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(ca) La "leyenda negra" de los anarquistas cubanos: un ataque más y van...

Date Tue, 11 Apr 2006 15:22:59 +0200 (CEST)



1.- Es probable que no haya demasiadas ni demasiado razonables dudas en
cuanto a que la trayectoria del movimiento anarquista cubano, por lo menos
desde los años 50 del siglo pasado hasta nuestros días, se ha transformado
en una de las mayores intrigas y controversias en la historiografía de la
isla caribeña. Los círculos oficiales y oficialistas -con su infaltable
periferia cortesana- han construído sobre el punto una ?leyenda negra?
poco creíble y sin correspondencia alguna con lo que se conoce del
movimiento anarquista internacional de aquí, de allá y de acullá. Esa
?leyenda negra? no conoce desmayos y nace prácticamente con la revolución
misma; momento en el que se genera, bajo los auspicios de la corriente
hegemónica, una tradición según la cual los anarquistas cubanos serían
una, o más de una, de tres, y sólo tres, cosas posibles: en primer lugar,
criaturas altamente sugestionables y sin ideas propias que sucumbieron
ideológicamente bajo los irresistibles encantos del ?pensamiento único?
isleño en formación; y/o, en segundo término, los últimos ejemplares de
una especie en extinción, ausentes, desconocidos, irrelevantes y quizás
inexistentes; y/o, por último, sujetos decididamente ubicados en el campo
de la ?contra-revolución? y que, en tanto tales, fueron barridos por la
historia subsiguiente. Cada una de esas ?exploraciones? conduce a una
misma e inevitable conclusión: en el proceso cubano de cambios no se
habría presentado en ningún momento una corriente definida de pensamiento
y acción que interpretara y expresara a su modo un recorrido
revolucionario, socialista y libertario y que representara, aunque en
forma modesta y minoritaria, una alternativa reconocible, admitida y
respetada como tal; esa corriente no habría sido necesaria ni pertinente
en los mitificados tiempos fundacionales y, por extensión mecánica,
tampoco lo sería ahora, medio siglo después. Así, la ?leyenda negra? acaba
siendo perfectamente funcional al discurso del poder político centralizado
y de su partido único, monopólico y excluyente. La ?leyenda negra?, por
tanto, no es más que una creación ficcional, a tientas y a locas, que
purga la historia real de sus complejidades, sinuosidades y variantes
posibles; que acompaña y justifica -entre los fulgores rutilantes de
operaciones supuestamente intelectuales- lo que no es más que una
intervención quirúrgica de extirpación: la represión y la supresión de lo
incontrolable, lo incomprensible, lo molesto y lo distinto.

Esa ?leyenda negra? tuvo su momento de mayor gloria y su máxima fuerza de
irradiación hacia fines de 1961. En esa fecha, Manuel Gaona Sousa, miembro
del secretariado de relaciones de la Asociación Libertaria de Cuba,
redacta y firma -junto con cinco anarquistas reconocidos y otras 16
personas que ninguna vinculación tenían con dicha organización- un
documento llamado ?Una aclaración y una declaración de los libertarios
cubanos?. Allí, Gaona intenta, contra toda lógica y con un sentido
excepcional del humor negro, asimilar las orientaciones del gobierno
cubano y las centenarias posiciones anarquistas; sentenciando, por
añadidura, que aquellos libertarios que no lo secundaran no eran más que
?agentes del imperialismo?. Sea como sea, lo cierto es que, por la propia
posición de Gaona en la Asociación Libertaria de Cuba, su declaración
tiene una amplísima difusión internacional y provoca un zafarrancho
ideológico-político de considerables proporciones que se extiende durante
casi toda la década de los 60. Nadie creyó, por cierto, que Fidel Castro
pudiera ser algo así como el eximio auriga del carro de la anarquía; pero
sí se supuso, por parte de no pocas agrupaciones anarquistas, que aquel
proceso de cambios todavía incipiente podía acunar perspectivas
libertarias no entre los libertarios mismos sino casualmente entre quienes
no se reconocían como tales.

Los anarquistas cubanos -es decir; no Gaona sino los anarquistas de tomo y
lomo- vivieron a partir de allí años extremadamente duros: perseguidos
internamente por su indocilidad y su independencia de criterios, se
encontraron con la desagradable sorpresa de que, en el ancho mundo, un
sector importante del movimiento al que pertenecían les daba la espalda;
y, aunque no todos los trataran como ?agentes del imperialismo?, lo menos
que se suponía de ellos era que se habían vuelto incapaces de apreciar las
posibilidades emancipatorias e incluso libertarias que se abrían en la
Cuba de los años 60 y, por lo tanto, perdido también la brújula de la
revolución. Muchos de ellos marcharon hacia el exilio, algunos fueron
eliminados sumariamente y otros tantos vieron pudrir sus huesos entre
rejas al compás de una extendida indiferencia. Quienes obligados por las
circunstancias constituyeron, en el mismo año de 1961 y en la ciudad de
Nueva York, el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLCE; hoy
simplemente MLC) se volvieron desde entonces los destinatarios casi
exclusivos de la ?leyenda negra?. Una ?leyenda negra? extremadamente
persistente; que se tornó maltrecha, desvencijada e insostenible con el
correr del tiempo, pero que, aun así, no deja de producir exabruptos cada
vez más pobres y que apenas ayer acaba de obsequiarnos con un ínfimo y
supernumerario libelo: ?¿Libertarios en Cuba? Las páginas web sobre Cuba
no dejan de deparar sorpresas? de J. Vallés (publicado el 15 de marzo en
el blog perspectivas.wordpress.com/tag/cuba/ y, simultáneamente, en La
Haine y en Rebelión).

2.- No parece que el MLC y el obsesionadamente aludido Frank Fernández se
tomen la molestia de responder a las destempladas municiones de Vallés; y,
en efecto, parece prudente y razonable de su parte no distraer en tan poca
cosa sus reflexiones colectivas e individuales, respectivamente. Sin
embargo, nuestro tiempo personal se regula según un plan diferente y sí
nos permitiremos ocupar breve y circunstancialmente el lugar vacante.

Hay que decir, entonces, a punto de partida y deteniéndonos de momento en
cuestiones exclusivamente metodológicas, que Vallés es un maestro en el
arte del birlibirloque y un verdadero prodigio literario. Por lo pronto,
es necesario reparar en su capacidad de seducción puesta de manifiesto a
través de un título en el que se realiza una pregunta que no da demasiado
lugar a dobles interpretaciones y en cuya respuesta será él mismo quien
muestre luego el más completo desinterés, pues sobre el enigma inicial no
hay ni tan siquiera el más mínimo asomo de conclusión, replanteo o puesta
a punto. Pero, para ello, lejos está Vallés de cometer la torpeza de
reconocerlo sino que luego no hará otra cosa que explayarse como al
descuido a partir de una triple sinécdoque expositiva, tomando sucesivas
partes en lugar del todo que las precede: el total de los libertarios en
Cuba y fuera de ella será sustituido por el MLC, el MLC por Frank
Fernández y Frank Fernández casi enteramente por una entrevista del año
2004 originalmente publicada en el periódico de la CNT española. Y, para
rematar su inventiva y su genialidad, Vallés nos demuestra larga y
rotundamente que también es capaz de disponer citas reales de dicho
reportaje haciéndoles decir aproximadamente lo contrario de lo que
originalmente decían. Vallés no demostrará absolutamente nada pero su
vocación calumniadora tiene un despliegue -lo reconocemos sin pudores-
¡sencillamente magistral! Vale la pena, por lo tanto, seguir detenidamente
el mismo y poner en evidencia los escamoteos y sustracciones que tan
hábilmente practica Vallés.

Digamos antes que Vallés es, además de magistral, una persona honesta.
Seguramente por eso es que nos anuncia sinceramente que ?con tiempo y con
ganas se podría debatir de ideología y de las cuestiones que plantean?. O
sea: Vallés no nos engaña y nos advierte que no tiene ni tiempo ni ganas
de debatir los temas más importantes sino apenas poner sobre el tapete no
sus propias carencias sino la falta de ?honestidad intelectual? de los
demás y muy especialmente de Frank Fernández, constituido como el blanco
preferido de sus descargas. Para nosotros, es de lamentar que Vallés sea
tan ahorrativo con su talento y no nos dé tan maravillosa oportunidad,
aunque no por ello dejaremos de perseverar en nuestro asunto confiando en
que un futuro difícilmente precisable nos habrá de deparar la suerte de
una discusión de la que ahora no podremos disfrutar.

3.- Vallés comienza diciendo -y para ello parece manejarse con los
contenidos de la página web del Movimiento Libertario Cubano- que
?supuestamente? existiría un movimiento anarquista en Cuba y que éste
estaría ?agrupado en el denominado MLC?. Pues bien; de guiarnos por las
apariencias, Vallés es muy probablemente una persona extraordinariamente
ocupada que no le dedica demasiado tiempo a la lectura y no se ha enterado
que el MLC no se ubica ?en? Cuba sino expresamente ?fuera? de la isla.
Así, en el apartado ?Quiénes somos? de su página web
(www.movimientolibertariocubano.org), el MLC se reconoce como ?una red de
colectivos e individuos con secciones en diferentes ciudades del mundo,
que intenta una coordinación más efectiva entre las distintas corrientes
que hoy conforman el anarquismo cubano?; es decir, salvo mejor opinión, no
el anarquismo dentro de Cuba sino el anarquismo de los cubanos. Aclarando
además que ello se hace de tal modo sin pretender ?acaparar o adjudicarse
la representación? respectiva. Por añadidura, y por si existiera alguna
duda, en las conclusiones de la ?Declaración de principios? se insiste:
?estimamos necesario cerrar filas contra el despotismo totalitario que
padece Cuba, tanto con los compañeros en la isla como con los anarquistas
en el resto del mundo?. Por lo tanto, no se entiende muy bien por qué
extraña confusión el MLC se sentiría obligado a manifestar su solidaridad
con los compañeros que residen en Cuba si dicho agrupamiento intentara
presentarse como actuante, estrictamente hablando, en el territorio de ese
Estado. Así, Vallés pone en marcha su primera sinécdoque sin aclararnos
nada al respecto y sin que medie ni tan siquiera una fugaz justificación
de sus operaciones intelectuales.

Y luego de su primera constatación fallida, Vallés continúa en la casi
pornográfica exhibición de su ignorancia. Así, nos dice que las
consideraciones del MLC ?sobre el régimen socialista actual no difieren ni
una coma de los manifiestos de la extrema derecha de Miami? y también que
sus materiales ?adornan su discurso con soflamas incendiarias propias de
la literatura anarquista?. ¿Cómo es posible que ocurra tal cosa? ¿acaso la
extrema derecha cubana también se inspira en la literatura anarquista
-incluídos puntos y comas- sin que nadie en el mundo se haya enterado? Por
lo visto, la agudeza y la profundidad analítica de Vallés son tan
portentosas que él y sólo él se ha percatado de las similitudes existentes
entre dos cuerpos de doctrina y entre dos prácticas tan diferentes. El
hecho de que Vallés no presente el más mínimo ejemplo en apoyo de su
afirmación parece ser un detalle sin importancia pues lo suyo es todo
seducción; y, naturalmente, confianza en la credulidad de sus lectores.
Además, aportar ejemplos, desmenuzarlos y fundamentar su pertinencia como
tales sería incursionar en una farragosa discusión teórico-ideológica para
la que Vallés nos dice que no tiene tiempo ni ganas. ¡Qué fácil es
conquistar diez minutos de fama!

4.- Pero, según se nos ocurre, Vallés tampoco tiene tiempo y ganas para
dedicarse con demasiada intensidad al MLC y, con sus botas de siete
leguas, pasa rápidamente, en una nueva sinécdoque expositiva, a lo que
sería su objetivo predilecto -Frank Fernández- no sin antes agregar a
ritmo de vértigo algunos errores más a las cuentas de su rosario.

En primer lugar, Vallés nos informa -en una de sus tantas ostentaciones de
ese alquímico talento periodístico capaz de transformar lo falso en
?verdadero?-, que en 1982 el MLC salió, a través de su órgano de prensa,
?en defensa de la dictadura militar argentina durante la guerra de las
Malvinas?. Pues bien: no fue así. Lo cierto es que, en coincidencia con el
conflicto entre Argentina e Inglaterra, un número de ?Guángara Libertaria?
da cabida a un ?Dossier Malvinas?. En dicho dossier, uno de los artículos
se deja llevar por ese anti-imperialismo vulgar y recurrente tan caro a
buena parte de la izquierda latinoamericana y toma posición a favor no de
la dictadura militar argentina en tanto tal sino de los derechos del
Estado argentino a recuperar un territorio que históricamente le había
pertenecido; algo que analíticamente debe ser distinguido del régimen
político circunstancial. Huelga decir, de nuestra parte, que se trató de
un gazapo que no compartimos y que tampoco es rescatado por el MLC en su
forma actual; pero lo más interesante -algo que Vallés se guarda muy bien
de mencionar- es que aquella posición fallida fue similar a la que
entonces sostuviera el mismísimo y ?revolucionario? gobierno cubano junto
a la mayor parte de la izquierda latinoamericana. Y también es interesante
rescatar que el mencionado dossier contiene igualmente otros dos artículos
que se oponen rotundamente a aquella desgraciada aventura militar
condenada desde sus distractivos inicios al más estruendoso fracaso.

En segundo término, Vallés nos habla de una invitación al MLC a concurrir
a una reunión realizada en Madrid, en octubre del 2005, convocada por el
Movimiento Cubano Unidad Democrática. Fue así que, azuzados por la
curiosidad, consultamos la página web de dicho movimiento
(http://www.cubamcud.org/) y lo único que pudimos encontrar fue una serie
de fotos que documentan gráficamente la gira que realizara en esas fechas
quien al parecer es su principal dirigente. Nada se dice allí de que el
fantasmal evento se hubiera realizado y nada se encuentra en esa página
que permita tan siquiera suponer que los anarquistas cubanos de que
estamos hablando asomaran sus narices por el lugar. Hay sí -entre varias
decenas de invitaciones- una que menciona a un Movimiento Libertario
Cubano; pero lo seguro es que no se trata de este MLC que ahora nos ocupa
sino del Cuban Libertarian Movement (http://www.libertario.uni.cc/); dos
agrupamientos distintos y que no mantienen precisamente una relación de
amistad (Cf. en la web del MLC primigenio y anarquista el documento ?A
propósito de una usurpación. Carta abierta al Movimiento Libertariano
Cubano?) ¿Cuáles son, entonces, los misteriosos procedimientos cognitivos
que le permiten a Vallés acceder a certezas inequívocas que le están
vedadas al resto de la humanidad? Pero Vallés es una persona honesta y
confiamos en que seguramente habrá de demostrarnos en el futuro que no
padeció de error alguno ni de ligereza en la información; que tampoco se
confundió con el Cuban Libertarian Movement -que, como fácilmente se puede
constatar, nada tiene que ver con el MLC original ni con el anarquismo ni
con nada que se le parezca- o que la tarjeta de invitación mencionada
llegó equivocadamente a su casilla postal.

Por último, Vallés sostiene también que el contacto del MLC está en Miami
y que Frank Fernández -designado por él como ?el Pope?, en algo que quizás
quiso ser un rapto de ironía- es el administrador de su página web. Nada
de ello es pecaminoso, por cierto; pero ¿de dónde extrajo Vallés estas
?informaciones? asincrónicas y extemporáneas si es que no definitivamente
falsas? ¿cuáles fueron sus erráticas búsquedas por el espacio virtual? ¿en
qué caminos racionales o empíricos se orientaron sus pasos? ¿qué puede
decirnos en apoyo de sus intrépidas afirmaciones que se aproxime a lo que
habitualmente se considera como una demostración? No hay duda que Vallés
no habrá de inspirar ningún personaje de los epígonos modernos de Edgar
Allan Poe o Conan Doyle pero al menos no deja de ser un alivio saber que
tampoco revista en ningún servicio de inteligencia que pueda preciarse de
tal. Redondeamos con esto el conocimiento personal que hemos obtenido de
él a través de su escueta comunicación ?revolucionaria? sabiendo,
entonces, que es un maestro en el arte del birlibirloque, un prodigio
literario, una persona honesta, un sujeto magistral, un seductor de la
palabra, un no-policía y, por último, también alguien especialmente dotado
para las (malas) obras de ficción.

5.- Y, puesto que Frank Fernández es ?el Pope? y todo él se exhibe
cristalinamente en cada una de sus apariciones públicas, Vallés completará
tanto su última sinécdoque como su temeraria y esforzada investigación
sobre el anarquismo cubano con el único auxilio expreso del reportaje ya
mencionado. Tampoco en esto se tomará demasiado trabajo y le bastarán
cinco frases extraídas sin ton ni son para sacar las siguientes
conclusiones sobre Frank Fernández:

1) ?No demuestra tener mucho conocimiento, ni mucho respeto, de qué ni
cómo piensan los cubanos de Cuba?, extrapolando ?su visión divertida y
violenta del exilio cubano de Miami, para descalificar a quienes residen
en la isla?;

2) ?Pese a denominarse anarquista, no cree en las revoluciones y manipula
la historia a su antojo?;

3) ?Valora positivamente la transición española, pasando por alto que no
fue más que la adaptación de una monarquía heredera del franquismo?;

4) ?Razones de peso le llevan a elegir capitalismo frente a socialismo? y,
además, se muestra partidario ?de la semidemocracia, de la seudolibertad
de los dos partidos políticos, porque da cierto espacio político para
poder destruirlo o cambiarlo y el otro no??;

5) Reconoce encontrarse en el ?sectarismo?, aunque con ganas de huir del
mismo y quizás -ahora entre prudentes y vallesianos signos de
interrogación- con la expectativa de hacerlo junto a sus ?compadres de
Miami?; tomados aquí seguramente como metáfora de las posiciones de
extrema derecha.

El mago extrajo así los conejos de su galera y en su cinematografía de
final abierto deja todas las conclusiones en manos del lector, el que
ahora podrá recordar la pregunta inicial y responderse que no hay
?verdaderos? anarquistas cubanos; ni en Cuba ni fuera de ella.
Afortunadamente, y como persona honesta que es, Vallés coloca en su
inigualable e imaginativo libelo un link con el reportaje
(http://www.ainfos.ca/04/nov/ainfos00299.html) y todo interesado habrá
podido consultarlo -así lo esperamos- en la exacta medida de su interés.

6.- Quien lo haya consultado seguramente se percató que las conclusiones a
extraer son bien diferentes e incluso opuestas a las chabacanerías fáciles
y descalificadoras de Vallés. De nuestra parte, estamos persuadidos que el
reportaje de marras permite articular por lo menos las siguientes
réplicas:

1) Sólo la imaginación de Vallés puede permitirse presuponer una visión
?divertida y violenta? del pueblo cubano; y la imagen que usa Frank
Fernández ni está directamente referida al exilio ni pretende descalificar
a quienes residen en la isla. Antes bien -siempre y cuando Vallés nos
permita una interpretación- lo que Frank Fernández transmite a su modo es
el cariño que le merecen algunos rasgos básicos de comportamiento de una
gente entrañable que sigue siendo la suya;

2) Frank Fernández no descree en ningún momento de las revoluciones en
abstracto sino que afirma que, al menos hasta la fecha, no ha habido
ninguna que merezca ese nombre. Ciertamente se trata de un criterio
discutible y que nosotros no compartimos, aunque bien podríamos
suscribirlo si lo que en realidad se dijera es que ninguna de las
revoluciones conocidas ha sabido encontrar el camino del socialismo y de
la libertad;

3) En el reportaje se realizan algunas afirmaciones sobre el régimen
político imperante en España pero la única referencia que hace Frank
Fernández a la ?transición? como tal es a propósito de la opinión de
terceros y no de la suya, por lo cual las afirmaciones de Vallés al
respecto son una nueva muestra de su falta de tiempo para la lectura
cuidadosa y de su ilimitada capacidad de fantasear;

4) Frank Fernández no halla preferible el capitalismo al socialismo y sólo
en la cabeza de Vallés puede caber una lectura tan alocada. El
entrevistado ni siquiera usa esos términos sino que apenas si compara
regímenes políticos en los que es posible una actuación anarquista
colectiva de aquellos que no ofrecen esa eventualidad. ¿Será que acaso
Vallés prefiere una configuración sobrecargada de prohibiciones y es a eso
que él le llama ?socialismo??

5) La ?bête noire? de las diatribas vallesianas no se define como sectario
sino que se lamenta de que el movimiento anarquista esté atravesando una
situación de divisiones y querellas que no aportan ninguna contribución
real. Lo único que insinúa en la entrevista es el carácter sectario de las
relaciones internas al movimiento anarquista pero no las aplaude sino que
las critica.

Pero incluso estas objeciones nuestras son triviales, le asignan al
pic-nic analítico de Vallés una seriedad que no tiene y están muy por
debajo del recurso al reportaje mismo. En definitiva, comparadas con las
acusaciones de narcotráfico y pedofilia que se le realizaran en el pasado
a modo de sublime confrontación ?ideológica?, Frank Fernández debe estar
pensando que las excursiones campestres de Vallés son casi un piropo.

7.- A todo esto: ¿a qué debemos esta inquina en grado de ensañamiento
contra Frank Fernández? ¿a qué insondable designio atribuir esta
preocupada dedicación que cada tanto vuelve por sus fueros con algún
ataque a la bartola? La respuesta es bien simple y requiere volver al
principio de nuestras reflexiones: el ?pecado mortal? cometido por Frank
Fernández consiste en que sus trabajos historiográficos desmienten
documentadamente la ?leyenda negra? que el gobierno ?revolucionario? ha
construído en torno al anarquismo cubano; muy especialmente con su texto
?El anarquismo en Cuba? (Fundación de Estudios Libertarios Anselmo
Lorenzo; Madrid, 2000). Guste o no, esa reconstrucción historiográfica no
sólo rescata en forma mesurada y sin exageraciones el papel jugado por el
movimiento anarquista en la lucha anti-batistiana, no sólo pone en
evidencia las orientaciones básicas de ese movimiento, no sólo deja en
claro su autonomía ideológica, política y organizativa así como las
iniciativas correspondientes sino que también permite rastrear en los años
inmediatamente posteriores a la caída de Fulgencio Batista el proceso de
centralización de poder; de asimilación, de desarticulación y de represión
sobre las corrientes alternativas: un proceso que, en definitiva, acabó
desbaratando las expectativas y las intenciones libertarizantes que
entonces conmovían a un pueblo al que se le impuso con calzador una tutela
vitalicia. Es esa reconstrucción historiográfica situada en la vereda de
enfrente de la ?leyenda negra?, elaborada sin la dispendiosa apelación a
los recursos estatales y en medio de la pobreza franciscana que
normalmente caracteriza a los circuitos anarquistas, la que convoca a una
discusión seria que no se ha querido ni se quiere dar. En lugar de eso, el
estilo preferido de la ?leyenda negra? y los caminos seguidos por sus
primeros y sus tardíos exponentes no es más que una mezcolanza de insultos
y de sospechas, de acusaciones indemostrables y de insinuaciones
sibilinas, de simplismos y facilidades que no hacen más que conducir
cualquier debate posible a las catacumbas de la racionalidad.

8.- Simple entre todas las simplezas, la ?leyenda negra? resulta ser,
entonces, un maniqueísmo exasperante; aun cuando se revista a sí misma de
esa pátina grotesca, pero con pretensiones de elegancia, constituída por
una dialéctica para escolares y una concepción de la historia holgadamente
periclitada y de la que la historia misma se ha desentendido hace rato
largo. Según esa dialéctica y esa concepción de la historia, los
derroteros del ?progreso? se resuelven en el enfrentamiento de resultados
irreversibles entre una y sólo una tesis contra una y sólo una antítesis,
unidas indisolublemente, sin distinciones ni fisuras en el interior de
cada cual y definitivamente contrarias. Siendo así, no resulta extraño que
la comprensión histórica quede reducida a una falacia fundamental: en uno
de los campos -dígase lo que se diga y hágase lo que se haga- siempre
estarán la ?revolución? y el ?socialismo?, mientras que en el campo
opuesto -les guste o no a sus pobladores involuntarios y sea cual sea la
justificación de los mismos- no hay lugar más que para los ?gusanos?, la
?extrema derecha? y los ?agentes del imperialismo?. Ya no hay demasiados
problemas para resolver y todo aquello que escape a la esfera de la
?unidad? compulsiva será interpretado como una acción de guerra del
enemigo, como la injerencia de una potencia extranjera o como un gesto de
la ?contra-revolución?; aunque sólo se trate de formar un sindicato
autónomo, montar una biblioteca abierta al barrio o publicar un modesto
fanzine. E incluso veremos, en casos extremos, aquellos destellos de
?sabiduría revolucionaria? del anciano caudillo, calificando de ?nuevos
ricos? a todo aquel que intente comer un poco mejor durante los próximos
días y equiparando teóricamente el intercambio de chorizos por fuera de
las redes estatales con la acumulación primitiva del capital. Así, el
pensamiento posible queda reducido a los límites impuestos por el discurso
del poder; y sus sostenedores podrán dormir plácidamente, en un tranquilo
acto de fe y con las más completas garantías de que no habrán de entender
nada de nada; por las décadas de las décadas, amén.

Vallés podrá no haberse percatado de estos complejos asuntos y podrá no
percatarse jamás, pero lo cierto es que los denostados anarquistas cubanos
lo anticiparon lúcidamente hace ya mucho tiempo. Sólo a título de ejemplo,
conviene tener presentes las siguientes palabras de Abelardo Iglesias, uno
de los más notorios militantes de aquel viejo MLC: ??sabemos perfectamente
bien que esta lucha está más preñada de peligros morales e ideológicos que
de peligros físicos. Bajo ningún concepto nos aliaremos a las fuerzas
retrógradas que luchan contra Castro para recobrar sus perdidos
privilegios ni hipotecaremos la libertad y la independencia del movimiento
libertario ni del pueblo cubano. Mantendremos el pabellón de combate en
alto y no lo mancharemos con ningún acto inconfesable. Seremos fieles
hasta el final a nuestros principios y nuestra moral revolucionaria.?
(?Revolución y dictadura en Cuba?, pág. 79; Editorial Reconstruir, Buenos
Aires, 1963) O estas otras, contenidas en el mensaje enviado por el MLC al
V Congreso General de Agrupaciones de la Federación Libertaria Argentina,
en diciembre de 1961: ??apoyamos el fenómeno revolucionario cubano en
cuanto éste significa un esfuerzo popular por resolver los grandes
problemas del país y liquidar seculares privilegios y abusos irritantes e
injustos. Nos oponemos resueltamente a que las fuerzas reaccionarias que
hoy combaten al castrocomunismo, simplemente porque añoran el retorno a un
pasado de corrupción y de vergüenza, recapturen el poder político? (Op.
cit., pág. 93). Mientras tanto, y como muestra ejemplar de esa forma de
pensamiento a la que aludíamos, Gaona trataba a aquellos viejos luchadores
como ?agentes del imperialismo? y Vallés les espeta hoy a sus ?herederos?
que sus palabras ?no difieren ni una coma de los manifiestos de la extrema
derecha de Miami?.

9.- Pero Vallés y su desprolija adenda a la ?leyenda negra? han llegado a
la cita con una demora de por lo menos 35 años y ello por dos razones
diversas y confluyentes. Por un lado, la carátula de
?contra-revolucionarios?, que desde sus comienzos la conducción cubana
prodigara tan generosamente, ya en los años 70 del siglo pasado comenzó a
mostrar síntomas de desgaste y a provocar aburrimientos múltiples. Como en
un remedo de aquellas conocidas palabras atribuídas a Bertolt Brecht,
primero fueron contra-revolucionarios los contra-revolucionarios y luego
el mote fue extendiéndose al barrer a cualquier insinuación de disidencia
que pretendiera trascender el círculo de las amistades más íntimas;
llegando a travestirse en ?conducta impropia? y ?peligrosidad?,
recorriendo campañas de re-educación en ?apoyo a la producción? y pasando
por sobre las cabezas de generales, ministros y poetas. Es cierto que
todavía hay aquí y allá sectores de izquierda dispuestos a extenderle sus
créditos indefinidamente a la élite dirigente cubana y a silenciar con los
ajados anatemas de ayer cualquier expresión de crítica en profundidad;
pero también es cierto que esa ciega obcecación convence cada vez menos,
ya no tiene ni por asomo la fuerza arrolladora de los años 60, está
permanentemente ubicada a la defensiva y carece de un modelo que realmente
pueda ser presentado como tal. Para colmo, hasta el propio Fidel Castro,
en su enésimo arranque de megalomanía, padecido en su discurso del 17 de
noviembre pasado, ha vaticinado, casualmente en el momento en que ha
comenzado a pensarse públicamente en el relevo, que la ?revolución? y el
?socialismo? no son irreversibles; y que -agregamos nosotros, aunque el
inefable caudillo no haya llegado expresamente a tanto- bien podrían
extinguirse con su propia vida.

Por otra parte, Vallés se equivoca de medio a medio si piensa que al día
de la fecha alcanza con sus módicas cuartillas para enlodar al MLC en su
actual situación. Cabe decir, en tal sentido, que basta un ligero rastreo
a sus publicaciones para percatarse que el MLC de nuestro tiempo resulta,
sin perjuicio del obvio rescate de sus orígenes y del destacado papel que
en él le cabe a la reconstrucción historiográfica de Frank Fernández, de
un proceso de reorganización que se intensifica hacia el año 2002 y que al
año siguiente -en plena tormenta represiva en la isla- halla nuevos
motivos de reforzamiento. Este MLC, a diferencia de lo que ocurriera en
los años 60, encuentra una hospitalaria y reiterada acogida en múltiples
publicaciones del movimiento anarquista internacional y ha generado un
interés y un respeto que probablemente estén por encima de lo inicialmente
esperado. Es en setiembre del 2003 que circula a nivel de un amplio
circuito militante un llamamiento de respaldo a los libertarios cubanos
que es finalmente suscrito por compañeros de Argentina, Bolivia, Chile,
España, Francia, Escocia, Suiza y Suecia, dando lugar inmediatamente a la
constitución del Grupo de Apoyo a los Libertarios y Sindicalistas
Independientes en Cuba (Vid.
http://www.ainfos.ca/03/oct/ainfos00056.html). Por último, este MLC se
siente partícipe pleno de las actividades y problemas del movimiento
anarquista internacional y acaba de suscribir hace apenas dos meses, junto
a libertarios de otros 17 países, la llamada Declaración de Caracas.
¿Vallés también se atreverá a sostener que toda esta trama de relaciones
tampoco se distancia tan siquiera una coma de las posiciones de la extrema
derecha cubana?

Pero hay más aún y más allá de las ?fronteras? del movimiento anarquista.
El actual MLC también es atendido y considerado en publicaciones de la
izquierda anticapitalista en sentido amplio. Lo menos que cabe suponer es
que ello obedece a que el MLC mismo, tal como lo ha sostenido
expresamente, se siente formando parte de una nueva izquierda
revolucionaria latinoamericana y de las luchas sociales en general;
cualquiera sea el lugar del mundo en que le haya tocado estar. Tanto es
así que, por ejemplo, bien puede encontrarse a alguno de sus integrantes
en Estados Unidos vinculándose a protestas contra la pena de muerte y la
ley anti-inmigratoria o en México interesándose por seguir la marcha de
?la otra campaña?. Sobre estas cosas, es el propio MLC el que ha sostenido
lo siguiente en sus ?Reflexiones en torno a la VI y la nueva izquierda
latinoamericana?: ?Es la conformación, el perfil y las orientaciones de
esa constelación de agrupaciones y prácticas rebeldes lo que constituye
una de nuestras preocupaciones básicas?. O, más todavía: ?Es allí donde
están los ?forajidos? ecuatorianos, la resistencia mapuche, los regantes
cochabambinos, las fábricas recuperadas en Argentina, las ocupaciones de
tierras en Brasil y, por supuesto, también las búsquedas y ensayos que hoy
mismo tienen lugar en la Selva Lacandona?. ¿Será en estas afirmaciones que
Vallés no encuentra una coma de diferencia con el talante de la extrema
derecha cubana?

10.- Queda por decir todavía lo más importante. Desde nuestro punto de
vista, lo realmente gravitante e imperecedero no son las expresiones
orgánicas formales ni las siglas sino que las mismas han de ser concebidas
como el vehículo y la agencia de corrientes históricas profundas que las
trascienden holgadamente. En tal sentido, nos gustaría pensar al actual
Movimiento Libertario Cubano como un vector y como un fuelle, como una
línea de fuerza y como una respiración que apuntan al centro mismo del
problema: la reanimación de una corriente y una perspectiva revolucionaria
anarquistas que recorran de norte a sur y de este a oeste la isla
caribeña; una corriente y una perspectiva de arraigo creciente en América
Latina y que no se entiende muy bien por qué debería continuar en Cuba en
estado de tácita proscripción. Sobre el punto, entendemos que Vallés
plantea el problema en forma profundamente errónea al partir del
interrogante casi policial de si hay o no anarquistas en Cuba, en lugar de
complejizar y jerarquizar el asunto del modo que corresponde: ¿hay o no
razones suficientes para que en Cuba emerja una corriente libertaria
completamente autónoma, con rasgos nítidos y caracteres propios?

Desde un ángulo anarquista, habría que estar rematadamente enajenado para
pensar que la élite dirigente cubana pueda albergar alguna intención
mínima en esa dirección al tiempo que sus excusas habituales para
prorrogar un relajamiento de las presiones gubernamentales son ya
largamente un gastado sonsonete para el que los años pasan sin
consecuencia alguna. No se trata, por lo tanto, de discutir cuestiones
accesorias sino el diseño mismo de dominación: la omnipresencia del
Estado, el Partido único y excluyente, el caudillismo, la ausencia de
libertades elementales, la restauración capitalista, la militarización, el
carácter de clase de la sociedad cubana, etc. Se trata de constatar el
fracaso de un proyecto de largo plazo y con pretensiones de eternidad; un
fracaso que ya no puede encontrar sus coartadas en la política criminal de
los Estados Unidos; un fracaso, no obstante, negado en un lado y el otro
por incondicionales que serían incapaces de proponerlo como modelo en sus
respectivos países, ya sea en España, en Francia, en México, en Guatemala
o en República Dominicana. Se trata, por sobre todas las cosas, de
reanimar en lo más profundo del tejido social cubano el aliento de la
utopía, de la rebelión, de la crítica a fondo; de las pulsiones
socialistas y libertarias asumidas como propias por la gente misma, en sus
prácticas cotidianas y no en tanto referendo constitucional controlado por
una autoridad sin restricciones.

Ésa es la única agenda revolucionaria que tiene algún sentido en la Cuba
de nuestros días; una agenda que sólo puede nutrirse y desarrollarse en
ese espacio en blanco y de contornos todavía borrosos que se dibuja más
allá de la continuidad del statu quo y su insostenible trama de poder y,
por supuesto, más allá también de los planes restauradores acariciados con
fruición y deleite por la derecha cubana y por los apetitos hegemónicos de
los Estados Unidos. En ese espacio en blanco germinarán seguramente, tarde
o temprano, proyectos autogestionarios largamente soterrados y también se
abrirán las condiciones de posibilidad para que la gente cubana pueda
apropiarse de su propia vida sin úcases ni mandamientos. Ciertamente, es
un espacio pequeño y sin demasiadas virtualidades victoriosas en su
horizonte más próximo, pero es ahí donde quedan abonadas las razones y las
tendencias para el resurgimiento de una vigorosa corriente libertaria.
Entonces se habrá extinguido definitivamente y sin atenuantes el tiempo de
la ?leyenda negra? y Vallés podrá encontrar sin sobresaltos ni sorpresas
las respuestas que su ?investigación? no se supo dar: sí hay anarquistas
en Cuba, los hay ahora mismo y están condenados a multiplicarse en el
futuro inmediato.

Daniel Barret

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