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(ca) [Haití] Las elecciones en Ayití: el fraude democráti co para validar a los golpistas y macoutes en el poder (2ª Parte)

Date Mon, 2 Jan 2006 05:45:36 +0100 (CET)



Democracia, ¿Cuál democracia?

?(los reformistas) necesitan la movilización popular cuando son atacados,
pero una vez que se han sacudido a los macoutes de sus espaldas, se alían
con la burguesía para bloquear cualquier cambio más profundo. Siempre
dirán que no es con tal de bloquearte. Te dicen que no eres realista, que
eres extremista, que eres purista. Te tienen toda clase de nombres. Pero
cuando los macoutes les vuelven a penar, rápidamente lloran por socorro?

(Fritz, militante popular durante la rebelión antiduvalierista)[1]

Durante el desarrollo de este artículo he hablado de democracia ?formal? o
?burguesa?. Esto, porque me quiero referir a la democracia en el sentido
estrictamente formal, como el acto de elegir administradores del Estado,
que es un instrumento de represión burgués. En este sentido, no se puede
perder de perspectiva que Haití ha tenido momentos de democracia ?formal?
en momentos excepcionales de su historia[2] ?en la mayoría de los países
latinoamericanos, la democracia formal, ha sido el instrumento normal de
dominación de clase. En Ayití, el mecanismo tradicional ha sido la
autocracia y la dictadura abierta, cuando no, la intervención y ocupación
extranjera[3]. En esa perspectiva, ciertamente, la presencia de
movimientos de raigambre democrática, no deja de inquietar a una
oligarquía acostumbrada siempre al más férreo control, temerosa de que
cualquier ablandamiento en su tradicional y absoluta potestad sobre la
sociedad haitiana, pueda servir de válvula por donde se libere la presión
contenida en siglos de opresión.

Además, utilizo democracia en su acepción formal (vale decir, burguesa),
porque creo que es primordial desmentir la mitología que Francia, EEUU, la
oligarquía haitiana, el imperialismo y la burguesía en general, han
inventado en torno a Aristide, retratándolo como un autócrata o un
dictador. Tal mitología es completamente carente de sentido, no tiene
asidero alguno en la realidad, y su único objetivo es justificar de alguna
u otra manera al golpismo en Haití. Con la calumnia, pretenden lavar el
rostro a la barbarie. Estas mentiras son deplorables, juegan en favor de
la oligarquía y como tales, deben ser desmentidas y combatidas en base a
los hechos y a la verdad. Hacer tal cosa, es el deber de todo
revolucionario que quiera esclarecer honestamente los sucesos en Haití. No
significa, en nuestro caso, predicar las bondades del
democratismo-burgués[4]. Tal ha sido nuestro principal objetivo en los
anteriores artículos[5], oponernos a la avalancha de falacias en torno a
FL que inundó a la prensa internacional.

Aclarado este punto, es necesario entrar en materia sobre la naturaleza
del reformismo democrático en Haití, que en lo sustancial, difiere de los
movimientos democráticos o progresistas de otras partes de Latinoamérica
por el hecho de que en Ayití el autoritarismo de la oligarquía ha sido
llevado al paroxismo[6]. No sólo esta oligarquía no está dispuesta a ceder
un ápice de su control y mira con recelo reformas que puedan servir como
grietas en una represa, para concluir en un desbordamiento popular;
además, es perfectamente comprensible el encanto que un movimiento
genuinamente democrático-burgués pueda causar en las masas populares,
desacostumbradas a las más básicas libertades cívicas y que han
sobrellevado, rutinariamente, toda suerte de violaciones a los más
elementales derechos humanos durante siglos[7].

Los movimientos populares en Ayití, han luchado por reformas completamente
moderadas y por derechos básicos, que en otras latitudes son de sentido
común. Esta lucha, además, ha estado inscrita en un proyecto de
implementación de una democracia formal plena. Lo que el movimiento
Lavalas ha propuesto como programa político, no tiene nada de
revolucionario de por sí: son los derechos que cualquier ciudadano en la
mayoría de los países del mundo da por sentado. Lo que ha dado radicalidad
a Lavalas, es la enconada oposición de las clases dominantes a cualquier
tipo de apertura democrática. En este contexto, las reivindicaciones de FL
parecen ser de carácter revolucionario.

En general, la lucha por reformas en países tan deformes política y
económicamente como Haití, asume características de lucha revolucionaria.
Esto, que en general es cierto para muchos de los sectores más
empobrecidos, dependientes y deprimidos de América Latina, es doblemente
cierto en esta pequeña nación caribeña.

La historia, demuestra que las experiencias reformistas han sido duramente
golpeadas por la burguesía y el imperialismo, quienes en ningún momento
han respetado las ?reglas del juego?. Estas experiencias han partido
asumiendo la neutralidad del aparato Estatal (en muchos casos, incluido el
Ejército); la posibilidad de lograr reformas significativas por una vía
pacífica y respetando las reglas del juego de la clase dominante; que la
burguesía va a respetar los avances populares, y en el juego político, no
va a hacer ?trampa?; que las reformas serán sustentables en el tiempo y
que se solucionarán armónicamente las contradicciones que generen con las
estructuras económicas y políticas de la dependencia. Todos estos
presupuestos han sido demostrados como ingenuos en repetidas ocasiones por
la misma práctica. Esto debiera ser más claro en Haití que en ningún otro
rincón de nuestra América Morena.

Si la lucha que se va a dar es tan dura y plantea la necesidad de asumir
connotaciones revolucionarias, al enfrentar la oposición de la clase
dominante y de la institucionalidad burguesa, es necesario, por tanto,
definir si los objetivos que se persiguen son dignos del sacrificio que se
realizará en pos de ellos. Si la lucha por un programa mínimo implica el
mismo esfuerzo que por el programa máximo, es necesario redefinir no sólo
los mecanismos y las tácticas, sino también los objetivos que se
persiguen. El reformismo, como un primer paso gradual hacia
transformaciones más de fondo, en esta perspectiva, se vuelve superfluo y
paralizador.

Es más; al asumir la lucha por los cambios sociales como una lucha
necesariamente revolucionaria, las tácticas forzosamente tendrán un efecto
sobre el programa político, el cual consecuentemente deberá asumir un
carácter revolucionario.

En este punto, los movimientos populares que buscan el cambio social,
deben tomar una decisión: reformismo o vía revolucionaria, democracia
burguesa, o democracia directa y popular. No hay aquí espacios para medias
tintas. El insistir en el reformismo burgués, el confinar la experiencia
de cambio y la razón popular a los moldes de la institucionalidad
burguesa, significa arrojarse a pelear con el tiburón en el mar, en su
ambiente natural. Y la respuesta burguesa al reformismo ha sido siempre
implacable. Como lo afirmaba trágicamente Miguel Enríquez frente a la
experiencia chilena de la Unidad Popular (1970-1973) y al Golpe criminal
de Pinochet, ?en Chile no ha fracasado la izquierda, ni el socialismo, ni
la revolución, ni los trabajadores. En Chile, ha finalizado trágicamente
una ilusión reformista de modificar estructuras socioeconómicas y hacer
revoluciones con la pasividad y el consentimiento de los afectados: las
clases dominantes? (octubre de 1973)[8].

De la misma manera, el insistir en limitadas reformas al sistema
democrático-burgués, teniendo en cuenta que sólo pueden ser aseguradas
mediante una lucha de carácter revolucionario se muestra como una tozudez;
llegado al momento de jugarse el todo por el todo, hay que plantear los
objetivos finales del movimiento en los términos definitivos: guerra a la
concentración de riqueza y de poder político, al dominio de clases. Pero
el reformismo se vuelve un obstáculo para el pueblo al que dice
representar, cuando en momentos en que se requiere pasar a la ofensiva, y
defender revolucionariamente las conquistas, éste necesariamente entrega
la iniciativa a la oligarquía para mantenerse en el plano de la
institucionalidad. Pero como dice el popular proverbio haitiano,
Konstitisyon se papyé, Bayonet se fé (La Constitución es de papel, la
Bayoneta es de fierro); la oligarquía haitiana ha aceptado al reformismo
mientras éste le ha dado tiempo para reagruparse, re estructurarse, y
apenas ha estado en condiciones de atacar de nuevo y recuperar la
hegemonía absoluta, así lo ha hecho. En eso reposa el más grave error del
reformismo; como plantea el compañero haitiano Henry Boisrolin:

?A mi entender el primer error de Aristide, parte justamente de su
participación en la carrera presidencial en aquel tiempo (ed. 1990). Se
había desviado, a mi juicio, la lucha popular postergando el triunfo de
una revolución adoptando una postura reformista en un momento que
reclamaba otro tipo de respuesta. Diría más: el movimiento popular que
había rechazado la Constitución burguesa elaborada en 1987, pasaba a
defenderla cómo si se tratara de un texto elaborado para la defensa de sus
intereses. Hasta ahora - como lo había hecho luego del golpe criminal de
1991 en contra de Aristide - el pueblo sigue reclamando el retorno al
orden constitucional. Es decir, pienso que desde diciembre de 1990 hubo un
retroceso en la lucha por el poder popular. Pues, creer que el abrumador
triunfo electoral de Aristide en diciembre de 1990 era garantía de poder,
era una ilusión. Haber sido electo presidente es una cosa, y un triunfo
revolucionario es otra. Así, la historia - en ausencia de una estrategia
revolucionaria - tomó un recodo. Y hasta ahora estamos pagando el precio
de aquella decisión catastrófica.?[9]

El reformismo como horizonte político tuvo como resultado objetivo
-independientemente del heroísmo de muchos de sus militantes de base y de
las innegables buenas intenciones de muchos de sus dirigentes- el desviar
una posible revolución de los de abajo, que repitiera la gesta heroica del
aplastamiento del orden colonial por parte de los esclavos haitianos en
1804. Ese potencial revolucionario se dejaba entrever en la incontenible
avanzada popular frente a la represión del Duvalierismo sin Duvalier
(1986-1990), representado en los diversos generales (Namhpy, Avril,
Abraham) y gobiernos títeres (Manigat, Pascal-Trouillot) que sucedieron a
Duvalier, así como en la práctica popular del Dechoukaj y Rache
Manyók[10], formas de ataque frontal a los cómplices del duvalierismo, que
fue convenientemente restringido a los elementos de menor jerarquía ?los
peces gordos del duvalierismo, o fueron protegidos por el régimen, o
fueron sacados a tiempo de Haití por los EEUU. Estas prácticas, si bien se
limitaron a elementos de poco peso del duvalierismo, representan la
voluntad popular de extirpar al duvalierismo de raíz, de acabar no sólo
con quienes apoyaron una institucionalidad criminal, sino con la
institucionalidad misma:

?El concepto de Dechoukaj comprendía mucho más que justicia popular en las
calles. De hecho, su dimensión más potente era la política. Los campesinos
se organizaron para eliminar la brutal estructura de los jefes de sección,
los estudiantes lucharon por acabar con el control estatal de la
universidad y las masas se agolparon para desmantelar no sólo a los
mismísimos Tontons Macoutes, sino que a toda la maquinaria política que
los creó y sustentó por 30 años.

Los militantes populares estaban convencidos de que el Dechoukaj, de
dejarse seguir su curso, hubiera podido traspasar exitosamente el poder
desde los Duvalieristas y las elites a la mayoría pobre. De hecho, era
este el potencial que más preocupaba al campo reformista, muchos de cuyos
adherentes se beneficiaban, aunque más no fuera indirectamente, del status
quo y podrían haber sido ?de dejarse al Dechoukaj político seguir su
curso- al final cuestionados por las bases más militantes.

Haciéndose eco de los Obispos Católicos designados por Duvalier, los
reformistas lanzaron una ofensiva propagandística, que resaltaba los
aspectos de justicia callejera del Dechoukaj, llamando a la reconciliación
nacional?[11]

Este es un testimonio de las limitaciones del reformismo como programa en
las sociedades dependientes. Mientras tanto, las masas avanzaban
intuitivamente a respuestas de fondo, a reemplazar la institucionalidad
burguesa por un nuevo tipo de relaciones sociales; que todo ese potencial,
que toda esa energía no se haya podido consolidar en un proyecto autónomo
a la burguesía, es responsabilidad de los sectores que se inscribían
dentro del marco revolucionario. En las calles de las ciudades haitianas
las multitudes coreaban ?Nous bezwen chanjman radikal nan peyi a?
(Necesitamos cambio radical en el país)[12]. Era al capitalismo y al
Estado mismo, como un organismo que obstaculiza el desarrollo de las
fuerzas populares y el avance de las masas, a lo que se oponía
intuitivamente el pueblo. Y en ese proceso de construcción abortada de
poder popular, se visualizaba un nuevo tipo de democracia, revolucionaria,
con contenido de clase, que no disociaba la voluntad, la libertad, de las
condiciones materiales que le hacen posible y que le dan sentido. En 1989,
un conjunto de organizaciones populares declaraban:

?a. La clase dominante jamás será capaz de encontrar una solución
beneficiosa para la mayoría popular. Las negociaciones arbitradas por los
amos imperialistas norteamericanos y franceses no pueden resolver la
crisis haitiana...

b. Hasta que el pueblo no tenga en sus manos el control del poder
económico y político, no habrá solución definitiva a la crisis nacional en
deterioro...?[13]

No se puede pensar en participación política, sin derecho a participación
en los bienes generados por el conjunto social; y a la vez, esta idea de
participación nacía desde los espacios de organización de base, popular, y
no con miras restringidas a un simple acto electoral, que ocurre cada
cierto par de años. Eso es lo que el pueblo traducía en los muros de los
barrios cuando escribía ?Viv Demokrasi Popilé!? (¡Viva la Democracia
Popular!)

Democracia directa y popular, ¿Bases para un nuevo Ayití?

Piti, Piti, Wazo Fe Nich Li

(Poco a poco el pájaro hace su nido. Proverbio haitiano)

Creemos que dadas las limitaciones del reformismo democrático liberal, en
el contexto de aguda confrontación de clases de Haití, para producir
avances sustentables en el tiempo, la lucha por la democratización no
puede sino ser revolucionaria y dar un contenido nuevo a la democracia,
siendo éste un contenido popular y libertario. Todos dicen querer la
democracia, pero ¿cuál democracia? ¿qué queremos decir con democracia?.
Nuestro concepto de democracia directa y popular, que presupone la
apertura a la toma de decisiones al conjunto social, a través de sus
organizaciones de base, es indisoluble de la construcción del poder
popular. Esto significa, la organización autónoma del pueblo en la lucha
de clases, al margen de la institucionalidad burguesa y en oposición a
ésta. El poder popular se plantea como un poder dual, que, por una parte,
organiza para la lucha, y por otra, sienta las bases de la organización
social que supere a la maquinaria Estatal y capitalista. Es un puente que
une los distintos momentos del proceso revolucionario, y da coherencia a
la resistencia con la creación de una nueva sociedad justa y libre.

Este poder popular ha sido claramente explicado por los compañeros del
Encuentro Latinoamericano de Organizaciones Populares Autónomas:

?Cuando se habla de poder popular se habla de que el pueblo tenga
capacidad de resolver sus problemas por sí mismo, sin delegar en otros.

El poder popular se da cada día y en donde se esté presente, con la
democracia directa, la acción directa y la horizontalidad.

El poder burgués se destruye con el poder popular. Construyendo el poder
del pueblo desde hoy, estamos construyendo la nueva sociedad; para
construir una sociedad de iguales, justa, solidaria es necesario empezar a
practicar estos principios desde ahora. Es cuestión de correlación de
fuerzas entre las clases, los intereses irreconciliables entre las clases
se dirimen desde posiciones de fuerza.

Se pueden construir islas de poder popular pero hay que ir creciendo desde
un proyecto de conjunto.

(...)El poder popular se debe construir a partir de cinco ejes fundamentales:

Organizar lo desorganizado: para afrontar la desorganización que existe en
la clase; creando ámbitos de participación con independencia política y
autonomía orgánica. Autonomía que se debe entender de forma integrada a un
proyecto unitario. Organización desde los principios de la democracia
directa y horizontalidad. Que permita aplicar metodologías de acción
directa.

Unir lo disperso: para revertir la dispersión y fragmentación de nuestro
pueblo y unificar las luchas.

Dar la lucha ideológica: para crear subjetividad de clase o sea,
reconocernos como clase oprimida. Vemos la importancia de la formación
como forma de construir colectivamente y de forma consciente desde abajo.

Mantener la autonomía: de los partidos políticos, iglesia y estado.

Reconstruir los lazos sociales: y valores de solidaridad para romper con
el individualismo y la descomposición social.

La acumulación estratégica de fuerzas para construir el poder popular debe
entenderse en el marco de fortalecer el campo popular, ya que en
definitiva es el pueblo el que va a llevar los cambios adelante, y a este
no hay partido ni organización política que lo sustituya?.[14]

Esta idea de democracia directa y de poder popular, como ya hemos
demostrado, no es una idea exógena al pueblo haitiano. La multitud de
organizaciones de base, barriales, grupos obreros en las zonas francas, de
organizaciones campesinas que surgieron y se reprodujeron a un ritmo
vertiginoso en todo Ayití, con diferentes fines y propósitos, han sido la
prueba viviente de ello. Estas organizaciones no sólo precipitaron la
caída de la dinastía duvalierista y sobrellevaron la lucha en contra del
duvalierismo después de Duvalier: además, estas organizaciones tomaron en
sus manos la implementación de las demandas populares y de la justicia
popular. Comenzaron la ocupación de predios, una incipiente reforma
agraria, formaron cooperativas campesinas, en los bidónville nació una
infinidad de grupos populares para hacerse cargo de los problemas más
apremiantes de la población. El pueblo ayisién[15] ha demostrado con
creces sus capacidades para regenerar su sociedad y construir un nuevo
Ayití desde la base.

El pueblo ayisién no es el responsable de la actual crisis: los
responsables del fracaso de Haití para dar respuesta a las más básicas y
apremiantes necesidades de un pueblo explotado y hambriento son los
oligarcas macoutes, la burguesía mercantilista, los mercachifles del FMI y
del Banco Mundial, los EEUU, Francia y los poderes imperialistas que han
intervenido incesantemente en la nación caribeña durante dos siglos. La
crisis haitiana es la prueba palpable del fracaso de años de aplicación
ortodoxa y sin contrapeso de los planes diseñados por el FMI y los EEUU;
de la incapacidad de los gwo manje para crear una sociedad siquiera
funcional, que con el peso de sus privilegios moldeados en la estructura
colonial heredada de los tiempos del dominio francés, ha asfixiado, como
un pesado yugo, al pueblo descendiente de los esclavos revolucionarios de
1804; de la intervención extranjera que ha pisoteado la voluntad popular
para acudir al auxilio de una oligarquía incapaz de mantenerse en el poder
por un minuto sin la asistencia del ?Big Brother? del norte.

Es tiempo de poner fin a esta secuencia de derrotas y fracasos. Es tiempo
de que el pueblo explotado y excluido dé un paso adelante y se convierta
en el protagonista que la crisis requiere. Es un proceso largo y difícil,
de articulación desde la base, de recomposición del movimiento popular que
ha sido duramente golpeado por las sucesivas oleadas represivas. Es el
lento trabajo de recomponer el tejido social que da cuerpo al poder
popular. ¿Qué formas concretas deberá asumir este poder popular? Eso
corresponde definir al propio pueblo haitiano en lucha. A nosotros, como
parte del movimiento internacional de solidaridad, sólo nos cabe aportar
con nuestras opiniones e ideas. Contamos con la creatividad haitiana y
confiamos plenamente en las capacidades de ese pueblo. Eso da espíritu a
cualquier proyecto revolucionario que dé coherencia estratégica al
desenvolvimiento que espontáneamente ya ha presentado el ingenio popular
ayisién. Los campesinos que hoy reclaman su lugar en la toma de
decisiones, nos señalan que este espíritu no está muerto: ?hoy, los
campesinos quieren involucrarse directamente en la lucha por sus demandas.
Tienen el derecho a participar en las grandes decisiones que conciernen a
todo el país?[16].

Libéte se pou pép ki vanyan[17]

Chen Gen Kat Pat, Men Se Yon Sel Wout Li Fe

(El perro tiene cuatro patas, pero puede ir solo en una dirección.
Proverbio haitiano)

Por ahora, la persecución política y la violencia en Haití siguen su
curso, reportándose todos los días nuevos hechos de violencia -arrestos
arbitrarios y torturas; la PNH y la MINUSTAH asesinando a manifestantes
pacíficos, o baleando indiscriminadamente a la población de los
bidónville; los Macoutes, tolerados por Latortue, operando y asesinando
impunemente a pleno luz del sol, armados con machetes y armas automáticas;
cadáveres que aparecen en las calles de las principales ciudades
haitianas[18]. En este panorama, la ocupación militar de la ONU ha jugado
un papel fundamental al apoyar a un régimen títere, incapaz de mantenerse
por sí solo: y esta ocupación tiene aún para rato, ya que la Resolución
1608 (22/06/05) del Consejo de Seguridad de la ONU, extiende el mandato de
MINUSTAH hasta el 15 de febrero del 2006, con la intención de seguir
prolongándola indefinidamente[19]. Pero como me hacía ver recientemente un
compañero haitiano, lo más grave no es la actual ocupación militar, sino
que la ocupación política que se está maquinando tras la presencia de
MINUSTAH.

Las elecciones hoy son un claro síntoma de esa otra (y obscurecida)
ocupación. Estas elecciones son un mecanismo para ?volver a poner, ahora
democráticamente, por las buenas, a los mismos que han dominado desde
siempre al país por las malas?[20]. Los diferentes candidatos, incluidos
los representantes de Lavalas y el derechista Bazin, repitirán hasta el
cansancio la misma cantinela: ?estabilidad?, ?estabilidad?,
estabilidad?... pero, ¿qué estabilidad? ¿La ?estabilidad? de Papa Doc? ¿La
estabilidad del status quo? Sabemos que predicar la estabilidad sin
miramientos a la justicia social, es una traición a todo lo que el pueblo
ha luchado por conseguir. La inestabilidad es sólo una consecuencia de la
enconada lucha de clases en Haití. Cualquier gobierno que surja de las
elecciones, surgirá exclusivamente de la negociación entre los actores
externos (MINUSTAH), la oligarquía macoute y las élites políticas de todo
signo que han decidido participar, con vista a garantizar la estabilidad
del capitalismo en Haití.

Como afirmábamos anteriormente, ?sea cual sea el candidato que propongan
(ed. La oligarquía, el imperialismo), lo cierto es que el destino de Ayití
seguirá en manos extrañas a los propios ayisien (...) aunque ahora se
retoque con colores ?democráticos? a este horrible cuadro?[21]. Por eso,
nos hacemos eco de quienes hoy denuncian estas elecciones y quienes llaman
a su boicot. Pero queremos plantear, la necesidad de llevar esa posición
un poco más allá, a la necesidad de construir una salida desde las mismas
fuerzas y organizaciones populares.

Repetimos una vez más: La condición actual haitiana no es la consecuencia
directa y mecánica del triunfo de la revolución de esclavos hace 200 años,
sino el más crudo testimonio de los efectos del colonialismo y del
imperialismo yanqui. Hoy, cabe a la gran masa ignorada y excluida sentar
las bases para la regeneración de Ayití.

José Antonio Gutiérrez,

31 de Diciembre del 2005.

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[1] Marx V. Aristide & Laurie Richardson, ?Haiti?s popular resistance?
p.67, en ?The Haiti Files: decoding the crisis? (J. Ridgeway ed.), Ed.
Azul 1994.

[2] Los gobiernos de Aristide y Preval solamente.

[3] Recordemos el período de ocupación norteamericana 1915-1934, y las
posteriores ocupaciones de 1994 y la ocupación actual.

[4] Creo sumamente importante aclarar este punto, pues he sido
malentendido en alguna ocasión en mis artículos anteriores sobre Haití, al
defender la condición de demócrata de Aristide en contra de sus
calumniadores. Esta defensa de un hecho evidente ha sido erróneamente
entendida como adhesión a la táctica del reformismo demo-liberal de
Lavalas. En esta ocasión, quiero explayarme más sobre este punto que
estimé necesario subordinar anteriormente a la denuncia de la persecución
política de FL y de sus militantes.

[5] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=742 ;
http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=1063

[6] Esto, que podría entenderse como una diferencia de grado
(cuantitativa) entre el autoritarismo de otros regímenes latinoamericanos
y Haití, asume tal gravedad en el caso haitiano que de ser una diferencia
cuantitativa puede bien considerarse como cualitativa.

[7] Recordemos nada más la efervescencia demo-burguesa que se vivió en
Chile tras 17 años de dictadura militar.

[8] http://www.chilevive.cl/homenaje/miguel/1973oct.shtml)

[9] Observaciones a ?Ayití, una cicatriz en el rostro de América?
http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=1063

[10] Extirpar, Arrancar. Fueron prácticas de acción directa destinadas a
?limpiar? la sociedad haitiana de duvalierismo. Estas prácticas son
explicadas en mayor detalle en
http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=1063

[11] Marx V. Aristide & Laurie Richardson, ?Haiti?s popular resistance?
pp.65-66, en ?The Haiti Files: decoding the crisis? (J. Ridgeway ed.), Ed.
Azul 1994.

[12] ?Gonaives: Symbole de la Résistance?, Haiti Progres, 19/05/86.
Reproducido en ?Libéte?, p.155, Charles Arthur & Michael Dash ed., (MWP,
IRP & LAB, 1999)

[13] Le Militant, No.18, Marzo-Mayo 1989. Cit. en Arthur & Dash, p. 164,
1999.

[14] Informe de la Reunión 19/10/2005 ?Comisión Organizadora del 4º
Encuentro Latino Americano de Organizaciones Populares Autónomas (ELAOPA).
Montevideo, Uruguay.

[15] Ayisién, Haitiano.

[16] ?Haiti's elections: Will the peasantry's demands be taken into
account?? Djems Olivier, 30/11/05, www.haitisupport.gn.apc.org
[17] ?La libertad es para un pueblo valiente?, Jean-Claude Martineau, del
poema Ayiti Demen, 1991.

[18] Denuncias periódicas de este violencia, pueden encontrarse en
www.haitiaction.org

[19]
http://daccessdds.un.org/doc/UNDOC/GEN/N05/395/57/PDF/N0539557.pdf?OpenElement

[20] Gutiérrez, op. cit.

[21] Gutiérrez, op. cit
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