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(ca) Quejarse o no quejarse

Date Sun, 24 Sep 2006 11:17:34 +0200 (CEST)



QUEJARSE O NO QUEJARSE

Cuando en el mundo laboral nos enfrentamos a las más diversas situaciones
injustas el dilema que se nos plantea es en realidad muy sencillo. Tenemos
dos posibilidades: nos quejamos o nos callamos. Salta a la vista que todo
depende de la situación... en una entrevista de trabajo, ante el hecho de
hacer horas extras sin cobrar o tener un contrato por menos horas de las
que trabajamos, a nadie se le ocurre decir que no, pues supone no ser
elegido para el trabajo. Es un clásico "lo tomas o lo dejas", es
decir, una forma de coacción, aunque sea generalmente aceptada. Sin
embargo hay muchas otras situaciones en las que ante una pequeña
injusticia o arbitrariedad podemos negarnos a trabajar en unas condiciones
que consideramos malas o no adecuadas.

El problema de la queja es que no está socialmente bien vista. Ante la
evidencia de la necesidad de trabajar solemos pensar que no hay que tener
demasiados remilgos en nuestro puesto de trabajo: trabajar festivos, hacer
más de 8 horas, no cobrar horas extras, no cobrar dietas, aceptar sueldos
bajos y ese largo y triste etc que actualmente se conoce como "precariedad
laboral".

Esta mentalidad, ampliamente fomentada por los empresarios y los medios de
comunicación de masas, basada en el sacrificio, el esfuerzo, el
paternalismo patronal... es un veneno que está corroyendo las entrañas de
nuestra sociedad. Es la base filosófica a partir de la cual se están
perdiendo los derechos laborales que tanto costó ganar en su momento.
Hubo un tiempo en que se trabajaba sin medidas de seguridad, durante 12 o
14 horas diarias, junto a nuestros hijos menores de edad, y perjudicando
nuestra salud de forma grave. Si en aquel momento no se hubiera encendido
la chispa de la queja hoy en día seguiríamos en las mismas condiciones.
¿Cuántos de nosotros preferiríamos ver a nuestro hijo de 10 años en una
fábrica de vidrio en lugar de verlo en la escuela? ¿Cuántos preferiríamos
no disponer de seguridad social ni asistencia sanitaria para nuestros
mayores? ¿Cuántos disfrutaríamos del placer de ni siquiera disponer de
transporte público y tener que recorrer a pie grandes distancias hasta
nuestro puesto de trabajo? Pues antes era exactamente así. La trabajadora
era sometida a abusos sexuales. El minero moría con los pulmones
corroídos. Y el obrero aplastado por la rueda de la máquina de vapor. Y
todo el mundo, aunque no lo quisiera reconocer en voz alta, sabía que la
causa de estas situaciones eran las malas condiciones de
trabajo.

Esos tiempos quedan muy atrás pero hoy en día hay otras situaciones
graves... o es que nadie se ha parado a pensar qué pasa con esa legión de
salarios de 900 ? al mes que no crecen al mismo ritmo que los precios,
esas situaciones de acoso moral en el trabajo, esos horarios incompatibles
con la vida familiar, ese endeudamiento irracional de las familias para
pagar piso, coche, segunda residencia... y lo más importante ¿Qué pasa con
esa gran cantidad de beneficios que están teniendo a cambio las
grandes empresas?

El problema hoy en día es la falta de quejas. Y es que se puede argumentar
que el que se queja pierde su trabajo pues hay otro detrás dispuesto a
ocuparlo. Eso es lo que nos sucede en la actualidad. Uno no se puede
quejar sólo porqué el patrón tiene en sus manos la llave de su futuro en
forma de despido. Pero ¿qué pasaría si al despido de un trabajador que no
aceptó hacer horas extra sin cobrar se respondiera con la huelga por parte
de su compañeros? El empresario habría perdido su capacidad de
coaccionar al trabajador. Y a partir de aquí el "juego" sería muy
distinto. Así es como antiguamente se ganaron esos derechos laborales que
ahora la juventud (y el resto de la sociedad) está dejando perder tan
alegremente. ¿Alguien cree que se convenció a los empresarios de que en
lugar de 14 horas de se debían trabajar como máximo 8? Pues anda
equivocado. Se les obligó a ello. Se vieron obligados porque los
trabajadores estaban organizados (en mayor o menor medida) es decir,
porque se apoyaban en sus quejas. Estas "quejas organizadas" se
convirtieron en agrupaciones de trabajadores que se defendían. No solo
consiguieron su defensa efectiva si no que consiguieron nuevos derechos:
los niños salieron de las fábricas para ir a las escuelas, los mayores y
los lesionados tuvieron pensiones y los trabajadores y trabajadoras
sueldos dignos y condiciones de trabajo humanas.

Y ¿qué pasa cuando no hay queja? ¿qué pasa cuando uno acepta trabajar lo
mismo que el de al lado por menos dinero, hacer más horas sin cobrarlas,
trabajar más días que los estipulados? Pues pasa que el que viene detrás
encuentra peores condiciones de trabajo y se produce una cadena imposible
de parar en que el que llega último se encuentra un panorama laboralmente
desolador. Sobran los motivos para reflexionar: la queja, individual y
aislada no es nada, compartida y organizada es fuerza de
progreso social.

"La Protesta Obrera" nº29, portavoz de la CNT-AIT de Hospitalet de Llobregat
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