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(ca) [Valencia Libertaria N50 ] El momento de la libertad (Emma Goldman)

Date Mon, 12 Sep 2005 21:19:13 +0200 (CEST)


EL MOMENTO DE LA LIBERTAD.
Me acusas de haberme formado una opinión precipitada y superficial de las
madres españolas durante mi corta visita a España. Te olvidas, querido
camarada, de que he convivido en Estados Unidos con hombres y mujeres
españoles durante más de treinta y cinco años. Casi teníamos un movimiento
español cuando vivía [Pedro] Esteve. 27 No sólo conocía a todos los
camaradas en la vida pública de mítines y reuniones, sino también en sus
vidas privadas. Cuidé a sus mujeres en los partos y mantuve con ellas y
los camaradas varones vínculos muy especiales. Mucho antes de ir a España,
ya conocía la relación entre los hombres y mujeres españoles. De la misma
forma que conocía la que había entre los hombres y mujeres italianos. Mi
visita a España simplemente verificó todo lo que había aprendido de ellos
a lo largo de muchos años. ¿Y qué es lo que he aprendido? Que todos los
hombres latinos siguen tratando a sus mujeres e hijas como a inferiores y
las consideran meras máquinas de parir hijos, al
igual que los hombres de las cavernas. Y no son sólo los hombres latinos.
Mi relación con el movimiento alemán me dio la misma y categórica
impresión. Dicho de otro modo, con la excepción de los escandinavos y los
anglosajones, el más moderno es el viejo Adán con sus inhibiciones ante
la mujer. Él es, en cierta medida, lo que los gentiles son para los
judíos: cuando rascas un poco en su interior, encuentras una vena
antisemita acechando en algún sitio tras la fachada. Por supuesto,
querido camarada, ahora hablas de esa "terrible rigurosidad y severidad
rusas". Aparte del hecho de que eres el único de mis amigos que ha
descubierto este rasgo en mí, quiero decirte que no se trata de eso.
Cuando una siente profundamente, se expresa una inevitablemente como
"rigurosa y severa". Y yo vivo la situación de la mujer con mucha
intensidad. He visto demasiadas tragedias en la relación entre ambos
sexos; he visto demasiados cuerpos truncados y espíritus mutilados por la
esclavitud sexual de la mujer como para no vivir el tema en profundidad o
no expresar mi indignación ante la actitud de la mayoría de los
caballeros como tú.

Pese a tu seguridad, todavía no he conocido a una mujer que quiera tener
muchos hijos. Eso no significa en ningún momento negar que la mayoría de
las mujeres quieran tener un hijo, aunque los hombres han exagerado
también este deseo. He conocido un número elevado de mujeres, femeninas
hasta el máximo grado, quienes, no obstante, carecen de este supuesto
rasgo innato de la maternidad o deseo de tener niños. No hay duda de que
son la excepción. Pero, como sabes, la excepción confirma la regla. Bueno,
aceptemos que todas las mujeres quieren ser madres. Pero, a menos que sean
muy ignorantes y muestren un rasgo exagerado de pasividad, sólo quieren
tantos niños como decidan tener, y estoy segura de que la mujer española
no es una excepción. Por supuesto, los hábitos y las tradiciones
desempeñan un papel enorme en la creación de deseos artificiales que tal
vez devengan en una segunda naturaleza. La Iglesia, sobre todo la
católica, como sabes, ha hecho cuanto ha podido por inculcar en las
mujeres la idea de que deben vivir según el dictado de Dios, es decir,
multiplicándose. Pero ¿te interesa saber que un alto porcentaje de las
mujeres que acuden a las clínicas de control de natalidad, son católicas,
a pesar del dominio que los curas ejercen sobre ellas? Tal vez sugieras
que en Estados Unidos ya están "infectadas con ese horror de los
horrores" que supone limitar el número de retoños. Bueno, me gustaría
someterlo a una encuesta, si fuera posible llegar hasta las mujeres
españolas con charlas sobre el control de natalidad y los métodos para el
control de natalidad. ¿Cuántas protestarían contra tu romántica
concepción, y se declararían a favor de mi sugerencia de limitar
artificialmente el número de hijos? Mucho me temo, querido camarada, que
perderías la apuesta.

Tu interpretación del matriarcado, según la cual la madre debe mantener a
los hijos pegados a sus faldas, aceptar sus salarios y actuar de madrina
generosa dándoles calderilla, me ha parecido, por decirlo suavemente, muy
divertida. Para mí esto sólo muestra la venganza inconsciente de la mujer
esclavizada contra el varón. Pero no muestra la más mínima libertad del
hombre ni de la mujer. Pero el matriarcado representa para mí algo más que
la lucha entre ma-dre e hijo o padre e hija. Nadie es libre en tales
condiciones... Aparte de todas estas consideraciones, la continuidad del
conservadurismo de la mujer indudablemente ha contribuido mucho a la
reacción de España, al colapso total de todo lo que valía la pena en
Alemania, y a la prolongada existencia de Mussolini. ¿O me negarás que lo
primero que pasó después de que las mujeres españolas accedieran al voto
fue que el suyo fuera reaccionario? 28 ¿O negarás el hecho de que las
mujeres alemanas han retrocedido con el Kirche and Kinder 29 sin la menor
protesta? ¿O que las mujeres italianas han retrocedido al menos cincuenta
años hasta su antiguo estado de meros objetos sexuales? Dios sabe que no
soy quien para aconsejar a las mujeres norteamericanas. Sé que la mayoría
sigue siendo tan conservadora y está tan subyugada por la Iglesia como las
mujeres de los países que he mencionado. Pero quiero insistir en que en
Estados Unidos hay una gran minoría de mujeres, mujeres avanzadas, si te
gusta llamarlo así, que derramarán hasta la última gota de sangre por
los avances físicos e intelectuales logrados, y por luchar por sus
derechos de igualdad con el hombre. En cualquier caso, querido camarada,
es inútil que discutamos este asunto. Nunca nos pondremos de acuerdo...
Ahí estás tú, un anarquista que cree firmemente en la libertad total del
individuo y que, sin embargo, insiste en glorificar a la mujer como madre
y mentora de grandes familias. ¿No ves la inconsistencia de tus
afirmaciones? Las inhibiciones y tradiciones masculinas están asentadas y
excesivamente arraigadas. Mucho me temo que seguirán existiendo bastante
después de que se imponga el anarquismo [...]
Sé que eres demasiado bueno para que te dure la ofensa. No debes enfadarte
conmigo por haberte llamado antediluviano. No quería herirte, pero
refutaré hasta el último aliento esa idea del gran deseo de la mujer por
tener carnadas de niños.


Carta del 24 de abril de 1936 a un camarada.
Ayer recibí una carta de la camarada Mercedes Comaposada, de Madrid, en la
que me pedía un artículo para una revista llamada Mujeres Libres. Ahora no
estoy en condiciones de hacerlo, pero le escribí una carta [en la que
manifiesto] mi satisfacción de que su revista se empeñe en emancipar a la
mujer española de la esclavitud. ¿Sabes algo de esta camarada?


Carta a su sobrina Stella Ballantine, escrita desde España (18 de
noviembre de 1936). Descubro que mis energías, en vez de declinar, crecen.
Sobre todo desde que llegué aquí y vi todo lo que hay que hacer, por
ejemplo, por las mujeres y los niños. No te puedes hacer una idea de lo
primitivo que es todo en este sentido. Se necesita desesperadamente que el
Siglo de las Luces les llegue a las mujeres. Pero nuestros camaradas están
demasiado ocupados en ganar la guerra antifascista como para dedicar mucho
tiempo a esta labor tan necesaria. Desde luego, el trabajo había empezado,
pero no se pueden borrar en cuatro meses la ignorancia, los prejuicios y
la superstición [de tantos siglos]. No obstante, pude hacer mucho, lo sé,
y mis esfuerzos fueron bienvenidos. Pero está de nuevo el problema del
idioma, en Cataluña no sólo el español sino también el catalán. Ya ves lo
paralizada que me siento. No hay salida. Tendré que irme.


Carta al camarada Harry Kelly (5 de diciembre de 1936).
Debes recordar que la guerra antifascista y la reconstrucción
revolucionaria que nuestros camaradas españoles tienen ante sí no
representa toda su colosal tarea. También están la educación y
emancipación de la mujer, el nuevo enfoque del tema de los niños y las
cuestiones ordinarias y habituales sobre la salud, todo lo cual nuestros
camaradas han dejado desgraciadamente a un lado. Quizá tuvieron que
concentrar todas sus energías en la lucha económica, y no pudieron
extender su actividad a otros ámbitos. Pero eso no cambia la baja
condición de la mujer ni la deprimente ignorancia en el método de
asistencia a mujeres y niños. Este campo es lo suficientemente amplio como
para mantener ocupado a cualquiera. Y hay otros. Sí, volveré a España.


Unos días más tarde, la revista Mujeres Libres publicó esta importante
súplica de Goldman a las mujeres españolas.

El progreso humano es muy lento. De hecho, se ha dicho que por cada paso
adelante que ha dado la raza humana, ha retrocedido dos en la esclavitud
de la que se esfuerza por escapar. Al hombre le ha costado siglos
liberarse de su estado de postración, de su ciega creencia en la
superstición de la Iglesia, en el derecho divino de los reyes y en el
poder de una clase dirigente. En verdad, esta trinidad perversa sigue
manteniendo el yugo sobre muchos millones de personas en cualquier parte
del planeta, pero ya no puede gobernar con mano de hierro ni exigir
obediencia con la tortura y la muerte, aunque éste sea el caso en los
territorios fascistas. No obstante, el fascismo es, históricamente
hablando, sólo un instante. E incluso bajo esta peste negra, el estruendo
de la tormenta que se aproxima está cada vez más cerca y suena más alto.
En España el fascismo se acerca desde el principio a su Waterloo. Existe,
además, en el mundo entero, un volumen siempre creciente de protestas
activas
contra las instituciones malignas del capitalismo. Por extraño que
parezca, la media de los hombres, tan dispuestos a luchar heroicamente
por su propia emancipación, está lejos de creer lo mismo del sexo
opuesto.
[...] Las mujeres de muchos países han emprendido una auténtica revolución
de su propia condición social, política y ética. Tras años de amarga lucha
y tras derrotas y obstáculos descora-zonadores, han conseguido el triunfo
final. Por desgracia no puede decirse lo mismo de las mujeres de todos los
países. En España, por ejemplo, la mujer sigue siendo considerada muy
inferior al hombre, un mero objeto sexual para su gratificación y para
tener hijos. Esta actitud no sería sorprendente si la halláramos sólo
entre los burgueses, pero sorprende mucho hallar esa misma concepción
antediluviana entre los trabajadores, e incluso entre nuestros camaradas.
En ningún sitio del mundo han penetrado tan profundamente las ideas
libertarias en la vida de los trabajadores como lo han hecho en la vida de
la población española. La victoria gloriosa de la revolución, nacida de
los tormentos de la batalla de julio, ratifica una resistencia
revolucionaria por parte de los trabajadores catalanes y españoles,
superior a la normal. Asumiría una que su amor apasionado por la libertad
también incluye a las mujeres. Pero lejos de ser éste el caso, la mayoría
de los hombres españoles no parece comprender el significado de la
verdadera emancipación, o si lo saben, prefieren mantener a las mujeres en
la ignorancia de su significado. El hecho es que muchos hombres se
convencen de que las mujeres disfrutan en su posición de inferioridad. Se
decía que a los negros también les satisfacía ser propiedad del dueño de
la plantación. En honor a la verdad, no puede haber una emancipación real
mientras exista cualquier tipo de dominio de una persona sobre otra. Y la
emancipación de la raza humana carecerá de significado mientras un sexo
domine al otro.
Después de todo, la familia humana incluye a ambos sexos. De los dos, la
mujer es el más importante porque es quien perpetúa la raza. Y cuanto más
perfecto sea su desarrollo, más perfecta será la raza. Aunque no fuera más
que por esta tazón, la importancia del puesto de la mujer en la sociedad y
en la lucha social es indiscutible. Hay otras razones. La más importante
es que la mujer se aperciba de que posee una personalidad por derecho
propio, y que sus necesidades y aspiraciones son tan vitales e importantes
como las del hombre. Los que siguen pensando que pueden mantener a la
mujer dentro de una camisa de fuerza no dudan en decir: "Sí, pero las
necesidades y aspiraciones de la mujer son diferentes, porque es
inferior." Esto sólo prueba la limitación del hombre, así como su
arrogancia. También debería saber que su diferencia enriquece la vida
individual y social. Los extraordinarios logros de la mujer en todos los
aspectos de la vida han silenciado para siempre la abundante palabrería
sobre su inferioridad. Quienes siguen aferrándose a esta falsedad lo hacen
porque lo que más detestan es el desafío a su autoridad. Esta es la
característica de toda autoridad, tanto si se enseñorea de sus esclavos
económicos como el hombre de la mujer. Pero en todas partes la mujer se
está escapando de la jaula; en todas partes avanza a grandes pasos hacia
la libertad; en todas partes está asumiendo con valentía su puesto en la
lucha por las transformaciones económicas, sociales y éticas. No es
probable que la mujer española quede al margen por mucho tiempo del
impulso de la emancipación. Eso es tan cierto para las mujeres como lo es
para los trabajadores. Los que deberían ser libres deben tomar la
iniciativa. La han tomado los trabajadores de Cataluña, de toda España. Se
han liberado, y están derramando su sangre para salvaguardar la libertad.
Os ha llegado la hora, mujeres catalanas y españolas, de empezar a romper
las cadenas. Os ha llegado la hora de alzaros y recobrar la dignidad, la
autoestima, y de mantener vuestros derechos como mujeres con orgullo y
firmeza, vuestros derechos como individuas libres, como miembros de la
sociedad en igualdad de condiciones, como camaradas en guerra contra el
fascismo y a favor de la revolución social. Sólo cuando os hayáis liberado
de las supersticiones de la religión, de los prejuicios de la doble
moralidad, de la obediencia degradante y esclavizadora a un pasado
periclitado, podréis convertiros en una gran fuerza en la batalla
antifascista y en la defensa de la revolución. Sólo entonces podréis y
seréis merecedoras de ayudar a construir la nueva sociedad libre en la que
todos los hombres, mujeres y niños sean realmente libres.


Carta del 30 de marzo de 1937 a su amiga de Chicago, la anarquista Jeanne
Levey. Nuestras camaradas de Barcelona [...] están editando una revista
magnífica llamada Mujeres Libres. Han iniciado una intensa campaña para
elevar la condición de su sexo. Hasta 1931, se hallaban cincuenta años por
detrás de la situación de las mujeres de cualquier país de la Europa
occidental o de Estados Unidos, y el cielo sabe que [en esos países]
todavía no se trata a las mujeres igual que a los hombres. Durante el
período que gobernó la desgraciada República, se produjo algún avance, si
bien la mayoría de las mujeres españolas siguen siendo terriblemente
ignorantes. Nuestras benditas camaradas han sido pioneras en muchísimas
cosas en España y también lo son en los esfuerzos por emancipar y educar a
la mayoría de las mujeres españolas. Un grupo de mujeres universitarias
inició la publicación de la revista hace dos años, y están desarrollando
una intensa campaña. Me han pedido que las ponga en con-tacto con
organizaciones de mujeres de Inglaterra y Estados Uni-dos, cosa que, por
supuesto, estoy tratando de hacer.

Carta a Ethel Mannin (1 de octubre de 1937)
La presente es sólo para hacerte saber que tuve una entrevista con una de
las mujeres anarquistas más capaces, quien, en verdad, es la historiadora
del movimiento revolucionario en España.32 Lleva en el movimiento
cincuenta y cinco años, ahora tiene setenta y dos, y conoció a la gran
revolucionaria anarquista [Teresa] Claramunt, quien, parece ser, fue la
Louise Michel de España. Ha pro-metido preparar algún material para ti y
tenerlo listo a comienzos de la semana que viene. Te lo enviaré sin
demora. Tal vez llegue demasiado tarde para tus fines, pero al menos
sabrás que no he olvidado mi promesa.

27. Director de Cultura Obrera (Nueva York). Esteve murió en 1925. 28. Las
elecciones parlamentarias de noviembre de 1933 fueron las prime- ras bajo
la nueva constitución de la Segunda República que garantizaron un sufragio
igual para las mujeres. Aparentemente, hubo una pérdida significativa de
fuerza entre los candidatos republicanos debido a que las mujeres de clase
media siguieron más los dictados de los curas que la preferencia de sus
maridos (Brenan, The Spanish habyrinth, p. 266)
29. "Iglesia, niños y cocina" era una de las propuestas básicas de los
nazis para que las mujeres alemanas volvieran a la supuesta fuerza (y
docilidad) de la cultura tradicional. 30. Mercedes Comaposada fue una de
los miembros fundadores del grupo de mujeres de Madrid con el mismo
nombre, Mujeres Libres, antes de 1936.


EMMA GOLDMAN, "The Role of Women in the Spanish Revolution", Visions
ofFire. Emma Goldman on the Spanish Revolution


(Texto extraído del libro: Ve y cuenta lo que pasó en
España: Mujeres extranjeras en la Guerra Civil. Aran Usandizaga (ed.)
Editorial Planeta, 2000)





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