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(ca) [Francia] Llamado de Rennes a las Communes y la Insurreción

Date Tue, 4 Apr 2006 13:39:14 +0200 (CEST)



Es peligroso dejar que los estudiantes bloqueen la universidad demasiado
tiempo. La gente se tranquiliza diciéndose que en ello no hay pérdidas
importantes para la economía. Con todo, no hay peor calamidad para los
gobiernos que esta buena noticia que, nosotros huelguistas, anunciamos a
quien aún la ignora: le estamos tomando gusto a esta situación de
excepción que es la huelga.
Para nosotros no hay mejor alegría común, mayor libertad política. La
interrupción ilimitada de la producción ha hecho nacer el deseo de no
detenerse nunca, de extender esta libertad y acabar con lo que la impide.
El movimiento nos ha enseñado que ningún modo de vida es en sí una forma
de lucha, que ningún compromiso político individual es capaz por sí sólo
de superar la mediocridad de la existencia liberal contemporánea. Hoy,
para la mayoría de los huelguistas, vivir y luchar son ya la misma cosa.

El movimiento ha dejado de ser una explosión de cólera sin futuro, es un
camino tomado colectivamente por miles de personas, en Rennes y en otros
lugares. Desde la urgencia construimos un frente común contra la CPE-CNE,
la ley sobre la igualdad de oportunidades, y de la solidaridad en bruto de
este frente se ha separado, precisada, una comunidad de lucha aún más
decidida. Una comunidad política poco sensible a los rumores ministeriales
sobre "la adaptación" de la CPE, indiferente a los pactos y maniobras
presentes y futuras entre el gobierno y los dirigentes sindicales, que
hace ya tanto tiempo que no representan a nadie. Los que pretendan
desconvocar la huelga sin que obtengamos al menos lo que pide la AG
quedarán marcados como traidores. Ya no es posible seguir negociando
impunemente.

Semana tras semana, las facultades se han convertido en nuestras casas.
Los anti-huelga han perdido la esperanza de continuar con el curso. Los
conservadores, el partido "del orden", todos los que intentan mantener a
cualquier precio la normalidad, han huido del campus o se esconden; sus
aliados en el movimiento intentan casi siempre pasar desapercibidos. A día
de hoy casi todas las facultades tienen su claustro B, una asamblea
soberana que ya no va a disolverse excepto en caso de una intervención
policial. Esta comuna surge del proceso de disolución de las instituciones
político-económicas, y a decir verdad, esto ya no es ninguna "facultad",
ni tan sólo una universidad "libre", "popular", o "autogestionada", sino
tan sólo una comunidad de estudiantes en lucha que reflexionan sobre su
situación, apresurándose no para retomar los cursos, sino para luchar al
lado de los parados, de los precarios, de los obreros. La comuna es el
abandono colectivo de la legalidad y los derechos de propiedad del
capitalismo, es la puesta en común de bienes, ideas y afectos: la
constitución de un mundo común. La comuna está ya en marcha, es decir: se
halla en proceso de construcción.

El movimiento por el cual, antes de la huelga, íbamos del claustro a la
estación, a Colombier, a los barracones de Henri Fréville, era causado por
una presión subjetiva permanente por parte del capital: era la movilidad
de una fuerza de trabajo ocupada en entrevistarse, optimizarse,
autoexplotarse. Hoy los piquetes de huelga de la comuna lo paran todo: la
circulación de las mercancías, la sociabilidad pacífica y descarnada del
centro y sus espectáculos culturales corolarios, la trágica trivialidad
del control social y de la explotación.

Así se hace completamente evidente que la comuna es la insurrección misma,
que no hay otra comuna que la insurreccional, encontrando su alimento en
el hogar que la vio nacer, insatisfecha con los límites de su territorio,
con las manifestaciones simbólicas que no molestan a nadie, y siguiendo,
bajo formas variadas, una ofensiva ininterrumpida contra los recursos del
enemigo. Entre éstos se encuentra la clásica operación de división entre
"camorristas" y "manifestantes pacíficos". En un momento en que el
Gobierno no oculta ya su voluntad de apagar el movimiento a base de olas
masivas de detenciones y encarcelamientos, como en noviembre, es necesario
más que nunca recordar -a través de la clara heterogeneidad de sus
expresiones- la necesidad de la unidad del movimiento contra los que
quieren destruirlo.

El movimiento, desde hace siete semanas, va cruzando umbrales: rechaza la
mediación de la Presidencia, y niega el dogmatismo de la no violencia
absoluta, dándose cuenta que tal "posición" podría contribuir al éxito de
las tentativas gubernamentales de romper la movilización. Se preparan
estrategias para un próximo bloqueo de la economía de Rennes; la Asamblea
General, en sucesivas ocasiones, se ha pronunciado a favor de una ruptura
con el capitalismo. Después de siete semanas de bloqueo, muchos días y
noches de confrontaciones y una determinación intacta, no hay ninguna duda
sobre que debemos continuar con la insurrección.

Sepamos desde ahora que no habrá huelga general sino a pesar de las
direcciones sindicales. Éstas no la quieren porque la huelga general es la
insurrección, es decir, el final de las negociaciones, y en consecuencia
de los negociadores. Dejemos de creer en los interprofesionales que no son
más que intersindicales, en la distribución a las puertas de las fábricas
de prospectos que se limitan informar sobre nuestro movimiento, y llaman
abstractamente a una "movilización" sin contenido ni perspectivas. Lo que
esperan mucos precarios y asalariados para unírse a nosotros es que nos
demos los medios para provocar una crisis principal del régimen, y más
allá de la retirada o no del CPE, renovar la potencia revolucionaria del
movimiento obrero, que le permitía imponer retrocesos sucesivos y
duraderos a la burguesía. Esta vez el bloqueo de la economía, la
interrupción de los flujos de mercancías, no van a ser la consecuencia
sino el preludio de la huelga general. Se trata para nosotros de mostrar
-mediante la generalización del bloqueo- la posibilidad de cada uno de
detenerse, de no ir a trabajar. Volver tangible la posibilidad
revolucionaria contenida en el movimiento, como una alternativa de
participación dirigida a todo el mundo.

La huelga general no es un desfile de dos o tres millones una vez por
semana, es esa situación donde por todas partes, como aquí en Villejean,
se destituye a los patronos de su autoridad, donde por todas partes se
afirma la comuna como proceso de indistinción entre vida y lucha
colectiva, sustituyendo la continuación de la actividad económica. El
movimiento, todos nos damos cuenta, va mucho más allá de impugnar un
determinado tipo de contrato, de exigir la creación de empleo o defender
tal o cual sector amenazado de desaparición, por la simple razón que los
que lo componen se dedican a invertir un orden que limita el horizonte
existencial de cada uno a esta triste suerte: "encontrar un empleo".

Sea cual sea el porvenir del movimiento, habremos aprendido que la primera
condición para quien quiere constituir una fuerza política es tomar la
cuestión de la subsistencia material y emocional como una tarea colectiva,
y no como un punto de debilidad por el cual estaríamos perpetuamente
condenados, cada uno, aisladamente, a venderse a un patrono, a volver a su
vida privada. Deberemos esforzarnos también para que el trabajo, el
dinero, los bienes y productos circulen dentro del movimiento de tal modo
que estemos plenamente disponibles para que la situación exige nosotros.
No hay nada mejor que hacer, sin duda, que organizarse para resistir
confrontaciones de mayor envergadura.

Por fin, a los que quieren distraernos con cuestiones del tipo "¿y con qué
váis a sustituir este capitalismo que tanto odiáis?" ", comminémosles a
mirar mejor, a darse cuenta de que lo disolvemos desde ahora como realidad
ética, en nosotros, entre nosotros, y que no cejaremos hasta que así sea
en todas partes." La alternativa está aquí mismo, en el devenir
insurreccional del movimiento.

Rennes, 27 de marzo de 2006

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Traducido por: Revista Polémica
www.polemica.org

Texto original: http://marseille.indymedia.org/news/2006/03/5294.php
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