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(ca) La Directiva Bolkestein: "dumping social" y desafíos internacionales (en,pt )

Date Thu, 16 Feb 2006 20:28:49 +0100 (CET)



El movimiento obrero parece que ha encontrado un tema común en torno al
cual movilizarse a nivel internacional: la Directiva sobre Servicios en el
Mercado Interno, también conocida como Directiva Bolkestein. La directiva,
que aboliría las fronteras en la provisión de servicios entre Estados
miembros, es criticada sobre todo por su ?principio del país de origen?.
Bajo este principio, las empresas registradas en cualquier Estado
integrante de la Unión Europea no sólo podrían operar en cualquier otro,
sino también emplear a trabajadores para prestar dichos servicios
permaneciendo sujetos a las leyes del país en el que estuvieran
registradas dichas empresas.
Se teme que el mundo del capital use esta ley para aprovecharse de la
permisiva legislación laboral y ambiental de algunos países en otros donde
esos baremos sean más altos. Se iniciaría de este modo una inevitable
carrera cuesta abajo.

La estrategia de Lisboa y la erosión del modelo social

Los intereses de capitalistas y trabajadores están llamados a enfrentarse,
ya que lo que mueve el mundo de los negocios es la ley del beneficio. Al
tiempo que la patronal, tanto de la industria como de los servicios, trata
de reducir costes; los trabajadores, en particular en los países ?en vías
de desarrollo? y en otras zonas con bajos salarios, tratan de ganar más.
Los que viven en entornos más afortunados, por otra parte, tratan de
mantener sus niveles de vida y combaten cualquier ataque contra ellos.

Siendo la destrucción del capitalismo una opción que cada vez menos gente
baraja, se abre ante nosotros un repertorio bastante pobre de posibles
escenarios, cada uno de ellos repleto de problemas ineludibles. Hay quien
nos ofrece proteccionismo nacional con un fuerte intervencionismo en la
economía, pero esta solución suele olvidar que los niveles de desarrollo
del capitalismo han sido alcanzados a través de décadas, e incluso siglos,
de uso sistemático del capital, de imperialismo económico, de explotación
económica y ambiental. Otros aceptan la globalización como un hecho
inevitable y nos animan a responder a este desafío siendo más
?competitivos?. Y, por último, están los equilibristas que tratan de
hallar una solución intermedia, con algunas maniobras tendentes a la
competitividad en el mercado global pero manteniendo un nivel de
proteccionismo lo suficientemente elevado como para asegurarse de que el
Estado (y, aún más importante, las corporaciones) no tenga que enfrentarse
a ninguna revolución social.

Es en este contexto que la Unión Europea, dominada por algunos de los
países más ricos del mundo, se enfrenta a las realidades económicas y
políticas no sólo de un mundo globalizado, sino también de un creciente
número de ciudadanos dentro de sus propias fronteras.

Esos gobiernos que se proclaman ?defensores del modelo social? están, en
los hechos, realizando una especie de representación teatral ya que, a
pesar del considerable pluralismo político existente en la UE, ésta está
desde hace mucho tiempo empeñada en erosionar ese modelo y sustituirlo por
otro, más competitivo, más enfocado hacia la extracción de plusvalía.

La Agenda de Lisboa es un plan que afecta, desde hace bastante tiempo, a
la fuerza de trabajo de la UE, pero el movimiento obrero y la izquierda no
han dado el toque de alerta; incluso algunos han dado la bienvenida a la
estrategia. (1)
Ha sido malinterpretada debido a la capacidad del capitalismo en usar un
lenguaje seductor: el paro obrero ha sido transformado en ?pausas en la
vida laboral? y tener que dejar tu hogar para obtener un empleo se ha
convertido en ?libertad?. La flexibilidad laboral es necesaria para ?crear
empleo? y la ?paz social? significa que negociarán la lenta erosión de tus
condiciones de trabajo con las burocracias sindicales y pondrán por
escrito algunas leyes sobre ?protección de los trabajadores? que te
ahorrarán algunas molestias, pero no el inevitable deslizamiento hacia la
competitividad global por la supervivencia.

Bolkestein

Si el lenguaje de la Agenda de Lisboa era demasiado ambiguo como para
despertar demasiadas alarmas, al menos la Directiva Bolkestein ha llamado
más la atención. Ha habido protestas masivas relacionadas con ella y hay
una campaña en marcha en muchos países europeos.

Desgraciadamente, el debate tomó muchas veces un cariz xenófobo y
proteccionista, como ocurrió con la propaganda sobre el ?fontanero
polaco?, relacionado no sólo con la ampliación de la UE, sino también con
la Directiva. Esto nos lleva a hacernos una serie de preguntas, como qué
es lo que se propone como alternativa y cómo una UE sin Directiva podría
resolver las diferencias salariales.

El primer aspecto de la Directiva Bolkestein, la libertad de
establecimiento, ha sido una demanda empresarial durante al menos los
últimos 30 años y se ha convertido parcialmente en realidad con la
adopción del Registro de Empresa Europeo (SE) en el año 2004. Con el SE,
una empresa registrada y que opere fuera de un país (siempre que tenga su
sede física en ese país), puede cambiar su lugar de operaciones sin
liquidar la empresa original ni registrarse de nuevo. Este modo de
establecimiento tiene muchas limitaciones, incluidas algunas al capital,
dado que esto no se hace extensivo a la mayoría de autónomos (como nuestro
amigo el fontanero), muchos de los cuales están limitados también por
regulaciones relativas al reconocimiento de la cualificación profesional,
etc?

Sin embargo, es el principio del país de origen el que ofrece mayores
ventajas para los empresarios, ya que permitiría evitar los salarios
mínimos locales, esos incómodos devoradores de márgenes de beneficio.

Los ponentes de la Directiva han sido por supuesto rápidos en apuntar que
un país puede recurrir a numerosas excepciones. Los artículos 17-19
(además de permitir a los gobiernos mantener al margen de la Directiva
algunos servicios, como los de correos) permiten a los gobiernos adoptar
cláusulas de excepción por razones de seguridad y de sanidad públicas o
por motivos medioambientales. Dicho de otro modo, estas ?libertades?
económicas pueden ser (y serán) reguladas selectivamente por los Estados
miembros.

Esto no significa que los gobiernos vayan a hacer uso de ellas, aunque
parece que así será, especialmente en zonas con fuertes tendencias
proteccionistas o grandes y activos sindicatos obreros.

Dichas medidas, sin embargo, no ofrecen ninguna solución a los problemas
básicos de disparidad salarial, ni a nivel global ni a nivel europeo.

Los ponentes de la Bolkestein también apuntan que uno de los objetivos de
la directiva es que haya cierta armonización de la UE en áreas
estratégicas. En otras palabras, afirman que si los baremos en ciertas
áreas estuvieran armonizados, el principio del país de origen no sería un
instrumento para aprovecharse de los baremos más bajos. Sólo que no vemos
ningún esfuerzo concreto de armonización en muchas cuestiones esenciales;
la armonización de la que se habla es la referida a la liquidación de
deudas, a la homologación de la contabilidad, a la protección de los
consumidores y a la sanidad. Y, aunque lo último pueda parecer una
garantía, la experiencia de la UE ha demostrado que la homologación de
baremos conduce a adoptar baremos más bajos en muchos países. (2)

El único área donde podría producirse un cambio revolucionario es en el de
la equiparación salarial: por ejemplo, salarios mínimos para toda la Unión
Europea y para cada ramo. El motivo por el cual un salario mínimo de la UE
no sería por sí solo suficiente y serían necesarios los salarios mínimos
por ramo es porque, por ejemplo, podemos encontrar actualmente expertas
enfermeras y dentistas polacas trabajando en el norte de Inglaterra por el
salario mínimo, lo que está lejos de la paga habitual en estas
profesiones, constituye una grave explotación y rebaja los salarios. Pero
esto nunca será propuesto por los burócratas y es previsible que tampoco
lo sea por ciertos sectores sindicales, que sin duda prevén que se verán
forzados a negociar a la baja, o por algunos de los trabajadores con
menores salarios, que verán cómo desaparece uno de los incentivos que
tenían los empresarios para contratarlos.

¿Qué soluciones se presentan, pues? Una migración controlada de la fuerza
de trabajo es una de las soluciones políticas posibles, pero no sólo sería
una solución unilateral, sino también una violación del principio de la
libertad de movimientos. Digo que sería una solución unilateral porque se
oye decir a menudo que tal o cual país necesita de determinados
trabajadores cualificados o que no los necesita; pero la otra cara de la
moneda la constituyen unas relaciones de poder en las que un país más rico
puede obtener médicos o ingenieros altamente cualificados mientras que el
más pobre sufre una fuga de cerebros. En último extremo, la fuga de
cerebros y la ausencia de mejoras en los salarios y en las condiciones de
vida no harán más que exacerbar el problema.

Muchos de los anti-Bolkestein callan ante esta situación. Del mismo modo
que el primigenio movimiento ?antiglobalización?, espera reclutar una
amplia coalición, y realmente lo ha conseguido.
Aunque los llamamientos a ?proteger? la fuerza de trabajo puedan parecer
bastante nobles, me gustaría preguntar quién o quiénes serían las fuerzas
protectoras (aunque ya sepa que sería el Estado). También estaría
interesada en saber exactamente cómo se protegería el modelo social
¿mejorando las condiciones de trabajo y equiparando los salarios de toda
la Unión Europea o cerrando el mercado de trabajo y las prestaciones
sociales a los extranjeros? ¿O esperan que los gobiernos pongan en marcha
medidas para forzar a los capitalistas de la Unión Europea a mantener los
altos costes laborales?

Una perspectiva radical

Cuando vemos que una medida minará las condiciones de vida de un
trabajador medio, debemos atacarla porque cada concesión al capitalismo es
una consolidación de su poder. Por tanto, es perfectamente lógico que nos
agrupemos en torno a lemas como ?Stop Bolkestein? aunque, como en la
mayoría de las campañas por un único objetivo, hasta una victoria puede
ser sólo pírrica, porque sólo habríamos prevenido la exacerbación del
problema, pero no nos habríamos librado de él. Además de ello, es más que
probable que si esa Directiva no saliera adelante, otra llegara luego
enfocada al mismo objetivo. Con este cinismo no pretendo desmoralizar,
sino llamar la atención para una aproximación y una visión más amplias.

Dentro del contexto de los movimientos de protesta, a menudo encontramos
incluso a activistas radicales apelando a la ?protección? y los
?derechos?, lo que descansa sobre el presupuesto de que existe un
organismo, sea el Estado, sea una institución extranacional, que ejerce
una regulación por el bien de la sociedad sobre los intereses del capital.
Esta ilusión se está tornando cada vez más ingenua; el mundo de los
negocios y los intereses capitalistas están firmemente ligados a los
gobiernos. Los momentos en los que el Estado juega el papel de protector
social no son más que gestos de propaganda barata a costa del dinero
público, obtenido gracias a nuestro trabajo, así, la oposición a los
estratos superiores puede tener lugar sólo en relación al poder y la
riqueza de la sociedad; en esto, algunos Estados-nación tienen una clara
desventaja respecto al espectáculo conocido como ?protección de sus
súbditos?.

Muchos izquierdistas creen que es posible el paso del Estado como
detentador de la fuerza y garante del capital al Estado como protector y
asegurador social. Mientras esto podría constituir un considerable
reforzamiento de su papel, también hay otra perspectiva, la de su
abolición y su sustitución por la autogestión de los trabajadores y el
federalismo internacional. El principio subyacente, la creación de una
sociedad libertaria, supondría poner en marcha mecanismos para la
eliminación de las desigualdades materiales y de las privaciones y, lo que
es más importante, para la eliminación de sus causas. Dentro de los
límites de este artículo no entraré en el análisis del proceso de creación
de tal sociedad libertaria, pero estoy convencida de lo siguiente: la
clave para dar lugar en el futuro a una sociedad equitativa reside en
despojar al capital y al Estado de sus poderes.

Vemos como un desafío para el movimiento obrero internacional (en este
caso en particular, el europeo) no la presión para que los mentirosos
políticos hagan más promesas vacías, ni siquiera el conseguir echar para
atrás la Directiva, sino el concebir las movilizaciones de una manera
diferente. En vez de marchar como una masa programada, orquestada,
quisiéramos que la gente trabajadora se pusiera en marcha de forma
autónoma e interconectada. El desafío no está en conseguir que los
burócratas sindicales negocien con el Estado y los funcionarios de la UE,
ni en que se entiendan entre ellos, sino en que los trabajadores decidan
sus acciones y se organicen de forma horizontal, frente al modo de obrar
verticalista en el que quedan como sujetos tutelados. El debate debe
empezar a unos niveles más profundos, sobre las posibilidades de
coordinación y de acción directa de los movimientos de base, con vistas a
la organización y la revolución libertarias.

Con esto, llamamos a quienes piensen de un modo similar a posicionarse
frente a la Directiva Bolkestein desde una perspectiva más radical y a
promover un punto de vista revolucionario, de autoorganización y
autogestión, en el marco de esa campaña. Frenar la Bolkestein no es
suficiente. Ni siquiera lo es frenar al capitalismo.

Laure Akai

(1) Los ministros de trabajo mantienen que la flexibilidad laboral puede
coexistir con una seguridad social de alto nivel. Algunos dirigentes
obreros parecen haber malinterpretado el contenido de la Agenda, creyendo
que se trata de una estrategia para preservar el modelo social. El año
pasado, ?The Guardian? publicaba un artículo sobre la Agenda de Lisboa en
el que líderes como John Monks, de la Confederación Europea de Sindicatos,
decían que ?habían hecho bien en resucitar la Agenda sólo una semana
después de que muchos pensaran que la Europa social estaba muerta?. Para
ellos, su implementación parece estar fuera de toda duda. ?La Estrategia
de Lisboa debe ser implementada de modo que sea económica, social y
ecológicamente equilibrada?.

(2) Hay muchos ejemplos, uno es el de los controles alimentarios. Tuvimos
ocasión de ver cómo en algunos sectores de la producción alimenticia,
cuando Polonia adoptó los estándares europeos, eran mucho más laxos que
los locales, especialmente en lo que respecta a la cantidad de aditivos
permitidos en la comida.


Laure Akai es una anarquista nacida en Nueva York. Ha militado en el
movimiento libertario durante los últimos treinta años en EEUU, Rusia y
Polonia. Akai forma parte de la redacción de varias revistas. Ha sido una
de las principales organizadoras de protestas, encuentros y conferencias
como el festival Anarquía 2003; la Conferencia Internacional de
Anarquistas del Este europeo de junio de 2003 en Varsovia o las protestas
que tuvieron lugar en esa misma ciudad contra el Foro Económico Mundial el
año pasado.
En Nueva York ayudó a crear la librería Underground Books. Estuvo ligada a
proyectos a largo plazo relacionados con trabajadores del campo,
agricultores ecológicos y cooperativas de alimentación.
Durante su estancia en Rusia participó en la movilización anarquista
contra el golpe de julio de 1991, pero en octubre de 1993, junto a otros
anarquistas, llamó a desentenderse de las luchas de poder del segundo
golpe.
Actualmente reside en Varsovia (Polonia) y forma parte del colectivo de
Infoszop-Varsovia y de la Federación Anarquista Polaca.

Artículo traducido por M. García para el periódico "CNT":
http://www.periodicocnt.org

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