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(ca) [Argentina] Organízate y Lucha n° 3: ANARQUISMO, LUCHA SOCIAL Y CORRELACIÓN DE FUERZAS
Date
Wed, 11 Jan 2006 21:37:32 +0100 (CET)
Por Horacio
Hace poco volví a escuchar aquella reflexión tan popular que dice que
?somos más, siempre seremos más, así que a la corta o a la larga vamos a
vencer?. El definir con quién contamos para destruir la sociedad de
clases y quién será el que, más o menos explícitamente, intentará
impedirlo es un punto fundamental para plantear correctamente nuestras
prácticas en el camino de la revolución social y la anarquía.
La historia ha demostrado que todas las tendencias políticas que plantean
resolver las diferencias sociales por la vía de las imposiciones desde
arriba, es decir a partir de la toma del aparato estatal, no han dado por
resultado más que reformas parciales mínimas (rápidamente revocables) o
la represión más burda y en todas sus formas. Partidos de izquierda,
centro y derecha, más allá de las diferencias que puedan presentar cuando
se visten de progresismo desde la oposición, son todos firmes defensores
del estado y, de este modo, de las instituciones represivas (ejército,
policía, etc.), de la educación única y dogmática, de las estructuras
verticales y de la centralización económica y política
necesariamente explotadora y autoritaria. En este sentido aunque alguien
cuente hoy con ellos para algo más que para obtener un pequeño avance en
alguna reivindicación, debe ser conciente de que, cuando alguna
insurrección amenace con generalizarse, van a ser los primeros en intentar
reconducir a las masas a su tranquilidad habitual, ya sea ofreciendo algún
analgésico social mínimo (ofreciéndose como mediadores o delegados
primero, luego imponiéndose como directores) o, si aún así no pueden
calmar a las masas, por la fuerza y el terror. Esto se aplica tanto a la
Rusia de Lenin, Trotsky y Stalin, a los socialdemócratas escandinavos, al
Irak de Hussein, a los EEUU de Bush y a la Argentina de Kirchner. Es
decir, a toda sociedad controlada y dirigida por una minoría, lo cual es
imposible sin un aparato represor que sostenga las diferencias arbitrarias
que naturalmente imponga. Es desde aquí y no desde la oposición nominativa
de ?socialista? / capitalista desde donde debe analizarse el lugar de las
organizaciones en la lucha social.
Descartados los políticos, muy extraño parece poder esperar algo de l@s
directamente beneficiad@s por el sistema capitalista. ¿Cómo puede el
esclavista pelear contra la esclavitud? Evidentemente sólo peleando
contra él mismo (¡a muerte si es posible!) o abandonando esta
contradicción, es decir abandonando sus privilegios y poniéndose a la par
de l@s que luchan sin esperar más ventajas o contemplaciones que aquellas
con las que sus compañer@s puedan contar. Los llamados de ?unidad
nacional contra el imperialismo?, en cambio, reúnen a esclavistas y
esclav@s locales contra esclavistas y esclav@s extranjeros. Diferenciados
por las fronteras impuestas por el poder, esclav@s de ambos bandos sirven
de carne de cañón a sus am@s, que disputan a través de ell@s intereses
propios o simplemente arreglan mancomunadamente pequeñas fisuras del
sistema a través del enfrentamiento mismo. Es a través de este tipo de
ideas (como la de ?unidad nacional?) que se llega a absurdos como el de
pensar que la Contra Cumbre de Mar del Plata se enfrentó de alguna manera
al sistema capitalista (¡si los burgueses presentes fueron los más
aplaudidos!).
Luego quedan las diferenciaciones que parten del lugar que los individuos,
como clase, ocupan hoy en la estructura social. De este modo pueden
diferenciarse con mayor o menor precisión, en el terreno económico, las
siguientes oposiciones: patronal / clase obrera, burguesía / proletariado,
explotadores / explotados, etc. Menos a menudo y en un sentido más amplio,
considerando otros factores de presión de un sector social sobre el otro o
incluso de individuo sobre individuo, se hace la distinción entre bloque
dominante / clases populares y opresores / oprimidos. Estas oposiciones
son planteadas como delimitación más o menos rígida de los campos que se
enfrentan, conciente o inconscientemente, en la lucha de clases.
El determinismo económico que sostiene que el capitalismo se caerá por sí
mismo a causa del peso que ejerce sobre los explotados, señalando incluso
al sector social que guiará necesariamente al resto por el camino de su
emancipación (la clase obrera y sobre todo la industrial), ha demostrado
adolecer de toda certeza, como cualquier dogma cerrado, totalizante y con
pretensiones de profecía. Así, la clase obrera que a fines del siglo XIX y
principios del XX peleaba por emanciparse del yugo del trabajo
confrontando a menudo con la burguesía, rechazando la mediación del estado
y, por tanto, recurriendo a la acción directa, hoy se moviliza (salvo
alguna rara excepción) sólo por reivindicaciones sumamente parciales y
corporativas, detrás de sus representantes (ahora poco diferenciables de
la patronal) y a la búsqueda de hacer más soportable su esclavitud. Un
amplio sector de l@s asalariad@s, conciente del privilegio que le da la
seguridad de una entrada mensual de dinero a su casa en una sociedad que
mantiene a la mitad de sus integrantes por debajo de la línea de la
pobreza, adhiere a la mentalidad policial promovida por la burguesía, que
pone la seguridad del status quo por sobre cualquier idea de cambio social
que ponga en peligro sus miserables privilegios. Y si no observemos ¿qué
queda de las ?viejas? ideas antijerárquicas y antiestatistas en el grueso
sector asalariado de los estatales?
Lo mismo ocurre con l@s oprimid@s. La falacia del estado benefactor, de
las garantías constitucionales y la esperanza del buen gobierno han hecho
estragos en las individualidades que nunca terminan de descubrir las
múltiples formas de alienación que le ofrece el sistema para enfrentarlo
seriamente. La educación estatal y privada ha contribuido a formar
autómatas que defienden férreamente los ideales burgueses aún al borde de
la muerte por inanición o cumpliendo la peor de las condenas en prisión.
Los modelos de los medios y la propaganda acentúan la enajenación y, si
todo esto falla, aún queda la represión de las fuerzas armadas y del mismo
vecino para frenar, calumniar y dispersar a los pocos rebeldes que
quedan. De este modo, los sectores más empobrecidos se encuentran
atomizados casi hasta el enfrentamiento o la indiferencia individual
mientras que l@s poderos@s (tanto en lo cultural, como en lo político y lo
económico) ostentan organizaciones firmes, dinámicas, e inescrupulosas
para el mantenimiento de las clases y el privilegio. Y así podemos
entender que si bien, como decíamos al principio, l@s pobres y l@s
oprimid@s necesariamente son siempre más (que en esto se basa el
capitalismo y las estructura social vertical), no lo es que esta
diferencia cuantitativa garantice ningún avance hacia ninguna victoria
final contra la sociedad de clases (ni siquiera, como se ve en las
estadísticas, que esta diferencia garantice un achicamiento en la brecha
existente entre las clases altas y las más bajas).
La diferencia hay que buscarla entonces, fundamentalmente, en la
conciencia social del individuo y, a partir de allí, en las relaciones
sociales de que toma parte. El obrero pobre que reclama mano dura, le pega
a la mujer o discrimina al homosexual no es en ningún sentido más
compañero que el clase media que entiende la necesidad de la destrucción
del poder en todas sus formas para construir una verdadera sociedad de
libres e iguales. Es que, si en general se nos hace fácil señalar al
autoritario que gobierna algún país en otro continente, muchas veces no
nos hacemos cargo del que vive en nuestra casa y, si es muy fácil atacar
con piedras o pintura los símbolos de poder más evidentes, no es tan fácil
derribar el sostén económico e ideológico del poder dentro de nuestra
propia mente incluso. Como sabían l@s anarquistas hace ya más de un siglo,
la lucha final no será de clase contra clase sino entre libertarios* y
autoritarios. Al ver como necesaria la conciencia antiautoritaria para la
concreción de la revolución social como la entendemos, siempre hemos
buscado la educación de la sociedad (nosotr@s incluid@s) para la libertad
y la igualdad. Y es en el contexto del desarrollo actual de esta lucha de
ideas fuerza** (autoritarias / libertarias) donde podemos intentar tener
una idea aproximada de si somos ?más? o ?menos? que el enemigo, de las
fuerzas reales con las que contamos, de la simpatía y el apoyo social que
pueden esperar nuestras ideas y prácticas, etc.
Como ya decía Malatesta las masas en general son conservadoras de lo
existente. Sólo en ciertos momentos poco predecibles el espíritu
insurreccional se expande lo suficiente como para dar lugar a un estallido
social. Dependerá de la expansión y la madurez que las ideas y las
prácticas anarquistas y antiautoritarias en general hayan alcanzado la
dirección que la insurrección pueda tomar. Si la sociedad es recuperada
por la misma estructura social (como ocurrió con la insurrección del 19 y
20 del 2001), si rompe con lo existente pero se deja imponer nuevas formas
jerárquicas que mantengan los privilegios y la miseria, o si mediante la
asociación libre se aventura a construir una nueva sociedad de abajo a
arriba, basada en la horizontalidad, la autogestión y el apoyo mutuo.
Después de todo si en cada un@ de nosostr@s hay un opresor en potencia,
del mismo modo hay un rebelde que odia la opresión y la explotación en que
vive. Solo falta que más gente entienda que la libertad de uno es
imposible sin la libertad de los demás, y que comience paulatinamente a
poner en práctica esta conciencia en cada espacio cada día...
* Y uso esta palabra en el ?viejo? sentido de antiestatista ,
anticapitalista y antiautoritario, sin el sesgo filo marxista y reformista
que algun@s le fueron dando desde la segunda mitad del siglo XX.
** Esto entendiendo que sí hay manifestaciones absolutas de autoritarismo,
como ser estados (y organizaciones interestatales), las coordinaciones de
la explotación (OMC, UIA, etc.), las instituciones eclesiásticas, los
partidos políticos (que prácticamente no están para otra cosa más que para
disputar espacios de poder sobre las personas), etc., donde el
autoritarismo de muchos individuos se encarna y se potencia para intentar
oprimir al resto (y aún a sí mismos) en beneficio de un@s poc@s.
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