A - I n f o s
a multi-lingual news service by, for, and about anarchists **

News in all languages
Last 40 posts (Homepage) Last two weeks' posts

The last 100 posts, according to language
Castellano_ Deutsch_ Nederlands_ English_ Français_ Italiano_ Polski_ Português_ Russkyi_ Suomi_ Svenska_ Türkçe_ The.Supplement
First few lines of all posts of last 24 hours || of past 30 days | of 2002 | of 2003 | of 2004 | of 2005 | of 2006

Syndication Of A-Infos - including RDF | How to Syndicate A-Infos
Subscribe to the a-infos newsgroups
{Info on A-Infos}

(ca) Ricardo Mella sobre anarquismo y organización

Date Sat, 24 Jun 2006 16:48:20 +0200 (CEST)



[Rescatamos esta vigorosa defensa del Anarquismo social, organizador y
revolucionario, por lo que tiene de actual, conservando toda su vigencia]

ORGANIZACIÓN

Una exagerada desconfianza ha producido entre los elementos anarquistas la
preocupación de que todo procedimiento orgánico es pernicioso a la causa
que defendemos. La afirmación de la libre iniciativa ha venido a
formularse como rotunda negativa del principio de asociación y aun como su
contrario. En consecuencia se ha señalado una división de ideas y de
procedimientos que, en nuestro entender, no tienen justificación lógica
alguna. Trataremos de demostrar nuestra tesis.

El principio de asociación, lejos de ser opuesto al de libre iniciativa,
es precisamente su consecuencia y complemento necesario. A un individuo se
le ocurre una idea feliz y trata de ponerla en práctica. Si puede
realizarla sin ajeno concurso, no buscará seguramente una cooperación que
no necesita, pero en la mayor parte de los casos ocurrirá lo contrario, es
decir, que para traducir en hechos una idea cualquiera, será necesario el
concurso de varias actividades, de distintas fuerzas, de elementos
diversos. Es muy
reducido el número de acciones que puede ejecutarse por el individuo
aislado. En todo trabajo se halla siempre o casi siempre un resultado
colectivo, aunque en principio tenga carácter individual, porque
comúnmente uno es el que inicia, varios los que ejecutan. Pasa con esto lo
mismo que con la división y la integración del trabajo, que son dos
órdenes de hechos que no se excluyen, sino que se complementan.
Y es por esto verdaderamente extraño ver a los defensores del trabajo y de
la vida común, a los que quieren la solidaridad completa entre los
humanos, sostener el absurdo de un individualismo absoluto, de un
aislamiento cerrado en cuanto se refiere a nuestra acción revolucionaria
frente al orden de cosas existentes. ¿Acaso se diferencia en algo nuestra
labor que pudiéramos llamar de partido del trabajo en general? ¿No es
aplicable a aquélla todo principio que sea cierto para éste? La edición de
un periódico, de un folleto, de un libro; la celebración de reuniones de
propaganda; la acción común contra el adversario, son cosas que demandan
trabajo colectivo, asociación de fuerzas, combinación de elementos. La
iniciativa personal de cualquiera de estas empresas, supone
inmediatamente la reunión o sumas de actividades para realizarlas.

Bien sabemos lo que se nos contestará. "No negamos esos principios, lo que
negamos es la necesidad de que la organización tenga carácter permanente
porque con dicho carácter nacerá siempre de la asociación la autoridad, la
rutina, el abandono de la propia libertad?.

Y sin embargo, la edición de un periódico, la acción constante del
anarquismo sobre la masa general son empresas de carácter permanente que
demandan asociación, no de momento, sino constante y persistente. ¿Cómo
conciliar estos extremos?

Naturalmente no sería necesaria semejante conciliación si no hubiera de
por medio algo de sofisma. El sofisma consiste en afirmar que de la
asociación u organización permanente nace siempre la autoridad. Siempre
no. Puede nacer alguna vez, como del hecho de andar se origina el de que
tropecemos y caigamos. Aquí la cuestión se reduce a saber si por el temor
de caernos vamos a permanecer constantemente inmóviles. El buen sentido
nos dice que lo natural es que cuidemos de que nuestros movimientos sean
adecuados y lo suficientemente firmes para que hagan poco posibles las
caídas.

La organización de las fuerzas anarquistas está en este caso. Hay que
reunir elementos, sumar fuerzas, acumular actividades. ¿Cómo, sin que haya
de temerse una irrupción del principio de autoridad?

Es natural que si nos organizamos conforme a las ideas corrientes y a los
hábitos adquiridos no sólo nacerá de nuestra organización el principio de
autoridad sino que ella misma será autoritaria. Mas si nos asociamos
conforme a nuestro método, y la anarquía no es en último análisis, como ha
dicho Malatesta, más que un método, es indudable que esta organización no
será autoritaria, y que si alguna vez surge de ella la autoridad, será más
bien por los vicios de los hombres que por los de la organización misma,
si ésta en lo fundamental y en los detalles se ajusta al ideal anarquista.
¿Y habremos de mantenernos aislados por una remota posibilidad de
autoritarismo? Sería como si por miedo a naufragar, no nos embarcásemos.

Hay que llegar a un punto dado; es preciso tomar una dirección; y para
tomar esta dirección y llegar a aquel punto, necesario es que nos movamos,
que andemos. ¿Será un peligro que vayamos juntos?

Lo sería si mediase reglamentación o imposición. No lo será si juntos
vamos voluntariamente aun cuando sea de la manera más permanente posible;
pues la permanencia, si es voluntaria, no supone jamás ni reglamentación
ni imposición. Una organización permanente de las fuerzas anarquistas no
es, por tanto, autoritaria en cuanto es voluntaria. ¿Destruye esto o no el
sofisma de los que no quieren organización permanente, o de los que con
más franqueza se pronuncian contra toda clase de organización?

Los grupos anarquistas voluntaria y libremente se organizan; voluntaria y
libremente persisten organizados, sin que por ello reaparezca el principio
de autoridad. Los grupos entre sí podrían inteligenciarse, asociarse,
federarse libre y voluntariamente también. ¿Por qué no hacer lo segundo y
combatir lo primero? Afortunadamente los hechos demuestran que el buen
sentido de nuestros compañeros va por recto camino. A pesar de ese
individualismo incomprensible que tanto se propaga, las corrientes de
asociación se imponen y se siguen en todas partes. Perseguidos y
encarcelados muchos compañeros, desparramados otros por todos los países,
sin mantener relación alguna con sus compañeros de emigración, vigilados y
asediados por agentes provocadores, no siempre seguros de que entre el
número de los que llamamos compañeros no haya un policía, se hace sentir
de una manera imperiosa la necesidad de inteligenciarnos y conocernos, de
organizarnos, en fin, para la común solidaridad, y para la lucha. La obra
se ha empezado ya. Los anarquistas españoles, federados están en su mayor
parte; existen en Italia y Francia federaciones locales y comarcales de
las fuerzas anárquicas; los italianos emigrados en Inglaterra han iniciado
la idea de una Federación anarquista que los ponga a salvo de las
asechanzas policiacas y en todas partes se hacen plausibles esfuerzos por
llegar a la unión voluntaria de todos los compañeros.

Podrá esta tendencia envolver algún peligro. Porque todo lo que hacemos en
un medio social que nos es contrario lo envuelve necesariamente, pero en
cambio la tendencia opuesta ha matado nuestras mejores iniciativas y ha
anulado a muchos y activos compañeros. Con la propaganda del
individualismo intransigente se han echado los cimientos de una pésima
educación anarquista. No pocos han aprendido a no hacer nada que a ellos
mismos no se les haya ocurrido, y se ha hecho general un ridículo prurito
por singularizarse a troche y moche. Se ha abandonado el cuidado de educar
a las masas y encaminarlas a la revolución, dejando que los socialistas de
Estado las manejen a su sabor. Y, en fin, como dije en otra ocasión,
aquella propaganda ha hecho que muchos traduzcan el ?haz lo que quieras?
por ?haz lo contrario de lo que hagan los demás?.

Tengan en cuenta nuestros amigos que no se educa y enseña al pueblo con
discursos solamente; que poco o nada aprende con algunos hechos de
protesta que aisladamente se producen de vez en cuando; que pesa mucho en
todos la educación recibida y que para desarraigar los vicios del
autoritarismo y hacer anarquistas conscientes, es preciso que al lado de
la teoría vaya la práctica, y si aquélla se da en periódicos, libros y
discursos, esta otra sólo puede darse en las agrupaciones obreras, pues
que, seguramente, permaneciendo cada uno en su casa nada se hará.

La buena voluntad de nuestros amigos debe ponerse toda en juego, para
llegar cuanto antes a la inteligencia común. Dejen a un lado
preocupaciones y temores pueriles y piensen que el movimiento se demuestra
andando. Una organización anarquista no sólo es posible sino también
necesaria y deseable. Sumémonos y venceremos.

Ricardo Mella en el nº 160 de ?El Corsario?, periódico anarquista de La
Coruña, 23 de julio de 1893
_______________________________________________
A-infos-ca mailing list
A-infos-ca@ainfos.ca
http://ainfos.ca/cgi-bin/mailman/listinfo/a-infos-ca


A-Infos Information Center