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(ca) [anarkismo.net] Firmeza en los Principios , Flexibilidad en las Tácticas [ca]

Date Tue, 26 Dec 2006 15:34:34 +0100 (CET)


La Respuesta de los Anarquistas cuando Gobiernos Electos son Derrocados

¿Qué debieran hacer los anarquistas revolucionarios cuando algún gobierno
electo es derrocado por un golpe de derechas? Pienso, por ejemplo, en el
golpe del 2002 en Venezuela en contra del presidente Hugo Chávez. Este
golpe fue realizado por parte del Ejército en conjunto con la mayoría de
los capitalistas. Fue apoyado por el gobierno de los EEUU y por otras
instituciones de ese país. Parte del apoyo norteamericano fue abierto
(reconocimiento inmediato del nuevo régimen) y parte fue en secreto
(financiamiento previo de los golpistas) Sin embargo, el golpe fue
rápidamente derrotado gracias a múltiples factores: la presión de los
trabajadores y pobres de Venezuela, el apoyo a Chávez de los mandos bajos
del Ejército y la presión internacional de otros gobiernos sudamericanos.
Chávez fue ayudado por el hecho de que muchos gobiernos y empresarios
saben que no es en realidad anti-capitalista, a pesar de su retórica
radical.
¿Qué debieran hacer los anarquistas revolucionarios cuando algún gobierno
electo es derrocado por un golpe de derechas? Pienso, por ejemplo, en el
golpe del 2002 en Venezuela en contra del presidente Hugo Chávez. Este
golpe fue realizado por parte del Ejército en conjunto con la mayoría de
los capitalistas. Fue apoyado por el gobierno de los EEUU y por otras
instituciones de ese país. Parte del apoyo norteamericano fue abierto
(reconocimiento inmediato del nuevo régimen) y parte fue en secreto
(financiamiento previo de los golpistas) Sin embargo, el golpe fue
rápidamente derrotado gracias a múltiples factores: la presión de los
trabajadores y pobres de Venezuela, el apoyo a Chávez de los mandos bajos
del Ejército y la presión internacional de otros gobiernos sudamericanos.
Chávez fue ayudado por el hecho de que muchos gobiernos y empresarios
saben que no es en realidad anti-capitalista, a pesar de su retórica
radical.

Otro ejemplo reciente fue el golpe del 2005 en Nepal, cuando el rey
Gyanendra derrocó al gobierno elegido y asumió el control directo,
dependiendo principalmente de sus fuerzas militares (el parlamento ya
había sido suspendido tres años antes). La oposición organizó grandes
manifestaciones callejeras y huelgas, organizadas por un Frente Popular de
partidos burgueses, por organizaciones populares y por las fuerzas
maoístas en el campo. En abril, también, su golpe fue derrotado. El rey
debió retornar el poder al parlamento electo. Los maoístas ganaron
bastante credibilidad en el pueblo por su participación en la lucha.
Recientemente, han firmado un acuerdo de paz con el gobierno transitorio y
su líder irá a las próximas elecciones.

Muchos otros ejemplos pueden ser citados. Es típico del capitalismo que
los beneficios de la democracia política sea, por decir lo menos,
inestables. Los países pasan por ciclos de democracia y dictaduras, y
nuevamente lo mismo. Sólo es necesario mencionar para tal efecto la
historia del fascismo europeo. Aún en los EEUU, por ejemplo, el gobierno
actual llegó al poder con elecciones fraudulentas en el 2000. Desde
entonces, ha estado en un proceso constante de exterminio de las
libertades cívicas.

¿Como debieran los anarquistas actuar ante tales situaciones? Esta
cuestión evidencia una debilidad histórica en el anarquismo. Pese a sus
excelentes objetivos y sus grandiosas ideas, el anarquismo ha sido
repetidamente derrotado, aplastado por las fuerzas fascistas o leninistas,
o sencillamente marginado. Yo creo firmemente que una razón importante
para que esto haya ocurrido ha sido la rigidez del movimiento y su torpeza
táctica y estratégica. El movimiento anarquista ha fracasado
sistemáticamente al tratar de maniobrar tácticamente de manera efectiva.
Esto creo que es la causa del fracaso desastroso de la revolución en
España en los 1930. En cambio, nuestro enfoque debe ser FIRMEZA EN LOS
PRINCIPIOS, FLEXIBILIDAD EN LAS TACTICAS.



Los Anarquistas ante las Elecciones


Los anarquistas, como un principio general, se han opuesto a la
participación en las elecciones. En el Capitalismo, pese a todas las
promesas de democracia y libertad, de hecho es una minoría de la
población, la clase capitalista, la que maneja la economía y
consecuentemente el Estado. Esta es la dictadura de la burguesía, aunque
sea en una forma abiertamente democrática. Los anarquistas no buscan
administrar el Estado capitalista ni quieren elegir a gente para que lo
haga. Esto no es lo que buscamos. En cambio, queremos fundar sindicatos,
asociaciones poblacionales, movimientos anti-belicistas, etc. Participamos
en acciones militantes no electoralistas, desde la base, en contra del
Estado y de la clase capitalista.

Los anarquistas no creen en elegir a líderes para que ellos hagan la
política en lugar de nosotros, que sean nuestros representantes. Los
intereses, opiniones y deseos de decenas de millones de ciudadanos no
pueden ser empaquetados en dos partidos, o representados en dos
candidatos. La ?democracia de masas? es contradictoria. Queremos
democracia directa, de cara a cara, en el trabajo y en las asambleas
comunitarias, con una economía basada en la cooperación (socialismo
libertario). Queremos tanta democracia participativa como sea posible y la
mínima representación y delegación que sea necesaria para la federación.

La cuestión del electoralismo fue la principal divergencia práctica en el
quiebre original entre Karl Marx y los anarquistas. Marx defendía la
formación de partidos políticos de la clase obrera que rompieran la
confianza de los trabajadores en los partidos capitalistas. La historia no
ha respaldado su estrategia electoralista, si consideramos la trayectoria
lúgubre de los partidos social-demócratas y comunistas, y aún de los
partidos verdes más recientes. De cualquier modo, Marx estaba
completamente opuesto a votar por partidos o políticos capitalistas. (Hoy,
en los EEUU, la mayoría de los que se hacen llamar socialistas, están a
favor de votar por el Partido Demócrata o por terceros liberales,
capitalistas como el Partido Verde o Nader. Así, rechazan los principios
tanto anarquistas como marxistas).

A la vez que rechazamos nuestra participación en las elecciones, los
anarquistas creemos que las democracias capitalistas son mejores para los
trabajadores y para el pueblo oprimido que las dictaduras políticas
capitalistas (juntas militares, Estados policiales, monarquías, fascismos,
etc.) No es que creamos que los trabajadores puedan controlar el Estado
mediante las elecciones ?el mito de la democracia burguesa. Pero es más
fácil para los trabajadores el organizar sindicatos, para los oprimidos el
organizar la resistencia popular y para los radicales publicar su
literatura, hacer foros y divulgar sus ideas. Hay represión, pero no igual
que en un Estado totalitario. El sentimiento popular se levanta en favor
de la libertad de palabra y la libertad de asociación, el cual los
anarquistas usan para protegerse de la represión estatal. Los capitalistas
no quieren cedernos esos derechos, pero deben hacerlo si quieren gozar
ellos mismos de ellos, aparte de dar así a los trabajadores la (falsa)
impresión de que el pueblo manda.

Errico Malatesta, el anarquista italiano, escribió, ?... la peor de las
democracias es siempre preferible, aunque más no sea sino por un punto de
vista de la educación, a la mejor de las dictaduras... la democracia es
una mentira, no es más... que el gobierno de unos pocos en beneficio de la
clase privilegiada. Pero aún podemos combatirla en nombre de la libertad y
la igualdad...? (1995. The Anarchist Revolution; p. 77) Esto significa que
la democracia burguesa se declara partidaria de la ?libertad y la
igualdad? y por lo mismo, puede ser desafiada a cumplir con sus
declaraciones.

En mi opinión, el conjunto de tácticas anarquistas para enfrentar golpes
de Estado derechistas debe basarse en la evaluación de que la democracia
burguesa es más útil a los trabajadores y a la población oprimida. De
rechazarse esto, entonces toda mi argumentación cae por su propio peso.
(No discutiré ahora la cuestión de los golpes de la izquierda autoritaria;
estas situaciones presentan diferencias con las cuales no voy a tratar
ahora).

Hay aún otro asunto. La mayoría de las situaciones en que un golpe
antidemocrático ocurre, es en naciones oprimidas ?en el llamado tercer
mundo. Los golpistas son frecuentemente apoyados por potencias
imperialistas, como cuando los EEUU apoyaron a las fuerzas golpistas en
Venezuela. Esto evidencia la cuestión del derecho de las naciones
oprimidas a su autodeterminación, de sus pueblos a decidir su propio
futuro y su propio gobierno ?o no gobierno- sin dominación imperialista.
Esta también es otra de mis premisas, pese a que no sea esencial para la
argumentación.

El principio fundamental es la LIBERTAD. Los trabajadores deben tener la
libertad de elegir su sistema político y elegir a quien quieran para ser
su líder, si es que quieren un líder. El pueblo tiene derecho a
equivocarse. De hecho, las clases y los pueblos sólo aprenden cuando se
equivocan. Los anarquistas son los más grandes partidarios de la libertad.
Debemos en todo momento apoyar el derecho de los pueblos a tomar sus
propias decisiones, aún cuando estemos en desacuerdo con estas decisiones.
No debemos nunca, por supuesto, renunciar nuestro derecho a proclamar
nuestra política y a explicar, pacientemente, nuestras opiniones. Esto es
parte del proceso de aprender mediante la experiencia.


Una lección de la Revolución Rusa


Cuando un golpe ocurre y las masas populares han salido a las calles a
protestar, es la tarea de los anarquistas el buscar su camino hacia el
pueblo. Debemos buscar la manera de participar en la lucha popular sin
dejar de lado ni por un instante nuestros principios anarquistas. No
podemos respaldar al gobierno ni votar aún por el mejor de los presidentes
(ni para qué mencionar los políticos burgueses autoritarios). Los
anarquistas no pueden dar en absoluto su apoyo a los políticos burgueses o
al Estado. Estas son posiciones de principio. Sin embargo, los anarquistas
pueden salir a oponerse a un golpe. Al hacer esto, están entregando su
apoyo al pueblo, no al Estado. En medio del movimiento popular, los
anarquistas pueden cooperar práctica y concretamente con los políticos
burgueses y con fuerzas estalinistas, acordando objetivos inmediatos, de
corto aliento, sin ningún acuerdo de largo aliento.

En el movimiento popular, los anarquistas deben advertir al pueblo para
que no se fíen de los políticos burgueses. Los anarquistas pueden llamar a
formar asambleas barriales y laborales a fin de desbaratar el golpe. Los
anarquistas deben exigir la distribución de armas a la clase obrera, en
lugar de fiarse del ejército. Un pueblo armado, organizado, es la mejor
manera de aplastar al golpe ?y, diríamos, de ir más allá de los límites de
la democracia burguesa.

Esta visión ha sido aprendida de las experiencias de las revoluciones rusa
y española, entre otras. Durante la Revolución Rusa, hubo un gobierno
provisional (nada de) liberal, a cuya cabeza estaba Kerensky. Este
gobierno perseguía a la izquierda, a anarquistas y bolcheviques,
encarcelando a cuantos le era posible. Sin embargo, una fuerza aún más
derechista era la que dirigía el general de Cosacos Kornilov. Él trató de
derrocar al régimen liberal, aplastar los consejos de obreros y campesinos
(soviets), y borrar del mapa a todos los partidos socialistas, aún a los
más moderados. En breve, Kornilov pretendía erigirse en un dictador
proto-fascista y avanzaba hacia la capital para cumplir con este programa.

¿Qué debían, entonces, hacer los bolcheviques? (No sé de las discusiones
de los anarquistas en esta situación) Un grupo de marinos visitó a Trotsky
y a otros bolcheviques en la prisión y le preguntaron, ?¿No es ya hora de
arrestar al gobierno??, ?No, no aún? fue la respuesta. ?Usen a Kerensky
como el apoyo de adonde disparar a Kornilov. Después nos encargaremos de
Kerensky? (Trotsky, 1967, History of the Russian Revolution, vol. II, p.
227)

Bolcheviques y anarquistas, junto a militantes de otros partidos
socialistas, colabroaron con los trabajadores para fundar un gran número
de comités de defensa de la revolución. Estos se propagaron por todo el
imperio ruso. Distribuyeron armas entre los obreros, movilizaron a los
militares fiables y organizaron a los trabajadores para sabotear el avance
de las tropas de Kornilov (para que los trenes con tropas se perdieran y
los telegramas no fueran nunca recibidos). Obreros y soldados de
Petrogrado fueron despachados para encontrarse con las fuerzas de
avanzada, hablarles y persuadirles de volver. Estos métodos fueron
altamente exitosos. La avanza de los militares se disipó como agua en
arena caliente, casi sin violencia (algunos oficiales fueron ejecutados).
Esto llevó a un aumento de la influencia de la extrema izquierda y al
descrédito de los socialistas moderados. Sólo era cuestión de tiempo que
el régimen de Kerensky fuera derrocado por una coalición de Bolcheviques,
Social Revolucionarios de izquierda (populistas del campesinado) y
anarquistas.

Durante la lucha contra Kornilov, los bolcheviques no se unieron al
gobierno provisional (y ciertamente los anarquistas tampoco). De hecho,
criticaron políticamente al gobierno de Kerensky por sus vacilaciones y si
debilidad en defender la democracia. Mantuvieron contacto con otros
partidos para fines de coordinación práctica solamente. Años después,
Trotsky citaba frecuentemente a este momento como una guía para la acción.
Trotsky lo resumía de la siguiente manera, ?Apoyarlos técnica pero no
políticamente?. (p.305) Lenin fue aún más claro en no apoyar al gobierno
liberal. En ese momento escribió (?To the Central Committee of the RSDLP?)

?Incluso ahora no debemos apoyar al gobierno de Kerensky. Esto es
contrario a nuestros principios. Se nos preguntará: ¿vamos entonces a
pelear en contra de Kornilov? ¡Por supuesto que si! Pero una y otra cosa
no son lo mismo; hay una línea divisoria... Lucharemos, estamos luchando
en contra de Kornilov, tal cual lo hacen las tropas de Kerensky, pero eso
no es que apoyemos a Kerensky. Al contrario, evidenciamos su debilidad.
Esto es muy diferente? (Selected Works, vol. 2, p. 222)


Una lección de la Revolución Española


Una lección similar se puede aprender de la Revolución Española de
1936-1939. Frecuentemente, se reconoce a dos bandos principales, el
gobierno del Frente Popular legalmente elegido (los ?Republicanos?),
contra las fuerzas militares fascistas que intentaron derrocarle (y que
finalmente lo hicieron, con la ayuda militar de Hitler). El Frente Popular
era una coalición de partidos obreros (incluyendo a los partidos Comunista
y Socialista) y partidos pro-capitalistas. La masa obrera estaba dividida
entre la mitad afiliada a sindicatos del Partido Socialista Obrero Español
(PSOE) y los que estaban afiliados en sindicatos anarquistas. Cuando los
militares intentaron su golpe, los trabajadores golpearon de vuelta. Se
formaron milicias voluntarias por parte de los anarquistas y otras fuerzas
socialistas.

Desatada la guerra civil ¿qué debieron hacer los anarquistas
revolucionarios y otros socialistas? Al igual que muchos anarquistas hoy
en día, entonces había quienes pensaban que los revolucionarios no debían
tomar partido por ninguna de las partes en ese conflicto (Bordiguistas y
otros). Hubo quien dijo ?Ningún apoyo político o material para el gobierno
burgués republicano? (citado en Trotsky, The Spanish Revolution, 1973,
Pathfinder, p. 422) Después de todo, la república del Frente Popular no
era sino un Estado capitalista e imperialista, con colonias en Marruecos,
y que había encarcelado a miles de obreros e izquierdistas. En la
práctica, esta era una posición poco realista, ya que los trabajadores no
estaban preparados para derrocar la república de cara al fascismo. Los
líderes de la izquierda española sintieron (correctamente) que la
república era el mal menor al fascismo. Los principales anarquistas, sin
embargo, sacaron por conclusión que debían ingresar al gobierno del Frente
Popular, aliándose con los socialistas reformistas, con los comunistas y
con otros políticos abiertamente capitalistas. Subordinaron así su lucha
al Estado capitalista.

Había, no obstante, una tercera posición. Esta consistía en que las
milicias anarquistas y de los socialistas de izquierda concentraran sus
fuerzas en contra de los fascistas ?hasta que fueran lo suficientemente
fuertes como para derrocar al gobierno republicano. Hasta ese entonces,
darían apoyo técnico-militar, pero no político, a la república. Los
obreros revolucionarios no renunciarían a su independencia política del
enemigo de clase. No se unirían al gobierno del Frente Popular, ni
votarían por sus candidatos, ni votarían a favor de sus programas. Los
revolucionarios estarían en oposición política. Evidenciarían las
vacilaciones y traiciones del Frente Popular (las que, de hecho,
condujeron a la derrota de la República). Persuadirían a los obreros,
campesinos y al pueblo pobre de la necesidad de la revolución,
reemplazando al Estado burocrático-militar por una asociación de consejos
obreros y populares ?con un sistema de democracia interna que permita a
los distintos partidos y organizaciones competir por su influencia. De
hecho, esto podría haber ocurrido en una región de España (Cataluña), en
donde los sindicatos anarquistas tenían el apoyo de la gran mayoría de los
obreros de la región.

Este enfoque fue enunciado por una minoría revolucionaria entre los
anarquistas, el Grupo de los Amigos de Durruti. Cansados de las
concesiones de clase de los líderes anarquistas, llamaron a concluir la
revolución derrocando al Estado republicano y capitalista y reemplazándolo
por un comité nacional de defensa electo mediante los sindicatos de masas.
En su documento de 1938, ?Hacia una Nueva Revolución?, denunciaban el
apoyo político al Frente Popular: ?Somos enemigos de la colaboración con
los sectores burgueses. No creemos que se pueda abandonar el sentido de
clase. Los trabajadores revolucionarios no han de desempeñar cargos
oficiales ni han de aposentarse en los ministerios... Es tanto como
fortalecer a nuestros adversarios y apreciar más el dogal capitalista.?

Sin embargo, los Amigos de Durruti aceptaban la cooperación práctica,
material, con el Estado burgués, hasta que fueran capaces de derrocarle:
?Se puede colaborar mientras dure la guerra en los campos de batalla, en
las trincheras, en los parapetos y produciendo en la retaguardia.? Los
anarquistas no podían aspirar a ganarse a los trabajadores engañados por
los liberales, por el Partido Comunista, por los socialistas, etc., a
menos que estuvieran dispuestos a colaborar práctica, concretamente,
contra el fascismo. Desafortunadamente, los Amigos de Durruti se
organizaron demasiado tarde para ser una fuerza efectiva que cambiara el
curso de la guerra.


Incluso en los EEUU


No es tarea de los anarquistas el buscar excusas para permanecer al margen
de las luchas populares, a fin de no perder la pureza. Sin embargo, no
debemos capitular en nuestros principios a fin de lograr una popularidad
pasajera (así como los anarquistas españoles que se unieron al gobierno
del Frente Popular, o como la mayoría de los socialistas del mundo que
idolatran a Hugo Chávez).

Por ejemplo, justo tras las elecciones presidenciales del año 2000 en
EEUU, era obvio que las elecciones habían estado plagadas de fraudes,
engaños y racismo. Específicamente, los Afro-Americanos estaban furibundos
pues a muchos se les había negado el derecho a votar, luego de que muchos
habían luchado y muerto por conquistar el derecho a sufragar. Todo esto
fue cubierto plenamente en las noticias, y sin embargo, nadie organizó
protestas ?ni los demócratas ni Nader. Pienso que los anarquistas debieran
haber organizado protestas masivas, a toda costa, en contra de la
fraudulencia y el racismo en el conteo de los votos, denunciando
explícitamente a los demócratas por su falta de voluntad al defender los
derechos del pueblo. Esto debiera haber ido de la mano con nuestro
argumento global contra el electoralismo (¡aún cuando intentas votar, no
te dejan!)

Hoy en día, es, literalmente, una cuestión de vida o muerte para los
anarquistas revolucionarios el buscar fórmulas para participar en las
luchas populares mientras adherimos a nuestros principios y hablamos con
la verdad al pueblo trabajador. Dada la crisis económica, militar y
ecológica mundial, simplemente, no podemos darnos el lujo de dejar que el
anarquismo sea derrotado o marginado nuevamente.


artículo original en inglés

http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=4281


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