicano tiene en territorio indígena en Chiapas. Están
modernizando las armas y el equipo, nuevos batallones están entrando,
incluso fuerzas especiales. Todos estos son los signos de la escalada
militar.

Los zapatistas se volvieron un símbolo global para un nuevo modelo de
resistencia, por tanto, era posible olvidar que la guerra en Chiapas nunca
había terminado. Marcos, a pesar de su identidad clandestina, desafiante,
ha desempeñado un papel abierto en la política mexicana, sobre todo
durante las reñidas elecciones presidenciales de 2006. En vez de respaldar
al candidato de centro-izquierda, Andrés Manuel López Obrador, fue punta
de lanza de la paralela "otra campaña", y llevó a cabo concentraciones
donde la atención se centraba en asuntos ignorados por los candidatos
principales.

En este periodo, el papel de Marcos como dirigente militar del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) pareció desvanecerse. Era el
Delegado Zero, el anticandidato. Anoche, Marcos anunció que la conferencia
sería su última aparición en actividades de este tipo (encuentros, mesas
redondas, entrevistas). El EZLN "es un ejército, muy otro por cierto, pero
es un ejército", le recordó al público, y él es el "jefe militar".

Ese ejército enfrenta una nueva y grave amenaza, una que llega al corazón
de la lucha zapatista. Durante el levantamiento de 1994, el EZLN tomó
grandes extensiones de tierra y los colectivizó, su victoria más tangible.
En los Acuerdos de San Andrés, el derecho de los pueblos indígenas al
territorio fue reconocido, pero el gobierno mexicano se ha rehusado a
cumplir con esos acuerdos. Tras fracasar en consagrar estos derechos, los
zapatistas decidieron transformarlos en hechos. Formaron sus propias
estructuras gubernamentales, llamadas juntas de buen gobierno, y
redoblaron los esfuerzos de construcción de escuelas y clínicas autónomas.
Conforme los zapatistas expanden su papel como el gobierno de facto en
grandes extensiones de Chiapas, la determinación de los gobiernos federal
y estatal para socavarlos se intensifica.

"Ahora", dice Arronte, "tienen su método". El método es usar el profundo
deseo de los campesinos de Chiapas de tener tierras contra el deseo de los
zapatistas. La organización de Arronte documentó que en sólo una región el
gobierno ha gastado cerca de 16 millones de dólares en expropiar tierras y
dárselas a muchas familias vinculadas al notoriamente corrupto Partido
Revolucionario Institucional. Seguido, la tierra ya está ocupada por
familias zapatistas. Más ominoso es el hecho de que muchos de los nuevos
"dueños" están vinculados a grupos paramilitares, que tratan de sacar a
los zapatistas de las tierras que tienen nuevos títulos de propiedad. A
partir de septiembre, ha habido una marcada escalada de la violencia:
disparos lanzados al aire, brutales golpizas, familias zapatistas que
reportan amenazas de muerte, de violaciones y de descuartizamientos.
Pronto, los soldados en sus barracones podrían tener la excusa que
necesitan para descender: restaurar la "paz" entre los grupos indígenas
que disputan entre sí. Durante meses, los zapatistas han resistido la
violencia y han tratado de dar a conocer estas provocaciones. Pero debido
a que eligieron no alinearse con López Obrador en las elecciones de 2006,
el movimiento adquirió poderosos enemigos. Y ahora, dice Marcos, sus
llamados de auxilio se topan con un ensordecedor silencio.

Hace una década, el 22 de diciembre de 1997, tuvo lugar la masacre de
Acteal. Como parte de la campaña antizapatista, un grupo de paramilitares
abrió fuego dentro de una pequeña iglesia en el poblado de Acteal, matando
a 45 indígenas, 16 de ellos niños y adolescentes. Algunos de los cuerpos
fueron macheteados. La policía estatal escuchó los disparos y no hizo
nada. Durante los pasados casi tres meses, "La Jornada" ha destacado, con
una amplia cobertura, el trágico décimo aniversario de la masacre.

En Chiapas, sin embargo, mucha gente señala que las condiciones actuales
se sienten terriblemente familiares: los paramilitares, las crecientes
tensiones, las misteriosas actividades de los soldados, el renovado
aislamiento del resto del país. Y tienen una súplica para aquellos que los
apoyaron en el pasado: no sólo miren hacia atrás, miren hacia adelante y
eviten otra masacre de Acteal.

Copyright 2007 Naomi Klein.
www.naomiklein.org.

Una versión de este texto fue publicado en The Nation (www.thenation.com).
Traducción: Tania Molina Ramírez

http://www.jornada.unam.mx/2007/12/24/index.php?section=opinion&article=026a1mun

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ACTEAL
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Temor de que su detención sirva para encubrir la responsabilidad de gobiernos

Sántiz López, preso hace 2 días, artífice de la violencia inducida en
Chenalhó

El cacique de Los Chorros dijo a los pobladores que los zapatistas ya
estaban entrando a los pueblos a matar a la gente

Murieron 22 personas antes de las víctimas de Acteal

Jesús Ramírez Cuevas (Especial para La Jornada)

Antes de la masacre de Acteal, con el apoyo del gobierno federal y
estatal, se instauró un régimen de terror con el propósito de desatar una
guerra entre indígenas. Figura emblemática de este proceso es Antonio
Sántiz López, cabeza de los paramilitares de Chenalhó y pieza central de
la relación con funcionarios civiles y militares que los apoyaron y
armaron.

Sántiz López fue detenido hace dos días por la justicia chiapaneca,
acusado de ser autor intelectual de la matanza; ojalá no sea para exonerar
las responsabilidades del gobierno estatal y federal.

Los conflictos locales fueron utilizados para enfrentar a las comunidades.
Por ejemplo, el litigio sobre un banco de arena entre el municipio
autónomo de Polhó y un grupo del Partido del Frente Cardenista de
Reconstrucción Nacional. La autoridad agraria reconoció derechos a
cardenistas de Los Chorros sobre el predio Majomut, que habían ocupado en
1994, alentados por la rebelión indígena. Al mismo tiempo, otra instancia
del gobierno firmó un acuerdo similar con simpatizantes del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

De esta manera, los gobiernos estatal y federal fabricaron un conflicto y
agudizaron las tensiones políticas y sociales en Chenalhó.

El primer crimen que marca el inicio de la violencia inducida fue el
asesinato de seis jóvenes en agosto de 1996, en la cabecera municipal.
Eran hijos de simpatizantes zapatistas

de Polhó y otras comunidades. Arrojados a una grieta de 100 metros de
profundidad, la procuraduría estatal liberó a los responsables, priístas
azuzados por sus líderes durante una fiesta.

A partir de mayo de 1997, la espiral de violencia ya no se detendría hasta
la matanza de Acteal, cobrando la vida de 22 personas en diversos hechos
de muerte en ese lapso.

En abril se estableció el municipio autónomo de Polhó. A finales de mayo,
el gobierno municipal y los grupos del PRI y del PFCRN comenzaron a
imponer un régimen de terror en las comunidades para obligar a los
habitantes a sumarse a sus filas.

Gustavo Jiménez, originario de Yibeljoj, comunidad vecina de Acteal,
relata su vivencia: ?una mañana de mayo de 1997, llegaron a mi comunidad
varias familias de Yaxjemel y Ch?uchtik a pedirnos hospedaje. Nos decían
que no podían vivir tranquilas en sus pueblos. Eran amenazadas e
intimidadas con ráfagas de balas. Los acogimos, todos cooperamos para
darles de comer.

?A partir de entonces, ya no volvió la calma ?continúa el joven tzotzil.
En varios pueblos, los priístas secuestraron a los que no estaban con
ellos. Un grupo quiso dialogar para rescatarlos, pero los emboscaron cerca
de Yaxjemel y asesinaron al profesor Cristóbal Pérez Medio. Así pasó mes
tras mes. Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos viviendo las mismas
amenazas?.

Gustavo Jiménez relata el régimen de terror impuesto en la región: ?A
cuatro kilómetros de Yibeljoj vivían los paramilitares. Escuchábamos los
balazos cuando iban a quemar las casas, a robar café, maíz y frijol, las
pocas cosas de sus hermanos. Obligaban a Las Abejas y a las bases
zapatistas a robar y les exigían cooperar para comprar armas y balas. Los
que no aceptaron tuvieron que irse, algunos fueron asesinados. Vigilaban
armados los pueblos bajo su control, no dejaban salir a nadie, todos los
días patrullaban las veredas y en la carretera pasaban en vehículos de la
Seguridad Pública. Cientos de familias se vieron obligadas a abandonar sus
casas?.

En este proceso destaca Antonio Sántiz López, cacique de Los Chorros,
detenido hace dos días acusado de ser autor intelectual de la masacre de
Acteal. Según testimonios de la comunidad, Sántiz López comenzó a formar
los grupos armados en septiembre, justo a la llegada de Antonio Pérez
Hernández a la Secretaría de Atención a los Pueblos Indígenas, a su vez,
cacique de Chenalhó. Esta dependencia fue el vínculo entre la séptima
Región Militar, el Cisen y el gobierno del estado con los paramilitares.

Sebastián Pérez, vecino de Los Chorros, cuyo hijo y yerno se sumaron a las
filas de los priístas y cardenistas armados, cuenta: ?El problema empezó
porque decían que los zapatistas iban a entrar a matar a los priístas. En
las noches se oía que disparaban armas; también quemaban bombas. A veces
no podíamos dormir, así era casi todas las noches?.

El 17 de septiembre de 1997, relata Sebastián, Antonio Sántiz López, ?el
mero mandón?, llamó a toda la gente de Los Chorros a una junta. ?Todos
llegamos. El Antonio se puso a decir que los zapatistas ya estaban
entrando a todos los pueblos, que nos iban a matar. Pero nunca los
miramos, sólo lo decía (para convencernos)?.

Ahí Sántiz López amenazó a los miembros de Las Abejas; luego, en la
versión de Sebastián Pérez, ?Antonio sacó de su morral una pistola y,
mirando a la gente, dijo: ?Tenemos que tener nuestras armas para
defendernos. Yo no tengo miedo que lleguen los zapatistas porque tengo mi
arma y me puedo defender??.

De unos trapos que había en el suelo, Antonio Sántiz sacó un AK-47 y
siguió arengando mientras alzaba su rifle con orgullo: ?Todos debemos
tener un arma. Tenemos que comprar armas para defendernos. Todos tenemos
que cooperar. El que no quiera lo vamos a matar por traidor?.

En silencio la gente escuchaba las amenazas del jefe paramilitar: ?Los que
no quieran cooperar van a hacer guardia sin arma?, les dijo finalmente y
exigió una ?cooperación? de 400 pesos por familia. Reunido el dinero,
Santiz López comisionó a varios jóvenes para que fueran a comprar cuernos
de chivo a San Cristóbal de las Casas, relata el anciano de Los Chorros.
El cacique cobraba las cooperaciones y administraba los castigos.
(Masiosare, 8/2/98).

Inician los ataques armados

El 21 de septiembre se produce el primer ataque armado de los
paramilitares contra el campamento de refugiados en Polhó, ubicado a un
lado del paraje Majomut.

En días previos se reparten las armas, se entrenan, fuerzan a otros
indígenas a integrarse a los grupos armados. ?Querían obligarnos a hacer
la guerra, hombres y mujeres, contra hermanos que no nos han hecho nada.
Una madrugada de septiembre nos dijeron que habría un enfrentamiento en
Yibeljoj. Acordamos que salieran primero las mujeres, los niños y los
ancianos. No era tan fácil, en las veredas había guardias. Nos tenían
rodeados?, recuerda Gustavo Jiménez.

?Llegaron rumores ?prosigue? de que los paramilitares iban a atacar a los
zapatistas desplazados en Polhó. No sólo los habían sacado de sus casas;
les habían robado sus pertenencias, ahora querían exterminarlos. Además,
querían nuestro apoyo. Teníamos un acuerdo de no agresión en la comunidad,
pero en la asamblea algunos priístas dijeron que si había armas,
apoyarían. Quisimos salir del pueblo, pero ya era tarde. Avisaron que los
paramilitares llegarían por nosotros a la una de la tarde. Creímos que ese
día íbamos a ser entregados a la muerte, casi no hablábamos?.

Gustavo sigue su relato: ?Empezó una fuerte lluvia, relampagueaba. Tomamos
la decisión de salir. Entre dos, con el corazón en la mano, pasamos de
casa en casa. Veíamos el miedo en el rostro de cada gente al saber que
había que irse en ese momento?.

Las Abejas de Yibeljoj iniciaron el éxodo. ?Nos alcanzaron familiares que
fueron obligados a ir a combate, pero escaparon cuando vieron que los
paramilitares tomaban posiciones frente a Polhó. A la media hora
comenzaron los disparos, duraron 45 minutos sin pausa. Las mujeres
lloraban imaginando la muerte, en silencio yo también lloraba. Cuatro
personas perdieron la vida en aquel ataque. El agua no paraba, la lluvia
de balas taladraba los oídos con su sonido de odio y crueldad?, recordó
Gustavo Jiménez al hablar del camino a la barbarie que llevó a Acteal.

http://www.jornada.unam.mx/2007/12/24/index.php?section=politica&article=008n1pol

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OAXACA
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Prevén que Flavio Sosa pasará la Navidad y el Año Nuevo en el penal de
Cuicatlán

Salen de la cárcel 517 indígenas de Oaxaca

Hiram Moreno (Corresponsal)

Oaxaca, Oax., 23 de diciembre. El gobierno del estado liberó la noche de
ayer a 517 presos indígenas, como parte del programa permanente de
liberación de reclusos. De esta forma, 6 mil 27 reos han salido de los
penales de la entidad.

El gobernador Ulises Ruiz Ortiz dijo que de los 4 mil 100 reos que hay en
la entidad mil 800 son indígenas

José Antonio Ogarrio Castro, representante de la fundación Telmex ?una de
las empresas que financian la reincorporación de los ex reclusos? dijo que
éste es un programa de fianzas sociales único que permite que los presos
liberados se reintegren a sus hogares y comunidades.

Interrogado sobre las versiones acerca de la liberación de Flavio Sosa
Villavicencio, uno de los líderes de la asamblea Popular de los Pueblos de
Oaxaca (APPO), dijo que es un asunto del tribunal y él no tiene
injerencia. ?Vamos a esperar a que venga la resolución o la sentencia del
juez que tiene esta causa y con esto respetar ese fallo (...) En la ley no
hay ninguna negociación?, insistió.

Por su parte, el director del penal de Cuicatlán, Isidro Ibáñez Reyes,
confirmó el sábado que Flavio Sosa Villavicencio fue absuelto de los
procesos 58 y 102, ambos de 2006, el primero por el delito de robo
específico, cuyo expediente estaba en el juzgado de Ocotlán, y el segundo
por daños dolosos y daños por incendio, radicado en el juzgado de
Tlacolula.

Agregó que tiene pendientes los procesos 70/2006 por robo y daño
calificado con violencia por equiparación; el 157/2006, por incendio,
sedición y asociación delictuosa; el 136/2006 por despojo agravado, y el
número 71/2006, por secuestro, lesiones calificadas y robo calificado con
violencia.

?Es posible que Flavio Sosa pase Navidad y Año Nuevo en la cárcel, aunque
podrían llegar al mismo tiempo sus cuatro boletas de libertad y entonces
tendríamos que elaborar su boleta de excarcelación, una vez que se le
notificara el auto de libertad?, explicó Ibáñez Reyes.

http://www.jornada.unam.mx/2007/12/24/index.php?section=estados&article=028n3est




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