A - I n f o s
a multi-lingual news service by, for, and about anarchists **

News in all languages
Last 40 posts (Homepage) Last two weeks' posts

The last 100 posts, according to language
Castellano_ Deutsch_ Nederlands_ English_ Français_ Italiano_ Polski_ Português_ Russkyi_ Suomi_ Svenska_ Türkçe_ The.Supplement
First few lines of all posts of last 24 hours || of past 30 days | of 2002 | of 2003 | of 2004 | of 2005 | of 2006

Syndication Of A-Infos - including RDF | How to Syndicate A-Infos
Subscribe to the a-infos newsgroups
{Info on A-Infos}

(ca) Tiempos precarios; Análisis sobre la precariedad laboral y vital. ]

Date Tue, 21 Mar 2006 20:03:31 +0100 (CET)



[de rojoynegro.info]
Manuel Cañada.
Martes 21 de marzo del 2006.

?La vida, la salud, el amor son precarios, ¿porqué el trabajo no habría de
serlo?? Laurence Parisot, presidenta del Movimiento de Empresas de Francia
(MEDEF)

?Fuera de la actualidad se encuentran los que no son el día: los vencidos,
los extravagantes, los proletarios?. Hoy la condición obrera se encuentra
aun más fuera de la actualidad que cuando Miguel Espinosa escribiese estas
palabras en su amarga novela ?La fea burguesía?.


TIEMPOS PRECARIOS

Hoy el mundo del trabajo está sumergido, invisibilizado incluso
semánticamente: es curioso, por ejemplo, que incluso organizaciones
?filantrópicas? como Amnistía Internacional o Greenpeace hayan adoptado la
misma musiquilla de ocultación y dispongan de flamantes ?departamentos de
recursos humanos?. El trabajo humano, en cuanto recurso, dejó de ser
sujeto social y ?pasó a ser organizado por la empresa-capital y la
sociedad-economía?1.

Se trata aquí, por tanto, de hablar de lo innombrable y contribuir al
paciente trabajo de desocultación. Se trata de escaparnos de la telaraña
locuaz, del ruido dominante que esconde nuestras vidas.

BUSCAR TRABAJO HOY

?Mujer ecuatoriana trabajadora y responsable se ofrece para trabajar por
horas en cuidado de niños, cuidado de ancianos, limpieza, plancha o cocina
española sencilla. Experiencia y referencias demostrables?

En Madrid anuncios como éste pueden encontrarse en una marquesina de
autobuses, en un supermercado, o en una tienda de fotocopias. Hoy el
trabajo puede buscarse en cualquier sitio. En cualquier sitio menos,
obviamente, en una oficina del INEM. Al INEM se va, con los dedos cruzados
y encomendándose a la fortuna, a solicitar la prestación o el subsidio de
desempleo o por razones de fuerza mayor, pero de ninguna manera a algo que
tenga que ver con encontrar trabajo.

La selva que se inaugurara oficialmente con la reforma laboral del año 94,
legalizando las ETT y las agencias privadas de colocación, está ya
densamente poblada. Sanguijuelas grandes y pequeñas, pirañas de todos los
colores, buitres de todos los tamaños. Y se ha producido y se está
produciendo una hibridación, una combinación de formas diversas de
depredación laboral que parece no tener fin.

Uno se puede encontrar con ejemplares transgénicos, productos de la
mutación e ingeniería laboral, como el siguiente: para trabajar de
reponedor, primero vas a una ONG (primer despacho y primera entrevista)
que pasa sus datos a una empresa que se dedica a ?gestionar? mano de obra
(segundo despacho y segunda entrevista), que a su vez intermedia con la
subcontrata (tercer despacho, tercera entrevista y con suerte destino
definitivo) que se encarga de la reposición de mercancías en la gran
superficie comercial correspondiente (cuarta empresa o mejor dicho ente
celestial, principio y fin de la Creación e inaccesible por definición
para el mortal aspirante a reponedor).

Un ejército desarmado de precarios recorre incansable, de una punta a la
otra, las grandes ciudades pertrechados de currículum y sonrisas
telefónicas. O rellenan formularios en los que las empresas traficantes de
trabajadores, como es el caso del Grupo Avanza-Recursos Humanos, incluyen,
bajo el epígrafe ?Referencias profesionales y personales (imprescindible
cumplimentarlo)?, la pregunta sobre las empresas anteriores en las que el
solicitante de empleo estuvo y el motivo del cese. Está mucho más cerca de
lo que imaginamos (si no lo estamos ya, en este brutal retorno a la
prehistoria del movimiento obrero) aquello que contara Edward P. Thompson
en La formación de la clase obrera en Inglaterra: ?Se estableció un pacto
entre los patronos y uno de sus primeros artículos fue que ningún amo
debía emplear a un hombre hasta que hubiese averiguado si su último
patrono le había despedido?2.

Orientadores de empleo, orientadores sociolaborales, monitores,
integradores, mediadores, gabinetes psicopedagógicos, trabajadores y
educadores sociales, una división de trabajadores, precarios en su gran
mayoría, que compone la floreciente ?industria de lo social?, se encarga
de explicarle a otros tan o más precarios la ?importancia del currículum?.
?Tienes que saber venderte? repiten, muchos, con palabras insensatas la
papilla culpabilizadora fabricada en la batidora del poder.

Las empresas mientras tanto van refinando sus procedimientos de selección.
La entrevista colectiva es uno de ellos, con sus preguntas desconcertantes
para cada uno de los integrantes del grupo ?¿Cómo te ves dentro de 10
años??. Aunque las empresas más innovadoras han incorporado el original
método del curso de formación-selección, o sea 2 o 3 días ?formándote?
gratis, y siendo observado previamente a la realización del ansiado
contrato. Y todo esto no para trabajar de directivo, como los
protagonistas de El Método, sino para ganar la friolera de 600 o 700 euros
mensuales.

Las dinámicas de grupo han hecho furor entre los procedimientos de
selección. ¿Quién dijo que las empresas eran retrógradas o jerárquicas?.
Ahora se lleva mucho la técnica participativa. Sobre todo profesionales
precarios del gremio educativo se encargan de trasladar a las empresas
todo el potencial horizontal y participativo incubado en los movimientos
de renovación pedagógica o en los movimientos sociales alternativos.
Inteligencia emocional, participación y ?horizontalidad?.... al servicio
de la competencia entre los parados-precarios y el darwinismo empresarial.
Las empresas de la guerra capturando y deglutiendo las creaciones y los
aprendizajes del movimiento contra la guerra...

Otra invención notable es el ?teléfono del candidato? que han fabulado, en
su inagotable creatividad, sobre todo las grandes empresas como por
ejemplo Atento. Si no te llaman y te inquieta que no te llamen, hazlo tú.
Allí la empresa, sin que siquiera un encargado se manche la voz, te
comunicará, a través de otro trabajador, casi con toda seguridad precario,
que ?no has superado el proceso de selección?.

El diccionario nos indica que traficar es sinónimo de comerciar. Y el
etimológico de Corominas encuentra su origen en ?transficare? (manosear).
Pues bien, las prácticas de selección y contratación hoy vigentes y
dominantes en lo que respecta al menos a parados y precarios pueden
denominarse, sin exageración alguna, de tráfico de trabajadores. Tráfico,
en su doble sentido, de comerciar y también de manosear.

Interrumpamos ya la muestra de prácticas ?imaginativas? de las empresas y
avancemos una primera conclusión. La ?gestión? de recursos humanos o del
?mercado de trabajo? no es un dato más, un simple episodio de la
dominación del capital sobre el trabajo. Con demasiada frecuencia los
sindicalistas oficiales y ?la izquierda? sustituyen el análisis por la
contabilidad, la comprensión global por el economicismo, las relaciones
sociales por la estadística.

?El proceso de producción capitalista se presenta como proceso de
apropiación capitalista de la fuerza de trabajo: que ya no es simple
compra de esta mercancía, sino reducción de su naturaleza particular bajo
el dominio propio; no será nunca más acto de intercambio individual, sino
proceso de violencia social; no solo explotación sino control de la
explotación?3. Mario Tronti identifica la naturaleza de ?esa mercancía
peculiar que es la fuerza de trabajo? y el nervio que cualifica la
relación obrero-capital: violencia, control, poder en definitiva.

La externalización, la subcontratación, la flexibilidad, la precariedad
laborales no son simplemente las consecuencias procesales de la producción
flexible. Son, en primer lugar, un instrumento de dominio y de
planificación del dominio sobre la clase obrera. El ?uso capitalista de la
clase obrera?, prácticamente a conveniencia en este momento histórico,
expresa en un espejo invertido la radical ausencia de poder social por
parte de los trabajadores.

¿MERCADO DE TRABAJO O DE TRABAJADORES?

?Ved aquí el mocerío. A ver ¿quién compra este de pocos años, de la tierra
del pan, de buen riñón, de mano sobria para la siega; este otro, de la
tierra del vino, algo coplero, de tan corta talla y tan fuerte brazo, el
que más rinde en el trajín del acarreo? ¡Cosa regalada!

Claudio Rodríguez: ?La contrata de mozos?

Agucemos el oído. Escucharemos hablar a trabajadores ?mondos y lirondos?
con naturalidad pasmosa de ?el mercado?. El mercado, como una fuerza
telúrica, ineluctable, sagrada. El mercado como un dios regulador de
haciendas y vidas. Y el mercado de trabajo como otra parcela más del gran
latifundio de los hados.

En la sociedad capitalista ?el trabajador queda rebajado a mercancía, a la
más miserable de todas las mercancías?4. En el capitalismo, el trabajo,
como plasmara vigorosamente Marx, ?no sólo produce mercancías, se produce
también a sí mismo y al obrero como mercancía?. Esta certeza, que
constituía un conocimiento acumulado por los obreros a través de la
historia y transmitido generacionalmente, ha sido arrumbada en los últimos
años. Hoy es fácil encontrarse a licenciados universitarios que, a pesar
de tener que malvivir durante años como teleoperadores, se abonan al ?mito
de la transitoriedad?5 y a la ficción de la libertad de trabajo.

Frente al autismo de quienes se enrolan (e intentan enrolar a los demás)
en el engaño de la ?democratización? del mercado de trabajo, hay que
volver al principio, a las certidumbres elementales. ?Aquí no hay derecho
al trabajo sino permiso de trabajo por parte de los empresarios; el
derecho del empresario a obtener plusvalía tiene más fuerza que el derecho
al trabajo y a un salario digno de todos los trabajadores?6.

El problema no es que ?el mercado de trabajo funcione mal?, sino que el
trabajo mismo constituya un mercado. Salirse de ?la calandria dominante?
es una condición indispensable siquiera para imaginar una sociedad
distinta en la que el trabajo se libere del yugo del salario y de la
alienación, y se atreva a preguntarse ?qué, para qué y con qué
consecuencias se produce?7.


LA NATURALIZACIÓN DE LA PRECARIEDAD

Vivir en ascuas. Vivir en la permanente vulnerabilidad, en la adaptación
continua, en la ansiedad sistemática. Vivir en el presente perpetuo, en la
desmemoria histórica, en el narcisismo tramposo del consumo. Así nos
quieren, así nos tienen.

El poder fabrica nociones funcionales al totalitarismo de mercado que va
imponiendo. Educación permanente, formación continua, sociedad del
conocimiento, calidad total, empleabilidad... La adaptabilidad se
convierte en una ?virtud teologal?8 al servicio del capitalismo flexible,
de la producción especializada, de la multiplicación milagrosa de las
mercancías.

Mentalidad precaria y sumisa: a su creación se han dedicado en la última
década. Han conseguido normalizar, naturalizar la incertidumbre. Han
conseguido que seamos incapaces de pensar otro mundo, de luchar por otro
estado de cosas. Nos han hecho esclavos de nuestros contratos por renovar,
de nuestras hipotecas eternas. Y todo ello mientras comprábamos su
imaginario: han logrado que confundamos nuestro progreso con la expansión
de sus grandes superficies comerciales, nuestra autonomía personal con sus
negocios telefónicos o bancarios, nuestras derrotas con sus victorias.

Al fin acabamos aprendiendo en nuestros cuerpos magullados lo que
significaba la palabra flexibilidad que invocaban continuamente. Supimos
que flexibilidad tenía infinitos sinónimos: contrato basura, subcontrata,
movilidad, accidente laboral, despido, individualismo...

Precariedad y competencia se funden en un solo cuerpo, se hacen
indistinguibles. El poder moviliza todos sus instrumentos de reproducción
ideológica y cultural para afianzar los nuevos ?paradigmas?: educar para
la precariedad y para la competencia se convierte en uno de sus objetivos
fundamentales. En la Universidad las empresas se introducen con fuerza,
seleccionando y fidelizando a la clase dirigente del futuro, la que tendrá
que hacer frente a las consecuencias (y convulsiones) de la sociedad
precaria ?madura?. En los concursos de televisión se aprenden las reglas
básicas del todos contra todos: importancia de la doblez y de la delación,
necesidad de una estrategia competitiva, lógica de
el-ganador-se-lo-lleva-todo; y las empresas no tienen demasiadas
dificultades al introducir sus mecanismos de división, de incentivos y
negociación individuales. ?Adquirir experiencia laboral equivale a imitar
a Ulises, hacerse astuto, doctorarse en razón instrumental, endurecerse
frente al fracaso del otro. La ruptura con el ?nosotros? es una prueba de
madurez emocional?9. El psiquiatra Guillermo Rendueles ha analizado
lúcidamente las transformaciones que se producen en esta situación de
posesión del trabajador por el mercado. El yo oportunista se afirma para
sobrevivir en el caos mercantil.

?Ya sabes, aquí comes o te comen?: todos los pececitos de la precariedad
repitiendo las metáforas de los tiburones, participando de los juegos
suicidas de la selección natural diseñados en sus casinos, en sus clubes
de golf, en sus residencias de campo.

Ser explotado no garantiza la conciencia de serlo, ni de sentirse
explotado. ?El sentimiento de explotación, que constituía uno de los
motores de la identidad obrera, sigue vigente. Pero se vive ahora de modo
individual, sin conexión con la colectividad?10. El poder consigue que
desaparezca de la subjetividad obrera cualquier vestigio de clase. Son
mayoría los precarios que se sienten ?clase media?, que alejan su
autoidentificación de cualquier referencia que huela a obrero o sueñan
incluso con el éxito individual del pequeño jefe.

La identidad obrera, como afirman Beaud y Piafoux, queda desestabilizada,
es arrinconada como un trasto viejo y conflictivo. Los contestatarios
molestan: los que plantan cara son ?piantes?, protestones, ?están todo el
día quejándose?.

El poder consigue eliminar el rastro del conflicto. Y el lenguaje de ellos
y el nuestro va reflejando ese blanqueo de la explotación, esa
adulteración de la realidad. Los empresarios ahora ya no son tales, sino
emprendedores. Ahora ya no te despiden, se te termina el contrato. Y las
representaciones discursivas de la precariedad adoptan las metáforas de
los juegos de azar (golpe de fortuna, suerte, ganar-perder, valía
personal, nómadas..)11. La fuerza del destino retorna de su estado
histórico durmiente para legitimar el capitalismo global.

A menudo hemos idealizado el nomadismo de este nuevo proletariado: nómadas
que protagonizan el éxodo de la Ciudad de las Mercancías... Pero ¿qué
éxodo es posible en estas condiciones? ¿Hacia donde? Llamamos nómadas
voluntarios a los que no son sino condenados a la trayectoria errática, a
la biografía rota, al yo maleable. Y nuestra hipótesis, deseosa de hallar
sujetos antagonistas, no es sino una mala réplica del viejo cliché:
la?crítica artista? de mayo del 68 12. Pero el poder demostró ya
sobradamente que es capaz de incorporar e incluso de ingerir como nueva
vitamina la crítica artista: los cachorros de la revolución del 68, que
cambiaron los adoquines de la barricada por los adosados de Majadahonda,
convirtieron la incertidumbre bohemia en precariedad sistemática, la
crítica a la cadena de montaje en carrusel espectacular de las mercancías.
Pero la explotación y el miedo siguen ahí, el saqueo de las vidas
precarias continúa, y ni todos los videoclip del mundo son capaces de
cerrar esa herida latente. El descubrimiento de la impotencia personal y
colectiva se ?resuelve? en la clínica del psicólogo. ?El nuevo fantasma
que recorre Europa no tiene un mundo nuevo en su corazón sino una
enfermedad del alma que ha sido bautizada en el ámbito anglosajón como
mobbing (en castellano, acoso moral).... El mobbing es la caricatura del
malestar laboral tradicional, un absurdo relato psiquiatrizado de las
formas clásicas de fatiga o estrés laboral una vez descontextualizadas y
expurgadas de su relación con la estructura de clases?13.

El Marx corrosivo afirmaba que la Economía Política consideraba al obrero
?como un caballo cualquiera que debe ganar lo suficiente para poder
trabajar. No lo considera en sus momentos de descanso como hombre, sino
que deja este cuidado a la justicia, a los médicos, a la religión, a los
cuadros estadísticos, a la policía y al alguacil de pobres?. Y en nuestros
días habría que añadir a la nómina de vigilantes de nuestro descanso al
menos, a la televisión, a la publicidad y a las nuevas generaciones de
alguaciles de pobres, y de entre ellos la legión de los psi..

Enfrentémonos a la precariedad soportando las verdades, sin épicas
postizas. Pero siendo capaces al mismo tiempo de eludir el riesgo del
nihilismo, el peligro del ?no se puede hacer nada?. El precariado no es
una simple bola de billar del capital. No es sólo sujeto paciente, sujeto
doliente. ?El sujeto es al mismo tiempo producto y productivo, constituido
en y constitutivo de las vastas redes del trabajo social?14. Rastrear las
huellas de una conciencia de la precariedad, recorrer ?el camino que va de
la clase respecto del capital a la clase para si misma?15, encontrar las
pequeñas veredas donde se produce e hibrida una subjetividad
revolucionaria. Resistir, convencidos de que?el trabajo vivo es una
simiente que yace a la espera bajo la nieve?.


LA GRAN TRANSFORMACIÓN

Globalización, neoliberalismo, posfordismo, categorías-tentativas de
interpretación de la Gran Transformación. Nos aproximamos intentando
ponerle nombre a nuestro marasmo, a la derrota, al aplastamiento de las
clases populares, a los posibles reagrupamientos para volver a una lucha
que no sea simple rutina de supervivientes.

Se ha producido un prolongado golpe de estado contra el trabajo vivo,
contra la inteligencia colectiva, del que la guerra de Irak (y las que
vienen) no son sino el intento de reproducción del dominio por otros
medios. Una subversión de las clases parasitarias para embridar el
potencial explosivo que suponen la simple posibilidad de reapropiación
colectiva de los productos de la cooperación humana (la biogenética o la
revolución tecnológica, por ejemplo), la conciencia de colapso ecológico
producido por el capitalismo o la repugnancia de los pueblos colonizados
frente al pertinaz imperialismo.

?La más superficial mirada del ser social muestra la indisoluble
articulación entre sus categorías decisivas, tales como las de trabajo,
lenguaje, cooperación y división del trabajo?16. El capitalismo cierra el
círculo de subordinación de esas capacidades humanas. Algunos autores,
tratando de explicitar, la nueva calidad del régimen de dominación afirman
que ?el capitalismo global funciona como un proyecto lingüístico?. Otros,
como Marco Revelli, apuntan a ?una nueva sumisión de cualidades
genéricamente humanas a la lógica de la empresa?. La plusvalía absoluta,
la subsunción de la sociedad en el capital de la que hablase Marx pasa de
tendencia a tangibilidad histórica.

Es ahí, en ese proyecto totalitario del capitalismo, donde podemos
interpretar la precariedad del trabajo y de las vidas. En la globalización
capitalista todo el trabajo tiende a la precariedad. La globalización es
una política de clase que busca una subordinación permanente del trabajo
vivo y la deconstrucción del trabajo como sujeto social. La
deslocalización, la externalización o la calidad total son algunas de las
excrecencias, las palabras que forman la ?lírica? embellecedora de esta
voluntad de poder del capital. En este sentido podríamos decir que ?el
telemárketing no es un sector económico sino una estrategia empresarial
concreta de precarización y flexibilización de grandes segmentos de la
fuerza de trabajo a través de la externalización?17.

En la globalización todo el trabajo deviene potencialmente precario. El
capital, al menos durante algunas décadas (el límite temporal de la
desruralización del que habla Wallerstein), puede seguir hallando nichos
laborales más precarios que los anteriores con la única frontera material
de garantizar las necesidades de reproducción de la fuerza de trabajo.

Así nos encontramos que mientras la lógica asalariada del trabajo sigue
siendo un dogma incuestionable sin embargo se produce una descualificación
creciente del mismo. El nuevo voluntariado, por ejemplo, ?crecería a la
sombra de la precariedad?. ?No es casual que la ?explosión? del
voluntariado se solape en su inicio con una crisis del mercado laboral?18.
El capital consigue incluso convertir ?el altruismo? en una punta de lanza
más de la precarización del trabajo, ataviada en este caso con los retales
retóricos de la ?economía social y solidaria? que apenas alcanza a tapar
sus desnudeces.

Otro ejemplo revelador de la capacidad del sistema social imperante para
subordinar todas las facetas de la vida y las iniciativas de cambio social
a la lógica precarizadora es lo que ocurre con la crisis de los cuidados.
?La crisis de los cuidados no se convierte en un desencadenante para
exigir un modelo de organización social que priorice las necesidades de
las personas, sino que se está convirtiendo en un motor de generación de
más precariedad?19.

Los precarios son precarizados y precarizan a su vez también. En ?la
precariedad se entrecruzan numerosos ejes de poder: la clase y el género,
pero también la etnia y el país de origen o de residencia, entre otros?.
Pero el poder exalta las políticas de identidad consiguiendo al mismo
tiempo segmentos específicos de mercado y competidores entre sí por las
migajas de seguridad laboral y social. La superposición de identidades se
convierte en política comercial y en estrategia de división de clase,
simultáneamente.

Los jóvenes, sin testigo de lucha, desconfían del movimiento obrero
clásico que ?ya no parece proporcionar una esperanza colectiva y que,
incluso, parece encerrarles en un mundo viejo, en el que las palabras
sociales ya no aferran realidad?20. Los inmigrantes sufren el turbio
racismo de otros obreros ?nativos? agarrotados por el fantasma y el riesgo
de la subproletarización. Todos contra todos en este baile de máscaras de
las identidades múltiples de la posmodernidad.

El consentimiento de la precarización creciente no es producto solo ni
fundamentalmente de la ?seducción del espíritu del nuevo capitalismo?,
sino el resultado de un entramado complejo de violencia económica, social,
simbólica y cultural.

La precariedad, la condición social obrera, puede sacudirse la opresión e
interpretar el deseo general de la emancipación humana. La verdad
universal es enteramente subjetiva, unilateral como se encargan de
recordarnos Zizek y Badiou. El surgimiento singular de la verdad de la
barbarie contemporánea puede incubarse en los sujetos precarios: el
movimiento antiglobalización y contra la guerra fue en su inicio,
precisamente, una primera tentativa de expresión.

Sólo en la ternura y el coraje de los desposeídos, que retratase
magistralmente Charlie Chaplin, se encuentra la esperanza de otro mundo .

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

?Los límites epistemológicos de los análisis sobre el trabajo?, de Lina
Gavira. Sociología del Trabajo número 34.

Obra esencial, de ?Edward P. Thompson?. Editorial Crítica.

Obreros y capital, de Mario Tronti. Editorial Akal.

Manuscritos de Economía y Filosofía, de Karl Marx. Editorial Alianza.

El telemárketing en España, de Angel Luis Lara. Sociología del Trabajo
número 49.

El empleo precario, de Andrés Bilbao. Introducción del CAES. Editorial Los
Libros de la Catarata.

Manifiesto contra el trabajo, del Grupo Krisis. Editorial Virus.

Más allá del siglo XX, de Marco Revelli. El Viejo Topo.

Egolatría, de Guillermo Rendueles. Publicado en www.rebelion.org

?A vueltas con la condición obrera?, de Stephane Beaud y Michel Pialoux,
en Sociología del Trabajo, número 52.

Representaciones discursivas de la precariedad, de Ana María Rivas Rivas.
Publicado en Jornadas de Economía Crítica. http://www.ucm.es/info/ec/

El nuevo espíritu del capitalismo, de Boltanski y Chiapello. Editorial Akal.

Guillermo Rendueles, obra citada.

El trabajo de Dionisos, de Antonio Negri y Michael Hardt. Editorial Akal.

Historia y consciencia de clase, de Georg Lukács. Editorial Grijalbo.

Ontología del ser social, de Georg Lukács. Editorial Herramienta.

Angel Luis Lara, obra citada.

Voluntariado y precariedad, de Ángel Zurdo Alaguero, en Sociología del
Trabajo número 52.

La crisis de los cuidados: precariedad a flor de piel, de Sira del Río, en
Rescoldos número 9.

Obreros sin clase social de Stephane Beaud y Michel Pialoux. Trabajadores
precarios, de Rafael Díaz-Salazar. Ediciones HOAC.

manuel cañada
algarabia2005(at)yahoo.es


_______________________________________________
A-infos-ca mailing list
A-infos-ca@ainfos.ca
http://ainfos.ca/cgi-bin/mailman/listinfo/a-infos-ca


A-Infos Information Center