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(ca) Lecciones de la Guerra Israelí-Libanesa (en)

Date Tue, 5 Sep 2006 13:21:49 +0200 (CEST)



El Debate Anarquista en torno a la Liberación Nacional

La guerra entre Israel (con un total apoyo de los EEUU) y Hizbulah (así
como del resto del Líbano) ha terminado ?temporalmente. ?Temporalmente?,
pues ninguno de los grandes temas han sido zanjados, particularmente, el
rol colonialista de Israel en el Medio Oriente. Mientras, la guerra entre
los EEUU e Irak se ha intensificado, al igual que la guerra civil sectaria
iraquí. La guerra de los EEUU y Afganistán continúa. Y hay bastante
evidencia de que el gobierno de Bush quiere atacar Irán. La paz no anda a
la vuelta de la esquina.

La izquierda ha tomado una variedad de posiciones ante esta guerra, acorde
a sus posiciones ante el conflicto de Medio Oriente en general. Los
primeros, los liberales han continuado su apoyo a los EEUU, así como al
Estado de Israel, pero han querido que le laven la cara a sus acciones,
para demostrar un comportamiento más inteligente y sofisticado. Por años,
el ala liberal del movimiento contra la guerra en EEUU ha luchado por
mantener la cuestión de Israel versus Palestina por fuera de las protestas
contra la guerra. Ahora que deben referirse en específico a la agresión de
EEUU-Israel, ellos dicen que si bien Israel tiene el ?derecho a
defenderse?, estas acciones habían sido ?excesivas? y ?desproporcionadas?.
Por su parte, estas palomas pro-israelíes claman por un ?alto al fuego?,
igualando a ambas partes, al agresor y a la víctima. Ambos debieran dejar
de pelear. La mayoría de los liberales apoyan la demanda de que Hizbulah
se desarme (¡pero no llaman al desarme de Israel!). Se alegran con la
actual (temporal) resolución sobre la guerra, en la cual diversos poderes
imperialistas y otros Estados intervendrán, como comisarios, para
?mantener la paz?, más o menos.

Los segundos, la izquierda radical, en su mayoría se convirtieron en la
barra de Hizbulah, así como de Hamas, tal cual lo habían sido de la
resistencia fundamentalista en Irak (nadie aviva a los talibanes de
Afganistán; esto sería demasiado para los más radicales entre ellos,
supongo). Estoy hablando del Workers World Party, de sus frentes y de sus
divisiones, así como de la International Socialist Organization de los
EEUU y de sus colegas, el Socialist Workers Party de Inglaterra, entre
otros. Ellos se han enfocado en los innegables males del ataque de Israel
y en el apoyo popular a Hizbulah, que se ha expandido por todo el Líbano,
así como por el resto del mundo árabe y musulmán.

Esto conlleva algunos resultados algo extraños. Durante la guerra entre
EEUU y Vietnam, fue posible retratar al lado ?comunista? (nacionalista,
estalinista y totalitario) como ?socialista?. Pero no hay manera de dar
una careta progresista a Hizbulah o a las fuerzas que se le asemejan.
Ellos están a favor di dictaduras teocráticas, sin derechos para las
religiones disidentes, para las minorías nacionales, trabajadores o
mujeres. En ausencia de una alternativa, se han convertido en los líderes
de un movimiento de defensa nacional en contra de una ocupación
extranjera. Esto puede y debe ser dicho. Pero que los izquierdistas
secularistas, saludarlos acríticamente como si se tratara de un movimiento
socialista proletario, es rarísimo. Para los anarquistas no se trata sólo
de que no nos gusten sus ideas, sino de que semejante programa no puede
conllevar la liberación del Líbano ni de otros países. Sólo un programa
anarquista podría hacerlo.

Los terceros, los anarquistas, se han opuesto claramente a la agresión de
Israel y EEUU. Han señalado la naturaleza reaccionaria de ambas partes en
esta guerra. Sin embargo, muchos han tendido a igualar a las dos partes, a
tratarlas como si fueran igualmente malas, y han llamado a oponerse a la
guerra en ambos bandos. Mientras que hay bastante confusión entre los
anarquistas sobre esta cuestión, mi impresión es que la mayoría han
fracasado en dar su apoyo a los oprimidos en contra de los opresores en
esta guerra (así como en otros conflictos del Medio Oriente).

Yo propongo, en cambio, una aproximación anarquista diferente. Los
anarquistas revolucionarios deben, a la vez, (1) solidarizar con el pueblo
de la nación oprimida en contra de los opresores (en este caso, El Líbano
en contra de EEUU-Israel), a la vez que (2) oponerse políticamente a todos
los programas y liderazgos estatistas y burgueses (nacionalistas,
islamistas, etc... en este caso Hizbulah), en favor del
socialismo-anarquista revolucionario e internacionalista. Por
?solidaridad? quiero decir ?estar junto al pueblo? de la nación oprimida,
apoyarles en contra de los ataques de sus opresores (lo que no significa
no tener simpatía por los soldados de Israel y EEUU, una simpatía que se
debe basar en su humanidad y en sus antecedentes de clase trabajadora, no
una solidaridad con ellos en su rol de soldados).

No significa gritar consignas como ?¡Victoria para Hizbulah!? o ?¡Todos
somos Hizbulah!?, consignas que implican acuerdo político con Hizbulah.
Recientemente, un grupo de anarquistas gay de Nueva York canceló una
protesta en la embajada iraní por la persecución de gays iraníes. No
querían jugar a favor del gobierno de EEUU en virtud de sus preparativos
para una guerra en contra de Irán. Hubiera preferido que se manifestaran
con carteles diciendo ?EEUU; ¡no se metan con Irán! Estado de Irán; ¡no se
metan con los gays!?.


Opresiones que son de clase y que no son de clase


Este asunto es parte de una cuestión más amplia: la relación entre los
asuntos que son de clase y otros que, específicamente, no lo son, cuando
se busca la liberación. El problema de la opresión puede dividirse entre
la explotación de clase y otras formas no clasistas de opresión. La
explotación capitalista se refiere a la manera en que los capitalistas
extraen la plusvalía a los obreros (además de la explotación de los
campesinos a manos de los terratenientes y de los capitalistas). Las
opresiones no clasistas, incluyen la opresión de la mujer (de género), de
la gente de color (raza), de los gays y las lesbianas (homofobia), de las
minorías religiosas, de la juventud, etc., así como la opresión nacional.
La opresión de la clase obrera es específica al capitalismo y su
resolución requiere de la revolución socialista. Las otras opresiones (aún
la del campesinado ?que siguen siendo una gran proporción de la humanidad)
son todavía reminiscencias del precapitalismo. Son formas de opresión que
el capitalismo, en su juventud revolucionaria, ?prometió? abolir. Este era
el programa democrático-burgués que se alzó en las grandes revoluciones
capitalistas de Inglaterra, los EEUU, Francia y América Latina.

Por supuesto, los capitalistas nunca se desvelaron por su programa
democrático. Más bien, han integrado opresiones específicas a su sistema
como baluartes de su explotación capitalista. Algunos de estas opresiones
pudieron haber sido iniciadas por el capitalismo temprano o por la
explotación de clases precapitalista (esto es, por fuerzas económicas)
?pero han adquirido vida propia y existen por su propia inercia. Todas las
formas de opresión, incluyendo la de clase, están entrelazadas, se apoyan
entre sí, y se sustentan entre sí.

Históricamente, la tendencia de lucha de clases en el anarquismo (el
anarco-sindicalismo y la mayor parte del comunismo-anárquico) se ha
enfocado en la lucha de clases de los obreros en contra de los
capitalistas. Frecuentemente, han tratado a las opresiones no clasistas
como de poca importancia, como ilusiones creadas por los capitalistas para
engañar a los obreros, para dividir y debilitar a la clase trabajadora.
Una vez que se mencione esto a los trabajadores, supuestamente, ellos
comprenderán este truco y se unirán en contra de los patrones. Esta visión
simplista es también sostenida por versiones crudas del Marxismo.

Durante la radicalización de los años 60 y 70s, hubo movilizaciones de
afro-americanos, mujeres, gays y lesbianas, y de otras gentes oprimidas,
incluyendo las luchas mundiales de las naciones oprimidas en contra del
imperialismo. En nuestro actual período de radicalización, la importancia
vital de la clase trabajadora ha sido reconocida por muchos izquierdistas.
Sólo los trabajadores, en cuanto trabajadores, pueden parar a esta
sociedad de plano y comenzar sobre una base nueva, no explotadora. La
clase trabajadora se sobrepone e incluye a todos los grupos oprimidos:
mujeres, la mayoría de la gente de color, etc. Al punto de que sería tan
cierto decir que la clase trabajadora es conservadora, o por lo menos, no
es revolucionaria, como lo sería decir que la mayoría de la población no
es revolucionaria. No existe otra mayoría, por fuera de la clase, de
derrocar al capitalismo. [1]

Sin embargo, las verdaderas lecciones de los 60 permanecen válidas. Es
imposible ignorar la importancia de opresiones no clasistas, específicas.
Por ejemplo, el racismo fue creado por el capitalismo temprano para
justificar la esclavitud de África. Es decir, para la explotación de un
tipo de mano de obra. Y continúa teniendo ventajas para los capitalistas.
Pero es cierto que ha tomado vida propia. El racismo es real. El
prejuicio, y aún el odio, que muchos trabajadores blancos tienen en contra
de la gente de color ya no dependen de causas racionales y no desaparecerá
inmediatamente con buenos argumentos acerca del valor de la unidad de
clase. No podemos pedir a los afro-americanos que dejen de luchar por sus
derechos democráticos específicos, mientras la población blanca no
abandone el racismo.

La comprensión de la realidad de las opresiones especiales no niega la
validez de la aproximación materialista histórica. No niega la importancia
de un análisis de clase. Reitero, muchos tipos de opresión fueron creados
por factores materiales (de clase) presentes o pasados. Todos ellos
interactúan con el capitalismo (esto es, con la relación entre
capital-trabajo). Todos son afectados por el capitalismo, como le afectan
a su vez (digamos dialécticamente). Por ejemplo, la opresión de la mujer
es previa al capitalismo, y puede que sea aún previa a cualquier tipo de
sociedad de clase (no sabemos en realidad). Pero ha sido modificada
enormemente por el capitalismo para que ajuste a la familia burguesa y a
la economía capitalista.


Opresión nacional y liberación


La mayoría de los anarquistas hoy en día (con ciertas excepciones
sectarias) aceptan la importancia y la realidad de las opresiones no
clasistas, específicas. La mayoría de los anarquistas están comprometidos
con la lucha por los derechos democráticos específicos de las mujeres, de
los afro-americanos, de los indígenas americanos, de los gays y las
lesbianas, de los prisioneros, y de otros grupos oprimidos.

Pero curiosamente, muchos anarquistas que son campeones de las luchas de
liberación no clasistas, frecuentemente, se rehúsan a aceptar las luchas
de liberación nacional (significando aquí lo mismo que la
autodeterminación nacional: el derecho de un pueblo a determinar su propio
destino). La liberación nacional no es, por tanto, directamente la lucha
de clases, pese a que sus conexiones con el capitalismo estén bastante
claras. Esto es que los grandes capitalistas de las naciones
industrializadas buscan expandir sus riquezas a través del dominio de las
naciones más débiles, ?subdesarrolladas?. El capitalismo internacional
busca súper-explotar a los trabajadores de estas naciones (trabajadores
que aceptan salarios más bajos), para vender estos bienes a sus Estados y
a su público, así como para saquear sus recursos naturales ?siendo el
petróleo el más importante, aunque no el único, de estos recursos. Esto es
el imperialismo, Ya que los Estados imperiales no ?poseen? directamente
más a sus colonias, esto es una fase neocolonialista. El pueblo oprimido
de estas naciones son en su mayoría trabajadores, campesinos, y pequeños
comerciantes. Pero también has ?clases medias? y capas de clase alta.
Éstas, o bien aspiran a ser los agentes locales del imperialismo o a
reemplazar a los imperialistas como los nuevos amos (o a ambas opciones).

Reaccionando a la ocupación foránea, los pueblos de estas naciones
desarrollan un deseo de liberación nacional. Primero, quieren su ?propio?
Estado, y luego, otras medidas de independencia de los imperialistas,
tales como no ser invadidos, así como no ser económicamente dominados. En
ausencia de alternativas, se vuelcan al nacionalismo. El nacionalismo no
es, simplemente, el amor a su propio país y el deseo de su liberación.
Como un programa acabado, significa la unidad de todos los sectores de un
país, pobres y ricos, capitalistas y obreros, terratenientes y campesinos,
hombres patriarcales y mujeres, nación dominante y minorías nacionales,
todos ?unidos? en contra de otro país, incluidos SUS obreros, campesinos,
mujeres y minorías raciales o nacionales. El objetivo, es un Estado
nacional independiente, con su propio ejército, su policía secreta,
bandera, estampillas de correo, y con sus propios amos nacionales.
Mientras tanto, los capitalistas de los países imperialistas estimulan el
nacionalismo (o el patriotismo) de sus propios trabajadores, para mantener
su dominio y usar a sus trabajadores como soldados en contra de las
naciones oprimidas.

Como programa para las naciones oprimidas, el nacionalismo puede obtener
algunos beneficios para su pueblo, y aún más beneficios para los
aspirantes a nuevos amos. Pero no puede liberar a ninguna nación del
mercado mundial o de los poderes políticos de los grandes Estados. No
puede lograr una independencia real. Como puede verse por los destinos de
China y de Vietnam, así como de la India y de los Estados africanos, el
nacionalismo ha terminado en nuevas opresiones. Franz Fanon escribió
penetrantemente sobre esto. El peor ejemplo de cómo el nacionalismo de un
pueblo oprimido ha resultado en una nueva opresión, es el Israel Sionista.
Sólo la revolución internacional de la clase trabajadora y de todos los
oprimidos puede liberar a las naciones oprimidas (estoy simplemente
reconociendo esto, no argumentando a favor).

Pero el nacionalismo, no es lo mismo que la liberación nacional. De igual
manera, las variantes burguesas del feminismo no son lo mismo que la
liberación de la mujer. La liberación negra no es lo mismo que la
asimilación liberal o que el nacionalismo de Farakhan [2]. Es posible
estar a favor de la liberación nacional sin estar a favor del programa del
nacionalismo. Un ejemplo de una lucha de liberación nacional librada con
un programa no nacionalista, fue la librada por las fuerzas anarquistas
dirigidas por Néstor Makhnó en Ucrania, desde 1917 hasta 1921. Esta se
alimentó del odio de los ucranianos a la ocupación extranjera del
imperialismo austro-germano, del bolchevismo ruso y de la agresión polaca.
El biógrafo anarquista d Makhnó la llama ?una guerra de liberación
salvaje? (Skirda, 2004, p.44). Pero Makhnó nunca cesó de plantear las
cuestiones de clase (la dominación por parte de los capitalistas y
terratenientes) y de defender el internacionalismo socialista-anarquista.

El Movimiento Makhnovista declaró (en octubre de 1919), ?Cada grupo
nacional tiene un derecho natural e indiscutible... a mantener y
desarrollar su cultura nacional en todas las esferas. Es claro que esto...
no tiene nada que ver con el estrecho nacionalismo de las variantes
?separatistas?... Proclamamos el derecho del pueblo de Ucrania (y de todas
las demás naciones) a su autodeterminación, no en el sentido estrecho y
nacionalista de Petliura, sino que en el sentido del derecho a la
autodeterminación de los explotados? (en Skirda, 2004, pp.377-378)


Argumentos en contra de la liberación nacional


La mayoría de los argumentos anarquistas en contra del apoyo a la
liberación nacional se basan en la bien fundada oposición del anarquismo
al nacionalismo. Los anarquistas no creen que fundando nuevos Estados se
libere a los pueblos oprimidos. Los anarquistas de lucha de clases
enfatizan la centralidad de ésta, y a la vez, señalan los otros conflictos
(no clasistas) en cada nación. Los anarquistas se oponen a la política y
la organización del estatismo burgués de los antiguos amos, llámense a sí
mismos Ayatollahs, o Socialistas, o Hermanitos de los Pobres. Todo esto es
absolutamente correcto.

Pero no significa que los anarquistas deban oponerse a la liberación
nacional o ser neutrales cuando un Estado imperialista o colonialista
ataca a una nación oprimida (tercer mundista). Los anarquistas deben estar
del lado de los oprimidos. Reitero: no hay ninguna contradicción entre la
solidaridad con los pueblos oprimidos atacados y la oposición política a
los líderes de ese pueblo que les guían incorrectamente. Similarmente,
podemos apoyar una huelga obrera y demostrar nuestra solidaridad con los
trabajadores y su sindicato, a la vez que ser los enemigos más acérrimos
de la burocracia sindical. Si los anarquistas pueden hacer esto, entonces,
pueden hacerlo también con las guerras nacionales de las naciones
oprimidas.

Algunos anarquistas han creado el argumento de que no debieran apoyar a
las naciones oprimidas porque... no existe semejante cosa como las
naciones. ¡Las naciones no existen! Como si Francia y Argentina no fueran
una realidad. Es cierto que las naciones son construcciones sociales ?esto
significa, creaciones de las personas, y no categorías biológicas. Es
verdad que las fronteras de las naciones están frecuentemente poco claras:
¿es Québec una nación? De serlo, ¿es Canadá una nación? ¿Es la India una
nación o un conglomerado de naciones? Estas cuestiones son válidas, pero
también se aplican a otras categorías. Las clases son construcciones
sociales. Los límites entre las clases no están del todo claros. ¿Son los
desempleados parte de la clase trabajadora o son ?lumpenproletario?? ¿Es
la clase media una clase? Lo mismo es cierto para otras categorías. Aún el
género, que se basa en la biología, es una construcción social en la
manera en que la sociedad interpreta aquello que es biológicamente dado.
Esto no significa que la clase o el género sean ilusiones en ninguna mayor
medida en que las naciones sean una ilusión.

Los pueblos creen ser naciones y actúan según esa creencia. Una
institución no es más que un patrón de comportamiento de masas. Mikhail
Bakunin escribió, ?La nacionalidad, como la individualidad, es un hecho
natural. Denota el derecho inalienable de los individuos, grupos,
asociaciones y regiones a llevar su propia forma de vida. Y esta forma de
vida es producto de un largo desarrollo histórico [una confluencia de
seres humanos con una historia común, lenguaje y con un acerbo cultural
común]. Y esto es por lo que siempre lucharé por la causa de las
nacionalidades oprimidas en su combate por liberarse de la dominación del
Estado?. (Dolgoff, 1980, p.401) Por ?la nacionalidad... es un hecho
natural?, quiere decir no que la nacionalidad sea una cuestión biológica,
sino de que es creado principalmente por una historia social sin
planificación, sin propósito.

Otro argumento es que la autodeterminación nacional (liberación) es un
derecho democrático, y que los anarquistas no debieran estar ni por los
derechos democráticos, ni por la democracia. La democracia y sus derechos
fueron, después de todo, planteados como un arma por la clase capitalista,
en contra de los señores feudales. Sirven, y aún continúan sirviendo, como
mascarada para el dominio capitalista. También han sido planteados por los
leninistas (tanto por trotskistas como por estalinistas) como mascarada
para su dominio capitalista de Estado. Nuevamente, todo esto es cierto.

Pero sería desastroso para los anarquistas el posicionarse como
antidemocráticos. El anarquismo debe ser presentado como la más radical,
la más cabal y la más consistente forma de democracia. La democracia no
comenzó con el capitalismo. El mismo término viene de la Grecia clásica.
Se remonta a los concilios tribales de la humanidad temprana. Incluye la
lucha por la libertad de las revoluciones democrático-burguesas,
incluyendo las luchas más tardías de los abolicionistas [3]. Incluye la
esperanza de una democracia obrera.

El problema con el capitalismo (y con el leninismo) no es la democracia,
sino que la falta de democracia y de derechos democráticos. El capitalismo
ha traicionado sus propias promesas democráticas. Los anarquistas harán
realidad esas promesas: libertad de palabra y asociación; ninguna
discriminación sea racial, nacional o de género; tierra a los campesinos;
control popular de todas las instituciones, y libre determinación para
todas las naciones ?entre otras.


El internacionalismo es nuestro objetivo


Los internacionalistas dicen, ?¡los trabajadores no tienen patria!? y
?¡trabajadores del mundo, uníos!?. Pero la unidad internacional de la
clase trabajadora aún no es una realidad. Es una potencialidad, algo que
podría ocurrir. Y es un objetivo, algo que nos gustaría que ocurriera.
¿Cómo lograremos que esto ocurra? ¿Pediremos a los oprimidos que le bajen
el perfil a sus intereses en beneficio de una falsa unidad? ¿Pediremos a
la gente de color, a las mujeres o a las nacionalidades oprimidas que se
subordinen a los estratos acomodados de la clase trabajadora (o
aristocracia obrera) de los países imperialistas? ¿O buscaremos construir
la unidad de la clase obrera expresando mejor nuestra solidaridad con los
más oprimidos? No son los chiítas del Líbano quienes deben abandonar la
lucha, sino que los opresores de Israel, a quienes les demandamos
abandonar sus privilegios nacionales. Que los trabajadores de Israel cesen
de apoyar su supremacía nacional y a su ?Estado judío? ?entonces, los
trabajadores y campesinos del sur del Líbano podrán abandonar su necesaria
defensa de los agresores Sionistas.

La diferencia entre el poder global del imperialismo de los EEUU y de sus
socios menores, y las naciones débiles, pobres y oprimidas de Medio
Oriente y del resto del mundo, se ha hecho demasiado evidente como para
que el mundo no lo pueda ver. Se puede ver en las devastadas ciudades y
pueblos del Líbano, así como en las calles de Bagdad y otras ciudades
iraquíes, destrozadas por la guerra. Es absurdo dar el mismo trato a una
guerra entre los EEUU-Israel y el pueblo árabe, que a una guerra entre
Francia y Alemania, dos potencias imperialistas. En este último caso, los
trabajadores debieran oponerse a ambos bandos por igual. Muchos
anarquistas dan mal uso a la consigna ?Ninguna otra guerra que la guerra
de clases?. Esto se aplica a la guerra entre Estados imperialistas (como
en la Primera y Segunda Guerras Mundiales), pero no a la guerra entre un
Estado imperialista y un pueblo oprimido. Más bien diría ?Ninguna otra
guerra que no sea la justa guerra de los obreros y de los oprimidos?.

Como Piotr Kropotkin escribiera, ?El auténtico internacionalismo nunca
será obtenido, sino por la independencia de cada nacionalidad, pequeña o
grande, compacta o desunida ?tanto así como [la esencia] de la anarquía es
la independencia de cada individuo. Si decimos, no al gobierno del hombre
sobre el hombre, ¿cómo podemos permitir el gobierno de las naciones
conquistadas por las naciones conquistadoras?? (citado en Miller, 1976,
p.231)

Como estamos en solidaridad con una huelga a la vez que nos oponemos a la
burocracia sindical, de igual manera, debiéramos solidarizarnos con los
pueblos de las naciones oprimidas a la vez que nos oponemos a sus líderes
nacionalistas. El mundo es un lugar complejo, con muchas interconexiones y
sobreposiciones de sistemas de opresión. Necesitamos análisis concretos de
cada situación (por ejemplo, la situación en Québec es bastante diferente
de la de Irak). Las consignas no bastan. Necesitamos de esfuerzos más
sofisticados para expresar nuestras políticas.

WAYNE PRICE

Bibliografía

Dolgoff, Sam (editor y traductor) (1980) ?Bakunin on Anarchism?. Montreal,
Black Rose Books.
Miller, Martin (1976) ?Kropotkin?. Londres y Chicago, University of
Chicago Press.
Skirda, Alexander (2004) ?Nestor Makhno: Anarchy?s Cossack. The Struggle
for Free Soviets in the Ukraine, 1917-1921? Oakland, CA, AK Press.

Para mayores detalles ver http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=1016


[1] Mención a las teorías frecuentes en medios radicales de EEUU de que la
clase obrera no tiene igual potencial revolucionario que, por ejemplo, los
gays, los ecologistas, etc.
[2] Líder de la Nación del Islam en EEUU.
[3] Quienes se oponían a la esclavitud.
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