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(ca) [MEDIA ALT] La Otra Campaña toca la frontera entre México y EE.UU.

Date Thu, 26 Oct 2006 17:18:08 +0200 (CEST)


[de rojoynegro.info]
Marcos en Tijuana habla un poco en inglés, acerca de los muros: ?So, let?s
talk about walls?
La Otra Campaña toca la frontera entre México y EE.UU., donde llaman a los
indígenas ?migrantes? y las raíces de la gente se hacen cada vez más
profundas
Por Al Giordano / www.narconews.com/
Martes 24 de octubre del 2006.

El Otro Periodismo con La Otra Campaña en Baja California

MEXICALI, BAJA CALIFORNIA, MEXICO: Todos hablan acerca de cuántos millones
de mexicanos llegaron a los Estados Unidos. Baja California, en el lado
mexicano de la frontera, es donde se asentaron finalmente los millones que
fueron echados o se regresaron.


Con rumbo al norte en esta península, la tierra se transforma de un
?desierto? a zonas pobladas. A los lados de las calles hay tiendas y
restaurantes con nombres de los lugares de donde vino la gente...
Restaurante El Poblano, sin duda abierto por unos inmigrantes del estado
de Puebla... Llantería El Michoacano: alguien de Michoacán que arregla
llantas ponchadas... La tienda Acámbaro General, con el nombre de un
pueblo de Guanajuato... mujeres indígenas cruzan la carretera vestidas
con huipiles que revelan sus orígenes de Chiapas, Oaxaca, Guerrero,
Jalisco... Vienen de todas partes de México, donde el ?Libre Comercio?
mató las granjas familiares y otros trabajos dignos. Los antiguos
granjeros y trabajadores tuvieron que mudarse y buscar trabajo en otros
lugares. Imposibilitados de entrar a (o después de entrar, echados de)
los Estados Unidos, él y ella se establecieron aquí, al lado de la
frontera, en el lado mexicano.

Les llaman inmigrantes en su propio país. Trabajan turnos de 16 horas en
maquiladoras de Sony, Samsung, Nabisco, Kodak y otras empresas
extranjeras, las cuales les pagan 60 a 100 pesos (seis a diez dólares) por
día y donde, sin un poco de protección regulatoria, muchos perdieron sus
dedos o manos enteras - y algunos, hasta sus vidas - manejando peligrosas
máquinas de ?líneas de ensamble?. Trabajan de sol a sol, por menos
salario, cosechando tomates y otros cultivos para las grandes empresas
agrícolas.

Fuera de los centros urbanos de San Quintín y Ensenada, ellos viven en
viviendas hechas de bloques y chozas en calles sucias, sin alcantarillas y
otros servicios básicos. Aquí es particularmente evidente la gente del
estado de México mayoritariamente indígena: Oaxaca, un bastión de
represión y pobreza impulsado por el capitalismo: colonias enteras de
Triquis, Mixtecos, Zapotecos, Mixes y otra gente desplazada se reunifican
aquí, ya que se encuentran lejos de su tierra natal, como alguna vez los
italianos en EE.UU., se reunieron en ?Italia Chica?, y los chinos, quienes
todavía llegan a sus propios barrios. Trabajan arduamente en las mismas
duras labores que los mexicanos en los Estados Unidos. Aquí, también, se
encontraron con maltrato, discriminación, violencia y racismo por parte
del gobierno, la policía, los empresarios y los criminales que son
protegidos por ellos.

?Baja California,? concluyó el Subcomandante Marcos, después de escuchar
sus testimonios, es ...?el estado -de los 24 que hemos pasado- que peor
trataba a los indígenas?.

¿Cómo pueden aguantar los mexicanos el montón de privaciones y
discriminación que les imponen en los Estados Unidos? La verdad es que
muchos ya tenían mucha práctica antes de llegar: ya fueron maltratados
antes de que cruzaran. La perversa ironía de que los pueblos nativos de
América sean clasificados como extranjeros se ha impregnado hoy a las
reuniones de La Otra Campaña. El Subcomandante Marcos, en su papel de
Delegado Zero, escuchó a los Baja Californianos este Martes y Miércoles.
El Jueves tuvo una eufórica reunión con los mexicanos y chicanos en el
?Otro Lado?, quienes vinieron desde Los Ángeles y otras partes de los
Estados Unidos para tomar su posición en La Otra Campaña.

El Miércoles, escuchó dos veces (pues trabajan por turnos) de los
trabajadores de maquilas, quienes mantienen llenas las maquiladoras de los
EE.UU., Japón y otras empresas extranjeras de productos electrónicos,
alimenticios y otros, en el lado mexicano de la frontera, las cuales
explotan la mano de obra barata y sostienen la impunidad regulada (para
ver detalles de cómo más de 2 millones de trabajadores de maquilas viven y
trabajan a tiro de pelota de golf de California, Arizona, Nuevo México y
Texas, lee la próxima nota de Murielle Coppin).

Antes de la reunión del jueves con los del Otro Lado, ninguno de las
docenas de periodistas y militantes en organizaciones políticas, que
viajan con la caravana de la Otra Campaña, sabían qué iba a pasar: ¿Podría
ser que los vicios del activismo al estilo gringo -donde los hablantes
hablan, donde hay sectores que compiten entre ellos, en una jerarquía de
victimización, y donde más energía se dedica a decirles a otros lo que no
pueden hacer o decir, en lugar de ayudarse a ellos mismos para hacer lo
que pueden- se enfrentaran con la doctrina de ?escuchar primero? de la
Otra Campaña en México? Estos temores resultaron sin fundamento. La Raza
del Otro Lado, muy similar a los adherentes de Tijuana y del lado mexicano
de la frontera, resultaron ser de los mejor organizados y de los mejores
escuchas para sus diversos testimonios, que la mayoría de los que vimos y
escuchamos en el recorrido de La Otra Campaña hasta hoy. Los eventos en
Tijuana, de hecho, podrían marcar un nuevo modelo para la organización
local de la lucha en contra del sistema capitalista, que La Otra Campaña
fomenta. Otros movimientos en los Estados Unidos tienen mucho que aprender
escuchándolos a ellos, como ocurrió aquí el jueves.

Después de una silenciosa parada para dejar su firma -en orina- en la
cerca que separa Tijuana de San Isidro, California, el comandante militar
y portavoz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) llegó al
Centro de Tijuana en la mañana del Miércoles para asistir a dos días de
eventos en el cine Multi-Kulti (un teatro sin techo) sobre de la Avenida
Constitución, en medio de los bares turísticos, discotecas, farmacias de
bajo precio y bares ?topless? del Centro con letreros de neón. Tijuana, el
?Spring Break? permanente para los gringos, donde 300 prostitutas muy
jóvenes y maltratadas son mandadas afuera, en la noche, como maniquíes en
una cuadra de la ciudad, para que las miren los turistas varones: - ?¡Hey,
hombre! ¡Tittie Bar! ¿Qué quieres?? ¡Welcome to Tijuana! ¡Tequila! ¡Sexo!
¡Marihuana! Pero abajo de la fachada, aquí como en otros lugares, son los
trabajadores y padres, ancianos e hijos quienes limpian, construyen y
producen, en los dos lados del muro.

La palabra que ningún muro puede parar

El muro fronterizo, con un costo de siete mil millones de dólares, fue
aprobado el pasado mes por el Congreso de los Estados Unidos, aunque
todavía no han empezado a construirlo (una pregunta: ¿a quiénes van a
encontrar para construirlo?) ya lanzó una sombra sobre los dos países y
todos los aspectos de asuntos binacionales. La realidad es que ?El Muro?
ya existe, piel tras piel: cercas, equipaje de vigilancia de alta
tecnología, un ejército de patrulla fronteriza, inmigración, aduanas y
otros agentes, soldados y soldadas de la Guardia Nacional, el nuevo Ku
Klux Klan que se llama ?Minutemen? (pinches ignorantes, quienes no pueden
comprender que los Minutemen originales de Norteamérica de 1776, fueron
guerrilleros más similares a los insurgentes del Ejército Zapatista que
los guerreros mercenarios de fin de semana, que son una vergüenza
internacional), y que las fisuras culturales y políticas exacerbadas por
?el Muro? sólo se hacen más grandes que la vida antes de que este muro
exista.

Todo este dinero y esfuerzo para impedirles a los descendientes de los
americanos originales que caminen por donde sus ancestros viajaron
libremente, antes de que los otros, quienes en realidad fueron
inmigrantes, decidieran imponer una frontera aquí para mantener a los
nativos afuera.

Cuando cientos de mexicanos y chicanos, quienes viven y trabajan en los
EE.UU., cruzaron de regreso a México esta semana para reunirse con La Otra
Campaña, trajeron sus historias de otras barreras.

Representantes de la Unión del Barrio en Los Ángeles testimoniaron que,
?el sistema penal de los EE.UU. mantiene el capitalismo. Nosotros tenemos
muchos presos en el Otro Lado. Ellos tienen que ser parte de un movimiento
masivo juntos con nosotros.?

Desde Watsonville, California, vino una banda bien organizada, en
atractivos uniformes marrones (su organización se llama Las Boinas
Marrones) que conduce un ?Migra Watch? (Vigilante de la Migra) en sus
barrios, atacados por la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE) del
Departamento de Seguridad Nacional de los EE.UU. con frecuentes invasiones
cazando ?ilegales?. Ramiro, de esta organización, explicó a los
asambleístas: ?la pinche migra detuvo 24,000 en el último año. 6,800
fueron deportados. Dónde están encarcelados los otros 17,000??

Había voces de experiencia, como la de Graciela García, quien proveyó una
memoria histórica emocional de las batallas de los Trabajadores del Campo
Unidos y su líder César Chávez, en los años sesentas y setentas, luchando
por mejores condiciones de trabajo para los migrantes quienes ponen comida
en las mesas norteamericanas. Y ex-braceros, que testificaron las
privaciones y robos que ellos encontraron en el Otro Lado durante los
siete décadas pasadas. Pero la gran mayoría de quienes vinieron al sur, a
Tijuana, para esta reunión, eran jóvenes, cientos, quienes creen
ardientemente en ?otro camino de hacer política?: el camino zapatista.

Estudiantes de la Universidad de California de Los Ángeles y de la
Universidad del Estado de California, en Northridge, entre otras escuelas,
vinieron a Tijuana para decir que, como el sistema de educación superior
no habla de su historia bien o no habla completamente, tuvieron que
empezar a hacerlo ellos mismos. ?Promovemos cultura y la historia
verdadera,? dijo Juan Villalobos, quién, como varios otros pronunciaron su
palabra en Inglés. ?Las universidades comunitarias [en EE.UU., los
community college son universidades locales y económicas, muchas veces
enfocadas a la formación técnica] sólo sirven como un embudo para
canalizarnos al trabajo servil.?

Laura Palomares vino de California para dar testimonio de que los
estudiantes en el sistema de educación superior del estado de California
que no cuenten con un número de seguro social (es decir, que no son
ciudadanos de los EE.UU.), tienen que pagar 3 veces más por la
matriculación, que los estudiantes que son de otros estados (que a su vez
pagan más que los estudiantes provenientes de California). Ella insistió
en proponer una ley ahora ante la Asamblea del Estado (AB540) para
eliminar esta política discriminatoria. ?Es obvio que dinero es algo que
nosotros no tenemos,? ella explicó, ?y todavía quieren más dinero de
nosotros.?

María Federico y Consuelo Aguilar llegaron de Tucson, Arizona, donde
trabajan en las escuelas: ?Es el único distrito escolar en los Estados
Unidos que tiene estudios chicanos?, notó Maria. Y fue una de las muchas
donde los estudiantes se salieron de las clases, el último Primero de
Mayo, durante el Gran Boicot Norteamericano -la primera huelga general en
los Estados Unidos desde los años treinta-, en protesta contra las leyes
migratorias represivas.

Sandino Gómez, también de las Boinas Marrones, habló de cómo la guerra en
Iraq toca más fuerte a los jóvenes chicanos. ?Hay más reclutadores
militares que consejeros académicos en nuestra área,? notó.

Patricia Nuño

Los compañeros Nelson y Mario, del Instituto de Educación Popular,
explicaron las vidas difíciles de los jornaleros quienes esperan en las
esquinas cada mañana desde California a la isla de Nueva York, para que
los contratistas los empleen en ese mismo momento para hacer
construcciones, para cosechar u otro trabajo manual. ?Los jornaleros
esperan en condiciones de aburrimiento,? dijo Patricia Nuño de la
organización Internacional de Trabajadores del Mundo (IWW o los Wobblies,
el ?Gran Sindicato Único? de los años veinte y treinta, nacido otra vez en
el siglo 21 en América). ?No tienen comida, ni agua, y son molestados por
la policía. Tienen que aguantar todo.? Agregó con dignidad: ?Soy la hija
de un jornalero.?

Muchos muros, vistos y no vistos

Una madre sin pareja del Otro Lado platicó: ?Tengo que estar en casa,
cuidando a mis hijos. Muchas gracias; no nos pagan por esto. Aquí, en este
encuentro, también están las mujeres cocinando. Por favor agradézcanles.?

Otras mujeres hablaron de enfrentarse con el machismo y el sexismo dentro
de sus comunidades y también en movimientos políticos. ?Ser feminista no
es nada en contra de hombres,? dijo la compañera, Rosalba. Otra, Alicia,
habló de la violencia doméstica. ?El problema peor es de las víctimas sin
defensa, los niños son testigos de la violencia de sus papás en contra de
sus mamás.?

Representantes de un sector de La Otra Campaña que está aumentando, que
lucha bajo la bandera de ?Otros Amores? testificaron sobre la
discriminación en que ellos se encuentran. ?Las lesbianas son nombradas
gringada y los hombres homosexuales, joto-maricones... ¡Ya basta con la
discriminación!? Un Chicano heterosexual leyó una carta de Ángel Cruz, un
oaxaqueño en el Otro Lado, diciendo ?Soy un homosexual queer... y soy
zapatista.?

Los granjeros de la Granja del Surcentro en Los Ángeles vinieron y
explicaron su historia: fueron echados por la policia a principios de este
año. Después, por transmisión en vivo, otros que no pudieron cruzar la
frontera de regreso a México sin poner sus vidas en riesgo. Quienes
trabajan en el norte hablaron directamente al Delgado Zero y a los
asambleístas, sobre reclutadores militares que amenazan con deportación a
los chicanos jóvenes, si no se inscriben en las Fuerzas Armadas de los
Estados Unidos; sobre los ataques violentos por parte de los
ignorantemente nombrados ?Minutemen?; sobre el porcentaje muy alto de
suicidios entre homosexuales chicanos jóvenes, y sobre cómo la falta de
respeto a los homosexuales y lesbianas se extiende a los ?movimientos que
se dicen progresistas?; sobre cómo las comunidades de inmigrantes
frecuentemente tienen que vivir a lo largo de los tiraderos de basura y
otros lugares de alta contaminación y peligro, y de cómo la angustia de
?ser ilegal? suma estrés y tensiones nerviosas sobre otros problemas de
salud; sobre la lucha para aprender a vivir colectivamente en una sociedad
que no ofrece ninguna referencia para esto; sobre leyes y propuestas
reales que niegan alquilar vivienda a quienes no tengan un número de
Seguro Social...

?El muro?... dijo Marcos, sumando todos estos testimonios y más, ...no
sólo es ?esa pared que se supone que está dividiendo un país de otro.? Los
muros se ponen, dijo, en contra de los chicanos, en contra de los que
hablan en ?espanglish?, en contra de mujeres, homosexuales, lesbianas,
ancianos, hijos... ?Resulta que de todos esos muros, no todos vienen de
arriba: muchos los estamos poniendo nosotros?.

Hablando de las lecciones aprendidas por los indígenas zapatistas de
Chiapas de otros perseguidos por ser diferentes, dijo: ?no es cierto que
hay hombre y mujer, hay otras cosas. No es cierto que hay norteamericanos
y mexicanos, hay otras cosas?.

Recordando que varios oradores durante el día se referían a ellos mismos
diciendo ?soy chaparrita?, mientras ponían el micrófono más abajo para
poder hablar, Marcos recordó a la comandanta zapatista Ramona, quien murió
el ultimo 6 de enero cuando La Otra Campaña empezó. Una mujer indígena de
las tierras altas de Chiapas, que hablaba Tzotzil: ?a Ramona pues le
hubiéramos tenido que poner una silla para que alcanzara... Fue capaz de
dirigir lo que nos dio a conocer al mundo, porque es la toma de San
Cristóbal la que nos da a conocer al mundo... Y entonces, nosotros
poníamos este ejemplo: la explotación, la represión, la discriminación y
el despojo como trabajador, como mujer, como indígena, como indocumentado,
como chicano, como joven, como dark, punk, anarquista, libertario, como le
quieran llamar, y aparte como lesbiana, vamos poniendo un muro, y otro, y
otro, y otro, hasta que empezamos a arrinconar a alguien que es un ser
humano igual que cualquiera y, además, está dispuesto a pelear junto con
nosotros.?

La Otra Campaña, remarcó, no reconoce el muro a lo largo de la frontera
internacional. Los adherentes del Otro Lado ?no son parte del
Intergaláctico?, dijo, ?son parte de la Otra Campaña de México?.

Y así, La Otra Campaña zapatista, organizada en 31 estados y en el
Distrito Federal de la Cuidad de México, oficialmente recibió a los
adherentes del Otro Lado; no como visitantes, sino como parte de la ?otra
cosa? en construcción. La rebelión nacional en contra del sistema
económico capitalista ha cruzado la frontera donde ha cultivado sus
raíces, en todas partes. La rebelión vive, trabaja y se organiza en
territorios que según los mapas oficiales están dentro de los Estados
Unidos. Y juzgando por la energía, creatividad, innovación, consciencia y
espíritu de los de La Otra Campaña en el Otro Lado, quienes tomaron su
lugar a lo largo de todas las organizaciones e individuos mexicanos
adherentes este jueves, el horizonte político en los Estados Unidos ha
hecho un cambio paradigmático también. El zapatismo, como nunca antes, ha
cruzado la frontera. Los muros no tienen poder para detenerlo.





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