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(ca) Nota 70 años España en El Deber

Date Fri, 21 Jul 2006 23:34:18 +0200 (CEST)


NOTICIAS Internacional

Autogestión contra dictadura Historia.
El 17 de julio de 1936, el Gral. Francisco Franco encabezó un
levantamiento armado contra la democracia española, que acabó en una
guerra civil de 3 años, que aniquiló las incipientes autonomías

Revolución. Trabajadores y campesinos colectivizaron la tierra y la
industria, y establecieron consejos paralelos
Abraham Ender.

Mueran los intelectuales, viva la muerte, vociferaba fuera de sí, uno de
los referentes del franquismo, José Millan de Astray y Terreros, frente a
uno de los intelectuales de primer orden y rector de la Universidad de
Salamanca, Miguel de Unamuno, cuando en un celebérrimo discurso, el 12 de
octubre de ese 1936, el filósofo vasco, que había admirado a sus alumnos
falangistas y colaborado económicamente con su causa, al comprender los
horrores del franquismo, se pronuncia en contra de esa ?enfermedad mental
colectiva; una epidemia de locura". Y es que al estallar la contienda,
poco importaba que se tratara de un hermano; si alguien estaba en el otro
bando, era completamente deshumanizado. Esa noción de deshumanización del
enemigo que aplicara el franquismo, la vamos a volver a encontrar en la
guerra entre la URSS y la Alemania nazi y luego en Kosovo. Pero, ¿dónde,
por qué y cómo, había dado inicio esta "enfermedad mental colectiva"?
Tras la crisis de la restauración monárquica y el fracaso de la dictadura
encabezada por Primo de Rivera, diezmada por la eclosión de la demanda
autonómica de varias regiones y la extrema pobreza; en 1931 una alianza
entre republicanos liberales y socialistas, van a devenir en la 2ª.
República. Los aires democráticos significaron más que una cuestión
política: todos los sectores de la vida y sobre todo, la cultura, las
artes y la educación, verán un renacimiento, inaudito durante la
restauración. La división entre ?monárquicos y republicanos? va a tener
correlatos en el arte, entre realistas y surrealistas, donde todo el
espectro político de ribetes autoritarios, desde falangistas pasando por
comunistas y sectores socialistas, se alinearán en el realismo. La CNT
anarquista, el sindicato más poderoso de España, era quien se
identificaba con las vanguardias artísticas. Todo este conjunto, generó
un clima de intolerancia extrema que, sumado a las ineptitudes del
gobierno, trajo un malestar social y político de todos los sectores. Fue
cuando los anarquistas comenzaron a intuir que era mejor prepararse para
autogestionar la economía y la vida social del país a seguir confiando o
confrontando a un Estado que se estaba haciendo añicos. Pero la
Restauración, también trabajaba. Y comenzó a conspirar contra la
democracia. En el fondo, el enfrentamiento era entre restauración y
modernidad o, expuesto de otro modo, entre el atraso secular de los
conservadores y las nuevas ideas sociales. Para los restauradores,
Londres fue el gran centro donde la aristocracia financiera española
organizó la sedición, su entramado financiero y puso a Francisco Franco,
un oscuro militar destinado en Canarias, a la cabeza. Uno de los
miembros más activos en Londres fue Juan March, un antiguo contrabandista
convertido en director del monopolio del tabaco durante el reinado de
Alfonso XIII y hombre de confianza de capitalistas ingleses, franceses,
italianos y alemanes. También residían allí, desde los inicios del
Gobierno republicano, un grupo de aristócratas y monárquicos
autoexiliados, entre ellos, el célebre ingeniero Juan de la Cierva,
inventor del helicóptero, que fue el encargado de las compras de armas
para Franco. Para que esa maniobra pudiera realizarse fue clave la
traición a la República de su embajador Julio López Oliván. Utilizando las
reservas que la agencia londinense del Banco de España tenía depositadas
en el Westminster Bank, Oliván financió la compra de armas. Oliván no
sería único ni excepcional, la mayoría de los embajadores españoles
traicionaron a la República y se convirtieron en activos agentes de los
golpistas; esto, aunque desde 1931 la comunidad internacional había
prohibido la venta de armas a España, embargo que sí sufrió la República.
Además de armas, era indispensable la provisión de combustibles. El
monopolio estatal Campsa, había quedado bajo el control de los
republicanos, sin embargo, Juan Antonio Alvarez Alonso, ex-directivo de
Campsa y partidario de Franco, estableció contacto con el presidente de
Texaco, el pronazi Thorkild Rieber. Sólo Texaco, ofreció un total de
1.886.000 toneladas de crudo a Franco, a crédito y sin fecha de pago, esto
sin mencionar a Shell, Standard Oil, Socony y la Compañía Refinadora
Atlántica. Sin estas entregas, las campañas de Franco habrían tenido que
detenerse a los pocos días, pues en aquella época también Alemania e
Italia dependían de las empresas angloamericanas para el abastecimiento de
carburante. Los intereses mineros, fueron otro de los factores que
hicieron que Hitler y Mussolini, pusieran los ojos en España, tejiendo una
red de negocios, basada en el conglomerado del acero y la banca alemana
formada por la Siemens, Krupp y la poderosa IG Farbenindustrie. Alrededor
de 350 empresas alemanas radicadas en España se dispusieron a colaborar
con los franquistas. El 2 de julio de 1937, a través de un protocolo
secreto, Franco se comprometió a otorgar al Reich un trato preferencial en
la explotación minera española, una vez finalizada la guerra. De ese modo
Hitler se aseguraba recursos indispensables para su guerra, a la vez que
privaba de los mismos a su oponente británico. La decisiva ayuda militar
alemana y la alianza de Franco con Hitler y Mussolini, permitieron que la
débil asonada, cuyo destino hubiera sido el fracaso, se transformara en un
verdadero golpe de Estado, máxime, cuando el ejército republicano no
contaba con tropas ni armas suficientes. Para entender el fenómeno de la
autogestión económica, social y cultural, que se desató en España, debemos
comprender que se desarrolló en el contexto de un conflicto bélico: la
sublevación militar de Franco que, convenida para aplacar un inminente
estallido social y las autonomías nacientes, acabó por detonarlo;
trasladando el escenario desde lo social hacia lo bélico, con 200.000
partidarios y soldados de la República muertos y 38.000 del lado
franquista. En este caso la Autogestión fue una respuesta contundente
frente a la muerte que proponía el fascismo de Franco; contra el hambre y
la miseria de la República y frente al colapso de la economía durante el
período de ?entre guerras? . Bastan algunos testimonios directos, para
entender cómo funcionó esta verdadera ?obra de ingeniería social?; esa
Revolución Autogestionaria que enfrentó, durante tres años, a los
ejércitos franquista, fascista italiano y al alemán y su aviación.
Escribe el periodista Burnett Bollotten en su libro El Gran Engaño: "? el
gobierno de la República poseía el poder nominal, pero no el poder
efectivo, porque éste se encontraba disperso en incontables fragmentos y
desparramado en millares de pueblos y ciudades entre los comités
autogestionarios que habían instituido el dominio de la gente sobre
correos y telégrafos, sobre las estaciones radiodifusoras, centrales
telefónicas, organizando hasta escuadrones de policía, que en los hechos
se había disuelto o apoyaba al golpe nazi-fascista; e incluso los
tribunales, las patrullas de carreteras y de frontera, el servicio de
transporte público y abastecimiento, y se autogestionó unidades de
milicianos para los frentes de batalla?" Jacobo Magud fue director de
?Tierra y Libertad?, órgano de las colectividades campesinas: "Cuando
estalló la sublevación franquista, se produjo el abandono de los
industriales, latifundistas y grandes propietarios; es decir, la economía
prácticamente sufrió un colapso y el espíritu de acción llevó a que los
mismos trabajadores tomaran en sus manos la economía. En todas partes se
fue a la toma de posesión de los lugares de trabajo, de las fábricas, de
los campos y no respondió a ningún plan previo?". Felipe Bayo era miembro
de las Juventudes Libertarias y pasó los tres años de la guerra, como
Comisario de Compañía en las trincheras: "Los trabajadores estaban
organizados en federaciones por industrias; entonces estudiaban el proceso
económico de la producción; dónde estaba la materia prima; el costo de
producción; el valor del producto en el mercado (?) los trabajadores
estaban preparados para encarar el proceso de transformación de la
economía y no tenían necesidad de ir a escuchar a ningún jefe político;
ellos de las barricadas se iban a la industria a transformarla, sin que
nadie se lo dijera. Pero la más constructiva de todas fue Valencia, los
grandes naranjales; era el jardín de España y aquello estaba todo
autogestionado, tenían hasta acuerdos de exportación con Francia; una
organización toda autogestionada; hasta los transportes?" Vale la pena
volver a Magud para comprender los alcances que tuvo la Autogestión
durante la Revolución española: "En Cataluña se creó una industria de
guerra de la nada, porque no se tenía nada. Tuvo que implementarse una
industria de guerra y empezar a fabricar todo, desde municiones hasta
motores para avión, como lo hicieron en la ?Hispano-Suiza", una obra
maravillosa realizada por los propios trabajadores anarquistas de
Cataluña?". Tras la victoria del franquismo, los ánimos, lejos de
aplacarse, se exacerbaron; los crímenes políticos se sucedieron por dos
décadas y el ahora Generalísimo se iba a mantener casi 40 años en el
poder. A nadie importó que tras la caída de Hitler, el antiguo aliado
español continuara en el poder. Un poder que sólo iba a dejar con su
muerte, en 1975. Curiosamente, el retorno de España a la democracia
plena, desempolvó la España que había quedado detenida en 1939: la de las
libertades en el arte y las vanguardias artísticas, en el pensamiento, en
la cultura, en los libros que se podían leer y en las ideas que ahora se
podían pensar otra vez, el largometraje Asignatura Pendiente de José
Sacrtistán. Desde 1980, un aluvión de estatutos de autonomías regionales,
transformó el centralismo franquista y madridista en un desarrollo de
fortalezas más equilibrado entre las regiones. Pero quizá, lo único
rescatable de aquella siniestra contienda, sea la milagrosa autogestión
desarrollada por los españoles, tal como la había alabado el propio George
Orwell (ver Cataluña 1937); esa experiencia autogestionaria que funcionó y
tan bien en toda la España republicana, que sólo la casi totalidad del
aparato nazifascista europeo (incluido el pacto nazi-soviético), luego de
tres años de guerra, pudo aniquilarlo. Todo ante la impávida mirada de
EEUU, Francia e Inglaterra que sólo meses después derramarían ?sangre,
sudor y lágrimas? frente al mismo enemigo. Una postal desde Cataluña
Por primera vez en mi vida me encontraba en una ciudad donde la gente
llevaba las riendas. Mozos y vendedores miraban al cliente cara a cara y
lo trataban como a un igual... Las formas serviles y ceremoniosas habían
desaparecido... En todo esto había mucho que yo no comprendía y que, en
cierto sentido, incluso no me gustaba, pero reconocí de inmediato la
existencia de un estado de cosas por el que valía la pena luchar... además
se vivía el clima aciago de la guerra. La ciudad tenía un aspecto
desordenado y triste... la mayoría de las tiendas estaban casi vacías y
mal arregladas. La carne escaseaba y la leche prácticamente había
desaparecido, faltaba carbón, azúcar y gasolina y el pan era casi
inexistente. En ese período, las filas para conseguir pan tenían cientos
de metros de largo. Sin embargo, hasta ese momento la gente se mantenía
contenta y esperanzada. No había desocupación y el costo de vida era
extremadamente bajo... no se veía ningún mendigo... Por encima de todo
existía fe en el futuro y en la autogestión; un sentimiento de haber
ingresado, de golpe, en una era de libertad. Los seres humanos trataban de
comportarse como seres humanos... Geoge Orwell (Cataluña, 1937)
TRAICIÓN
El Partido Comunista y la URSS
* En todos estos años mucho se ha escrito acerca de la traición del
Partido Comunista Español y de la Unión Soviética de Stalin a la República
española y, fundamentalmente, por su sorda guerra contra los anarquistas,
la fuerza obrera más poderosa de España en aquel momento.


* Ha sido comprobado por innumerables historiadores, no sólo que arsenales
enteros y sin uso se hallaron en locales del Partido Comunista; armas que
nunca entregaron a quienes peleaban en el frente, sino que imponían en las
tropas a sus propios militares, que ni siquiera conocían la geografía ni
la orografía española.

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